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Ralkm Diggory
Author of 17 Stories

Rated: M - Spanish - Adventure/Humor - Harry P. & Sirius B. - Reviews: 149 - Updated: 11-07-07 - Published: 08-26-03 - id:1494485
REDEMPTION

I -| Prelude |-

Aquél era de los peores días de todo el año para estar apartado de la sombra. En las grandes y cuadradas casas de Privet Drive, los calurosos rayos solares entraban por las ventanas abiertas de par en par, aumentando aún más la temperatura interior. Pero no todos los habitantes de dicha calle buscaban la inexistente brisa. En el número 4, una de las ventanas estaba cerrada, al igual que las cortinas. Un chico flaco, no muy alto, de cabello negro reacio a dejarse peinar y ojos verde esmeralda ocultos detrás de unos anteojos de montura de alambre era el culpable de aquel hecho tan atípico.

Desde su regreso a Little Whinging, Harry Potter se había aislado completamente en su habitación, sólo saliendo para comer e ir al baño, una barrera invisible lo separaba de los demás. Ya nada le importaba. Tenía que quedarse en el lugar que más odiaba en el mundo y con las personas que más lo odiaban en el mundo hasta nuevo aviso, hasta que se decidiera qué pasaría con él. Porque nadie le había enviado noticias, ni sus amigos ni los de la Orden. Las únicas noticias que recibía eran las que aparecían en El Profeta, aunque no eran ninguna sorpresa: gente afirmando haber visto reuniones de mortífagos en sus jardines y Fudge y sus perros falderos llamando a la calma, informes sobre la fuga de Azkaban de los mortífagos capturados en el asalto al Ministerio y nuevamente Fudge y sus perros falderos llamando a la calma, algo sobre un cambio de directiva en el Puddlemere United con el que nadie estaba de acuerdo... pero en ningún momento mencionaban a Sirius.

¿Que acaso la muerte de Sirius no merecía ser mencionada como la del resto? ¿Acaso él era menos que los demás?

Eso era lo que lo había hecho encerrarse en sí mismo, la muerte de su padrino. Seguía sin querer hablar de eso, aunque en ocasiones, lo que más deseaba era tener a alguien que lo comprendiera y a quien poder decirle cómo se sentía. Tal vez los señores Weasley, tal vez Lupin, incluso tal vez Tonks, después de todo ella era prima de Sirius, pero todos ellos estaban lejos. Harry estaba solo, tal como lo había estado desde la noche en que fue al Departamento de Misterios.

No había podido dejar de recordar aquella noche. Encerrado en la oscuridad de su habitación, las imágenes de lo que pasó entonces y después volvían a él causándole aún más pena... Sirius no volvería. Nick Casi Decapitado se lo había dicho, él no quería quedarse, no quería regresar; aunque estaba lo que le había dicho Luna Lovegood sobre el velo...

Una ráfaga de brisa cálida abrió las ventanas y descorrió las cortinas, trayéndolo de vuelta de sus pensamientos. Sirius no estaba, pero no por eso el mundo se había detenido. Los muggles seguían viviendo sus vidas como si nada y él también tendría que hacerlo. Volvió a cerrar la ventana.

Los Dursley parecían no haber notado su comportamiento introvertido, y si lo habían hecho, tampoco le dieron importancia. Durante las pocas ocasiones en que se encontraban, Dudley, quien había seguido boxeando, trataba en vano de esconderse de él, mientras que tía Petunia y tío Vernon lo veían con más recelo y rencor, en el caso de su tío, que nunca. La amenaza que le había hecho Alastor Moody en King's Cross seguía fresca en su memoria y no es que a Harry le molestara que ese recuerdo siguiera allí.

Voldemort no daba señales obvias de estar planeando algo, pero Harry estaba seguro de que así era. Si los mortífagos habían escapado tan pronto significaba que su señor debía tener planes para ellos, además, estaba el hecho de los constantes dolores en la cicatriz de Harry, que en muchas ocasiones lo hacían caer al suelo del dolor. Ahora no podía saber si lo que veía en sus sueños era salido de su propia mente o imágenes puestas ahí por Voldemort, pero de todos modos eran imágenes dolorosas. Intentaba vaciar su mente antes de dormir, tal como le había dicho Snape durante sus escasas clases de Oclumancia, pero tal como en aquellas ocasiones, le resultaba imposible.

