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Books » Harry Potter » TRATADO SOBRE EL MERODEO
Ralkm Diggory
Author of 18 Stories
Rated: K - Spanish - Humor/Adventure - James P. & Sirius B. - Reviews: 71 - Updated: 12-20-04 - Published: 12-30-02 - id:1151044

TRATADO SOBRE EL MERODEO

TÍTULO OCTAVO

De deportes y descubrimientos

...o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o...


Quidditch. Palabra bisílaba de nueve letras y de acentuación grave (NdeH: Pad, ya nos enteramos que eres la mejor en lenguaje de tu clase, sigue) (NdeR: pero no me puedes negar que es un comienzo original :P) (NdeH: Padfoot ), utilizada para denotar al deporte con más seguidores entre los magos, y que resultaba ser además la palabra favorita de James Potter. El niño había pasado todo su tiempo desde el amanecer del viernes en un estado de alta excitación, acribillando al primer inocente que se cruzara con él con sus comentarios sobre lo bueno que era el quidditch. Desafortunadamente para ellos, los que recibieron mayor cantidad de ataques de James habían sido Peter y Rowan, tanto así que este último tuvo que esconderse detrás de Samantha al momento de entrar a desayunar, pero Pettigrew no tenía quien lo defendiera y tuvo que escuchar el discurso cuasi-infinito de su amigo. A Remus y Sirius toda la situación les causaba mucha gracia, pero mientras el primero disimulaba sus ataques de risa por respeto al gordito, el segundo no se inmutaba en esconder sus sonoras carcajadas, apenando aún más al aludido.

- Oye Jamie-Pots, ya para o vas a terminar causándole un trauma al pobre Rowan - intercedió Erin. Ella, Samantha, Rowan y Fabian se habían convertido en los acompañantes habituales del cuarteto, y ambos grupos de niños procuraban ser siempre vecinos durante las clases y en el comedor. En el tiempo en que Sirius y Erin no estaban peleando, actuaban casi como gemelos, y James y Samantha no podían dejar de reírse de ellos.

- Es que tiene que entender que el quidditch...

- James, James, métele el freno a la escoba - le dijo Fabian, haciéndole señales de alto con las manos.

- Gideon y nosotros le hemos estado explicando antes que tú - prosiguió la niña -. Sacamos Quidditch a través de los tiempos de la biblioteca hace meses, ¿qué creías?

- Y está el hecho de que no soy ningún tonto - culminó Rowan.

- Yo no he dicho eso.

- Potty - intervino Sirius -, no aclares que oscureces (N/A: tiene razón). Mejor sigue explicándole a Peter lo del stooging.

- Mejor desayunemos tranquilos todos, ¿sí? - pidió Remus. Él también adoraba el quidditch, pero lo de James ya llegaba a niveles obsesivos.

- Estás hablando en mi idioma Remsie-pooh.

- Cállate Sirius.

- Enijiojos - dijo el niño Black, mientras se metía una gran cucharada de cereal a la boca.

- Cerdo...

- Envidiosos. Siempre es lo mismo: cállate Sirius, cállate Sirius...

- Slytherin es el campeón de quidditch, ¿no? - preguntó Samantha.

- Sí Samy, pero espera a que yo logre entrar al equipo el año que viene, vamos a destrozarlos.

- Bueno James, esperemos a que el equipo de Gryffindor pueda aguantar un año hasta que te llegue tu oportunidad.

- Esperemos... - el niño Potter miró hacia la puerta - Ohh genial, ya se me amargó la comida - Lily y el resto de las niñas acababan de entrar al Gran Comedor, y cuando la pelirroja y el niño de los anteojos cruzaron miradas, ambos gruñeron por lo bajo. (NdeR: entre el amor y el odio me enamoro más de ti...(8)) (NdeH: Pad, no cantes)

- Si no vas a comerte eso, sabes que siempre tendré espacio.

- No seas cerdo, Sirius.

- ¿Has sabido algo de tu madre, Remus? - ante la pregunta de Erin, el niño de los ojos miel tragó en seco.

- Ehh... s-sí, ya está algo mejor, mi padre la está cuidando.

- ¿Y por qué no la llevan a San Mungo?

- No le gustan los hospitales. (NdeR: es mentiroso ese hombre, es mentiroso...(8)) (NdeH: vas a terminar rompiendo un vidrio xD) (NdeR: envidiosa )

- ¿Y qué es lo que tiene?

- Llegó el correo - anunció Peter, salvando al joven licántropo de tener que responder. Instintivamente, Remus volteó a ver cómo hasta el menor atisbo de sonrisa desapareció del rostro de Erin -. Mi tío ya debió haberme enviado las... - pero la mano de Sirius tapando su boca ahogó cualquier sonido.

- Las golosinas que nos habías mencionado, ¿verdad, Peter? - y el gordito asintió, aún con Sirius tapándole la boca.

- Sirius, suéltalo que ya la cara se le está poniendo violeta. (N/A: no lo sueltes! no lo sueltes!)

- ¿Tú crees? - James y Samantha lo miraron duramente mientras Remus contenía la risa - Ohh, bueno... - y Peter volvió a respirar (NdeR: pulgosito, por qué lo soltaste?) - Aquí vienen la lechuza más inteligente del mundo y mi periódico - el niño señalaba a la pequeña mota gris que era Wisdom, que cargaba entre sus patas El Profeta de ese día perfectamente enrollado -, ¿vas a querer la sección deportiva, dragona?

- ¿Uhh? - la niña de los ojos violetas estaba como ida.

- Erin, ¿te pasa algo? - preguntó Samantha.

- No, nada - y les dirigió una media sonrisa, como restándose importancia, pero Remus sintió que esa sonrisa era tan falsa como un galeón de chocolate.

- Siempre he dicho que estás loca, dragona... ¿Será que te enojas si me termino tu desayuno?

- Siempre se enoja contigo, no habría diferencia.

- Buen punto Jamie, buen punto... De todos modos voy a guardarte el periódico, para cuando aterrices - anunció Sirius mientras se dirigía a la página en que estaba el crucigrama y sacaba una pluma de su mochila -. Veamos... 1 horizontal: brujo medieval que llevaba una medusa de sombrero. ¡Esa es fácil! (NdeR: Ulrico el chiflado! :D) (NdeH: es que tú no cambias camarada) - y comenzó a resolver el pasatiempo.

- Ahora, Rowan, Peter, volviendo a lo nuestro. Como ya les dije, el stooging se prohibió la noche...

- Del 21 de junio de 1884 - recitó Rowan con el tono más aburrido que podía -. Ya te lo dijimos, leí el libro.

- Sólo quería verificar que habías captado el punto. Ya que terminamos con el stooging, sigue el haversacking...

- ¡JAMES! - le gritaron a coro Remus, Samantha, Rowan y Fabian, mientras Sirius reía, aún metido en su crucigrama, y Peter se hundía en su silla. Erin no reaccionó. (NdeR: un grito en sonido dolby digital surround O.O)

- Nadie me entiende...

Terminaron su desayuno tranquilamente y hasta tuvieron tiempo de disfrutar de un chocolate de Honeydukes que Remus había decidido compartir con ellos antes de partir del Gran Comedor. Erin se levantó de la mesa antes que nadie, alegando que tenía que ir un momento al baño, y el resto no habría dado ni dos pasos alejándose de las puertas uando tuvieron que detenerse.

- ¡Sam! - Tom McGregor caminaba dando zancadas para alcanzarlos - Oye, ¡espera!

- ¿Qué?... Ahh, hola Tom.

- Hola. Mira, lamento haber estado odioso estos días, es que tu amiga me ha estado agotando el buen humor con eso de que todos los días, bueno, tú entiendes.

- Tranquilo, no hay problema... ¿Era solamente eso?

- No, no - le entregó un sobre -. Necesito que le entregues esto a mi hermana por favor, es muy importante. Iba a dárselo yo, pero salió como si un vipertooth la estuviese persiguiendo y después no voy a tener tiempo.

- Tom, ¡apresúrate! - le gritaron dos chicos, parados en las escaleras de mármol del vestíbulo.

- Esperen.

- Yo se lo entrego de inmediato. Su encomienda está segura en mis manos, señor McGregor.

- Samy, clases, ¿lo recuerdas? - dijo James, chasqueando los dedos frente a ella.

- Ya voy... Bueno, nos vemos.

- Adiós, y no se te olvide entregárselo.

- No lo olvidaré - y cada uno tomó su rumbo.

- A ver liliputiense, ¿por qué el dragón mayor tendría que disculparse contigo?

- Omítete el apodo Sirius, ¿y qué es esa tontería del dragón mayor?

- No es tontería, es tradición. Tom es el dragón mayor y su madre es la gran dragona.

- Como digas...

- Sabes que eso no puede negarse.

- ¿Por qué les dices así? - preguntó Peter. Sirius se detuvo y miró a sus amigos por un momento.

- Nahhh, si no se han dado cuenta no seré yo quien se los diga. Aún no están listos para tal carga de sabiduría.

- Payaso...

- ¿Tú sabes? - pero Samantha se encogió de hombros.

- Y a ver mi querido Blacky, ya que no quieres decirnos eso, entonces dinos por qué te dice perro pulgoso - James le había pasado una mano por los hombros a su mejor amigo.

- Pues verás Potty, aparte de porque esa niña está mal de la cabeza, básicamente me dice así por Hocicos.

- ¿Por... Hocicos? - y la patentada risa de hiena del niño Potter hizo su aparición estelar. Los demás no entendían nada, ni quien era Hocicos ni la reacción de James. Sirius lo miraba con una ceja levantada.

- Ya te lo dije, está mal de la cabeza, igual que tú.

- ¿Y los señores se dignarán a decir quién es Hocicos? - preguntó Lupin, intentando sonar serio y comiendo chocolate al mismo tiempo.

- Es... el... - a James le costaba hablar entre carcajadas - el... labrador de... Sirius... Por Merlín...

