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Books » Harry Potter » TRATADO SOBRE EL MERODEO
Ralkm Diggory
Author of 18 Stories
Rated: K - Spanish - Humor/Adventure - James P. & Sirius B. - Reviews: 71 - Updated: 12-20-04 - Published: 12-30-02 - id:1151044
Hola! A todas las personas que me conocen, no me miren con esa cara de "estás loca? Tienes 14 fics que terminar en la computadora y ya estás escribiendo otro!". Además, este fic no es sólo mío, sino que lo escribimos entre Hermione de Potter y yo ^_^. Todas las partes de romance le pertenecen a ella y todo lo que les dé risa es mío.

Ralkm: Esta genial idea surgió de mi maravillosa mente en una aburrida noche por el messenger.

Hermione: has pasado demasiado tiempo con Sirius.

Ralkm: nahhh _ , además es la verdad, la idea fue mía ^_^U

Este será un capítulo corto (no nos dió la cabeza para más), y en cada capítulo veremos un día y/o/u situación "X" importante en la vida de los merodeadores ^_^...

Antes de pasar con el fic, unas aclaratorias:

N/A nota de las autoras

NdeR nota de Ralkm

NdeH nota de Hermione

Este es nuestro primer fic de los merodeadores, sean buenitos y déjennos muchos reviews, si?

TRATADO SOBRE EL MERODEO

TÍTULO PRIMERO

De lechuzas mensajeras

El sol se asomaba en el inicio de un nuevo día veraniego de finales de julio, día este que cambiaría pasa siempre la vida de algunos jóvenes. Ahora bien, veamos qué ocurrió ese martes de 1970 en casa de cada uno de estos jóvenes.

-.-*-.-*-.-*-.-

Un chico bajito y regordete, de cabellos castaños y ojos del mismo color [NdeR: odio al muy desgraciado, pero tengo que darle una descripción "decente"] acaba de abrirlos [N/A: se supone que los ojos...] debido a la constante insistencia de su madre, que se encontraba sentada al borde de su cama:

- ¡Pet, mi cielo! ¡Tu carta, tu carta! - le dijo la mujer con entusiasmo una vez que él se había sentado sobre su cama.

- ¿Qué carta? - preguntó con expresión adormilada [N/A: con cara de idiota].

- ¡La de Hogwarts, corazón! ¡No eres un squib! Tu padre se alegraría tanto si se enterara.

- ¿De verdad soy un mago? [N/A: por desgracia...] Ohh, podré hacer aparece conejos de mi sombrero como el señor de la tele. [NdeR: por Diox! -_-U... Ahh sí! Agradézcanle a Hermione la estupidez de la rata Pettigrew] [NdeH: Lánzame el muerto a mi, no? Además, se lo merece es tan...tan...tan "#$%&!"#$]

-.-*-.-*-.-*-.-

Una encantadora niñita de cabellos rojo fuego y ojos verde esmeraldas [N/A: ella SÍ nos cae bien ^_^] se encontraba sentada en el sofá del recibidor de su casa, concentrada en ver las motas de polvo caer [NdeR: qué pasatiempo tan entretenido...]. Su hermana mayor Petunia, una chica de cuello largo, ojos como cuentas y cara de caballo, también se encontraba allí, puesto que estaban esperando la llamada a desayunar de parte de sus padres, pero ninguna de las dos se dirigía la palabra. Esta situación era una constante por las mañanas en la casa de la familia Evans, pero esa mañana ocurrió algo que cambió completamente a la familia.

- ¡AHH! ¿¡Qué es esa cosa! - el grito de Petunia trajo a Lily de vuelta de su mundo particular, sólo para darse cuenta que se debía a una simple lechuza que había entrado por la ventana.

- Deja el escándalo Petunia, sólo es una lechuza - le dirigió una mirada severa a su hermana, a veces era tan... tan... tan..., bueno, tan ELLA.

- Esto debe ser obra tuya, anormal - le dijo haciendo una mueca como de asco. Esta bien, ella admitía que a veces ocurrían cosas extrañas a su alrededor, pero no era para que le dijera "anormal" -... ¡Mamá! ¡Papá!

