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Books » Harry Potter » La magia está en tí
Tasha Dawn
Author of 9 Stories
Rated: T - Spanish - Mystery/Romance - Sirius B. & Severus S. - Reviews: 133 - Updated: 08-02-09 - Published: 10-17-03 - id:1562903

Capítulo 29

"Eso" y "aquello"

Lily y James volvían hacia Hogwarts en el más absoluto e incómodo de los silencios. Ambos estaban manchados, Lily tenía algún que otro spagheti en el pelo, mientras que James olía sospechosamente a cerveza. Ni el uno ni el otro tenían nada que decir, pues estaba claro qué pasaba por la mente de cada uno.

Aquella había sido la peor segunda cita de su vida. Al parecer, los camareros de aquel lujoso restaurante no sabían distinguir entre el plato y la cabeza de Lily. Tampoco distinguían demasiado el vaso de James respecto de su regazo.

Estaba claro. El destino iba en su contra. No quería que dicha unión sucediera. Nunca estuvieron predestinados a estar juntos, y aquellas dos desastrosas citas eran la prueba viviente de ello.

- Bueno... –dijo James, cuando se detuvieron delante la puerta, esperando a que Filch les abriera.

- Bueno.

James se quedó un rato mirando a Lily. Frunció el ceño e hizo una mueca, dubitativo.

- Tienes... tienes algo... –empezó a decir, señalándole el pelo. Lily empezó a palparse, pero al ver que iba tan descaminada, James mismo alargó el brazo- ¿me permites?

Lily asintió y James le extrajo el frío spagheti de su estropeado pelo.

- Con una buena ducha eso se... se quita. Ya verás.

Lily hizo una extraña mueca y se giró. James se asustó.

- Que... ¿qué pasa? ¿Lily?

James observaba compungido y temeroso cómo Lily empezaba a mover los hombros intermitentemente.

- Oye, lo siento, no pretendía que... ¡te aseguro que estaba recomendado en la guía de restaurantes! ¡No quería llevarte a un sitio dónde de tiran las cosas encima y luego te piden que les pagues! Menudo robo. ¿Cómo les explico yo a mis padres que me he gastado toda la mensualidad en un restaurante cutre regido por ogros en lugar de...

Lily prorrumpió en carcajadas, interrumpiendo despiadadamente los lamentos de James. La pobre necesitaba cogerse la barriga para no desternillarse allí mismo. James se sintió algo ofendido, él que pensaba que estaba enfadada y... ¿se pone a reír? Ni en sus mejores sueños esperaba que su cita terminara así.

- No sé dónde le ves la gracia.

- Ay, perdona –consiguió decir Lily, entre risas, cogiéndole el brazo para sostenerse- es que... es que... –continuó riendo- no puedo, en serio, no puedo... de verdad, es que te veo con esa cara y...

Lily no pudo si no continuar riendo. Aún con algo de resquemor por la poca sensibilidad de la chica, tampoco pudo evitar sonreír ante las risas de Lily.

- Es que... aún recuerdo cuando ha venido el elfo ese... ay ay ay... ¡perdón, perdón! ¡Y plas! ¡Toda la bayeta en tus pantalones!

- Alguien debería enseñar a ese elfo dónde están las partes nobles de los magos.

Lily rió con más virulencia ante tal comentario.

- Ya veo que disfrutas de mi humillación.

- No es eso, no, es que... –Lily empezó a calmarse, mientras se secaba con un dedo las lágrimas de sus risueños ojos- qué risa, ay.

- ¿Ya está?

Lily dejó ir otra suave carcajada al ver la cara de James, pero enseguida recuperó la compostura.

- Sí. Ay. Perdona. Jeje. Sí. Uf. Ya, ya estoy.

- Creo que no deberíamos repetir la experiencia.

Lily sonrió, pero se contuvo la risa.

- En eso coincido contigo.

- Fue una mala idea lo de salir juntos.

Lily se tapó la boca, tratando de no volver a soltar una carcajada.

- Ya veo que te encanta la idea –murmuró James, sardónico.

- Perdona. No –se puso seria-. No es eso. Es que... eres tan dramático...

- ¿Qué quieres decir?

- ¡Vamos! ¿De verdad vas a abandonar sólo por dos desastrosas citas? ¡Por favor! Creía que eras un hombre, no un gallina.

- ¿Es que quieres que tengamos otra de estas? –preguntó James incrédulo.

- ¡Por supuesto digo que no! Sólo digo que no es necesario tener citas para estar con alguien.

James se quedó unos minutos en silencio, observándola.

- ¿No irá a darte otro de tus estados de shock, verdad? –dijo ella, preocupada por la cara de James.

