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Aviso legal: Los personajes de Sailor Moon fueron creados por y son copyright de Naoko Takeuchi.
Los guardianes fueron creados para esta historia por mí, así como los antiguos. Si deseas usarlos para cualquier cosa, contáctame antes.
Ecos de otras vidas.
Por
Fabian Cruz
Capítulo diecinueve
Reencuentros.
Amanecer Púrpura
Naru Osaka dejó escapar un grito de sorpresa cuando su gema de poder se activó de repente y la envolvió en una esfera de energía verde, la joven entendió lo que sucedió cuando un instante después, una potente luz entró violentamente por su ventana. Cuando el resplandor pasó, la joven Osaka suspiró aliviada al saber que su gema la había salvado, pero necesitaba saber qué había ocurrido. Preocupada, Naru corrió a mirar por la ventana de su habitación. Lo que la joven vio afuera era terrible: el cielo se había vuelto púrpura y las nubes habían adquirido un enfermizo tono gris. Al bajar la mirada, la muchacha descubrió que la poca gente en las calles ya no se movía. Llena de pánico, salió corriendo de su habitación y entró velozmente al baño, en donde se encontró con algo que la hizo lanzar un grito de desesperación. Allí, convertida en piedra, estaba su hermana Naruru. De cuando en cuando, pequeñas esferas de luz salían despedidas de su cuerpo y atravesaban las paredes. Caminando a traspiés, la joven llegó hasta el cuarto de sus padres a quienes encontró de pie junto a la ventana, obviamente habían estado mirando a la calle cuando terminaron convertidos en piedra. Fue entonces que la niña Osaka se desplomó, gruesas lágrimas comenzaron a deslizarse sobre sus mejillas y un sonido extraño comenzó a salir de entre sus labios. Naru tardó en identificarlo como una risita nerviosa que por un segundo la hizo pensar que caería en un ataque de histeria, pero no podía permitírselo. Mordiéndose los labios, la joven Osaka logró controlarse haciendo un gran esfuerzo. Ahora tenía que pensar en qué haría para resolverlo todo; quizás contactar a los otros guardianes, eso le parecía una buena idea. Respirando profundamente, Naru se preparó para llamar a sus amigos.
"¿¡Alguien me escucha!" Rogó Naru, su voz aún quebrada, hablando sobre la gema esmeralda de su guante, el cual había hecho aparecer, "¿Está allí maestra Sara?"
"Tranquila Naru, aquí estoy," Respondió Sara, "¿Te encuentras bien?"
"Yo sí, pero…mis padres y mi hermana…" Lloró la joven Osaka, "…Están… ¡muertos!"
"No están muertos." Interrumpió la voz de Kuro, que sonó completamente bajo control, "Ellos no morirán, no te preocupes Naru, están más seguros convertidos en piedra por el momento."
"¿Cómo puede decir eso?" Gritó Naru mientras temblaba.
"El jefe tiene razón." Intervino la voz de Carlos, "No tiene porqué gustarte, pero están a salvo así."
"Es como si estuvieran dormidos." Agregó Sara.
"¿Entonces ellos…?" Comenzó Naru.
"Mientras sean estatuas, los parásitos no pueden poseerlos." Explicó Keigo, "Y hablando de ellos, será mejor que tengan cuidado, hay un grupo de esas bestias justo fuera de mi casa, estoy seguro de que hay muchos más por toda la ciudad."
"La situación es algo complicada." Dijo Kuro de repente, "Escuchen bien, esto es lo que haremos..."
Naru intentó calmarse mientras escuchaba las órdenes del líder del grupo, su atención creció al escuchar a Kuro decir que ya esperaba un ataque a gran escala por parte del Necromante, pero que no había esperado algo como lo que había sucedido. Poco a poco, el miedo de Naru se transformó en resolución, ella y los demás arreglarían las cosas. Debían hacerlo. Con o sin la ayuda de las Sailor Scouts.
"Jefe… ¿puedo ir con Sara en lugar de esperar aquí?" Preguntó Naru cuando Kuro terminó de dar sus instrucciones.
"Sí, eso será lo mejor."Dijo Kuro, "Manténganse alerta y cuídense. Los llamaré pronto."
Naru esperó unos minutos, pero no volvió a escuchar la voz de sus compañeros. Mirándose, la joven Osaka descubrió que sólo llevaba su ropa interior, en su desesperación había olvidado vestirse. Luego de unos minutos, Naru regresó a su habitación y, ignorando su uniforme escolar, se puso otra cosa. Poco después, luego de transformarse en la guardián verde, saltó por una ventana y creó una suave corriente de aire que la depositó gentilmente en el suelo. Dispuesta a salvar a su familia, Naru se apresuró a reunirse con la maestra Sara.
Usagi Tsukino
Sailor Moon sentía su corazón llenarse de tristeza cada vez que se encontraba con una estatua destrozada dentro de un automóvil o en la acera. El sólo pensar que eran personas que no vivirían de nuevo cuando todo volviera a la normalidad hacía que una poderosa ola de remordimiento amenazara con ahogarla. Moon no podía evitar sentirse responsable por lo que había pasado, si hubiera estado aquí en el momento en que esto sucedió quizás habría logrado hacer algo para evitarlo. Pero no fue así. Había decidido ir a la Luna con las otras Scouts, dejando a la tierra sólo con la mitad de la protección que debió haber tenido. Otra cosa que le preocupaba era el saber qué había sido de las Sailor Exteriores y, en especial, qué había pasado con Mamoru. Moon esperaba con todo su corazón que él no se hubiera convertido en piedra.
"No fue tu culpa." Escuchó decir Moon a sus espaldas. Cuando la joven se giró, se encontró a Luna, la gata negra, mirándola con preocupación. "No debes culparte por esto." Insistió la gatita.
Moon suspiró y miró hacia el cielo, "Es mi responsabilidad evitar que este tipo de cosas sucedan."
"Pero no teníamos manera de saber que esto pasaría." Intervino Artemis, "Luna tiene razón, no debes sentirte culpable. Lo que debemos hacer es encontrar una manera de arreglar todo."
La Sailor Scout asintió con poco entusiasmo y sin responder, continuó su camino hacia su casa.
"No se ve muy bien." Comentó Artemis en voz baja, "¿Crees que haya manera de animarla un poco?"
"Ayudaría mucho si Mamoru se encuentra bien." Respondió Luna en un murmullo, "Moon es fuerte, pero nunca habíamos visto algo así, y después de lo que pasó en la torre del rey…"
"Tienes razón, no ha tenido tiempo de asimilar todo lo que vimos allí." Artemis bajó la mirada y continuó siguiendo a Moon y a Luna en silencio.
Un poco después, el trío llegó a un parque cercano a la casa de Usagi. Moon había decidido ir allí primero pues estaba más cerca del templo de Rei que el departamento de Mamoru, y en verdad quería saber si sus padres y su hermano, aunque estuvieran convertidos en piedra, aún estaban enteros.
"Creo que no me siento bien." Dijo Moon con una voz débil mientras se dejaba caer pesadamente en una banca del parque, "Estoy muy cansada, y no entiendo porqué."
"Es debido a lo que transformó a todos en piedra." Dijo Artemis, "No sabemos qué fue, probablemente algún tipo de hechizo muy fuerte que definitivamente sigue activo."
"Si no te has convertido en piedra, es porque el poder que te permite ser una Sailor Scout está bloqueándolo." Agregó Luna, "Estás a salvo por ahora, pero si te esfuerzas físicamente o si intentas luchar, tu transformación se cancelará; La reina Serenidad enfrentó algo similar en una ocasión."
"¿Y me convertiré en estatua cuando mi transformación se cancele?" Preguntó una preocupada Moon.
"No." Respondió Artemis, "Pero…"
"¿Pero qué?" Quiso saber la joven.
"No podrás volver a convertirte en Sailor Moon hasta después de algunas horas." Explicó Luna, "Si ahora te sientes cansada, es porque hemos estado corriendo, además de que es posible que aún no te has recuperado completamente del ataque que destruyó la torre del rey."
"¿Entonces las demás…?"
Artemis bajó la mirada, "Es probable que para este momento su transformación esté por cancelarse, no olvides que ellas no tienen el cristal de plata; su nivel de resistencia a este hechizo cruel es mucho menor a la que tú tienes."
"Pero no es tan malo, sus cuerpos no necesitan tanta energía cuando no están en su forma de Sailor Scouts, por lo que recuperarán las fuerzas." Explicó Luna.
"Y no olvides que al parecer no hay ningún peligro de qué preocuparse." Indico Artemis, "Digo, no hemos visto a ninguno de esos parásitos por aquí."
"Eso no significa que no estén por algún lado." Respondió Moon, levantándose y echando a andar, "Será mejor que sigamos adelante; tengo que llegar a mi casa y también tenemos que encontrar a Mamoru, a Setsuna y a las otras…. aunque…"
"¿Qué estás pensando?" Preguntó Luna.
"Tal vez debería de usar el cristal de plata para intentar romper este maleficio." Comentó Moon.
"Podrías hacerlo." Dijo Artemis, "Y sacrificar tu vida a cambio de lograrlo."
"¿Mi vida?" Sailor Moon no podía creer lo que acababa de escuchar.
"El poder del cristal de plata tal vez podría revertir el efecto de este encantamiento." Indicó Luna, "Pero estás débil y si usas el poder del cristal de plata en este momento, te pasaría lo mismo que a la reina Serenidad cuando te envió a ti y al resto de las Sailor Scouts a la Tierra: morirías a cambio de usar todo el poder del cristal…"
"¿Cómo pueden estar tan seguros?" Preguntó Moon, "¡No saben si eso va a pasar!"
"No, pero es lo más probable." Respondió Luna.
"¿Qué sugieren que haga entonces?"
"Por ahora…" Respondió Artemis, "…Seguir camino a tu casa me parece la mejor opción."
Sailor Moon suspiró un poco decepcionada y asintió; aunque quería romper el hechizo que mantenía a la gente transformada en piedra, entendía que sacrificarse no era lo adecuado en ese momento, pues sólo sería un remedio temporal. No, lo que tenía que hacer era encontrar a la fuente de esta maligna magia y eliminarla para siempre, ya no había otra solución posible. Hundida en sus pensamientos, la joven princesa continuó su camino.
La casa de la familia Tsukino ya estaba cerca, prácticamente a la vuelta de la esquina. Moon había perdido gradualmente sus energías, pero el evitar correr le había permitido guardar las suficientes fuerzas como para mantener su transformación más tiempo del que Luna y Artemis habían calculado. Detrás de ella, los gatos avanzaban en silencio, cada uno hundido en sus pensamientos. Artemis era el último de la fila, y caminaba cada vez más despacio, esforzándose mucho para no quedar muy atrás. El gato no lo había mencionado para no alarmar a sus amigas, pero sus fuerzas estaban disminuyendo rápidamente y eso significaba algo en lo que no se atrevía a pensar. Luna, por su parte, también se estaba debilitando. La gata también había guardado silencio sobre eso para no preocupar a Sailor Moon y a Artemis, por lo que se concentró en andar; ya descansaría más tarde cuando localizaran a Mamoru y a las Sailor Exteriores.
"¿Crees que los guardianes también se convirtieron en piedra, Artemis?" Preguntó Luna en voz baja, ya que no podía hablar más alto, no quería llamar la atención de Moon, "¿Artemis?" Insistió la gata al no recibir respuesta. Mirando tras de sí, Luna ahogó un grito al ver al gato blanco caído sobre su costado varios metros atrás; sin pensarlo, la gata regresó tan rápido como pudo al lado de su compañero.
