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Hasta el último aliento
4. Simplemente amor.
Sí, realmente lo merecía. Eso y más. La voz que le había dado el tan certero golpe le hizo advertir perfectamente donde se encontraba Anna, así que no hizo más que deambular por las calles de la gran ciudad hasta llegar frente a los lujosos apartamentos donde vivía su hermano; esperando en la acera, embriagado de dolor y rabia de pensar lo que su esposa y el mayor de los Asakura pudieran haber hecho. Y todo era por su culpa.
Un golpe en su cabeza provocado por un par de llaves lo hizo despertar de su transe, obligándolo a volver la cara hacia arriba, enfrentándose cara a cara con su hermano.
- ¿Cuánto hace que estas aquí? – le pregunto frívolo, perfectamente limpio y perfumado, dispuesto a dirigirse a su trabajo.
- Me encantaría saberlo… - respondió, sin sonreír o mostrar cualquier clase de sentimiento. Hao se limitó a arquear la ceja extrañado.
- Creo que está de sobra decir la fregadera que le haz hecho a Anna - el silencio de su hermano le otorgó de sobra la respuesta que quería escuchar – Esas son las llaves de mi departamento, ya sabrás tu que tanto quieres solucionarlo.
Y dicho esto, se retiro a paso lento, dejando a Yoh con las llaves en la mano y una gran incógnita que recorría su cabeza.
- Y por cierto – dijo el hombre de cabellos largos, respondiendo la incógnita de su hermano – Esto es por Anna. Espero que entiendas que eres el único que podría hacerla sentir como la mujer que es.
Fue entonces cuando el balde de hielo que el mayor Asakura había lanzado tan directamente a Yoh lo hizo levantarse de inmediato, observando únicamente la figura de su hermano subiéndose a su auto y abandonándolo con sólo dos cosas: las llaves en la mano y con la duda de su vida sobre lo que le diría a Anna al encontrarla arriba.
oo
El cuerpo desnudo de Anna se sentía reconfortado con el agua caliente que acariciaba con gentileza su suave piel, pero el punzante dolor de cabeza causado por la resaca era apenas aliviado con la pastilla y el jugo que Hao le había dejado antes de retirarse, al lado de una bata de baño y una pequeña nota: “Con esto y un baño te sentirás mejor”. No pudo más que obedecer a la recomendación del mayor Asakura.
No recordaba la ocasión en que había bebido de esa manera con anterioridad, en realidad nunca había existido esa ocasión, motivo principal por el que se presentó la de la noche anterior, la cual jamás volvería a repetirse, eso era un hecho. La influencia del alcohol en su cuerpo había funcionado como cualquier mortal, excepto por el mínimo detalle de recordar perfectamente lo ocurrido entre Hao y ella. Nada, en realidad, agradeció.
Los sentimientos de Hao hacía ella eran claros para todos, pero parecía que la noche anterior había sido la lección que ambos necesitaban. Para el hombre, comprender que por Anna no había más que deseo y pasión, además de un deseo de competición que siempre existe entre hermanos. Pero para Anna había significado algo más, realmente lo había significado todo. Era a Yoh al que quería. Era al joven de la sonrisa calida al que amaba, y por quien estaba dispuesta a dar todo, inclusive el sacrificio de su orgullo para solucionar el problema que acarreaban desde hace, relativamente, poco tiempo atrás.
El golpeteo en la puerta la hizo reaccionar de pronto, dándose cuenta que realmente llevaba ahí suficiente tiempo para que las yemas de sus dedos asemejaran ciruelas. Se levanto deprisa, tratando de alcanzar la bata del otro lado de la tina, con cuidado de no resbalar mientras le pedía a Hao que le permitiera algunos segundos; pero el ruido de la puerta abriéndose la sobresalto de sobremanera al darse cuenta de que había olvidado el único y vital detalle que hacia la diferencia en un departamento ajeno: poner el seguro de la puerta mientras alguien se baña.
La sorpresa aumentó cuando la figura de Yoh se posó en el marco de la puerta, provocando el sonrojar de ambos adultos y los ojos de ambos abiertos de par en par. El azote de la puerta del baño y el ruido del agua salpicando al momento de caer Anna a la tina de nuevo fue lo único que se escucho en ese momento.