- No, no... pero... ¿me estás diciendo que de verdad tú... tú quieres... –James titubeó, frunciendo el ceño, demasiado consternado para encontrar las palabras. No obstante, Lily se limitó a mirarle expectante, así que tuvo que proseguir él y decir lo que hasta ahora se le había antojado imposible:- quieres... ser mi novia?

Lily sonrió, pero esta vez sin burla de por medio.

- Está claro que no, si sigues poniendo esa cara de alelado.

- ¡Lily, me estás matando los nervios!

- ¡Y no tienes ni idea de lo bien que me lo estoy pasando!

- Eres... eres... ¡mezquina! –exclamó, como un niño cabreado, dándose la vuelta.

Lily le puso una mana sobre la espalda, conciliadora.

- Ahora ya sabes lo que se siente.

- ¿Lo que se siente? –refunfuño James, cruzado de brazos, sin llegar a darse la vuelta, pero demasiado curioso para poder evitar preguntar.

- Cuando se es el objeto de burla de alguien.

- ¡Esto no tiene nada que ver! –se defendió él, dándose la vuelta.

- Pues yo creo que s...

Pero Lily no pudo terminar la frase, ya que la puerta del castillo se abrió con un estremecimiento y alguien salió de precipitadamente, pasando por en medio de James y Lily y sin ni siquiera girarse.

Era Snape, pero para cuando le hubieron reconocido ya estaba bien lejos de ellos.

-¡Eh! –le reprendió James, alzando un brazo.

Lily le cogió el brazo y trató de hacerle entrar el castillo.

- Déjale.

- ¿Por qué, si...?

- Ya tiene bastante con lo suyo –aseveró Lily, mirando duramente a James, sin dejar lugar a discusión alguna.

- Pero...

- Vamos –le ordenó Lily, cogiéndole la mano y llevándolo hacia las escaleras.

- ¿No está Elisa?

- Lo siento –murmuró la rubia.

- Bueno, gracias de todos modos. Iré a ver si ha venido a mi sala común.

- Cualquier cosa... ya sabes dónde estoy.

Sirius hizo una sonrisa incómoda a Celline, la novia de Peter y se marchó corriendo. ¡Vaya con la francesa! Empezaba a sentirse acosado, con tanto coqueteo... suerte que Elisa no estaba por allí, bien sabía que no le gustaba nada esa chica... y razón no le quitaba. Era rara. Guapa, sí, pero... rara. ¡Estaba con Peter! En fin. Sería mejor no darle vueltas al tema.

El tema ahora era encontrar a Elisa. ¡Tenía que darle la gran noticia! ¡James y Lily juntos! Después de una eternidad, al parecer la cosa había cuajado. Cuando Remus y Sirius habían visto entrar a través del retrato de la Dama gorda a James y Lily cogidos de la mano, ambos creyeron estar dentro de una fantasía de James. ¡Parecía imposible! Pero, por increíble que pareciera, Lily lo había confirmado. ¡Increíble!

Total, que había que celebrarlo. Habían sido muchas horas de tener que escuchar a James suspirar, aquella alegría era, des de luego, compartida por todos los merodeadores. Era evidente que James en aquel preciso instante lo único que quería era estar a solas con Lily y dejarse de pamplinas y celebraciones, pero parte de la función de ser mejor amigo consistía en incordiar un poco.

Tenía unas ganas de ver la cara que haría Elisa cuando se lo contara... Menuda sorpresa se iba a llevar. Bueno, eso si la encontraba. Tenía que encontrarla, por fuerza, había quedado en ir a por ella y que luego ambos se pasarían por la cocina dónde pisparían alguna que otra cerveza de mantequilla para celebrar el asunto como es debido.

¿Pero dónde se había metido esta chiquilla?

Tendría que recurrir al mapa del merodeador. Sirius sacó el plano, juró hacer alguna diablura y buscó la etiqueta de Elisa. ¡Ajá! Estaba un pasillo más abajo. ¿Qué debía hacer allí a aquellas horas? No era el recorrido de ninguno de los lugares que solía ir ella, ni la biblioteca, ni el comedor, ni la sala de gryffindor...

Bueno, le preguntaría cuando la encontrara.

Cerró el mapa y bajó corriendo las escaleras, de dos en dos. Cuando Sirius llegó y vio que Elisa estaba justo de espaldas a las escaleras por las que había bajado, aprovechó para darle una sorpresa. Con sigilo, se acercó a ella y le tapó los ojos con sendas manos.

- ¿Quién soy?

Elisa dio un salto, a la vez que lanzaba una pequeña exclamación.