- James, te vas a orinar - le dijo Fabian divertido. (NdeR: y si le conseguimos un pañal a tu suegrito?) (NdeH: muy graciosa Pad) (NdeR: siempre Prongsie :D... Preferirá Pampers o Huggies? O.o xDDDD)

- ¿Por qué tienes un labrador si vienes de una familia de magos? - al joven Rowan toda la conversación le estaba resultando muy curiosa.

- Pregúntales a Joe y a mi mamá, ellos lo compraron. El viejo Hocicos ya estaba ahí cuando yo nací, y como por el trabajo de mamá en el hospital y Joe en el Ministerio yo pasaba más tiempo con el perro que con ellos, Erin comenzó a decir que ya yo parecía perro y de ahí viene lo del apodo - y el niño comenzó a rascarse el cuello por una ligera comezón.

- Pues te queda perfecto, Blacky-boy; porque por si no lo has notado, te rascas como perro - Sirius dejó de rascarse el cuello inmediatamente - y no te ríes, ladras.

- Bueno, en defensa de Sirius - intervino Samantha -, Erin también se rasca así.

- Les vendrá de familia entonces - opinó Peter.

- Mademoiselle, monsieurs et Peter - proclamó solemnemente el niño Black -, declaro muerto este tema porque tengo que entrar a dar mi espectáculo, mi público me espera.

- Estás loco Sirius.

- No es locura, es genialidad (NdeR: cierto) - y entró al aula de Transformaciones con una gran sonrisa.

Lily, Elisa, Megan, Alnair y Ariel entraron al salón sólo unos minutos después, y para no perder la tradición, mantuvieron su distancia de James, distancia que abarcaba el aula de extremo a extremo. Esa era la tan particular tregua que se habían inventado, aunque al menos ahora mantenían la cortesía y se saludaban todas las mañanas y no existían casi roces entre las niñas. Erin llegó a escasos segundos de que comenzara la clase de McGonagall, y se sentó en la última fila, y Samantha la acompañó inmediatamente. Remus afinó sus oídos para intentar escuchar lo que decían, pero de la boca de la niña de ojos violetas no salió ni media palabra pese a la insistencia de su mejor amiga. Su hermetismo se mantuvo a lo largo de las clases de Pociones, Herbología y Encantamientos, y duró hasta el final de día; ya todos habían olvidado, nuevamente, el incidente en el desayuno.

Para satisfacción de James, y alivio de los demás, el viernes se les pasó rápidamente y el sábado llegó finalmente, con partido de quidditch incluido. Decir que la tensión entre leones y serpientes había llegado a niveles violentos era quedarse cortos, como lo demostró la escaramuza que ocurrió en el desayuno, justo antes del partido, en la que tres chicos del equipo de Slytherin, entre ellos Lucius Malfoy, se enfrentaron en un muy improvisado duelo contra el capitán y otros dos jugadores de Gryffindor. De no ser por la intervención de la profesora McGonagall, cuya velocidad de detección de problemas logró activar la imaginación del niño Black, el primer partido de la temporada habría tenido que ser suspendido debido a la incapacidad física de seis jugadores.

Tanto los de Ravenclaw como los de Hufflepuff lucían adornos rojos y declaraban su abierto apoyo a Gryffindor. Si acaso un grupo reducido, pero no por eso menos ruidoso, llevaban escarapelas y bufandas verde botella y plateado. Y cuando los catorce miembros de los dos equipos se pusieron de pie para retirarse al campo, fueron despedidos por una gran ronda de aplausos. James, al borde de una ataque de histeria (NdeR: tu suegrito se pasa, Prongs, se pasa) (NdeH: antes de hablar de mi suegrito, mira a Sirius) (NdeR: Sirius es un genio :P), obligó a sus amigos a salir tan rápido como podían del Gran Comedor para conseguir los mejores lugares en las tribunas. Entre él y Peter cargaban una pancarta hecha en un gran trozo de pergamino y con un gran dibujo de un león rojo y dorado pisoteando una serpiente y cargando una gran copa plateada; Erin había accedido a hacerla a cambio de un sickle, que al final salió de los bolsillos del niño de los anteojos.

Lily estaba decidida a apoyar como pudiese a su casa. Si bien no era muy amante de las escobas, todavía no lograba reprimir la sensación de vértigo cada vez que veía una, el quidditch le parecía fascinante. En su opinión, era como una mezcla de fútbol, rugby, baloncesto y caza, pero muy al estilo de los magos. Elisa y Megan ya le habían explicado muchas cosas, y desde que entró al dormitorio a mitad de una discusión entre la primera y Erin por cuál era el mejor equipo de la liga, había decido quedarse con las Harpies, aunque nunca las hubiese visto jugar. El mundo necesitaba mucho del toque femenino. Ya no podía esperar para ver su primer partido de quidditch, y en especial ése contra Slytherin; quería vengarse de Severus de alguna forma.

El campo de quidditch era el tipo de estadio deportivo que sólo se le había podido ocurrir a los magos. Tenía forma ovalada y las divisiones en el césped recordaban mucho a la de los campos de fútbol (NdeR: pos a mí sí se me parecen); habían tres postes dorados de quince metros de alto con aros en la punta a cada extremo y cientos de asientos elevados en tribunas alrededor del terreno, para que los espectadores estuvieran a suficiente altura para ver lo que ocurría. Los puestos más altos eran los más peleados y los primeros en ocuparse. Los profesores tenían su tribuna particular, pero si querían, podían estar junto a los alumnos apoyando a sus equipos, o como en el caso de la profesora McGonagall, que lucía una bufanda roja y dorada pero estaba en una especie de tribuna aparte, junto a una chica de anteojos. Dumbledore observaba todo y a todos, complacido, desde el palco más alto en la tribuna de los profesores y había decidido unirse al ambiente deportivo llevando un sombrero puntiagudo color fuccia chillón con bordados de snitchs y escobas.

A James y Sirius les había costado una larga ronda de piedra, papel o tijeras con un grupo de muchachos de Hufflepuff del sexto curso conseguir puestos en la más alta fila de una de las tribunas para ellos, Remus y los demás, y hasta para Thrym, porque Erin había ido a buscar a su crup para que los acompañara durante todo el juego. Ahora sólo faltaba que los catorce jugadores saltaran al campo y comenzara el partido. La emoción bullía entre todos los estudiantes, y tanto Black como Potter, Prewett y Timmons estuvieron a un paso de comerse viva a Erin cuando la escucharon apostar contra Gryffindor con unos Ravenclaw sentados junto a ellos.

- ¿¡Cómo se te ocurre!

- ¡Es tu propia casa, por Merlín!

- ¿Te pasa algo?

- Oigan, ya - intercedió Remus, mordiendo un trozo de su chocolate -, es una apuesta, no se lo tomen personal.

- Remus, ¡apostó contra Gryffindor!

- Porque Gryffindor va a perder - dijo Erin, con la voz más tranquila que podía y evitando la mirada asesina de James.

- ¿Que QUÉ!

- Por si lo olvidas, resulta que mi hermano es el nuevo cazador de Slytherin y tengo un par de primos muy lejanos en el equipo, por lo que me han dejado colarme en sus entrenamientos. Gryffindor no sólo va a perder, va a ser aplastado y no me gusta perder el poco dinero que tengo; gracias, la gerencia - la niña miró severamente a James, quien sentía como si acabase de atravesar el cuerpo de un fantasma.

- No me regañes...

- Ustedes comenzaron - y Thrym ladró, apoyando a su ama.

- Touché.

- Chicos, en serio, Remus tiene razón - intervino Samantha -, no se lo tomen en serio, sólo disfrutemos el partido, ¿si?... Y a ver muchachita, ¿tú en qué momento te colaste en los entrenamientos que no me di cuenta?

- Eso es secreto profesional, y te agradeceré que dejes de hablar como mi madre que ella está en casa..., o eso supongo.

- ¿Por qué Baumgarner no está en la barra de Slytherin? - preguntó Sirius, mirando al profesor de Pociones reunido en la tribuna con sus colegas.

- Ya te lo dije, porque NO es un Slytherin.

- Ahora que lo mencionas, Erincita querida - dijo James en el tono más meloso que pudo -, ¿no se suponía que hoy ibas a decirnos quién era el jefe de Slytherin?

- ¿Yo?

- Sí, tú...

- Y ya empezaron - suspiraron exasperados Remus y Samantha al mismo tiempo.

- ¡Hey! Yo no dije que les diría nada.

- Claro que lo dijiste, dragona.

- No, yo lo que les dije fue que hoy se enterarían.

- ¿No es lo mismo?

- Claro que no.

- A ver, ¿y cómo se supone que vamos a enterarnos?

- Preguntamos nosotros, si es que se puede saber.

- Tarados...

- Calma pueblo, calma pueblo. Si nos tomamos todos la molestia de ver hacia los Slytherin - y todos siguieron las indicaciones de Fabian -, veremos que en medio de tanto verde está la cara de buen tipo de nuestro querido profesor Linke. (N/A: caras vemos...)

- ¿¡QUÉ!

- Sí es él.

- Pero no puede ser - en la cabeza de los niños no entraba que el profesor Linke, que parecía incapaz de partir un plato, fuese el jefe de la casa de la serpiente, es decir, ¡no cuadraba en el prototipo!

- Edward Linke, jefe de la casa Slytherin desde hace cuatro años, ya que lo preguntan - terminó Erin, con una enorme sonrisa de satisfacción.

- Pero... pero... pero...

- ¡Es Linke!

- El día que aprendan a hacer las preguntas correctas a la gente correcta en el momento correcto, entenderán muchas cosas.

- Pero es que Linke no puede ser un Slytherin...

- ¿Y Baumgarner sí?

Y en ese momento, los siete jugadores de cada equipo, vestidos con túnicas escarlatas y verdes, respectivamente, entraron al estadio entre aplausos y gritos de la multitud. La voz de la chica de anteojos sentada junto a McGonagall comenzó a resonar, mágicamente ampliada, en todos los rincones del campo de quidditch.

- Y ya saltan al campo los catorce paladines, o mejor dicho, los catorce bestias sin educación ni caballerosidad...

- Vineglass, limítate al partido - interrumpió la profesora McGonagall, como si ya estuviese aburrida de decir siempre lo mismo.

