Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Search
B s . A A A   full 3/4 1/2   E E   Light Dark
Anime/Manga » Card Captor Sakura » Ai no monogatari: Historia de Amor
Lau
Author of 14 Stories
Rated: K+ - Spanish - Romance/Angst - Syaoran L. & Meiling L. - Reviews: 29 - Updated: 02-06-12 - Published: 01-29-03 - Complete - id:1208809

Ai no Monogatari

(Historia de Amor)

Por Lau

Capítulo 7

Final

LA MANO CERRÓ LENTAMENTE la llave de la regadera y el agua dejó de correr poco a poco, hasta reducirse a un ligero goteo. El cuerpo debajo del chorro se apoyó desganadamente contra la pared de mosaico. Lo que restaba del líquido caliente que aún permanecía en la cabeza resbaló por el rostro de Meiling que miraba a lo lejos, ida, apenas sintiendo que el agua bajaba por su nariz y su barbilla.

Lo había echado a perder. Había echado a perder su amistad con Syaoran definitivamente. Tendría suerte si no le contaba todo a Sakura y entonces perdería a su amiga también. ¿Kinomoto podría perdonarla algún día? Sí, ella era muy generosa y lo haría, con el tiempo. Pero eso sería mucho antes de que Meiling pudiera perdonarse a sí misma...

Se dio un golpe en la frente. ¡Tonta, tonta! ¿Pero como es que él lo supo? Simple. No pude ni siquiera disimular mis sentimientos.

¿Y ahora qué? Ya no quería estar en la misma casa que él. Podría alejarse, irse a otro lado hasta que Syaoran regresara a Japón, quizá quedarse un tiempo con algún otro de sus parientes. Con suerte su exilio no duraría mucho: seguramente Syaoran querría regresar rápidamente al lado de su amada.

Secó su cuerpo, distraída, y recogió su cabello rápidamente en dos coletas mal hechas, muy diferentes del elaborado peinado que acostumbraba hacerse. Necesitaba salir. Necesitaba estar sola y pensar. Se vistió rápidamente y salió corriendo.


Syaoran golpeó la pared de la habitación. "¿Qué es lo que he hecho?"

Si la dejas ir, esta vez se irá para siempre.

"¿¡Porque no le dije nada!" En lugar de hablar tranquilamente, la había lastimado aún más. Debí decirle que no quise hacerlo...

Y no volverás a verla. Nunca. Ella se asegurará de que así sea.

Nuevamente sintió la necesidad de protegerla. ¿Pero protegerla de qué? ¿De él? ¿Y con qué? Syaoran poseía magia que ella no podía utilizar. ¿Pero de que servía la magia ahora? No se podía cambiar el pasado, ni mucho menos borrar el dolor humano con ella. La magia únicamente podía hacer que las personas olvidaran, pero eran hechizos demasiado poderosos. Y Syaoran no era Clow.

Si ambos olvidaran el pasado... Se preguntó si, dada la oportunidad, él la olvidaría.

No. No podría. No querría.

La admiraba. Ella iba a sacrificar el sentimiento más precioso que poseía solo por él. Sin magia, de la forma más difícil, con la propia fuerza de su alma. Sólo un corazón fuerte podría hacerlo, porque se necesitaba tener una razón poderosa, y Meiling la tenía: cuidar la felicidad de las personas que más le importaban.

Antes, cuando eran niños, la mayoría del tiempo él se sentía agobiado por ella y trataba de huir cada vez que podía. Ahora por fin podía comprender que a pesar de eso, siempre había habido una razón para permanecer junto a esa niña: siempre estaba ahí para apoyarlo. Por eso había vuelto, vacío y miserable a su país natal, porque Syaoran sabía que la única cosa segura en su mundo es que Meiling siempre estaría ahí para darle la mano.

¿Pero que sentía Syaoran por ella? No lo sé. Recordaba haberse sonrojado un par de veces en su presencia, pero eso es siempre lo que hago, aparentemente. Si tan sólo hubiera alguien con quien platicar, Sakura, Daidouji, incluso Eriol…

¡Un momento! ¡El muy cretino lo sabía todo! A esto se refería cuando le sugirió en resolver sus problemas, lo había sabido todo el tiempo ese conspirador, manipulador-

Syaoran dejó de respirar un momento cuando otro pensamiento lo asaltó. ¿Todo esto sería un esquema más de Hiiraguizawa para manejarlos como a marionetas? ¿Había manipulado sus sentimientos para que siguieran algún oscuro plan para diversión del pequeño bastardo?

