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Espero que les guste esta reedición del Epílogo. Trae algunos agregados que consideré importantes y que se me pasaron la vez anterior. Además, pude corregir algunos errores de redacción. Como siempre escribo apurada, pues tiendo a repetir la misma palabra muchas veces en un mismo párrafo y otras cosas más que intenté mejorar. Al final, los reviews. Gracias, ggracias.
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Rurouni Kenshin no me pertenece… es de Nobuhiro Watsuki y de otros tipos que compraron los derechos. Pero mía mía, pa ná. Aunque ya me la quisiera.
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Por Siempre Mía
(Especial 24 avo Aniversario Blankaoru)
Epílogo
Y el tiempo pasó
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La pequeña niña portaba un ramillete de flores blancas. Se acercó a una habitación silenciosa y corrió la puerta.
Entró en ella y avanzó segura, pero con cuidado hacia su objetivo… quería darle una sorpresa a ese hombre en especial que tecleaba sin detenerse las palabras y frases que salían de su imaginario, antes de que se les escaparan las ideas.
Keishi, escribía concentrado. Tanto, que no se percató de que alguien más se encontraba en el cuarto en ese momento.
Pero de pronto, su cuello era rodeado por unos delgados bracitos. Sintió sobre su mejilla la tibieza de muchos besos que sólo eran para él… Keishi no se lo pensó demasiado para dejar de lado su trabajo, quitarse las gafas y estrechar entre sus brazos a la niña.
Era una niña menuda y muy despierta, de mirada inteligente sobre un fondo azul intenso. Sus cabellos renegridos hacían un precioso contraste con su piel blanca y Keishi sintió una vez más, al abrazarla, esa sensación en su pecho que tenía sólo para ella.
Feliz cumpleaños, papito. Te quiero mucho.- dijo la niña abrazándolo más fuerte y entregándole el ramo de flores.
Keishi tomó las flores, conmovido y agradeció a Kaori el gesto.
Gracias, mi amor.
Kaoru los observaba sonriente desde la puerta entreabierta. Estaba terminando de acomodar todo para la llegada de los invitados a la fiesta del 36 avo aniversario de Keishi. Pronto volvió a moverse, porque tenía cosas que hacer en esa tarde.
Papito… ¿de qué se trata tu historia?
Keishi miró intensamente a su hija, diciéndose a sí mismo que era un hombre muy, pero muy afortunado. Tenía a Kaoru para cuidarla el resto de su vida… y una réplica en miniatura de su amada, de la que se declaraba fanático.
Cinco años atrás, la vida de Keishi era muy diferente. Solo y atormentado por culpas que no le pertenecían del todo, recaía continuamente en estados depresivos tan severos que sólo podía pensar en que estaba viviendo de más. Y que lo mejor sería poner fin a ello.
Pero había llegado ella… ella… con su ramillete de flores y sus ganas de amarlo y estar con él para siempre. Y asi la depresión de Keishi había desaparecido como por arte de magia.
Por eso para Keishi los ramilletes de flores blancas como el que le había entregado su hija eran tan importantes. Era como un pacto acordado de modo silencioso entre Kaoru y él… como un gesto simbólico que implicaba un nuevo año para él, con un nuevo comienzo lleno de vida y esperanza, lleno de amor.
Kaori besó a su padre nuevamente en las mejillas y salió al jardín de la casa, para jugar con sus tíos Kojiro, Sayo… y Okina, de cuatro años, uno más que ella, en esa tranquila y soleada tarde de verano. Aoshi y Misao habían sido padres nuevamente y estaban muy contentos con eso… Kojiro más todavía, porque le gustaba mucho sentir que había pequeños a su cuidado.
Keishi se levantó de su asiento, tomando las flores, y se dirigió a la cocina, en busca de Kaoru. Ella terminaba de decorar el pastel de cumpleaños… él le rodeó la cintura con sus brazos, desde la espalda femenina. Kaoru siguió trabajando con la manga de crema chantilly a pesar de tener el mentón de Keishi sobre su hombro y sentir su fleco haciéndole cosquillas en la mejilla… Keishi nuevamente se había dejado crecer el cabello, lo que era la delicia de Sayo y Kaori cuando se entretenían haciéndole estrambóticos peinados y Keishi, sentado, suspiraba resignado… no podía negarle nada a su hija.
Kaoru miró en rededor disimuladamente y, asegurándose de que los niños jugaban afuera, se volvió entre los brazos de Keishi y divertida, colocaba una pelota de crema en la punta de su nariz, riéndose ante la expresión de sorpresa de su esposo.
Ella en el fondo no crecía… era muy imaginativa y no se cansaba de jugar con él…
Lo que en verdad, tenía a Keishi sin cuidado, porque él siempre se comportaba como un adulto. Un adulto enamorado y feliz, asi que de todas maneras hacían una buena pareja.
Feliz cumpleaños, mi amor… -dijo ella por veinteava vez en el día.- Eres parte del menú… justo lo que me recomendó el médico esta mañana.
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En el plano laboral trabajaban codo a codo… todos los libros de Keishi llevaban ilustraciones realizados por Kaoru Kamiya. Desde los cuentos infantiles hasta las novelas de corte romántico u oscuro, siendo una de las ilustradoras más cotizadas del momento. Cuando los estudios de animación deseaban hacer buenos diseños de personajes o fondos con una excelente factura, acudían a Kaoru sin pensarlo demasiado. Ella tenía su estudio en una habitación acondicionada para ello en la casona, también trabajaba dando clases de arte en la universidad de Tokio y enseñando a los niños del hospital a pintar. Los pequeños y sus padres estaban entusiasmados con la idea que surgió espontáneamente en Kaoru desde que estuvo internada tras el último ataque de Shishio hacia su persona y que por poco no cuenta, y cuando además recordó claramente lo mucho que se había aburrido ella en el hospital cuando era pequeña… Kaoru era muy valiosa y apreciada por enfermeras y niños que no tenían más expectativas que pasar día tras día entre las paredes del hospital, dando una pelea contra el cáncer u otra enfermedad que a veces no ganaban.
