|
Author of 4 Stories |
4 de marzo de 2007
Desde noviembre de 2005 no actualizo este fanfic. He tenido toda una serie de problemas que datan estrictamente en lo personal. Digamos que ingrese al mundo de la depresion y perdi todo sentido del romanticismo. No podia escribir una historia de amor si no sentia ese amor inspirador en mi vida. Luego de tantos tropiezos me encuentro aqui, contenta y sorprendida que despues de tanto tiempo aun me sigan llegando cartas donde me pedian que continuara la historia.
Quiero agradecer mas que nada a mi amiga Lumen, que siempre ha tenido fe en mi y que sabia que esta mala racha iba desaparecer pronto y que mis ganas de escribir volvieran a resurgir como antaño. Aunque ahora el problema que tengo es que no tengo maquina pero luego de tanto y tanto pude conseguir que me prestaran una.
Aqui esta la primera parte del final de DRACONIS. Me hubiera encantado ponerles aqui el final pero sinceramente me di cuenta que no seria posible. Este capitulo se hubiera puesto mas largo de lo pensado y creo que para mi era mejor avisarles por medio de este de mi retorno a quiero agradecerles a personas como M. Potter, Daniela, Sky, Bellatrix, May, etc. etc. que me han dado su apoyo para continuar. He recibo muchas cartas mas pero ahora no recuerdo el nombre de todas. Muchas gracias por creer en mi y muchas gracias por preocuparse de mi ausencia. Creo que nunca me habia sentido tan querida a pesar de que ni nos conocemos personalmente.
Espero que este capitulo les guste y prometo continuar inmediatamente con la segunda parte del final. He regresado y esta vez nadie va a detenerme.
Jaina
Cuando llegaron la habitación estaba oscura y fría. Parecía como si nadie hubiera vivido ahí en mucho tiempo aunque hacia poco que la Señora Balch, ama de llaves de la casa de Draco Malfoy, se había marchado a su ciudad de origen.
El silencio y la oscuridad eran buenas consejeras para que los magos tuvieran mayor desconfianza mientras caminaban con sus varitas expuestas. Cada paso era calculado, cuidando siempre que fuera firme y sigiloso.
Sarbu era quien parecía menos cuidadoso. Sus pasos presurosos lo conducían a un amplio pasillo que lo llevaría a unas enormes puertas labradas. Harry y Ron iban tras de el con los ojos puestos en cualquier objeto extraño o en sus propias sombras.
Habían decidido no encender luces dentro de la casa de Draco Malfoy, si en ese lugar habían mortifagos cerca tenían que tratar no llamar la atención.
Ron miraba todo con mas atención que Harry pero porque estaba maravillado con toda la magnificencia de la casa. Aun a oscuras lucia un tanto hermosa y misteriosa. Pensaba que jamás había tenido oportunidad de saber los gustos del rubio de Slytherin pero era obvio que el muchacho estaba acostumbrado a la buena vida.
Vladimir Sarbu abrió las puertas. Se trataba de la biblioteca, talvez dentro de las más grandes que habían visto en casas de magos. Si algo tenía Draco Malfoy es que le gustaba leer, talvez eso mismo hizo que Hermione se sintiera atraída a él, pensó Ron.
- ¿Estaremos seguros aquí? – Pregunto Ron un poco desconcertado al ver como Vladimir revisaba desesperadamente unos libros sin prestar atención a más nada.
- Ningún lugar ya es seguro – dijo Sarbu en voz despreocupada.
- ¿Qué es lo que busca? – pregunto Harry.
- Necesitamos un libro. – Contesto Sarbu – un libro que nos ayude a detener a Geistdunkel. Draco tenía ese libro.
- ¿Para detener a Geistdunkel o a Malfoy? – Harry tenía el ceño fruncido.
Sarbu detuvo su búsqueda y miró seriamente a Harry y luego a Ron. Sus ojos se cristalizaron un poco.