- ¡Sirius! –soltó ella, cogiéndole las manos y dándose la vuelta para verle la cara- Qué... ¿qué haces aquí?

- ¡He venido a buscarte! –dijo él, en tono jovial. No esperó a que ella preguntara la razón, pues estaba demasiado contento para molestarla con el suspense-: ¿A qué no sabes qué? ¡Lily y James se han juntado por fin!

- Vaya –murmuró ella, abriendo los ojos-. Vaya, eso es... eso es... genial, sí.

- Sí, y vamos a hacer una fiestecilla para celebrarlo... –Sirius se detuvo un momento-. ¿Te encuentras bien?

- ¿Qué? –preguntó ella, abstraída- ¡Sí, sí! ¡Claro! Muy bien.

- Que... no te lo he preguntado... ¿dónde estabas? He ido a buscarte pero...

- Estaba dando una vuelta –repuso ella, rápidamente.

- ¿Una vuelta? ¿A estas horas?

- Sí. Fíjate qué cosas. A estas horas.

Sirius se dio cuenta de que Elisa no estaba muy receptiva, así que prefirió no indagar en el tema por el momento.

- Bueno, es igual. Vamos a la cocina.

- Vale.

Durante toda la noche Lily no pudo evitar observar con preocupación a Elisa. Sirius estaba demasiado ocupado gastando bromas pesadas a su amigo como para darse cuenta. Pero después de haber visto salir corriendo a Snape, a Lily no le quedaba duda alguna. Tenía alguna relación.

Lily trató de hablar con Elisa, pero cada vez que James conseguía escapar de Sirius venía a por ella, una y otra vez, por un lado para asegurarse de que ella no se había echado atrás y por el otro en busca de ese "primer beso" como pareja que aún no había conseguido. Pero había demasiado lío como para que nadie consiguiera sus propósitos aquella noche. Antes de que alguien pudiera conseguir algo, llegó la profesora McGonagall echa una furia, demasiado enfadada por el escándalo que estaban montando como para atender a razones. Así pues, Elisa tuvo que marcharse a su sala común sin haber podido llegar a hablar con Lily, mientras que James no pudo estar a solas con Lily por cierta prohibición que existía en relación a la entrada de machos en los dormitorios de chicas.

Total, que había que esperar para hablar y sucedáneos (entiéndase de ello los propósitos de James para con Lily) el día siguiente

Des de la torre de Ravenclaw existían varios ventanales, a través de los cuales se podía ver perfectamente quién entraba y salía del castillo.

Debían de ser las cuatro de la madrugada. Elisa no había sido incapaz de dormirse. Las ideas, los recuerdos, y la confusión en general, no paraban de rondarle por la cabeza. Además, temía que si se dormía de algún modo aquellos que la acechaban pudieran enterarse de algo. Y no podía permitirlo.

Sabía que Lily intuía algo. Le había visto la mirada y sus precarias clases de Oclumencia le habían permitido ver la imagen de Snape saliendo del castillo a toda prisa en la mente de Lily. Sospechaba. Y eso era más de lo que podía permitirse.

Ya no sólo se trataba del temor a que Sirius descubriera la verdad. No era sólo eso. Ahora Snape era un mortífago. Y por el bien de ambos, no podía ser relacionado con él de modo alguno. Quién sabe qué desgracias...

Mejor no pensarlo.

No.

¿Cómo había podido ser tan... tan... loca? ¿Era esa la palabra? No lo sabía. En cualquier caso, si seguía así, realmente se volvería loca.

Mirando a cada instante por la ventana. Aquello rallaba la obsesión.

A saber qué misión le habían encomendado. Incluso era posible que su propio padre le encomendara algo.

Puaj. ¿Por qué era todo tan repulsivamente complicado?

Al fin, apareció. No pudo suspirar con alivio al comprobar que estaba sano y salvo. Bueno, no es que a aquella distancia, pudiera entrever si aquella figura negra estaba "bien" o "mal", pero si podía desplazarse por su propio pie es que no podía estar muy mal...

Ay ay ay.

¿Qué voy a hacer?

Olvídalo

A aquellas alturas, escuchar aquella voz en su cerebro, ya no la sorprendía en absoluta. Aquella vez, incluso fue algo reconfortante. Debería espantarse, ante tal sentimiento, pero estaba demasiado cansada para negar la evidencia. Le importaba.

¿Que olvidara lo que había pasado?

Elisa se quedó observando la pequeña figura negra, cada vez más cerca del castillo.

¿Me harás una poción?

No contestó, pero Elisa casi pudo percibir la amarga sonrisa que había arrancado de sus labios.