- ¿Qué ocurre hija? - preguntó la señora Evans, saliendo a toda prisa de la cocina, con las manos llenas de la espuma del jabón.

- Esa cosa - era una simple lechuza, ¿qué le costaba llamarla por su nombre?

- ¿Por qué hay una lechuza en la mesa del recibidor? - preguntó el señor Evans en un tono que fingía estar calmado. Mientras su padre decía eso, la pelirroja volvió a fijarse en la lechuza, en las patas llevaba una ¿carta? Lily se acercó y la tomó. Estaba escrita en un pergamino amarillento con tinta verde esmeralda brillante, y en una caligrafía muy elaborada, igual que el sobre.

- ¡Es culpa de la anormal!

- ¡Petunia! No hables así de tu hermana - la reprendió su madre.

- ¿Qué dice la carta mi cielo? - le preguntó su padre, al notar que su hija menor estaba leyendo la carta. Lily no se podia creer lo que decía ese papel, ¿o sería pergamino? [N/A: para los efectos, viene a ser lo mismo]

- D-d-dice que... dice que yo soy bruja y que... que... que tengo que ir a un colegio de magia - ¡eso era imposible, la magia no existía! Y en caso de que existiera, ¿cómo iba a ser ella una bruja? No, eso debía ser una broma de mal gusto, de muy mal gusto.

- ¿En se-serio? - su madre se había puesto pálida - Déjame verla preciosa - Lily le entregó la carta algo temerosa. ¿Por qué su madre no se lo tomaba como una broma? Porque eso era, ¿o no? - Cariño... ¡te-te-te-tenemos una bruja en la familia!

- ¿QUÉ?

- ¿De verdad? ¡Qué grandioso! Felicidades Lily - hubiera querido preguntar qué demonios estaba pasando ahí, pero las palabras no le salían de la boca.

- ¡Por favor! ¿una bruja? Como si algo así existiera. Una anormal, eso es lo que es y ustedes ya son adultos, déjense de bromas tontas.

- Petunia - dijo Rose Evans dirigiéndole una mirada reprobatoria a su hija mayor.

- No hables así de tu hermana - prosiguió Harold Evans [NdeR: para los que no lo sepan, "Harry" es una especie de diminutivo de "Harold" ^_^. Soy genial, lo sé, sin aplausos por favor] [NdeH: demasiado tiempo con Sirius ¬¬ Y la modestia? Que se vaya por el bajante...] [NdeR: qué inteligente eres! Eso es por pasar tiempo conmigo ^_^ ]

-.-*-.-*-.-*-.-

En la cocina de una enorme mansión, un chico bajo, delgado, de cabello negro azabache revuelto en la nuca, rodillas nudosas y ojos tan negros como su cabello ocultos detrás de unos anteojos de montura redonda [NdeH: mi suegrito!], se enfrentaba al peor de todos los ogros conocidos por él: su madre [N/A: igual a las nuestras...]

- ¡James! ¿¡Qué le hiciste al gato de la vecina! - reclamó enfadada.

- ¿Yo mamá? Nada - respondió con una mirada y un tono, aparentemente, inocentes, o por lo menos a su opinión. La "vecina" de los Potter era una anciana que vivía a poco más de tres kilómetros, en cuya casa (que era tan vieja como la dueña) sólo habitaban gatos además de ella. Desde siempre, James había encontrado una forma divertida de pasar el tiempo en "experimentar" con los incautos felinos.

- ¿Cuándo aprenderás jovencito? - le dijo blandiendo la varita como si de una espada se tratase - Tu padre va a tener que modificarle la memoria a la pobre anciana de nuevo - era irónico imaginarse a Spencer Potter, uno de los más respetados miembros del Ministerio de Magia, y de la comunidad mágica en general, teniendo que modificarle la memoria a una vieja muggle debido a las travesuras de su hijo con unos gatos.

- ¿Y a quién le afectará eso?

- ¡Ohh James! Hemos tenido que modificarle la memoria casi que todos los días.

- Pues con mas razón, no le importara que lo sigan haciendo, de todas formas ya no recuerda nada. Además, mi ingenio y mi creatividad deben desarrollarse en algún lado, ¿qué mejor que el gato de la vecina?

