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Reloj de Arena
por Karoru Metallium
Advertencia: piensas que están OOC? Bien, esto es un AU. El rating ha subido, por favor no chillen si encuentran situaciones de índole sexual. Porque las hay.
Capítulo XXIII
Sinceridad
A Zechs no pareció impresionarle su mirada desafiante; se limitó a entrar y apartarse para que Quatre pudiera salir, cerrando la puerta tras él. Entonces tomó la única silla que había en la habitación y la colocó de nuevo entre las dos camas, pegada a la que Noin ocupaba, y se sentó en ella con toda su cachaza, mirándola de frente con calma y sin parpadear.
"Creo que ahora sí podremos hablar." - dijo serenamente.
Coño. Por lo visto su actitud desafiante no lo había impresionado... y estaba cerca, demasiado cerca. La joven tragó en seco y pasó rápidamente a la defensiva, refugiándose en la ironía.
"Cómo no, señor, pase y siéntese, sólo no levante la voz. Barton no está ahí de adorno, aunque lo parezca."
"No pensaba gritar." - repuso el rubio secamente, arreglándoselas para sonar incluso algo ofendido.
"Bien por todos. Yupi. ¿De qué quieres hablar?
"Me gustaría que no estuvieras tan a la defensiva, pero ya veo que sería mucho pedir." - dijo con sorna, sólo para tornarse mortalmente serio unos segundos después - "Me has tenido muy preocupado, Noin."
"¿Yoooooo? Dios, pero qué honor tan grande, es demasiado para mí, soy muy poca cosa para merecerlo!"
"No empieces," - le advirtió Zechs, mostrando al fin algo de irritación - "no tenías que ir con Maxwell y Yuy a esa casa, y lo sabes. Mira lo que ha pasado..."
"Espera, espera. Me pasó lo que pudo haberle pasado a cualquier otra persona en mi lugar, por muy bien entrenada que estuviera; algo que les ha pasado a los mismos pilotos Gundam, sin ir más lejos. ¿O acaso insinúas que no soy un soldado capaz?"
"No insinúo nada de eso. Todo lo que trato de decirte es que no había necesidad de que te arriesgaras de esa manera."
"¿Que no había necesidad?" - ahora comenzaba a hacerla enfadar en serio - "Yo vi la necesidad, porque había estado antes en esa casa y mis conocimientos podían resultar de utilidad. Soy tan buen soldado y estratega como tú, Zechs... incluso puede que mejor en uno o ambos aspectos. Así que la única carta que te quedaría por jugar es la del sexismo, y con ésa sí que no me vas a joder."
"Haz el favor de no utilizar mis propias palabras en mi contra. Es desagradable, y sabes que no estoy tratando de ofenderte." - suspiró, exasperado - "Es sólo que... me preocupaste mucho."
Ay. Qué tierno. Se había preocupado por ella, y saberlo hacía nacer un agradable calorcito en su corazón... le costaba mantenerse enfadada con él, pero lo logró con sólo sospechar por un momento que el rubio podía estar tratando de manipularla. Y eso sí que no, carajo...
"Pues qué mal que te hayas preocupado tanto por mí... aunque bien mirado, es de agradecer que te tomes la molestia de decírmelo. Al menos eso me da a entender que todavía te importo."
Se dejó caer sobre las almohadas, respirando hondo para controlar el enojo que le causaban la actitud ambigua de Zechs y los dolores en su cuerpo. Aunque las píldoras habían hecho efecto, la punzada en el hombro seguía presente.
"¡Deja ya la necedad, chica! Sabes perfectamente que nunca has dejado de importarme, que siempre me he preocupado por ti. Noin," - de pronto la voz profunda pareció algo vacilante, como si temiera la reacción que sus palabras pudieran causar; la chica lo veía venir desde hacía rato, pero ya que no podía hacer nada para evitarlo decidió quedarse callada y esperar - "respecto a lo que pasó la otra noche en el ascensor, yo..."
"Olvidémoslo, quieres? Fue un error desafortunado por parte de los dos." - interpuso rápida y secamente, mirando al techo.
"... no voy a permitir que lo califiques como un error, porque no lo fue. Al menos no para mí."
"¿Ah, no? Y actuar como el perro del hortelano no te parece erróneo, Zechs? Porque eso fue lo que hiciste: actuar como el muchachito malcriado que hace un berrinche cuando otro niño sí sabe apreciar el juguete que él ha dejado de lado. Eso no habla bien de tu profundidad como ser humano, ni de tu madurez."