"…Debiste seguir a Moon…yo estaré bien…" La regañó Artemis cuando Luna llegó a su lado. El gato respiraba con dificultad y tampoco podía hablar en voz alta, "Sólo… necesito descansar un minuto y…"
"¡No digas eso!" Respondió Luna, "¿Por qué no me dijiste que estabas débil?"
Artemis no contestó de inmediato, su mirada estaba fija al frente. Adelante, Moon, que caminaba con algo de dificultad, dobló en la esquina sin darse cuenta de que los gatos se habían retrasado.
"Será mejor que vayas y alcances a Moon." Aconsejó el gato blanco, "…Si te vas ahora lo lograrás, yo te alcanzaré en un momento."
"…No puedo dejarte aquí, y Moon volverá cuando note que no estamos con ella." Dijo la gata, "Si sigo adelante, lo haré contigo. ¿Puedes levantarte?"
Artemis intentó ponerse sobre sus patas, pero éstas no soportaron su peso y volvió a caer pesadamente de lado, "…Lo siento… no puedo hacerlo… vete ya Luna… Sailor Moon… podría necesitarte…"
"Ella entenderá…" Contestó Luna, intentando ocultar su propia debilidad, "…Tiene qué hacerlo…"
Artemis ya casi no podía mantener los ojos abiertos, y moverse le parecía imposible; pero a pesar de eso el gato blanco no pudo evitar reír débilmente al escuchar las palabras de Luna.
"¡No es tiempo de reír!" Se quejó ella, "¡Tenemos que hacerte andar, no quiero quedarme sola!"
"Lo siento pero… es gracioso que… tenga que pasar esto para que… yo pueda decirte que…" Murmuró Artemis, logrando girar lentamente su cabeza hacia la gatita negra.
"¿Decirme qué?" Preguntó ella, ignorando la sensación de vacío que la perdida de fuerza le causaba.
"Que te quiero, Luna." Respondió Artemis, "Te quiero y me..." El gato no pudo terminar, ya que con un crujido, su cuerpo se convirtió en una fría estatua de piedra.
"¿Artemis?" Llamó Luna, "¡Artemis!" Gritó con desesperación en un inútil intento por reanimar a su compañero. Sin poder dejar de mirarlo, Luna comenzó a temblar incontrolablemente desde la punta de la cola hasta las orejas, ella y Artemis habían logrado escapar juntos de muchos peligros como para que todo terminara así… la gata comenzó a respirar con dificultad, sus fuerzas se estaban terminando y sabía lo que eso significaba, pronto sufriría el mismo destino que todos los demás, "Artemis… yo también te quiero mucho…" Murmuró Luna y mirándolo por una última vez, lanzó un fuerte maullido lleno de dolor.
Sailor Moon se detuvo de inmediato al escuchar maullar a Luna y, girándose, la Scout descubrió que estaba sola; Luna y Artemis no la seguían y a juzgar por el maullido, algo muy malo les había pasado. Echándose a correr, Moon volvió sobre sus pasos en busca de los gatos, tratando de no imaginar qué era lo que les había sucedido. Pero cuando Moon llegó hasta donde estaban Luna y Artemis, aquello que había tratado de no imaginar se presentó ante sus ojos como una realidad: Artemis, tendido en el suelo y Luna a su lado, maullando hacia el cielo y ambos… ambos eran ahora estatuas de piedra.
"¡No… ellos no…!" Gimió Moon cayendo de rodillas junto a sus dos consejeros, "Luna…Artemis… ¿Qué haré sin ustedes… quién me dará consejo?" Por un momento, la joven princesa se limitó a mirar a los gatos sin saber qué hacer; ellos siempre habían estado con ella y las demás, dispuestos a darles todas las respuestas y el apoyo que necesitaban, dándoles el ánimo para nunca rendirse… Sailor Moon cerró los ojos y respiró profundamente; no podía darse por vencida, se lo debía a Luna y Artemis, ellos no querrían verla derrotada, "Y no lo verán…" Murmuró Moon, "¡No voy a rendirme, me encararé de arreglarlo todo y voy a curarlos, lo prometo!" Llena de una nueva voluntad, la Sailor Scout se puso de pie y reanudó su camino; en sus brazos, Moon cargaba a los dos gatos. Si no podía romper el hechizo en ese momento, al menos se aseguraría de que estarían en un lugar seguro.
No muy lejos de allí, dos mujeres jóvenes observaban una casa con mucha atención; una de ellas vestía completamente de blanco, mientras que la otra vestía de verde y marrón; ambas portaban un guante con una gema brillante en la mano derecha.
"¿Estás segura de que quieres entrar?" Preguntó la guardián blanca, "Yo podría hacerlo en tu lugar."
La guardián verde miró a la casa de los Tsukino y se estremeció un poco; había convencido a la maestra Sara de venir a revisar el lugar porque quería asegurarse de que Usagi y su familia estaban a salvo, pero ahora que estaba aquí ya no se sentía con el valor de entrar. La idea de ver a Usagi convertida en estatua no le agradaba para nada, pero tenía qué hacerlo, quería asegurarse de que si había sido petrificada, el cuerpo de Usagi aún estaba completo.
"¿Y bien?"
Naru respiró profundamente y al fin logró calmarse, "Yo entraré. Se lo debo a Usagi."
"Veo que la quieres mucho." Indicó Sara mientras sonreía con calidez.
La guardián verde asintió con un suspiro, "Sí… la conozco desde la primaria y siempre fuimos muy unidas, al menos hasta el último año de secundaria pero a pesar de eso, ella siempre será mi mejor amiga…" Naru, que había comenzado a andar, se detuvo de repente y con una expresión de duda, miró hacia su izquierda.
"¿Sucede algo?" Preguntó la guardián blanca, mirando preocupada en la misma dirección que su alumna.
"Es… algo extraño…" Murmuró Naru, "¿No lo siente maestra Sara?"
"…Ahora que lo mencionas…" Respondió Sara, "Sí… hay algo."
"Se siente como una de las gemas de los guardianes, pero muy débil." Dijo Naru, "Y hay algo más, un poder que me resulta familiar… aunque parece que se está desvaneciendo."
"Será mejor investigar." Indicó la maestra, "Voy a ver qué es."
"Iré con usted." Anunció Naru, "Podría ser una trampa."
Cada paso representaba para Sailor Moon una prueba de resistencia casi insuperable, pero la Scout no pensaba detenerse. Moon aún cargaba las dos pesadas estatuas de piedra que ahora eran Luna y Artemis y jamás los dejaría; los llevaría a su casa, en donde esperaba estarían a salvo. Pero a pesar de sus esfuerzos sus fuerzas menguaban con cada paso. Moon comenzó a temer que no lograría llegar a su destino.
"No debo parar." Se murmuró intentando darse ánimos, pero fue inútil, finalmente la debilidad se apoderó de ella y cayó de rodillas. Respirando con dificultad, Moon depositó cuidadosamente a los dos gatos en el suelo frente a ella, "Los llevaré a casa, no se preocupen de nada yo…"
La Scout tuvo que detenerse en ese momento al sentir que todo le daba vueltas; le parecía también que había dos personas a lo lejos pero en medio de su mareo, no podía estar segura. Justo entonces, cuando el mareo alcanzó su punto máximo, fue envuelta por un débil resplandor y cuando cesó, la joven descubrió al mirar sus manos que su transformación en Sailor Moon había sido cancelada; pero había un lado bueno: había recuperado sus fuerzas.
"Nunca imaginé que tu amiga era Sailor Moon." Dijo una voz justo frente a ella.
Sorprendida, Usagi levantó la mirada para encontrarse con dos mujeres jóvenes que la observaban, una con curiosidad, la otra con alegría. La joven Tsukino no tardó en reconocerlas, eran las guardianes blanca y verde: Sara D'Neige y Naru Osaka.
"Necesito ayuda." Pidió Usagi, "Luna y Artemis…"
"Tranquilízate amiga, te llevaremos a casa." Le respondió Naru.
…
"…Y después de eso, usamos el Sailor Teleport para volver a la tierra." Concluyó Usagi, que había estado relatando su historia a las dos guardianes. Las tres mujeres estaban en la sala de la familia Tsukino, y los gatos ahora reposaban en un sofá. Usagi no se había atrevido a moverse de allí luego de que encontró a sus padres y a su hermano Shingo petrificados en la cocina. A falta de otra cosa mejor, Usagi había preferido conversar para intentar no caer en un ataque de nervios.
"Muéstramelos." Dijo Sara de repente, "Dices que eres la reencarnación de la hija del rey Vidar y que ahora tú posees el cetro de la Fundación y que también obtuviste la gema café; déjame verlos."
"¡Maestra Sara!" Interrumpió Naru, levantándose del lado de Usagi "¿Acaso no le cree?"
"No todo lo que nos dijo." Respondió la maestra, "Por eso quiero ver el cetro y la gema."
"Pero…" Comenzó Naru.
"Está bien." Interrumpió Usagi en voz baja, "No me molesta mostrárselos." Dicho esto, la joven Tsukino cerró los ojos e intentó convocar el cetro real de Celephais, sólo para descubrir que no podía hacerlo.
"¿Sucede algo?" Preguntó Sara.
Usagi se limpió el sudor que había comenzado a brotar en su frente, "…Lo siento… no puedo hacer aparecer el cetro… mi poder aún no se ha recuperado, pero…" Diciendo esto, la muchacha buscó en sus bolsillos y tímidamente mostró lo que guardaba allí: una brillante gema café.
La guardián blanca miró incrédula el cristal en las manos de Usagi, "Es… es la gema del guardián café… pero… estaba rota y… la dejamos con Vidar cuando lo pusimos en la cápsula de animación suspendida en la torre del rey… ¿entonces todo lo que nos has contado es verdad?"
Usagi asintió, "Yo aún tengo dificultades para creer que todo eso en verdad sucedió."
Sara se acercó a Usagi y tomó fuertemente sus manos entre las suyas, "No intentabas engañarnos. En realidad eres quien dices ser." Dijo sin poder ocultar la vergüenza en su rostro, "¿Podrás perdonarme alguna vez por no creerte?"
"No tengo nada qué perdonarte." Respondió la joven Tsukino con una voz dulce y amable, "Sólo nos habíamos visto una vez antes, era normal que tuvieras dudas. Sólo espero que encuentres en tu corazón la voluntad para ayudarme a salvar nuestro mundo, es lo único que te pido Sara; ayúdame por favor."
La guardián blanca sonrió cálidamente, "¿Cómo podría negarme?" Contestó, "Desde que recibí mi guante de poder y recuperé los recuerdos de mi vida anterior pensé que algún día volvería a encontrarme con Vidar y ahora, en cierta forma, lo he hecho; veo que algo de él vive en ti Usagi, y para mi será un orgullo honrar la memoria de tu padre luchando a tu lado."
Las esperanzas de Usagi de poder salvar a la tierra se incrementaron al escuchar eso, "¿Tú también me ayudarás, verdad Naru?"
Como respuesta, la joven Osaka abrazó a su amiga, "'Claro que sí Usagi, ¡hasta el fin!"
"Se los agradezco." Dijo ella no con poca emoción, "Se los agradezco mucho."
BEEP!
"¿Qué es eso?" Preguntó Naru.
"Es el comunicador de las Sailor Scouts." Explicó Usagi al tiempo que tomaba la llamada.
"¿Me escucha alguien?" La nerviosa voz de Haruka Tenoh se escuchó por el comunicador, "¡Espero que estén bien muchachas, tienen que venir a nuestro departamento de inmediato!"
"Habla Usagi." Indicó la joven Tsukino, "¿Qué ha pasado?"
"¿Usagi?" Exclamó Haruka, "¡Escúchame bien, Mamoru está muy mal, tienes qué ayudarlo o no vivirá mucho!"
"… ¿Q-q-qué has dicho?"
