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Rated: T - Spanish - General/Adventure - Harry P. & Voldemort - Reviews: 796 - Updated: 08-22-09 - Published: 07-12-03 - id:1426333

Capítulo 73. Luna nueva.(I)

Todo había sucedido en un parpadeo. Ni bien habían entrado a la sala común, Shaka había inmovilizado a Silver. Ni siquiera había tenido tiempo de poder sacar sus armas. Brian se había puesto delante de Harry y este por inercia había sacado su varita para aturdir a Shaka cuando otra voz en el cuarto se oyó.

Inténtalo y tu protegido está muerto. – Harry se dio la vuelta solo para encontrarse con dos ojos que le miraban llenos de odio y asco. Pero había algo más en ellos. Algo que no podía discernir. – Suelta la varita chico. – Harry miró su varita antes de tirarla al suelo no así Brian que no se había apartado de él.

Si quieres llevártelo vas a tener que pasar por encima de mí. – Brian jamás, en toda su vida, pensó que tendría que decir una frase que a él le parecía más de película que otra cosa. Lo que no se esperaba fue la fría risa de Stealth.

¿Llevármelo? – Escupió. – Nadie puede llevarse a ese mocoso sin el permiso de Voldemort. – Brian, después de un estremecimiento al escuchar el nombre prohibido, se relajó un poco. No podrían llevárselo sin activar todas las medidas de alarma. Hasta la siguiente frase de aquel que les cerraba el paso. – Pero eso no quiere decir que el chico no pueda venir por su propia voluntad.

No voy a ir ningún sitio. – Declaró el moreno.

¿Estas seguro? - Stealth solo señaló detrás de Harry donde Shaka, cuchillo en mano, hacia que unas gotas de sangre se deslizasen del cuello de Silver.

Shaka suéltale. – Ordenó Harry. Este solo miró con sus ojos vacíos a Harry y aumento la presión del cuchillo. – Imperius. – Masculló.

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Se había dejado atar y amordazar sin ninguna queja. Era lo suficientemente inteligente como para no enfrentarse con tres hombres armados sabiendo que dentro de la prisión había otros cincuenta.

La habían metido en un jeep y no había dejado de dar bandazos de un lado a otro mientras recorrían la arena que rodeaba todo aquello que estaba a la vista. No se detuvieron hasta pasadas tres horas. Había sido metida en lo que parecía un castillo en medio de la nada. Si se miraba desde lo lejos se confundía con la arena del desierto por lo que parecía que ni siquiera estaba allí.

Bañadla y vestidla. – Fue la orden de su comprador a veinte mujeres que estaban allí que retrocedieron asustadas nada más verle. En los ojos de todas ellas no había más que miedo.

Si, amo. – Fue el murmullo de una mujer que llevaba un parche en el ojo derecho y cojeaba ligeramente. Una mirada de asco fue lo único que recibió antes de que el hombre saliera.

Cinco mujeres se acercaron a ellas. Por lo que Kaish vio a alguna le faltaba algún dedo de la mano y/o marcas de latigazos cubrían sus cuerpos. A algunas le faltaba un ojo o los dos y varias de ellas cojeaban de forma notoria.

Vio como varios hombres entraban a por algunas de ellas y a partir de ahí solo se oían gritos desde lo que a Kaish le parecían las habitaciones adyacentes.

Había sido lavada concienzudamente por aquellas mujeres para ser seguidamente cubierta con unas gasas que dejaban ver y ser accesible cualquier parte de su cuerpo que el dueño de todas ellas quisiera profanar.

- Se dócil y no le contradigas. – La mujer con el parche en el ojo le susurró mientras le peinaba el cabello. – Por cada vez que lo hagas te dará diez latigazos. Si le desobedeces te cortará un dedo. Si te quedas embarazada matara al bebe si es niña y luego te romperá las piernas. Si es niño se lo llevará y no volverás a verle. Si intentas escapar te sacara un ojo y dejara que todos sus hombres usen tu cuerpo las veces que quieran. Créeme, no desearas estar en manos de esos hombres. Para ellos no somos más que animales a los que pueden torturar y vejar. - Cuando la mujer terminó de peinarla fue conducida por dos hombres a una habitación decorada majestuosamente. Solo le dio tiempo a coger el pañuelo que llevaba. Por el camino había podido ver a hombres que llevaban barras de hierro candente, fustas y/o algún/os “amigo/s” a donde habían dejado a alguna mujer que atada con cadenas no dejaba de suplicar o de gritar por lo que les estaban haciendo.

