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Books » Harry Potter » REDEMPTION
Ralkm Diggory
Author of 18 Stories
Rated: M - Spanish - Adventure/Humor - Harry P. & Sirius B. - Reviews: 150 - Updated: 11-07-07 - Published: 08-26-03 - id:1494485

REDEMPTION

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XIX — The longest of nights


Harry y Sirius se quedaron de piedra.

— ¡SIRIUS¡SIRIUS¡BLACK, MALDITA SEA, MUÉVETE! — ordenó Erin, logrando que su primo saliera de su ensimismamiento, tras lo cual levantaron a Lupin hasta acomodarlo en el sofá, McGregor sin separarse de él ni un momento.
— ¿Qué pasó?
— Que es un imbécil, eso pasó. Sebastian, busca el teléfono — el muchacho seguía inmóvil —. ¡Sebastian¡SEBASTIAN!... — sacó la varita — ¡Accio teléfono!

Todos observaron en silencio mientras el aparato salía volando desde algún lugar del caos de la sala hasta la mano de Erin y ella marcaba un número rápidamente.

— Sirius, cocina, gabinete a la izquierda del horno. Esencia de Dittany¹ y dos frascos etiquetados "ataque" — Sirius asintió y salió corriendo —... Hola¿mamá? Tengo una emergencia aquí... No, no, Remus... Mamá, no puedo explicar ahora, nos atacaron y no reacciona... Sí, sí... Dittany y dos de las mías... De acuerdo... No muy bien... Sí... Sebastian, te llama tu abuela.

La llamada logró hacer reaccionar al chico Snape, quien tomó el teléfono con manos temblorosas y fue a esconderse en algún rincón del segundo piso. Sirius regresó de la cocina, sosteniendo un gotero y tres frascos, uno con una poción pardusca, otro con un líquido azulado y el otro completamente transparente, y se los entregó a su prima. Erin se limpió el rostro con el dorso de la mano y vertió algunas gotas de la pócima marrón en una herida de aspecto bastante desagradable que tenía Lupin en el cuello, logrando que la piel se cerrara inmediatamente quedando como un rasguño viejo. Con el frasco azul y el transparente fue una operación algo más complicada, la mujer haciendo cuentas en voz baja al tiempo que hacía que Lupin tragara una calibrada sucesión de gotas de cada poción y murmuraba una serie de hechizos que Harry no lograba escuchar, pero al menos parecía saber que estaba haciendo. Tras unas últimas gotas de la poción azul, se dejó caer en el sofá, acomodando la cabeza de Lupin sobre su regazo y acariciándole el cabello mientras dejaba escapar un gran suspiro.