"Usagi, lo lamento… nosotras pensamos que podríamos… pero él era muy fuerte y… Hotaru casi muere y también está en muy mal estado… y…" Haruka guardó silencio por un par de segundos como si quisiera calmarse y entonces continuó, "No hay tiempo de explicarte en este momento. ¡Lo importante ahora es salvar a Mamoru, creo que sólo tú y el cristal de plata pueden hacerlo, apresúrate!" Y sin decir más, Haruka cortó la comunicación.
"Mamoru…tú no…" Murmuró Usagi, que a pesar de comenzar a temblar un poco, pronto logró controlarse, "¡No, no voy a perder a nadie más hoy!" Declaró con determinación, "Naru, Sara, si van a ayudarme, por favor háganlo ahora y acompáñenme."
Las dos guardianes asintieron y se pusieron de pie, "Usaré mi poder para llevarnos hasta donde tenemos que ir." Indicó Naru, "Pero te advierto que las ráfagas de viento pueden ser algo incómodas."
"Podré resistir lo que sea." Respondió Usagi, quien sin más, salió rápidamente de la casa, seguida por las dos mujeres.
Minako Aino
Sailor Venus se detuvo un momento para recuperar el aliento. La joven había corrido sin parar hasta el restaurante de sus padres y, aunque eso no debió haberla debilitado de ese modo, por alguna extraña razón se sentía extremadamente cansada. Después de varios minutos, la Sailor Scout fue capaz de terminar el trecho que la separaba de su meta y doblando la esquina, Venus llegó al fin al restaurante. Lo que encontró allí, sin embargo, no le brindó ningún consuelo. Frente a ella estaban sus padres, pero al igual que el resto de las personas que había visto en su camino, eran sólo dos estatuas de piedra que de cuando en cuando expulsaban destellos de luz blanca.
"Mamá… papá…" Musitó Venus al acercarse a las estatuas que ahora eran sus padres. Su madre había sido petrificada mirando al cielo mientras que su padre fue transformado en piedra mientras abrazaba a su esposa en un intento de protegerla.
"Tenían que venir a abrir el restaurante temprano, justo como todos los días… ¿Por qué debían ser tan responsables? ¡Debieron quedarse en casa!" Sollozó Venus al tiempo que una repentina debilidad la obligó a recargarse de espaldas en la pared. La Scout se deslizó hasta quedar sentada junto a las estatuas de piedra que fueron sus padres. En medio de su tristeza, Sailor Venus no se dio cuenta de que su uniforme de Scout comenzó a desvanecerse, siendo remplazado poco a poco por la ropa que llevaba el día anterior; sólo cuando la fría brisa de la mañana heló sus brazos, Minako notó que algo había cancelado su transformación y que su misterioso cansancio se había desvanecido.
"No lo entiendo." Murmuró ella, "¿Por qué ahora me siento… normal?"
Minako se levantó en silencio y se limpió sus mejillas, húmedas por sus lágrimas. Con un nudo en la garganta, la joven Aino se acercó a sus padres y los miró con afecto, "Prometo que los voy a curar." Juró mientras se alejaba poco a poco, cuando se había alejado un par de metros, Minako se echó a correr; no podía seguir más allí, le dolía demasiado.
La joven Aino caminó sola por la ciudad casi por dos horas antes de llegar al distrito en donde vivía Wakagi. Todo a su alrededor había tomado un tono distinto, los colores se veían fúnebres y tristes y el frío aumentaba a cada minuto, pero eso no le importaba mucho; en ese momento sólo le interesaba encontrar una manera de curar a sus padres y asegurarse de que aunque Wakagi fuera una estatua, no había terminado hecho pedazos como muchas otras esculturas que se había encontrado en el camino.
"No. Eso no sucedió." Se dijo Minako, "Eso… ¡Eso es imposible!" Exclamó y, acelerando el paso, la joven Aino comenzó a correr otra vez.
Minako no se detuvo cuando llegó al coto privado donde vivía Wakagi, sino que cruzó corriendo las rejas y los jardines hasta llegar a la casa número siete: La casa de Wakagi. A pesar de que sabía la dirección, Minako nunca había estado allí y respiró aliviada al ver que la casa blanca de dos pisos estaba intacta.
"Al menos todo aquí parece estar bien." Murmuró mientras se acercaba a la puerta, que para su sorpresa resultó estar abierta, "Esto es extraño…será mejor tener cuidado." Diciendo esto, la joven entró cautelosamente a la casa, atenta a cualquier ruido o movimiento repentino. Todo estaba en silencio y no había rastros de Wakagi en la planta baja. Un poco desconcertada, la muchacha entró a la cocina. Por curiosidad, la joven Aino abrió la nevera y se sorprendió al encontrarla bien servida: había leche, latas de refresco, de café helado y de jugo, verduras, pescado y carne, así como un par de moldes con comida preparada, seguramente del día anterior.
"No está nada mal, sabe elegir bien sus alimentos." Murmuró Minako, tomando una lata de café helado que bebió a pequeños tragos. Cuando terminó su bebida, la muchacha suspiró tristemente, "Sólo espero que esté en la casa, aquí estará seguro en caso de que también sea una…" La joven tembló, "…Una estatua."
Poco después, Minako subió las escaleras y se encontró con cuatro puertas. La primera era la del baño y las otras dos la llevaron a un estudio y a una habitación de huéspedes. Sólo quedaba una, la cual era probablemente la recámara de Wakagi. En otras circunstancias, entrar a la habitación de su novio le habría hecho sentir otras cosas muy distintas al pánico que en ese momento le hacía temblar las manos. Poco a poco, Minako giró la perilla y no pudiendo resistir más, la abrió de golpe, sólo para encontrarse con un hombre sin camisa caído boca abajo junto a la cama.
"¡Wakagi!" Exclamó Minako, que entró rápidamente a la habitación y se arrodilló junto a su detective. Lentamente, la joven lo volteó para mirarlo, pero de inmediato se arrepintió. El ojo derecho y parte de la frente de Wakagi se habían convertido en piedra, así como su mano izquierda hasta por debajo del codo y algunas partes de su abdomen. La niña no pudo evitar que dos gruesas lágrimas se deslizaran por sus mejillas. Sus labios temblaron y sin poder contenerse, Minako cayó sobre el pecho del detective.
"¡Despierta Wakagi… por favor despierta…!" Gimió ella, "¡No quiero que te pase lo que a mis padres!"
"E…Eres… tú." Dijo el detective con una voz débil, "Es bueno ver que… estás bien… princesa…."
"¡Estás vivo!" Exclamó Minako, abrazando a su detective con todas sus fuerzas, "¡No sabes lo feliz que me hace ver que estás vivo!… Pensé que…"
El detective logró sentarse y trató de sonreír, "Se necesita más que esto para matarme."
Minako lo miró con temor, "¿Qué te ha pasado?" Preguntó mientras le acariciaba el rostro, "…Te ves… es decir… ¿Te-te duele?"
Wakagi se movió lentamente y tomó la mano de Minako, "No, ya no me duele…"
"Tenemos que encontrar una cura." Minako soltó la mano de Wakagi y lo ayudó a sentarse sobre la cama.
"Lo sé." El detective levantó su mano petrificada y la observó detenidamente, "¿Tienes idea de qué está causando esto?"
Minako bajó la mirada, "No. Sólo sé que el enemigo es responsable."
El joven Toshio se levantó y caminó hasta su ventana, "Es extraño, ¿sabes?" Dijo luego de mirar a la calle por unos segundos, "Nunca imaginé que ésta sería la razón por la que entrarías a mi habitación."
La joven Aino no pudo evitar reír en voz baja, "Creo que este no es el momento para pensar en eso."
Wakagi rió también, aunque su risa era un tanto amarga, "Tienes razón Mina, no es el momento."
BEEP!
Por un momento, la muchacha pensó en ignorar el comunicador, pero al final terminó contestando la llamada, "Habla Minako, ¿Qué sucede?... Oh, ya veo… Sí, yo estoy bien pero… De acuerdo…"
Wakagi se recargó en la pared mientras Minako hablaba con sus compañeras. No se lo había dicho, pero la verdad era que aunque fingía estar bien, las partes petrificadas de su cuerpo le dolían bastante y su petrificación se aceleraba, incluso sentía que ya no le quedaban fuerzas.
"Wakagi, debemos marcharnos." Anunció Minako, "Usagi me necesita ahora."
"Si es urgente… deberías ir sola." Respondió él, dejándose caer en la cama, sintiéndose terriblemente débil y letárgico, "En mi condición sólo seré un estorbo para ti."
"¡No voy a dejarte aquí!" Exclamó Minako, escuchar a Wakagi rendirse la hizo recordar cuando Tarabat casi los mata y también a la ilusión que Beryl la hizo sufrir en el ártico y eso la llenó de miedo, no podía dejar que su novio se rindiera porque si lo hacía… moriría y eso, eso no podía permitirlo, "¡Vendrás conmigo y te ayudaré a curarte, no puedes dejarme sola ahora Wakagi, no puedes hacerlo!"
"… Muy bien princesa." Respondió el detective, la firmeza en la voz de Minako logró que recuperara los ánimos, "Iré contigo, no te dejaré sola, incluso correré si es necesario."
"Gracias querido." Suspiró ella mientras se abrazaba a él, esforzándose por no llorar como una niña pequeña, "Perdóname por gritarte… es sólo que yo… no quiero perderte Wakagi… no quiero perderte de este modo yo... te amo mucho y si te conviertes en piedra…"
"Tranquila mi amor." Dijo Wakagi logrando dar un tono suave a su voz, "No voy a convertirme en estatua mientras tú estés conmigo, lo prometo. Vamos ya, ¿no tenías prisa?"
Minako asintió y, logrando calmarse un poco, ayudó a Wakagi a ponerse de pie. Pronto, la pareja salió de la casa dispuesta a reunirse con Usagi.
Rei Hino
Sailor Mars tardó casi dos horas en llegar hasta la casa de la familia Hikazan. Había corrido hasta que las altas rejas de la casa fueron visibles. La Scout se sentía algo débil, pero pensó que se debía a que tuvo que correr casi todo el camino. Respirando profundamente para recuperar el aliento, Mars reanudó su camino pero un ligero mareo la hizo detenerse y apoyarse en un automóvil.
"Esto no es normal." Murmuró Mars, quien gracias a sus conocimientos de los sobrenatural no tardó en identificar la causa de su malestar como algo causado por un hechizo muy poderoso, "Demonios, y justo ahora… si esto continúa, creo que no podré…"
La Scout se tambaleó, la debilidad se había incrementado de repente y quizás no podría dar otro paso. De pronto, un desagradable siseo a sus espaldas la hizo ponerse alerta. Intentó moverse, pero sólo consiguió caer de bruces al suelo. Lo último que Mars supo antes de quedar sin sentido fue que alguien la levantaba, transmitiéndole un suave calor que la hizo sentirse segura y protegida.
La muchacha se despertó poco después y al mirarse, descubrió que su transformación en Sailor Scout se había cancelado y que como Rei Hino se sentía bien, de hecho, se sentía bastante bien: la debilidad había desaparecido por completo; al mirar alrededor, descubrió que estaba en la sala de la familia Hikazan. La muchacha se sentó en silencio mientras pensaba. Sabía que Keigo la había traído aquí. No había otra explicación. Pero si lo había hecho, ¿Porqué no estaba cerca, acaso no tenía ganas de verla?
"Qué desobligado, me hará ir a buscarlo." Se quejó Rei en voz baja. Lo primero que hizo ella luego de levantarse, fue dirigirse al estudio en donde había visto a Keigo la última vez que estuvo aquí. Lo más seguro era que su prometido estuviera allí y ella tenía muchas cosas qué decirle. Rei tocó la puerta y la encontró abierta. Bien, era hora de aclarar las cosas.