Te odio dijo al fin él.

Elisa correspondió a aquellas silenciosas palabras con una triste sonrisa.

La figura desapareció dentro del castillo.

- Y yo a ti –murmuró ella, para sí, meditabunda.

- A quien se lo diga no se lo va a creer.

Lily dio un suspiro de resignación, levantó la vista de su interesante libro y respondió con un cuchicheo.

- ¿El qué?

- ¡Llevamos un día saliendo y aún no te he besado!

Lily le miró con alarma.

- Aquí no.

James miró la biblioteca quejumbroso.

- ¿Por qué no?

- Porqué aún estoy a tiempo de arrepentirme –dijo ella, tranquilamente, volviendo la vista hacia su libro.

- Eso es chantaje

- En efecto.

- ¡No me lo puedo creer! Si te besaba más cuando no estábamos saliendo...

Lily le lanzó una mirada asesina.

- A ver si al final voy a ser yo el que se arrepiente –le amenazó él.

- Uy, qué miedo.

- ¡Tómame en serio! –sentenció James, como si de un niño pequeño se tratara.

- ¡Oh! –exclamó Lily, cogiéndole la mano a James sobrecogida y con la vista en un punto indeterminado.

- ¿Al fin vas a escucharme?

- Tengo que irme –atajó Lily, levantándose precipitadamente.

- Li...

Pero ella ya estaba demasiado lejos como para escucharle. Se había ido corriendo hacia el lugar dónde se situaba Madam Pince, y dónde acababa de ver Elisa dejando un montón de libros. Lily quiso gritarle, pero al estar en una biblioteca le fue imposible. Ajena a la carrera de Lily, Elisa salió de la biblioteca, mientras su amiga trataba de darle alcance. Un carrito lleno de libros que se movía solo se interpuso en su camino, como si quisiera hacerle la puñeta adrede. Lo volteó y tras casi tropezar con unas chicas de Hufflepuf, salió resoplando de la biblioteca.

Elisa acabada de dar la vuelta de la esquina de aquel largo pasillo. Aún podía alcanzarla.

- ¡Elisa! –la llamó, mientras volvía a correr hacia su dirección.

Llegó a las escaleras y vio como Elisa ya estaba en el piso de arriba.

- ¡Maldita sea! –refunfuñó Lily, empezando a subir a trompicones por la escalera.

¿Por qué puñetas la estaba persiguiendo? Se preguntó a sí misma, pero estaba demasiado concentrada en no tropezar por las escaleras como para darse una respuesta plausible.

Llegó al final de las escaleras, que daba a dos pasillos completamente distintos por los que no se veía rastro de Elisa, ni ella tenía idea de a dónde conducían.

Estoy en último año de Hogwarts. ¿Cómo puede haber aún pasillos que desconozca?

Giró por el de la izquierda, que parecía más iluminado y, por lo general, más bonito que el otro. Dio unos cuantos pasos, hasta que finalmente se percató de que había perdido de vista a su amiga. Desanduvo sus pasos y fue por el otro pasillo, pero con igual éxito que el anterior. Hasta que llegó a una puerta que no había visto nunca y no pudo evitar pararse a curiosear.

Sin embargo, antes que pudiera siquiera pararse a escuchar si era una clase o un simple urinario, un brazo salió de ella y la arrastró a su interior.

- ¡Pero q...! –gruño ella, deshaciéndose de la mano que la asía y apartándose para ver la cara de su secuestrador.

- Des de luego eres una mujer difícil.

- ¡James! ¿Por qué me has... –empezó a decir Lily, observando con desagrado el lugar dónde estaban: un armario oscuro lleno de escobas- metido aquí?

- Porqué no he encontrado otro modo de tener algo de privacidad contigo –ronroneó él, con el tono grave que solía adquirir cada vez que la distancia entre ambos se acortaba.

- James, no es que no quiera...

James extendió los brazos a cada lado de los hombros de Lily y apoyó las manos sobre la pared, dejando a la chica entre la pared... y él. Y algunas escobas, hay que añadir.

- ¿Qué? –susurró él, ladeando peligrosamente la cabeza.

- ... es que tengo que encontrar a Elisa.

- No, eso no. Que no es que no quieras... ¿qué?

Lily se sonrojó.

- Que no es que no quiera... eso.

- ¿Eso?

- Tú ya sabes qué –dijo ella, incómoda y algo cabreada por haber perdido el poco poder del que había dispuesto en ese breve día mientras había estado en público con James, pero que sabía que perdería en el momento en que volvieran a estar solos.

James le acarició una mejilla con la mano.

- Estás muy caliente –constató él.