Kaish miró con odio al hombre que avivaba el fuego de la habitación. Antes solo iba a matarle. Ahora…

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Era la misión más importante de todas. Aquella que no podía permitir que nadie fallase. Una que solo el podía cumplir y sabedor que nada le sorprendería ya que había sido él mismo quien había puesto los objetos en sus respectivos lugares.

Solo un elfo remaba cuidadosamente por encima de todas aquellas almas que habían sido malditas con mil eternidades de sufrimiento.

El lord miraba a los Inferis con una media sonrisa mientras sostenía en sus manos aquellos pequeños pedazos de su alma. Sus Horcrux. Había decidido volver a componer todos los pedazos en una sola. Cuanto más fuerte fuese su alma mejor. No quería correr más riesgos de los necesarios durante el próximo ritual. Y ese era el pedazo que más tiempo requería para conseguirlo y detener el proceso requería volver a empezar desde un principio.

A nadie se le hubiese ocurrido buscar en aquella cueva de su niñez uno de los trozos de su alma. Incluso dudaba que nadie supiese que la había dividido para darse más tiempo de vida. Siete vidas sería lo que hubiese conseguido con aquellos pedazos. Seis ahora que su hijo había destruido uno de ellos. Seis que ahora le parecían un segundo.

Sonrió mientras los miraba. Acababan de llegar a su destino.

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Los oscuros pasadizos de Hogwarts nunca le habían parecido tan fríos. Había intentado quitarle el cuchillo a Shaka cuando su “secuestrador” había golpeado con una lámpara a Brian. El gélido metal clavándose en el hombro del menor había conseguido disuadir a Harry de cualquier otro intento de arrebatarle el arma a Shaka. Stealth solo se había reído.

Eso ha sido solo un aviso. Inténtalo otra vez y lo próximo será su cuello.

Vagaban de un lado a otro, Stealth iba a su lado, sin perderle de vista ya que Harry no dejaba de sujetarse la muñequera mientras no dejaba de sisear. El hombre podría decir que estaba rezando o, más bien, suplicando al material por lo que estaba seguro que no le había prestado ni el más mínimo interés al camino que estaban recorriendo. Sonrió para sus adentros. Se encontraría con una bonita sorpresa cuando dejase de “hablar” con el cuero.

A su parecer esa muñequera era una obra de arte. Solo al Lord se le podía ocurrir un método tan simple y tan efectivo de control. Era un gran estratega. Aunque ya lo había demostrado con el último trato realizado con Dumbledore.

El trato.

Ese era uno de los motivos por el que ni siquiera le había respirado encima. Mientras nadie le atacase el Lord no podría entrar a Hogwarts ni podría sacarle de ahí. Lo que era una gran ventaja dentro de su plan.

Shaka y Silver iban detrás de ellos, el cuchillo aún en el cuello del lobezno. Silver hablaba sin parar, en susurros, intentando que su líder volviese a la realidad mientras que con la mano intentaba parar la sangre que impregnaba ya no su túnica sino el suelo.

Stealth se detuvo de repente. Era como si supiera exactamente en que punto del castillo se encontraban.

Ábrela – Le dijo a Harry una voz que se le hizo conocida.

Pero… No es posible. – Balbuceó el moreno pálido de la impresión.

Ábrela, Potter -En ese momento supo en que lugar del castillo se encontraban.

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Severus miró a Sirius que le asintió. Este era el momento que habían estado esperando. Su oportunidad de escapar.

No hacia falta que ninguno de los dos dijese nada. Conocían a la perfección lo que el otro pensaba.

Habían tenido que hacer lo que ninguno de los dos pensó jamás que harían al otro. Abrir su mente para que el otro les conociera mejor que él mismo.