- Olvídalo, eres un caso perdido... - en ese instante, entró una lechuza parda que se instaló en la percha que tenían los Potter para esos fines en su cocina - Revisa de quién es la carta, por favor - le pidió su madre.

- Ya voy mamá... - respondió con algo de fastidio. Primero lo regañaba y ahora lo mandaba a revisar la correspondencia, de verdad que no entendía a las mujeres. Tomó la carta y leyó el nombre en el sobre - ¡Mamá! ¡Es mi carta de Hogwarts! - gritaba entusiasmado a su madre, que no estaba a más de dos pasos de él.

- ¿En serio? Ven acá hijo, ya me estaba preguntando cuándo te llegaría - James se acercó a su madre y le dio un gran abrazo mientras ella le revolvía el cabello, aunque eso no haría mucha diferencia en su peinado,

- ¡Sí! Al fin podré formar parte de un equipo de quidditch, ahora sí que necesito una nueva escoba - Elizabeth Potter se desprendió del abrazo sólo para mirar a su hijo con una cara entre divertida y enfadada.

- Sabes que a los de primero no se les permite llevar escobas James Potter - le dijo apuntándolo con la varita. Una clara advertencia para que no se le ocurriera la idea de llevarse una escoba a escondidas, que sería muy típica de James.

- ¡Eso no es justo! Pero no importa, de todos modos necesito una escoba nueva para entrenar mucho, y el año que viene entrar al equipo, ¡y ya verás! Seré el mejor de todo el colegio.

- Dos cosas jovencito. Primera, entrenarás en las vacaciones de verano. Segunda, haz pasado mucho tiempo con el hijo de Joe Black [NdeH: igual que "alguien" ¬¬] [NdeR: ^_^U]... ¡Por Merlín! Tu padre es el que más va a estar feliz con la carta.

- ¿Y papá porque? El que va a entrar soy yo, no él - preguntó James sin comprender muy bien el comentario de su madre.

- Porque va a dejar de modificarle la memoria a la vecina durante un año - le respondió con una gran sonrisa -. Ahora ten la amabilidad de ir a cambiarte, no vas a estar en pijama todo el día. ¡Vamos, movimiento!

-.-*-.-*-.-*-.-

En la no muy poblada ciudad costera de Cromer, en la llamada Inglaterra central [NdeR: llámenme sin oficio, pero tengo un mapa de Inglaterra, Escocia e Irlanda encima del monitor ^_^U], un chico alto, con la piel algo dorada [N/A: si vive al lado de la costa...], cabello tan negro como el ébano y ojos tan azules como el mar que circundaba su hogar, se encontraba acurrucado entre las sábanas de su cama, con los ojos cerrados, tratando de recordar el sueño que había tenido, cuando una voz lo llamó desde el piso de abajo.

- ¡Sirius! El desayuno esta listo... - era la voz de Lira Black llamando a su hijo a comer.

- ¿¡Comida! - el muchacho abrió sus espectaculares ojos de inmediato - ¡VOOOOOYYYYY! - bajó las escaleras corriendo, con la pijama aún puesta y siguió en una carrera hasta llegar a la cocina, donde fue recibido por el rostro amable de su madre.

- Te prepare todo lo que te gusta, cariño - Lira, a opinión de Sirius, tenía solamente dos defectos: una extraña semejanza a un dragón cuando estaba molesta, y era muggle, es decir, no era bruja. Pero estos se compensaban: hacía la mejor comida del mundo y si ya era terrible sin poder hacer magia, ¿para qué darle armas al enemigo?

- Gracias mamá. Tenía hambre - ante sí, el chico tenía sólo para él, tocino, huevos fritos y al menos media docena de tostadas, además de una gran jarra con jugo - Esto está delicioso - dijo luego de dar un primer bocado, pero había algo que le estaba rondando la cabeza desde la noche anterior y no lo dejaba disfrutar su comida -. Mamá... ¿cuándo va a llegarme la carta de Hogwarts?

