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Tritatos
Viñeta # 2 - Varicela
Autora: Carla, a.k.a. Cali-chan
Rating: G
Género: Fluff y WaFF.
Titulo: "Tritatos"- del latín, "en tercer lugar". No necesito explicar el por qué de "Varicela"...
Parejas: Ninguna, creo.
Descripción: Un pequeño Ronnie de 7 años se contagia de varicela.
Disclaimer: Antes que nada, me toca decir que ninguno de los personajes aquí mencionados son míos, sino de la diosa en persona, Mrs. Jo Rowling. Aunque debo aclarar que si ella quiere, yo estaría feliz de intercambiárselos por... ummm... digamos, setenta y ocho centavos (en monedas de 1 centavo), una calculadora de esas que no tienen memoria, y mi eterna gratitud- ohohohoho!
Notas de la autora: Aaahhhh, al fin la terminé. Esta viñeta ha estado sentada en mi disco duro por unos buenos, uh, tres años? xD La última escena me costó demasiado, aparentemente. Pero bueno, aquí está! La tercera y cuarta viñetas ya están planeadas (la tercera se llamará "Todo lo que Ronald no es" y será Ron/Luna, mientras que la cuarta se llamará "10 cosas que odio de Hermione" y será, como se pueden imaginar, Ron/Hermione), y de hecho me parece gracioso que ya tengo escritos los primeros cuatro párrafos de la cuarta, pero nada de la tercera. No les voy a decir que las esperen pronto, porque entonces me toma años completarlas y todo el mundo termina odiándome, pero sepan que no están abandonadas.
BTW, varicela en inglés se dice "chicken pox." Ya sabrán por qué lo menciono.
Como siempre ésta va dedicada a todos los que me dejaron reviews para la primera viñeta, y en especial a todos los fans de Ron que hay. No es Ronniekins el mejor personaje del mundo? I wuv him 8D Pero en fin, aquí les va!
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Una tarde soleada de verano, de esos días en los que es como una ley salir y disfrutar del maravilloso ambiente, el pequeño Ron Weasley estaba... encerrado dentro de su cuarto. Haciendo su tarea de matemáticas.
Ron miró enojado a el cuaderno que tenía frente a él, sobre el escritorio en el cual tenía apoyado su codo. Estaba enojado por tener que hacer tareas extra. Estaba enojado porque su mamá no lo dejá salir a jugar esta tarde. Y estaba enojado porque todo era culpa de Fred y George. Siempre lo metían en problemas. Y él empezaba a sentirse tonto porque siempre caía en todas sus bromas.
La historia no era muy larga. Hacía unos cuantos días Fred, George y Ron estaban jugando en el patio de la casa y los gemelos habían comenzado a hablar de que querían ir al parque a continuar sus juegos. Ron les recordó que su mamá les tenía prohibido ir al parque porque ahí era donde iban los niños muggles y ellos no podían hablar con los niños muggles. Entonces George (o era Fred?) le dijo que no se preocupara, que en el parque siempre había un niño con el que podían hablar, porque no era muggle, sino troll. Obviamente el pequeño Ron quedó impresionado, porque nunca había visto un troll chiquito, sino solamente de los grandes, y eso en los libros de cuentos. No les tomó mucho a los gemelos convencerlo y Ron corrió al parque. Efectivamente se encontró con un niño un poco distinto: estaba solo, y tenía la cara llena de puntotes rojos. Era un poco asqueroso, pero Ron sabía que los trolls eran asquerosos. Pero este era algo diferente de todos los trolls que había visto...
Estaba a punto de preguntarle qué clase de troll era, cuando llegó la Sra. Weasley a buscarlo. Eso estaba muy bien, porque de lo contrario habrían tenido que hacer varios hechizos para borrar la memoria al niño, y para eso tenían que llamar al Ministerio y el papeleo era interminable. Explicándole que el niño no era un troll sino un muggle enfermo, Molly lo castigó para que aprendiera su lección: de ahora en adelante tendría que hacer el doble de ejercicios de matemáticas y no podría jugar afuera excepto los jueves, viernes y el fin de semana. Obviamente Ron no quedó muy contento, pero una mirada fuerte de su madre detuvo sus protestas.