Las primeras horas habían sido un suplicio para ambos. Llenas de odio, gruñidos y sorpresas. Habían estado a punto de rendirse tanto una parte como la otra si no fuese porque algo los había unido de una forma que ninguno de los dos hubiesen podido soñar.

Harry.

Habían tenido que renunciar al odio que sentían el uno por el otro por el chico que ambos apreciaban y querían y por el que harían cualquier cosa.

Sintieron una explosión en la parte baja del castillo. Seguidamente otra más fuerte que hizo temblar todos los cimientos.

Pero ambos hombres solo tenían una cosa en mente. Si habían logrado entrar las barreras tenían que estar inactivas.

Era ahora o nunca.

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Franga soltó un gruñido al entrar a la Sala Común y encontrarse a Brian tirado en el suelo. La chica se transformó en su forma lupina para poder conseguir el mayor número de pistas. Un gruñido aterrador salió de su garganta al notar el olor a sangre. Remus fue el siguiente en entrar soltando una maldición. Si Harry no estaba al lado de ese hombre era porque le habían secuestrado. ¿Pero dónde? Si le hubiesen sacado del colegio el trato se hubiese roto y todo el mundo mágico estaría enterado. No era tan fácil romper un contrato del calibre que habían realizado “El- Que –No- Debe – Ser - Nombrado” y Dumbledore. Los siguientes fueron Hermione y Draco que no tardaron en ir a reanimar al psicomago.

Andy no había perdido el tiempo. En cuanto había oído el gruñido de Franga tardó un milisegundo en ponerse a buscar por el mapa. El cual, a su parecer, era una maravilla. No había dejado de mirarlo, observarlo y analizarlo desde que le había parecido ver un punto con el nombre real de Silver (motivo por el que no dejaba que Lupin se acercase a él) y porque le había parecido tenerlos y en un segundo habían desaparecido.

¿Dónde están? – Franga se había dirigido con un gruñido al psicomago que aún no había terminado de despertarse completamente.

¿Quiénes? – Brian se frotaba la nuca. El golpe contra el suelo no había sido muy agradable.

Shaka, Silver y Harry. – El último nombre fue lo que terminó de despertar a Brian.

¡HARRY! Tenemos que encontrarle. – Había entrado en modo histérico ante la mirada de dos pálidos estudiantes de Hogwarts. – Si no lo encuentro va a matar a mi hijo. Tenéis que ayudarme. Hay que encontrarlos.

¿Sabes de que habla? – La pregunta de Draco solo se encontró con la negación de Hermione.

¿Se puede saber que está pasando aquí? – Dumbledore al ver al grupo de lupinos y dos estudiantes dirigirse corriendo hacia el castillo había decidido seguirlos para saber que estaba sucediendo en SU colegio y comprobar si se podía deshacer de ellos en ese momento. Lo único que consiguió fue silencio de parte de casi todos ellos. Lo único que se escuchó fue un susurro de Malfoy a Hermione con un “No le mires a los ojos”

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Harry nunca hubiese pensado que volvería a aquel lugar en su vida. Ante él las majestuosas puertas adornadas con serpientes.

Ábrela. – La varita dirigida hacia Shaka y el cuchillo que portaba Shaka le dieron a entender que no tenía ninguna opción. No se había dado cuenta pero estaba temblando. Al menos el basilisco había dejado de intentar escapar.

El rechinar de las puertas abriéndose le devolvió una imagen que no quería volver a ver en su vida. Un cuerpo en estado de descomposición hacia que el lugar tuviese un olor putrefacto y las manchas de sangre en el suelo hacían que quisiera vomitar. Por la gran estatua que presidía la estancia se podían ver salir arañas, ratones y a lo que a Harry le pareció un gran ciempiés. Sintió un escalofrío a la vez que un sudor frío surcaba su frente.

Siéntate. –La ayudante de Stealth miró a Harry con una sonrisa vacía conjurando unas cuerdas y pasando unas a Shaka para que atara a Silver.- Átate.- Cuando Harry lo hubo hecho, su ahora ex profesora, le dijo a Shaka que comprobara las ataduras mientras esta apuntaba con su varita a Silver.