Kaoru ya había sufrido la pérdida de varios de sus estudiantes. Keishi sabía cuando ello ocurría porque Kaoru llegaba del hospital muy triste y se encerraba a llorar en su estudio. A ella no le gustaba que Keishi la viera llorando, pero lo cierto es que él siempre terminaba sorprendiéndola, abrazándola y diciéndole cuánto la amaba y cuanto le debía el estar vivo.
Kaoru además había montado algunas exposiciones con una excelente crítica y una casi inmediata venta de todos sus cuadros. Asi que al menos, profesionalmente era una mujer realizada.
Keishi por su parte no lo hacía nada mal… después del éxito rotundo que significó su novela romántica de corte histórico "Kenshin, el Vagabundo", su fama traspasó fronteras… actualmente "Kenshin el Vagabundo" estaba entre las lecturas obligatorias para los estudiantes, aprobado por el Ministerio de Educación y había sido traducida a muchos idiomas, teniendo incluso su propia adaptación al animé. Pero después de eso y como era de esperar, Keishi no se durmió en los laureles y seguía escribiendo cada día, con el afán de mejorar desde sus obras anteriores y sacando diversos títulos y temáticas. Era el autor preferido del público y ante su narrativa fluida, que ya había recibido reconocimientos a nivel internacional, las personas no podían menos que conmoverse o entretenerse leyendo todo lo que él tuviera que contar.
Pero él no dejaba que la fama se le subiera a la cabeza. Mantenía un bajo perfil… sólo Misao había logrado entrevistarlo en un par de ocasiones a pesar de que el público insistía en que se publicara más de él aunque su vida fuera tranquila y ordenada. Keishi aún daba clases de kendo en dos escuelas y aunque le habían sugerido oficiar de profesor de literatura, él decía que era escritor y kendoka y nada más… que era lo único que sabía hacer bien y que por favor lo dejaran con esas actividades que él tanto amaba.
En una ocasión, lo habían invitado a dar una charla a estudiantes universitarios que estudiaban literatura. Keishi llegó muy formal, arrancando varios suspiros femeninos y habló un poco sobre el tema que se le había pedido. Enseguida, un estudiante, queriendo demostrar a sus compañeros lo sabio que era haciendo un ataque "inteligente" pero ultracomplicado, sobre la postura de Keishi ante las pasiones exageradas de sus obras y la crítica social implícita en ellas para alcanzar de manera comercial a la masas y otra sarta de conceptos que Keishi no entendió. Al terminar de hablar, el pelirrojo simplemente asintió con la cabeza, tomó un poco de agua y empezó a hablar, mirando a Kaoru sentada en primera fila.
Hola… bien… hum… tu pregunta es un tanto enredada para mí, pero veré si puedo responderla de manera más o menos adecuada. Yo no estoy interesado en hacer crítica social en mis obras, porque creo que hay otros autores muy buenos y sociólogos que hacen ese trabajo. Yo simplemente pretendo contarle a la gente los sueños que tengo y creo que lo hago bien, porque la gente lee mis historias aunque yo rara vez piense en si mi obra es comercial o no, pero chico, tampoco me convendría escribir algo que nadie quisiera leer, porque de lo contrario¿con qué sustento mi hogar?- esto arrancó algunas risas entre los presentes.-Aunque si me preguntan, creo que nuestro país tiene una enorme carencia afectiva y emocional. No sé en qué momento empezamos a ver a nuestras mujeres como silenciosos acompañantes de velada y no como compañeras de vida para compartir el amor, el sexo y las caricias por caricias. No sé en qué momento se torció tanto nuestra visión de familia que tenemos hijos por una obligación social. No sé si sea tan necesario pertenecer a un grupo de trabajo competitivo solo para decir con orgullo que se pertenece a una empresa, sacrificando por ello otro tipo de realización personal… creo que nos estamos equivocando de prioridades y lealtades. Esa es mi única crítica social.
Algunos profesores de la escuela se sintieron enfadados con el modo de hablar de Keishi. Otros simplemente se identificaron con lo que él decía. Hacía años que no tocaban a sus esposas.
No me interesa hacerles pensar que están ante una eminencia de las letras que tiene las respuestas a todo. Ni siquiera sé si escribo tan bien, pero al menos a la gente le gusta, lo entiende y eso es bueno. No sé si en verdad mis personajes sienten tan exageradamente como tú dices… tal vez es que nosotros mismos estamos tan acostumbrados a no permitirnos mostrar esos sentimientos que tenemos para igualarnos entre nosotros y funcionar en equipo, que percibimos que los personajes de ficción no se nos parecen. Y sin embargo creo que todos buscamos identificarnos con alguno y soñamos con vivir esas mismas aventuras, pero no nos atrevemos por el qué dirán. Tengo una hija pequeña que es toda mi adoración y una esposa sin la cual no concibo la vida y aunque ustedes me ven tan tranquilo aquí, hablándoles una sarta de disparates que me pregunto si entenderán, la verdad es que me muero de ganas por decirle a mi mujer que la amo tanto como el primer día, desde que me enamoré de ella… que gracias a que se ha convertido en mi musa he llegado muy lejos desde que me inicié en el humilde oficio de entretener mediante las letras, cuando mis historias nacieron para consolar a una niña pequeña que muchos años atrás sufría porque no podía moverse. Entonces, mis personajes fueron exagerados con el fin de que ella sintiera esas ansias de vivir de ellos e imitándoles, quisiera levantarse para sentir todo por ella misma. ¡Y lo conseguí tan bien que al crecer ella se casó conmigo! Estoy baboso por esa mujer y no me importa lo que piense la masa… porque esta ha sido mi opción en la vida. Renunciar a todo lo que socialmente debería ser y tener, en pos de alcanzar una plenitud junto a ella y una felicidad que difícilmente alcanzaría con la misma intensidad trabajando mucho. Bueno, jóvenes… ustedes ya están casi insertos en el sistema… pero al menos espero que se queden con la inquietud de meditar en qué es lo que quieren que sea de sus vidas. Con la mía estoy conforme y me gustaría mucho que en quince años más ustedes pudieran decir lo mismo. Mirar hacia atrás y ver que todo ha sido bueno. Ajajajaja… creo que ya me extendí con el tema y no se si respondí a tu pregunta, amigo…
Se produjo un silencio absoluto en la sala. Kaoru miraba nerviosa en rededor y Keishi tomaba un poco más de agua, pensando en que esa corbata lo estaba asfixiando, pero algo tenía que a Kaoru le gustaba mucho, asi que se la dejaría hasta llegar a casa.