Para su infinita sorpresa, el rubio no saltó a reclamar que retirara lo que acababa de decir, ni se hizo el ofendido. Sólo se quedó mirándola fijamente, aún muy serio; y las palabras que salieron de sus labios a continuación la dejaron cual pajarito en grama:
"Estaba simple y llanamente celoso, Noin. Nada más. Si en ese momento actué sin pensar y eso fue lo que te molestó, pues lo siento. Pero no me arrepiento de lo que hice."
Ahora sí se lo quedó mirando como si de pronto le hubieran salido tres o cuatro cabezas extra. Tanta sinceridad la ponía muy, pero que muy nerviosa.
"¿Y a santo de qué me sales ahora con esos celos y esas pendejadas? Nunca me has mirado para decirme por ahí te pudras, y tanto interés de pronto me huele a algo gordo y con tocino..."
"Qué necia eres." - dejó caer el rubio, frunciendo el ceño y mostrando al fin su enojo en un despliegue muy inusual en él.
"No más que tú, idiota." - ripostó ella, sacándole la lengua en un gesto de mofa verdaderamente infantil.
Eso bastó. Zechs se inclinó hacia ella, y sin más ceremonias le plantó un beso muy firme en los labios, sujetándole cabeza para que no pudiera esquivarlo. La sorpresa hizo que tardara unos segundos en reaccionar y enfadarse - por la demostración de pura fuerza bruta - hasta el punto de intentar morderlo, ya que no podía moverse con la libertad suficiente como para darle un empellón sin lastimarse en el proceso. Pero sus movimientos torpes le dieron al rubio toda la ventaja para apoderarse de su boca, y el beso acabó por convertirse en una batalla en la que la joven llevaba las de perder; en primera por su movilidad limitada, y en segunda por la debilidad que comenzaba a invadirle, y que no tenía nada que ver con el maltrecho estado de su cuerpo.
La tibia caricia de la respiración de Zechs en su rostro, el roce de su piel y sus cabellos, la calidez de aquella lengua seduciendo a la suya a pesar de que ella se resistía, la llevaron a ceder. Vamos, que ella no era de piedra ni mucho menos...
Los dedos del rubio se enredaban en el corto cabello de su nuca en una caricia exquisita. Dios, el hombre sabía lo que hacía, y el efecto que causaba en ella era simplemente devastador. Era una verdadera lástima que Noin no estuviera en las mejores condiciones físicas - o anímicas - para disfrutar plenamente de la realización de una parte más que sustancial de sus fantasías de adolescente; el malestar en su cuerpo era un telón de fondo que disminuía el placer del momento.
No tuvo que sacárselo de encima ni jugar a hacerse la desmayada, porque el beso terminó de una manera completamente natural. Al separarse ambos respiraban con dificultad, y Noin estaba tan alterada que no sabía qué pensar ni qué sentir. Su mente y su cuerpo eran un campo de batalla en el que se enfrentaban a brazo partido la turbación, la excitación, el enfado y la confusión, además del malestar puro y simple. Cuando al fin encontró su voz, la utilizó para preguntar lo primero que se le vino a la cabeza; recordando en el último segundo que Barton descansaba en la cama contigua, y que por eso no podía gritar.
"¿Qué COÑO estás tratando de hacer conmigo, Zechs Merquise?"
El rubio suspiró y se mesó los cabellos. Parecía estremecido, exasperado y casi tan confundido como ella.
"Noin, yo..." - empezó, pero por lo visto las palabras no le llegaban, y eso no hizo más que acabar con la paciencia de la chica. Que para empezar, no era mucha.
"Si querías acabar de revolverme el cerebro por completo, pues felicidades. Lo has logrado."
"No era ésa mi intención."
"Puede ser, pero igual me tienes bien jodida sin siquiera intentarlo. Por una vez, por UNA SOLA jodida vez, quisiera que fueras claro, sincero y directo conmigo."
"Me falla la claridad en lo que a ti respecta, Noin. Siempre me ha fallado."
"Te creo, sí; porque no te entiendo ni papa. ¿Qué quieres de mí? Sangre? Qué significa esto, si es que como dices no es un capricho ni un ataque de malcriadez?"