— ¿Estás bien? — preguntó Sirius.
— Físicamente, creo que sí. Mentalmente, no preguntes.
— ¿Y el chico?
— Supongo que igual. Es apenas un niño y nunca había tenido que presenciar un ataque... y preferiría que no tuviera que hacerlo de nuevo... No puedo pedir más de él.
— ¿Qué demonios pasó?
— Un desastre pasó. Dos calles, Sirius¡volaron dos calles! Y había muggles, niños, gente inocente, y no les importaba matarlos a todos, y... y me vieron¡me vieron! El maldito Rabastan me reconoció, el muy maldito se burló de mi cicatriz, como en el colegio, e intentó atacar a Sebastian.
— ¿Rabastan Lestrange¿Estás segura?
— ¡Sí¿Crees que podría olvidarlos? — y se pasaba el dedo febrilmente por la cicatriz de la mejilla, casi de forma maniaca — ¿A él, a Dolohov, Yaxley o cualquiera de los otros¿¡Lo crees!
— Por supuesto que no pero cálmate... ¿Apareció alguien para ayudarlos?
— Remus los llamó, la inútil de Tonks apareció casi inmediatamente aunque para nada y después la mitad de la Orden pero no podíamos huir hasta que llegó Ojo-Loco Moody y todo fue un desastre, un desastre, un desastre...
— Dragona...
— Y tu estúpido amigo quiso seguir la moda de hacerse el héroe y no se quitó cuando le lanzaron alguna endemoniada maldición que no conozco y desde entonces no se ha despertado — y comenzó a llorar en silencio, la nariz enrojecida a más no poder.
— ¿No deberías buscar a tu chico?
— Tu tía Charlotte me está haciendo el favor, ahorita no sirvo de mucho, y no puedo dejarlo así... — silencio incómodo — La-lamento lo del almuerzo, creo que lo dejé caer entre un Cruciatus y un encantamiento escudo.
— Dudo que alguno de nosotros tenga hambre.
— Estaba muy bueno, era comida japonesa. Sebastian sugirió que ustedes probaran el sushi, a Remus le encantó, o tal vez lo dijo por su mala maña de quedar bien con todos.
— Le preguntaremos cuando despierte.
— ¿Ustedes están bien?
— Olvídate de nosotros, deberías descansar. Si tus pociones funcionan tan bien como la que me trajo de vuelta, Moony ya estará por ahí a la hora del té.
— No-no puedo dejarlo así...
— No va a moverse de ahí.
— Yo tampoco... — miró fijamente a Sirius y Harry, antes de limpiarse las lágrimas del rostro con la mano — ¿Y ustedes¿Voy a tener que atarlos barriga con barriga o ya se entendieron?
— ¿Amarrarnos... CÓMO? — Harry no pudo evitar la pregunta.
— Es una vieja técnica familiar, es lo que hacía mi abuela cuando Tom y yo intentábamos matarnos, a veces funciona.
— Ni te molestes en explicar, no va a hacer falta — replicó Sirius.
— ¿Seguros?
— Sí, dragona. Puedes sacarte esa preocupación de la cabeza.
— Se les agradece el gesto.
— Deberías ir a descansar.
— Debería muchas cosas¿no te parece?
— Tú no cambias...
— A veces no es tan malo ser como soy... — tras unos instantes de silencio se escucharon pasos provenientes de la escalera.
— ¿Mamá?
— Te escucho, cariño, te escucho.
— Dice la abuela... ¿Quieres café?
— Té por esta vez, por favor, y prepara para ti también.
— Yo no...
— ¿Qué dijo tu abuela?
— ¡Voy! — y pasó como una ráfaga en dirección a la cocina.
— Vaya...
— Le tiene más miedo a mi madre que yo... Me pregunto qué le habrá dicho.
— La tía Charlotte nunca fue del tipo maternal dulce...
— En algo tenía que parecerse a Walburga...
— No exageres...
— ¿Cuántos años estuvieron sin hablarse?
— Muchos.
— Y si se parece a alguien, es a ti.
— Tonterías.
— Como quieras.
— Y gracias por intentar distraerme, Sirius, pero no voy a moverme de aquí.
— Tenía que intentarlo — concedió el hombre, encogiéndose de hombros.
— Van tras el Ministerio¿sabían? Primero madame Bones y hoy intentaron arrinconar a Rufus Scrimgeour.
— ¿Scrimgeour¿Bromeas?
— Ojalá. Se cargaron a uno de los que estaba con él, creo que se llama Dawlish.
— ¿Quién es Rufus Scrimgeour? — preguntó Potter, quien había estado pendiente de toda la conversación.
— Jefe de la Oficina de Aurores, y uno de los tipos más rudos que puedas encontrar — respondió su padrino con desgano.
— Considerando que Fudge no es un objetivo, tiene cierta lógica que intenten atacarlo ahora.
— ¿Por qué?
— Nuestro flamante Ministro nunca ha sido lo suficientemente inteligente como para ser considerado una amenaza para los planes del Señor Tenebroso, cuando mucho una molestia. Scrimgeour, en cambio, es capaz de actuar más y politiquear menos, como Bartemius Crouch en su momento, si entiendes a lo que me refiero, Harry.