Dejando su pluma sobre la mesa, apoyo el otro codo sobre el escritorio también. Tenía que hacer veinte ejercicios ese día y no había hecho ninguno. Se sentía muy mal... le dolía la cabeza, tenía mucho mucho calor y se sentía muy débil. A este paso, su mamá se enojaría mas y lo haría hacer el triple de ejercicios. Y él no los haría porque se sentía mal, y su mamá le haría hacer el cuádruplo de ejercicios. Y él no los haría porque se sentía mal, y terminaría haciendo el quíntuple de ejercicios...
Molly se asomó por la puerta. "Todavía no terminas, Ron?"
Ron negó con la cabeza, tristemente. Molly entró; tenía un plato con un sándwich de hígado en la mano y un vaso con agua en la otra. "Apúrate, o al menos termina con las adiciones. Mira, te traje algo de comer; seguro así te da más energía." Dejándole el plato y el vaso sobre el escritorio, se dio la vuelta para salir.
Él alejó tanto el plato como el vaso de él. "No tengo hambre," sentenció. Molly, inmediatamente preocupada (Ron sin hambre? Era eso posible? Algo tenía que estar mal...), se volteó a mirarlo.
"Mami?" la miró, ojos húmedos y el labio inferior temblando. "Me siento mal..."
Molly se acercó a él y le puso una mano en la frente. Inmediatamente la retiró; Ron estaba ardiendo de fiebre! Echando a un lado el cuaderno y la comida, lo ayudó a levantarse de la silla. "Creo que te vas a enfermar, Ron. Ven, mejor duerme por un rato, quizá al despertar te sientas mejor."
"Y no tengo que hacer las adiciones y las sutraciones?" preguntó él, agarrándose del delantal de su mamá mientras caminaban hacia su habitación.
"No te preocupes por eso. Tú solo descansa, " le replicó ella. Ron quería exclamar "sí!", pero no tuvo las fuerzas.
Al fin entrando al cuarto, Molly lo ayudó a subirse a la cama y lo cobijó con sus sábanas anaranjadas. Dándole un beso en la frente, lo miro algo preocupada. "Descansa. Más tarde hablaremos de las matemáticas."
El pequeñín asintió con la cabeza y Molly no pudo evitar sonreír. Arropado hasta el cuello, tan pequeño que la cama le quedaba enorme, con su carita triste y sonrojado por la fiebre, se veía tan tierno como un cachorrito. Dándole unas palmaditas en las piernas, se dio la vuelta para salir de la habitación.
"Mami?"
Ya iba a abrir la puerta cuando escucho la vocecita dudosa. "Dime."
"Me vas a despertar para la cena?"
Negando ligeramente la cabeza, suspiro. Niños serian niños. "Bien."
Con una sonrisa pícara, si bien algo débil, Ron se viró hacia un lado y cerró los ojos, iniciando su viaje al mundo de los sueños. Molly lo observó unos segundos, hasta que escuchó ligeros ronquidos que le indicaban que, efectivamente, su hijo menor estaba dormido y, por como se veían las cosas, lo estaría por un buen rato. Haciendo una nota mental de prohibirle a los gemelos y a Ginny que se acercaran al cuarto de Ron (no quería que lo agitaran de ninguna forma), salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
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Una semana después Molly subía las escaleras para echarle un ojo a Ron. Todavía seguía con varicela; Molly había decidido no curársela mágicamente, para ver si así aprendía que no debía hablar con los muggles (y que no tenía que hacerle caso a Fred y George). El no había estado muy contento, pero afortunadamente ya tenía un par de días que no le daba fiebre y eso había mejorado su humor. Sin embargo, la comezón todavía lo estaba volviendo loco y Molly no sabía que hacer por eso.