"Tienes una idea errada de lo que siento por ti, siempre la has tenido, y es mi culpa; eso lo acepto. Pero el hecho de nunca haya dicho nada no significa que no lo sienta, y lo siento. Desde hace años. No sé exactamente en qué punto del camino empecé a verte como mucho más que la amiga leal y compañera, pero era lo que sentía. No quería arruinar nuestra amistad, pero tenía la esperanza de hacerme una persona verdaderamente digna y poder decirte lo mucho que me importabas, y de pronto todo se torció... llegó la guerra de nuevo, afloraron mis deseos de venganza..."
Muy bonito, pero poco convincente frente a años de amargura acumulada. Noin se hubiera cruzado de brazos de no tener el izquierdo inmovilizado; como no podía hacerlo, se limitó a fruncir el ceño, respirar hondo para reunir fuerzas y aferrar la sábana con la mano libre, decidida a cantarle las cuarenta a su adorado tormento de una vez y por todas.
"Ajá. Ésta es la parte en la que suena el violín más pequeño del mundo y se supone que me eche a llorar por ti, me imagino." - vio que el rubio se le quedaba mirando de hito en hito y prosiguió, secamente - "Pues fíjate que no puedo, porque tú has sufrido, pero yo también he tenido mi paseíto por el infierno. Mira, Zechs: todo el jodido UNIVERSO, la bolita del mundo y sus colonias, cada animalito del monte y cada partícula de polvo cósmico estaba enterado de que yo bebía los vientos y cacheteaba la banqueta por ti. TODO Dios, me entiendes? Y me tenían lástima, porque tú ni me pelabas. Y entonces te eclipsas, todos te dan por muerto, yo segura de que estabas vivo, llorando y rezando en secreto para que volvieras como la ridícula incurable que soy; he aquí que vuelves y SIGUES sin pelarme, y hasta las piedritas se ríen de mí. Me ha costado lo mío agarrar distancia para conservar lo que me va quedando de dignidad, y ahora vienes a 'confesar' que siempre me has querido. Sí, claro, y las vacas pilotean Gundams."
"Noin... todo lo que dices es cierto, no puedo negar que me he portado como un verdadero cobarde. Y eso sólo confirma el hecho de que no te merezco."
"¡Claro que no me mereces! Yo tampoco merecía tener varicela a los diez años, pero la tuve. Y no me vengas a sacar el rollo del sistema Zero porque te juro por mamita querida que te parto el jarro, aunque sea a patadas! Algunas cosas las hiciste con el cerebro revuelto, pero otras las hiciste con la cabeza bien puesta. No me vengas ahora con esa pendejada de que no querías arruinar nuestra amistad, porque igual la has mandado al carajo con el acto de avestruz enterrando la cabeza en la arena, que has hecho tu especialidad. Me has hecho sufrir mucho con tu actitud, Zechs Merquise. Tienes que darme una excusa mejor que ésa."
"Lo siento mucho." - dijo el joven después de unos instantes de silencio, los ojos azules claros e inquietos mostrando su sinceridad - "Siento haberte herido al ocultar lo que sentía, pero pensé que nuestra amistad valía el sacrificio. Todo indicaba que una relación más... más profunda entre nosotros lo echaría todo a perder, y..."
"Caramba, te felicito por lo bueno que eres calculando probabilidades." - le interrumpió, su voz destilando sarcasmo - "Entonces, señor estadístico, podrías decirme porqué carajo me buscas justo AHORA?"
Por momentos pensó que no le contestaría, pero la mirada clara ya no mostraba indecisión o duda alguna, y la hizo estremecer en su intensidad.
"Porque no quiero perderte."
Oh. Oh.
No se refería a la amistad entre ellos, a esa amistad que tanto había tratado de preservar - según sus propias palabras - y que al fin y al cabo casi había destrozado con su jodida reticencia. Se refería a algo más, y de alguna manera la joven sabía que ese algo tenía que ver con el vínculo más profundo que existía entre ellos desde el primer encuentro, desde siempre; eso en lo que ella no se atrevía a pensar demasiado para no alimentar falsas esperanzas, eso a lo que precisamente el mismo Zechs se había cerrado con la tenacidad de una fiera, probablemente porque lo llenaba de temor.
Ahora lo estaba admitiendo, aunque sin palabras. Admitía que la necesitaba, tanto como ella a él. Y si bien Noin había sido capaz de ponerle una etiqueta a ese vínculo y llamarlo amor, sabía que el rubio era constitucionalmente incapaz de hacer lo mismo; hasta el extremo de ineptitud total de aislarse durante un año entero y no dar señales de vida aún sabiendo que ella lo esperaba. Hasta el extremo de negarse y negarle el sentimiento más puro y natural.