Todavía quedan unas horas – Harry no sabía a que se refería Stealth. – Solo cuando el hombre empezó a dibujar en el suelo supo de que se trataba. –El jefe de los shatihstas sonrió mientras limpiaba la daga que antes había poseído Shaka.

Cuando el mayor de los licántropos se quitó de delante de él pudo observar al menor. Parecía que Silver no iba a aguantar mucho más sin perder la consciencia. Había perdido mucha sangre en el recorrido. Se rompió una de las mangas con los dientes. Tenía que intentar parar la sangre. Se movió lentamente hacia él. Shaka dio un ligero gruñido que hizo que los otros dos le mirasen. Sabía que no iban a atacarle. Le necesitaban vivo para lo que iban a hacer. Al igual que sabían que si Silver moría él haría lo imposible por escapar.

Vamos, Silver. – Hizo un ovillo con el cacho de tela que tenía y lo puso sobre la herida mientras que utilizaba la otra manga para mantenerla en su lugar. Cuanta menos sangre perdiese mejor. Ahora solo le quedaba rezar para que alguien lograse saber que estaban ahí.

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Habían pasado horas hasta que Dumbledore les había liberado del despacho. Cuando ninguno de los que estaban en la sala común de los lobos le había dicho nada el director había utilizado su autoridad para llevársela a ella y Malfoy y les había estado interrogando hasta ese momento. Por amor de Merlín, eran casi las once y media de la noche. Ni siquiera el ruido de sus tripas había ablandado al director. Malfoy estaba como ella. Por más que lo intentase no podía evitar que le molestara el trasero después de estar más de doce horas sentada. Los dos se dirigían hacia las cocinas para comer algo. Se habían cruzado con alguno de los lobos que les negaban con la cabeza cada vez que les veían. Todavía no les habían encontrado.

Hermione cosquilleó la pera y entraron. No tardaron en acercárseles dos elfos con una jarra de café y unos bocadillos. Los dos alumnos miraron a los elfos extrañados.

No tardaron en descubrir por que los elfos sabían exactamente lo que querían. Franga y Andy se sentaban en la mesa y parecía que Misakats y Kary Anabell volvían a buscar a los desaparecidos. Parecía que ambos estaban muy ocupados. Andy no levantaba la vista de un pergamino mientras Franga daba de comer a una serpiente. Ninguno de ellos iba a preguntar como había llegado la pitón ahí.

¡Hey, chicos! – Les llamó Franga cuando se percató de su presencia. - ¿Qué tal con el viejo? – Ambos estudiantes de Hogwarts resoplaron contestando a la pregunta de la chica. Andy no dejaba de observar el mapa del merodeador esperando ver cualquier punto que identificara donde podían estar.

¿Y McAllister? – Preguntó Hermione. La última vez que le había visto le estaba dando un ataque de nervios.

Jean lo llevo a la enfermería. – Franga les paso un par de bocadillos y algo de café. – Tal como estaba solo puede molestar y se ocupara de que no haga ninguna tontería.

¿Tenéis algo nuevo? – Preguntó Draco. Aunque ya se conocía la respuesta esperaba que al menos tuvieran alguna señal de donde podrían estar. Franga solo negó con la cabeza.

¡Esto es inútil! – Gruñó el licántropo. A la vez que estallaba su vaso contra una de las paredes. Hubiese partido el mapa en mil pedazos de no ser porque lo necesitaban. - ¿Cómo han podido desaparecer? – Aún tenía una ligera mancha marrón en la punta de la nariz que le hacia muy presente que Silver estaba herido.

Se está volviendo loco con esto. – Les aclaró Franga. –Hemos registrado hasta la saciedad el lugar en el que desaparecieron. – Acarició la cabeza de la serpiente. – También hemos registrado la zona y no hemos encontrado ningún rastro de portkeys. Es como si hubieran desaparecido en el aire.

No se puede desaparecer en Hogwarts. – Hermione y Draco parecían que se habían puesto de acuerdo para soltar la frase.

Por eso se está volviendo loco. – Señaló a Andy que había vuelto al mapa.- Su rastro se pierde en el segundo piso. – Hermione se puso pálida.

¿Dónde? – Malfoy miró a Hermione. Parecía que la chica sabía donde podían estar.

