| B s . A A A | full 3/4 1/2 | E E | Light Dark |
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Hace ya mucho tiempo cuando los hombres ya caminaban sobre la tierra, algunos plebeyos, otros ricos nobles, mas no reyes, cuando también existían las criaturas mitológicas del averno o del edén, y donde la magia negra o blanca hacia su aparición, es en ese tiempo donde comienza nuestra historia. En donde existe un joven y poderoso hechicero descendiente de una gran línea de magos pertenecientes del clan del dragón negro practicantes de la magia negra, un joven moreno de cabello desordenado y revuelto, con ojos de color cobalto y con una mirada fría y sin emociones, y al igual que sus antecesores un practicante de la magia oscura, entrenador de bestias provenientes del inframundo, sin corazón, que no le importa el sufrimiento de los demás. Mas sin embargo no es el único hechicero tenebroso de la época, además existen dos hermanos pertenecientes también al grupo de magos tenebrosos pero sin antecesores respetables, ellos vendieron su alma al tormento eterno a cambio de sus poderes, y ahora sirven para sus fines, asesinando sin compasión a magos blancos y personas capaces de intervenir en sus planes, habían conseguido también la inmortalidad a excepción claro de que caigan en manos de sus enemigos, eso ya hace mucho tiempo, el primero un joven alto de hermosa cabellera rubia que siempre cumplía los caprichos tontos de su pequeña hermana una joven soberbia, arrogante de cabellera igualmente larga pero de color castaño claro, que no le importa matar a nadie si consigue lo que quiere y nadie debe interferir. Existen aun más magos con poderes de la oscuridad pero sin relevancia en nuestra historia.
- Vamos, hermana, no puedes seguir insistiendo en eso o sí - dijo la voz de un joven en la oscuridad
- Cuando yo quiero algo, siempre lo consigo y eso es lo que quiero - una voz clara de una joven se escuchaba también en la oscuridad - Y necesito que tu me ayudes
- Y para que, necesitas mi ayuda - Reclamo el joven
- Para que se lo pidas, estoy segura que no se negara - la joven se oía decidida
- Muy bien, pequeña hermana, tus palabras, son ordenes - Y el joven salió de la oscuridad envuelto en un torbellino de llamas
Mientras que al otro lado de las tinieblas, muy en lo profundo, en una caverna iluminada solamente por una cuantas antorchas que se encontraban en las paredes, dos jóvenes se encontraban en la disputa donde se decidía la vida de unos campesinos. Ambos discutían y alegaban que tenían el derecho y el placer de eliminarlos, mientras que su señor les escuchaba pacientemente lo mejor que pudiera tratando de no matarlos.
- Te he dicho, que nuestro trato así lo convenía - alegaba el primer hombre
- No, no es cierto, y de todas maneras tu ya has recibido tu parte, recuerdas los grandes nobles que hiciste tuyos hace algunas semanas - El segundo parecía no darse por vencido
- Eso no era parte del convenio y bien lo sabes tu - El señor que hasta ahora había mantenido su postura fría empezaba a impacientarse, la tonta disputa le estaba haciendo perder su paciencia, algo no muy común en él.
Su mejor y más fiel vasallo, pero también su confesor, leal consejero y su mejor amigo, se encontraba a su derecha, con una postura fría y estoica muy parecida a la de su amigo, pero con cierto tono de risa en su rostro, con un brillo especial en su ojo esmeralda que se notaba debajo de su cabellera rebelde de color café. No bien hubo terminado su disputa cuando el joven con ojos de color esmeralda desintegró a los dos tontos hechiceros.
- Lo siento, mi señor, pero necesitaba divertirme - se disculpó ese mismo joven
- No debes disculparte, si no lo hubieras hecho tú, yo los hubiera acabado - El joven se levanto de su pequeña silla dejándola atrás, del lado izquierdo se podía notar una bestia de tres cabezas con pelaje negro, con hocicos donde la saliva podía distinguirse con dientes afilados, garras largas y puntiagudas, con unos ojos negros oscuros sin vida, una de las tantas criaturas preferidas de ese joven - Y cuantas veces te he dicho que no me llames señor, ¿que.. no somos amigos?