- ¡James!

- ¿Porqué no encierras un ratito a la Lily responsable y dejas dar una vuelta a la otra?

- ¿La... otra?

- La loca.

Lily podría haberle dado todo un razonado discurso sobre el absurdo de sus palabras y su poca relación con la realidad, pero James detuvo todas las elucubraciones mentales de la Lily responsable, cubriendo sus labios con un beso.

Aquel fue, con diferencia, el mejor de todos, pues no era fruto de la distracción de Lily, ni de un "robo" malintencionado por parte de James. Todo cuanto podía alegar ahora Lily era su timidez, más cuando estuvo entre los brazos de James, no pudo hacer otra cosa que dejarse llevar y olvidar cualquier otro tema que anteriormente hubiese ocupado su mente.

- ¿Te vas?

Elisa cerró de un golpe el baúl y dio media vuelta para enfrentarse a Sirius.

- Sí.

- Pensabas... pensabas ¿qué? ¿Irte sin decírmelo?

Elisa fue hasta él y le cogió las manos.

- No, claro que no. Por eso te he hecho venir. Para explicarte.

- Oh.

Sirius parpadeó un par de veces, visiblemente molesto, pero demasiado confuso para estar realmente enfadado.

- Explícate, pues.

- Necesito irme unos días. Alejarme de la magia... estar con mi madre. ¿Comprendes?

- No –sentenció él, apartando sus manos de las suyas.

Elisa suspiró.

- Es que... han sido muchas cosas y yo...

- ¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes, cuando tuviste tu crisis? Ahora ya ha pasado, ¿o no?

- Bueno, no... no lo sé. Necesito tiempo.

- ¿Tiempo? ¿Pero tiempo para qué?

- Para mí, para pensar, para estar a solas...

- ¿... para alejarte de mí?

- ¡No! Claro que no. Esto no tiene nada que ver contigo, de verdad.

- ¿Es que ha ocurrido algo?

- No, no ha ocurrido nada. Son sólo cosas mías –susurró, apartando la mirada.

- ¿Has tenido más sueños?

- No, Sirius.

- ¿Entonces qué es?

- Ya te lo he dicho, son cosas mías.

- Pues no lo entiendo.

- Es que no te estoy pidiendo que lo entiendas. Sólo que seas comprensivo.

- ¿Hay alguna diferencia?

- Sí. Ser comprensivo significa que aunque no lo entiendas, seas capaz de escuchar a una persona.

Sirius se quedó un rato mirándola, ceñudo.

- Ya lo has decidido –no era una pregunta, sino más bien una constatación.

- Sí.

- Soy tu novio Elisa. Debería tener algo que decir algo al respecto.

- Es que nada de esto tiene que ver con nosotros. Es sólo... eso. Que necesito un tiempo.

- Lo repites como si necesitaras convencerte a ti misma.

- No estoy intentando convencerme a mí misma. Yo estoy convencida.

- ¿En serio? ¿Y por qué no te has ido ya?

- Porqué quería hacértelo comprender.

- Pues no lo entiendo. Si quieres irte vete, pero no intentes convencerme de nada, porqué no te creo.

- Sirius...

- Vete, si es eso lo que deseas.

- No es que lo desee...

- Ni siquiera me has pedido ayuda.

- No se trata de pedir ayuda...

- Quédate o lárgate, pero no me hagas perder más el tiempo con esta estúpida conversación.

Elisa se quedó mirándolo, sintiendo un intenso dolor en la garganta y un profundo agujero en su interior. Estaba siendo cruel a propósito, porqué estaba demasiado indignado para pensar racionalmente, para entender lo que ella trataba de explicarle. ¿Pero qué le estaba explicando? Nada, nada en absoluto. Le estaba ocultando la información esencial, y lo único que podía hacer él ante tal falta de información era ser cruel con ella.

Pero nunca se lo diría.

Nunca.

Porqué la verdad era mil veces peor que aquella mentira.

Y prefería que en aquel momento la odiara por su falta de explicaciones antes de hacerle saber "aquello".

- Está bien.

Elisa cogió el baúl y se fue hacia la puerta. Al pasar al lado de Sirius, que se había quedado cruzado de brazos, rígido en su lugar, él murmuró:

- Adiós.

No era un adiós, no de verdad. Ella volvería, y sabía que aunque estuviera enfadado con ella, al final conseguiría su perdón. No pasaba nada, por decir aquella nefasta palabra. Porqué volvería, y todo volvería a ser como antes. Así que, haciendo acopio de todo su valor, dijo la palabra y salió por la puerta con la cabeza bien alta:

- Adiós.

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