Ya te lo he dicho. El segundo piso. En el cuarto de baño de las… - Pero la licántropo no pudo terminar.

…chicas. – Terminó la castaña por ella.

¿Hermione?- Draco la tuvo que sostener. Parecía que las piernas le habían dejado de funcionar.

La cámara. – Su voz no fue más que un susurro. Dos licántropos y un mago la miraron sin entender. – La cámara de los secretos.

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Ese hombre, su “amo” la miraba con lujuria mientras le servía una copa de vino. Vio como le echaba algo más a la copa mientras se la llevaba. Debía de ser una droga muggle para tenerla sometida a su voluntad. Kaish miro hacia la cama donde ese hombre tenía artículos para causar dolor a la persona que estuviese con él. Era un sadomasoquista.

El “amo” le pasó la mano por la mejilla mientras le daba la copa. Kaish hizo como que bebía mientras le pasaba la mano por la espalda. Fue cuando llegó donde la espalda pierde su nombre que Kaish se dio la vuelta y le retorció la mano.

¿Quieres saber lo que es el dolor? – Le preguntó con crueldad tejida en cada una de sus palabras. – Ahora lo vas a comprobar. – Lo único que se oyó fue un “crack” de un brazo partido en dos y seguidamente un grito de dolor.

El movimiento en las habitaciones adyacentes no tardó en aparecer. Los hombres que antes disfrutaban en ellas no tardaron en entrar para encontrarse solamente con el vacío.

Kaish había activado el portkey de su anillo apareciendo junto al Lord que no estaba en ese momento de muy buen humor.

¿Kaish? – Preguntó sorprendido el Lord. No es que no le gustase como iba vestida su esposa. Aunque esa vestimenta la hubiese preferido dentro de sus habitaciones y no en la mansión de los Malfoy y menos con un sarnoso muggle.

Necesito una varita. – La mirada de odio que tenía la mujer le dio a entender al Lord que hubiese pasado lo que hubiese pasado quería venganza y que ese hombre era el responsable de todo.

No tardaron en estar en la fortaleza. Kaish se había dado dos baños para quitarse el olor que había conseguido en aquel lugar. No podía dejar de sentirse sucia. Lo iba a pagar. Si ese hombre quería dolor era lo que iba a conseguir.

Entró junto a Soraya en la celda donde dos Mortífagos disfrutaban sacándole la piel de la espalda con sus fustas. Kaish ni pestañeó cuando el hombre la suplicó piedad. Había tenido una maravillosa idea mientras se quitaba la mugre. La pequeña vampiresa sonrió dejando ver sus pequeños colmillos cuando olió la sangre fresca. La mujer del Lord le había ofrecido un juguete solo para que se alimentase. Podía hacer con él lo que quisiera cuando la mujer acabase lo que tenía pensado con él.

Soraya. – Kaish puso una sonrisa picara- No le dejes morir. – La vampiresa lamió una de las heridas del prisionero. Así era como mantenían viva su comida. Su saliva les daba una especie de inmortalidad. Mientras un ser sirviese de comida de un vampiro al menos una vez al mes sus órganos seguirían funcionando. Kaish sonrió aun más ampliamente. - ¿Te gusta jugar con las mujeres, verdad? – El hombre temblaba. – Vamos a ver si te gusta jugar conmigo. – Ni siquiera utilizó un hechizo. Tomó uno de los bastones que tenían los Mortífagos para torturar a los prisioneros y le partió una de las piernas. El hombre no pudo evitar un grito de dolor mientras las lágrimas caían por su rostro. Como respuesta Kaish le rompió la otra pierna.- ¿Te gusta hacer sufrir a las mujeres? – Tomó una navaja y le corto el dedo índice de la mano izquierda. - ¿Te gusta violarlas, verdad? – Preguntó mientras conjuraba una vara de hierro candente. Una que no se enfriaría en años. – ¿Quemarlas y abrasarlas por dentro, verdad? – Preguntó mientras le ponía la vara en sus partes delanteras hasta que estas no fueron más que un trozo de carbonilla. – Los gritos estremecieron a todos los que se encontraban en las mazmorras. Kaish hizo un gesto de desprecio al ver que el hombre se había desmayado. – Despertadle. – Escupió. Los Mortífagos no tardaron en cumplir sus órdenes echando sal sobre las heridas. - ¿Te gusta quemarlas? – Susurró en su oído. – ¿Dejar que otros las violen, verdad? – Le presentó la vara. – Ahora sabrás lo que esas mujeres han sufrido. – Hizo una seña a los Mortífagos para que le pusiesen de rodillas y le atasen al suelo con cadenas.- Pues te presento a tu nuevo mejor amigo.- Con un golpe secó le introdujo la vara por la parte de atrás y la hechizó para que entrase y saliese cada pocos segundos. – Y lo mejor de todo es que solo se detendrá cuando uno o varios de mis hombres quieran aprovechar tu cuerpo. – Soraya sonrió al ver a la mujer marcharse dando orden a los Mortífagos de que los que quisieran podían utilizar su cuerpo de cualquier forma que quisieran.

