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Anime/Manga » Digimon » Regresa a mí
Hikari Takaishi Y
Author of 89 Stories
Rated: K - Spanish - Adventure/Romance - Hikari Y./Kari K. & Takeru T./TK - Reviews: 104 - Updated: 05-30-04 - Published: 12-05-02 - id:1104811

Capítulo 20:
El inicio del final


- ¿Cómo demonios lo supieron? - preguntaba el digital de madera fastidiando y sin esperar respuesta alguna, sólo eran monólogos de un ser que siente que su camino está cerrado - ¡Era mi técnica especial! ¡Nadie la conocía! Pasé años perfeccionándola. Sabía que tenía su fin, pero ese fin era el fin de ustedes, y ustedes están llegando al fin de su patética existencia -

La respiración en el rubio Takaishi se tornó violenta y sus ojos se clavaron directamente en los digitales buscando en ellos algo que habían perdido.

- ¿Están libres? - escuchó en una débil voz.

Angemon tomó a Takeru entre sus brazos y, por la forma en que su rostro buscaba abruptamente en él, se notaba que estaba preocupado por su existencia.

- ¿Qué rayos esperas? ¡Utiliza la fusión digital! - le reclamó exasperado.

El rubio se le soltó toscamente.

- Están libres - afirmó Takeru mientras botaba un poco de sangre por la comisura de la boca.

Dratimon desintegró, de un sólo golpe, esa barrera de energía que mantenía estancada a la joven dorada. Los expertos en los poderes del Juez sabían perfectamente que, si él no lo hubiese permitido, esa estaca enérgica nunca hubiese desaparecido.

La sangre salió de ella en mayores cantidades.

Mientras tanto el cuerpo del rubio comenzó a brillar, el color de su brillo dependía del ángulo en que se lo mirara, a veces se veían resplandores dorados, desde otro punto se notaban rojizos y si se inclinaba hacia la derecha se percibían azules.

La forma en que la dorada también se recuperaba de las heridas era prácticamente igual a la del rubio, con la notable diferencia de que su energía era transparente. Muchos pensaron que se debía a que Takeru tenía más poder y rango que ella.

Puppetmon aprovecho estos instantes para deshacerse de la barrera que lo encerraba y, sonriendo satisfactoriamente por haberse deshecho de su prisión, se dispone a desaparecer del sitio valiéndose para ello de las ramas de los árboles.

Pero el Darkmaster no contaba con que una ráfaga helada lo golpeara. Y el causante de esa energía, de un ágil movimiento, lo tenía aprisionado.

- Qué curioso que es el destino - murmuró el joven cuya edad iba más allá de los veinte años - Me parece que una situación parecida viví hace muchos años atrás -

Puppetmon frunció el entrecejo y se esforzaba en recordar...

Hace muchos años atrás un mocoso inadaptado social, que no entendía la fortaleza de su emblema ni lo importante que era su destino, lo había desintegrado.

- ¿Tú otra vez? - masculló el Darkmaster aparentemente indignado, pero al instante su fastidio se convirtió en una mueca de burla - Sin embargo todo ha cambiado, niño elegido - el sarcasmo que usó Puppetmon rompió los límites de la tolerancia de Yamato.

- Metal Garurumon desintegra a este mal... -

- No, no, no - susurró Puppetmon - Mala respuesta, niño elegido, por si no lo sabías el único que tiene el poder suficiente para decidir sobre mi destino es el Juez. ¿Y a que no sabes qué? Tú no eres el Juez -

El digital soltó una asquerosa carcajada que retumbó por todo el sitio en un radio aproximado de dos kilómetros.

- Eso, lastimosamente, es cierto - intervino Flomon tomándose las costillas.

Yamato apretó los dientes e incluso las manos con las cuales se sostenía de su inmenso digital quien también estaba tan irritado como su humano.

La energía dejó de envolver a Takeru y lo último que se distinguía de este místico poder era una concentración alrededor del pecho del joven, como si fuese lo último necesario para sellar esa mortal herida.