— Sí, pero Fudge es el Ministro¿no? Se supone que es más importante.
— Es el Ministro... — intervino Sirius — por ahora.
— Exactamente. Se pasó todo un año desprestigiándolos a ti y a Dumbledore, y el viejo Voldy entró al mismísimo Ministerio de Magia, y no precisamente a usar el baño. Políticamente ya no es nadie, nadie lo respeta y no ejerce ningún poder o control sobre la comunidad mágica. Está acabado, y todos lo saben, en particular Voldemort, así que es sólo cuestión de tiempo que tenga que abandonar el cargo, y al no estar Amelia Bones, el siguiente más adecuado para la situación sería...
— Scrimgeour.
— Diez puntos para Gryffindor, je... Sí, Scrimgeour, y por eso es prioridad deshacerse de él justo ahora. Con semejante par de piezas fuera, quién sabe que jugada haga Voldemort.
— ¿Te refieres a...
— A poner en el cargo a alguien controlado por él. No sería la primera vez que pone a sus fichas dentro del Ministerio.
— ¿Y Dumbledore no puede hacer algo?
— ¿Como qué? El viejito no es omnipotente ni todopoderoso, no sé si para bien o para mal, y suceda quien suceda a Fudge, Dumbledore seguiría siendo persona non grata en el Ministerio. Es lo que más odia un político: un líder nato medianamente sensato, o en otras palabras, competencia.
— Pero a él no le interesa quedarse con el Ministerio.
— ¿Y te parece que alguno de ellos se ha dado cuenta? Recuerda todo el escándalo del año pasado con lo del "Ejército de Dumbledore". Para ustedes el nombre fue sólo una broma, pero para ellos era algo muy serio — comenzó Black.
— Hogwarts es algo muy peligroso para el Ministro de turno. Los hijos de todos los magos y brujas del país están ahí, y si ellos defienden alguna causa, digamos la del director, lo más probable es que las familias de la mayoría también terminen defendiendo esa misma causa y así fácilmente podría iniciarse una rebelión y adiós Ministro — prosiguió su prima.
— Básicamente.
— Como verás, en este caso lo más inteligente que puede hacer Dumbledore es quedarse tranquilito y seguir investigando lo que sea que esté investigando. Mientras más lejos esté cuando estalle la bomba en el Ministerio, mejor para él.
— ¿Y qué creen que pase después de lo de hoy?
— Eso que lo conteste la dragona, no sé en qué momento, pero se volvió una experta en política.
— Tonto... Lo único que puedo asegurar es que Fudge no amanece en su oficina, y si me equivoco, entonces que me pise un Ironbelly.
— Sigues haciendo esas comparaciones...
— Dedico un segundo de mi tiempo a ignorarte y prosigo respondiéndole a Harry. Con la salida del imbécil de Fudge, cualquier funcionario de alto cargo tendría posibilidades hipotéticas de ser electo Ministro, pero últimamente todo ha venido reduciéndose al nombre de Rufus Scrimgeour.
— ¿Y eso es bueno o malo? — preguntó Sebastian Snape, regresando con una bandeja y dos tazas de té humeante.
— Depende de para quién — dijo Erin, aceptando la taza —, para nosotros no es particularmente bueno.
— ¿Por qué?
— Porque Scrimgeour es ante todo un auror, en otras palabras, que tiene la mente tan cerrada como una avellana. Ninguno de los aquí presentes, ni siquiera tú mi querido hijo aún libre de antecedentes penales, está de acuerdo con el Ministerio, por lo tanto en la cabecita militar de Scrimgeour seríamos también un bando enemigo. Si no estamos con él, estamos en su contra — le dio un sorbo a su té —, aunque me gustaría estar equivocada.
— Lo que me impresiona es cómo te distraes con una charla política y pasas por alto mi perorata familiar.
— Porque la perorata familiar la conozco yo mejor que tú.
— Circunstancial.
— Imitador... Lo que más me preocupa es lo que pueda hacerle ese tipo a gente como Remus; no tienen ningún amparo legal y para él no valen nada.
— Que siga creyendo eso y se llevará una sorpresa.
— ¿Antes o después de que sean proscritos?
— Qué dramática.
— Lamento no ostentar el apellido Black, pero conozco las estructuras del poder mejor que tú. En esas oficinas hay gente más podrida que los mismos mortífagos.
— Conozco a uno...
— Sebastian, ahórrate esos comentarios.