- Tienes razón, pero no puedo perder la costumbre, Heero - El joven a su derecha camino hasta llegar detrás del otro joven.
- Yo ya la he perdido, Trowa - El joven volteó, y se encamino de nuevo a su silla donde acaricio a la bestia que emitió un gruñido en señal de que le gustaba.
En ese momento un torbellino de fuego entraba violentamente en la caverna haciendo que las antorchas encendidas perdieran brillo. Cuando el fuego desapareció, revelo a un joven de cabellera larga, con un atuendo algo poco común una capucha entera de pies a cabeza de color negro muy parecidas a la de los otros jóvenes, y donde su gorro estaba caído en la espalda del joven debajo de su cabellera rubia.
- Buenas Tardes tengan ustedes, y en especial usted mi querido señor - dijo el joven recién llegado, alzando sus manos y bajando su cabeza en señal de saludo
- Déjate de tonterías Zech, bien sabemos que tu clan no se inclina ante nosotros ni a nuestro poder - reclamo el joven del trono que se acerco al visitante.
- Bien me conoces o será acaso que tu fiel vasallo ha leído mi mente - El visitante miró fijamente la figura que se encontraba unos pasos atrás quien le sostuvo la mirada.
- Él no lo hará a menos que yo se lo pida, y bien sabes tú que de todos modos no me serviría, tu mente esta demasiado torcida por el dolor que has sentido y has ocasionado como para que sea comprensible - la voz fría del joven hechicero resonó en la caverna
- No es algo que quisiera recordar, si me lo permite desearía olvidarlo - la voz de Zech se escuchaba melancólica.
- Como tú lo quieras, pero dime a que debo la desgracia de tu visita - Heero dio media vuelta y se sentó de nuevo en su trono, junto con su amigo a su derecha y su mascota del otro lado.
- Bien, mi joven amigo... - comenzó el muchacho de cabellera larga
- Tú y yo no somos amigos - regañó el joven del trono
- Si así tu lo mandas, joven hechicero mi presencia aquí ha sido por envió de mi hermana ya que ella a puesto los ojos en cierto personaje - reiteró el visitante
- Tu hermana es acaso la bruja Relena - preguntó Heero
- Me halaga que la conozca, entonces sabrá cual es su carácter - sentenció Zech
- Si he oído muchas anécdotas y tuve el disgusto de conocerla cuando nos reunimos hace ya mucho tiempo, y puedo darme una idea, pero dime en que puedo yo ayudar, no soy un casamentero y puesto que ustedes no pertenecen a mi orden no necesitan mi permiso, y sabes muy bien que no soy muy apegado a las reuniones si lo que pretendes es hacerme una invitación - una gran declaración en especial para un joven como él, ya que siempre huía de las conversaciones, fiestas o reuniones que se celebrasen odiaba hablar demasiado y sobre todo conversaciones estúpidas.
- Mi señor no pretendo incomodarlo invitándolo a tontas fiestas, pero como le dije mi hermana ha puesto los ojos en cierta persona y mientras ella lo desee no habrá nada que se lo niegue o se lo impida, y es por eso que he venido a pedirle que por favor acepte a mi hermana y se case con ella - ¿Casarse, él? El heredero de los antiguos secretos de la magia negra unirse en compromiso con alguien más bajo que él en rango y en poderes, pero eso no era importante, él jamás debería comprometerse y menos enamorarse era solamente absurdo - Tome en cuenta, mi señor - Zech saco de sus pensamientos a Heero - Que esta unión traerá muchos beneficios a su rango y su poder, la unión de dos grandes magos será el inicio de nuestra época y nuestro dominio, ya que los nuestro se han ido acabando poco a poco, gracias a los nobles que nos han esclavizado antes que descubramos nuestros dones, con la ayuda de los hechiceros de magia blanca, pronto no quedaran muchos de nuestros seguidores y nuestra estirpe se acabara.
- Tu estirpe, acaso no vendiste tu alma por obtener poder, tu no provienes de un largo linaje de hechiceros, solamente has llegado a serlo por simple casualidad, y no dudo que incluso el mas bajo de los nuestros te pueda derrotar - las primeras palabras del joven de ojos esmeralda, hizo que una mirada furiosa se colocara en él con intención de asesinarlo en ese preciso momento
- Y eso significa acaso que deseas que los nuestros mueran - pregunto el joven de cabellera larga aun con la mirada intensa.