De pronto, un joven se levantó y comenzó a aplaudir a Keishi.
Luego otro.
Y otro…
Y pronto estaban todos de pie, ovacionándolo.
Había sido sin duda una buena cátedra.
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Kaoru se paró de puntitas y besó la nariz de Keishi, quitándole la crema de ella. No tardó en dirigirse a sus labios.
Keishi la abrazó fuertemente y la besó amorosamente. Hasta que escucharon tras ellos algunas risitas apenas contenidas. Rurouni entró en ese momento y se enredó entre las piernas de Keishi que no soltaba a Kaoru. Los niños los miraron unos momentos y salieron.
Bah… esos dos siempre se están besando.- decía Kojiro quien ya estaba en edad de enamorarse, pero que aún renegaba de las niñas… aunque había una en especial que ya le gustaba mucho… una compañera de escuela, pero no permitiría que nadie se enterara.
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La hija mayor de Akira Kiyosato visitaba sagradamente a su padre cada fin de semana y a veces venía a pasar las vacaciones con él. Además, ya tenía un hermano menor por parte de su padre y Tomoe, de unos dos años. Por lo demás, se llevaba bien con Tomoe.
La vida de Akira era tranquila. Tenía una ferretería en Nara con la que le iba bastante bien. Se retiró de la construcción, pues después del accidente quedó con una leve cojera, pero sabía tanto del oficio que se la pasaba aconsejando a ingenieros y constructores cuando hacían pedidos a su local. Estaba pensando seriamente en ampliar el negocio, porque como lo buscaban tanto y sabían que Akira solo comerciaba los mejores materiales, el espacio de su ferretería se le estaba haciendo escaso y necesitaba una bodega para hacer las compras mayores que le encargaban y mantener allí las existencias hasta que vinieran a buscarlas.
Su hija le ayudaba cuando podía en el negocio, asi como Tomoe que le ayudaba a cuadrar las cuentas durante las noches.
Tomoe aún impartía clases en la escuela porque amaba demasiado la docencia. Además, porque esperaba impaciente el momento en que el pequeño Sozo, su sobrino de cinco años, entrara a estudiar.
Megumi estaba por recibirse de doctora y en esos momentos estaba como interna en el hospital de Nara. Sanosuke por su parte, mantenía su moto y su oficio de fotógrafo. Como Megumi pasaba muy poco tiempo en casa últimamente, Sanosuke se encargaba de su hijo. Le tenía comprada ropa abrigadora y hasta un pequeño casco para pasear con él en la moto. Incluso tenía una silla especial para él y Sanosuke conducía con mucho cuidado cuando salía con su pequeño.
Después de varias discusiones con Megumi al respecto, Akira se compró un automóvil que sería más seguro para salir con el niño. El problema es que el pequeño Sozo no soportaba el auto y lloraba y gritaba hasta que era instalado nuevamente en su lugar de la moto. Finalmente a Megumi no le quedó otra que ceder ante el gamberrito que había traído al mundo y que ya se veía tan amante de la libertad y los espacios abiertos como su padre. Sanosuke por su parte estaba pensando seriamente en publicar un nuevo libro de fotografías, aunque el que estaba haciendo como proyecto personal lo tenía más que satisfecho.
El álbum de fotos familiares.
Enishi por su parte estaba terminando la universidad y esperaba recibirse el próximo año. Había conocido a un par de chicas, pero la verdad es que no se decidía… Sanosuke no se preocupaba porque él mismo tardó un poco en encontrar a la mujer que esperaba lo acompañara de por vida.
Sanosuke tomó sus maletas y las echó en el portamaletas del auto que le había vendido a Yahiko. Tsubame acomodaba las cosas adentro. Saldrían a Tokio dentro de unos momentos para asistir al cumpleaños de Keishi, que entre los amigos, era el evento social del año. Era la fiesta que nadie quería perderse.
Saito salió de la casa, apoyado como siempre en su bastón… y como siempre muy erguido. El ex policía y hoy abogado no se dejaba amilanar por nada. Ni siquiera por la edad. Y por eso su postura atemorizaba a quien no lo conociera bien. Se instaló en el asiento trasero del auto de su hijo Yahiko y enseguida se le unió Tokio para acompañarlos. Yahiko apareció con las llaves y regañó a Tsubame que no se quedaba quieta. Debía evitar los esfuerzos, porque esperaba un hijo y Yahiko quería que todo saliera bien esta vez… después de todo, ya habían perdido a un niño de muerte súbita, lo que tuvo a Tsubame con una fuerte depresión que Yahiko con amor y paciencia logró espantar. Ahora al menos ella estaba bien y esperando con ansias a su hijo.
¿Estamos todos listos?-preguntó Yahiko quien se había dejado crecer un gracioso bigote. Era el nuevo maestro instructor de kendo de la escuela y tenía algunos premios de torneos a los que había asistido, en la estantería de su casa.
Sozo salió acomodándose su casco y se encaramó confiado a la moto de Sanosuke. Difícilmente podría haber hijo más parecido a su padre que Sozo. Saito miró a su yerno con esa cara de pocos amigos que tenía, pero que a Sano lo tenía sin cuidado. Se apreciaban, aunque no se lo dijeran.
¿Más te vale que no le pase nada a mi nieto, escuchaste?
Ya, ya… no alegue tanto y preocúpese de ir a por Megumi al hospital, que debe estar por salir. Yo los seguiré en la moto luego, que debo ir por Tomoe. Yahiko, amigo, no te desvíes, que tenemos el tiempo justo para llegar antes del anochecer a Tokio.
Yahiko puso en marcha el vehículo y Sanosuke por su parte se dirigió a apurar a su hermana.
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Tomoe escuchó la voz de Sozo llamándola y haciendo sonar una bocina-chicharra que Sanosuke le había instalado. Salió con el pequeño Akira entre sus brazos.
Estoy lista, hermano. Akira esta acabando de vestirse…
Sanosuke sonrió maliciosamente.
No me digas que ya están buscando el segundo hijo, "Bolita de arroz"
Tomoe enrojeció violentamente.
