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Una vez consiguieron entrar al enorme recibidor del edificio, una mujer morena se acercó a los periodistas y les señalo una de las puertas de doble hoja que estaban al costado. Junto a ella una mesa llena de aperitivos y canapés.
Los hombres de la prensa parecieron más calmados al comprender que el CEO daría una conferencia de prensa para explicar la situación.
Joseph Wheeler se sentía un extraterrestre en medio de la junta directiva del FBI precedida por la sección de Archivos X. Parecía que cada persona dentro del edificio supiera que debía hacer, como si cada uno de ellos hubiese tomado su puesto de combate. Y la verdad es que era algo así.
Kaiba se movía como un tigre en medio de los manglares de la india y a Joey definitivamente se le hacia difícil manetnerce a su derecha, quizá un poco rezagado. El gorila que le había ayudado a despejar la entrada del CEO había desaparecido, y por un momento se sintió solo, abrumado por la r4esponsabilidad. Eran demasiadas las personas que se acercaban al CEO y era realmente imposible determinar las intenciones que tenían para su persona. Sin embargo el escalofrió que sintió se mezclo con el frio natural producido al entrar a una pequeña sala de video, donde cada centímetro de pared estaba rodeada de aparatos electrónicos que mostraban diversas imágenes de la compañía.
- explícame como fue que sucedió. Que muestran las grabaciones del piso donde trabajaba Baltanders.- Joey miraba a Kaiba que había vuelto ha ser el hombre controlador y frio que siempre había visto. No quedaba rastro de satisfacción en su voz.-
- el hombre recibió un sobre sellado, señor- dijo el guardia de seguridad quien ni siquiera se había molestado por que su jefe no se dignara ni a saludarlo ni a mirarlo. Parecía estar acostumbrad0o a la actitud acre del muchacho- luego lo destruyo en la maquina, tomo el basurero, arrojo el contenido al incinerador y se dirigió al piso 13- el guardia parecía preocupado- Como usted sabe…
- allí no hay una sola cámara de seguridad lo se.- el CEO sonrió de una forma cruel. Una sonrisa que solo Joey había podido apreciar debido a su ubicación y a que el brillo de las pantallas iluminaba a su jefe. – una verdadera lastima, pero que se puede esperar, no todos los hombres aguantan la pr4cion de trabajar en una de las empresas más exitosas del planeta.-
Volteó a mirar a Joey, como si recién notara su presciencia le indico con gesto distraído que lo acompañara, mientras a modo de explicación comentaba que el piso 13, ubicado exactamente en medio del edificio era una "sala de conferencias" gigante equipada con toda clase de tecnologías pero que no contaba con sistema de vigilancia, pues allí se celebraban las reuniones del directorio de la empresa, y por ello se exigía la máxima seguridad.
Llegaron al piso-oficina de Kaiba, donde Verónica parecía desperada con la avalancha de llamados que las diversas líneas de teléfono indicaban. Miró a su jefe con semblante preocupado y este le dijo que le llevaran algo de comida y que avisara que en una hora daría una conferencia de prensa para pronunciarse sobre el asunto del siniestrado contador, y que solo le pasara llamadas importantes.
Los jóvenes de cabellos rubios miraban y buscaban en cada centímetro cuadrado del museo, y no había pista de su hermana. En la mañana esta les había anunciado que tenia asuntos personales pendientes y que no la molestaran, pero como ambos creían que la morena era incapaz de sostener algo que se pudiera llamar como vida personal, habían decidido cerciorarse por sus propios medios. Claro que nada habían conseguido. Era imposible. Literalmente la muchacha se había esfumado de la faz de la tierra.
- mmmmm creo que será mejor que aprovechemos la tarde Malik- los jóvenes se pararon juntos y sonrieron. Cualquiera que los viera diría que era un lindo chico que miraba a su espejo. Marik no podía evitar perderse en los ojos lilas que se perdían en los suyos propios. Hace bastante tiempo que este fenómeno extraño venia ocurriendo, pero había tratado de ignorarlo. Por lo mismo había accedido a la busca de la "malvada mujer", ya que era una excusa para estar juntos, pero sin revolver aquellos inquietantes pensamientos que a veces se le venían, y que por milagro, alcanzaba a abstraer de la conexión mental.