- No creo que Draco Malfoy exista más.
Ron volteo a mirar rápidamente a Harry.
- ¿Esta usted seguro de lo que esta diciendo?
El anciano suspiró.
- Desde el momento en que los dragones tomaron fuerza y salieron volando rumbo a no se donde… supe que Draco ya no era mas que Geistdunkel. El dragón ha tomado la fuerza que necesitaba y una presencia humana no es precisamente lo más indicado para lograr sus planes.
- Pero debe de haber una manera para hacer que Malfoy retorne a su humanidad. – dijo preocupado Harry.
- Si eso existiera… no la sabemos. No hay un registro en ningún lado de que eso pueda suceder.
Ron bajo un poco la cabeza y miro de reojo a Harry quien parecía estar pensativo. ¿Significaba que Hermione había perdido para siempre a su novio¿Sabría ella que Draco Malfoy estaba muerto y en su lugar existía una diabólica criatura que amenazaba con destruir el mundo muggle y mágico?
- Tengo que seguir buscando ese libro…
- Puedo ayudarle señor Sarbu, solo dígame como es.
- Es un tomo café, viejo, muy viejo… tiene unas letras doradas y gastadas. Tiene unos símbolos draconianos.
- Le ayudaremos. – dijo Harry acercándose a un enorme librero.
- Debe estar por aquí. Estos libros son viejísimos. Tienen símbolos con dragones en la portada. – dijo Ron observando uno de ellos.
- Estos son los libros que solía leer Draco antes de volverse cazador.- dijo Sarbu amargamente.
Los aurores bajaron un poco la mirada, sabían que para Sarbu el perder a Draco había sido como perder a un hijo. A Harry le pareció ver a Dumbledore en la figura de Sarbu, siempre tan protector, consejero y paternalista. Suponía que para Sarbu no era fácil aceptar que aquel muchacho pálido y acabado que había llegado de Inglaterra hace tantos años ya no existía más.
Y en medio de la búsqueda sucedió algo grandioso. Sarbu dejó a un lado su búsqueda y se acercó a una pequeña luz que se apaga y encendía en medio de la estancia de la biblioteca. Harry y Ron supieron al instante de que se trataba.
- Alguien intenta comunicarse con nosotros. – dijo Harry.
- Es un patronus.
- ¿De quien es? No logro visualizar.
- Es… ¡Snape! – Exclamo Sarbu.
- ¿Snape? Entonces Hermione… - Harry no pude terminar la frase.
Entre las luces se diviso un pequeño mensaje. Sarbu leyó rápidamente y Ron trató de grabar las coordenadas de lo que parecía una dirección. Harry parecía mas atento al resto de mensaje ¿estaba Hermione con el?
- Krum esta con ellos. Al parecer se trata de un castillo olvidado de la familia Krum a las afueras de Bucarest.
- ¿Y Hermione?
- Si… está con ellos también.
Los chicos suspiraron con alivio. Harry sonrió ampliamente pero luego su sonrisa se borró al seguir leyendo el mensaje. Estaban en peligro, Geistdunkel ya comenzaba su guerra contra el mundo y ellos no eran suficientes para enfrentarse al sequito de dragones.
Las luces desaparecieron y Sarbu se vio mas preocupado aun. La guerra había comenzado, los dragones se reunirían y Geistdunkel, rey de ellos, les ordenaría que atacaran los pueblos muggles.
- Es necesario encontrar ese libro. Para enfrentar a ese maldito dragón hay que conocer algunos hechizos de magia antigua y ahora no recuerdo muy bien todas esas frases. – dijo Sarbu con la voz entrecortada.
Harry y Ron se abalanzaron hacia uno de los libreros y continuaron su búsqueda con más desesperación. Sarbu se dirigió hacia un escritorio y empezó a buscar ahí con la sospecha de que Draco estuviera hojeándolo un poco antes de su partida.