Ése era Zechs: valiente y bravo hasta la locura - o la simple y neta estupidez - en la defensa de sus ideas políticas, de sus ideales de sociedad y humanidad; pero absolutamente caído de la mata, por no mencionar cobarde, en lo referente a su ser personal. Quizás era así por haber perdido a sus padres de una manera tan trágica y a una edad tan temprana; le costaba entrar en contacto con sus propios sentimientos y los de los demás, y eso había sido más que patente en los primeros tiempos de su reencuentro con Relena.
Y Noin, aunque lo amaba tal como era y se derretía con cada una de sus palabras, no iba a ponérselo fácil.
"Mira, Zechs. No sé lo que quieres en realidad, y estoy segura de que ni tú mismo lo sabes. Pero si no quieres perderme, lo único que tienes que hacer es ser sincero conmigo y contigo mismo, a partir de hoy. ¿Puedes hacerlo?"
El rostro del rubio reflejó algo de confusión, como si no comprendiera bien lo que ella trataba de decirle. Adorable, confundido Zechs. Babas, babassss...
"Puedes preguntarme lo que tú quieras. Lo que necesites saber. Sé que... te molesta, y con justa razón, que te haya ocultado cosas."
"No necesito una sesión de preguntas y respuestas; necesito que me cuentes, que sientas que puedes decirme lo que sea sin que yo te pregunte nada. Eso es la confianza, la base de cualquier relación, creo yo... y ya que hablas de preguntas, deberías comenzar por hacértelas a ti mismo." - la situación comenzaba a tornarse bastante incómoda, porque no estaban solos y encima Zechs parecía no acabar de comprender lo que ella quería que hiciera. La excusa perfecta para dejar esta conversación en el aire, porque de todas maneras sabía que no iba a sacarle mucho al rubio en ese momento, estaba tendida en la cama de al lado - "Creo que Barton se mueve. Deberías chequearlo tú, porque yo la veo cruda para levantarme a hacerlo."
El rubio le echó una mirada al joven tendido en la otra cama, pero fue sólo por un momento antes de volver a enfocar su mirada enervante en la chica.
"Lo haré. Pero antes quisiera que me respondieras una pregunta."
"Dispara."
"¿Lo que tienes con el coronel va en serio?" - verdaderamente, Noin no se esperaba esa pregunta. Había sido formulada en un tono cuidadosamente plano, sin inflexiones que indicaran celos, censura o cualquier otra emoción que el rubio pudiera estar experimentando al respecto. Pero vamos, no hacía falta... ya él mismo había dicho que estaba celoso.
"¿Lo que tienes con la Knight va en serio?" - contraatacó. Donde las dan las toman... vio cómo su mirada se tornaba reservada y cayó en cuenta de que: a) no esperaba esa pregunta, y b) no iba a responderla con total sinceridad. O al menos, no iba a revelarlo todo al respecto.
"Liz es mi amiga. No hay nada más entre nosotros." - repuso rígidamente.
"Pero lo hubo, eh? Por eso estás tan reticente."
"No esperarás que niegue o confirme lo que acabas de decir..."
"No, si ya sé que eres todo un caballero," - dijo ella con sorna - "y no necesito confirmación, con la cara de pescado frito que has puesto basta y sobra."
"Pues ya tienes tu respuesta, entonces. Pero yo aún estoy esperando por la mía."
"Aquí la tienes: Neri es un buen hombre que me quiere, Zechs. No creo que sea justo negarle una oportunidad cuando ha sido lo suficientemente bravo como para pedírmela."
"Pero... vas a darme una oportunidad, también."
"Esto no es una competencia, ni yo soy un objeto. Tenemos un grave problema de comunicación y te estoy dando la oportunidad de resolverlo, por el bien de los dos. Ahora haz el favor de chequear a Barton, por si hay que avisar al doctor."
Con un suspiro de exasperación, el rubio se puso en pie. Pero antes de hacer lo que le pedía, se inclinó sobre ella y de nuevo plantó un beso en su boca; otro beso largo, suave y caliente que la dejó con ganas de más, como si hubiera probado el néctar más delicioso del mundo y ahora no pudiera prescindir de él. Cuando ya no les quedó más aire en los pulmones para continuar besándose, el rubio se acercó a la otra cama, procediendo a hacerle un chequeo sumario al joven.
"Tiene bastante fiebre." - anunció luego de unos momentos - "En la mañana tenía algo de temperatura, pero ahora está hirviendo."
