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BLACKONIEVES
Y
Los 7 brujitos (que en realidad son 6)
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Érase una vez, en un reino muy, muy lejano un joven y hermoso mago de cabello negro como el ébano y unos impactantes ojazos color azul zafiro de nombre Sirius, pero al que todos, por falta de seso y creatividad, llamaban Blackonieves. Blackonieves era el mago más guapo de todo el reino y sin dudas, uno de los más poderosos, pero pese a que su "magia innata" aumentaba con el tiempo, no podía aplicarla por culpa de su fea prima. Los padres de Blackonieves y él habían tenido una riña muy fuerte hacía muchos años y lo habían echado de la casa, pero obligándolo a vivir con su prima Bellatrix, una mocosa engreída, orgullosa y malvada que lo obligaba a trabajar como un sirviente. Sobra decir que la relación entre ambos primos era pésima, pero procuraban llevar la fiesta en paz ignorándose mutuamente.
La prima de Blackonieves tenía oculto en una de las habitaciones de su mansión un alto espejo de marco dorado, un espejo mágico al que solía consultar con frecuencia. Sus preguntas iban desde "¿qué molestará más a Blackonieves hoy?" a "¿quién es el mago más poderoso de la familia?". La última era la pregunta que hacía con más frecuencia, a la que la imagen del espejo, un hombre alto, pálido, encapuchado, con facciones de serpiente y un coqueto tutú rosa chillón, siempre respondía:
- Tu tío Rigel.
Y a Bellatrix le satisfacía esa respuesta, porque sabía que ella era la favorita de su tío, aún por encima de sus propios hijos. Pero el tiempo fue pasando, y un buen día, tras la pregunta de rigor, el Voldy-espejo respondió:
- Hasta ahora, todos los días me has preguntado lo mismo y te he respondido lo mismo; pero ya no es así... Tu primo Sirius se ha vuelto todo un mago y es más poderoso que ningún otro en la familia Black.
La fea prima de Blackonieves se enfureció tanto al oír esa respuesta que salió de esa habitación batiendo puertas y decidida a no volver a consultar a ese estúpido espejo defectuoso. La idea de que ya su tío no estuviese en la cima, y más aún, de que su lugar ahora lo ocupase Blackonieves le resultaba repugnante, y luego de mucho gritar y lanzar maldiciones a cuanto ser vivo se cruzara en su camino, se le ocurrió un plan. A todas estas, el buen Blackonieves no tenía idea de lo que el destino le tenía preparado.
Bellatrix Black llamó inmediatamente a su novio y al hermano de éste, Rodolphus y Rabastan Lestrange, el uno muy estúpido y el otro muy cretino, y les ordenó:
- No me importa cómo, pero van con Blackonieves hasta el Bosque Prohibido y lo matan sin que nadie los vea, y si no lo matan, los mato yo, ¿fui clara? Y me traen su corazón y su varita como prueba.
Al par de individuos no les quedó otra opción que aceptar su misión y se fueron a buscar a Blackonieves. El joven Sirius, ajeno a los planes de su malévola prima, se extrañó cuando Rodolphus y Rabastan fueron a pedirle que los acompañara al bosque a buscar no-sabía-qué hierbas para preparar una poción para Bellatrix, pero prefirió acompañarlos antes que tener que soportar a la malgeniada. Como era menos tonto de lo que parecía, comenzó a sospechar en cuanto entraron al bosque y tuvo su varita a la mano, sólo si era necesario.
Cuando ya se habían internado en lo más profundo del Bosque Prohibido, los Lestrange sacaron sus varitas y atacaron a Blackonieves, mas como Blackonieves era más listo, hábil y astuto que el dúo de tontos, los venció rápidamente en duelo. Rodolphus y Rabastan tuvieron que salir corriendo, y llevarle el corazón de una rata muerta, a la que casualmente le faltaba un dedo en la pata derecha, y una rama de árbol partida a Bellatrix para evitar su propia muerte. Blackonieves se quedó estático justo en el lugar del duelo, nunca había tenido tanta libertad de movimiento y no sabía qué hacer con ella. Por nada del mundo regresaría con la zorra de su prima pero no tenía otro lugar adónde ir. Así que el joven mago comenzó a caminar por el bosque, sin saber hacia dónde iba, alejándose cada vez más de la mansión de Bellatrix.
Pronto se hizo de noche. Ninguna luz lograba atravesar las copas de los árboles, por lo que sería imposible seguir avanzando, y además a Blackonieves ya le estaba rugiendo la tripa, así que decidió echarse a dormir hasta el día siguiente, cuando tarde o temprano le vendría alguna idea. Y dicho y hecho, al llegar la mañana se despertó bastante tarde, se rascó algunas pulgas y reinició su caminata, tendría que llegar a algún lugar civilizado.
En el momento en que Blackonieves estaba considerando volver a echarse, una casa apareció en su rango visual. No era una pocilga y tampoco parecía haber sido profanada por alguien de su familia, el lugar perfecto. Se dirigió a la casa, llamó a la puerta y nadie le contestó, pero la puerta estaba abierta y olía a comida en el interior... Interesante lugar. Después de un recorrido, descubrió que todo estaba en múltiplos de siete y se tomó el permiso de comerse un trío de hamburguesas con sus correspondientes papas que alguien había dejado en la cocina.