- Deja todo en mis manos - dijo Takeru en ese imperativo tono que lo ha caracterizado en los últimos tiempos.

- Deja todo en manos del Juez - Puppetmon utilizó una voz que claramente recordaban a los cantos de Etemon, otro desdichado que alguna vez se interpuso en el camino de los destinados. De inmediato Puppetmon cambió su tono a uno serio, como si él fuese el mejor amigo del mayor rubio y le estuviese dando un grandioso consejo - Deja todo en manos del sanguinario y frío Juez -

Takeru mantuvo la mirada fija en el digital, recordó brevemente lo acontecido en ese otro mundo extraño, cuando se enfrentó al mismo Piedmon quien parecía no conocerle. Puppetmon tenía toda la razón, él ahora era un desalmado ejecutor de la paz.

- Déjalo - repitió Takeru con un toque frío a sus palabras que estremeció a su hermano - Me encargaré de él, nunca más se interpondrá en nuestros destinos -

Yamato nunca lo había visto así: frío y vacío. Un intenso odio recorrió las venas del mayor Ishida. Odio por los años transcurridos, odio contra el cambiado carácter de su hermano, ira contra ese imperativo tono que usaba, y más que nada odio contra ese maldito empeño de Takeru en aceptar que tendrá que ser despiadado, que por defender al Digimundo deberá enfrentarse sólo contra todos porque nadie iguala sus poderes. Takeru había perdido la esencia de su emblema, no creía en nada más que en que debía quedarse en el mundo digital por culpa de ese endemoniado líquido que recorría junto a su sangre y que le ha salvado la vida en miles ocasiones.

- Metal Garurumon... quita sus patas del asqueroso cuerpo de esa estúpida marioneta - Puppetmon sonrió satisfactoriamente ante las palabras del mayor rubio. Apenas comenzaba a planear una estrategia en contra del Juez cuando sintió todo el odio que transmitían dos ojos azules - ¡Y desintégralo con tu mejor ataque! -

Metal Garurumon no escatimó energía ni tiempo en la petición del mayor. Y de un explosivo ataque desintegró al digital de madera que no tuvo ni siquiera tiempo de gritar del terror.

Takeru empujó, sin querer, a Stingmon y a Lillymon quienes se interponían en su paso.

- ¿Qué demonios has hecho? - le reclamó Takeru

Yamato bajó del lomo de su digital justo en el momento preciso antes de que apareciera el reptil amarillo quien ligeramente tambaleante se mantenía parado.

- Simple - replicó Yamato dando dos pasos hacia delante, los suficientes para quedar frente a su hermano que descendía en ese instante - Un infeliz Darkmaster estaba fastidiando a mis amigos, a mi familia y lo mandé a renacer -

- ¡No estás en la capacidad de hacerlo! -

- ¿A que no? - Yamato miró a sus espaldas - ¿En serio? Porque no veo a Puppetmon por ningún lado -

- No es a lo que me refiero. ¡Ese es mi asunto! ¡No tenías porqué entrometerte! - Las venas de la sien de Takeru comenzaron a latir.

- El equivocado eres tú con esa estupidez del Juez. Fui destinado, al igual que los humanos presentes aquí, a proteger este mundo de imbéciles como el que acabo de desintegrar. Y si tengo que luchar contra él y otros tarados, arriesgando mi vida en eso, lo hago sin retroceder en un instante! Por Gabumon, ¡Que es mi amigo!-

- ¡Por eso estoy aquí, maldita sea! ¡Para que ustedes ya no se involucren en este asunto! -

Almon miró extrañado al rubio, luego volvió sus ojos al digital sin alas que se suspendía en el aire quien parecía captar lo mismo.

- Me bajas el tono, que me importa un comino que seas el Juez o lo que sea, igual sigo siendo tu hermano mayor -

Takeru se volteó abruptamente, como si descubriera algo nuevo en él. Todo el cuerpo le temblaba horriblemente, quizá de la ira.

«¿Qué ocurre?» se preguntó mentalmente «Esto no debería estar pasando»

Entonces recordó que no era la primera vez que le ocurría. Cuando tuvo a Hikari entre sus brazos también temblaba aunque en esa ocasión fue el pánico que lo invadió.