Cada vez me gusta más esta mujer. – La vampiresa no pudo evitar una gran cara de felicidad mientras lamía una de las heridas del condenado haciendo que su cuerpo se curase. – Le sanaré cada día para que vuelva a sentir de nuevo todo el sufrimiento. – Puso cara de enojo cuando la vara volvió a quemar al prisionero de nuevo por dentro y este grito de dolor. – Pero esos gritos son muy molestos. - Volvió a sonreír mientras miraba una daga. – Cortémosle la lengua.

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El lord miró en medallón en sus manos. RAB. Esa era la inscripción que tenía aquella falsificación. Si no hubiese sido por la repentina aparición de Kaish hubiese volado toda aquella zona. Quería conseguir el medallón. Era el último de los Horcrux que le quedaban por recuperar. La perdida de él no le ocasionaba un gran problema pero ya era cuestión de orgullo. Un mísero Black se había atrevido a burlarse de él. Y nadie se burlaba de Lord Voldemort.

La llegada de un vampiro le dio a entender que sus “invitados” estaban siendo atacados. Sabía que Svenko y su clan podían hacerse cargo de los intrusos. De los que no se fiaba era de los otros dos. Cuando apareció en la habitación en la que debían estar no se sorprendió de no encontrarlos allí. Solo esperaba que no hubiesen sido tan idiotas de meterse en medio de la batalla. Aunque conociendo a Black…No pudo seguir pensando en ello. El sharlak que llevaba siempre con él se había hecho presente y lo peor de todo es que seis habían aparecido de él siendo atrapados por los Inferis mientras intentaban llegar a su protegido.

Hogwarts. – Escupió.

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Los licántropos, Hermione y Draco bajaban por el túnel que llevaba a la cámara de los secretos. A una orden de Franga, Alikhar había abierto la entrada, ante la mirada sorprendida de los Gryffindor.

Debería estar sellada. –Le había murmurado Hermione al rubio. - McGonagall y Dumbledore sellaron esta entrada.

Al llegar al final, el hedor de los cadáveres en descomposición hizo que los licántropos tuvieran que taparse la nariz y que los que los acompañaban tuvieran que reprimir una arcada. Iba a ser imposible seguir ningún rastro allí.

¿Por dónde? – Los licántropos miraron a Hermione, la cual, les dio una mirada de incomprensión.

Nunca he bajado aquí. – Les respondió sinceramente. – Harry y Ron fueron los que estuvieron aquí. Solo sé donde está la entrada porque ellos me lo contaron.

Mierda. - Escupió la licántropo. – No tenemos tiempo de registrar todo esto.

Creo que podemos ayudaros. – Sonó la voz de Lupin que llevaba algo o más bien alguien cargado como un saco de patatas. – ¿Qué? -Ante la mirada sorprendida de Hermione y la ceja alzada de Draco solo les dio una sonrisa de satisfacción. - No quería venir a ayudar. – Franga no perdió el tiempo. Despertó a su nuevo “guía” y antes de que se despertará totalmente le cogió del pijama y alzándole medio metro del suelo le preguntó.