Al atardecer, cuando los siete brujitos (que de hecho son seis) regresaron a su casa, se quedaron impresionados al encontrarse con Blackonieves durmiendo sobre la cama de uno de ellos, y como eran brujitos de poca paciencia, le arrojaron un balde del agua más helada que consiguieron, haciendo que Blackonieves se despertara sobresaltado.
- ¡Yo no fui!
- Ejem... ¿Y tú eres?
- Sirius Black, a.k.a. Blackonieves.
- Tienes que ser más específico.
- ¿Qué demonios haces en nuestra casa?
- Haciendo el cuento corto, llegué por pura casualidad... ¿Y ustedes no eran siete?
- De hecho...
- Somos seis.
- A Pettigrew se lo comió Pelusita hace unos días.
- ¿¡Quién!
- El dragón.
- Volviendo a ti...
- ¿Qué haces aquí?
- Ya les dije que llegué por casualidad.
- No, dijiste que eso era para hacernos el cuento corto.
- Queremos escuchar la versión sin cortes.
Blackonieves tuvo que contarles a los siete brujitos, que en realidad son seis, su historia y cómo había llegado hasta allí. Los siete brujitos, que de hecho son seis, llegaron a la conclusión de que nadie merecía vivir con una tipa como Bellatrix y con mucho gusto lo aceptaron entre ellos y se volvieron muy buenos amigos. Ya que Blackonieves se había comido lo que originalmente tenían planeado cenar, organizaron entre todos una improvisada celebración, lo que permitió que el buen Sirius conociera a los siete brujitos, que en realidad son seis. Lily y James, que eran pareja y se querían tanto como se peleaban; Ron, Harry y Hermione, que eran amigos desde la más tierna infancia; y Ralkm, que era la dueña del dragón que se había comido al otro brujito, aunque ninguno parecía haber sido particularmente afectado por ese hecho.
Por primera vez en muchísimo tiempo, Blackonieves pudo decir que era feliz. Estaba en un lugar en el que en verdad quería estar y con gente que lo apreciaba, y además, todos los días acompañaba a los siete brujitos, que sólo eran seis, a recibir sus clases particulares de magia en las que era un participante activo. Lo único de lo que podían quejarse sus nuevos amigos era que ahora la comida se les acababa mucho más rápido que antes, pero todo en la vida es acostumbrarse a los cambios.
Pero un día, un nefasto día, la prima de Blackonieves recordó a su espejo y las preguntas que le hacía a diario, y como ya la vanidad estaba siendo más grande que ella, volvió a la habitación en que lo tenía escondido, le quitó el polvo y volvió a preguntarle quién era el mago más poderoso en la familia Black, creyendo saber de antemano cuál era la respuesta. La imagen del espejo se quedó mirándola con la ceja levantada antes de responder.
- ¿Eres tonta o sólo lo aparentas, mocosa? El día de tu rabieta te dije que el más poderoso era tu primo Sirius, el hijo mayor de tu tío Rigel, Blackonieves, el que vive en el bosque con los siete brujos que de hecho son seis, ¿ahora sí captas? Y ya vete, voy a ser la prima donna en la revista del ballet de este fin de semana y no me estás dejando practicar.
Luego de superado el trauma inicial por las declaraciones del Voldy-espejo, Bellatrix rugió por toda su mansión hasta dar con su novio y su futuro cuñado y darles su merecido por ineptos, en especial a Rodolphus... Si quieres que algo salga bien, hazlo tú misma... Sacaría al bueno para nada de Blackonieves de su camino, de una vez por todas, y lo haría a su modo. Bajó hasta las mazmorras de su mansión y revisó entre los libros de su biblioteca, de algo tenía que servir la mala fama bien ganada de la familia Black... y encontró lo que quería. Revisó todos los armarios y se puso un disfraz, y preparó una cesta con toda la comida que consiguió, no iba a darle ninguna oportunidad de escapar a su primo. Así, disfrazada, se dirigió a la casa de los siete brujitos, que en realidad son seis, en el bosque.
Los siete brujitos, que seguían siendo seis, habían salido esa mañana a comprar la comida del mes y habían dejado a Blackonieves en la casa a modo de castigo, ya que por su culpa la dotación semanal no estaba durando ni cinco días. Sirius estaba solo, aburrido y hambriento, y cuando la Bellatrix disfrazada llegó hasta donde estaba él ofreciéndole de gratis una cesta llena de deliciosa comida, no fue capaz de negarse. Sobra decir que Blackonieves no estaba enterado que aquella mujer era su propia prima disfrazada y que ella había preparado un potente veneno (siguiendo la receta que aparecía en la "Guía última de Pociones del Dr. Snapie") y lo había utilizado para impregnar toda la comida.