- Como quiera, sólo doy una opinión objetiva de en lo que se ha convertido el noble deporte de los magos...

- ¿Qué le pasa? - protestaba Sirius - Ése es el encanto del quidditch.

- ¿Quién la puso a narrar? - James estaba a un paso de las lágrimas. Esa cuatro ojos (N/A: el burro hablando de orejas...) se estaba metiendo con lo más bello y sagrado en la vida del niño Potter.

- ...En esta exhibición postmoderna de rudeza y barbarismo...

- ¿¡Rudeza y barbarismo!

- Debería estar narrando el quiebre que hizo Longbottom - exclamó ofendido Fabian.

- O las jugadas de Tom... - prosiguió Samantha.

- O cualquier cosa relacionada al juego...

- Y no esa tontería de "rudeza y barbarismo".

- ...Gol de Slytherin. Diez, cero.

- ¿¡Y por qué esa imbécil, cerebro de gusarajo no describió cómo MI hermano se los llevó a todos por delante y metió ese golazo! - entre Rowan, Fabian, Samantha y Remus tuvieron que sostener a Erin para que no se lanzara a las tribunas inferiores a intentara matar a la chica. Thrym gruñía y ladraba como si estuviese viendo a su peor gato enemigo, y Peter, pálido hasta el hueso, temblaba y se alejaba del animal.

- ¿El cazador de Slytherin es tu hermano? - una de las Ravenclaws sentada junto a ellos se volteó a hablarles tras la perorata de la niña de los ojos violetas, quien se limitó a asentir como respuesta - Entonces te felicito, fue una jugada soberbia - la chica no parecía mucho mayor que ellos. Tenía una larga melena negro azulada, ojos grises y brillantes y una elegancia y porte innatos, que sólo tal vez Sirius poseía entre los niños.

- Gracias.

- E ignora a Vineglass, sólo está ahí porque nadie más se presentó en el momento.

- Ehh, Andy, ¿te das cuenta de que estás felicitando a una de las posibles causantes de que perdamos dinero? - dijo un chico sentado junto a la Ravenclaw. Era uno de los que habían apostado con Erin.

- ¿Perdamos? Teddy, yo también aposté por Slytherin. Lucius será un total cretino, pero es muy bueno jugando.

- ¿Conoces a Lucius Malfoy? - preguntó Erin. Ya se había olvidado de intentar lanzarse a asesinar a la narradora. Sirius, aún sin entender por qué, había despegado su atención del partido en pleno desarrollo y se había concentrado en la conversación. Había algo en ese chica de Ravenclaw que le parecía familiar, como si la conociese de antes, pero no recordaba nada.

- Por disgusto. Es el prometido de mi hermana, ¿y tú?

- Estamos emparentados en cierto grado, por disgusto también.

- Disculpa - intervino Sirius. Creía haber recordado esa cara -, ¿nos hemos visto alguna vez? - la chica se le quedó viendo por un rato.

- ¡Ahh sí! Tú eres el chico Black, ¿no? Quedaste en Gryffindor.

- Sí. Soy Sirius, Sirius Black.

- Encantadísima de conocerte en persona - y le dio un beso en la mejilla luego de estrecharle la mano -, mi nombre es Andromeda, pero puedes llamarme Andy - e introdujo al chico junto a ella a la conversación -. Este es mi mejor amigo, Ted Tonks. Teddy, este es Sirius Black, de Gryffindor.

- Mucho gusto... ¿Gryffindor? - y los dos Ravenclaws intercambiaron miradas cómplices.

- ¿Pasa algo con que yo esté en Gryffindor de lo que no esté enterado?

- Son tonterías... Bueno, y ella es...

- Erin McGregor.

- Un placer.

- Y James Potter, Remus Lupin, Peter Pettigrew, Samantha Owens, Fabian Prewett y Rowan Timmons - un ladrido de parte de cierto crup -, y Thrym, por supuesto - terminó de presentarlos Sirius, en el mismo momento en que Slytherin volvía a anotar otro tanto. Veinte a cero.

- Lucius parece entenderse muy bien con tu hermano...

- Boberías. Tom lo hace sólo por su equipo... ¡Vamos Tommy! - lo apoyó la niña, en un momento en que su hermano volaba bastante cerca a la tribuna en que estaba sentada; Thrym meneaba su cola amputada alegremente, sentado sobre el regazo de su dueña. Tom, suspendido en el aire, levantó el pulgar mirando a su hermana menor y se dirigió a recibir un pase de Walker, otro de los cazadores de Slytherin, pero...

- Gol de Gryffindor. Veinte, diez.

Robert McElroy, el capitán de Gryffindor, había logrado derribar con una bludger a Walker antes de que tuviese tiempo de hacer el pase, y la quaffle fue recogida por Frank Longbottom, que no desaprovechó la oportunidad y marcó el primer tanto de la casa del león, causando que James casi se quedase afónico entre vítores y silbidos. Peter, en cambio, estuvo a punto de perder el equilibrio y caer rodando por las tribunas después que el niño de los anteojos agitase la pancarta que ambos sostenían con excesiva fuerza.

Las acciones de Longbottom y el capitán, en cierta forma, le inyectaron ánimos al equipo aurirojo (NdeR: un momento de cultura con Ralkm) (NdeH: y ahí vas...) (NdeR: aurirojo: unión entre áureo y rojo, es decir, dorado y rojo, diciendo un poco más, los colores de Gryffindor... Saber Lenguaje no mata, enriquece! :P), el cual, luego de ese primer gol, logró hacer una remontada impresionante, marcando cuatro tantos en algo menos de quince minutos. Tres cuartos de los asistentes gritaban y celebraban a rabiar, agitando sus escarapelas, banderines y pancartas, y hasta un gran león de peluche, pero desafortunadamente para ellos, la alegría no les duró mucho. Los de Slytherin reaccionaron y volvieron a adelantarse en el marcador, con grandes aportes de Tom McGregor y Lucius Malfoy, dejándolo en un apabullante ciento veinte a setenta, justo antes que el buscador de la casa de la serpiente viese la snitch y se la quitase de la nariz a Horace Walsrode, de Gryffindor. El resultado final: doscientos setenta contra setenta, unos muy alegres Slytherins y un James muy deprimido; su primer partido de quidditch en Hogwarts y su casa había perdido.

Todos los niños, e incluso Thrym, bajaron de las tribunas apesadumbrados y en silencio, como la mayoría de los asistentes al juego. Todos, excepto Erin. No estaba precisamente feliz, pero tampoco precisamente triste; su hermano acababa de gastarse una actuación memorable en su primera oportunidad y se había ganado unas monedas de oro por su apuesta con los Ravenclaws, que no enriquecían ni empobrecían a nadie, pero a ella le alegrarían el rato (NdeR: buenas tardes señoras y señores pasajeros, nosotros somos un buen grupo de estudiantes que estamos ofreciendo estos ricos caramelos que son 3 por 1000 bolívares que no enriquecen ni empobrecen a nadie, tómelos sin compromiso) (NdeH: xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD Ay, Pad xDDDDDDDDDDD) (NdeR: cosas que se tiene que aprender una la que anda en transporte público, qué te puedo decir? :P), tal como a esa chica que había conocido en el partido, Andromeda, que también había apostado a favor de las serpientes.

A Sirius le había agradado por demás Andromeda. Había algo en ella que le parecía familiar, y no era solamente porque se hubiesen cruzado sus miradas durante la selección, era algo más que aún no lograba captar, como si la hubiese conocido de mucho antes, pero eso era bastante más que imposible. ¿De dónde podría conocer él a la hermana de la prometida de Lucius Malfoy? Si ni siquiera Erin la conocía, y eso que ella había escuchado hablar de media humanidad... Y además estaba un detalle. Tal como aquel chico, Sturgis Podmore, Andromeda y su amigo Ted Tonks se habían comportado muy sospechosos al saber que él era un Black y estaba en Gryffindor. Y ahora que lo pensaba, Andromeda no había dicho cuál era su apellido.

- Ehh, Sirius, ¿tú qué opinas? - James le estaba hablando y él ni se había dado por enterado.

- ¿De qué o qué?

- De lo que estaba hablando con Remus.

- ¿Qué?

- Olvídalo James - dijo Remus, quien jugueteaba con Thrym -, no nos estaba prestando atención.

- Brillante deducción, mi querido Watson - bromeó Erin.

- ¿Verdad que sí, Sherlock? - prosiguió el joven licántropo.

- ¿Y esos quiénes son? - preguntaron James, Fabian y Peter al mismo tiempo. Sabrina intentaba contener la risa, Rowan no tuvo tanta suerte con eso y Erin se golpeó la frente con la mano. (N/A: alguien enséñeles un poco de cultura, santo Sirius de los pulgosos!)

- Hay que ver que ustedes no saben nada del mundo - dijo Sirius con un deje de arrogancia.

- Mira quién habla - le contestó Rowan entre carcajadas. Él había tenido que corregir al niño Black en más de una ocasión, y era de los pocos con la autoridad moral para replicar.

- Volviendo al tema... - dijo Fabian.

- Sherlock Holmes y su asistente el doctor Watson - recitó Samantha como si tuviese el libro frente a sus ojos - son personajes de un libro y son detectives capaces de resolver cualquier caso sólo usando la lógica.

- ¿No te duele ser tan inculto, chien?

- ¿No te duele ser tan impertinente, dragonisse?

- No.

- No vayan a comenzar a pelear, que todos estamos bromeando - el niño de los ojos color miel zanjó cualquier conato de pelea entre sus dos amigos.

- Como usted diga, general Remsie - Sirius hizo un saludo militar frente a Remus, quien le devolvió una mirada exasperada.

- Bueno, yo voy a dejar a Thrym en el dormitorio, los veo después - se despidió Erin.

- Voy contigo - anunció su mejor amiga y ambas niñas se separaron de ellos.

- Niñas... - bufó el niño de los ojos azules - Siempre tienen que ir juntas a todas partes.

- ¿Y eso qué tiene de malo? - preguntó Peter.

- Nada, sólo que parece que no pueden ni ir al baño solas. Jamás las entenderé. Mira a Evans y sus amigas.