¿La cámara? ¿Dónde? – Si Ronald Weasley había sentido miedo alguna vez en su vida ninguna era comparable a esa. Ya no solo por la chica que le había levantado del suelo como si fuera un vulgar trapo sino porque, además, sus compañeros además de mostrar la misma fiereza que ella le apuntaban con toda clase de armas.

Profesor Lupin. – Ron dio un ligero suspiro de alivio al ver a su profesor allí. Él no permitiría que ninguno de los que estaban le hiciesen daño ni permitiría que uno de sus alumnos estuviese en peligro. Sonrió para si mismo. Eso tenía que ser. – Acabe con esta tonta broma. Le diré a Dumbledore lo que han hecho. Todos seréis expul… - La paciencia del siempre calmo profesor se había acabado.

¿Por donde? – Un gutural gruñido arrebatándole de las manos la presa a Franga e izándola medio metro más. Draco y Hermione dieron un paso hacia atrás mientras veían como a su profesor se le erizaba el vello del cogote.

A la derecha. – Murmuró mientras era bajado y dado a los hermanos Potter.

Intenta escapar y te arranco las piernas. – Escupió May. Después miró hacia abajo y le masculló a su hermano con una sonrisa. – Mejor se las arrancas tú. – Ante la mirada de picardía miró hacia donde un segundo antes había dirigido la mirada su gemela solo para encontrar que Weasley se había hecho pis en los pantalones.

Puag. Que asco. – Escupió mientras le empujaba hacia delante. - Tú guías.

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Mami, mira. – La pequeña entraba corriendo, vistiendo un pijama rosa con pequeñas hadas que revoloteaban en él, en la sala donde la mujer revisaba unos papeles. Era seguida de un elfo, que era su compinche, ya que le había hecho prometerle que la llamaría el día que su madre llegase. Fuera la hora que fuera.

¿No deberías estar durmiendo? – Eran casi las tres de la mañana en la zona donde se encontraban. Aly hizo un pucherito.

Te he echado de menos. – Después puso una sonrisa. – Y quería enseñarte que ya puedo hacerlo.

¿El qué cariño? – Los papeles podían esperar.

El hechizo convocador. – La sonrisa de la niña se amplió mientras apuntaba hacia los papeles de la mujer.

Kaish miraba como su pequeña pronunciaba a la perfección el hechizo que le había enseñado días antes. Sonrío con orgullo. Su hija. El mejor regalo de bodas que nadie podía darle desde aquella fatídica noche donde supo a ciencia cierta que no podría darle herederos a su marido. Cuando los papeles estaban a mitad de camino, Aly, dejó que cayeran al suelo. Kaish miró a su pequeña esperando ver la decepción en su cara pero se equivocaba. Lo que vio en sus ojos era odio. Odio puro en unas pupilas que miraban, no a los papeles que había intentado convocar, sino a la serpiente que en ese momento hacia una seña que las dos habían aprendido a reconocer. Tardó solo un segundo en aparecerse en el quinto nivel de la fortaleza, con Aly en brazos, a la vez que una alarma sonaba en toda la fortaleza.

Bella. Reúne a todos los mortifagos. Vamos a Hogwarts.

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Faltaban pocos minutos para las doce de la noche. Stealth dirigió una mirada sardónica a un tranquilo Harry, que no dejaba de ver correr a las arañas, mientras McGonagall apuntaba su varita hacia Silver que hacia rato había caído en la inconsciencia. La mujer había empezado a curar la herida del menor, por orden de Stealth, ya que este sabía que si el lobezno moría su principal prisionero intentaría escapar dando la alerta de su “secuestro” antes de lo que quería. Dirigió la mirada hacia Shaka que apuntaba su varita hacia McGonagall.

¿No te parece divertido? – Le preguntó mientras terminaba de preparar la daga que utilizaría durante el ritual.

No vas a poder salirte con la tuya. – Le aseveró Harry. – No podrás pasar las defensas. – Stealth como respuesta solo dirigió su varita hacia él haciendo que los Sharlaks apareciesen rodeando a Harry.