- ¡A comer! - le gritó tía Petunia desde el otro lado de la puerta.

Harry salió de su habitación y se reunió con los Dursley de mala gana en el comedor. Su tía le sirvió algo que no podría ser considerado una ración de comida, pero no le importó, no tenía hambre. Harry todavía recordaba aquél breve instante el verano pasado en el que sintió a tía Petunia como la hermana de su madre y no como la mujer que se encargaba de él, y seguía sin comprenderlo. ¿Acaso su tía, aunque fuese muy pero muy en el fondo, lo quería? Esa era una pregunta que probablemente jamás tendría respuesta.

Casi no tocó su cena. Subió a su habitación y volvió a encerrarse. Así había sido su rutina durante las últimas tres semanas: simplemente limitarse a seguir vivo. Pero esta vez había algo que se salía de la rutina: Pig estaba revoloteando por toda la habitación y tenía una carta en su pata. Harry no había recibido ninguna carta en todo el verano y se apresuró a tomarla.

- Entra a la jaula y espera - le dijo secamente a la pequeña lechuza antes de comenzar a leer. Pigwidgeon se acomodó en la jaula de Hedwig, que en esos momentos estaba vacía, y tomó un poco de agua.

Hola Harry

Era de Ron

¿Cómo has estado? ¿Cómo te sientes? Yo estoy bien, en Rumania. Mamá insistió en que teníamos que venir a visitar a Charlie y hemos venido todos. La estamos pasando bastante bien, es divertido vivir entre dragones, aunque a Charlie no le parecieron muy divertidas las chaquetas de Fred y George. Mi madre le escribió a Percy invitándolo a que viniera con nosotros, pero le devolvió la carta picada en pedacitos, es un tonto, debe estar insoportable desde que Fudge tuvo que admitir que tú tenías razón.

Los rumanos se han tomado con tranquilidad lo de - un tachón -, bueno lo de Voldemort. Es algo que todos saben, pero no lo hablan en voz alta, aunque Charlie ha conseguido el apoyo de unos cuantos magos extranjeros que trabajan con él en la reserva de dragones, después de todo, eso fue lo que Dumbledore le pidió.

Una pregunta, ¿has sabido algo de Hermione? Le envié una carta hace unos días con la lechuza nueva de George y no me ha respondido. Creo que está enfadada porque le dije que ser prefecto es una molestia. No sabes lo afortunado que eres compañero, es muy molesto tener que estar vigilando a los demás y tener que comportarte como un niño bueno, pero debo admitir que castigar a los Slytherin es bastante gratificante. Como sea, el hecho es que no me ha respondido.

No he sabido nada sobre... ya te imaginarás sobre qué, ni mi madre ni mi padre han dicho siquiera media palabra, y ni con las orejas extensibles hemos logrado escuchar algo (es una operación encubierta entre Fred, George, Ginny y yo). En cuanto me entere de algo, te lo haré saber, prometido. Por cierto, dice Ginny que no te preocupes, que este año te devolverá tu posición de buscador y que ella tratará de entrar al equipo como buscadora; yo he estado practicando, no les daré el gusto a los imbéciles de Slytherin de cantar "Weasley es nuestro rey" otra vez y me gustó eso de ganar la Copa.

Estaremos regresando a inicios de agosto. Espero poder verte (mi madre te manda un abrazo).

Ron

Harry no pudo evitar alegrarse cuando terminó de leer la carta de su mejor amigo. Voldemort había vuelto en todo su poder, pero no todo estaba perdido, aún había esperanzas, aún la gente podría seguir con sus vidas. La alegría corrió a través de él tal como una cerveza de mantequilla lo hacía por una garganta helada. Quizás hasta valdría la pena regresar a Hogwarts ese año.

Recordar Hogwarts le hizo pensar en Snape, y eso había estado tratando de evitarlo. Snape tenía la culpa, por su culpa había muerto Sirius. Ese estúpido grasiento podía haberle dicho que Sirius seguía en Grimmauld Place y así él no habría ido al Departamento de Misterios y su padrino y el resto de la Orden no habrían tenido que ir a buscarlo y no se habrían encontrado con los mortífagos... y Sirius no habría muerto. ¡Snape tenía la culpa y nadie quería darle la razón! Bien merecida que se tenía la humillación que le había hecho su padre cuando estaban en quinto curso.