Takeru apretó los puños, la energía se acumulaba acelerada y escandalosamente en los mismos y daba la apariencia de que iba a hacer explotar el Digimundo.

«¡Esto es ira!» Takeru aún no se explicaba lo que estaba ocurriendo, lo único que sabía es que aún no había perdido sus emociones como le habían asegurado hace años atrás. Sus ojos azules se volvieron hacia la femenina por la cual también le había provocado esa tembladera de su piel y las sensaciones se mezclaron en su interior.

Taichi, desafiante y aún sabiéndose en desventaja, se puso frente a su hermana. La protegería con su vida si era preciso. Él aún no comprendía lo extraño que acontecía en el rubio.

Takeru aprisionó un fulgor intenso en su mano derecha y la lanzó contra el piso provocando un temblor intenso que en nada se comparó a los que anteriormente había provocado Angemon.

La energía chocó contra el piso dejando un inmenso hueco y como secuelas notables resquebrajadas a lo largo de varios metros.

«¡Vaya forma de desahogar el enojo!» Yamato, con la respiración pesada y agitada, se mantuvo dificultosamente en pie mientras que Gabumon prácticamente yacía dormido a sus pies.

- Esto sí que es interesante - observó Dacmon mientras se acercaba lentamente al sitio de los acontecimientos y recordándole al mismo tiempo a Yamato otro motivo para sentir aversión - Por lo visto aún sigue teniendo emociones -

Hikari se sobresaltó con aquellas palabras ¿Acaso Takeru debía dejar de sentir?

- Eso o te equivocaste con tus investigaciones - mordazmente replicó Flomon.

- Mis investigaciones son ciento por ciento precisas - objetó el digital - Lo que sucede es que las células de cada humano varían según el individuo. La infusión digital originalmente no fue procesada para un humano -

- ¿Entonces para qué tomaste a Takeru? - reclamó Hikari exaltada.

- Para salvarle la vida, ese es el precio por poseer esos grandes poderes - respondió el digimon - ¿Verdad que sí? -

Takeru no contestó la cuestión. Aunque era notable que Dacmon no esperaba respuesta alguna porque siguió hablando:

- Y ahora hay que decidir qué se hace en esta situación -

Takeru frunció el entrecejo.

- ¿A qué te refieres con eso? - preguntó directamente.

- A que un digital desintegró a otro digital, yendo en contra de las principales reglas del digimundo -

- ¿Qué estupideces hablas? - reclamó Flomon

- Metal Garurumon sólo le ahorr trabajo al Juez - agregó Almon.

- El Juezclaramente declaró que se haría cargo de la situación. Y Metal Garurumon, en este caso Gabumon, desobedeció una orden directa del Juez, lo cual ya es otro gravísimo incumplimiento al reglamento -

El juzgado digital ni por enterado estaba de la situación, seguía envuelto en el mundo de los sueños debido al cansancio.

- Gabumon no tiene la culpa de nada - replicó Yamato - Quien dio la orden de mandar al infierno a ese mal nacido fui yo. ¿Qué piensas hacer? -

- Simplemente observaré lo que haga nuestro Juez, y él sabe perfectamente que sus decisiones pueden influir mucho en su destino y en el de todos los presentes en este momento -

Ahora Takeru comprendía perfectamente porqué su dorada compañera solía sellar el hocico del digital, por hablar más de lo que debía. El Juez sentía muchas miradas posadas en él. Takeru miró hacia la dorada joven con las ganas de que ella callara al digimon, pero ella seguía envuelta en ese cristal de energía.

Takeru suspiró pesadamente. Todo iba a cambiar, sin duda alguna.

Continuará...


Notas de la autora:Mucho trabajo poco tiempo de escribir mis incoherencias fict casi olvidado = a este capítulo.

Comentarios, críticas constructivas y todo lo que quieran decirme (exceptuando los mensajes en cadena) a o a .mx

Será hasta el próximo siglo! XP

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