- Aquí no hay nada con las características que nos dio Sr. Sarbu. – dijo Ron.
- Talvez este por aquí. Draco estaba muy interesado en ese libro y estoy seguro que estaba estudiándolo antes de que se fuera.
Sarbu tuvo la razón. Sonrió con alivio cuando vio al gastado libro en uno de los cajones. El mago lo hojeó rápidamente y para su desconcierto encontró varias notas con el puño y letra de Draco.
- ¿Qué sucede¿Es el libro? – pregunto Harry.
El mago no contestó sino que puso su mirada fija en Harry.
- Draco hizo unas anotaciones. Llevaba mucho tiempo estudiando. Supongo que intuía lo que podía estar pasando por lo de sus sueños.
- Hermione me había comentado de esos sueños pero creo que no se imagino que en si fueran premonitorios. – dijo Harry.
- Draco no estaba seguro de lo que pasaba con él. Estoy seguro que fue inclusive una novedad cuando le dijeron. Sin embargo, estaba preparando algo para contrarrestar la magia maligna de un dragón. El mismo nos ha dado la clave para… para matarlo.
Los ojos se Sarbu se cristalizaron nuevamente. Los aurores no sabían que decir pero estaban seguros que era mejor no decir nada. El sentimiento del mago rumano hacia el antiguo slytherin era muy fuerte.
- ¿Qué vamos a hacer ahora? – pregunto Ron tratando de romper el silencio incomodo.
- Iremos donde los demás. Necesitan nuestra ayuda.
- Tendremos que avisar a los demás. – dijo Harry.
- Hagan lo que sea necesario, yo tengo que adelantarme hacia ellos. Necesito preparar a Hermione para lo que va a acontecer.
- ¿Qué es lo que va pasar? – pregunto un tanto asustando Ron.
- Necesito la ayuda de Hermione.
- Para matar a un dragón solo cuente con nosotros, no creo que sea necesario que ella participe. – dijo Harry.
- No pueden ser ustedes. Necesito a alguien que hable… draconis.
- ¿Draconis?
- Esta es magia antigua, la lengua de los dragones es difícil. Ella es la única, aparte de mí, que sabe hablar draconis. Si algo llegara a pasarme necesito que sepa ella que hacer. Ella tendría que matar a Geistdunkel.
- Pero ella no sabe… ¿o sabe que Draco no va a aparecer de nuevo¿Sabe que esta muerto?
- Ese es el caso… que no lo sabe.
Harry y Ron guardaron silencio. La situación era mas grave de lo que podía pensarse. Ahora no solo tenían que preocuparse por matar a un dragón, que no era cualquier dragón, sino también tenían que enfrentarse al sequito de dragones y mortifagos.
- ¿Qué es lo que haremos Lucius? – preguntó Narcisa tratando de ocultar su miedo.
- El ciclo esta completándose pronto estará convertido en dragón completamente. Es cuestión de esperar.
Narcisa miró a Geistdunkel, mientras volaba su cuerpo crecía aun más. Ya no tenia forma humana, ya no era más su hijo Draco Malfoy, ahora era una criatura abominable y pavorosa.
Por un instante una lágrima se asomó en el ojo izquierdo de Narcisa pero luego se contentó con la idea de que el dragón los ayudará a obtener el poder entre los magos y muggles. El sueño de Lucius estaba por cumplirse.
- ¿Estas seguro que ese dragón nos reconocerá una vez que termine de convertirse? – preguntó.
- En la pócima que le dimos a Draco estaba mi sangre. Esta imposibilitado de hacer daño alguno a cualquiera que sea de su misma sangre.
- Eso… ¿es seguro Lucius?
- ¿Desde cuando no confías en mi Narcisa querida? – dijo el mago mirándola fijamente.
- Te he seguido a donde sea, he hecho todo lo que me has pedido y he sacrificado a mi único hijo en pos de un poderío que no estoy viendo.
Lucius la miró con desprecio.