"¡Keigo debemos hablar muy seriamente!" Llamó Rei abriendo la puerta de un empujón, sólo para congelarse ante lo que vio en el estudio: una mujer sosteniendo en sus brazos un cachorro de samoyedo acompañada de un hombre vestido de traje. Los padres de Keigo.
"¿…Na-Naomi…?" Tartamudeó Rei, retrocediendo hasta topar de nuevo con la puerta. Esto no debería afectarla así, de ningún modo. Pero ver a la señora Hikazan en ese estado… a la familia de Keigo convertida en piedra… la impactó de una manera que no logró controlar. Era extraño, sólo había hablado con esta mujer en una ocasión y sin embargo… sentía como si le hubieran quitado algo muy querido para ella, "Mi mamá…" Murmuro Rei, que al recordar a su madre, entendió porqué le dolía ver a Naomi así. Naomi no era sólo una mujer cálida y amable, era el único lazo que le quedaba sobre su madre y por ello, sin darse cuenta hasta ese momento, Rei había comenzado a verla como una posible figura materna. Como alguien a quien confiarle sus penas y preguntar sus dudas, como alguien a quien podría llegar a querer mucho. Sentir que había perdido eso era terrible. Sin poder ver más, Rei salió de la habitación.
La joven Hino caminó sin pensar hasta que llegó a la habitación de Keigo. Cuando vio a dónde había llegado, suspiró y llamó a la puerta. No tenía nada qué perder y era muy probable que su… prometido estuviera allí.
"Adelante." Invitó Keigo.
Rei entró tímidamente a la habitación. Era bastante pulcra y ordenada; sólo había una cama, un escritorio y un librero lleno de textos de administración, economía y calidad. No era lo que esperaba de alguien aparentemente tan alegre como Keigo. La muchacha lo encontró mirando por la ventana, Keigo estaba vestido con su ropa normal y sin portar su guante de poder.
"¿Cómo te sientes?" Preguntó él, su voz mostraba que estaba genuinamente preocupado.
"He estado mejor." Contestó ella, "Vi a tus padres en el estudio."
"Oh."
"¡Son estatuas, al igual que todos los habitantes de Tokio!" Exclamó Rei, "¿No te preocupan?"
"Claro que sí, pero ellos estarán bien, eso te lo aseguro." Dijo Keigo mientras cerraba la ventana, "En cuanto se arreglen las cosas, toda la gente volverá a la normalidad."
"¿Cómo piensas que se arreglará todo esto?"
El muchacho levantó los hombros, "No lo sé, pero sé que algo bueno va a pasar. Quizás tú y tus amigas Scouts logren resolver este problema, ¿quién sabe?"
"¿Por qué no me lo dijiste?" Preguntó Rei de repente con una voz irritada.
"¿Decirte que?"
"¡Qué eres el guardián rojo!" Acusó Rei, "¡Que en tu vida anterior fuiste el Duque del Oeste del planeta Celephais, que sabes todo sobre el enemigo con el que estamos peleando!"
"¿Cómo es que sabes todo eso?"
"Encontramos la Torre del Rey en la Luna y allí descubrí todo acerca de tu pasado." Explicó la joven Hino, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño, "¿Sabes algo Keigo? No me molesta que hayas tenido una vida pasada en la que fuiste un héroe, ¡lo que me molesta es que no me has tenido confianza, a pesar de que yo te revelé mi secreto, tú no me confiaste el tuyo!"
"No es justo que me digas eso." Respondió Keigo, "Las circunstancias me obligaron y…"
"¿No es justo?" Le interrumpió ella, "¡Yo confié en ti Keigo!"
"Rei…escucha…"
"¿Sabes lo difícil que es para mi confiar en los hombres después de lo que me pasó?" Le recriminó la joven Hino, "¡Yo… yo pensé que al fin había encontrado un hombre digno de confianza!"
Keigo no respondió de inmediato a las acusaciones de Rei y se limitó a mirarla con atención.
"¿No puedes contestarme?" Preguntó ella, "¿No tienes nada que decir sobre eso?"
"Sí, sí tengo algo qué decir." Comenzó Keigo, "Tienes razón en una cosa Rei, debí decirte que soy un guardián en cuanto descubrí que lo era. Pero…"
Rei esperó a que él continuara.
"…No te lo dije para mantenerte a salvo. Dime algo Rei…" Keigo respiró profundamente, "¿Pensabas decirme que eres Sailor Mars, o sólo lo hiciste porque lo que sucedió no te dejó otra opción?"
La joven Hino parpadeó confundida al escuchar esas palabras, "…Yo… es cierto… no me quedó otra opción." Dijo al fin, "No pensaba decirte nada sobre mi… ni siquiera pensaba mantener el compromiso contigo… pero lo hacía para que tú y tu familia estuvieran a salvo…"
Keigo avanzó un paso hacia ella, "Entonces nuestros motivos no son tan diferentes."
Rei bajó la mirada, "Tal vez… pero yo no te conocía… no sabía si eras digno de confianza… yo…"
"Pelee a tu lado contra Kernath aún antes de recuperar mi guante de poder. Dos veces." Dijo Keigo mientras avanzaba de nuevo, "He hecho todo lo posible para mostrarte que puedes confiar en mi."
"Pero tú… no me dijiste…" Rei cerró los ojos y retrocedió un paso, quedando de espaldas a la pared.
"Por la misma razón par la que tú no lo hiciste, y por otra razón también."
Rei abrió los ojos y levantó el rostro, sólo para encontrarse con que Keigo ya estaba justo frente a ella. La muchacha se sintió nerviosa, como cada vez que él se acercaba a ella de ese modo, "¿Cuál…razón?"
"La mas importante de todas, cariño." Respondió él al tiempo que miraba fijamente sus ojos, "Y esa razón Rei, es que te amo demasiado como para permitir que algo malo te pase por mi culpa."
"Pero…" El corazón de la joven Hino se aceleró, "…Tu dijiste que sólo estabas… enamorándote de mi."
"Ese sentimiento dio lugar a algo más fuerte… aunque más rápido de lo que pensé." Confesó Keigo.
"Pero yo…"
"Entiendo si no sientes lo mismo." Dijo Keigo, "No pienso obligarte a nada, Rei. No insistiré en esto si tú no quieres, te lo he dicho antes y lo repito ahora."
"No es eso Keigo… yo…" Rei se sonrojó a pesar de sí misma, "…Lo que yo siento por ti es… es…"
"Siempre me ha gustado tu cabello." La interrumpió Keigo al tiempo que hundía sus dedos entre el largo y hermoso cabello de Rei, "Es muy suave y fino." El muchacho deslizó lentamente sus manos hasta el cuello de la joven, el cual acarició lentamente y finalmente sostuvo entre ellas el rostro de Rei, "Como lo eres toda tú Rei." Keigo cerró los ojos y comenzó a acercar sus labios a los de ella.
La piel de la joven Hino se erizó en ese momento, el ver a Keigo acercándose a ella le recordó a Kaido, y cómo luego de su único beso, toda su relación se desmoronó. Ese recuerdo le causó pánico. Presa del miedo, Rei empujó a Keigo lejos de ella con todas sus fuerzas, "¡No quiero esto!" Exclamó, "¡Déjame!"
"De acuerdo. Lo haré. Pero dime una cosa…" Respondió Keigo, "¿Tienes miedo?"
"No, no tengo miedo." Dijo Rei, recuperando un poco de su sangre fría, "¿Porqué habría de tener miedo?"
"Te lo diré." Contestó Keigo, "Tienes miedo a lo que sientes por mí porque cuando estás conmigo puedes sentir que el fuego en tu corazón se enciende otra vez y eso es algo que crees que no puedes permitirte por ahora."
"No… yo…" Rei no quería admitirlo pero Keigo tenía razón. Sus ojos se humedecieron y sus labios temblaron, "… Es la verdad. ¡Pero tú no lo entiendes, la única vez que sentí esto sólo recibí una traición!… ¿Cómo sé que tú no me harás lo mismo, me puedes asegurar que esto que sentimos uno por el otro valdrá la pena, que no desaparecerá de repente dejándome destrozada otra vez?"
"Sí, sí puedo." Respondió Keigo, ofreciéndole a Rei su mano, "¿Y tú, estás dispuesta a intentarlo?"
Rei dudó por un momento pero al final, tomó la mano que se le ofrecía. Lo siguiente lo vivió como si su mente y su cuerpo se hubieran separado; se vio en los brazos de Keigo, disfrutando un contacto que había pensado nunca volvería a sentir y entonces… sintió el lento y suave roce de sus labios sobre los suyos y cómo, poco a poco, la unión se hacía más profunda y al mismo tiempo, Rei pudo sentir cómo ese fuego del que habló Keigo, el fuego en su corazón, volvía a encenderse con una fuerza incontrolable. Sin darse cuenta, Rei comenzó a corresponder; hasta que sintió como si ambos fueran uno solo.
Cuando el beso terminó, Keigo miró a Rei con una total devoción, misma que ella le devolvía.
"Keigo, yo… tengo que decirte algo…" Murmuró Rei con una sonrisa sospechosa
"¿Y qué es, cariño?" Preguntó el joven Hikazan, al tiempo que le acariciaba suavemente la espalda.
"Tus labios saben a manzana." Comentó ella con una expresión muy seria.
Keigo se mantuvo callado por un segundo y de repente, comenzó a reír. Era extraño reír cuando todo el mundo estaba en peligro, pero el muchacho no pudo contenerse y además, lo necesitaba.
"¡No es broma tontito, es verdad!" Dijo Rei intentando mantenerse seria, pero le fue imposible, la risa de Keigo era muy contagiosa y sin poder evitarlo, la joven Hino también comenzó a reír, "¿Pero sabes algo?... Creo que me gustó."
BEEPP!
"Parece urgente." Dijo Keigo al tiempo que se separaba de su prometida y dejaba de reír, "¿Contestarás?"
"Sí, tengo qué hacerlo." Rei sacó su comunicador y lo abrió, "¿Sí, qué es lo que pasa?"
Mientras su novia hablaba, Keigo se contentó con mirarla mientras sonreía por lo que acababa de suceder. Ya no le quedaban dudas: quería mantener su compromiso con Rei, sólo esperaba que ella en verdad estuviera de acuerdo.
"Debo marcharme." Anunció Rei, "Usagi necesita de mi ayuda. Por cierto Keigo, ella quiere verte."
"¿A mi?"
"A todos los guardianes." Respondió Rei, "¿Irás conmigo?"
Keigo asintió, "Por supuesto que iré contigo."
Makoto Kino
Sailor Júpiter se detuvo apoyándose débilmente en la pared, estaba exhausta. No se había sentido tan débil jamás. No tenía la fuerza para dar otro paso. Sin embargo, tenía que hacerlo. Tenía que llegar a la casa de los Gokai. Había corrido desesperadamente a través de las calles frías y desoladas, evitando mirar de frente a las muchas personas convertidas en piedra, ignorando su natural deseo de ayudarlos, concentrándose únicamente en su mayor preocupación en ese momento: la seguridad de Carlos y su familia. Pero ahora, su energía se había agotado por completo.
"¿Qué es lo que me pasa?" Se preguntó mientras intentaba reunir fuerzas para continuar su camino, de repente, su cuerpo se tensó y sus músculos se entumieron. Antes de que pudiera entender qué era lo que sucedía, la transformación de Sailor Júpiter se canceló y Makoto Kino terminó mirando asombrada sus manos. Sus fuerzas habían regresado, pero no se sentía capaz de acceder a su forma de Sailor Scout de nuevo, "No lo entiendo… ¿qué está pasándome?"