"Avísale a Yuy para que haga venir al doctor, pues. ¿Qué esperas?" - por un momento pudo ver claramente en el rostro del rubio las ganas que tenía de apretarle el cuello, y casi no pudo ocultar su regocijo.
"Aún tenemos mucho de qué hablar, Noin. Esto no acaba aquí."
"Como tú digas, mi rey. Idiota. ¿Te parece que en este estado puedo irme a algún lado para evitar discutir pendejadas contigo? Pues no. Así que deja la joda, ya habrá tiempo para que hables todo lo que quieras. Anda a hacer lo que debes y déjame en paz un ratito, quieres?" - cerró los ojos y se dejó caer nuevamente sobre las almohadas.
Más claro imposible.
Escuchó cuando Zechs salió de la habitación y luego las voces de más gente que entraba, pero no abrió los ojos; prefirió aislarse de lo que sucedía a su alrededor. Tenía que pensar en lo que acababa de suceder.
Oh, Dios. Lo que acababa de suceder. Ese beso, que la estremeció aún más que el primero, que le provocó un sinfín de sensaciones que por momentos le habían hecho olvidar los dolores en su cuerpo. Casi sentía que había valido la pena esperar tantos años por ese momento, por ver al fin los ojos de Zechs mirándola con esa intensidad que le decía que la veía como a una mujer, por escucharle decir... bueno, no había dicho que la amaba, ni ella esperaba que lo hiciera; pero la vehemencia de sus sentimientos había sido patente en su mirada y en su voz. Y aunque no era perfecto, era muchísimo más de lo que Noin se hubiera atrevido a esperar, jamás.
Demasiado para una mujer enamorada.
Recordó lo que había pensado cuando estaba encerrada en aquella pequeña celda en el búnker de la Catalano, lo juntó con lo que acababa de experimentar, y suspiró al sentir cómo el calor surgía en el centro de su cuerpo y se expandía por todo su ser hasta crearle una deliciosa sensación de ingravidez. No sabía lo que iba a pasar de ahora en adelante, no sabía qué carajo iba a hacer respecto a Neri, no sabía qué planeaba Zechs con respecto a ella, no sabía qué pensar de todo el asunto... no sabía nada de nada y de momento no quería pensar en ello, no quería ponderar cada palabra dicha u omitida. No quería arruinar el placer de lo que estaba sintiendo, y sabía que analizar lo que acababa de suceder iba a lograr precisamente eso.
Pero de algo sí estaba segura: en cuanto pudiera moverse con algo de libertad, iba a cumplir cuanta fantasía - normal, tonta, loca o no tanto - le pasara por la cabeza con el rubio. La cercanía con el peligro de nuevo, después de un tiempo de relativa calma, le había hecho pensar otra vez en la fragilidad y brevedad de la vida; le había hecho pensar en las cosas que quería vivir y que si no hacía probablemente lamentaría.
Estaba decidida. Si el tercio le daba luz verde, ella iba a acelerar a fondo y al diablo las consecuencias o lo que pudiera pasar después; se había pasado prácticamente la mitad de su vida esperando una oportunidad como ésta, y no la iba a dejar pasar por miedo o por algún escrúpulo estúpido. Si ya había sido lo suficientemente imbécil como para acostarse con un tipo buscando olvidar a otro - con lo cual había comprobado que lo de "un clavo saca otro clavo" era una soberana estupidez, además de resultar potencialmente muy peligroso - pues ahora tenía que ser lo suficientemente atrevida para tomar al menos parte de lo que siempre había querido. ¿Quién carajo se lo iba a reclamar? Por fin iba a poder hacer algo respecto a todo lo que sentía, y lo iba a hacer con gusto para no arrepentirse.
Iba a ser algo espectacular, estaba segura de ello.
Una sonrisa se dibujó en sus labios casi sin darse cuenta, y así se quedó dormida.
El simple asunto de decidir quién tenía derecho a ocupar una cama para descansar estaba ya degenerando en una desagradable discusión.
"¿Para qué necesitas una cama? Si eres el perfecto soldadito de madera! Puedes dormir en el piso..." - la voz de la mujer era veneno puro.
"Puedo, pero NO QUIERO." - repuso el joven, con el aire de quien estaba a punto de explotar pero aún alcanzaba a controlarse.
"Pues qué mal, porque sucede que mi sexo me da prioridad, Pinocho. Te cederé la cama cuando encuentres al hada que te haga humano; hasta entonces..."