Le respondería a Ron al día siguiente, en ese momento, el poco buen humor que había ganado se había desaparecido por pensar en Snape. No quería ni imaginarse el infierno que serían las clases de Pociones.

Volvió a hundirse en su tristeza, en su desasosiego. El techo de su habitación nunca antes había sido un objeto de estudio tan interesante como en ese momento. Con el paso de las horas, todos los residentes del número 4 de Privet Drive ya estaban dormidos, excepto él. Seguía sin moverse, casi sin parpadear, sin dar señales para un ojo inexperto de que seguía con vida, y habría seguido así, de no ser por un sonoro CRACK que se escuchó en su habitación.

Fue tan grande el sobresalto que terminó en el piso, con los anteojos caídos y rogando porque los Durrsley no se despertaran y entraran a su habitación. Al acomodarse los anteojos, se encontró con Tonks frente a él, su cabello esta vez de un azul celeste casi fosforescente, corto por los hombros y liso.

- Hola... ehh, disculpa la hora, mi padre insistió en que me quedara a cenar, está un poco sentimental estos días.

- ¿Qué haces aquí?

- Vine a buscarte, ¿qué más? Cuando nos vimos en King's Cross, te dijimos que vendríamos por ti, y aquí estoy. Muchos más se ofrecieron a venir, pero Ojo Loco no estuvo muy de acuerdo... Has estado muy ocupado limpiando, por lo que veo - dijo luego de echar un vistazo al caos reinante en su habitación -, esto está mejor que la última vez que vine.

- No he estado de humor.

- Todos tenemos nuestros días... Y bien, ¿qué haces que no estás recogiendo tus cosas? Nos están esperando.

Lo primero que Harry buscó fue su varita y se la guardó en el bolsillo de sus pantalones, y comenzó a recoger todas sus cosas desparramadas por la habitación y a guardarlas en su baúl, pero luego recordó algo.

- ¿Podrías...? - le preguntó a Tonks, señalando sus cosas.

- Seguro, aunque sabes que no es mi fuerte - respondió la joven bruja mientras se miraba al espejo en el armario de Harry -. ¡Empacar! - y con un movimiento de su varita túnicas, ropas, libros y demás objetos fueron entrando al baúl con un cierto desorden -. ¿Te parece que me queda el azul? A mí no me convence mucho, pero el rosa ya no se está llevando.

- ¿Adónde iremos esta vez? ¿A Grimmauld Place?

- No lo sé, sólo me dijeron que te buscara aquí. Los que saben los detalles son Dumbledore, Ojoloco y Remus, a mí no quisieron decirme nada.

Otro CRACK, aunque no tan fuerte, y Kingsley Shacklebolt estaba junto a ellos.

- ¿Se puede saber qué tanto hablas Tonks? Ya te has tardado.

- Estábamos recogiendo todo, míralo por ti mismo.

- Dense prisa, y por cierto, es bueno verte de nuevo Potter.

- Igualmente.

- ¿Ya buscaste tu escoba? - le preguntó Tonks.

- No, está guardada en la alacena bajo las escaleras.

- ¡Yo voy por ella! - exclamó alegremente la bruja.

- Mejor voy yo Tonks - cortó Shacklebolt -, serías capaz de despertar a los muggles - y desapareció. Harry logró, con mucha dificultad, escucharlo aparecer en el primer piso de la casa.

- Bueno, si insistes... - el último par de calcetines entró al baúl y Tonks cerró la tapa - Eso era todo

CRACK. Kingsley había vuelto.

- Aquí está - le extendió la Saeta de Fuego a Harry -, ahora vámonos.

Harry tomó la jaula de Hedwig con Pig adentro en una mano y su escoba en la otra y él, Kingsley y Tonks salieron de la habitación. El baúl flotaba en el aire y los tres evitaban hacer ruido mientras bajaban las escaleras, algo un poco difícil para Tonks. El chico dudó por un segundo si debía avisarle de algún modo a sus tíos sobre su ida mientras abrían la puerta de la casa, pero desechó esa idea rápidamente. A los Dursley no les importaba su suerte. Se preocupó por Hedwig, ¿lograría encontrarlo cuando regresara de su cacería?, esperaba que sí.

Al salir a la calle, encontró todo a oscuras, seguramente alguien debió utilizar un apagador.

- ¿Por qué tardaron tanto? - era la voz de Alastor Moody - Pudieron haber puesto en peligro todo.