- ¿Qué intentas reclamarme¿Estas diciendo que te arrepientes de esto¡Vamos Narcisa esto nos corresponde! Draco no era más que un malagradecido que nos debía más que la vida. Ese dragón que ves ahí es tu hijo ahora y como su madre serás la dueña absoluta de las tierras que él gobierne.
- Lucius no puedes estar seguro de que ese dragón te reconozca como padre. Hasta ayer podías hablar con él y te reconocía pero míralo… ¡ahora es una maldita bestia!
- Una bestia que te dará las riquezas amor… lo verás pronto.
Pero Narcisa no estaba conforme con la respuesta de Lucius. Al parecer su horror era mayor al ver como la forma humana de Draco desaparecía. Ahora la malignidad afloraba en ese ser viviente tosco y rojo.
Los mortifagos clamaban hechizos de procedencia oscura y maligna. El cielo se torno gris y los nubarrones se tiñeron lentamente de color rojo sangre. Los relámpagos comenzaban a nacer en un cielo infestados de poderosas criaturas aladas.
Geistdunkel ya había tomado su verdadera forma.
El dragón rojo estaba formado completamente. Ya no había rastro humano en él. Los ojos grises de Draco habían desaparecido y ahora sus ojos amarillos, llenos de maldad, miraban al conjunto de dragones que volaban hacia él.
Estaba de regreso y ahora no había poder humano que lo detuviese. Ni siquiera los gritos humanos que residían en él lo detendrían.
El humano, el descendiente de Blancfoi era más fuerte de lo que pensaba. Su poder era tanto como el de su ancestro. Sin embargo, él había logrado introducir en Blancfoi su malignidad, viviendo por siglos y siglos en cada uno de los descendientes.
No sentía ninguna especie de compasión por Draco Malfoy. Ni siquiera sabia a ciencia cierta quien era el dueño… o mejor dicho ex dueño del cuerpo donde estaba residiendo. Un cuerpo humano que ya no existía pero que su alma se negaba a morir dentro de esa entidad deforme y escamosa.
Draco desde el interior le hablaba en draconis. Jadeante, consumido y con las esperanzas agotándose lentamente. Geistdunkel tomaba mas fuerza y si lograba pronto su objetivo Draco moriría ahogado entre el veneno y el azufre de su interior.
Estaba vivo. Todavía podía pensar, todavía podía recordar quien era. Era un ser humano, hijo de magos… el resto no podía recordarlo pero sabia que tenia un porque para vivir. No podía dejarse vencer por el espíritu maligno de ese dragón.
Los dragones formaban un círculo imperioso alrededor de Geistdunkel. El dragón lanzaba llamas y su sequito hacia lo mismo. Los mortifagos veían todo eso como una esperanza, por fin la guerra se avecinaría y ellos podrían participar a lado del gran dragón rojo.
Sin embargo, Geistdunkel era maligno, mentiroso y ruin. No había un sentimiento bueno en su corazón, no había cumplimiento de promesas, el no iba a respetar la vida de un ser humano aunque este le hubiera dado la oportunidad de vivir.
Uno de los dragones se abalanzó sobre los magos lanzando llamaradas de fuego, quedando consumidos en cenizas unos cuantos mortifagos. Los Malfoy quedaron desconcertados pero cuando Narcisa iba a correr para salvar su vida Lucius la detuvo tomándola fuertemente de su muñeca.
- No tengas miedo Narcisa. Ellos no pueden hacernos daño. No a la familia.
- Lucius… - gimió la mujer.
Pansy, que se hallaba a un lado de ellos, estaba temerosa y en su cobardía salió corriendo tan rápido como pudo llamando la atención del mismo dragón que había lanzado la llamarada.
- ¡Pansy! – exclamo Narcisa. – No corras, los dragones están inquietos.
- ¡Pansy!