- ¿Qué pasa con Evans? - intervino James.

- Que por tus "accidentes" nos mira como si fuésemos gusarajos aplastados en el piso y todas sus amigas la imitan, y siempre andan juntas y todo eso.

- Las niñas son así - comentó Fabian -, o bueno, por lo menos casi todas, porque Gideon y yo tenemos una hermana...

- Y Samy y Erin no son tan así - prosiguió James.

- No sé, Erin me trata como Evans trata a James - dijo Peter con desgano.

- La dragona está loca Peter, te lo estoy diciendo desde que te conozco - le respondió Sirius, mientras James y él le pasaban un brazo por los hombros al gordito. (N/A: desinfectante, rápido!)

- ¿Y Erin no les ha dicho por qué trata así a Peter? - preguntó Remus a Fabian y Rowan.

- No.

- Una vez le preguntamos y sólo dijo que no le caía.

- Y Samy ha intentado convencerla, pero es demasiado terca.

- Supongo que le vendrá de familia... - comentó el niño Potter, como quien no quería la cosa, mirando a su mejor amigo.

- Y buehhh...

Dieron todo un rodeo para llegar hasta la torre Gryffindor. El cuarteto había decidido utilizar las rutas cortas y los atajos que ya conocían sólo en casos de emergencia o de huida de algún profesor; las "vías del pueblo", como las había bautizado Sirius, debían ser recorridas a diario para verificar que ningún pasadizo o similar del castillo se hubiese escapado de su vista y de las anotaciones del niño. Cada vez que hablaban sobre los pasajes secretos del castillo, Remus sentía un poco de culpa por Sirius; a su amigo le chiflaría saber que justo bajo el Sauce Boxeador había una salida hacia el pueblo de Hogsmeade, pero eso, además de una traición a la confianza de Dumbledore, sería ponerlo en riesgo si algún día decidiese recorrerla en plena luna llena... Debía callar, y se engañaba a sí mismo diciéndose que no podía decirle cosas así a Sirius porque eso sería ayudarlo a ganarle la apuesta sobre el mapa.

- ¿Y qué van a hacer en Navidad? - preguntó James en tono casual. Ya habían llegado a la sala común y habían tomado asiento junto a la chimenea, con el resto de los desanimados Gryffindors. Rowan y Fabian los habían abandonado al entrar para irse a hablar con Samantha y Erin, que estaban al pie de las escaleras que conducían a los dormitorios.

- ¿No es muy temprano para hablar de las vacaciones?

- Bahhh, sólo faltan un mes y unos días, el tiempo vuela... Entonces, ¿qué harán?

- Irme a casa - contestó Remus. Ya había hecho sus cálculos y la luna llena sería en plenas vacaciones, mejor así -. No puedo dejar mucho tiempo sola a mi madre.

- ¿No y que tu padre la estaba cuidando?

- Pero mi papá tiene que trabajar.

- Si tú lo dices...

- Mi madre ya me pidió que pasase las fiestas con ella - comentó Peter -, nunca había estado tanto tiempo sola.

- Bueno, hasta donde yo tengo entendido, mi mamá y Joe tienen que ir a no-sé-dónde a averiguar no-sé-qué y yo tendré que quedarme aquí no-entiendo-por-qué - dijo Sirius, cruzándose de brazos. Desde el mismísimo día del ingreso a Hogwarts, sus padres habían estado muy extraños. En circunstancias normales, Lira Black no habría aceptado que su bebé pasara unas navidades sin ella. Había algo que no terminaba de cuadrar en la mente del niño -. En fin... ¿Qué hay de ti, Jamie-Pots?

- Te haré compañía, amigo mío. Papá y mamá quieren disfrutar de su recién adquirida libertad de mí y van a viajar al continente en segunda luna de miel, o tercera, o cuarta, ya perdí la cuenta. Son demasiado empalagosos. Me lo avisaron esta misma semana. De hecho, mamá pretendía que te convenciera para que pasaras las fiestas conmigo.

- Con un soborno habría bastado, sólo porque hablamos de tu madre.

- Tonto.

- ¿Y qué harán en sus días aquí?

- Ni idea, para hablar de eso SÍ es muy temprano.

- Estaba pensando llevarle un regalo al calamar gigante en el fondo del lago de tu parte, Peter, ¿qué te parece?

- N-n-no me hace gracia.

- ¡Era una broma! De hecho, había pensado en revisar el castillo más cuidadosamente, no todos los días está vacío.

- ¿Te imaginas todo lo que podemos preparar para cuando los demás regresen? - gracias a ese comentario, en el rostro de los dos amigos apareció la sonrisa maniática que tanto conocía el otro par. Estaban pensando en cosas que los meterían en problemas.

- Bueno, eso nos lo contarán en enero y cuando haya pasado.

- Sabes Remus - comentó Potter -, a veces creo que fuiste puesto en nuestro camino para ser la conciencia que no tenemos - Sirius lo apoyaba asintiendo.

- De que no tenían conciencia ya me había dado cuenta - y los cuatro comenzaron a reír. Era muy agradable estar divirtiéndose entre amigos, cómodamente junto a la chimenea, mientras afuera el cielo comenzaba a nublarse y a amenazar con una lluvia torrencial -, y ya que hablamos de eso de ser su conciencia, creo que los cuatro deberíamos ir a hacer la tarea de Pociones.

- Ya tenías que ponerte responsable.

- Es mi obligación como su Pepito Grillo que soy.

- ¿QUIÉN?

- Es un cuento muggle... En serio, van a tener que tomar Estudios Muggles algún día.

Y mientras esta conversación entre el cuarteto de futuros merodeadores tenía lugar, Lily, por su parte, recorría el castillo en compañía de sus amigas. Ella, al igual que el resto de los de su casa, estaba bastante desanimada por la derrota de Gryffindor , y particularmente porque habían perdido ante Slytherin, pero aún pese a eso, el primer partido de quidditch de su vida la había fascinado. Con razón lo llamaban el noble deporte de los magos. Era de esas cosas que sabes que tú nunca llegarás a hacer pero que de todos modos te gustan, porque eso sí, ni por todo el oro de Gringotts, como solía decir Megan, se montaría en una escoba voluntariamente para estar por ahí volando a máxima velocidad a quince metros de altura. Las niñas habían quedado en ir a la biblioteca después del partido para investigar sobre el movimiento de objetos mediante magia, porque no a todas les había ido tan bien como a la pelirroja con el Wingardium leviosa, y en esas estaban: revisando cuanto libro de Encantamientos básicos que consiguieran.

Le había escrito a su madre contándole de la lección que le había dado al presumido de Potter y del resto de las cosas que le pasaban en Hogwarts diariamente, esa era su forma de "estar en casa", y su madre le había respondido rauda y veloz. El contenido de la carta de Rose Evans había sido el de costumbre: que no se tomara las cosas con Potter tan personales, que su talento para los Encantamientos tenía que venirle de su lado de la familia, que ella y su padre la extrañaban muchísimo, que uno de sus amigos de la primaria había preguntado por ella, que los vecinos seguían iguales, que Petunia seguía saliendo con ese obeso insoportable de Vernon Dursley; en fin, que todo en Little Whinging seguía como siempre. Aunque hubo un detalle de esa carta que le causó mucha gracia: según su madre, un vecino había preguntado si habían instalado un comedero para aves debido al constante ir y venir de lechuzas, o mejor dicho, el constante ir y venir de Agnoose, que ya se estaba convirtiendo técnicamente en su lechuza personal.

...o0O0o.o0O0o.o0O0o...

La rutina del lunes en la mañana fue, básicamente, la de siempre. Para las niñas: despertarse, conversar un rato, despertar a Erin, conversar otro rato y jugar con las mascotas, arreglarse y bajar al comedor en los respectivos grupos. Para los niños: despertarse, bromear un rato, despertar a Sirius, hacer un guerra de almohadas, despertar a Peter, bromear otro rato, arreglarse y bajar todos juntos a la sala común a reunirse con sus Samantha y Erin.

- Dragona, tienes una cara de dormida...

- Que no me la quito con nada - la niña dio un gran bostezo -. Lo sé.

- Eso te pasa por dejar toda la tarea para última hora.

- Tom, mamá, salgan del cuerpo de Samy.

- No sé para qué insisto contigo.

- Bueno, Samy querida - dijo James, acomodándose los anteojos -, tal como el buen joven Lupin es nuestra conciencia colectiva, a ti te tocó ese papel con la señorita McGregor.

- Qué remedio...

- Oigan, ¿hasta cuándo tendremos clases de Vuelo? - preguntó Rowan. En dos meses, ya todos, excepto Lily, por causa de su vértigo, y Peter, por su torpeza, habían perfeccionado su técnica.

- Ni idea.

- Es que esas horas podrían utilizarse para cualquier otra cosa...

- Como dormir - dijo Erin, tapando otro bostezo con la mano, pero dio un pequeño salto al estornudar. Todos la miraron divertidos.

- ¿Qué fue eso?

- No - otro estornudo - sé.

- Salud.

- Dragoncita, me da la ligera impresión que estás resfriada.

- Genial - y siguió estornudando.

- Debe ser un simple ataque de alergia - opinó Remus. Sus constantes visitas a hospitales, enfermerías y demás le habían enseñado algo más que saber vendarse las heridas.

- Escucha a papá Remus - dijo James, intentando sonar serio.

- James...

- ¿Papá Remus?

- Ni lo pienses, Black.

- ¿Y yo qué dije?

- Es lo que dirás.

- Me siento ofendido.

- ¿Y si vamos a desayunar?

- Rowan, ¿te he dicho que te quiero cuando dices esas cosas?

- Sí Sirius, tú quieres a todos a la hora de la comida.

- Mi corazón y mi pancita son grandes, es inevitable.