- ¡Lumos! - y una pequeña luz salió de la punta de la varita de Tonks. Ella y Kingsley comenzaron a caminar y Harry los siguió -. Pero no nos pasó nada.

- No siempre tendrás tanta suerte - se detuvieron y Kingsley también hizo aparecer una luz en la punta de su varita. Moody estaba frente a ellos, con su ojo mágico girando en todas direcciones -, y el traslador está por activarse.

- ¿Traslador?

- Sí Potter, traslador y si no te das prisa, de nada servirá que lo hayamos preparado, ¡y sácate la varita del bolsillo!

- Cálmate Ojoloco - intentó apaciguarlo Tonks -, ningún mago ha muerto por tener la varita guardada en el bolsillo.

- Ahora ningún mago toma en cuenta esas medidas - refunfuñó el antiguo auror.

- ¿Cuál es el traslador? - preguntó Harry, zanjando la discusión sobre varitas en el bolsillo.

- Tócalo.

Moody agitó su varita y una caja se acercó hasta Harry. Honestamente, él no quería viajar en traslador, lo detestaba casi tanto como utilizar los polvos flú, pero si era la única forma, no le quedaba otro remedio. Lentamente, acercó la mano hasta tocar la arrugada caja de cartón y al instante, sintió una sacudida en el estómago, como un jalón bajo el ombligo y sus pies despegaron del suelo. No podía despegar la mano de la caja e iba hacia adelante en un torbellino de viento y colores. Justo cuando pensaba que vomitaría, tocó suelo con los pies. Estaba frente a las casas 11 y 13 de Grimmauld Place y ya los tres magos adultos estaban rodeándolo, al parecer, aparecerse era más rápido que usar un traslador.

- ¿Todo bien Potter? - le preguntó Moody - ¿No ocurrió nada raro?

- No, nada.

- Bien, ya sabes cómo entrar.

Harry pensó en la casa de los Black, y de la nada, apareció una puerta estropeada entre los números 11 y 13, seguida por las paredes y las ventanas. El número 12 de Grimmauld Place, el antiguo hogar de la familia Black ya estaba allí.

- Date prisa - lo apuró Moody, empujándolo por la espalda.

A cada paso que daba, la guardia de honor que se había formado a su alrededor daba también un paso. Hubiera resultado una escena bastante divertida para cualquier muggle que los viera. Harry subió los escalones de piedra y se quedó frente a la puerta negra y desconchada con manija en forma de serpiente enroscada, no podía abrirla sin utilizar su varita. Tonks fue la encargada de darle un toque a la puerta y abrirla con un crujido.

La casa seguía tan lúgubre y oscura como siempre, aunque el olor a polvo y humedad había desaparecido, seguramente gracias al intento del verano anterior de volver el lugar habitable. Kingsley Shacklebolt y Tonks entraron detrás de él, mientras que Ojoloco Moody se encargó de cerrar nuevamente la puerta. Shacklebolt hizo un movimiento con su varita y las lámparas de gas del corredor se encendieron, iluminando todo el corredor. La pandilla de magos atravesó el corredor y se dirigió hasta la cocina, Harry los siguió.

Sentados en la mesa de la cocina formando un círculo estaban Lupin, Dumbledore, Mundungus Fletcher, Snape y la profesora McGonagall. Los cinco magos que vinieron con Harry se apresuraron a reunirse con ellos y él se quedó ahí, sosteniendo sus cosas, parados sin saber qué hacer.

- Alastor - habló Dumbledore -, ¿resultó todo bien?

- Sin problemas - respondió el aludido -, excepto la tardanza de Tonks.

- ¿Cuántas veces tendré que pedir disculpas por eso? - preguntó exasperada Tonks.

- Potter - lo llamó la profesora McGonagall -, ¿qué haces parado? Pasa y siéntate - Harry dejó sus cosas en la entrada de la cocina y siguió las órdenes de la mujer, no sin cierto recelo y rencor hacia algunos de los sentados en la mesa.

- No me digan que ya no temen que Voldemort se apodere de mí e intente matarlos - todos voltearon a verlo.

- ¡Silencio Potter! - exclamó Snape levantándose de su asiento.

- ¿Usted me pide silencio? - Harry también se había puesto de pie - ¡Por su culpa Sirius murió! Pero para qué iba a avisarme, si sabía que esa era la oportunidad perfecta para vengarse.

- ¡No toleraré que me hables así!