Se sentó en la orilla de la cama y abrió un cajón de la cómoda. De su interior sacó un pequeño objeto que hace años había escondido ahí en una de sus visitas rápidas al hogar materno. Un pequeño anillo.

El joven sabía que era manipulable, el poder de otros lo había controlado en el pasado. Incluso había aceptado el anillo de Meiling más por la presión de ella que por lo que sentía realmente en ese entonces. Giró el anillo entre sus dedos. Sí, era muy posible manipular y crear la falsa ilusión de un sentimiento cálido donde no lo había en realidad, pero incluso alguien como Clow no podría sostener el espejismo eternamente. Tarde o temprano los verdaderos sentimientos resurgían y el hechizo colapsaba.

Al menos de eso estaba completamente seguro: él sonreía junto con Meiling desde que habían sido pequeños. Le tenía demasiado aprecio a pesar de que ella lo sacaba de sus casillas continuamente. ¿No era una prueba suficiente de que no estaba bajo ningún hechizo?

La quiero a pesar de eso…

El anillo resonó con un sonido metálico mientras chocaba contra el duro suelo de la habitación mientras él salía volando por la puerta. Syaoran no había recordado nunca correr tan rápido, pero tampoco recordaba haber sonreído con tanta fuerza cómo en ese momento.


Meiling miró al cielo medio nublado. Parecía que la temporada de monzones iba a comenzar pronto. Hacía calor, lo que era normal para una isla tropical como Hong Kong, donde la temperatura solía ser casi la misma todo el año. En realidad lo único que cambiaba aquella tarde era la posibilidad de que fuera a llover. Un final perfecto para mí día, pensó Meiling con sarcasmo.

Caminó con calma por las calles de la ciudad en busca de un lugar tranquilo donde reflexionar sin ser molestada. Paso a paso, después de un par de horas caminando, viendo sin ver a nadie, encontró una solitaria calle donde no había gente y se sentó. No se percató del cansancio físico que sentía, porque el cansancio emocional era más fuerte.

No podía dejar de pensar, dolida, que si hubieran sido las cosas diferentes, lo suyo debería de haber sido muy diferente. Si Syaoran no hubiera tenido magia, si ella hubiera tenido magia, si el Clan Li no lo hubiera mandado a Japón, si hubieran permanecido en China y hubieran convivido juntos más tiempo, si ella hubiera tenido un carácter más dulce, si...

Era inútil explorar las posibilidades de eventos que nunca ocurrieron.

El cielo nublado, que amenazaba con truenos el cielo, comenzó a dejar caer algunas gotas. Y yo que me acabo de bañar, se dijo Meiling, pero aun así esto es mejor que ir a casa.

Al parecer no iba a llover con fuerza. Unas cuantas gotas pintaban apenas el suelo con puntitos obscuros. Meiling se sentó, disfrutando la pequeña y tibia lluvia. Cualquier cosa era preferible a regresar, no aún, no aunque lloviera a cántaros, no hasta que supiera que hacer con Syaoran, y como darle la cara. "Cielos. Todo va a ser tan incómodo ahora."

"No necesariamente," le dijo una voz, y las gotas de lluvia dejaron de caer sobre su rostro. Meiling sintió una sombra sobre ella y miró hacia arriba. Ahí estaba él, Syaoran, cubriéndola con un paraguas verde y mirándola suavemente.

"¡Syaoran! ¿Qué haces aquí?"

"Tu madre está muy preocupada por ti y por eso vine a buscarte."

"Ya." Meiling se sintió decepcionada una vez más. "No era necesario, sabes. Sé cuidarme sola."

Syaoran se sentó junto a ella, cuidando que el paraguas los cubriera a ambos. "Lo sé. Hay pocas cosas en este mundo que podrían hacerte daño, y dudo mucho que haya una Carta causando problemas por aquí." Le sonrió. "Eres muy fuerte, y en realidad no estábamos preocupados por eso."

El corazón de Meiling latió apresuradamente al escuchar el estábamos.

"Yo estaba también muy preocupado," siguió diciendo Syaoran. "No debí dejarte ir sin hablar contigo claramente... Lo siento."

La muchacha lo miró fijamente a los ojos, hablando con toda calma. "Ya te había dicho que no tengo porque perdonarte. No quiero que sientas que te estoy obligando a tenerme lástima."