Erin nunca había usado un tono tan cortante con el muchacho, por lo que Harry, basándose en su limitada experiencia con los Dursley, supuso que aquél era un tema que madre e hijo ya habían discutido hasta el cansancio sin llegar a ningún resultado. Sirius también parecía haber captado qué camino estaba tomando la situación, ya que se dedicó a observar el techo con ávido interés.

— Sí, mamá... — el chico aceptó su derrota, aunque Harry lo escuchó murmurar: — aunque no sé por qué lo defiendes tanto.

Si Erin lo había escuchado, prefirió hacerse la sorda y darle un gran trago a su té mientras volvía a revolver el cabello del hombre inconsciente en su regazo. Los cuatro mantuvieron sus posiciones sin pronunciar palabra quién sabría por cuánto tiempo, cada uno pendiente de sus propios asuntos mentales. En el caso de Harry, se dedicó a darle vueltas a la última fotografía que había visto en la habitación de Erin: se trataba de Snape y su madre, de eso no había duda¿pero qué hacían tan juntos y sonrientes? O mucha gente le había mentido o nadie sabía la verdad, y se inclinaba más por la segunda. Erin siempre había dicho que jamás estuvo muy ligada a Lily Evans, sin embargo el chico estaba convencido de que con Snape sí había compartido bastante. Las pruebas lo delataban: compartían secretos familiares, ella criaba a su hijo y lo defendía en privado, aunque todos estuviesen en su contra y con sobradas razones. ¿Qué podía saber ella sobre el murciélago? Y siempre se repetía la imagen de los dos niños jugando un invierno frente a la Cabaña de los Gritos. De cualquier manera, le alegraba haber visto a su madre tan feliz, así fuese en una foto, así fuese junto a Snape.

— ¿Quién se murió? — esa voz ronca era inconfundible. Nuevamente, las pociones de Erin habían funcionado. Lupin se veía agotado, pero forzaba una sonrisa como cuando tenía que beber un largo trago de matalobos.
— ¡Moony! — Sirius fue el primero en reaccionar, poniéndose en pie de un salto.
— Hola, Padfoot. Harry, Sebastian.
— ¿Está us... estás bien? — preguntó el más joven de los muchachos, forzándose a tutearlo.
— Estaré mejor en un rato y con un buen trozo de chocolate, gracias por preocuparte — y fue en ese momento que reparó en quién lo sostenía. Erin había arrancado a llorar de nuevo, con los brazos temblándole, y se mordía el labio inferior como para obligarse a permanecer callada. Lupin palideció al segundo. —. Yo...
— ¡TÚ ERES EL IMBÉCIL MÁS GRANDE QUE HE CONOCIDO! — y comenzó a golpearle el pecho con los puños. Él se incorporó cuidadosamente y le pasó los brazos por la espalda.
— Perdón... perdón... perdón...
— Odio llorar, sabes que odio llorar, y me has hecho llorar como una estúpida...
— Perdón... perdón... perdón...
— Te odio cuando me haces esto, te odio, te odio...
— Perdón... perdón... perdón...
— Te odio...
— Perdón...
— Si te dejas matar haciendo alguna otra tontería, te juro... te juro... te juro por mi papá que no dejaré descansar a tu alma por toda la eternidad...
— No hará falta, no pretendo irme... — tras esas palabras, Erin le devolvió el abrazo y descansó la cabeza en su hombro.

Sí, Erin estaba enfadada y resentida y furiosa y tal vez medio loca, pero también se estaba muriendo de amor por el profesor Lupin, e incluso Harry, que no era ningún experto en la materia, podía darse cuenta de ello. En una acción inesperada, Sebastian los sacó a él y a Sirius a regañadientes de la sala, murmurando algo sobre madurez y privacidad que hizo que el adulto frunciera el ceño mientras eran arrastrados escaleras arriba.

— Déjenla sola, últimamente ha llorado demasiado para tratarse de mi mamá. ¿Tienen algún problema con el pepperoni? Voy a ordenar pizza.
— Ehh... no.
— Bien. Deberían estar aquí en cuarenta minutos o menos.
— ¿Los muggles pueden ver la casa? — preguntó Harry con auténtica curiosidad.
— Por supuesto. Está oculta sólo para los magos.
— ¿Ahh?
— Idea de mi mamá. Si eres un mago únicamente puedes entrar si te trae alguien de la casa, si no, ni siquiera verías la puerta... Tengo que ir a llamar, ya vuelvo¡y no interfieran con mi mamá! — Sirius dejó escapar un suspiro antes de golpearse la frente con la mano.
— No puede negar que es hijo de Erin...
— ¿Es verdad lo de la casa?
— Sí. Idea de la dragona, como ya te dijo el chico, parcialmente inspirada en Grimmauld Place. Supongo que en algún momento habrá rehecho el encantamiento para incluirlo a él.
— ¿No debería ser a la inversa¿Qué los muggles no pudieran verla?
— Recuerda de quién hablas. Se lleva mejor con los muggles que con los magos, y no la culpo, después de todo, fue alguien con varita quien mató a su padre. — Buen punto.
— ¿Y qué hay de ti?
— Los magos que me interesaban sabían llegar — Sirius se encogió de hombros —, el resto no me importaba. Sólo llegamos a discutir por una persona, y al final la dragona terminó teniendo la razón...
— ¿Pettigrew?
— Sí, ese... — silencio — Erin jamás lo dejó entrar y yo le reñía por eso. Qué estúpido. Siempre confiando en Peter, qué mal podría hacernos el buen tonto de Wormtail... debió sentirse en la gloria cuando tuvo la oportunidad de traicionarnos. Bastardo — y por un segundo imitó la mueca de su prima enseñando los incisivos.