Y así, con los estornudos de la niña McGregor como música de fondo, el grupo de amigos se dirigió hacia el Gran Comedor. Como de costumbre, se mantenían las pequeñas distancias entre James, Peter, Remus y Sirius, y Rowan, Samantha, Erin y Fabian; distancia que no impedía que compartieran alguna broma en voz alta. Todo aquello era una especie de acuerdo silencioso entre todos para que cada uno pudiese hablar sin temor a ser escuchado por los otros. Atravesando las grandes puertas de madera se cruzaron con Andromeda y sus amigos de Ravenclaw, que los saludó efusivamente y obligó a su amigo Ted a devolverle el gesto a Erin. Al parecer el joven Tonks aún seguía dolido por la moneda de oro que había perdido.

Tomaron asiento en la mesa de Gryffindor y ante ellos aparecieron todos los platos que podían elegir para desayunar. Manteniendo la costumbre, Sirius se sirvió cuanto pudo de todo mientras los demás se conformaban con un plato de cereal, unas tostadas o huevos con tocino. La comida transcurrió tranquilamente hasta que llegaron las lechuzas con el correo. Por algo que ya parecía estarse volviendo rutina, Erin miró casi desesperadamente hacia la mesa de Slytherin antes de hundir la vista en su plato. Apuró lo que le quedaba de comida y se retiró del comedor sin dar excusas.

- Bueno, ¿qué pasa con esta niña? - bufó Samantha enfadada.

- A lo mejor tenía que ir al baño - dijo Peter.

- No lo creo... - la respondió Remus en voz baja. Aquella no era una actitud normal, pero era como si nadie hubiese caído en cuenta de lo que la niña hacía todas las mañanas a la hora del correo.

- Mira Remsie-pooh, te mandaron algo con Famke - dijo Sirius, y la lechuza de Remus revoloteó un poco antes de posarse en el hombro de su amo y extender la pata en la que sostenía un grueso sobre de pergamino. El niño tomó su carta y le ofreció unas cuantas hojuelas de cereal al ave, que las aceptó con mucho gusto -... Y después de semejante testamento, ¿a tu madre no le duele la muñeca?

- Tres cosas, Siri-boy. Primera, deja de llamarme así. Segunda, es un testamento familiar a tres partes, y seguramente hay un chocolate adentro. Y tercera, ¿tú no estabas resolviendo tu crucigrama?

- Ay, pero qué sensibles estamos... ¿No será por la dragoncita, o sí?

- No digas tonterías - él no estaba sensible, sólo estaba... preocupado por la reacción de Erin, nada más. (NdeR: por eso es que lo quiero tanto °º) (NdeH: alerta de babas nivel naranja! xDDDDDDD)

De cualquier manera, la niña se reunió con ellos un rato después, antes de dirigirse a los terrenos para su clase de Vuelo con los Hufflepuffs. Actuaba como si nada hubiese pasado, pero además de que había dejado de estornudar, tenía la punta de la nariz enrojecida; según ella, había sido por sus constantes estornudos mas, según Remus, era por estar llorando. Cada vez que estaba por preguntarle qué le pasaba, no se presentaba la oportunidad de hablar, y cuando estaban conversando, nunca recordaba ese tema.

Los Hufflepuffs los recibieron animosamente, en especial Gideon Prewett, que llamó aparte un momento a Rowan, Erin y su hermano para enseñarles quién-sabría-qué cosa. En esos casos, Samantha prefería abstenerse y charlar con alguien más; las ideas de los gemelos Prewett nunca representaban nada bueno para ella. Pettigrew miraba asustado a la escoba en el suelo, como si de la nada fuese a convertirse en un dragón asesino, y James se reía de él y de Lily, que tenía la misma actitud para con su propia escoba. La pelirroja escuchó las risas del niño de los anteojos y no estaba dispuesta a tolerar las burlas del tonto de Potter. Miró a su alrededor y por primera vez agradeció las constantes lluvias que azotaban los terrenos; se agachó, tomó un puñado de lodo y apuntó; la dulce venganza.

James, bajo ninguna circunstancia, se habría esperado un ataque así. La sensación del lodo frío y húmedo deslizándose por su rostro era lo más asqueroso que nunca había sentido, y las carcajadas a mandíbula batiente de Sirius, Evans y todos los demás no ayudaban a mejorar la situación. Estúpida Lily Evans.

- ¡EVANS! ¿Qué te pasa? ¿¡Estás loca!

- ¡Oops! Disculpa, fue un... accidente - y dijo esto último con la mayor sonrisa de satisfacción. James cerró los puños.

- Me imagino - "Tu educación James, recuerda tu educación. A las damas ni con el pétalo de una rosa... ¡Pero esa Evans!... Tu educación...".

- Toma - Erin le extendía un viejo pañuelo de tartán -, que así pareces el monstruo del pantano.

- A mí no me da risa.

- C'est la vie...

- Como sea.

La práctica transcurrió rápidamente y madame Hooch no hizo ningún comentario ni burla sobre la gran mancha de lodo en el rostro de James, cosa que él agradeció enormemente. Gracias a sus más que obvias habilidades con la escoba, lo dejaron irse unos minutos antes, minutos que aprovechó para lavarse la evidencia de su humillación, antes que alguien más, en especial algún Slytherin, lo viera. Cuando salió del baño de niños del primer piso, ya Sirius, Remus y Peter lo estaban esperando frente a la puerta.

- No hacía falta que me demostraran que no pueden vivir sin mí.

- No te hagas ilusiones - comenzó Remus.

- Sólo queríamos verificar que no metieras la cabeza en algún retrete - terminó Sirius. (NdeR: retretes!... El Señor de los Retretes! :D) (NdeH: explícame que tiene que ver el pobre Tom en esto? )

- Nunca te daría ese gusto, Siri-boy.

- Ya me había esperanzado.

- ¿Sabes que Evans se cayó bajando de su escoba? - comentó Peter.

- No sé si lo hayas notado Peter, pero me fui hace como diez minutos.

- Yo... ehh... p-perdón.

- Olvídalo - suspiró resignado.

Ya en el aula de Historia de la Magia, el profesor Binns apareció atravesando la pizarra y no les dio tiempo de ponerse a conversar antes de comenzar a dictar y hundir a los niños en el más profundo aburrimiento. Samantha intentaba prestar atención, Erin dibujaba en su pergamino, Peter estaba como hipnotizado, chorreando babas con la boca abierta (NdeR: die, you little brat, muajajajajajaja... ehh, sorry, volvamos al fic); Sirius, a falta de su compañera de siesta, ocupaba su atención en terminar su crucigrama y revisar sus apuntes para el mapa; James se entretenía transformando los botecitos de tinta de sus amigos en pelotas de hule y devolviéndolos a su estado original, McGonagall debería premiarlo por eso en su opinión, y Remus y Lily mantenían una interesante conversación vía pergamino.

"¡Hola!"

"Hola! Te estás durmiendo?"

"No, pero falta poco...zzzzZZZZZ"

"Me di cuenta"

"Ya, pero no es para que te rías "

"Te pasa algo, Lupin?"

"Era en broma, Evans. ¿Qué pasó?"

"Creo que vi que el frasco de tinta se transformó en una pelota"

"¿No será que la que se está durmiendo eres tú?"

"Nop, y fíjate que hasta logro tomar apuntes :D"

"¿En serio? Hay que hablar con McGonagall, tiene que darte un premio por eso"

"Te das cuenta que todos te vieron por eso de lo de los aplausos, no?"

"Síííííí :D"

"Remus, quiero seguir hablándote, no actúes como Potter y Black "

"Perdón :("

"Sí serás tontito..."

"¿Entonces ya me quieres otra vez?"

"No sé... si me das chocolate, lo pensaré ;)" (NdeH: ay, qué lindo) (NdeR: ejem, te recuerdo que es MÍO ©

Y cuando Remus leyó ese último mensaje de Lily, los dos rieron sin importarles que el resto de los Gryffindors de primer año voltearan a verlos. En efecto, le regaló a su amiga un buen trozo del chocolate que tenía guardado en la túnica y él mismo se comió el resto. Le gustaba esa "exclusividad" que la pelirroja tenía con él, por más que sonara egoísta, se sentía como cuando era más pequeño y le daban un regalo a él y no a su hermana, aunque de todos modos le habría gustado que la tonta pelea entre James y Lily acabase de una buena vez. Pero sin duda lo que más le gustaba eran sus amigos, tenía más amigos de los que nunca había imaginado y todos lo estimaban y ninguno lo juzgaba... tal vez porque ninguno sabía el monstruo que era.

- Estoy que me duermo - dejó escapar Samantha en un suspiro, desde su asiento en la fila siguiente a la de los futuros merodeadores. Miró por un momento su bote de tinta -... Ya estoy imaginando cosas (NdeH: nahhh, sólo que mi suegrito anda aburrido :P) (NdeR: a eso en mi pueblo le dicen ociosidad)... y perdí el hilo del dictado.

- No te pierdes de mucho - le replicó Alnair.

- A lo mejor... - volvió a fijar su atención en la tinta y se volteó rápidamente - Ya te vi, Jamie.

- ¿Que viste qué, Samy? - preguntó el aludido, escondiendo su varita e intentando lucir lo más inocente que podía.

- A mí no me engañas, Potty-Pots.

- ¿Potty-Pots? - la cabeza de Sirius se levantó como un resorte.

- Estás soñando perrito, estás soñando.

- Recuerda que tengo muy buena retentiva para los sueños... Como esa vez que soñé que el Puddlemere ganaba el campeonato, como siempre, y que todos los Catapults se volvían mis esclavos.

- Black, no me interesan tus sueños.

- Sí, sí, como no, lo que pasa es que estás dolido porque mencioné a tus queridos Catapults.

- Señor Block, señor Porter, ¿pasa algo? - todos los presentes tuvieron que pestañear varias veces para creer que en verdad Binns había interrumpido su monótono dictado.

- ¿Nosotros? - preguntaron los dos niños, y Sirius estaba haciendo su mejor esfuerzo para no comenzar a reír.

- ¿Hay alguien más acaso? Cinco puntos menos para Slytherin.