- ¿O qué? ¿Va a quitarle puntos a Gryffindor? ¡Usted no es más que un patético resentido que no puede olvidar una broma que le hicieron cuando tenía quince! - Snape parecía dispuesto a atacarlo con su varita, pero a Harry no le importaba, sabía cómo defenderse.

- Severus, Harry, ya basta - dijo Dumbledore en un tono severo que no dejaba lugar a desobediencias.

- Cálmate Harry - le susurró Lupin poniéndole una mano en el hombro y obligándolo a sentarse. Moody hizo lo propio con Snape.

- No estamos aquí para pelear - les recordó la profesora McGonagall. Snape miraba a Harry con más odio que nunca antes, como si estuviera viendo al mismísimo James Potter frente a él.

- Si nos dijeran, o por lo menos, me dijeran para qué se supone que estamos aquí.

- A eso iba Harry - le dijo Dumbledore en un tono tranquilo -, pero no será ahora, aún tenemos que esperar a alguien.

- ¿A quién? - preguntó molesto Harry.

- No te impacientes muchacho - fue Moody quien habló -, ya llegará el momento.

- ¿Estás seguro de que vendrá? - le preguntó Dumbledore a Mundungus.

- Eso me dijo - respondió encogiéndose de hombros.

- Usted ya sabe cómo es - suspiró Lupin -, le gustan las entradas dramáticas.

La profesora McGonagall hizo un movimiento de varita y frente a cada uno apareció una taza de té caliente. Harry ni siquiera miró la suya, estaba demasiado enfadado.

- Yo podría hacerlo mejor - rezongó Snape en voz baja.

- Tal vez Severus, pero estás consciente de que no resultaría - le replicó Dumbledore en el mismo tono mientras soplaba su té.

- Por desgracia - y sorbió un poco del contenido de su taza.

Pasaron unos incómodos minutos de silencio en que nadie decía nada y todos miraban alternadamente sus zapatos y las tazas. ¿A quién estaban esperando?, y más aún, ¿para qué?. ¿Sólo para eso lo habían sacado de Privet Drive en medio de la noche, para tenerlo esperando?... Qué pérdida de tiempo. Harry se levantó de la mesa, tomó sus cosas e ignorando lo que le decían los demás, salió de la cocina y subió las escaleras. Pasó por la habitación que solía ocupar en las pocas ocasiones en que se había quedado en esa casa, pero siguió de largo, tenía que ir a otro lugar.

La habitación de Sirius seguía igual, con huesos de pollo esparcidos por el piso y las cosas en el mismo lugar donde habían sido dejadas, aunque con más polvo. ¿Huesos de pollo? ¿Por qué tendrían que haber huesos de pollo en la habitación?... No pasaron más de dos segundos hasta que la respuesta vino a él: Buckbeak. El hipógrifo también era residente en esa habitación, Sirius lo mantenía ahí, ¿pero dónde estaba?

Harry salió de la habitación y bajó las escaleras hacia la cocina tan rápido como pudo. Ellos tenían que saber qué había pasado con Buckbeak, ellos eran los únicos que habían estado en la casa desde la muerte de su padrino. Entró a la cocina en una carrera y tropezó con alguien que también estaba entrando en ese momento, pero no se fijó quién era.

- ¿Dónde está Buckbeak? - preguntó en un tono que resultó más agudo de lo que le habría gustado -. Y bien, díganme donde está.

- Parece que el mal genio se hereda.

Continuará...

He vuelto a la carga con un fic nuevo! ^^

Pobre Harry, ha tenido un verano miserable, no creen? Bueno, ke se te muera lo más cercano ke has conocido a un padre no debe ser muy agradable, pero por lo menos ya no está con los Dursley, eso debería ser bueno... Dónde estará Buckbeak? ké hicieron con él? Con kién se habrá tropezado Harry? y kién era la persona ke habló? A kién estarán esperando los de la Orden y para hacer ké? Hedwig se tardará mucho en regresar? Ké habrá sido de la vida de Hermione? porque ni Ron ni Harry han sabido de ella... Y verdad ke Snapie se merecía los 4 gritos ke le dio el Harry??? ^^U

Con suerte, las respuestas a todas estas preguntas estarán en el próximo capítulo ^_~

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[MM:MS,MJ&MR]

Ralkm Diggory

-| Padfoot |-

*Miembro de la Orden Siriusana*


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