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Bien, otro domingo aburrido sin hacer nada. El Sábado pasado tuve que ir de misión otra vez y pasaba lo de siempre: Crawford llamándonos ineptos, Schuldrig fastidiando con bromas tontas, Farfarello jugando con sus cuchillos y yo... me sentía miserable de nuevo. Antes de marcharnos al auto, vi a una de las personas a las que eliminamos. Lo que me llamó la atención fue un brillo metálico en el bolsillo. Al verlo de cerca me di cuenta de que era una harmónica; por alguna razón me sentí llamado a tomarla, total... el hombre no va a necesitarla después de muerto.
-¡Naoe! ¡Deja de perder el tiempo! - gritó Crawford desde el auto.
No me gustaba que me apuraran, pero el darme cuenta de que seguía en el mismo lugar sangriento me hizo considerar el hacerle caso al jefe.
* * *
Una vez solo en mi cuarto, no tenía ganas de usar mi laptop; aún peor el tener que hablar con los otros tres locos que viven conmigo. Entonces recordé que aún traía conmigo la harmónica que encontré en el campo de batalla. La examiné por un buen rato... No era corriente. Tenía una palabra grabada en letra manuscrita que decía "Blues". El metal brillaba como si la hubieran comprado recién y no mostraba ningún golpe a pesar de haber estado con el sujeto al que el irlandés degolló.
-Ni siquiera sé porqué cogí esto... - murmuré para matar el aburrimiento.
Por curiosidad acerqué los labios al instrumento y toqué una nota. Definitivamente necesito practicar.
* * *
Semanas después ya podía tocar al menos dos notas consecutivas sin que lo confundieran por una rata chillando. Recuerdo que Schuldrig había regresado con una buena resaca por una noche de juerga, así que logré vengarme con mi "música" por la bromita que me hizo la semana pasada (no vale la pena contarla)
De repente se me antojó salir a caminar para despejar mi mente. Era finales de otoño, por lo que empezaba a hacer más frío. Me puse un suéter azul, guantes negros, jeans y zapatillas. Se me hacía raro no ponerme otra cosa que no fuera mi uniforme del colegio... Creo que es porque se me pegó la costumbre (directo del colegio, a trabajar. Con las justas tengo tiempo para dormir)
-¿A dónde vas, bishounen? - me preguntó Schuldrig como de costumbre. El alemán estaba recostado sobre el sofá de la sala. Aún seguía con las migrañas de la cruda. -A caminar. No es asunto tuyo - respondí. -Recuerda que debes cobrar de 50 para arriba - obviamente entendí el chiste, así que saqué la harmónica y toqué una nota aguda - ¡Maldito chibolo! - se quejó de la jaqueca.
Por dentro me estaba riendo de la escena.
* * *
Viendo todo lo que estaba por la calle, cada vez me sentía más incómodo por vivir en este mundo: mendigos, prostitutas, ladrones... No tenía miedo, de hecho podía defenderme, sólo me causaba repugnancia todo esto a mi alrededor. Quería seguir caminando, así que me dirigí al parque.
Los árboles parecían muertos, ya se les habían caído todas las hojas y podía sentir el invierno hasta los huesos, sin embargo ese frío no me afectaba.
-Hey, muchacho - un hombre mayor me llamó desde una banca del parque.
Se veía como los demás vagabundos, con ropas gastadas, barba descuidada. Llevaba un sombrero viejo y lentes oscuros.