Sanosuke, no digas esas cosas… el niño…
El niño está entretenido en sus propios asuntos, hermana.- respondió Sanosuke escuchando la chicharra de Sozo. Tomoe sonrió y Akira salió de la casa. Cerró todo y se subió a su camioneta doble cabina.-Vamos al hospital. Megumi está allí y los demás. Asi nos vamos todos y de una buena vez. Hey… veo que los acompaña una señorita.
Sakura ya estaba de vacaciones y su madre le permitió el ir a Tokio con su padre. La chica se subió a la camioneta y partieron.
Rato después avanzaba por la carretera, rumbo a Tokio, la singular caravana que año a año hacía ese recorrido en esa fecha en especial. Sanosuke a la cabeza con su hijo y mejor amigo, con sus banderas de Japón al viento orgullosamente, vestido con sus ropas especiales de motorista. Tras él, su mujer y la familia de ésta. Y enseguida, la camioneta de Akira, su cuñado que tan feliz hacia a su hermana. Recogieron a Enishi en la carretera, recién llegado de la Universidad.
Sanosuke era un hombre bien afortunado. De eso ni duda. Claro que no pensaba lo mismo cuando le daban alzas de glicemia y no podía tomar ni siquiera sacarinas para endulzar su vida, además de permanecer acostado. Se ponía tan cegatón, por de la presión ocular que se le producía en esos momentos, que prefería quedarse en cama, bajo los cuidados de su enfermera personal…
Jejeje.
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¿Qué hace una mujer como tú en un lugar como este? –inquirió una profunda voz masculina al oído de aquella hermosa mujer.
Ella terminó de colocarse los aretes y acomodarse el cabello, sin darle mayor importancia al hombre. Y conteniendo una carcajada ante la estupefacción de él que esperaba una reacción más efusiva ante su seducción.
Tenía ella 36 años y estaba hermosa… Aoshi no podía dejar de admirar cada día la belleza de su esposa que parecía, con el tiempo estaba más radiante y mejor. Incluso esa apariencia madura que estaba empezando a tener lo volvía loco.
Fue una gran idea dejar anoche los niños con Kaoru y venir aqui. Kojiro es un chico muy responsable y estoy seguro de que ayuda a su hermana mayor para que los niños no le den la lata.- dijo Aoshi abrochándose la camisa. Se había bañado recién.
Estaban en un hotel, reviviendo la pasión que sentían entre ellos y que debido a las labores diarias debían dejar dormir hasta que lograban pegarse una escapada como esa. Algo que hacían con cierta frecuencia desde hacía unos meses, después de una crisis matrimonial que habían tenido por el exceso de trabajo de ambos. Pero cuando parecía que todo iba a naufragar, decidieron ir a un consejero matrimonial. Misao aprendió a delegar responsabilidades en la revista en la que trabajaba y Aoshi dejó dos de los tres programas periodísticos que estaban a su cargo, bajo la guía de gente joven y capacitada. Tenían más tiempo para ellos y lo más importante: para sus hijos… bueno, Kojiro había vivido todo el proceso, desde los gritos en la casa hasta los silencios entre sus padres. Claro, como se había ido Kaoru a hacer su propia vida y era ella una gran ayuda para llevar la casa Himura, cuidando de sus hermanos y aseando, cuando faltó, los problemas no tardaron en aparecer porque era difícil organizarse sin contar con ella.
Con el nacimiento del pequeño Okina todo pareció ir un poco mejor, pero solo por un tiempo. Cuando Misao volvió a trabajar, todo se puso patas arriba. Kojiro era el más agradecido con lo del consejero matrimonial que tanto los había ayudado… se sintió muy aliviado cuando sus padres confesaron que aún se amaban mucho, pero que en algún momento entre el trabajo, la escuela y la crianza de los hijos, habían olvidado decírselo. Y por eso el hijo mayor de los Himura no ponía reparos en cuidar de sus hermanos en casa de Kaoru si con ello contribuía a que sus padres la pasaran bien por ahí, juntos y tranquilos. Y cuando él no podía, a últimas fechas estaba el abuelo Okina.
Misao no pudo evitar levantarse y acercarse a su esposo. Meter las manos dentro de su camisa antes de que él acabara abrochándola del todo y decirle cuanto lo amaba. Y allí se quedó durante un rato recibiendo sus besos. A Aoshi se le olvidó que tenía que llegar a la fiesta de su hermano y después de todo…
Kojiro era un chico responsable ¿no?
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Kojiro a esas horas hacía dormir a su hermano menor junto a Kaori, en la habitación de los niños. Tenía trece años y junto a Sayo de once, se dedicaron a ayudar a Kaoru con los preparativos de la fiesta. En ese momento llegaron los abuelos, Okina, Kakunoshin y Omasu. Omasu enseguida se acercó a su hijo y lo abrazó, diciéndole que lo amaba y deseándole feliz cumpleaños. Kakunoshin hizo lo mismo.
La esposa de Okina había muerto dos años atrás y éste, que vivía ahora en casa de Misao, se había quedado a pasar la noche donde su amigo Kakunoshin, por eso venía con ellos.
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Gracias a Kakunoshin, Yahiko y Sanosuke años atrás, Keishi había podido reconstruir por completo la historia de Kenshin Himura, su antepasado y cuya vida fue la que escribió Keishi poco antes de reencontrarse con Kaoru. Entretanto, se enteró de un par de cosas muy interesantes.
Por ejemplo, que él era descendiente directo de Kenshin Himura… bueno, es ya lo sabía desde que su padre le contara la historia familiar… pero lo que no sabían es que Kaoru era efectivamente descendiente de Kamiya.
Lo que sucedía es que, según el árbol genealógico de la familia de Misao, los Kamiya eran originarios de la región que actualmente es Nara. Pero el padre de Kojiro Kamiya emigró con su familia a lo que es Tokio, asentándose allí. Su hijo Kojiro tuvo a Kaoru Kamiya que fue la que se encontró con Kenshin Himura. La familia que se quedó en Nara sobrevivió a las guerras y finalmente desembocó en Okina Kamiya que tuvo dos hijas con las que desde su lugar, acabaron con el apellido: Misao y Okón, la madre de Kaoru que la nombró "Kamiya" como desafío a Shishio su esposo en ese momento.