Se dirigieron a una plaza cercana a tomar helados. Y a reírse de la gente que pasaba… y a planear travesuras, todo coronados con constantes y largos minutos de silencios cómplices y para nada desagradables.
-Yamiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! – Yuugi Motou podía a veces ser el ser mas desesperante sobre la tierra.
- YAMIIIIIIIIIIIIIIII!- definitivamente si estuviera en su trono, con su poder absoluto, muchas veces lo habría mandado a matar por consentido y mimado.
-YAAAMIIIIIIII!- el dictador se volteó con las cejas fruncidas dispuesto ha hacer callar al pequeño, cuando su mirada se suavizo. Allí estaba su Hikari mirándolo con ojos brillantes por el miedo, sentado en el suelo esperando que el Faraón matara a la horrible bestia que había osado asustarlo. Y allí estaba el ex hombre más poderoso del Nilo, desarmado por un ángel que había disparado a su alma.
- ya calma Hikari, ya esta muerta, es solo una araña grande y fea que tenia su nido entre las latas de conserva, nada mas.- Atem bajó de la silla en donde se encontraba encaramado y botó a la basura los vestigios del pobre arácnido cuyo único pecado había sido ser venenoso, pero pacifico.
- eres mi héroe- Yuugi abrazo al espectro y suspiró- siempre he temido a las arañas, mi abuelo me decía que si no me comía la comida cuando pequeño o le desobedecía las arañas me llevarían lejos. Se que es estúpido….
- no lo es Hikari- interrumpió el muchacho- a veces los cuentos infantiles te causan traumas, yo odiaba a los cocodrilos, y vieras lo que sufría en las ceremonias dedicadas a Set- Yami sonrió instintivamente ante aquellos recuerdos adquiridos recientemente de millones de años atrás- Quizás por eso es que admiraba tanto al sacerdote.
-Era muy distinto al actual Kaiba- Yuugi miró a su faraón. Este le devolvió la sonrisa y así pasaron la tarde hablando de los recuerdos del antiguo gobernante de Egipto
Seto se dejo caer (por no decir se tiró) en un sillón forrado a un costado del ventanal que le daba la vista panorámica de la ciudad. Joey que no atinaba a nada se quedo de pie esperando, mientras observaba con mas clama la misma habitación que había sido testigo de su locura al firmar el contrato de trabajo que ahora lo traía de vuelta.
Había tres computadores encendidos en la habitación uno ejecutando lo que parecía un sistema de pruebas de algún nuevo proyecto, un segundo con una planilla de Excel que mostraba cifras azules que bastantes ceros y la tercera que mostraba las ventanas de varios diarios financieros de distintas partes del mundo. Había además una serie de documentos desplegados en las dos mesas de trabajos y un gran plano de un edifico (a juzgar por las dimenciones del trabajo) sobre la mesa central. Un cuadro de Mokuba era lo único que evidenciaba que aquel que pasaba sus horas en ese lugar tenia familia.
Las paredes opuestas a las ventanas estaban plagadas de libros y de carpetas. A un costado un frigo bar y sobre el varias botellas de diversos licores, todas semi vacías.
- acaso no te vas a sentar- dijo Kaiba, señalando un sillón pequeño a un costado de donde el estaba – vas a tener que estar un rato de pie en una hora, y además no alcanzamos a terminar nuestro almuerzo- murmuró. Joey un poco sonrojado y a la par que pedía permiso se sentó en el mullido sofá que se hundió bajo su peso, en una sensación de paz y tranquilidad. Kaiba estiró su mano a una pequeña mesa ubicada entre los sillones y encendió un iPod, dejando escuchar por los parlantes del aparato una relajante melodía.
Estaban así, en silencio cada uno en sus pensamientos cuando una puerta lateral se abrió. La eficiente Verónica llegaba con una bandeja de sushi y unos pasteles turcos en un carrito y lo dejo al alcance de una mano. Tomo una frazada que tenía plegada en su brazo y tapó a Kaiba.
- pe… pero- alcanzo a murmurar el CEO cuando la mujer lo atajo con voz maternal.