Cuando los de la pizzería llegaron, ya no había nadie en la sala, aunque Harry creía saber dónde estaban los dos faltantes. Mientras caminaban por el corredor desde la habitación de Sirius hacia las escaleras, se tomó el atrevimiento de mirar por una mínima rendija de la puerta de al frente, que no había quedado del todo cerrada. Claro está que en cuanto Sebastian notó aquello, de haber podido lo había matado, pero no logró impedir que el joven Potter tomara nota mental de que había visto a Erin muy ocupada en besar a Lupin y quitarle la camisa al mismo tiempo. Tal vez sería mejor pasar la velada en el piso de abajo, rodeado de cajas de pizza vacía y sin interrumpir a lo que estuviese pasando escaleras arriba.

Continuará...

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¹Dittany: no tengo la menor idea del nombre de esta planta en español, pero la esencia de Dittany (como demuestra Hermione) sirve para tratar rápidamente heridas menores y otros accidentes… sí, es un spoiler xP

No sé cómo describir este capítulo, 'ta raro, supongo que "necesario" es el mejor adjetivo para él, necesario tanto para la escritora como para los personajes (en ocasiones llega a ser muy molesto escuchar a toda esa partida de locos en mi cabeza [y yo tampoco estoy loca, sólo mentalmente perturbada y compulsivamente obsesiva), sólo queda escuchar lo que ustedes piensen ... Adoro a Sebastian! Por cierto, cumplió años el 02 de noviembre (dato fuera de contexto pero que de cualquier modo me divierte); y ese niño es tan lindoooooooooo! Se merece a sus padres, al papá de verdad y a la mamá postiza, ajap, ajap ... Y Erin y Remus! -muchos corazoncitos salen de los ojos de la escritora- Por Sirius, esos dos son tan necios que son hermosos juntos, y ya es hora que la dragona acepte que se está muriendo por el lobito, ya veremos qué pasará con esos dos a partir de ahora, si disfrutan de su amor o mantienen la discordia (el destino tiene unas cartas guardadas todavía, mwajajajaja!) ... Y qué les pareció el ataque de los mortífagos? La verdad es que Voldy es una mente maquiavélica y jamás deja de sorprendernos todo lo que planifica. Cuántos hilos agitas con un solo movimiento, oh Señor Tenebroso? Qué planes retorcidos tienes para nosotros, simples mortales? (eso fue el momento poético del día, qué tal? xP) ... Jeje, lo admito, maté a Dawlish, y NO ME DUELE (quien haya leído Deathly Hallows entenderá mi falta de remordimientos), aunque tal vez vengan algunas otras muertes (total, es mi fic, puedo vengarme y arreglar la historia a mi gusto. Derechos de escritora.) ... Y por si acaso cualquier cosa les parece insensata, qué pueden esperar de alguien que le dio el toque final al chap escuchando a Honey-sempai cantando?

Respuestas a sus reviews en los próximos días en la página destinada para ello (link en mi profile)

Elogios? Preguntas? Comentarios? Comida para mis dragones? Chocolates? Un iPod? Las 15 barajitas que me faltan del álbum de la Orden del Fénix? Tiempo para traducirle Deathly Hallows a un amigo? Sushi para el pulgoso? Galeones? Remus? Todo eso pueden dejármelo junto con sus reviews en el botoncito morado de allá abajo -Ralkm señala el fin de la página-, ya saben, el ke dice "Submit review" Insultos y howlers-bomba, abstenerse.

MM:MS,MJ&MR

Ralkm Diggory

— Padfoot —

Fundadora de la Orden Remusiana
Miembro de la Orden Siriusana
Arquera de Gondolin

Círculo HP Vzla: Jefa de Ravenclaw (a.k.a. Ravenkage de la Aldea del Cuervo .)

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