Makoto consideró lo que acababa de suceder durante un momento y decidió que lo mejor era continuar adelante y llegar a la casa de la familia Gokai. Se preocuparía por este extraño acontecimiento una vez que se asegurara que las estatuas de piedra que ahora serían Carlos y sus padres estaban enteras. Asiéndose firmemente a esta idea, Makoto reanudó su carrera.
Casi dos horas más tarde…
La joven Kino se paró en seco cuando dobló la esquina y sus ojos toparon con el dojo de los Gokai. La pared que lo rodeaba estaba ligeramente dañada, y era fácil ver que se había llevado a cabo una pelea allí, pero a pesar de las huellas de un combate, la estructura principal, que eran la casa y el dojo, parecían estar intactos. Suspirando aliviada, Makoto se apresuró a entrar en la casa, en ese momento a ella lo único que le importaba era ver a la familia Gokai, aún si eran sólo estatuas. La joven se dirigió primero al jardín y después a la sala, pero no encontró a nadie allí. Luego de revisar casi toda la primer planta de la casa, Makoto entró a la cocina y se encontró con los cuerpos petrificados de los padres de Carlos.
"… No…" Makoto ya no pudo decir más, el señor Gokai estaba asomado por la ventana y su esposa había sido transformada en piedra mientras estaba recargada en el lavaplatos. La llave aún estaba abierta y el agua caía libremente sobre los vegetales que seguramente serían usados para preparar el desayuno. Ver la escena afectó mucho a la joven Kino. En cierto modo era más atemorizante ver cómo esta escena cotidiana había sido interrumpida que el haberse encontrado con un par de estatuas destrozadas, y era más temible porque parecía que en cualquier momento la señora Gokai la saludaría y le pediría ayuda para preparar el almuerzo. Algo que tal vez nunca volvería a suceder.
Lentamente, la muchacha se acercó a la señora Gokai y extendiendo nerviosamente la mano, cerró la llave del agua. Cuando sus dedos rozaron las rasposas e inertes manos de piedra de la señora Gokai, Makoto ya no pudo soportarlo y abrazó a la fría figura junto a ella, con sus ojos inundados en lágrimas. Le dolía enormemente ver a la madre de Carlos así, y le dolía porque en verdad la quería mucho, durante las semanas que había conocido a la señora Gokai, Makoto había terminado queriéndola tanto como a su verdadera madre, "Yo… lo siento mucho...lo siento mucho…" Sollozó, apretándose contra la mujer, "Pero… te prometo que voy a curarte… No dejaré que te quedes así… no lo haré mamá Gokai… no voy a…" Al escucharse, la joven Kino se separó de la madre de Carlos y le besó la mejilla, "… Prometo encontrar una manera de curarlos… y entonces… le pediré su permiso para llamarla… mamá…" Con una sonrisa triste, Makoto dedicó una última mirada a los señores Gokai y salió de la cocina.
Makoto registró el resto de la casa, pero no encontró a nadie. Finalmente, la muchacha entró a la habitación de Carlos y se dejó caer sobre su cama. "Carlos, ¿en dónde estás?" Preguntó en voz baja, "Si pudiera verte otra vez yo…"
En ese momento, la música de una guitarra comenzó a escucharse y Makoto se sentó inmediatamente al tiempo que sus ojos recorrían la habitación. Como esperaba, la guitarra de Carlos no estaba. La muchacha pasó saliva y se acercó a la ventana y la abrió; al hacerlo, la música entró en la habitación con más fuerza. Era una canción que Makoto no conocía, pero sí reconocía la habilidad de la persona tocando: era Carlos. Las notas no eran tristes como ella hubiera esperado. La canción que Carlos tocaba no era alegre tampoco, pero el ritmo suave y ligeramente rápido de las notas cargaba una gran energía; y eso sólo podía significar que… "¡Carlos está bien!" La muchacha sonrió y salió rápidamente al pasillo hasta que encontró las escaleras al desván y de allí no tardó en salir al techo por la ventana del ático.
Y allí estaba él. Sentado en el techo, con los ojos cerrados y su cabello libre al viento mientras tocaba su guitarra con expertos movimientos de sus manos y marcaba el ritmo con el pie derecho. Verlo hizo que Makoto sintiera que una parte de ella volvía a estar viva. Toda la angustia que la había torturado durante su carrera a la casa de la familia Gokai se desvaneció y un destello de alegría alumbró su corazón.
"Hola." Dijo ella en voz baja cuando él terminó de tocar.
Carlos abrió los ojos y sonrió al ver a Makoto, "Hola." Respondió al tiempo que dejaba su guitarra a un lado, se levantaba y caminaba hacia ella con una expresión de alivio total.
"¿Qué canción tocabas?" Preguntó ella, diciendo lo primero que le vino a la cabeza, "Nunca la había escuchado y…" Makoto no pudo terminar, pues se vio envuelta entre los fuertes brazos de Carlos, quien no desperdició un segundo para unir sus labios a los de ella en un apasionado beso que la hizo temblar. Por un instante, ella no supo que hacer, pero no tardó en cerrar los ojos y responderle, abrazándolo y besándolo con la misma intensidad, disfrutando de una reunión que por un momento, pensó que jamás volvería a darse.
"Entre dos aguas." Le murmuró él al oído cuando el beso terminó. Carlos aún mantenía a Makoto entre sus brazos y no sentía deseos de dejarla ir.
"¿Qué?" Preguntó ella en voz baja, aún sintiéndose en las nubes después de ese maravilloso beso.
"La canción." Le respondió Carlos, "Me preguntaste qué canción estaba tocando."
"Oh. La canción" Makoto sonrió, "Cierto… pensé que tocarías algo más triste."
"Necesitaba tocar algo con energía para deshacerme de la frustración, pero ahora…"
"Te entiendo." Dijo Makoto en voz baja, "Yo me habría puesto a cocinar o entrenar artes marciales."
"Me alegra mucho verte y saber que estás bien." Dijo él cambiando de tema, "Acabo de volver de tu departamento, yo pensaba que…"
"¿Me había convertido en piedra?" La joven Kino se acurrucó entre los brazos de Carlos, "Yo pensé lo mismo de ti."
"Se necesita más que magia negra para lastimarme."
Makoto rió en voz baja, "Ya lo sé, Capitán Gokai."
Carlos rompió el abrazo y se separó de Makoto al tiempo que retrocedía y la miraba asustado, "¿Cómo lo sabes? Eres un parásito, ¿no es cierto? ¡Libera a Makoto de inmediato!"
"No soy un parásito." Respondió Makoto, "Pero sé todo sobre tu pasado en Celephais y sé que eres el guardián gris."
"¿Pero cómo? No hay manera de que…"
Makoto le mostró a Carlos su cristal de transformación, "Este es el cristal de Júpiter. Soy una Sailor Scout y descubrí todo lo que sucedió en tu pasado en la Torre Blanca."
"¿Sabes linda?" Carlos respiró profundamente y logró calmarse, "Eso explica muchas cosas."
"Sí, lo sé."
"Tendremos que hablar mucho sobre esto."
"Carlos, yo…"
BEEPP!
La joven Kino suspiró y sacó su comunicador, "Aquí Makoto, ¿qué sucede?"
Carlos metió sus manos en las bolsas de su chamarra mientras su novia hablaba con quien fuera que la había llamado. En realidad él deseaba también poder llamar a sus compañeros, en especial a Keigo.
"Tenemos que irnos." Anunció Makoto, "La… líder de nuestro grupo me ha pedido que te lleve a verla."
"¿Para qué?"
"No lo sé. Sólo sé que es urgente, ¿vendrás?"
Carlos miró a Makoto un momento y asintió, "Sí, pero lo hago sólo por ti."
Ami Mizuno
A Sailor Mercury le tomó casi una hora llegar al hospital en el que trabajaba su madre. Una vez allí, la joven caminó por los pasillos con lentitud y un poco de miedo. Sabía que la encontraría allí, como una más de las estatuas que había visto por toda la ciudad; pero tenía que verla, sin importar qué tan doloroso fuera para ella. La Scout llegó finalmente al consultorio indicado y, controlando su temor, abrió la puerta y miró dentro. Lo que encontró la hizo respirar un poco más aliviada. Sí, su madre era ahora una estatua de piedra, pero estaba tendida en el diván del consultorio con una tranquila expresión en su rostro. Seguramente había estado durmiendo cuando fue petrificada.
"Mamá..." Murmuró ella al tiempo que se hincaba junto a la estatua de su madre y la miraba con una enorme tristeza, "…Espero que no has sufrido como todos los demás, yo…" Mercury sintió un nudo en la garganta y no pudo continuar, sin poder detenerlas, un par de sus lágrimas cayeron sobre las manos de su madre, "… Te quiero mamá… y lamento mucho no haber podido protegerte…" Masculló ella entre sollozos, colapsándose sobre el pecho de su mamá.
"…Yo… creo que hay alguien que puede ayudarme… ¿sabes de quién hablo mamá?" Dijo Mercury y se enderezó, secándose las lágrimas sin mucho entusiasmo, "Hablo de Kuro Kizuko, pero… no sé cómo hablarle… le dije que nunca volveríamos a vernos porque tenía miedo de lo que pasa entre nosotros… no sé cómo sucedió… porque la verdad es que yo…" La Scout cerró los ojos y bajo la voz hasta que fue un murmullo casi inaudible, "Yo lo quiero mamá… lo quiero mucho…"
La joven no dijo nada más y se limitó a mirar a su madre en silencio; pasados unos minutos, Mercury se puso de pie y acarició suavemente la frente de su madre, "Iré a buscarlo, mamá... y lograré que nos ayude… lo prometo." Dicho esto, la Sailor Scout salió lentamente del consultorio y, dedicándole una última mirada a su madre, cerró la puerta tras de sí. Para Sailor Mercury sólo quedaba un objetivo claro: encontrar a Kuro y conseguir la ayuda de los guardianes.
Algo después, una exhausta Sailor Mercury se detuvo frente al edificio donde vivían los hermanos Kizuko. Se había obligado a correr sin parar hasta este lugar y sentía que ya no podía más. Mercury nunca se había sentido tan débil, incluso respirar estaba comenzando a resultarle difícil. Pero ella no podía detenerse, éste era el único sitio en donde tal vez podría encontrar a Kuro. Usando sus últimas fuerzas, la Sailor Scout se obligó a caminar y entró en el edificio. Con pasos lentos e inseguros, pasó junto a las estatuas de dos inquilinos en el vestíbulo y comenzó a subir lastimosamente las escaleras. Cuando caminaba por un pasillo del primer piso, se encontró con algo que la hizo detenerse. Frente a ella, vestida con ropa deportiva, estaba Misao Kizuko.
"Hola Misao…" Murmuró Sailor Mercury, que al acercarse a la hermana de Kuro, se sintió mareada y su vista se nubló rápidamente. Temiendo desmayarse, Mercury se apoyó en la pared y respiró con dificultad hasta que de pronto, el mareo desapareció por completo. Sorprendida, la muchacha se miró y descubrió que su transformación se había cancelado, dejándola simplemente como Ami Mizuno. Confundida, la joven examinó sus manos y miró su reflejo en el vidrio de la ventana. No sabía qué le había sucedido pero ahora se sentía completamente normal, con sus energías totalmente restablecidas. Sin embargo, también descubrió que su cristal de transformación no parecía funcionar.
"No lo entiendo." Se dijo la joven Mizuno, "¿Qué acabó con mi transformación?" Sin poder encontrar una respuesta, Ami decidió continuar su camino; no tenía tiempo que perder haciendo conjeturas sobre esto y además, lo que más le importaba en ese momento era encontrar a Kuro.