El dúo tomó asiento, con el niño de los ojos azules casi a punto de revolcarse en el piso por la risa contenida y su mejor amigo a segundos de acompañarlo. Los demás Gryffindors también estaban bastante divertidos, aunque eran más sutiles que sus compañeros en demostrarlo, excepto Peter, quien seguía dormido y babeando y no se daba por enterado de nada. En los minutos que restaron de esa clase, nadie volvió a prestarle atención al profesor fantasma, con la salvedad de Lily, Rowan y Ariel, que hacían su mejor esfuerzo para no unirse al resto de sus amigos y seguir tomando nota de las revueltas de los duendes. Cabe decir que las porras de Sirius de "- Sí se puede, sí se puede -" no ayudaban mucho a mantener los niveles de concentración. Antes de irse a almorzar, Erin mostró su gran obra de arte: una caricatura de un anciano que se había quedado dormido (con burbujita de mocos incluida) y su fantasma, que se desprendía de su cuerpo y estaba atravesando el techo; sobra decir que tanto el anciano como el fantasma eran idénticos al profesor Binns, lo que hizo pensar a más de uno de sus compañeros que la niña podría tener un buen futuro dibujando cosas. (NdeR: ayyy, si la gente supiera) (NdeH: quien lea Redemption ya lo sabe) (NdeR: yo sé, pero quería darle un tono profundo a la cuestión) (NdeH: Pad, tú no cambias) (NdeR: y además me sirvió de cuña autopublicitaria :D)

Ya todos los alumnos de Hogwarts estaban en sus respectivas salas comunes un rato después de que se ocultase el sol. El clima invitaba a quedarse todo el día junto a la chimenea, cubierto con una cobija y, preferiblemente, conversando con los amigos. Muchos estaban en eso, otros se habían quedado en el Gran Comedor, otros tantos se repartían por aquí y por allá haciendo sus tareas atrasadas, y otros sólo bromeaban por ahí. Esos dos eran los casos de Lily y sus amigas y James, Sirius, Remus y Peter, respectivamente (NdeR: me niego rotundamente a poner a Aquél-Que-No-Merece-Ser-Nombrado antes que a los tres merodeadores, I'm sorry!). Las niñas estaban en la sala común de Gryffindor practicando sus encantamientos, mientras que el cuarteto de niños, a sugerencia de Sirius y James, se había lanzado a uno de los corredores cercanos al comedor a asustar al primer incauto que pasara por allí con una sábana que hacían levitar como si fuese un fantasma, ocultos tras la capa invisible del niño Potter. Considerando que la mayoría de los estudiantes sabían como era en verdad un fantasma, Remus dudaba seriamente que alguno cayese en el truco de la sábana, pero no por eso quería dejar de intentar.

Bajo el amparo de las sombras y de la capa invisible escucharon pasos acercarse y la sombra de una figura diminuta al fondo del pasillo, seguramente alguien de primer año extraviado. La víctima perfecta. Entre los cuatro hicieron flotar la sábana, moviéndola de un lado a otro, al tiempo que hacían ruidos "fantasmales", y justo cuando el blanco estaba sobre la tela, la dejaron caer. Un plan maestro y sin fallas. Intentando contener las risas por los intentos de la persona bajo la sábana de liberarse de ella, salieron corriendo, pero fueron detenidos contra su voluntad antes de haberse alejado mucho.

- ¡LOCOMOTOR MORTIS! - una vocecita chillona que reconocieron muy rápidamente. James apenas tuvo tiempo de esconder la capa antes de ser golpeado por el encantamiento paralizante.

- Flitwick - chilló Peter. De no ser porque estaba completamente paralizado de la cintura para abajo, el gordito habría estado temblando de pies a cabeza.

- ¿Remus?

James miraba asustado a su amigo, había palidecido tanto que casi podía mirarse a través de él. Él y Sirius compartieron una mirada que no necesitó explicaciones, no debieron haber convencido a los otros dos de participar en todo aquello. Peter podría superarlo, su madre no lucía como ningún general y hasta su propio tío deseaba verlo metido en problemas con la autoridad, pero el caso del niño Lupin era diferente. Su padre trabajaba en el Ministerio de Magia y su madre ponía todas sus esperanzas en él para darle un buen ejemplo a su hermana, después de todo, era el varón y el mayor. Tanto los señores Potter como los Black estaban resignados a que sus respectivos hijos buscaran problemas, y lo máximo que podrían recibir los niños sería una carta muy larga sobre cómo debe comportarse un casi adulto y una nota con un "No siempre tendrás tanta suerte", respectivamente.

- Esta vez sí, esta vez sí, esta vez sí - murmuraba Remus, con los ojos desorbitados. Se habían metido directamente con un profesor, Dumbledore no se la dejaría pasar. Les había fallado a todos: a Dumbledore, a sus padres, a su hermana, y hasta a sus amigos. Se había acostumbrado a Hogwarts, y ahora tendría que abandonar el castillo. Esta vez sí lo expulsarían.

- Ya cálmate - dijo Sirius en tono muy serio.

- A ver muchachos - ya el profesor de Encantamientos los había alcanzado. La garganta de los cuatro niños bajó hasta su estómago -... ohh, son ustedes. ¡Finite incantatem! - fueron capaces de mover nuevamente las piernas, pero no se atrevieron a moverse - Muchachos eso fue, absolutamente, nada gracioso - y les enseñó la sábana ahuecada -, pudieron haber causado un desastre, ¿saben? - los cuatro niños tenían la mirada clavada en las baldosas de piedra del piso - Sin embargo, no saben cómo me alegra ver que han estado practicando el conjuro levitador (N/A: comienza la campaña "Amamos a Flitwick", quién se une?).

- ¿Y eso quiere decir que... - Sirius fue el primero en reunir voz y hablar.

- Bueno, no puedo dejarlos irse tan impunemente, Black... pero hagamos un trato. No quito puntos de Gryffindor ni los castigo, y a cambio ustedes harán una demostración la próxima clase, ¿les parece? - el cuarteto ni se tomó el tiempo para respirar antes de asentir enérgicamente. En James y Sirius estaba naciendo un nuevo cariño por los Encantamientos - ¡Excelente! Y ahora, si por favor pudiesen llevar esto a los elfos domésticos - Peter tomó la sábana que les extendía el profesor.

- Pero, ¿a dónde?

- A las cocinas, ¿dónde más?

- ¿Y cómo llegamos hasta allá?

- Ohh, no lo saben... No importa, es mejor que lo lleve yo.

- Pero profesor Flitwick, ¿cómo podemos permitir eso? Usted debe estar repleto de cosas por hacer, y molestarse en llevar una sábana que nosotros mismos dañamos sería una pérdida de su valiosísimo tiempo - James enarcó una ceja al escuchar las zalamerías de su mejor amigo -. Mejor lo llevamos nosotros, sólo díganos cómo llegar hasta las cocinas, ¿qué riesgo podría tener eso?

- Señor Black, no creo que...

- Insisto profesor, mejor dicho, todos insistimos - y le dio un codazo a Peter, que dejó al gordito sin aire, para que todos asintieran -. Mi conciencia no me dejaría dormir si usted tuviese que encargarse de algo tan vanal. Es sólo cuestión de decirnos cómo llegar... - Flitwick lo meditó por un momento, momento que fue eterno para el niño Black. Estaba a punto de saber cómo llegar hasta el lugar que más le importaba en todo Hogwarts.

- De acuerdo - y música celestial resonó en los oídos de Sirius -. Ahora escuchen: al final de la escalera de mármol del vestíbulo, doblen a la izquierda y entren por la primera puerta que consigan, después bajen por las escaleras hasta que lleguen a un corredor; ahí tienen que buscar la pintura de un enorme frutero de plata y hacerle cosquillas a la pera verde.

- ¿Cosquillas a una pera?

- Cállate, Peter - y el niño Pettigrew recibió otro codazo.

- Sí, cosquillas a la pera verde. Así entrarán a las cocinas, ¿entendieron?

- Perfectamente, profesor. Ahora, con su permiso, debemos ir a entregar esto. Disculpe usted la pequeña broma, no fue nada personal.

Al niño Black le ardieron los pies por irse cuanto antes. Ya conocía la ubicación de las cocinas, ya conocía cómo obtener la comida que tanto le pedía su pobre estómago. James, Remus y Peter, quien ya no se aguantaba el flato, tuvieron que correr para alcanzarlo. Las indicaciones del diminuto profesor se repetían una y otra vez en su cabeza para no perderse en el camino; tendría que anotarlas en cuanto regresara al dormitorio. Recordaba haber pasado en un par de ocasiones al lado de un cuadro de un frutero, pero nunca le había prestado mayor atención. A partir de ahora tendría que revisar todos y cada uno de los cuadros del castillo, pero para eso tendría a James y las vacaciones de Navidad... Las escaleras tras la primera puerta... El pasillo de los retratos. La pintura del frutero de plata.

- Es aquí.

- ¿Dónde? - preguntó tontamente Pettigrew.

- Frente a ti, grandísimo tonto.

- L-lo siento.

- Como sea... - Sirius alargó el pulgar hasta hacerle cosquillas a la pera verde de la pintura. Se agitó por un instante entre risitas para luego convertirse en un gran pomo verde. Lo accionó y abrió la puerta con una gran sonrisa de satisfacción - Voilá monsieurs.

Los cuatro se apresuraron a entrar, llegando a una sala enorme, con el techo tan alto como el del Gran Comedor, que debía estar justo encima, llena de montones de ollas de metal reluciente y sartenes colgados a todo lo largo de los muros de piedra, y con una gran chimenea de ladrillo al otro extremo; también había cuatro largas mesas de madera, las cuales seguramente estaban colocadas exactamente abajo de las mesas de las casas del comedor. En las mentes de Remus, James y Sirius ya estaba comenzando a formarse una idea de cómo la comida aparecía tan de repente durante los banquetes. Decenas de pequeñas criaturas corrían de un lugar a otro, atareadas de trabajo. Tenían grandes orejas, como de murciélago, y ojos brillantes y saltones del tamaño de pelotas de tenis, con la nariz alargada y en forma de lápiz, y los dedos y pies largos; todos llevaban el mismo uniforme: un paño de cocina estampado con el escudo de Hogwarts y atado a modo de toga.

- ¿Qué son? - preguntaron al mismo tiempo Remus y Peter, asombrados.