-¿Me habla a mí? - le pregunté aún indiferente. -¿Qué hora es? -No lo sé. Nunca traigo reloj. -En parte es bueno no tener noción de la hora ¿Cómo te llamas, hijo? -Nagi. Naoe, Nagi. -Mi hijo se parecía mucho a ti. Tenían casi la misma voz, y contestaba con la misma cara seria que traes ahora. -¿Sólo quería decirme eso? -Cuando te vi caminando, supuse que querías hablar. Es bueno desahogarse un poco. Espero no estar robándote tu tiempo. -No se preocupe. No tengo apuro y nadie me espera en mi casa. -¿Problemas familiares? -Si al circo donde vivo se le llama "familia"
Me senté al lado del señor y nos pusimos a hablar sobre nuestras vidas. Por alguna razón me sentía bien hablándole a esa persona. Una vez escuché que lo mejor es decírselo todo a un desconocido. No sé porqué, pero le conté todo sobre mi vida, cómo me ignoraban en el orfanato, cómo me trataban Schuldrig y Crawford en mi casa... la vez en la que me enamoré de Tot. No era tonto para no decirle también que era un tipo de asesino telequinético.
-¿Y porqué no regresa con su familia? - le pregunté. -Las cosas no son fáciles, Nagi. Me separé de mi mujer hace muchos años porque ella no me veía como cuando nos conocimos. Lo único que me quedaba era mi hijo. -¿Qué sucedió con él? -También se hartó de la vida que llevaba y decidió que él estaba mejor sin mí, así que se escapó y desde entonces no lo he vuelto a ver. -No entiendo porqué disfruta esta vida que lleva ahora. -El no tener un lugar fijo a dónde ir te da libertades, hijo. Puedes establecerte en cualquier lugar y cuando te cansas te puedes ir... Lo único malo es que muchas veces no tienes las mejores compañías. -Sé a lo que se refiere - contesté pensando en todo lo que me había sucedido hasta ahora. -¿Qué es eso que traes ahí? - me preguntó al ver la harmónica de mi bolsillo. -Lo encontré hace días, pero no sé tocarlo. -¿Has escuchado alguna vez sobre el Blues? -No soy muy aficionado a la música. -A través de la música puedes expulsar todo lo que sientes... y esta es la manera más saludable. Anda, yo te enseño a tocarla.
Para hacerme una demostración, el señor se puso a tocar. Me quedé asombrado al escuchar esa melodía. Triste y desolada, pero al mismo tiempo traía consigo una chispa de esperanza. Recordé que había escuchado eso antes... esa misma canción la estaba tocando el antiguo dueño de la harmónica.
-Muy bien... ahora inténtalo tú - me dijo el señor al terminar de tocar.
Recibí el instrumento algo nervioso y me puse a tocar, pero lo único que me salía eran ruidos que parecían maullidos de un gato moribundo.
-Jajaja... Primero debes ubicar las notas, muchacho. Mira. Primero práctica un poco.
No les seguiré contando las horas de vergonzosa práctica, pero por fin lo logré. Ya estaba tocando muy bien y no sonaba nada mal. Es más, incluso era mejor que hablar. Toqué una melodía que escuché en la televisión... Era un Soundtrack de una serie que pasaron este años... creo que se llamaba Cowboy Bebop. No me interesaba mucho, pero no había evitado escuchar que algunas canciones tenían el mismo estilo.
-Eso estuvo muy bien, muchacho. Creo que deberías regresar a tu casa, está empezando a hacer frío - me dijo. -Pero qué hay de usted. -Estaré bien. Con todo el tiempo que llevo en la calle, me hablas como si no supiera dónde dormiré.
Decidí hacerle caso y regresar a casa, pero a medio camino me di cuenta de que no le había preguntado su nombre. En fin... Ya habría otra oportunidad de encontrarlo en la calle.
* * *
Cuando llegué a casa, nada había cambiado. El único que estaba ahí era Schuldrig, con la misma jaqueca que cuando lo dejé.
-¿Qué tal estuvo tu paseo, Nagi? - me preguntó con voz calmada.
Me quedé anonadado ¡¿Schildrig me llamó por mi nombre en lugar de ponerme esos apodos ridículos?
-No te extrañes. Estoy tan adolorido que ni ganas me dan de burlarme de ti - me contestó después de deducir lo que vio en mi rostro.