Toda la historia de Kenshin Himura, Kaoru la supo de boca de Keishi quien una noche le relató todo lo que sabía. Entonces Kaoru comprendió que en efecto ella había sido en otra vida su esposa y que sus sueños no eran otra cosa que recuerdos. Pero luego Kaoru dijo que sin importar quien había sido ella antes, lo cierto es que ahora ella lo amaba y deseaba permanecer junto a él por siempre… parece ser que esa noche ellos concibieron a Kaori.
Cuando Kaori nació, rato después fue entregada a Keishi mientras Kaoru descansaba.
La niña pequeña se acomodó entre los brazos de su padre y abrió sus ojos hacia él. Keishi sintió algo muy especial por ella… tenía una nueva oportunidad con una nueva Kaoru para cuidar, pero que además tenía sangre de él en sus venas. La bebita curvó sus labios en lo que parecía una sonrisa de satisfacción y se quedó dormida de inmediato. Esa tarde, cuando Keishi trataba de regresarla al lado de su madre que también dormía, la bebita despertaba y exigía que él la siguiera acogiendo un rato más. Y Keishi, cautivado por esos ojos redondos que él sabía no podían verlo realmente, accedía a sostener un rato más a su niña. Muchos años después, cuando Kaori creció y se hizo mujer, buscó a un hombre cuya voz fuera capaz de tranquilizarla, como la de Keishi, que cada noche antes de dormir le contaba un cuento gracias a los cuales sus sueños eran felices.
Si a Keishi le hubieran dicho que para acceder a esa felicidad que vivía tenía que pasar dos veces por lo mismo que le había tocado vivir, dichoso hubiera aceptado ante tal premio. Si le hubieran dicho que tenía que renunciar a las letras, al kendo y a su dojo, lo habría hecho.
La felicidad para él era la falta de angustia y culpa. La felicidad era comprender que incluso los errores eran buenos para aprender. La felicidad era simplemente ya no tener miedo. Si Keishi muriera al día siguiente, se iría con la conciencia tranquila y en paz con todos los suyos, aunque él prefería no irse antes de Kaoru y evitarle a ella la pena de enterrarlo.
La felicidad era poder cuidar de sus dos amadas mujeres y saberlas cerca.
Porque el resto, se arreglaba solo.
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Por la noche, Keishi que bebía junto a su hermano Aoshi y su padre, escuchó un sonido extraño… como de chicharra, proveniente de afuera, asi como el ruido de varios motores que se apagaban.
Salió a investigar, junto a Kaoru, a la calle, descubriendo al pequeño Sozo a cargo de hacer notar la llegada de la caravana a su destino instalado en la moto frente a Sanosuke, su amigo. Pronto entraron todos a la casa para festejar a Keishi. Misao y Kaoru servían los bocadillos a los invitados que enseguida empezaron a entretenerse y poner a Keishi al día sobre sus vidas. Después de todo, ellos viajaban a Tokio una vez al año, en esa fecha para verlo. Cuando Kaoru cumplía años, prefería ir ella a casa de sus padres a festejar. Y cuando Kaori cumplía, sólo sus abuelitos venían a verla.
Esa noche realmente la pasaron todos muy bien y como no tenían mucho que hacer realmente en esa calurosa semana, fueron invitados para quedarse y prolongar las celebraciones otro día. Con excepción del matrimonio de Misao y Aoshi y los padres de Keishi, todos se quedaron a dormir en las habitaciones preparadas en la casona con anterioridad, previendo ese momento.
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Al acostarse junto a Kaoru, Keishi la abrazó. Empezó a besarla, cuando ella lo detuvo en su acción y le alargó un paquete cuadrado.
Ábrelo. Es tu regalo, mi amor.
Keishi miró extrañado a Kaoru. Él no necesitaba más regalos porque la tenía a ella… Kaoru en cambio tenía los ojos brillantes.
El regalo resultó ser un tanto raro… era un viejo libro.
Lo siento, Keishi… nunca escribí tan bien como tú.
Keishi prestó atención y se dedicó a leer… descubrió que se trataban de manuscritos.
"Querido diario:
Me resulta extraño intentar escribirte... supongo que no tengo el talento de mis padres y tío Keishi para redactar tan bien, pero al menos lo intentaré. Tío Keishi siempre dice que cuando uno lee las cosas que escribe después de un tiempo, nota mejor los errores, y yo quiero notar los míos.
Bueno, de momento, tú no sabes nada de mí, así que te explicaré quien soy y cómo es mi familia.
Mi nombre es Kaoru Kamiya y hoy cumplí doce años…"
Keishi miró a Kaoru cerrando el libro.
Esto es… Kaoru… esto es tuyo. Te pertenece…
Ella negó con la cabeza.
Es mi historia que tan bien conoces. Por favor… sigue leyendo hasta el final.
Keishi obedeció, pasando algunas páginas.
"…al menos tío Keishi siempre tiene la puerta de su habitación abierta para mí y me escucha... a veces pienso que es él el único que me toma más en cuenta, pero a pesar de ello, no le he podido hablar de mi fracaso de ayer porque me avergüenza decirle que no pude besar a Enishi por no saber hacerlo. Y que por ello él no quiere ni verme. Creo que ayer incluso me enfadé con mi tío y lo traté mal."
Keishi repasaba las hojas rápidamente. Kaoru a veces escribía con muchos espacios en el tiempo. A su vez, el diario de vida era muy grueso.
Sorprendido descubrió que Kaoru había seguido escribiendo regularmente.
"Querido diario.
Acabo de salir del hospital… realmente estaba muy aburrida allá y tengo tantas cosas que contarte. He decidido seguir escribiendo en ti y quizá, en unos cinco años más te relea completo y pueda notar si he cometido errores a lo largo de mi vida.
Por ahora te puedo decir que mi vida está compuesta de ciclos. Parecen ciclos son fin… en los que soy herida de alguna manera y en los que solo deseo morir. Pero, a pesar de ello, hay una luz que intensamente me ilumina para no darme por vencida. Esta luz tiene el color de los atardeceres y brilla en los ojos de Keishi, el hombre que amo.