- No, pero que le hace pensar a tu hermana que siquiera es digna de mi señor, y que si quiera él le corresponderá - Volvió a preguntar el joven a la derecha del trono
- Eso ya lo he aclarado, nada ni nadie la persuadirá de lo contrario y no descansara hasta que lo obtenga, yo solo cumplo con lo que me pide - la voz del visitante estaba perdiendo su toque tranquilo.
- Basta ya, de tantas discusiones absurdas - la voz de Heero los interrumpió, justo cuando Trowa estaba a punto de contestar, el silencio duro unos momentos mientras que la vista del poderoso mago se fijaba en el suelo y analizaba la situación cuando por fin hablo dijo - Hechicero, ve y dile a tu hermana que cese en su capricho puesto que esta vez no lo conseguirá, no se refiere a su posición pero no pretendo casarme ni mucho menos comprometerme, que busque alguien mas que este interesado y que deje de tomar decisiones tan precipitadas - Fueron las ultimas palabras del joven hechicero, por lo que Zech se retiro justo como había llegado en un torbellino de fuego, no sin antes de hacer una tonta reverencia. El silencio se apodero de la caverna pero solo por algunos instantes.
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En un pueblo cercano, un rico noble hacía su aparición acompañado de sus fieles soldados y su gran hechicero, con los dones de la magia blanca, sin contrincante digno de enfrentarlo, en lo que respecta a su rango.
- Dime, ¿Dónde esta? - El noble, bajaba de su caballo, un animal hermoso, de sangre pura, de un color negro intenso.
- Mi señor; de nuevo, le pido que deje ya este capricho - El pequeño hechicero, bajaba también de un potro de color café con manchas blancas
- Te he dicho que no, no dejare esto así de fácil - ambos ya en tierra, junto con sus guardias se encaminaron a la aldea, entraron en la taberna donde la dueña los saludo.
- Buenos dias, tenga usted señor Treize - dijo la joven detrás de la barra sacando una copa y una botella del vino - lo de siempre señor
- Buenos dias Hilde, sí por favor - dijo el joven acercándose a la barra
- Hola Hilde - saludo el pequeño hechicero
- Hola Quatre, puedo saber a que se debe el honor de su visita - dijo la joven sirviendo la copa
- Tú bien lo sabes - dijo el hombre apresurando la copa
- Sigue insistiendo pense que ese era un problema ya olvidado - Hilde volvió a llenar la copa
- He tratado de hacerlo entrar en razón pero sus oídos son sordos, sigue empeñado en resolver el asunto - dijo el joven sentándose enfrente de la barra
- Lo lamentó señor, pero ya se ha tomado la decisión y no hay cambio - reiteró de nuevo la joven.
- Y donde esta ahora - preguntó el hombre mirando la puerta de atrás que da salida a la calle
- Ha salido, la hija de la granja Po, ha caído enferma y fue a revisarla - dijo Hilde
- ¿Sally? ¿Enferma? - dijo dudosamente Treize - Bueno y cuando regresara
- Aun no lo sé señor - dijo determinantemente la dueña - pero no creo que sea esta noche - se apresuro a añadir la joven
- No importa nos quedaremos aquí, hasta muy tarde no es verdad mis fieles vasallos - dijo el hombre levantando sus brazos, y pidiendo bebidas para todos su comensales
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De las sombras un brillo apareció disipando la oscuridad y mostrando a un joven de cabellera larga y rubia. Donde fue recibido por una joven más pequeña que él.
- Hasta que regresaste - dijo la joven acercándose rápidamente y agitando los brazos
- Siempre has carecido de paciencia, pequeña hermana - dijo el joven
- Déjate de tanta palabrería y dime que fue lo que dijo - Relena estaba disgustada
- Nada, solo que no estaba interesado en el trato y lamento decirte que ha rechazado tu propuesta, y también dijo que buscaras a alguien mas a quien le encantara la idea y que dejaras de tomar decisiones tan precipitadas - al contrario de estar molesto, ese joven tenía cierto tono sarcástico en sus palabras, ese hechicero era el primero que se oponía a los deseos de la joven bruja, y en parte se sentía complacido pero sabía muy bien que su hermana no se daría por vencida, y cuanta razón tenía.