Pensé que debía tener algo de consideración, así que fui a la cocina y le pasé una bolsa con hielo y una sopa instantánea.
-Para que te cures de la resaca - le dije manteniendo mi rostro serio. -¿Ahora qué bicho te picó? -Si tú no me molestas, entonces yo tampoco - no pude evitar sonreír un poco al decir esto - Esto está declarado tregua... Además ni siquiera tus poderes funcionan por tu resaca. -Considérate afortunado.
Mientras Schuldrig tomaba su sopa, me senté en el sillón y saqué la harmónica de mi bolsillo.
-No otra vez ¿Acaso quieres que mi cabeza explote? - me preguntó con sarcasmo. -No seas tonto. Ésta vez he mejorado.
Me puse a tocar... Nada mal. Simplemente dejaba salir todo lo que había en mi mente. Cerré los ojos para continuar tocando, pensando en todo y en todos. Cuando terminé la pieza, volví a abrir los ojos y vi al alemán con cara sorprendida.
-¿Qué sucede ahora? - le pregunté.
Sólo se limitó a señalar detrás de mí. También me asombré cuando vi todos los objetos de la sala levitando detrás de mío... ¡Y ni siquiera estaba controlando mis poderes!
-Eso es liberar la mente... - dijo Schuldrig, saliendo del asombro. -Eso sí que fue raro... - fue lo único que pude soltar. -Fuera de eso, admito que tocas muy bien esa cosa. -Gra-gracias...
No estaba acostumbrado a que me hicieran un cumplido, menos viniendo de él... Las cosas han estado muy raras desde que encontré esta cosa.
* * *
Después de pensarlo mucho... Ya era mucha coincidencia el que escuchara la misma canción antes de encontrar la harmónica... Podía ser una coincidencia, pero no sé porqué me había despertado curiosidad todo el asunto.
No sé cuanto tiempo me tomó investigarlo, pero me di cuenta de que el sujeto al que le pertenecía la harmónica era el hijo del señor... Saberlo no me hizo ni bien ni mal. Algo en mi interior me dijo que debía hacer lo correcto, así que cogí mi chaqueta y me disponía a salir.
-¿A dónde vas esta vez? - preguntó Schuldrig justo cuando iba a salir de la casa. -Ya estás mejor de tu jaqueca. Ya podrías leer mi cabeza para saberlo. -Preferiría escucharlo de ti. -Tengo que hacer algo que manda mi conciencia ¿Vas a delatarme con Crawford? -No necesariamente. -¿Qué quieres entonces? -Que me permitas ir a pasear contigo.
Me dio igual. Era más curioso el que Schuldrig estuviera interesado en lo que estoy haciendo.
* * *
Después de buscar en todo el parque, no encontramos al hombre por ningún lado. Schuldrig se sentó en la banca donde me encontré con él.
-Es inútil... No le veo el caso a seguir buscando al sujeto - se quejó el alemán. -Tengo que buscarlo para resolver unas dudas y saldar deudas. -Tú no tienes la culpa, Nagi. Farfie lo mató, no tú. -Ese es el problema... Me comparó con su hijo y no sé cómo decirle que él está muerto. Es la primera persona además de Tot que me ha hecho sentirme mejor conmigo mismo y me enseñó a desfogarme de una manera mejor. -Dime... ¿Acaso te hacía sentir tan mal? -No sólo tú. Yo ya sé que esa es tu manera de ser... Era yo. Mi vida estaba llena de problemas y me sentía miserable.
Entonces puso una mano sobre mi cabeza, cosa que me extrañó, pero más aún me extrañó que su expresión no fuera la misma burlona y arrogante que ponía... Esta vez parecía interesarse en algo muy serio.
-No hay persona en el planeta que nunca se haya sentido miserable. Así que no eres la peor persona del planeta - su tono era muy firme. Casi ni reconocí al Schuldrig que me estaba hablando. -Schuldrig... - fue lo único que pude balbucear al verlo actuar así. Tenía mucho que decir al respecto, pero todo se atoraba antes de soltarlo.