- Ya debe estar por llegar, no seas impaciente - esa era la misma respuesta que había recibido desde que había cumplido once años.

- ¡Tengo once años, cuatro meses y 26 días esperándola! He sido demasiado paciente.

- La verdad, para tus estándares sí has sido demasiado paciente, pero, ¿por qué tanto afán en ir al colegio? Piensa que cuando estés allá, no podré prepararte la comida que tanto te gusta - acababa de mencionar su único punto débil. La comida.

- Eso será lo único lamentable, dudo que los elfos domésticos cocinen mejor que tú, diga lo que diga papá... Pero entiéndeme, ¡Hogwarts ya ha esperado mucho tiempo por el gran Sirius Black!

- Pues en mi opinión, no creo que Hogwarts o el gran Sirius Black vayan a esperar mucho más - en ese instante, escucharon el ruido de las cartas al caer sobre la alfombra de la entrada -. Ve a ver de quién es, cariño... ¡Y no leas las del Ministerio que son de tu padre!

- Voy - dijo mientras se metía una tostada a la boca y se dirigía a buscar las cartas. Cuando llegó, tomó el fajo de cartas de la alfombra y comenzó a revisarlas. Una del Ministerio de Magia para Joe Black, otra del Ministerio para el padre de Sirius, otra más del Ministerio para su padre; una de sus abuelos maternos, una de su mejor amigo, James Potter y finalmente -: ¡Amá! ¡A cagta!

- ¿Qué dices? - Lira se acercó desde la cocina para tratar de entender lo que había gritado su hijo.

- ¡A cagta e Howats! - volvió a gritar, aún con trozos de la tostada en la boca

- ¿Qué te he enseñado Sirius? No es de buena educación hablar con la boca llena - en ese momento, Sirius tragó lo que le quedaba de la tostada y pudo hablar con claridad.

- ¡La carta de Hogwarts!

- ¿De verdad? ¡Qué bien hijo! ¡Me alegro tanto! Ahora sí deberías estar feliz. ¿Ves como solo tenías que esperar un poco, tal como te lo había dicho yo?

- ¡Jaja! Que se prepare Hogwarts, porque ya llega el genial Sirius Black - dejo escapar una risa algo psicópata [NdeH: igualito que "alguien" ¬¬] [NdeR: y qué tiene de malo? ^_^]-... ¿Crees que a James le haya llegado?

- Lo más seguro es que si te llego a ti, a él también, eso es algo lógico.

- ¡Bien! ¿Puedo tomar la lechuza de papá para escribirle? ¿Sí? ¿Puedo? ¿Puedo? ¿Puedo?

- De acuerdo, pero no es que vas a agarrar a la lechuza como víctima de tus travesuras, ¿entendido?

- ¿Yo? ¿Cómo me crees capaz mujer? ¿Qué clase de loco crees que soy?

- Uno que necesita terapia, y con urgencia. Ahora señor Black, usted aún tiene un desayuno pendiente, ¿piensa dejarlo en la mesa?

- Creo que la que necesita terapia eres tú, ¿cómo se te ocurre preguntar eso?

- Y de paso, tienes que sacar a pasear a Hocicos...

-.-*-.-*-.-*-.-

El chico de cabello castaño claro y preciosos ojos miel [NdeR: Remsie! Amor mío!] [NdeH: Ralkm ¬¬ ya cálmate, sólo es un fic] [NdeR: como si tu no te pusieras igual con Harry ¬¬] se encaminó lenta y cuidadosamente hasta la sala de su casa [NdeR: a petición mía, Remsie vive en Escocia ^_^ ]. Esa mañana no se había despertado sintiéndose muy bien que digamos e iba a avisarle a sus padres...

- Mamá, no me siento bien... - dijo en voz baja cuando ya se encontraba con sus padres.

- ¿Qué tienes? - Rhea Lupin [N/A: fue el único nombre que se nos ocurrió] se acercó rápidamente a su hijo y le puso una mano en la frente mientras con la otra la acariciaba las heridas que habían en sus brazos.

- No me siento bien, aún estoy algo débil, o eso creo... - ahora también su padre lo miraba consternado, y el joven Remus no pudo evitar que se le subieran los colores a la cara.