- lleva mas de 48 horas sin dormir. Descanse por lo menos hasta antes de la conferencia. Si en una hora esta dormido, la atrasare 40 minutos, y no se preocupe por los periodistas- atajo con gesto firme ante el ademan del CEO- les ordenare mas comida y bebidas y verá como no les importa esperar- luego volteando hacia Joey sonrió- y tu muchacho, aprovecha también de descansar. En el mueble de al lado (señalo una especie de closet) hay una Wii con varios juegos que usa Mokuba cuando viene. Así no te aburres- y sin esperar que alguno de los dos se quejara se retiró del lugar.
-vaya, cuanta confianza para hablarte así- comenzó Joey cuando un suave ronquido le llamo la atención. El poderoso CEO de Kaiba Corp. había caído rendido en su sillón. Era increíble como el gesto mas vulgar del mundo se las arreglaba para verse elegante y fino en ese cuerpo flexible, pero demasiado delgado.
Estaba luchando contra unos ninjas, cuando la voz de Verónica, sonó metálica por el aparato. No se sorprendió solo por que la primera vez lo había hecho. Kaiba estaba durmiendo aun y ya llevaba una hora 35. Debía arreglarse para ir a la dichosa conferencia.
Joey contesto que el se encargaría de despertarlo y el gracias fue lo ultimo que escucho antes que la habitación quedara nuevamente en silencio.
Se acerco al CEO, el hombre del momento que así, durmiendo parecía un mortal bastante agotado. Le dio pena lo que iba ha hacer. Tomo su hombre mientras se agachaba y le susurro suavemente que era hora de despertar, mas las incontables horas de trabajo parecías que sumergían al hombre en un pesado sopor. Sus mejillas estaban sonrojadas, por el calor producto de la manta y sus labios ligeramente abiertos. Un deseo de besarlo se apoderó de Joey pero su cerebro lanzo la alarma, antes que siquiera pudiera procesar la idea.
Un zamarreo mas fuerte obligo a Kaiba a gruñir mientras se sentaba en el sillón y acomodaba sus cabellos.
-que hora es- su voz sonó ronca. Sexy si se quiere- LA conferencia. Al parecer su cerebro ya estaba en funcionamiento otra vez. Volvía a ser el súper hombre.
Joey lo vio vaciar un vaso de whisky y dirigirse al baño. Luego de unos minutos pareció el SETO KAIBA, el dueño de Kc, el jugador de cartas, el hombre de hierro. Su mirada fría, su rostro sin sonrisa y su cuerpo alerta. Vacio otro vaso del mismo licor y le indico a Joey que le siguiera.
La sala estaba atestada de alegres periodistas, que proclamaban la generosidad de aquel hombre que les había alimentado. Cuando apareció, hasta aplausos se escucharon.
Seto se sentó y espero las preguntas. Luego de los agradecimientos, la pregunta del millón, que había pasado. Seto contesto, como quien ha aprendido un discurso
-Kaiba Corp. lamenta el fallecimiento de Gastón Baltanders, es una lastima, un contador único y magistral que gozaba de la confianza de todos. Lamentablemente el piso desde el cual se – hizo una pausa haciendo un gesto obvio- no contaba con cámaras de seguridad por ser la sala de conferencias de la empresa.
Obviamente Kc cooperar en todo con la policía facilitando las cintas de las ultimas horas del joven Gastón.
Luego de las declaraciones un par de preguntas sobre economía Seto se despidió y salió.
Joey lo seguí como un perrito, pero no quiso reconocerlo y Kaiba no quiso comentarlo.
Volvieron al estudio del ceo.
Seto se sentó y de la nada (literalmente) apareció un hombre. Joey hizo un ademan de lanzarse sobre el, cuando Kaiba le hizo un gesto de que se detuviera.
- es de confianza- murmuro cuando el tipo, a quien sus rasgos no se podían ver, le extendió una carpeta-
- la confesión de Baltanders con los nombres de sus cómplices. El modus operandi de sus acciones, los beneficiaros y las cuentas donde están los fondos además de los passwords para sus accesos, todos corroborados antes de ser eliminado.
Joey se quede helado, mientas Kaiba sonreía como un león mientras se relame las patas frente a lo que queda de su victima.