Como si lo hubiera llamado, el rostro manchado de Ron apareció en la cima de las escaleras, junto con su cuerpo, excepto una pierna y la nariz, que aparentemente habían desaparecido. El niño bajaba las escaleras a saltitos, con los brazos firmemente pegados a su cuerpo, llorando y tropezando las palabras al querer explicarle a su mamá lo que le había ocurrido. Molly frunció el ceño; no era muy difícil imaginarse la razón de aquella escena...
Aparentemente los gemelos habían escuchado cuando Molly le explicaba a Ron que rascarse solo lo haría ponerse peor, y ellos, siendo los fabulosos hermanos que eran, se propusieron ayudarlo. En algún momento se llevaron ("tomaron prestada," según ellos) la varita de Molly y subieron al cuarto de Ron. Ante las protestas del niño, le advirtieron que "ellos ya tenían nueve años y que sabían lo que estaban haciendo," y Ron, tan crédulo, los había dejado hacer. Y había terminado parcialmente petrificado e invisible (cosa que no debió haber sido posible, ya que los gemelos no habían entrado aún a Hogwarts- Arthur se sorprendía de lo inteligentes que eran sus hijos y Molly se quejaba de lo maravilloso que seria si "usaran sus poderes para el bien"...). Molly seriamente consideró que encerrar a los gemelos en su habitación sería la mejor solución.
Diciéndole a Ron que se calmara y volviera a su habitación, subió a su habitación a ver si encontraba su varita.
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Dos días después Ron se levantó sintiéndose bastante mejor. Se quitó las sabanas de encima y se sentó en la cama, abrazando su almohada para evitar rascarse. Adormilado, miró a todo su cuarto alrededor, como hacía todas las mañanas, para asegurarse de que los gemelos no hubieran hecho alguna de las suyas (el incidente del osito/araña lo había traumatizado lo suficiente). Todo parecía normal... excepto el par de ojos marrones que lo miraban fijamente desde el pie de su cama.
De un salto, quedó casi incrustado en la cabecera de su cama antes de darse cuenta de quién era. "Ginny! Casi me matas del susto!"
La niña se levantó de donde estaba escondida hasta la nariz, y se acercó a Ron algo nerviosa. "Te duele?"
Ron negó con la cabeza enérgicamente. "Nop. Sólo me pica bastante."
"Oooh," interjectó Ginny con los ojos muy abiertos. Con cuidado levantó el brazo de Ron y examinó sus llagas. "Por ahí te van a salir las plumas?"
"Eh?" cuestionó Ron, soltando su brazo de las manos de su hermana. "Qué plumas?"
"Fred y George me dijeron que tu efredad hace que te vuelvas pollo," explicó ella, como si le estuviera contando que le quedaban tres minutos de vida.
Ron sintió que el corazón se le caía al estomago. Ahora entendía el por qué del nombre! Pero el no podía volverse pollo... tenía tantas cosas por hacer... ni siquiera había entrado a Hogwarts! Y no lo iban a dejar ir a Hogwarts si estaba convertido en pollo... Pero no demostró su temor en alto porque su mamá le había dicho que como hermano mayor, tenía que evitar que Ginny se asustara. "No voy a convertirme en pollo!" afirmó, valientemente. "Fred y George tuvieron varicela mágica y no se convirtieron en dragones!"
"Ellos me dijeron que como los dragones son mágicos, ellos se pueden volver Fred y George otra vez si quieren," agregó ella a la explicación, sentándose de piernas cruzadas en el suelo, junto a la cama.
Ron tragó en seco. "Bueno... no puede ser tan malo ser un pollo," postuló débilmente, ya resignado a su suerte pero aún haciéndose el valiente por Ginny.
"Ron... la gente come pollo!" exclamó la niña, completamente aterrada por la posibilidad de que su hermano terminara asado en el plato de alguien.