"Espero que no te moleste Misao..." Comentó Ami en voz baja mientras abría la mochila que sostenía la estatua de la linda pelirroja y comenzaba a buscar. Casi de inmediato, logró encontrar lo que necesitaba: un juego de llaves.
No mucho después, la joven Mizuno entraba al departamento de los hermanos Kizuko. Estaba nerviosa y un poco asustada; no sabía qué encontraría en el departamento y la idea de que Kuro tal vez no estaba allí entró en sus pensamientos, "Ya es muy tarde para considerar esa posibilidad." Se dijo mientras atravesaba la sala con la intención de buscar en las recámaras algún indicio del joven Kizuko.
Con los nervios a flor de piel, Ami entró a la habitación que sabía era la de Kuro; la recámara estaba bien ordenada a excepción de una pequeña mesa en la esquina, sobre la que había varios libros, entre los que Ami reconoció el que Kuro le había prestado en una ocasión. La ventana a su izquierda estaba abierta y un aire helado enfriaba la habitación. La mirada de la joven se deslizó por el cuarto y se posó en un portarretratos colocado en la mesita de noche junto a la cama. Dentro del marco estaba una foto suya, la fotografía que Kuro le había tomado en las escaleras de la estación del tren hacía ya algún tiempo.
"Él… él aún piensa en mí…" Murmuró Ami mientras tomaba el portarretratos y miraba con curiosidad su fotografía, "¡Kuro aún piensa en mi…!" Una tímida sonrisa se formó lentamente en los labios de la joven Mizuno; el saber que él no la había olvidado, que pensaba en ella lo suficiente como para tener su fotografía junto a su cama la hacía sentirse feliz y, en ese momento, eso era justo lo que necesitaba.
"Lamento nunca haberte dado el duplicado de esa foto." Indicó una voz a espaldas de la joven, "Jamás tuve tiempo de hacerlo."
A pesar de que sonaba un poco distinta, Ami conocía esa voz y no tenía duda de quién estaba detrás de ella: Kuro Kizuko. La muchacha colocó el marco en su lugar y se giró lentamente, su corazón latía con fuerza y no podía esperar para verlo de nuevo pero cuando lo hizo y finalmente volvió a mirarlo, su alegría fue remplazada con tristeza y un poco de miedo. Sí, él estaba allí, pero rodeado de una oscuridad y una miseria tan profunda que era casi posible tocarla.
"Es… extraño verte aquí." Comentó Kuro mientras se acercaba un poco a Ami. Su voz se había vuelto increíblemente fría, como si fuera la voz de los muertos, "Pensaba que también eras una estatua."
Escuchar esa helada voz hizo estremecer ligeramente a la joven Mizuno. Era idéntica a la del guardián negro que había visto en la torre del rey. Al darse cuenta de esto, Ami no pudo evitar recordar todo lo que había descubierto acerca del pasado de Kuro: La muerte de su esposa a manos del Necromante, su dolor cuando se vio obligado a enterrar las cenizas de Arcia y su furia absoluta durante su primer enfrentamiento con el hechicero; la tristeza que significó ver morir su planeta y finalmente, la depresión total que lo invadió cuando se sacrificó para enviar la Fortaleza de los antiguos al fondo del mar. Ami entonces recordó cómo ella también había ayudado a aumentar la miseria que lo envolvía: Recordó cuando lo rechazó durante la cena de gala aquella noche en que él la abrazó por primera vez y en especial, recordó arrepentida el momento en que le dijo que nunca más volverían a verse.
"Oh Kuro… ¡lo lamento tanto!" Murmuró ella al entender por fin porqué él siempre parecía estar tan triste, "… ¡No puedes imaginar cuanto lo lamento…!"
"No tienes qué lamentar nada, tú no has hecho nada malo." Respondió él, que al darse cuenta de que la temblorosa joven frente a él estaba por rendirse al llanto, la tomó suavemente por los hombros, "No estoy molesto contigo Ami… nunca podría estarlo."
Ami reaccionó sin pensar al sentir el suave toque de las manos de Kuro y se abrazó a él con todas sus fuerzas, "¡…No lo entiendes…!" Sollozó ella, sus ojos húmedos con nuevas lágrimas, "¡Sé cuanto dolor has tenido que soportar y… tú no mereces eso Kuro… no alguien como tú…!"
El joven Kizuko estaba intrigado y en su mente analizaba todas las opciones por las que Ami no se había convertido en una estatua de piedra. Ella no era un guardián y no estaba infectada por un parásito; por lo tanto, la única explicación posible para que hubiera podido resistir el hechizo del Necromante era que, en secreto, ella era una Sail… justo entonces, mientras la tomaba por los hombros, Ami se abrazó a él fuertemente, ocultando su rostro en su pecho mientras se abandonaba al llanto. Siendo sorprendido momentáneamente, Kuro no tardó en suspirar feliz al sentir a Ami junto a él mientras que todo aquello en lo que pensaba dejó de ser importante. Al final, lo único que le importó fue cerrar sus brazos alrededor de la joven que amaba para intentar brindarle un poco de consuelo.
Cuando el llanto comenzó a ceder, el muchacho sonrió y se atrevió a acariciarle la espalda, "Aprecio que digas que no merezco eso." Le murmuró al oído, "Pero aprecio más poder volver a verte. Luego de la última vez y de lo que sucedió hoy… pensé que ya nunca volvería a tenerte cerca de mi… no tienes idea de lo mucho que me alegra ver que estás a salvo."
Ami se relajó al escuchar esas palabras y secó sus lágrimas, "Kuro… lo que te dije… fue una mentira, en realidad no quería dejar de verte… quería tener esa cita contigo pero…"
"Hay algo que te impedía hacerlo." Completó él, separándose un poco de ella para poder mirarla, "Y estoy seguro de que ese algo es la razón por la que no eres una estatua."
"…Sí, esa es la verdad… pero…" La joven se estremeció; de repente, la idea de confesar su secreto a Kuro le parecía lo más difícil del mundo. No sabía cómo decirlo.
"Tranquila Ami, no deseo que me digas tus secretos." Dijo él, como su hubiera leído sus pensamientos.
La joven Mizuno suspiró aliviada y asintió lentamente, "Gracias…yo quiero contarte pero…"
"¿Es algo que si me lo confías podría ponerme en peligro?"
"Sí… no quisiera que a ti o a Misao les pasara algo por… por mi culpa… porque yo… yo…" La joven no pudo continuar y confesarle lo que sentía; no encontró las palabras adecuadas para hacerlo, era como si su voz hubiera desaparecido. Sin saber qué decir y con sus mejillas adquiriendo un ligero rubor, Ami logró volver a acercarse a Kuro y acurrucarse junto a él, buscando sentirse segura entre sus brazos.
Kuro aceptó el contacto y volvió a estrechar a Ami mientras aspiraba el suave aroma de su cabello. El muchacho respiró profundamente, dejando que toda la tensión y la tristeza que sentía desaparecieran.
"¿Te molesta esto?" Preguntó ella, mientras le acariciaba tímidamente los hombros.
Kuro sonrió calidamente, "No Ami, no me molesta, en realidad me agrada mucho."
La joven se sonrojó y volvió a apretarse junto a él, "… me alegro…"
Kuro no respondió y en silencio, llevó una de sus manos hasta el cuello de Ami y después, acariciando con delicadeza su mejilla, logró hacer que ella levantara su rostro y lo mirara de frente. Kuro se perdió por un instante en esos hermosos ojos azules, profundos como el mar y brillantes como zafiros, para después pasar su atención a esos bellos labios entreabiertos que parecían esperarlo sólo a él. Por un momento, el muchacho se contentó con admirar a la hermosa joven que estaba con él, para luego acercarse a ella lentamente, deseando besarla por primera vez y poder al fin compartir su calor.
Ami suspiró, los dedos de Kuro se habían deslizado hasta su barbilla en una sutil caricia y con una suavidad que la hizo estremecerse, consiguió que ella inclinara levemente su rostro mientras él se acercaba con lentitud.
"¿Vamos a besarnos…?" Se preguntó, dudando por un momento si esto era verdad o un hermoso sueño. Cerrando sus ojos, Ami se dejó llevar, dándose cuenta de que ya no tenía miedo y de que ahora, mientras su corazón latía con fuerza, lo único que sentía era deseo por él. Deseo de finalmente sentir sus labios unirse a los suyos. Deseo de sentir… de sentir lo mismo que Usagi sentía cuando Mamoru la besaba. Deseo de finalmente compartir su amor con alguien. Deseo de finalmente saber que nunca más estaría sola…
Kuro también cerró los ojos y continuó su avance, podía sentir el calor de los labios de Ami y la luz que ella irradiaba era como la de una estrella brillante; una luz capaz de hacer retroceder la oscuridad que lo envolvía, una luz que prometía alumbrar un futuro lleno de una felicidad para ambos, una luz que… debilitaba su poder.
El joven Kizuko detuvo su avance y respiró profundamente. Su poder estaba disminuyendo. La luz de Ami había atravesado por completo su oscuridad, esa luz le hacía sentir emociones que bloqueaban el flujo de poder de su gema oscura, debilitándola hasta casi el mínimo de su capacidad. Dejando que la depresión lo invadiera nuevamente, Kuro se separó de la hermosa joven de ojos azules que sostenía entre sus brazos. A pesar de lo mucho que deseaba estar con Ami, a pesar de lo mucho que la amaba y de que por ella sería incluso capaz de dar su propia vida, no podía renunciar a su poder. No podía sellar la gema oscura en ese momento. No podía hacerlo mientras un peligro tan grande aún acechaba la tierra.
Algo no estaba bien, Kuro se había separado de ella de un modo gentil, pero también firme. ¿Por qué? No había razón para eso. Preocupada, Ami abrió los ojos y miró a su compañero, "¿Qué sucede?" Se atrevió a preguntar en un murmullo, "¿Porqué te detienes… yo… hice algo mal…?
"No Ami, claro que no. Es sólo que ya debo irme. Perdóname, tengo muchas cosas más importantes de qué ocuparme… tú puedes quedarte aquí, en este lugar estarás más segura que en cualquier otra parte."
Ami sintió una fuerte presión en el pecho y sabía que de haber sido posible, habría escuchado cómo su corazón se quebraba en mil pedazos. La joven bajó la mirada y sus hombros temblaron un poco cuando intentó inútilmente controlar el dolor que sentía, "¿Vas a dejarme sola entonces?" Preguntó, no pudiendo evitar sentir que su mundo se hundía, "¡Al menos dime la razón!"
Kuro levantó su mano derecha y le mostró su guante de poder, "Por esto. Esta gema me permite usar un poder con el que arreglaré las cosas Ami, pero para usarlo no puedo estar contigo."
La joven miró la gema negra con atención por un momento y luego bajó la mirada. Lo entendía, lo entendía bastante bien. La oscuridad se alimentaba de emociones negativas para volverse más fuerte. Ella ya lo había experimentado una vez, cuando Sailor Galaxia la esclavizó con sus brazaletes y éstos llenaron su corazón de un odio tan intenso que su poder aumentó más de lo que jamás creyó posible, "Yo… lo entiendo Kuro…" Dijo Ami al fin mientras se limpiaba una única lágrima y se alejaba de él, "Pero… en verdad quisiera que… quisiera que fuera de otro modo…"
"…También yo." Respondió él con una voz triste y casi inaudible, "Pero por ahora es imposible."
"Kuro… no te vayas…" Pidió Ami. La joven había entendido en ese instante que no podía dejarlo ir. Su corazón estaba roto pero a pesar de eso, aún tenía un trabajo qué hacer; el ver cómo Kuro era capaz de hacer a un lado sus sentimientos para cumplir su deber se lo había recordado. Sailor Mercury tenía un trabajo pendiente: Tenía que conseguir que Kuro la ayudara a ella y a Sailor Moon.