Entonces volvió a ser el mismo Schuldrig que conocí.
-Deja de ponerte sentimental, bishounen. Busquemos al viejo para terminar con todo esto.
Quizá esté aparentando, quizás no... Quién sabe. Después de esto, empecé a verlo como alguien más de mi extraña "familia". Decidí que era inútil seguir buscando, así que dejé la harmónica en la banca donde conocí al señor y nos fuimos.
* * *
Pasaron semanas después de eso. Schuldrig volvió a la misma actitud de siempre y todo regresó a su curso normal. Revisé el calendario de una tienda... ¿Cuándo había llegado navidad? En fin, nunca celebré esa fecha... como si alguien lo hiciera. Pensé en cómo se había portado Schuldrig esa vez conmigo... Quizá fuera fastidioso, pero no puedo negar que es la única persona que me habla, ya sea para fastidiarme. Aún así creo que mejor le compro algo.
Entré a la tienda. No había mucho qué comprar, ya que la gente había barrido con todo. Claro, hoy a la medianoche es la cuestión. Por suerte lo único que pude encontrar fueron unas gafas oscuras (nadie las compra en medio del invierno) y recordé que Kudou se las rompió en la última misión. Créanme loco, pero en verdad le compré un regalo al alemán.
* * *
Regresé a las 11 al departamento. Al único al que encontré fue a Schuldrig, ya que Crawford tenía una junta... no sé de qué era, ni me tomé la molestia de escucharlo. Farfarello estaba en otra clínica. El que el loco sea inmune al dolor, no significa que sea inmune a la muerte.
-¿Tú por qué no has ido a divertirte? - le pregunté. -No tengo nada qué hacer. Debería preguntarte lo mismo. -Aún soy menor de edad, por desgracia... Además no tengo a dónde ir. -Pues Feliz Navidad - me sorprendí cuando sacó de un bolsillo una caja envuelta en papel dorado. -¿Esto es para mí? -¿Para quién más? No digas nada. Ya me deberás el favor. -De hecho... - entonces saqué mi regalo y se lo di. No evité divertirme con la cara que puso el alemán. Apuesto a que nunca se esperó un regalo de mi parte. -Vamos a hacer como si no hubiera ocurrido. -Estoy de acuerdo.
Primero lo vi abrir su regalo. Me agradeció... aunque no lo crean.
-¿No vas a abrir el tuyo? - me preguntó después de probarse las gafas que le compré.
Algo apenado, abrí el paquete... era una harmónica idéntica a la que encontré en otoño... Un momento ¡Era la misma harmónica!
-¡¿Esto es una broma? ¡¿Cómo fuiste capaz de cogerla y guardarla durante meses? - le reclamé. -¿Me creerías que me la encontré hoy en la puerta? -¿Estás diciendo que...? -Le agradaste al sujeto. Deberías sentirte halagado.
La vi por un momento y recordé lo que me dijo el hombre: "A través de la música puedes expulsar todo lo que sientes... y esta es la manera más saludable" No sé porqué, pero me puse a tocar una melodía suave, algo triste... era la misma que me enseñara a tocar el señor.
-Feliz Navidad, Schuldrig - le dije al terminar la canción. -Feliz Navidad, bishounen - respondió burlonamente.
Dicho esto, él se retiró a su alcoba y yo a la mía.
Hay muchas cosas curiosas que ocurren... quizá por casualidad... o porque deberían ocurrir... No lo sé. Los encuentros con determinadas personas no siempre son malos, y a lo largo de este tiempo he aprendido que no toda la gente es mala... Incluso el alemán tiene su buena cara. Quizá la música sirve para alivianar lo malo... ayuda a sobrellevar un poco las cargas. Ya tengo sueño. Mejor sigo pensando mañana.
Owari
PS: ¡Saludos, Daji! Te debía un fic de Nagi desde hace mucho.