El dragón se abalanzó y lanzó una bola de fuego, que la bruja pudo evitar con un hechizo. Sin embargo su hechizo era frágil y ella se vio lastimada más pronto de lo que el dragón nuevamente la atacaba. Lucius intento protegerla pero otro dragón se posó en la torre cercándole el paso y amenazándolo con sus fauces.
- Esto no es el trato, Geistdunkel. – dijo Lucius a gritos. – Yo te traje a la vida.
El dragón rojo revoloteaba con su sequito y lanzo otra llamarada para lastimar al mortifago pero este la evito. Narcisa gritaba desesperada pero su esposo la hizo callar con la mirada.
- “¿Quién eres tu?” – dijo Geistdunkel en draconis.
Lucius no sabia que acababa de decir pero sintió que lo necesario era decir que él era también descendiente de Blancfoi, el mago que lo había derrotado y que había sido el cuerpo donde habitó su espíritu cuando lo mató éste.
- Soy Lucius Malfoy, descendiente del mago Blancfoi, y quien te acaba de ayudar a que resurgieras con el poder inminente que tienes ahora.
Geistdunkel aleteó con furia varias veces y se posó en la torre. Pansy lloriqueaba asustada, el otro dragón la tenia amenazada con sus fauces. Narcisa estaba inmóvil, atenta a lo que hacia el dragón rojo con su esposo. Los demás mortifagos presentes se encontraban arrodillados y con las varitas en sus manos temblorosas.
- ¿Crees humano insolente que Geistdunkel tiene que agradecerte por algo? – dijo el dragón rojo en la lengua humana.
- Puedo ayudarte a lograr tus propósitos.- dijo el mago.
- ¿Cómo un mísero ser como tú podría ayudarme¡No eres nada¡Tu presencia me indigna en todos los sentidos!
- No puedes matarme.- dijo Lucius.- Si lo haces se contrarrestará el hechizo que hemos hecho para traerte a la vida.
Geistdunkel dio una especie de rugido y ladeó su cabeza.
- ¿Y crees que por eso no puedo matarte? Geistdunkel no necesita de un humano para reinar este mundo.
Lucius dio un paso al frente, mostrando no tener temor alguno.
- Tu poder no está completo. En tu cuerpo está mi sangre y no puedes matarme. Necesitas otro hechizo para que se complete toda la gestación porque para siempre estarás compartiendo ese cuerpo con mi hijo.
- Tu hijo… - susurró el dragón.
- Él aun vive en ti y vas a condenarte a vivir con él todos los siglos venideros. No creo que quieras la presencia de un ser humano en tus pensamientos.
- Hay que matarlo o él te matará a ti.
- ¡Lucius! – gritó Narcisa.
- ¿Y vas a matar a tu propio hijo para que Geistdunkel viva?- dijo el dragón mirándolo fijamente.
- Ese no es mi hijo ahora pero si te ayudo tendrás que prometer darme lo que te pido.
- ¿Qué quieres?
- ¡Compartir el poder contigo! – exclamo el mago. – Quiero tener el poder entre los humanos, ser yo quien controle sus vidas. Si es posible hundir en la miseria a mis enemigos y que me des ese placer. Te he traído por ese propósito, te he dado un cuerpo donde vivir, estas formado gracias a mi y estarás completo si dejas que yo sea quien terminé el hechizo y elimine a mi hijo de tu cabeza una vez por todas.
- Lucius, esto ha llegado demasiado lejos. Este dragón no va a ayudarte con nada. ¡Salva a Draco! – grito Narcisa.
Geistdunkel miró a Narcisa con odio y se giró para darle un fuerte golpe con la cola. Lucius no pudo hacer nada cuando vio el cuerpo de su esposa salir volando por los aires. El mortifago apretó los labios y sintió un horrible deseo de matar al dragón pero se negó a mover un solo músculo. No podía echar a perder todo lo que ya habían hecho.