- Pero como se atreve, que acaso no entiende quienes somos nosotros - dijo altivamente la joven
- No, todo lo contrario, sabe perfectamente quienes somos, él aseguro que nada tenía que ver nuestra condición de poderío, simplemente no esta interesado - El joven se acercó hasta una mesa con varias sillas a su alrededor, tomo asiento y enfrente apareció una botella de vino
- Es definitivo que no me conoce, no hay hombre que yo desee que no quede prendado de mi belleza y de mi poder ni siquiera un hechicero como él puede librarse - la joven se acerco golpeando la mesa con el puño cerrado
- Eso no es todo, aunque logres tu objetivo que lo dudo, puesto que él es igualmente poderoso, toma en cuenta que sus amigos no lo permitirán tan fácilmente e incluso se opondrán a tus deseos y trataran por todos los medios de romper tu hechizo - al terminar otra copa se acercaba a sus labios
- Nada se opone a mis deseos - una risa escalofriante resonó en la oscuridad.
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- Que piensas hacer Heero - Trowa se adelanto unos paso para voltear y quedar frente al trono
- Nada, ya he tomado una decisión - Heero bajo los ojos a la tierra
- Hola, me he perdido de algo - una tercera voz resonó en la caverna, un joven de cabellera negra sujeta detrás por una pequeña cola apareció de la nada entre una luz.
- Bienvenido Wufei - Saludo Trowa, apareciendo una pequeña silla donde tomo asiento, se recargo en su respaldo y cruzo piernas y brazos.
- He tenido un mal presentimiento, es por eso que he venido, acaso ha sucedido algo - Wufei se acerco, haciendo también aparecer una silla donde tomo asiento, no sin antes de realizar una reverencia
- No por nada, eres también la mano derecha de nuestro señor - dijo Trowa
- No es para tanto, después de todo le debo mi vida y por mi honor le recompensare con mi servicio - dijo el joven recién llegado
- No ha sucedido nada importante es solo que... - Trowa contó todos los acontecimientos que sucedieran antes de su llegada
- Vaya, no me sorprende, esa familia haría lo que sea por poder, como ya lo hemos visto y me alegra mucho la determinación que mi señor ha tomado - dijo cortésmente Wufei.
- Aunque me debas tu vida sabes que me puedes llamar por mi nombre - dijo Heero levantando su mirada del suelo, el otro joven solo rió.
- Pero conociendo esa familia estoy seguro que no se detendrán en sus ambiciones, y pienso que tal vez intenten convocar magia en nuestra contra - hablo tranquilamente Trowa
- Acaso temes por mí - Heero hablo sarcásticamente
- No, pero no quisiera, que hiciera algo en contra de su voluntad; ellos saben muy bien cual es tu poder Heero, pienso que tal vez busquen la forma de enfrentarte - volvió hablar Trowa - Creó que, debes vigilarlos Wufei, e informarnos de sus movimientos - dijo de pronto, mirando fijamente a Wufei
- No debes dudar de mis poderes, pero si así lo quieres que así se haga, pero dime tu que opinas Wufei, te gustaría hacerlo - Dijo tranquilamente Heero
- Estoy de acuerdo con Trowa, tengo un mal presentimiento y será un placer para mí y lo sabes, así que adiós - y sin decir mas desapareció en un destello de luz
- Muy bien ahora debo irme - y desapareció entre fuegos, dejando al joven que pronto también desapareció. Sin saber que pronto sus vidas darían un giro inesperado.
Ellos siempre buscan servir a alguien, siempre hay alguien que se sienta tan desesperado como para recurrir a la magia negra y cumplir sus ambiciones. A unos kilómetros de ahí, un joven plebeyo regresaba a su aldea ya muy entrada la noche, conduciendo su carreta en el camino desolado del bosque, después de regresar de la granja, su larga cabellera café caía en su espalda sujeta en una hermosa trenza, con una gran sonrisa en su rostro y donde sus ojos azul - violeta iluminaban la noche.