No duraron mucho tiempo así, sintiendo como sus caras pasaban por todas las gamas del color rojo habidas y por haber, uno recargado en la puerta y la otra recostada en la tina, pensando y sólo eso. El silencio apenas era quebrantado por la música lejana de algún departamento vecino, pero de ahí no pasaba. Ahí estaban, dos adultos, casados, completamente apenados ante algo que para cualquiera podría ser normal.
- Es el colmo…- se limitó a decir Yoh, aún detrás de la puerta, con una de sus características sonrisas adornando el comentario - … somos marido y mujer, y nos limitamos a actuar así.
Fue entonces cuando abrió la puerta y entró, con la serenidad con la que todos los identificaban, perplejo ante el hermoso cuerpo de su esposa, que si bien el agua disolvía la hermosa curvatura de la rubia por debajo de ella, la sensación al observar el esplendor de su piel blanca era apenas comparable con cualquier otra. No pudo evitar sonreír satisfecho al saber que tenía ante el a la mujer más hermosa y peligrosa al mismo tiempo, sonrojada ante la actitud y la mirada de su marido.
- Define marido y mujer… -dijo, como respuesta al primer comentario, sonrojada y colocándose la bata totalmente empapada sobre su cuerpo. Aún recostada.
- No creo que exista una definición para eso – respondió, volteándose y dejando de mirar a su mujer, notando la obvia incomodidad que esta sentía – Prefiero simplemente vivirlo
- Aja, se nota – respondió con ironía
- Anna, escucha, lo de Tamao f…-
- No – interrumpió, provocando que su marido la volteara a ver sorprendido. Está vez sin que ella se sintiera incomoda – Esta vez hablo yo.
El intercambio de miradas que se produjo en ese momento dijo mucho más de lo que cualquiera pudiera haber mencionado. Los dos lo sentían, los dos lo creían. Ese no era el momento para hablar, ya lo habían hecho, ya sus miradas se habían encargado de ello. En ese momento no pensaban en más que en la persona que estaba frente a ellos, cara a cara, enfrentando sus problemas como la pareja que eran.
Anna se vio interrumpida al momento de hablar cuando su marido se acercó a ella, sentándose en la tina, jugueteando un poco con el agua antes de atreverse a zambullirse de cuerpo entero sobre su esposa, empapándose completamente de la esencia de la hermosa rubia.
- Yoh, qué…-
Yoh se limitó a un Shhh, mientras se recostaba y acurrucaba entre los pequeños y bien formados senos de su esposa, mientras cerraba los ojos para sentir su corazón palpitar. Al principio era rápido, agitado, pero conforme pasó el tiempo la tranquilidad de cada uno se contagió al otro. Sólo eran ella y él, con sus corazones latiendo a un mismo ritmo, tan tranquilos que sentían que en ese momento que el mundo era suyo.
Fue en ese preciso momento, cuando un beso profundo y lleno de cariño se plantó en los labios de Anna, correspondiéndole de igual forma, sintiendo como el alma de uno se unía al del otro sin más necesidad que el jugueteo entre sus labios. Ni más, ni menos. Ese era el momento perfecto. Eso era lo que necesitaban.
- Se va a llamar Hana – fue lo único que dijo Yoh cuando se apartó de los suaves labios de su esposa para regresar a acurrucarse en su pecho.
- ¿Qué? –
- Nuestro hijo, se va a llamar Hana –
Anna se limitó a esbozar una pequeña sonrisa en respuesta, comprendiendo perfectamente. Todo estaba solucionado. Realmente su matrimonio jamás terminaría en una separación, prevalecería incluso después del último aliento de ambos.
4 años para escribir esto, están en toda el derecho de asesinarme, revivirme y volverlo hacer por simple placer. Como sea, ya he terminado este fic (ALELUYA!).
Quise terminar este porque, a pesar de todo el tiempo que está por aquí perdido, siempre tuve la idea clara de cómo iba a terminar, pero no sabía como acabarlo, pulirlo, sin mencionar tanta pereza a veces de hacerlo, lol.
En fin, espero les guste. De verdad, lamento la espera como no tienen idea, pero ya saben lo que dicen: más vale tarde que nunca (aunque ahora si me la volé S).
Gracias a todos por sus reviews (aunque tengan todos los años del mundo por acá). Espero hayan disfrutado de esto.
Juri