Narcisa cayó cerca de Pansy, que aun no podía moverse por el dragón que la custodiaba. La chica lloraba amargamente y miró a quien fuera la madre de su antiguo prometido. Se dio cuenta que estaba lastimada del cuerpo.
- Narcisa… - Murmuró Lucius.
- Ningún miserable ser humano se va a dirigir así en ese tono.
- Ella es la madre del hombre donde resides.
- ¿Y crees que a Geistdunkel le importa eso? Si no he acabado contigo es porque vas a ayudarme con terminar el hechizo.
Lucius no dijo nada. Solo se quedó mirando al dragón fijamente mientras su cabello rubio revoloteaba con el viento. El cielo lanzó un nuevo estruendo y los dragones seguían volando encima de la torre del Castillo de los Krum.
El resto de los mortifagos no sabían que hacer, solo esperaban que Lucius dijera algo pero este no podía hacer nada. Las cosas no habían salido como las planeo, no contaba con que Geistdunkel olvidara sus promesas y olvidara que ellos habían sido quienes lo trajeron a la vida.
Sin embargó en medio de los relámpagos y el remolino de viento, con las nubes mas sangrientas que nunca, una luz resplandeciente se acercaba. Los dragones formaron círculos de fuego en el suelo y pronto el bosque que rodeaba el castillo estaba en llamas.
Hermione, Víctor y Snape corrían entre los árboles que ardían. Tenían que regresar nuevamente al castillo, pues aun Mirka seguía desaparecida.
Entre la desesperación y la angustia, Hermione experimentó un miedo infinito a la muerte pero no a la suya sino a la de Draco. Podía mirar al cielo y darse cuenta que una lucha se avecinaba. El cielo gris, sin estrellas, con las nubes rojizas era símbolo de la muerte.
No supo si tenía que prepararse para ver lo peor o si era mejor mantener la esperanza de que Draco volviera a la normalidad. ¿Pero como volverlo a la normalidad cuando ya estaba convertido en un dragón¿Había alguna forma¿O Draco ya estaba muerto?
Pensó en una y mil maneras pero ninguna era lógica, dentro de si misma le decía que Draco vivía pero que no era ya él, el hombre que conoció. Draco había experimentado una metamorfosis horripilante y eso indudablemente lo cambiaria.
Su única preocupación era detener al dragón y a su vez al ejército que lo acompañaba. Era de temer que los muggles estuvieran pronto involucrados en la batalla una vez que se dieran cuenta del incendio forestal.
Se detuvieron frente a una portezuela. Víctor les hizo una seña y tanto Snape como Hermione lo miraron atentamente.
- Están en la torre. Esta es la puerta que lleva directamente.
- ¿No vamos a esperar a los demás? – pregunto Hermione.
- Mi hermana podría estar en peligro, no me perdonaría si le pasase algo por no llegar a tiempo.
- ¿Qué vas a hacer? – pregunto Snape.
- Voy a buscarla dentro del castillo. Tengo una idea de donde pudieron esconderla. Tengo que salvarla.
- Pero Víctor…
- Hermione, lo siento. Si quieren pueden subir por aquí, yo no puedo acompañarlos. Mi hermana me necesita. Harry y los demás llegaran pronto. En cuanto la encuentre y este a salvo subiré con ustedes para enfrentar a los dragones.
Hermione lo miró fijamente pero Snape asintió con la cabeza dando su consentimiento. Víctor salio corriendo hacia otra parte del castillo, la chica lo vio alejarse y sintió una leve amargura. Se sintió sola en la lucha y Snape estaba todavía lastimado como para enfrentarse a un dragón o a un mortifago.
- Tendremos que subir mientras, Señor Snape.
- Si.
Ambos magos subieron cautelosamente pero con la rapidez que esa misma cautela podía permitirles. El lugar temblaba y caían pequeños pedazos de piedra y polvo. El castillo parecía estar a punto de caerse pero se trataba del mismo estruendo que acometían los dragones.