"No puedo esperar." Respondió el joven Kizuko, "Tendrá que ser después."
"Tienes que esperar Kuro… porque yo… voy a confiarte mi secreto…"
"Te dije que no era necesario."
"Sí lo es…" Contestó Ami quien, luego de respirar profundamente, miró a Kuro directo a los ojos, "La razón por la que no soy una estatua… te la voy a decir."
El muchacho le sostuvo a Ami la mirada y esperó en silencio a que ella continuara.
"Yo… soy una Sailor Scout…" Dijo ella al fin, "Soy Sailor Mercury… yo y las otras Sailor Scouts fuimos a la Luna la noche anterior y… encontramos la torre del rey y el proyector de luz blanca… lo sé todo Kuro… acerca de Celephais, acerca de los guardianes… por eso te dije que sabía cuánto dolor has tenido qué soportar…"
"No me sorprende que seas una Sailor Scout." Contestó Kuro, su voz volviendo a enfriarse, "Pensé en esa posibilidad en cuanto te vi aquí… pero sí me sorprende que hayas visto la torre del rey." El muchacho hizo una pausa mientras caminaba pensativo, "¿El proyector de luz blanca estaba intacto, aún funciona?"
Ami bajó la vista, "No. Fue destruido junto a la torre. Lo siento."
"…Supongo que ya no importa." Respondió Kuro, "Ya era muy antiguo de cualquier modo."
"Nosotras…" Comenzó ella, "…Queremos trabajar junto a los guardianes; creemos que juntos podremos vencer al Necromante… ¿aceptarían unirse a nosotras, Kuro?"
"No. Ustedes no pueden ayudarnos." Respondió el joven Kizuko, "Y menos tú."
"¿Yo?" Preguntó Ami, volviendo a sentir una punzada en el pecho al sentirse rechazada.
"Especialmente tú."
"¿Por qué, acaso tienes miedo de que algo me pase?"
Kuro no respondió, pero en su mirada podía adivinarse cuál era su respuesta.
"Yo… también tengo miedo de que algo me pase." Dijo Ami, "¿Crees que no siento pánico al saber lo que tenemos que enfrentar?" Preguntó, "¡Claro que lo siento, y también temo por ti; pero no puedo dejar que el miedo me controle… así no es como actúa una Sailor Scout…!"
"El modo en que actúen las Sailor Scouts es algo que a mi no me importa." Respondió él con una voz extremadamente sombría, "La respuesta sigue siendo no. No permitiré que trabajen con nosotros."
"¡Déjame luchar a tu lado Kuro, por favor!" Insistió la joven Mizuno, "Juntos podremos…"
"¡Imposible!" Exclamó él, "¿No lo entiendes Ami?…Si el Necromante llega a tenerte cerca, él… ¡te hará lo mismo que a Arcia y entonces yo…!"
"¡Yo no soy como ella!" Le gritó Ami, sintiéndose molesta al escuchar el nombre de la mujer que Kuro había amado una eternidad atrás y sentirse comparada con ella, "¡El Necromante no me matará como hizo con Arcia, yo sí puedo defenderme, yo…!"
"¡No de él, Ami!" La interrumpió Kuro, que sin notarlo, había dejado que un par de lágrimas brotaran de sus ojos, "¡No de él!"
El ver a Kuro en ese estado fue suficiente para calmar a Ami quien lentamente, se acercó a él y le limpió las lágrimas con la manga de su camisa, "¿Pero entonces, qué es lo que piensas hacer… enfrentar a ese monstruo tú solo?"
Kuro se separó de ella y respiró profundamente para intentar calmarse, "No, yo no voy a enfrentar a ese bastardo." Respondió, su voz nuevamente bajo control, "No me malentiendas, nada me gustaría más que enviarlo a arder eternamente en el infierno, pero si en verdad conoces mi pasado, entonces sabes que hay algo aún peor que él que debe ser eliminado."
Ami palideció un poco al recordar el enorme sarcófago que había en la Fortaleza, "Hablas del dios de los antiguos..." Dijo ella sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda, "He visto su ataúd."
"Es Darlugra." Indicó Kuro, "Y representa la mayor amenaza para la vida como la conocemos."
"Parece que sabes mucho sobre él."
"Sé lo suficiente."
"Si ese ser es tan poderoso como parece…" Comenzó Ami, "¿No sería mejor si los Guardianes y las Sailor Scouts trabajamos juntos para enfrentarlo?"
"No insistas, no quiero discutir contigo de nuevo por la misma razón." Respondió Kuro, dándole la espalda y caminando hacia la ventana, "Entiendo que sientas el deseo de proteger a la Tierra, pero tú y las otras Scouts lo harán mejor si se quedan aquí y nos dejan a nosotros encargarnos de esto."
La muchacha se acercó a él; ella tampoco quería iniciar otra discusión, pero no iba a rendirse. Tenía que conseguir la ayuda de los guardianes, aunque no sabía cómo… entonces, Ami recordó algo. ¡El rubí de la aurora en el cetro real de Celephais; si se lo mostraba a Kuro, tal vez aceptaría unirse a ellas!
"En verdad debo irme ya." Comentó Kuro luego de mirar por la ventana, "Hay mucho qué hacer."
"Espera. Hay algo más que tú no sabes." Dijo la joven Mizuno, "Algo más que descubrimos en la torre del rey y que debes ver; tal vez si lo haces, aceptes trabajar con nosotras y…"
BEEPP!
Ami sacó su comunicador y lo miró con una expresión de duda. Si contestaba la llamada, era probable que Kuro se fuera y perdería su oportunidad de convencerlo de ir a ver a Usagi, pero si no lo hacía…
"Deberías responder." Aconsejó él, "Podría ser importante."
"En esta situación, seguro que lo es… Pero por favor Kuro, espera a que termine; aún necesito decirte algo muy importante." Pidió Ami mientras tomaba la llamada.
Kuro se recargó en la pared con los brazos cruzados y observó a Ami mientras hablaba, preguntándose qué otra cosa habían descubierto las Sailor Scouts en la torre del rey. No recordaba que en la torre hubiera quedado nada útil aunque tal vez… quizás encontraron a Vidar aún con vida en su cápsula y lo despertaron, trayéndolo a la Tierra junto con ellas antes de que la torre fuera destruida… si ese era el caso, entonces era su deber y el de los otros guardianes el estar junto al rey… ¿acaso sería eso?
"Hay problemas graves." Dijo Ami con un tono serio mientras guardaba su comunicador, "Kuro… en verdad creo que deberías acompañarme, estoy segura de que si lo haces aceptarás trabajar con nosotras."
El muchacho se mantuvo en silencio por un momento, considerando sus opciones, "Muy bien Ami." Dijo al fin, "Iré contigo, pero no te garantizo que cambie de opinión; eso dependerá de lo que descubrieron en la torre del rey y que aún no me has dicho."
La joven sonrió aliviada, por un instante había pensado que Kuro volvería a negarse, "Gracias, te aseguro que no te arrepentirás."
"Eso lo veremos." Respondió Kuro, "Dame la mano y piensa en el lugar al que debemos ir."
"¿Qué…?" Parpadeó Ami, confundida.
"Sólo hazlo, así llegaremos más rápido." Dijo Kuro, extendiendo su mano hacia la joven Mizuno.
"Yo… está bien, lo haré." Ami tomó la mano que se le ofrecía y pensó en el departamento donde vivían Haruka, Michiru y las demás; de inmediato, las sombras de la habitación cobraron vida y la rodearon a ella y a Kuro y, antes de que pudiera reclamar, fueron absorbidos por la oscuridad.
Viento de curación.
Usagi, firmemente asida de Naru y Sara, observó asombrada cómo la última corriente de las viento que la guardián verde había usado para cargarlas de edificio en edificio las depositaba con suavidad justo en el techo del edificio donde vivían las Sailor exteriores. Usagi no perdió tiempo para correr hacia las escaleras, "¡Es en el penthouse justo debajo, no se queden atrás!" Avisó antes de comenzar a bajar.
"No la culpo por tener prisa." Comentó Naru, "Su novio está muy mal."
"Tal vez nosotras podamos ayudar." Indicó Sara mientras seguía a su alumna, pero antes de bajar por las mal iluminadas escaleras, la guardián blanca levantó su mano y su gema de poder lanzó un destello.
Usagi no pudo evitar retroceder un paso al ver a la persona que le abrió la puerta del penthouse de las Sailor Exteriores: un muchacho apuesto de cabello naranja que la miraba con tristeza.
"¿…Sarnath?" Murmuró Usagi.
"¿Tú?" Exclamó una sorprendida Sara.
"Pero… él estaba muerto…" Comenzó Naru, pasmada al ver al hombre que había visto en los sueños que le habían revelado poco a poco el pasado de su bisabuela, "¡Murió en Celephais!"
"¿Qué estás haciendo aquí?" Exclamó Usagi, temiendo que los parásitos le hubieran preparado una emboscada, "¿Dónde están mis amigas, les has hecho algo?"
"No nos ha hecho nada malo." Intervino Haruka, que apareció en la puerta en ese momento. Usagi no dejó de notar el pálido y demacrado rostro de Haruka, pero antes de que pudiera decir algo sobre eso, la joven Tenoh continuó, "Es algo largo de explicar. Te lo diremos todo más tarde, por ahora sólo debes saber que Sarnath está de nuestro lado y merece estarlo." Explicó, "¿Pero no querías ver a Mamoru?"
"¡Claro que quiero verlo!" Respondió Usagi, "Llévame con él."
"Ya hice todo lo que pude por tu novio, pero no ha sido suficiente. Espero que tú puedas hacer más que yo, Sailor Moon." Indicó Sarnath, que caminaba junto a la joven Tsukino; detrás, Haruka se ocupaba de llevar a Naru y a Sara a la sala.
"¿Tú hiciste qué?" Preguntó Usagi, incrédula ante lo que acaba de escuchar; era muy difícil no considerar a Sarnath un enemigo, pero como Haruka parecía confiar en él, ella también estaba dispuesta a intentarlo.
"El Necromante lo atacó con una de sus flores espectro; sólo pude extraer la flor y evitar una infección pero no puedo curarlo del veneno." Explicó Sarnath, "No tengo esa clase de poder."
Usagi se detuvo sin abrir la puerta de la habitación de Setsuna, que era donde reposaba Mamoru, y cerró los ojos para poder calmarse y pensar, Hotaru tenía la capacidad de sanar, pero Haruka le había dicho por el comunicador que ella también estaba herida, sin embargo... esto era muy similar a lo que había visto en la torre del rey, cuando su padre fue atacado del mismo modo por el Necromante, "Tal vez tú no tienes ese poder…" Murmuró Usagi, recordando cómo habían salvado al rey Vidar del veneno de la flor espectro, "Pero conozco a alguien que sí lo tiene."
"¿Hotaru?" Dijo Sarnath, "¡Ella no está en condiciones de intentar curar a nadie!"
"Lo sé… pero hay alguien más; ve por la guardián verde por favor." Pidió ella, "Es la única esperanza de Mamoru ahora, yo… estaré con él."
Usagi entró en la habitación y sintió un escalofrío al mirar a Mamoru, el muchacho estaba sin camisa y su cuerpo se mostraba extremadamente pálido, bañado en sudor y de cuando en cuando sus manos le temblaban; una horrible mancha rojiza le marcaba el pecho, como una cicatriz que amenazaba con volver a abrirse en cualquier momento. Usagi supo inmediatamente que ese era el lugar en donde la flor espectro había herido a su amado.