"No me siento obligado. Quiero disculparme porque eso lo que siento. Siento haberte lastimado. Siento que pasarás por tantas cosas por ayudarme."

Meiling se quedó en silencio y se retiró un mechón de cabello húmedo que le tapaba la frente, aún sin creer del todo las palabras del hombre sentado a su lado. "No fue nada...", pudo apenas murmurar entre dientes.

"Y siento mucho haber lastimado tus sentimientos. Debí poner más atención, debí... argh, no sé, sólo sé que no debí dejar que pasaras por lo mismo otra vez."

Ella no respondió, tratando de comprender lo que escuchaba.

"Quiero que sepas algo más. No estoy saliendo con Sakura."

Meiling saltó, asombrada, y colocó las dos manos sobre el piso, hablando repentinamente con la misma energía de siempre.

"¿¡Qué! ¡Pero si ustedes están hechos uno para el otro!"

"Meiling, esto no es una novela rosa" Syaoran le contestó seriamente, a pesar de que por dentro sonrió cuando vio la cara de Meiling.

"¿Pero por qué no?"

"Ella es una amiga, una gran amiga, pero no todos los romances duran para siempre. A veces la vida separa a las personas y cada uno debe continuar con su camino. Eso no significa que ella no sea una persona especial para mí."

"¡Pero tú y Sakura..."

"Por eso fui a aclarar las cosas..."

"...pero ustedes..."

"Meiling..."

"¡No puede ser posible! ¡Ustedes son la pareja perfecta!"

"Escúchame..."

"¿Y Kinomoto? ¿Qué pasará con ella?"

Syaoran perdió la paciencia. "¡No seas terca, Meiling! No puedo quererla simplemente porque te quiero a ti..."

Meiling lo miró en shock. "¿Qué?"

Syaoran la miró seriamente. "Ya está, lo dije. Hiiraguizawa ya estará satisfecho", se dirigió molesto al cielo. Casi podía imaginarse a su molesto antepasado sonriendo con esa actitud de autosuficiencia que tanto le molestaba. Lo que más detestaba de todo es que Eriol había estado en lo correcto todo este tiempo. Ya recordaría agradecérselo más tarde. "Meiling, no puedo permitir que te alejes, porque no podría con eso. Por eso sé que eres fuerte, Mei. No me imagino pasar por lo que tú atravesaste durante tanto tiempo sin perder la razón. Yo no podría hacerlo."

"No soy fuerte."

"¿Por qué no?"

"Si lo fuera, no estaría llorando como lo estoy haciendo ahora." Syaoran la miró y vio que efectivamente dos surcos de lágrimas recorrían el rostro húmedo por la lluvia de ella.

Syaoran la tomó entre sus brazos y la recargó contra si, para que ella pudiera desahogarse libremente. Ella golpeó su hombro con el puño, pero sin poner demasiadas fuerzas en ello.

"Realmente debería estar enojada por decirme eso hasta ahora," dijo Meiling entre suaves sollozos, pero cuando miró al joven, él vio que ella sonreía a través de las lágrimas. "Pero es la mejor noticia que he escuchado en mi vida."

Syaoran sonrió.

"Así que me perdonas."

"Ya lo había hecho desde hace tiempo. Pero...", recordó súbitamente Meiling, "¡Sakura! No puedo hacerle esto... ella..."

Syaoran suspiró, pesadamente, mientras ponía uno de sus brazos detrás de su nuca.

"Sé que será difícil al principio, pero la conozco, y no creo que algo así la derrote –odio admitirlo, pero parece ser que las mujeres pueden superar muchas cosas mejor que nosotros-. Pero comprendo lo que quieres decir. Debo aceptar las consecuencias de lo que hice, y por eso, esperaré todo el tiempo que sea necesario para que me perdone."

Meiling lo rodeo con sus brazos y recargó su cabeza en el pecho de él. "Entonces esperaremos juntos. No estaré enteramente satisfecha hasta que ella me haya perdonado."

Syaoran giró la cabeza de Meiling hacia él y cerrando los ojos, le dio un beso suave en la frente.

"Y ahora, ¿qué va a pasar?", le dijo ella con una radiante sonrisa.

"Hay que ir un paso a la vez, me imagino. ¿Qué te parece si lo discutimos mientras regresamos a casa?" le dijo él, mientras se levantaba y le ofrecía la mano.

"Suena bien para mí."

Las últimas gotas de lluvia desaparecían mientras los dos jóvenes caminaban lentamente por las calles de Hong Kong. Meiling, extrañamente tímida, caminaba rígidamente, demasiado consciente de sus movimientos.