Ron pensó en la posibilidad... y abrió los ojos como platos con un "eep!" "YO como pollo!" exclamo con la voz muy aguda. "Seré un aníbal!"
Ginny, que a estas alturas ya tenia los ojos húmedos y le temblaba el labio inferior, se puso de pie y tomó a Ron muy fuerte de la mano. "Hermano! No quiero que te conviertas en pollo! Ya eres feo así como estás!"
Ron sólo soltó un agudo quejido.
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Molly se preguntó qué terrible mal había hecho para terminar con hijos como los suyos. Ella los amaba a todos, ciertamente, pero Bill, Charlie y Percy eran bastante tranquilos y de pronto... bam, Fred y George. Y ni siquiera tuvo un respiro porque llegaron los dos al mismo tiempo. Desde ese día no había tenido un minuto de paz. Y como evidencia podía poner el hecho de que había entrado a la cocina por veinte segundos para vigilar que el hechizo que había conjurado para cocinar el almuerzo estuviera funcionando, y cuando salió, la recibieron los gemelos bajando las escaleras. George pisó suelo primero y un parpadear después Fred, más lento pues venía dando saltitos ya que una de sus piernas había desaparecido.
La madre apenas había abierto la boca para hablar cuando los dos exclamaron "Fue su culpa!" mientras señalaban al otro. O, bueno, George de seguro habría estado señalando a Fred, si no le hubiera faltado igualmente un brazo.
Negando con su cabeza, se aseguró de agarrarlos a ambos por una oreja y halarlos hacia el segundo piso nuevamente.
Antes de llevar a sus problemáticos gemelos a su habitación para una regañada integral, hizo una pausa para ver como seguía Ron. Había estado muy callado toda la mañana y no había bajado a desayunar, lo cual le hacía pensar que tal vez su hijo más joven no se sentía muy bien. Al abrir la puerta, no pudo evitar dejar escapar un "awww" al ver que junto a la cabeza de Ron, todavía marcada con puntos rojos encima de las pecas, descansaba una segunda cabeza copada con cabello rojo brillante.
Aparentemente Ginny había decidido que extrañaba a su hermano. Se veían tan lindos, abrazados debajo de los cobertores anaranjados. Los pequeños jugadores de quidditch dibujados sobre la frazada parecían estar de acuerdo con ella, pues daban vueltas en sus escobas 2-D y apuntaban hacia los niños, con sonrisas en sus rostros.
No queriendo despertarlos, cerro la puerta tras de sí, señalandoles a los gemelos que se mantuvieran en silencio. "Ya ven? Por qué no pueden estar tranquilos aunque sea por unas horas, como sus hermanos?" les preguntó, dirigiéndolos hacia su habitación. Ellos se mantuvieron callados y sin resistir, simplemente echándose miradas de vez en cuando (probablemente algún tipo de comunicación entre gemelos, se dijo ella... no sería la primera vez que se comunicaban sin hablar). Eso fue, claro, hasta que llegaron al dintel de la puerta de su cuarto, donde se voltearon hacia Molly con idénticas sonrisas en el rostro. Les faltaban unos dientes en el frente (esto porque estaban mudándolos, no porque se los habían desaparecido también), y entre las sonrisas y las pecas habrían convencido a cualquiera de que eran perfectamente inocentes; a
cualquiera que no los conociera de antes, claro.
"Fue una escena conmovedora, madre-"
"-casi digna de una fotografía, pero-"
"-¡no olvides que-"
"-la varicela se contagia!"
Y con este mensaje, George cerró la puerta frente a ella (cómo hizo eso? No lo había visto mover el único brazo que tenía), y ella pensó en decirles que ni pensaran en salirse con otra travesura mientras Ron siguiera enfermo, pero estaba segura de que solo estaría gastando su voz en vano.
Entonces pensó en lo que los niños le habían dicho y, llevándose la mano a la cara, se pregunto si alguna otra madre en el mundo estaba tan ocupada como ella lo estaría en las próximas semanas.