Me costo entenderlo al principio, chico, pero si se habían extinguido era porque habían encontrado la forma de deshacerse de ellos. – Le explicó como si fuese una lección de Criaturas mágicas. – o más bien desaparecían una vez que ya no podían cumplir con su misión. El error de los que intentaban sobrepasarlos era – añadió ante los atentos ojos verdes –que los ladrones que querían lo que protegían los mataban creando cada vez más. Entonces se me ocurrió – le dio una sonrisa- porque no capturarlos o – dirigió la mirada hacia una inmóvil profesora - transformarlos en algo que no pudiera molestar. Con un movimiento McGonagall empezó a transformar a cada uno de los hurones en pompas de jabón. Stealth sonrió cuando todos quedaron convertidas en simples burbujas que rodeaban al menor. Con un simple movimiento de varita de la profesora todas ellas estallaron a la vez.

Mierda. – Masculló el moreno. Stealth, con la desaparición de la última, fue hasta Harry, cogió las cuerdas que le ataban y tiró de él hacia el centro del pentagrama donde estaba el altar.

Muévete y todos los que están aquí se matarán entre ellos. – Stealth empezó a soltar las cuerdas para atarlas de nuevo a los extremos del altar. Después le sacó un poco de sangre mientras que sacaba un vial que ya contenía la sustancia rojiza.

Tu padre me arrebato a mis hijos. – Le escupió.- Justo es que le devuelva el favor. Y qué mejor lugar que la sala de Slytherin.

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El director de Hogwarts estaba enfadado. El junto a todos sus profesores estaban delante de una tranquila Jean que sonreía mientras, que desde el lado de la cama donde había incapacitado al psicomago, miraba hacia la ventana que daba a los terrenos del castillo.

La legeremancia no había servido de nada con ella y, mirando a los tres profesores atontados en el suelo, no iba a ser fácil poder hacerle preguntas de una forma más “cortés”.

¿Dónde están tus amigos? – Gruñó. Jean solo sonrió de forma angelical. Después se transformó ante la atónita mirada de todos los presentes y salio directa hacia los terrenos.

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Los alumnos de Hogwarts seguían atentos el partido de quidditch. Nadie había podido localizar todavía la snitch. Se estaba convirtiendo en el partido más largo que había tenido Hogwarts en toda su historia. Los prefectos y premios anuales miraban hacia todos lados intentando encontrar al director o a cualquier profesor, para saber si el partido sería paralizado hasta el día siguiente o si continuaría, inconscientes de que a las puertas del castillo y ante la aterrorizada mirada de los aurores se habían aparecido todos los mortifagos existentes, varios clanes de vampiros y hombres lobo y demás criaturas que eran tachadas como oscuras.

Encontradles. – Fue la única orden dada por el lord para que todos se pusiesen a registrar la escuela y los terrenos mientras detenía a la líder de un grupo de licántropos por el brazo. - ¿Qué haces aquí? – Paula solo le sonrió mientras miraba el águila que dejaba el brazo del Lord para inspeccionar los terrenos.

El príncipe es de mi clan. – Fue su respuesta mientras daba la orden de que se transformasen en sus formas de lobo y ella y el lord empezaban a correr hacia el colegio.

Los aurores miraron al cielo buscando la luna a la vez que a los licántropos. Eso iba en contra de todo lo que les habían enseñado. Los hombres lobos solo se transformaban en luna llena.

Además mis chicos están ahí. – El Lord soltó un bufido. Eso era algo que Paula haría.

Ten cuidado. Y ante todo, no le mates. Todavía le necesito. – Ambos sabían que se refería a Dumbledore. Al lord no le importaba mucho la vida del director pero sabía que de morir ahora el susodicho el trato se rompería y los aurores no tardarían en entrar como posesos.

¿Cuándo le trasladaras? – La pregunta de la boca de Paula solo incremento la ira del Lord.

Ese idiota ha creado un escudo para que no se puedan utilizar portkeys dentro de Hogwarts. – El asco era patente en sus palabras. – No puedo trasladarle sin que se escinda.

Creo que no le gustó que paseases por el colegio como por tu casa. – No les hizo falta abrir las puertas. La forma lupina de Jean salió a recibirles.

Tiene a Shaka y a Silver. – No le hizo falta decir nada más para que el vello de la licántropo se erizase.



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