- ¿No quieres algo de chocolate? - le preguntó Christian Lupin, clavando sus profundos ojos azules zafiro en su hijo.

- Gracias, pero mejor no, tengo ganas de vomitar.

- Si te sientes tan mal, no debiste haberte levantado Remus - dijo su padre.

- Si te sigues sintiendo así, tendremos que llamar al medimago - prosiguió su madre.

- No, no hará falta, ya se me pasará, después de todo, luna llena fue hace dos días... - Remus estaba completamente seguro de que su malestar no se debía a su condición de licántropo, sino más bien, a cosas más "sencillas" pero que ciertamente estaban relacionadas con su licantropía. Ir a Hogwarts, esa había sido su gran ilusión, pero ya estaba mentalizado de que jamás podría asistir. Los padres no permitirían la entrada de un hombre lobo. JAMÁS... Su madre debió notar su desanimo, porque habló inmediatamente.

- Sabes, te tengo una sorpresa, te llego una lechuza.

- ¿A mí? ¿De quién? La única persona que me escribe es la abuela - ¡BINGO! Su madre había dado en el clavo. Tentar su curiosidad natural (misma que lo convirtió en un licántropo) para alejar de su mente los pensamientos depresivos.

- Descúbrelo por ti mismo - fue lo que le dijo mientras le entregaba un sobre lacrado, hecho de pergamino amarillento y escrito en brillante tinta verde. Remus no podía creer lo que estaba viendo, sus ojos debían de estar engañándolo, eso era imposible...

- Ma-ma-mamá, ¡es la carta de Hogwarts! - dijo sin poder contener su emoción -Esto es-es increíble, yo-yo pensé que no me dejarían ir... yo... ¡vaya!

- Estamos muy orgullosos de ti hijo - Christian vio complacido cómo la alegría volvió a los ojos de su hijo, como reapareció en ellos el brillo que habían perdido.

- ¿Yo, en Hogwarts? No me lo creo... ¿pe-pero, cómo harán cuando... bueno, ya saben, en luna llena?

- Tu padre ya hablo de eso con el profesor Dumbledore, no debes preocuparte.

- Me imagino que cuando ya estés en el colegio te dirán las medidas que han de tomar - anunció su padre.

- Y más te vale que las cumplas, ¿ehh, jovencito? Nada de ponerte a romper las reglas como loco, te conozco Remus J. Lupin, sé de lo que eres capaz.

- Ya déjalo Rhea, este es su momento, además, ¿para qué están los howlers?

- ¿Por qué no me avisaron antes? - preguntó Remus. No había escuchado nada del regaño de su madre.

- Porque queríamos que fuera una sorpresa - le respondió la susodicha.

- ¡Gracias! - dijo antes de correr a abrazar a sus padres. Quizás estaban un poco locos, pero no sabían lo feliz que lo habían hecho.

- ¿Qué tal ese chocolate ahora? - comentó su padre.

- ¡Por supuesto!... ¿Mamá?

- Hay una tableta sin abrir de chocolate de Honeydukes, es toda tuya.

- ¿Qué pasa? - preguntó una vocecita adormilada desde el pie de las escaleras. Era la hermana menor de Remus, Silvia, y éste corrió a cargarla.

- ¡Voy a Hogwarts, enana! ¡Voy a Hogwarts! [NdeR: ay! Qué bello mi Remsie *_*]

Ralkm: verdad que soy genial?

Hermione: ¬¬

Ralkm: admitelo!

Hermione: Si lo admito se te suben mas los humos

Ralkm: pero es la verdad!

Hermione: Aja, como tu digas

Ralkm: ¬¬

Ejem! Pequeña disparidad de criterios entre las escritoras. Ojalá y a ustedes les haya gustado... Recuerden dejarnos review!

Ralkm Diggory & Hermione de Potter

Disclaimer: todo lo que les suene conocido, pertenece a la JK y al resto del gentío que ya-ustedes-saben. En cambio, son nuestros: Rose y Harold Evans, Elizabeth y Spencer Potter, Lira y Joe Black, y Rhea, Christian y Silvia Lupin.

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