Me estoy recuperando nuevamente de algo grave y él… está en la cocina, preparando algo, pensando que duermo. Pero está, querido diario y eso es lo que importa…"
Keishi alzó la vista hacia Kaoru.
Yo no seguí escribiendo mi vida después de reencontrarme contigo.- reconoció.
Kaoru tomó el diario y lo adelantó hasta la última página.
"Querido diario
Hoy mi esposo cumple treinta y seis años. Hasta el día de hoy me ha dado una vida buena a su lado, asi como una hija preciosa que amo. Este hombre ha sabido levantarme siempre y creo que gracias a él estoy viva.
Yo cumpliré veinticuatro años en pocos días más… si tuviera que pedir un deseo, pediría que todos y cada uno de mis amaneceres fuera al lado de él. No puede ser de otra manera.
Desgraciadamente tendré que regresar al hospital en un tiempo más… y no podré amanecer al lado de mi esposo. Espero que él no se enfade, pero, si todo sale bien… podré regresar pronto a casa con este bebito que lleva algunas semanas creciendo en mi y que le hará buena compañía a mi hija Kaori.
Querido Keishi… te amo más de lo que mis palabras puedan expresar. Aunque nos enfademos, por favor, recuérdalo. Y sigue siendo así, Kei… no cambies.
Junio 20, 2005"
Keishi cerró el libro, tan emocionado que apenas podía hablar.
Asi que solo abrazó a Kaoru y la besó largamente por toda respuesta. Era la única manera en ese momento de expresar su felicidad.
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Les contaré mi historia... quizá así, al releerla, yo mismo pueda entenderme. Tal vez ustedes sean los que puedan comprender y en ese caso les pediría que me ayudaran…
¿Por qué mejor no espero pacientemente a que crezca? No es mucho tiempo... ¡Sí, es mucho tiempo!... ¿Cómo lograré controlar mis emociones? Sé que ella será hermosa... ¿Y si no se enamora de mí? Y si le parezco abominable cuando le diga lo que siento por ella... esto es tan inmoral... soy su tío... no, no lo soy... al menos eso me alivia considerablemente... ¿entonces? La espero... sí, la espero, y luego... veo el modo de enamorarla, de atarla a mi vida... pero no puedo ser tan injusto, ella debe decidir... sí, si, que decida qué ropa usar, qué labial poner sobre sus labios que de seguro han de ser deliciosos... que escoja profesión, que si quiere se cambie el nombre aunque el suyo me provoca un inmenso placer de solo pronunciarlo... que decida la edad a la que quiere casarse, el motivo, la fecha, que decida lo que quiera, pero que al final... se quede conmigo, sólo conmigo...
Keishi Himura guardó y cerró el documento antes ir a la cocina por un vaso de agua. Estaba cansado.
No podía dormir debido a la angustia, asi que se tomaría un par de pastillas para dormir. En la cocina se encontró con Kaoru que asaltaba el refrigerador.
Tío Keishi, dentro de un rato empieza nuestro programa favorito. Vine a comer algo antes de ir a tu dormitorio.
Keishi apretó los puños… ¿a su dormitorio? Lo mejor sería redoblar la dosis de pastillas para dormir enseguida... sentía cosas demasiado intensas por esa chiquilla de 10 años.
Pero a pesar de esas precauciones no lo consiguió. Terminó de escribir sus pensamientos en el computador y enseguida llegó Kaoru, quien sintonizó su programa favorito y se acomodó a su lado. Rato después, el descanso aún no llegaba a Keishi y Kaoru le comentaba sobre un pelirrojo que la había abandonado en sus sueños. Finalmente ella abrazó fuertemente a Keishi, diciéndole:
-No te vayas... ¿ya? Quédate... así, cuando yo sea mayor, te casas conmigo.-
Keishi abrió los ojos… miró a su lado y sonrió.
Había tenido un sueño.
Un sueño con parte de su pasado.
Kaoru a su lado dormía, aferrada a su pecho. Con el cabello revuelto y la piel levemente húmeda, cubierta con una sábana. Esa noche en especial hacía bastante calor.
Keishi musitó lentamente.
Mía, Kaoru. Por siempre mía ¿no? Desde antes ya lo querías así…
Kaoru estaba demasiado ocupada durmiendo. Pero en sueños sintió el roce de los labios de Keishi sobre los suyos y su cuello antes de volver a dormirse esa noche.
Y asi, juntos, descansaron.
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Con el tiempo Kaori encontró los diarios de vida de sus padres y se dedicó a leer. Gracias a ellos, cuando Kaori creció, supo cómo quería ser.
Deseaba ser fuerte como su madre y amable como su padre.
Soñaba con encontrar el amor verdadero… ella sabía que existía, porque lo había visto entre sus padres. Y asi fue como ella creció bajo el signo de la Esperanza. Aunque sus amigos se reían de sus fantasías por considerarlas anticuadas, ella seguía pidiendo encontrar a ese alguien con quien compartir su vida y jamás se cansó de pedir. Pero mientras esperaba que llegara el amor, se dedicó a escribir desde muy joven.
Desde luego que se cambió el nombre para hacerse un lugar en los escaparates de las librerías… ella no quería hacer carrera con el nombre de su padre. Ni siquiera quería superarlo. Simplemente quería contar sus sueños a las personas y compartir espacio con él. Y parece que le fue bien… porque con el tiempo los dos estaban en los primeros lugares de ventas.
A veces a Kaori le iba mal en el amor. Pero sabía que había algo bueno para ella y secándose las lágrimas enfrentaba la vida con una cara feliz. Parece ser que esa actitud que muchos, salvo sus padres, no entendían y tachaban de liviana, cautivó profundamente el corazón de alguien en especial que decidió hacer todas y cada una de las fantasías de Kaori realidad… porque eran las mismas suyas.
Pero esa ya es otra historia…
Conformémonos con saber que Keishi y Kaoru no tenían a la vida no tenía nada más que pedirle, porque se tenían para hacerse compañía por los diversos caminos que con el tiempo recorrieron.
U- -u- -U- -u- -U- -u- -U- -u- -U- -u-
Fin Epílogo. Jueves 23 de Junio
Hola!
