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Author of 5 Stories |
13 de julio de 2008
Tuvieron que pasar no se cuantos ¿meses? ¿años? para poder continuar con esta historia que creia perdida pero he notado con mucha sorpresa que muchas lectoras siguen al pendiente de esta trama. No quiero perder este final, este romance que se que muchas disfrutan como yo.
He estado en un proceso en mi vida en la cual no he tenido tiempo de continuar con mis historias, al menos no estas de Harry Potter. Estoy interesada en escribir una novela inedita y me gustaria compartir mis experiencias con todas por medio de mi pagina en e-jaina en blogspot
Espero recibir varias visitas de ustedes y comentarios. Muchas gracias por el gran apoyo que me han dado a lo largo de este proceso.
saludos.
Jaina.
CAPITULO 28
La Ville-lumière, Paris, es la ciudad donde cualquier cosa puede pasar. Esto lo sabía muy bien Draco Malfoy. A veces el destino puede hacerte jugarretas de las cuales era difícil zafarse. El Slytherin había estado esperando ver a Hermione Granger desde que llegó a Paris, ¿Quién diría que estaban de vacaciones de invierno en la misma ciudad? Encima de todo, Lethar Malfoy, su tío, también se encontraba en la ciudad francesa y eso le daba un cierto alivio que no pensaba tener algún día.
Lethar miró a Draco con suspicacia, de alguna manera sabia que ese chico de 17 años, estaba pasando por una situación tensa. Por un momento no supo como romper el hielo pero Lucius, su hermano mayor, supo como hacerlo.
- No es posible tener tan mala suerte que a los pocos eventos que asisto tenga que encontrarte en mi camino.
Lethar volteó a ver a su hermano y sonrió de lado.
- ¿Eso significa que te da gusto verme… hermano?
Lucius lo miró con desprecio.
- Yo no soy tu hermano. Tú no eres un Malfoy.
El mago dejó de sonreír y caminó hacia Lucius.
- Soy un Malfoy aunque sea únicamente por nombre porque por intereses personales estamos muy distantes de llamarnos familia. Yo no arrastro mi mala ventura con los míos.
- No te permito que…
- No puedes ordenarme nada… hermano.- dijo Lethar entre dientes y en voz baja. – Se te olvida que ya no tengo 20 años. No puedes mandar sobre quien tú consideras ya no es tu familia.
Lucius lo miró con odio mientras Draco observaba la escena un poco sorprendido.
- Observa a Draco, Lucius. ¿Crees que esa mirada que tiene es por amor hacia a ti? – dijo Lethar.
- No voy a hablar de mi hijo contigo.
- ¿No?, yo si voy a hablar y ahora.
- Te repito Lethar que este no es asunto tuyo. Yo hago con mi hijo lo que sea conveniente.
Lethar lo miró impaciente y miró a su alrededor en busca de alguien que pudiera escuchar pero estaba solos en la sala de la recepción.
- No creo tener otra oportunidad de decirte esto Lucius así que te lo voy a decir ahora. No estoy de acuerdo en la manera que tratas a Draco, no puedes hacerle lo que me hiciste a mí.
- ¿Y que se supone que te hice a ti? – dijo Lucius con una ceja alzada. – Quise convertirte en un hombre de poder, de gloria, de nombre y lo arruinaste.
- Querías vender mi vida.- dijo Lethar con amargura.- Me alejaste de lo que verdaderamente anhelaba y lo mismo estás haciendo con Draco.
Lucius rió levemente.
- Como siempre tan dramático Lethar. Yo no te aleje de nada. Tú mismo lo hiciste. No eches la culpa de tus errores a otros.
- Yo sé cual es mi parte Lucius pero creo que tú nunca lo supiste.
- Mi deber es la de salvaguardar el buen nombre de la familia.
- Lo que deseas es menos que eso Lucius, quieres vender a tu hijo como una mercancía cualquiera para poder retornar a tu "poder" y tu "buen nombre".- dijo en un tono exagerado.
- Si tú fuiste tan débil para rechazar lo que te ofrecía, Draco no es así. Él si es un Malfoy.- Lucius volteó a mirar a Draco con una sonrisa ironica.
Lethar se acarició la barbilla y sonrió.