Hermione avistó por una pequeña ventana la llegada de la luz que habían visto a lo lejos y se trataba de un grupo de dragones blancos y dorados. El resto de los dragones se enfurecieron y comenzaron a atacarse entre si mismos.
- La lucha ha comenzado. – dijo Hermione mirando con los ojos entrecerrados.
- ¿Eso significa que Draco…?
- Significa que tendremos que ir ahí para detener a Geistdunkel.
- Hermione… - Snape se dio la vuelta y miró fijamente a la chica. Ella se dio cuenta que la había llamado por su nombre y no “Señorita Granger”. – Es probable que Draco este muerto y si hay que enfrentarse a Geistdunkel no puede haber el mas mínimo remordimiento ni duda…
- Estoy preparada señor Snape.
- No creo que estés preparada para sacarle el corazón a quien es… o fuera el hombre que amas.
- No creo que ese dragón sea mi Draco. Talvez exista… en alguna parte pero no es él.
- Ni siquiera puedes tener la seguridad de que este vivo. No puede vivir siendo un dragón.
- Tampoco podemos decir lo contrario. Talvez el viva dentro del dragón, su espíritu es fuerte Señor Snape. Si pudo con Azkaban, si pudo con el remordimiento de la muerte de su padre, si pudo soportar insultos, desdenes… estoy segura que puede sobrevivir a Geistdunkel.
Snape no agregó nada. Hermione estaba demasiado optimista para decirle lo que él verdaderamente pensaba.
Siguieron subiendo por la escalera mientras retumbaba el lugar. Sin embargo no pudieron continuar. Bellatrix estaba en la escalera mientras apuntaba en el pecho a Snape. Tenía una sonrisa burlona.
- Pensé que no volvería a verte… Snapy… viejo gruñón. – dijo como si se tratara de un viejo amigo.
- Bellatrix… - murmuró.
- ¿Qué te parece si tu y yo nos enfrentamos en un duelo? Me lo debes.
- Pensé que ya estabas muerta. Que tu sobrino ya te había tomado como bocadillo.
- ¿Crees que soy tan tonta? Mi hermana esta allá arriba con su marido. La pobre cree que los dragones son manejables.
Hermione movió sigilosamente su brazo para apuntar a Bellatrix pero está negó con la cabeza.
- Desde aquí sangre sucia puedo verte. Es una lastima que esta escalera sea tan estrecha porque ya hubiera acabado contigo pero no quiero lastimar a mi viejo amigo Snape.
- Vete Hermione. – dijo Snape.
- Pero…
- ¡He dicho que te vayas!
- ¿Tan cobarde eres sangre sucia que después de matar a tu antiguo profesor no te vas a quedar para que te mate?
- No voy a irme.
- Tienes que buscar la manera de subir a la torre. Este espacio esta ocupado ya y Bellatrix y yo tenemos cuentas pendientes.
Hermione se resistía pero el mago movía su pie para empujarla. La chica tuvo miedo de que Snape perdiera el equilibrio y Bellatrix se aprovechara de eso.
- Pero no quiero dejarlo aquí…
- Tienes que hacerlo… ni siquiera puedes intervenir. ¡Vete ya!
Hermione miró a Snape que tenia su varita levantada hacia Bellatrix. Se dio cuenta que solo iba a ser un disparo y eso seria todo. O ganaba el mago o perdía. Sin embargo, tenia razón… había detener fuera como fuera a Geistdunkel pero ahora no sabia por donde llegar a la torre.
Mirando fijamente a Bellatrix la chica comenzó a dar unos pasos atrás pero como la escalera estaba en caracol pronto la perdió de vista.
Hermione bajó rápidamente y solo escuchó unas cuentas exclamaciones y vociferaciones. Luego un sonido de hechizos… luego silencio.
No quiso detenerse, prefirió continuar bajando hasta que otra vez volviera quedar en el bosque. Talvez Sarbu y los otros estarían por llegar.