Él deslizó su mano junto a la de ella y la tomó suavemente.

Ella sólo pudo sonreír.


Epílogo.

LOS SUAVES GOLPES EN LA PUERTA principal resonaron en la residencia Kinomoto. Era un verano caluroso aquel justo en medio de las vacaciones escolares. Sakura se apresuró a abrir la puerta.

"¡Meiling! ¡Qué sorpresa! ¡Pasa, por favor!" dijo la asombrada joven a su amiga. Meiling se encontraba seria, más seria de lo que Sakura la había visto jamás.

"Sakura, yo…" La Dueña de las Cartas comprendió inmediatamente el gesto de su amiga. Conocía el propósito de la visita de Meiling, gracias a Tomoyo. "Es sobre Syaoran, ¿cierto?"

"Perdóname. Yo nunca tuve la intención de traicionarte. Él quiere que nosotros salgamos, pero…" Meiling miró la cara de Sakura y sin saber lo que decía le ofreció de nuevo el sacrificio más grande. "¡Una palabra tuya y no lo haré!", le terminó gritando, sin darse cuenta que otra vez había caído en el mismo patrón que tanto tiempo había mantenido.

Sakura se acercó y la atrajo hacia sí para darle un tierno abrazo. "Jamás te pediría que renuncies a lo que más amas en este mundo," le dijo. "Conozco de primera mano lo que es vivir en un mundo así, y nunca haría que alguien a quién quiero mucho viva con ese sufrimiento."

"Sakura…" Meiling comprendió porque la chica frente a ella era la mejor persona para ocupar el puesto de Dueña de las Cartas. Nunca habría nadie como ella. El aura de Kinomoto era cálida y radiante, como siempre lo había sido, como siempre lo sería.

"Además," le dijo ella con guiño travieso, "tengo a alguien más." Sakura entro de nuevo al vestíbulo de su casa y giró juguetonamente hacia Meiling ofreciéndole una mano. "Ven. Seguramente recuerdas a-"

Meiling salió rápidamente de su sorpresa, y su mundo terminó en ese instante de volverse perfecto. Sonrió con la misma energía de la niña de intercambio de tantos años atrás, el mismo exceso de confianza de siempre. "¡Vaya! Nunca me lo habría imaginado. ¡Hola! ¡Hace tanto que no nos vemos! Soy la prometida de Syaoran-"

FIN


Notas de la autora: Meiling saltó demasiado rápido de considerar comenzar a salir con Syaoran a presentarse como su prometida, je, pero Meiling siempre será Meiling. Sólo necesitaba la aprobación de Sakura para librarse por fin de toda culpa. :P

Cuando Sakura se refiera a saber lo que es vivir en un mundo sin amor se refiere a lo vivido durante el Juicio Final, así que ella mejor que nadie para comprender la magnitud del dolor que Meiling le estaba ofreciendo.

Quise terminar el fic con una escena entre Sakura y Meiling porque no habían interactuado durante toda la historia, y porque, al colocar su amistad en un punto central de la trama, me pareció justo terminar de atar ese cabo suelto. De alguna manera me pareció lo más apropiado.

Deliberadamente omití el nombre de quién estaba con Sakura. Cómo ya lo había mencionado, este fic comenzó como una continuación de La esperanza del corazón, y en mi cabeza las parejas se mantienen igual que en ese fic, pero finalmente lo dejé ambiguo para que el lector se imagine a quien quiera. :D

Perdón si no puse una declaración de amor mucho más directa. Lo intenté, de hecho, pero nunca me convenció como quedaba (y una razón más por la que este fic no terminaba). Me pareció que en este caso era mejor decirse las cosas sin ser demasiado explícitos, como que para ellos dos era mucho más natural. Descansen sabiendo que aun así terminan juntos. ;P

Gracias a todos los que me dejaron algún review durante este largo camino. Lamento haberme tardado tantos años en terminar esto, pero llegó un momento que perdí el camino y no sabía como retomarlo. Este fic sin concluir siempre me pesó como una losa sobre mi espalda, y me alegra por fin terminar esta deuda que tenía con todos ustedes. Muchas gracias a todos.

Mmm, la página no quiso que este capítulo conservara el mismo formato de los anteriores, lástima. Bueno, al menos esta vez no se comió los acentos...

Cualquier comentario es bienvenido. ¡Gracias por leer!

Review this Chapter
Share


Return to Top