- Elfos domésticos - les respondió James. En las reuniones de la familia Potter siempre se contaba que ellos habían disfrutado de los servicios de los elfos domésticos por años, pero que habían preferido liberarlos.

- ¿Son así?

- A menos que estos hayan envolucionado, todos son así.

- ¿Envolucionar? (NdeR: a ver perrito, decídete: involucionaron o evolucionaron?) (NdeH: Pad, ya )

- Ignoren a Sirius...

- ¿En qué podemos ayudar a los señores? - uno de los elfos domésticos se había acercado hacia ellos e hizo una reverencia antes de hablar - ¿Desean algo? ¿No les gustó nuestra comida a los señores?

- No, no, estaba deliciosa.

- Ohh, entonces ¿qué podemos hacer por los señores? Lo que los señores quieran, lo que sea.

- Si tuviesen algunas galletas...

- Sirius...

- ¿Galletas? De inmediato señor, de inmediato - y se alejó haciendo otra reverencia, o mejor dicho, haciendo que su nariz de lápiz chocara con el piso.

- No vinimos a darles más trabajo, Sirius.

- ¿Más trabajo, Remus? ¡Son elfos domésticos! Les encanta tener más trabajo. Además, yo sólo pregunté si tendrían algunas galletas por ahí, no - pero fue interrumpido por la llegada del elfo que los había recibido junto con otros dos, que cargaban platos repletos de cualquier variedad de galletas y cuatro vasos de jugo de calabaza.

- Lo que deseen los señores, lo que quieran. Es un honor servirles.

- ¿Lo ves? - le dijo Sirius a Remus, sirviéndose una galleta - Les gusta.

- ¿Qué otra cosa podemos hacer por los señores? - James le quitó la sábana a Peter, que estaba atragantándose de galletas.

- ¿Creen que puedan reparar esto? - y les enseñó los agujeros que le habían hecho a la tela.

- Por supuesto, señor, por supuesto, pero no podemos tomarla.

- ¿Uhh?

- Si los señores nos la dan y nosotros la tomáramos, nos estarían dando la libertad, y los señores estarían insultando a Yepser - Sirius tuvo que contenerse para no reírse al escuchar el nombre del elfo doméstico - y a los demás.

- No los entiendo... - dijo el niño Lupin en un suspiro.

- Lo había olvidado.

- Pero los señores no deben preocuparse, no. Déjenla donde quieran y Yepser se encargará de repararla y dársela a los señores.

- Bueeeeno...

- ¿No hay más galletas?

- ¡Peter!

- Disculpe usted señor, enseguida le traigo más galletas.

Dejaron las cocinas alrededor de una hora después, con galletas, pasteles y bizcochos saliendo hasta de sus orejas. Cada uno llevaba consigo una gran servilleta repleta de "provisiones" para la noche, aunque en verdad sería muy difícil que las necesitaran con todo lo que habían comido. Incluso Sirius se sentía satisfecho, lo que era una novedad. Lo que los cuatro querían era llegar a la sala común de Gryffindor y quitarse la capa invisible y poder subir a dormir a pierna suelta. Cuando llegaron, ya la sala común estaba casi desierta y sólo quedaban algunos pocos Gryffindors charlando junto a la chimenea o dando el toque final a sus tareas; lo que no notaron fue que al abrir el agujero del retrato de la Señora Gorda, una mota ambulante de pelo negro jaspeado entró junto a ellos. Extrañamente, la sobredosis de azúcar no les dio más energías sino cansancio (NdeR: yo siempre necesito azúcar :P) (NdeH: a qué viene el comentario?) y subieron al dormitorio sin siquiera hacer ruido. Fabian y Rowan los miraron sin comprender nada al verlos llegar cargados de dulces.

- ¿Dónde habían estado? - preguntó Gideon.

- ¿Y cómo consiguieron eso? - siguió Fabian.

- Secreto profesional - dijeron al mismo tiempo James y Sirius

- ¿Quieren? - les ofreció el niño de los ojos miel. (NdeH: alerta de babas! xDDDD)

- ¡Por supuesto!

De hecho, la forma de llegar a las cocinas permanecería como un secreto, tal como habían dicho Potter y Black, pero no por eso dejarían de compartir con sus otros dos amigos. Rowan y Fabian disfrutaron de los bocadillos al tiempo que Sirius pasaba a pergamino sus notas sobre su gran descubrimiento del día, y luego de eso, y sin planearlo, comenzaron una guerra de almohadazos. Usando las respectivas camas como trincheras, los seis niños evitaban ser alcanzados por algún proyectil de plumas, no siempre con éxito, pero no importaba; todos se estaban divirtiendo y de reparar y rellenar las almohadas se encargarían los elfos domésticos... Lo que activó algo en la memoria de Remus.

- Oigan...

- ¿Qué? - preguntó Sirius casi sin voz. Acababa de caer sobre su cama tras recibir un almohadazo de James, y entre las carcajadas y la falta de oxígeno no podía hablar mucho.

- ¿No tenemos - y fue sorprendido por el golpe de una almohada en el rostro - ¡Tú te la buscaste, Fabian!... ¿No tenemos que dejar la sábana en algún sitio?

- Está en el piso, creo... - le respondió James, al cual ya se le habían caído hasta los anteojos - ¡En guardia, Peter!

- Iré a - se sacó una pluma de la boca - dejarla abajo.

- Como quieras, Remsie-pooh. Pottie-Pots, ¡observa y aprende!

Remus casi tuvo que hacer gimnasia para poder escapar a un par de almohadas cruzadas que iban hacia él. De algo tenían que servir sus "habilidades" especiales. Tomó la sábana agujereada del piso del dormitorio y salió hacia la sala común a dejarla en algún lugar en que los elfos domésticos pudiesen encontrarla. Ahora sólo quedaban un trío de chicas de cursos superiores estudiando en una de las mesas y un perro durmiendo a los pies de una silla que estaba de espaldas. ¿Un perro? (NdeR: tilín! tilín! Se nos prendió el foco :P) (NdeH: ay, camarada...) Hasta donde él tenía entendido, la única persona de Gryffindor que tenía un perro, o más específicamente, un crup, era Erin, ¿pero qué podría estar haciendo ahí a esas horas? Se acercó en silencio hacia la silla, y mientras estaba más cerca, empezó a escuchar sollozos ahogados. El crup olfateó en el aire y levantó la cabeza para ver quién se acercaba; su cola se agitó con emoción al reconocer al joven licántropo, que le hizo señas para que permaneciese en silencio.

- Voy a estar en casa en dos semanas... Sí, claro, dos semanas, ¡yo te aviso!... Me imagino que creerá que me la estoy pasando bomba... - Erin estaba llorando recogida sobre el sillón, con algo que parecía un cojín de pelo oscuro acompañándola mientras zurcía un calcetín de tartán - Y el otro que no sabe remendar su propia ropa, ¡ouch!

- No deberías coser de mal humor...

- ¡Remus! - Erin intentó limpiarse rápidamente las lágrimas con la mano.

- ¿Qué tienes?

- Nada, déjalo así - y la niña le desvió la mirada y volvió a su trabajo con el calcetín.

- ¿Nada? - y se sentó en el piso, frente a ella - Yo no lo creo. Erin, has llorado creo que una vez a la semana y te has deprimido todos los días desde que comenzamos las clases.

- Yo no...

- Sí, tú sí. ¿Qué es lo que pasa? Dime...

- Mi papá.

- ¿Qué pasa con tu padre?

- No he sabido nada de él desde antes de septiembre, y dijo que me escribiría hace meses.

- ¿Y sabes dónde está? ¿O dónde se supone que está?

- No me dijo antes de irse, supongo que lo llamaron a presentarse al cuartel... ¡pero se vale reportarse!

- ¿Un cuartel?

- Mi papá es piloto de la RAF (N/A: RAF Royal Air Force Real Fuerza Aérea) - dijo con mucho orgullo -, capitán Thomas McGregor...

- No llores... A ver... ¿qué es eso? - el niño señalaba al cojín de pelo oscuro.

- ¿Noel? - y lo que parecía un cojín se puso de pie revelando ser un kneazle de espeso pelaje negro jaspeado y ojos brillantes - Es la bola de pelos de Tom. Vino a traerme el calcetín roto de Su Majestad, porque como verás, el niño no es muy dado a las labores domésticas.

- Tal vez sólo le agrada que su hermana lo ayude.

- Ajá...

- ¿Cómo es que tú tienes un crup y tu hermano un kneazle?

- Ya ves.

- ¿Y se soportan?

- Sehhh, Noel cuidaba a Thrym cuando era más bebito.

- Pero ya no llores.

- Es que... ¡me da mucha rabia! Tú vas donde tu madre todos los meses, yo si acaso habré recibido noticias de mi casa unas dos veces o algo así; a mi mamá no le gusta escribir y de mi papá no he sabido nada y ni siquiera puedo hablar con Tom.

- Tranquila... ¿Cómo estás tan segura que tu padre no te ha escrito?

- Porque mi hermano me habría avisado. Cada vez que llega el correo espero que me haga una señal, que me diga algo, pero nada de nada.

- Espera.

- ¿Qué?

- Tom tenía algo para ti.

- ¿De qué hablas?

- El viernes, ¿recuerdas que te fuiste del comedor antes que todos? - y la niña asintió - Tom fue a buscarnos después y le dio un sobre a Samantha para que te lo entregara a ti.

- ¿Que qué? - y se puso de pie de un salto. Remus, repentinamente, se sintió intimidado.

- De verdad...

- Voy a matar a Samantha. Noel, Thrym, no se muevan.

Remus estaba satisfecho consigo mismo y no disimuló una sonrisa al ver a Erin subiendo a toda velocidad las escaleras hacia su dormitorio. Thrym se acercó a él y comenzó a morderle el dobladillo del pantalón como si fuese un hueso que no quisiera soltar, y el niño le acarició la cabeza (NdeR: amo a ese cachorro) (NdeH: a Remus o a Thrym? xD) (NdeR: a los dos :D), mientras el kneazle los observaba con curiosidad desde el sillón.

- ¿Sabes algo, Thrym? Estoy por creer que Sirius tiene razón cuando dice que tu ama está loca - y el crup le gruñó al pantalón.