- Draco hará lo que tú gustes solo por miedo, no por amor o respeto verdadero. Tiene miedo que le arruines la vida como se la arruinaste a ellos cuando te volviste mortifago.
Lucius enfureció. Tomo de los hombros a su hermano menor y lo empujó hasta una pared con violencia.
- Jamás se te ocurra volver a decir algo así, Lethar o puedo olvidar la promesa que hice de no matarte.
Lethar sonrió descaradamente mientras quitaba bruscamente las manos de Lucius sobre sus hombros.
- De verdad que me das risa Lucius. Ya no eres nada de lo que solías ser. Eres únicamente una sombra maldita y usas a tu propio hijo para salvarlos a ustedes de su propia miseria. Eso verdaderamente da lástima.
- ¿Lastima? – dijo Lucius.- ¿Crees que tú no das lastima con esos ropajes baratos como si fueras un asqueroso muggle?
- Padre… - dijo Draco con voz entrecortada en un impulso, ya que al escuchar "asqueroso muggle" sintió que le hirvió la sangre, después de todo era de la misma clase a la que pertenecía Hermione.
- Cállate Draco.- dijo Lucius mirándolo rencorosamente. – ¿O es que me vas a salir con que no quieres que llame así a esos rastreros…
- No es eso.- dijo Draco interrumpiendo a su padre.- Es solo que estamos en un lugar público y se supone que ya no nos importa las clases sociales. Recuerda que ahora es un delito mencionar de esa manera a los muggles.
Lethar rió y chasqueó la lengua.
- ¿Así que ahora finges que te agradan los muggles? De verdad que has caído bien "bajo".
- Supongo que eso a ti no te importa, ¿verdad? Has de ser amigo de mucho… muggles.
- ¡Ja! Casi no pero el restaurante donde me gusta ir es uno muggle, debería intentarlo alguna vez.
Lucius hizo un mohín de asco.
- ¿Y dices que tú estás mejor que yo? Definitivamente mi hijo no va a caer en lo mismo que tú.
El muchacho bajo la cabeza pero no la mirada. Tenía los puños apretados conteniendo la rabia que sentía por dentro. Quería decir que llevarse con alguien muggle o de familia de muggle no era malo del todo. Pensaba en Hermione, pensaba en la única que tenia familia muggle. Realmente no le importa ningun otro: solo ella.
- Draco.- dijo Lethar.- No necesitas que tu padre maneje tu vida como se te antoje. Eres el dueño. Si me necesitas ya sabes dónde encontrarme. No lo dudes.
Draco no dijo nada. Solo se concreto a mirarlo fijamente. Lucius sacó su varita y apuntó a Lethar.
- Deja a mi hijo en paz.- dijo amenazante.
- Por ahora Draco te tiene "respeto" así que tu ganas.- dijo Lethar irónicamente mientras daba un paso hacia la salida.- Pero va a llegar el día en que se dará cuenta de lo que estás haciendo con él y te va a dejar solo con tu miserable vida.
El Slytherin observó como su tío se alejó dejando a su padre temblando de ira. Draco creyó que Lucius lo atacaría por la espalda pero solo atino a guardar nuevamente su varita. No fue necesario que Lucius dijera mas nada a Draco, con una mirada lo obligó a regresar de nuevo a la galería y a cumplir con su deber: Permanecer a lado de la chica Renaud.
Draco permaneció casi en silencio por bastante tiempo en la galería mientras Adrienne Reanud sonreía todos y daba las gracias por la visita. A lo lejos le pareció haber visto a Viktor Krum, el famoso ex jugador de quiditch de Rumania, con el que sabía que Hermione había tenido un romance. Un pensamiento le asaltó de repente: ¿habría estado ella con ese Krum?
Afortunadamente, las horas fueron pasando y pronto retornaron a la mansión. Lucius se fue directo a la biblioteca y se encerró pidiendo que nadie lo molestara. Draco iba a subirse a su habitación pero no tenía ganas de recluirse en 4 paredes. Decidió que lo mejor era ir al jardín.
El jardín era un espacio no muy grande con arbole, pequeños arbustos y flores. En varias partes había estatuas de estilo gótico, gárgolas que en la noche revivían y custodiaban la mansión.