Bien… esta edición especial la he subido en consideración al cumpleaños de Kenshin. En parte además porque quería explicar que había sido de los personajes. Como que todos acabaron o vivían bastante bien ¿no? Me gustó mucho el hijo de Sanosuke, Sozo. Igual que el capitán Sagara.
Me sentí bastante cómoda escribiendo este episodio, aunque jamás pensé que tardaría tanto en poner el epílogo. Más de medio año al menos. Pero creo que acá salieron todos los personajes y sé que a uno siempre le gusta saber en qué quedaron sus favoritos.
Siento que entre mis escritos, el que más me ha gustado hasta el día de hoy es este. Tiene sus detalles que en una reedición yo trataría de corregir, pero, de alguna manera, esta es la historia que más fuertemente guardo en mi memoria y cuando pienso en mis fics, este y Actuación sin Libreto son los primeros nombres que se me vienen a la mente.
Quiero agradecer una vez más a todos quienes me acompañaron en el episodio final, con todo mi corazón. En este momento no tengo tiempo de contestar sus reviews, pero me comprometo a subir nuevamente este epílogo con las contestaciones correspondientes, o hacer algo que de cuenta de mi agradecimiento y de que he recibido bien sus mensajes.
Eso es todo. Gracias a todos, una vez más… especialmente a quienes me contestaron en el último capítulo.
catty-ishida, kaoru himura, gabyhyatt, Sumire-chan, Dark Shadow, Mari, Saiko Katsuka, Hitokiri Himura20, ShintaGirl, mikomi shinomori, mer1, Onashiru Okanami, giuliana, naoko L-K, kaorusaqnz, Pamky, .Lavigne
Nos leemos pronto. Un besote.
Re-edición Sábado 25 de Junio.
Hola!
Bien. En este día 6 de Julio es mi cumpleaños, y esta es la sorpresa que tenía reservada. La actualización de todas mis obras el mismo día. Me considero una escritora productiva y me pareció una buena idea hacer notar esta fecha que es tan especial para mi de esta manera. Con una maratón de Blankaoru en fanfiction, la página que me acoge de momento. No descarto la posibilidad de hacerme una web, aunque hasta que abandone la pluma, es decir, el teclado, seguiré usando fanfiction como mi casa editorial, independiente de que tenga otros lugares. Me parece que el formato fanfiction es muy cómodo para mí y para ustedes.
Y lo prometido. Acá le contesto los reviews recibidos al final y al epílogo anterior… muchas gracias nuevamente.
Alexandra Shinomori: Jjejeje… lo que pasa es que soy noctámbula, asi que mi horario normal es de 1 de la tarde a 5 de la mañana. Y mi mejor hora para escribir es la noche… nadie me molesta y soy bien feliz, salvo en invierno. Gracias por dejarme review. Nos leemos.
Arashi Shinomori: Me agrada mucho tener una nueva amiga como tú. La vida me ha tratado muy bien. Eso para empezar.
Gracias por tus saludos por lo de mi aniversario… O.o… y también esta es mi historia favorita… que tieeeerna… aunque ahora la otra que me está gustando mucho es Entre mis Brazos. Espero que el pequeño agregado cultural de este epílogo te haya seguido haciendo feliz. Yéndonos más atrás en el tiempo de los reviews, me impresionó mucho el que me enviaste en Marzo de este año… primero, porque me costó creer que alguien leyera este fic completo asi como de la nada… además, llevaba semanas si recibir reviews… algo obvio si por esos días no escribía.
Mis medidas anatómicas… uuuuuyyy… wenu… a los catorce años tenía un serio complejo por eso. Miraba a mis compañeras de bustos perfectos y vestidos bonitos. Ellas se veían muy sexies y yo, pobre chica, plana como Misao, te aseguro que esos vestidos se me veían lamentables y más encima era yo la matea del curso… asi que nadie me tomaba en cuenta… T.T afortunadamente crecí… bueno, me acepté… y hasta me considero bonita y simpática. Ahora, basta esperar que el joven que me gusta de se cuenta de eso ( y de que me ama, que soy la mujer de su vida y que se muere por mi) ay, ya me estoy desviando del tema… ¿qué tema? El album salo… sí, me traumo también eso. Cuando descubrí varias imágenes pixelizadas, fanarts metidos allí… (Eso no es legal) sin contar con que el tipo que escribió el resumen ni siquiera se dio el trabajo de consultar con un fanático o de corroborar los nombres de los personajes… me daban ganas de llorar de la indignación. Comprendí que no habría segundo álbum de las ovas… lo hubieran hecho mejor o lo hubiera tirado cuando Kenshin estaba en su apogeo… T.T Y sobre las depres… las sufro desde los doce años. Depresión endógena… aunque por estos días al menos ando más que feliz, aprovechando que todo va bien.
Un besote... bye.
Mari: me gusta mucho esa idea de que ellos se volverían a reencontrar siempre y que genial que haya quedado esa sensación ¿no? La escena de la pelea cuando Keishi llora… si, tomando en cuenta que lo ultimo que vio fue a Kaoru sangrando y con un paro cardiaco, es que asi a cualquiera se suelta la angustia ... que lindo que te haya gustado el epílogo… y espero que te haya gustado esta nueva versión, un poco más detallada. Me pasó algo similar con Rurouni Kenshin al descubrirlo… primero me gustó la serie de televisión, pero entonces no tenía los dinero. El año 2000 compré mi primera postal en doscientos pesos… (como 50 centavos más o menos) y de ahí no he parado más… tengo muchas cosas de Kenshin (como 100 postales, revistas, el manga y un gb de mi pc) y los videos y todo eso… y el 2003 descubrí el mundo fanfic. Y acá estamos… gracias a ti por animarme a seguir escribiendo y por seguir mis historias… un besote.