Escuchó un alboroto, un "- Te mato en la mañana -", una puerta cerrándose de golpe y un ruido como de una manada bajando en estampida por las escaleras. No era una manada, sólo era Erin muy sonriente, muy animada, con un sobre entre las manos y dando saltitos sin razón. (NdeR: lo de los saltitos es tristemente cierto, yo todavía no he podido superarlos)

- ¿Qué te dije?

- Te adoro - y la niña le plantó un beso en la mejilla antes de abrazarlo. El niño Lupin respondió torpemente a tales muestras de afecto, después de todo, no estaba acostumbrado a recibir tanto cariño de gente ajena a su familia.

- Bueno, pero ¿qué te dice tu padre?

- Déjame ver - abrió el sobre con manos temblorosas y comenzó a leer a una velocidad impresionante -. Que lo perdone por la tardanza, ya discutiremos sobre eso... Que todo es culpa de la burocracia, cochinos burócratas, por eso nunca voy a votar... Que está muy orgulloso de mí por llevarle la contraria a los MacFusty por quedar en Gryffindor; vaya, mamá habló con él y no me avisó... ¡Weee! - y dio otro saltito.

- ¿Qué pasa? - el niño estaba muy divertido con esa reacción.

- Dice que va a tener todas las navidades libres para nosotros, y que me tiene una sorpresa.

- ¿Tienes idea?

- No, pero no me importa... Ehh... No tendrás chocolate por ahí, ¿o sí? - Remus revolvió en sus bolsillos y encontró el repele de una barra de chocolate que le entregó a la niña.

- Necesitaba azúcar... ¡Gracias! - y lo volvió a abrazar.

Después de eso, conversaron alegremente por un largo rato. De las familias, de las mascotas, de lo enredado que es el tablero de control de un avión caza, de los helados de Florean Fortescue, de los colores del tartán de la familia de Erin; de todo un poco. Para Remus, su amiga había vuelto a ser la misma habladora despreocupada que había conocido aquella tarde en el callejón Diagon, y eso lo alegraba.

- Oye.

- Dime.

- ¿Para qué es esa sábana? - Remus había olvidado que traía la sábana con él.

- Tú sabes, ideas de tu primo lejano y de James.

- Ya... ¿Y por qué la tienes aquí?

- ¡Preguntas mucho, Erin McGregor!

- Anda, dime... Dime, dime, dime, dime, dime.

- Erin, no.

- Remus no seas maluco, cuéntame. ¿Es una sábana encantada o algo así? Porque uno de mis tíos una vez tuvo una sábana que mordía los pies...

- Olvídalo.

...o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o.o0O0o...


Ralkm: desde que comenzamos el fic, estoy queriendo escribir esa escena.

Hermione: no me la habías contado

Ralkm: bueno Prongsie, no sé si recordarás que me abandonaste y dijiste que ibas a dejar de escribir y todo eso...

Hermione: Pad, ya se va a acabar el año, córtala con eso

Ralkm: sí mamá Prongs... Y buehhh, aquí está el capi de regalito de Navidad

Hermione: te das cuenta que en todo el año hemos puesto tres capítulos solamente?

Ralkm: no manches! culpa mía no es. A mi inspiración le gusta irse, y como Moony todavía tiene mi cd de Moulin Rouge no tengo manera de obligarla a regresar, y de paso la uni se está quedando con mi vida... quiero que me la devuelva T.T

Hermione: ya Paddie, ya, tranquila, olvídate de eso hasta enero

Ralkm: teno mello

Hermione: camarada cálmate!... Mira, por qué no te pones a responder tus reviews?

Ralkm: chí :D Voy con mis reviews!

a Nuinardiel Lupin Ryddle: Compañera de Orden!... sí, que cada vez los capis sean más largos es mejor, el problema es que cada vez me tardo más en escribirlos, y ni siquiera me doy cuenta que voy tan retrasada con las actualizaciones. No, yo tampoco puedo negar que Remus es todo eso que tú dices pero, ejem, es MÍO! Y Sirius también está reservado :P Hablando tantito más en serio, me alegra que te caiga tan bien el pulgoso, es de los personajes con los que más me esmero... lástima que, ehh, no puedo decirlo todavía. Chaup!

Hermione: Pad!

Ralkm: qué?

Hermione: olvídalo U.U

Ralkm: sigo.

a Daniela Lupin: cuñis! Antes de empezar, a quién te recordó lo de los saltitos? :P... Esa es la intención, hacer reír, aunque weno, con esa partida de bestias no es que me pongan el trabajo muy difícil, no crees? En especial tu chico y la dragona, están mal de la chaveta... Yo siempre me dejo ver! Tú eres la que se desaparece, es más, tu chico está que quiere enviarte un regalo pero no se atreve porque no sabe si te llegará, así que se vale responderme alguno de los mails! El plan con papá mortífago todavía no está dando resultados, y ya no estoy muy segura de que funcione, pero la esperanza es lo último que se pierde cuñadita!... aww, dile a mi novio de identidad secreta que lo quiero y lo amo y lo adoro y que cada vez que me como un frosty de chocolate pienso en él (un wendy's en la universidad puede resultar muy adictivo :P). Cuídate mucho cosa bestia!

a Aredhel E. Alcarin: wenas, blanca señora de los noldor! A veces pienso que leer El Silmarillion me dejó peor de lo que creo que estaba. Yendo al tema del review... Como verás, los niños, o mejor dicho, el pulgoso todavía no sabe decir palabras muggles... Sí, bueno, la escena del Wingardium leviosa fue intencional, digamos que en cierta forma fue mi forma de decir que Ron y la Mionchi van a terminar como James y Lily.

Hermione: claro que no! Mi otro yo va a quedarse con Harry

Ralkm: Prongsie, como dice Luis Miguel, sueeeeeña con un mañaaaana xDD

Hermione:

Ralkm: gústete o no gústete, Ron y Hermione son el uno para el otro y así se van a quedar... Volviendo a tu review Helena: Las N/A's van a quedarse indefinidamente hasta que ya no tengamos más ánimos de ponerlas o hasta que la señorita de Potter se vaya a Inglaterra el año que viene y de nuevo me deje absolutamente TODO el trabajo a mí, que de hecho, no sería muy diferente a todo lo que me toca hacer ahora, pero como dije que iba a cortar con eso, yo no he dicho nada. Te lo dije! Te dije que habría algo con la dragoncita y el lobito, son tan tiernos °º Bueno, no es "romanticismo" como tal, pero por algo se empieza, además, apenas tienen once años, son muy inocentes todavía, pero la Operación Cupido (oye, si tienes alguna idea sobre eso, el pulgas y yo te la agradeceríamos :P)... Con quiénes se quedarán James y Remus es podridamente OBVIO (ejem, que no estoy pintada en la pared, si entiendes lo que digo), lástima que con la segunda parejita pasarán tantas cosas que..., bueno, leyendo Redemption ya sabes cómo terminaron esos dos, pero no todo está dicho todavía en esa historia de amor! Joder, si vieras el dibujo que hice de ellos, son tan lindos!... Y sobre Sirius, soy una persona muy leal ami familia y si tengo cuñada es por algo (si no entiendes, pregúntamelo por msn, no puedo ser tan explícita sobre el fic en los reviews). Lo del mapa aún no lo he planeado, de momento Siri-boy está en la etapa de recolección de datos y no creo que comience a hacer el mapa hasta no tener toda la información (el pulgoso no es taaaaannn tonto), pero ya veremos, ya veremos... El jueves no me respondiste si estarías conectada, y después no pude volver a conectarme y tuve que regresar a mi casa, y yo que quería seguir hablando contigo :( no te desaparezcas, mellon! (por cierto, encontré una web de LotR que quiero que veas, lástima que está toda en inglés, pero algo puedas intentar). Toda la tropa te devuelve el saludo. Arriba todos los MM:MS,MJ&MR's! Namarië!

y a Fera Weasley: de nada, de nada. Tarde o temprano habría tenido que poner las traducciones de todos modos, así que gracias a ti por ser la primera en pedirme que las pusiera... Weno, la intención era precisamente que recordara a Ron y Hermione, la explicación está en el review de arriba... De momento no va a haber ningún baile, todavía estánmuy niños, pero tal vez, más adelante, encuentre alguna excusa para que se organice un baile y los primitos puedan demostrar sus habilidades, pero no diré nada más! Cuídate tú también!

Ralkm: y buehhh, sha se acabaron.

Hermione: algún anuncio, señorita Diggory de Lupin? xD

Ralkm: ojalá, ojalá... ahh no, pos nada, creo. Si alguien tiene un elfo doméstico que me quiera regalar, que Nagini mi madre se antojó de uno, será bien recibido :P

Hermione: uno de esos también le serviría a Basilisca.

Ralkm: ya me acordé! ya me acordé!

Hermione: de...?

Ralkm: ya tenemos 2 años escribiendo este fic! :D

Hermione: en serio?

Ralkm: sehhh, comenzamos en el paro roleando por msn... no teníamos clases, y yo todavía tenía vida.

Hermione: y nos suspendieron el estreno de la peli

Ralkm: eso sí no me gustó... bueno, traduzco el francés de los niños estos:

Dragonisse: dragona

Chien: perro

C'est la vie: así es la vida

Voilá monsieurs: voilá (vualá) caballeros

Mademoiselle, monsieurs et Peter: señorita, caballeros y Peter.

Ralkm: y creo que ya, terminamos.

Hermione: como que sí

Ralkm y Hermione: FELIZ NAVIDAD A TODOS! :D Reciban muchos regalitos, coman mucho y pásenla bien con sus familias.

Las MM:MS,MJ&MR

Hermione de Potter

— Prongs —

Ralkm Diggory

— Padfoot —

Miembro de la Orden Siriusana

Fundadora de la Orden Remusiana

Disclaimer: joder, que no! Que lo único nuestro son nuestros personajes y la historia, todo lo demás está repartido entre la Rowling, Warner Brothers, Scholastic, Bloomsbury, Salamandra y etecé, etecé, etecé. Sólo queríamos dejar eso claro en caso de una demanda.

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