"Mamoru... " Murmuró Usagi al tiempo que se sentaba a su lado y le acariciaba el rostro, que ardía en fiebre; al sentir de nuevo el cuerpo de Mamoru temblar, la muchacha ya no pudo resistir ver a la persona que más amaba en ese estado y finalmente se abandonó al llanto, "Tienes que resistir mi amor… no puedes rendirte ahora que al fin estoy otra vez contigo… por favor no te rindas… no sé qué haría sin ti…"
"Lamento que esto haya sucedido." Murmuró Naru desde la puerta de la recamara, "Sé que lo quieres mucho… ¿qué puedo hacer para ayudarte?"
Usagi se secó las lágrimas y se levantó con una expresión de esperanza, "Cúralo por favor… sé que tú puedes vencer al veneno de las flores espectro…" La joven Tsukino miró a Mamoru una vez más y sin poder detener una lágrima se hincó frente a la guardián verde y se inclinó, "¡Te lo suplico Naru, por favor no lo dejes morir!"
Frunciendo el ceño, Naru se acercó a Usagi y la abrazó, para luego obligarla a enderezarse, "¡Nunca vuelvas a hacer eso!" Le pidió, "¡Tú eres la última heredera de la familia real de Celephais, si alguien aquí debería inclinarse, esa soy yo!... Escucha Usagi, no sé si en verdad pueda ayudar a Mamoru… ¡Pero haré todo lo posible, te lo juro!"
Sin estar segura de qué era lo que tenía qué hacer, Naru se acercó a Mamoru y trató de recordar alguna cosa útil que hubiera visto en sueños, pero no encontraba nada. Esforzándose para no ponerse nerviosa, Naru respiró profundamente y decidió dejar que su gema de poder guiara sus movimientos, del mismo modo que la había guiado cuando descubrió cómo usar el Void Wind. Por un instante, Naru temió que nada sucedería pero de pronto, sintió que sabía qué era lo que debía hacer.
"Creo que… creo que ya lo tengo." Anunció mientras ponía sus manos sobre la terrible mancha roja en el pecho de Mamoru.
"Lo está haciendo." Murmuró Usagi, "Igual que la primer guardián verde, el viento que puede curar…"
Naru cerró los ojos y se concentró, poco a poco un suave viento que giraba delicadamente a su alrededor llenó la habitación, "Sí… esto es lo que debo hacer…" Dijo Naru, "¡Healing Wind!" Al decir estas palabras, la guardián verde desató una brisa que se extendió no sólo por toda la recámara, sino que inundó por completo el departamento de las Sailor Exteriores.
Y cuando el viento cesó y Naru retiró las manos del pecho de Mamoru, la horrible marca del veneno había desaparecido junto a la fiebre que consumía las fuerzas del príncipe de la Tierra, el joven también había recuperado el color y su respiración se había normalizado.
"Está hecho." Anunció la guardián verde, "Está curado."
"Yo… no sé cómo podré pagarte por esto." Dijo Usagi en voz baja mientras se sentaba junto a Mamoru.
"No tienes qué hacerlo." Respondió Naru, "Me alegra haber podido ayudarte."
"Aún así, nunca dejaré de estarte agradecida." Respondió la joven Tsukino, "Gracias Naru…"
Naru apoyó su mano en el hombro de su amiga y le sonrió "Usagi… ¿para qué son las amigas?"
La joven Tsukino tomó la mano de Naru y la estrechó, "Tienes razón, para esto son las amigas… pero Naru yo… quiero que sepas que siento mucho haberte hecho a un lado, yo… temía que si seguíamos juntas siempre estarías en peligro…en verdad lo lamento… nunca quise hacerlo pero…"
"Está bien Usagi, ahora que soy una guardián lo puedo entender." La joven Osaka sonrió de nuevo, "Te dejaré sola con él un rato. No te preocupes, Mamoru no está en animación suspendida, sólo dormirá hasta recobrar las fuerzas, por cierto, creo que tú también deberías descansar un poco, te ves algo cansada." Sin decir más, la guardián verde le hizo un guiño a su amiga y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Cuando Naru regreso a la sala, se encontró con que Haruka, Michiru y Sarnath la miraban con un asombro total. Sara, por su parte, la miraba complacida y con orgullo desde un sofá en el que se había sentado.
"¿Qué hiciste?" Preguntó Sarnath al fin, "Mis heridas han desaparecido, Hotaru se ha recuperado por completo y ahora duerme tranquila en su cama; la primer guardián verde no tenía un poder así."
"Sí lo tenía, pero tu moriste antes de poder verlo." Explicó la guardián blanca, "Y después el Necromante te convirtió en su marioneta; no me sorprende que no conocieras el viento curativo."
"Lo que sea que haya sido, te lo agradecemos." Dijo Michiru, "Nos hemos curado gracias a ti."
"Yo…" Naru no pudo evitar sonrojarse un poco, "Sólo hago lo correcto... me alegra poder ayudar."
"Lo que a mi me gustaría saber es cómo fue que volviste a estar del lado correcto; ¿por qué no me cuentas cómo pasó, marqués?" Dijo Sara, mirando a Sarnath fijamente, "Apuesto a que es interesante."
"Todo sucedió gracias a Hotaru Tomoe." Respondió el marqués, "Fue por ella que logré romper el hechizo con el que el Necromante me había controlado por tanto tiempo."
"¿Cómo la conociste?" Preguntó Naru.
Sarnath sonrió al recordar la primera vez que había visto a su hermosa Hotaru y se dispuso a contar la historia, "Fue en el Gran Desierto Arenoso, en Australia…"
Mientras, en la habitación de Setsuna, Usagi, observaba a Mamoru con preocupación. La joven aún estaba sentada junto a él en la cama y de cuando en cuando le acariciaba el rostro. No podía imaginar cómo fue que el Necromante lo había atacado a él y a las Sailor Exteriores y aunque Haruka aún no le contaba qué había sucedido en realidad, la joven Tsukino no podía evitar volver a sentirse culpable por no estar en la Tierra cuando eso sucedió, "No lo entiendo… ¿por qué atacó la ciudad de repente?" Murmuró Usagi, "… ¡Si tan sólo hubiera estado aquí… habría podido ayudar a defender la ciudad!"
"Nosotros no peleamos con el Necromante aquí en Tokio." Dijo Mamoru con una débil voz mientras abría los ojos, "Lo que nos sucedió fue completamente nuestra culpa."
"¡Mamoru!" Exclamó Usagi, abrazándose con fuerza a su futuro esposo, "¿Cómo te sientes amor, aún te duele algo?"
El muchacho rompió el abrazo con suavidad y miró a Usagi durante un instante sin decir nada.
"¿Qué sucede?"
"Nada, sólo quería poder mirarte de nuevo." Respondió él mientras se incorporaba, "Creí que nunca podría volver a verte Usagi y sólo el deseo de volver a estar contigo me mantenía vivo…" Mamoru cerró los ojos y besó a la joven que amaba con una pasión infinita, deseando nada más que volver a fundir su espíritu con el de ella, "No puedes imaginar cuánto me alivia el verte a salvo…" Dijo cuando el beso terminó, "…Usagi, yo y las Sailor Exteriores cometimos un error, un terrible error… y casi lo pagamos con la vida…"
Usagi volvió a acercarse a Mamoru y se arropó junto a él, "Pero estás vivo y bien… querido, ¿qué fue lo que pasó?"
El muchacho volvió a dejarse caer en la cama, "Creo que ahora no es el momento de hablar de eso."
"Pero…"
"Lo siento Usagi, es que no es algo agradable de recordar…" Murmuró él, no pudiendo evitar sentir un escalofrío ante el recuerdo de los horribles Vaal Djoh, "¿Ya están las demás Scouts aquí?" Preguntó pensativo, "Creo que será mejor contarles lo que nos sucedió cuando estén todas juntas."
"En ese caso…" Dijo Usagi, "… No me molesta esperar… pero… ojalá y no sea por mucho…."
"Lo siento Usagi, pero…" Comenzó Mamoru.
"¿Sí?"
"¿Podrías ayudarme a ir a la sala?" Pidió el muchacho, "Será mejor hablar allí."
"…Y al final me di cuenta de que no podía dejar morir a Hotaru en la colmena, y fue sólo gracias a un milagro que logré sacarla antes de que se colapsara por completo." Terminó Sarnath.
"Y después de eso caíste muerto." Agregó Haruka, "Me sorprendió bastante volverte a ver cuando apareciste de nuevo en el centro comercial."
"El Necromante no deja ir tan fácilmente a sus esclavos." Indicó el marqués.
"Ese hechicero es un adversario formidable." Comentó Michiru de repente, "Su poder es mucho mayor que el de Sailor Galaxia, la última enemiga que enfrentamos."
"…De no ser por…" Haruka pasó saliva y sus puños temblaron al recordar a Setsuna, "El sacrificio de Sailor Pluto, una de nosotras, no habríamos logrado escapar con vida de la Fortaleza."
"… ¿Setsuna está muerta?"
Haruka, Michiru, Sarnath y las dos guardianes se giraron al escuchar la voz de Usagi, quien las miraba a unos pasos. La joven Tsukino ayudaba a Mamoru a mantenerse en pie y en su rostro se reflejaba el dolor causado por escuchar esa noticia.
"Ella… eligió usar el Time Stop para permitirnos escapar…" Explicó Michiru con una voz quebrada por la pena, "…No había nada que pudiéramos hacer."
"Todo esto es nuestra culpa" Dijo Haruka al tiempo que bajaba la mirada, "Hicimos enojar al Necromante y ya puedes ver lo que hizo en represalia el muy maldito…"
"…Transformó a todos los seres vivos de la Tierra en piedra…" Terminó Usagi, "Ya lo he visto."
"Lo sentimos mucho…" Ofreció Michiru, "Nunca pensamos que sucedería esto."
Usagi no respondió y sólo ayudó a Mamoru a sentarse en un sofá; después, la afligida joven caminó hasta una ventana, por la cuál miró en silencio hacia el cielo púrpura hundida en sus pensamientos.
"Usagi…" Llamó Mamoru, "¿Qué piensas hacer?"
"Voy a llamar a las demás." Anunció al fin la joven Tsukino, "Si tenemos suerte, ellas están con los demás guardianes y juntos podremos arreglar esto…"
"Maestra Sara…" Le susurró Naru a su mentora, "¿No cree que sería conveniente llamar a los otros guardianes?"
"No será necesario, recuerda que tus amigas ya deben haberlos encontrado." Respondió Sara también en voz baja, "Además, ya les envié una señal, y saben que algo importante está pasando, aunque no tuve tiempo de decirles qué."
"¿Te sientes bien Usagi?" Preguntó Haruka, preocupada al ver que ya habían pasado varios minutos y la joven Tsukino no se movía ni hablaba, "¿Quieres que yo llame a las demás?"
Los hombros de Usagi se enderezaron y la muchacha levantó la cabeza, "No será necesario." Dijo, su voz recuperando un poco de confianza, "Lo haré yo misma."
"¿A quién llamarás primero?" Preguntó Michiru.
"Comenzaré por llamar a Minako." Indicó Usagi mientras sacaba su comunicador de su bolsillo, "Ella es la única que no fue a buscar a un guardián, y tal vez necesite ayuda."
La historia continuará en el capítulo veinte.
Notas:
Con este capítulo comienza lo que será el ciclo final de Ecos de Otras Vidas, y fue endiabladamente difícil de escribir; en especial las secciones de Ami y de Rei; sin exagerar, creo que me tardé alrededor de tres meses escribiendo cada una de esas escenas y eso sin contar el tiempo que me tomó revisar que todo el capítulo concordara con la línea de tiempo de la historia, en verdad fue un trabajo duro. Espero puedan perdonarme haberme tardado tanto para terminar este nuevo capítulo.