Nada más al tragar el primer bocado, Blackonieves cayó al suelo como fulminado por un rayo. Su prima rió como la bruja zorra psicópata que es y se fue muy alegre y satisfecha consigo mismo. Con lo que Bellatrix no contaba era con la mascota de los siete brujitos, aunque de hecho sólo era la mascota de Ralkm, un dragón particularmente enorme que también se había quedado sin comida gracias a Blackonieves y estaba particularmente hambriento, y una presa viva que además llevaba un agregado en una cesta es una oferta que no se puede rechazar. Afortunadamente para nuestro lindo Pelusita, los dragones son inmunes a los venenos y así pudo disfrutar de un suculento almuerzo.
Cuando los siete brujitos, mejor dicho, los seis brujitos cargados con bolsas de supermercado llegaron hasta su casa, se encontraron con Blackonieves tirado en la entrada como muerto, hasta sus pulgas habían estirado la pata, y a Pelusita limpiándose los colmillos con un mondadientes. Ralkm, luego de conversar con su dragón, les contó a los demás una parte de lo ocurrido y fueron atando cabos hasta tener la historia completa, o por lo menos bastante aproximada. Blackonieves se había vuelto uno más de los brujitos, especialmente muy amigo de James, y para ellos fue muy fuerte que muriera, y como ninguno tenía el valor de sepultarlo, metieron su cuerpo en una caja grandotota de plástico en la que habían traído la provisión mensual de alimento para Pelusita y se quedaron llorando a su alrededor.
- ¿Por qué pesa tanto si está muerto?
- Podrías ser más sutil.
- Es que en verdad está pesado, Lily...
- Y tú no eres la que lo está cargando.
- Oye Potter, se vale darnos una mano.
- ¿Cuál de los dos?
- ¡Los dos!
En esos momentos, pasaba por ahí un precioso, hermoso y muy apuesto príncipe de ojitos color miel junto a su hermana menor, ambos en camino a su castillo en el reino de Hogwarts, y al ver al grupo de brujitos, decidieron acercarse a preguntar qué pasaba. Estos le contaron, intentando incluir todos los detalles, la triste historia de Blackonieves y lo que le había hecho su prima y se sintieron conmovidos por el joven.
- ¡Qué bruja tan demente!
- Ajá...
- Era una zorra.
- Ajá...
- ¿Te pasa algo, Ralkm?
- Ajá...
- ¿Puedo acercarme a verlo?
- Ajá...
- Ralkm, reacciona, ¡ya!
- ¿Le pasa algo señorita?
- Me pasa de todo contigo...
La joven princesa Daniela, alejándose del momento romántico entre su hermano Remus y la brujita Ralkm, se acercó hasta la cajota de plástico donde reposaba Blackonieves plácidamente, como si estuviese dormido, y no resistió el impulso de levantar la tapa. En vida seguramente habría sido un joven muy agradable. Jugó un momento con su cabello tan negro como el ébano y se permitió darle un ligero beso en la mejilla.
Cual no sería el asombro y el júbilo de todos, excepto de Ralkm y Remus que estaban en una dimensión aparte, pues al recibir el beso en la mejilla de la princesa, Blackonieves volvió en sí, como si todo hubiese sido sólo un largo sueño del que acabara de despertar.
- Si tú eres parte de mi sueño, princesse, no me quiero despertar.
- ¡Sirius!
- ¡Jamie-Pots!
- Que no me llames así, Blackonieves.
El beso había roto el encantamiento de la comida envenenada, que a fin de cuentas no le dio ni dolor de panza al dragón, y a partir de ese momento, Blackonieves y los siete brujitos, que seguirían siendo seis, se fueron a vivir con los príncipes Remus y Daniela y vivieron juntos y felices para siempre.
...Excepto...
- Nadie quiere al queso, el queso se queda solo. Nadie quiere a Harry, Harry se queda solo...
- ¡Cállate! Sólo porque tú te hayas quedado con Remus, y Sirius con Daniela, y James con Lily, y Ron con Hermione no significa que nadie me quiera.
- Nadie quiere al queso, el queso se queda solo...
FIN
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Tatán! :D Dije que los cuentos de hadas versión merodeadora volverían en cuanto mi inspiración volviera, y aquí está! Ahora deben ser los hermanos Grimm los que deben de estar revolcándose en su tumba, aunque he visto peores adaptaciones. De nuevo, antes de que vayan a la lanzar a la mafia siciliana tras de mí: soy la escritora y si me da la gana de hacer que mi lindo lobito se enamore de mí, lo hago; que vivan las licencias de autor! :P... Anyway, habrá logrado el Voldy del espejo practicar lo suficiente? xDDDD Como dije anteriormente, estos cuentos volverán en un futuro, si el santo pulgoso y el espíritu del chocolate así lo deciden, aunque "Caperucito Black"...
Como no, como no, este capítulo está completamente dedicado a mi cuñis, Dany Lupin en su cumpleaños... Qué te dije, cosa bestia? Te gustó tu sorpresa! :D... Y ya sabes, se vale avisarme cuando te llegue la carta, ancianita.
Muxos reviewsitos, sil vous plait!
MM:MS,MJ&MR
Ralkm Diggory
- Padfoot -
Fundadora de la Orden Remusiana
Miembro de la Orden Siriusana