Mer1: Ajajaja.. la escena del hospital… es una de mis favoritas. Un matrimonio poco usual para esa pareja, con las flores… T.T ya me emocioné de nuevo. También lo de la espada de Keishi, que claro, dije todo el fic que era kendoka y jamás lo puse a pelear… si seré distraída. Pero al menos le fue bien en combate y le ganó al Shishio, con un poco de ayuda extra de su Sakabattou. No matar… el ideal de los Himura. Sakura salió mucho más avispada que el padre, pero me gusta, los chicos de hoy son más directos… y cuando Kaoru llegaba al hospital, desangrándose en los brazos de Keishi… uf… por suerte esta vez tenían sangre en el banco para hacerle una transfusión. Hice que Kaoru perdonara a Shishio porque imagino que, de todos modos, es bueno estar en paz con todo el mundo. Además, ya no lo volvería a ver más… igual me dio pena Shishio… es que me he dado cuenta de que hay gente que uno a simple vista considera "mala"… cuando en realidad están errados… siempre depende de que lado se esté, aunque Shishio no tendría que haber atacado asi a Kaoru pienso que la rabia y la frustración son malas guías siempre y en este caso, por eso, Shishio erró sus cálculos a la hora de optar por una forma de vida. Los ojos del atardecer en el mar… son muy bonitos los atardeceres. Yo recuerdo uno en especial de cuando era niña… tenia como ocho años. Iba en el bus de regreso a la capital, después de un lindo día de juegos y miré hacia atrás… pensé que era maravilloso ver algo asi y que esperaba vivir mucho para seguir viendo cosas asi. Al menos ya llevo 16 años después de ese día y todos los atardeceres me parecen lindos pero ninguno como ese… pensé que a Kaoru una imagen asi también podría hacerla bastante feliz….Mer… un beso. Y no te preocupes por lo largo de los epílogos. Todos los disfruto mucho. Gracias. hola!
Hitokiri Himura20: Gracias por escribirme, y sin duda que he de continuar en esta senda. Realmente lamento mucho haberme atrasado tanto con lo del epílogo… de veras que pensaba hacerlo para diciembre del año pasado… pero bueno… creo que en estas fechas no quedó tan mal. Besos.
Naoko L-K: Me alegro si te gustó el episodio. Es el final, pero… se viene algo para los próximos meses. Un beso, amiga. Que estés bien bien. .
Dark-Natt: ajajajaja… debo inferir a través de tu review que tuviste dificultades para leer el capítulo, no? Pero lo hiciste… y me mensajeaste… O.o… gracias, gracias. Un abrazote.
Mikomi Shinomori: Recordé mucho a medida que hacía el epílogo y buscaba partes en lo escrito anteriormente para pegarle a este episodio… fue lindo reencontrarse con estos personajes. También recordé las veces en que lectoras me han amenazado con hacerme una visita poco amistosa cuando algo que no les agrada pasa en mis fics… ejejeje. Por suerte no tuviste que venir a Santiago… jajaajajaj. Gracias por todo. Un beso.
Gabyhyatt: Jeeje… siempre me he preguntado cómo le haces para leer siempre y dejar review puntualmente. Yo creo que dentro de fanfiction eres uno de esos personajes interesantes. Un abrazo. Y si tengo tiempo algún día dentro de mi agenda de fics, editaré algo lindo como lo que sugeriste en el review del capítulo final de esta obra.
Kaoru Sith: O.o… si, lo de la coherencia es relativo… antes de escribir un acto releo bastante lo que hay hacia atrás, aunque igual cometo muchos errores… pero me parece bien que eso te anime a seguir aprendiendo… ánimo, amiga, que nadie dijo que el camino al saber fuera de sonrisas y sol. Un abrazo.
Chi2-Chan: Sep… un fic extraño. Sufrí mucho al comienzo… no quería un fic pervertido y aunque tuve mis tentaciones de matar a Kaoru, esto terminó bien. Si hasta hijitos tuvieron… y pensar que al principio iba a tener cuatro episodios… jeeje…
Un beso. Nos leemos.
Sumire-chan: Ignoro si leerás esto, pero como sea, muchas gracias por dejarme mensajes y acordarte de mi. Sorry por la tardanza del epílogo… buaaa… yo no esperaba tardar tanto. Historias bonitas mías por estos días… según el rating, Entre mis Brazos, seguida de Misao. Un beso, amiga, y gracias por tus palabras.
Kaoru Himura: Pues todo tiene un final… asi es el asunto… pero también… siguen los epílogos. Ojalá este te haya gustado. Besos. Chau.
Dark Shadow: Me gusta mucho ese tipo de juegos de suspenso, cuando te dan una sorpresa que te deja pensando: "qué boniiiiiito" o algo parecido. Ya lo intenté en "El Fin de la Actuación" con Ken y Kaori… y Shishio, seguro que ha de estar cumpliendo condena en estos días. No molestará más.
Como el tiempo ha pasado, lo de mi tía yo no duele, pero se extraña. Hay fechas puntuales en las que uno espera verla aparecer y se da cuenta de que empieza el segundo duelo. Pero asi es la vida, no? Imagino como fue lo de tu abuela. A mi me queda una sola… Un abrazote grande grande.
Mila Potter Lavigne: Acá estamos nuevamente, Mila. Saludos y besos para ti, amiga.
Pamky: Ajajajaja… era la idea el que pareciera que Kaoru moría… además, asi me ayudaba a decidirme si moría o vivía… y pensé que si moría, todo lo que vivió no tendría sentido. Además… ¡ahí si que Keishi se mata! Una historia infeliz (ni tanto) con un final feliz. Eso me gusta. Gracias por tus comentarios. Un beso. Nos leemos pronto.
Kaoru Sanz: Bien, acá el epílogo, los anuncios correspondientes… gracias por leer y hasta pronto, niña. Un abrazo.
Onashiru Okanami: Hace mucho tiempo que no sé de ti… por eso… aun ignorando si leerás esto, espero que estés bien y que tu vida sea tranquila… que te siga gustando la música y Tizziano… por ahora no tengo mucho tiempo para hacer la historia del futuro… Un beso, amigo.
Giuliana: Gracias por los mails tan bonitos que me envias de vez en cuando. Guardo las imágenes que son preciosas. Un beso, amiga. Bye.
Shinta Girl: Ajajajajajajajaja… descubriste tarde el fic, pero al menos lo hiciste y te gustó. Eso es bueno. Gracias por tus comentarios y espero que hayas leido esto.
Saiko Katsuka: Espero que este epílogo te haya gustado … ajajajaa… ni me acordaba de Kenko y Koru aunque me reí a mares cuando lo releí. Un abrazo y gracias por seguir hasta aquí.