Draco sabía que la mansión estaba oculta para los muggles pero Lucius sufría cierta paranoia al respecto. El chico se sentó en una banca cerca de una fuente y observó como el agua caía de ella. Hacía frío pero no le importaba, solo podía concentrarse en el caer del agua y en Hermione.
Había que hacer algo al respecto. Sabía que estaba en Paris aunque podía estar en cualquier parte. Tenía que confesar lo que había estado pasando con él en esos días de no verla. No era un simple capricho, había algo más. Tal vez lo más conveniente era descifrarlo y juntos embarcarse a una gran historia.
- ¿Tú crees que yo esté enamorado? – Susurró Draco a la gárgola hecha piedra, que obviamente no le contestó.
Draco se sonrió.
- De verdad que soy un estúpido. Todo es un engaño, he vivido pensando en lo que no debo hacer pero... ¿y en lo que quiero hacer?
El Slytherin cerró los ojos para sentir el viento gélido que le acariciaba el rostro. Recordó que días antes había estado tirado en la nieve con Hermione y que se habían besado. Recordó, también, que ambos habían acordado ser cómplices de una relación a escondidas de todos.
Su vida se había convertido en un caos, no sabía qué hacer con respecto a su padre, a Lethar, a Irina, a Hermione.
No estaba seguro de nada. No estaba seguro si lo que sentía por la gryffindor era un amor. Todo le daba vueltas en su cabeza y nada aterrizaba. ¿Cómo podía saber? ¿Qué tenía que hacer? Solo sabía que sentía algo pero ¿si era amor? ¿Si estaba verdaderamente enamorado?
Abrió los ojos y observó que el sol poco a poco estaba ocultándose. Comenzaba a verse unas ondas violáceas en el cielo.
Paris, estaba en la misma ciudad que ella. Comenzó a sentir una cierta desdicha, un dolor que le punzaba. ¿ Hermione correspondería ese sentimiento que palpitaba dentro de sí? ¿Cómo poder saberlo si no iba a verla hasta dentro de varias semanas? ¿Cómo poder aguantar esa sensación de vacío?
- L'amour est le symbole de l'éternité.
Draco escuchó un murmullo. Una voz masculina que provenía del jardín. El muchacho se paró de la banca y caminó hacia donde creía que había escuchado el murmullo. No encontró nada. Solo estaban las estatuas góticas que poco a poco se iban cubriendo por la oscuridad.
Ya había habido otros momentos misteriosos en esa mansión desde que llegó. Sabía muy poco del lugar, solo que era muy antigua, tal vez del siglo XV.
- El amor es el símbolo de la eternidad.- susurró el muchacho repitiendo la frase anteriormente dicha en francés por un desconocido.
La idea del amor le dio un poco de temor porque nunca antes en su vida había estado cerca a enamorarse. Sin embargo sabía que el desear el bien y la felicidad a la gryffindor era sinónimo a algo más que una atracción. Él era feliz si sabía que ella era feliz.
En ese instante solo podía dar el siguiente paso, decirle que por fin había descubierto algo: el amor.
Y para eso tenía que salir a buscarla.
Habían pasado cuatro días desde el encuentro con Viktor Krum en la galería. Hermione no había pasado un día sin pensar en lo sucedido, en lo pequeño que puede ser el mundo de los magos en Europa. No había tenido tiempo de disfrutar la ciudad como siempre solía hacerlo. Su familia apenas se percataba de lo distraída que estaba la chica, ya que podía disimularlo muy bien. Solo su primo, Steven Graham, la observaba e intuía que algo pasaba.
- ¿Sabes prima? – Interrumpió Steven a Hermione mientras caminaban por Rue des Barres.- El amor es algo muy complicado pero no necesariamente tiene que ser así.
Hermione frunció el ceño. ¿Por qué Steven la interrumpía siempre así?
- No se de que hablas Steven. Yo no estoy enamorada.
- Hermione, no me tomes por un tonto. No soy tan excelente estudiante como tú pero en esos menesteres del corazón soy un experto y desde hace días estas muy pensativa. Solo un chico puede traerte de esa manera.
- ¿Ya vamos a llegar pronto a la Torre Eiffel? – dijo Hermione intentando cambiar de tema.
- Estamos cerca.- dijo el chico sonriendo.- Pero no quieras cambiarme la conversación, soy muy persistente.
- Eso puedo notarlo.
- ¿Estás enamorada de alguien?
Hermione guardó silencio un momento y bajó la mirada. ¿Lo estaba?
- Realmente no lo sé Steven. Hay un chico de mi escuela que me atrae pero no se si realmente este enamorada.
- ¿Lo has besado?
- Si.- contesto tímidamente.
- y... ¿qué sentiste?
La gryffindor entrecerró los ojos e intentó ver más allá en su corazón.
- Nervios, emoción, dulzura, odio… - suspiró.
- Todo eso es el amor. Complicado, ¿no?
- No lo creo Steven, es un chico al que odio. Siempre nos hemos odiado, existe una rivalidad en todo.
- Con mucho mayor razón existe la atracción.- dijo el muggle con una gran sonrisa.- Lo que parece imposible es lo más atrayente. Es la ley del cazador. Nos gusta lo difícil, lo que no podemos tener. Estoy seguro que se han besado con intensidad. – dijo apretando un puño y alzándolo a la altura del pecho.
Hermione negó con la cabeza y suspiró.
- Estas perdiendo el tiempo, Paris es la tierra del amor, de los enamorados. ¿Por qué no eres sincera contigo misma y dejas desbordar esa pasión que pide a gritos salir de ti?
- Steven… ¿pasión? No lo creo.- dijo sonrojada.
Steven se detuvo y miró hacia adelante donde caminaban los padres de Hermione y los suyos para percatarse que no lo escucharan.
- ¿Crees que la pasión es mala? ¿Crees que la pasión es únicamente sexo? La pasión no es nada de eso. No es acostarte con alguien y gritar desesperado como se ven en las películas. Eso es una gran falsa idea.
Hermione lo miró fijamente y con el leve sonrojo.
- La pasión prima, es un modo de vida, es una especie de gasolina que necesita el ser humano para luchar en este mundo. La pasión por vivir, por amar, por entregarse… la pasión lo es todo.- Continuó.
- Tú crees que lo que yo siento por él… ¿pasión?
- Amor, yo creo que tú estás enamorada de él y a cambio de eso sientes pasión por verlo, por sentir sus brazos, sus labios, sientes esa fuerza que te impulsa hacia lo que nunca pensaste que harías.
La chica guardó silencio unos momentos, eso era justo lo que le hacía sentir Malfoy: una fuerza impulsiva que la llevaba a hacer lo inimaginable.
- No es malo sentir pasión por alguien. La pasión no es amor pero es parte de él. No niegues lo que tu corazón siente, no dejes que ese sentimiento escape de ti porque cuando desees liberarlo será demasiado tarde. Las cosas pasan y se marchitan.- dijo Steven seriamente.
- Si entiendo es solo que… todo mundo lo odia. Sería difícil.
- ¿Qué sería difícil? ¿Qué lo acepten los demás? ¿tus amigos, familiares, profesores? ¿y tú qué dices al respecto? ¿te hace feliz?
- A veces creo que me hace feliz al verlo pero otras veces siento mucho miedo.
- Es la culpa. Si vas a amar a alguien no lo hagas con culpa. Mejor no lo hagas a menos que quieras luchar por él.
- ¿Tú lucharías Steven? – preguntó la chica mordiéndose un labio.
- Yo me he apasionado cientos de veces pero enamorado nunca. La pasión por las chicas solo dura unos días pero si mi pasión estuviera a punto de convertirse o está convertido en algo más entonces lucharía contra lo que fuera por tenerlo conmigo. Son emociones que no siempre se repiten. Hay gente que pasa toda una vida sin saber que es el amor.
Steven continúo caminando y Hermione hizo lo mismo. Ambos quedaron callados en resto del camino hacia la Torre Eiffel.
Por un instante Hermione tuvo la sensación de sentirse cerca de Draco y anhelo poder estar con él cuando subiera a la torre. En ese minuto quiso poder cerrar los ojos y besarlo, entregar todo lo que ella tuviera para él. Esa pasión desbordante, como decía su primo Steven.
Continuará...