"¡Bueno, basta ya, niños!" - intervino al fin el trenzado, harto de escucharles y viendo que ya el chino estaba a punto de responder con furiosa determinación a los no tan velados insultos que Sally le lanzaba. Temía que comenzaran a airear sus problemas íntimos sin importarles quién estuviera delante y, por mucho que a Duo le gustara el chisme y todos sus accesorios, el pobre Quatre se estaba quedando prácticamente dormido de pie mientras esperaba a que resolvieran su rollo - "Tiempo fuera. Quatre y Sally tomarán la habitación, y Wufei puede echarse aquí en el sofá."
"¿Quién murió y te hizo jefe, Maxwell?" - gruñó el chino, de mal talante.
"Nadie, pero por lo visto en este momento soy el único adulto consciente en esta habitación, y eso ya es decir mucho. Así que se hará como YO diga."
Para su sorpresa - el cansancio debía de ser tremendo - no hubo mayor resistencia ante su declaración: Sally comenzó a arrastrar al soñoliento Quatre hacia la habitación, y Wufei les siguió sin decir una palabra y con la postura rígida que le era característica, regresando momentos después con una almohada y una manta que arregló artísticamente sobre el que parecía ser el más mullido de los sofás de la sala. Entonces el trenzado se apresuró a cerrar las cortinas para que la luz de la tarde no perturbara al joven chino, en el momento preciso en el que Zechs Merquise salía de la habitación en la que se encontraban Trowa y Noin.
"¿Dónde está Yuy?" - preguntó en voz baja el rubio, observando en la semipenumbra cómo Wufei se echaba en el sofá y se tapaba por completo con la manta, sin perder la rigidez ni por un momento. La expresión en el rostro de Zechs indicaba que, al igual que Duo, pensaba que iba a ser muy difícil que el chino lograra dormir estando tieso como un palo.
Sally no andaba muy descaminada al llamarle soldadito de madera... el joven era estirado hasta el punto de lo imposible.
"Afuera, con los guardias. ¿Sucede algo?"
"Barton tiene mucha fiebre, creo que deberíamos llamar al doctor."
"Voy a buscarle. ¿Te vas, Merquise?" - preguntó, cuando el rubio le siguió hasta la puerta.
"Tengo muchos compromisos que cumplir, todavía me quedan unas cuantas horas de trabajo antes de que pueda descansar." - dijo, mesándose los cabellos claros en un gesto que delataba cansancio y molestia - "Por favor, vigila a Noin y cuida de que no haga una de las suyas y termine lastimándose más."
"Eeeh, no tienes que decírmelo. Somos amigos y estoy siempre pendiente de ella."
Al oír esas palabras el ex conde Relámpago le dirigió una mirada decididamente rara, pero no dijo esta boca es mía y Duo no estaba de mucho humor como para intentar averiguar lo que había detrás. Tenía otras prioridades en ese momento, y no podía menos que sentirse aliviado de que el cansancio hubiera al fin vencido a Quatre... si hubiera estado junto a Trowa, se habría enfermado de preocupación ante cualquier cambio en su estado que no fuera para mejorar. Su empatía no funcionaba con él en el estado de inconsciencia en que se hallaba, pero su natural sensibilidad y sus sentimientos hacia Trowa sin duda podían actuar en su contra.
Tras explicarle la situación a Heero y pedirle que localizara al doctor, regresó a la suite, atravesando con cuidado la salita en semipenumbra para no despertar a Wufei - si acaso estaba dormido, cosa que dudaba. Abrió silenciosamente la puerta de la habitación de Relena y vio a la ex Reina del Mundo afanada frente al escritorio, escribiendo furiosamente lo que con toda seguridad era un discurso; estaba tan concentrada que no se dio cuenta de su presencia.
Luego pasó por la habitación que ocupaban Quatre y Sally: el primero dormía profundamente ya, pero la tribulación se reflejaba en su rostro juvenil, dando a entender que su sueño no era muy tranquilo; la segunda dormía también a pierna suelta, soltando de cuando en cuando un leve ronquido y con el ceño fruncido. Al disponerse a pasar por la habitación que albergaba a los heridos, vio desde el pasillo que la puerta principal de la suite se abría e hizo señas a los recién llegados para que no hiciesen ruido al pasar.
Al fin entró en la habitación, acompañado por Heero y el doctor. Noin parecía dormir plácidamente y con una sonrisa casi picaresca en los labios; su conversación con Merquise tenía - a fuerza - que haber sido satisfactoria de alguna manera, y ya Duo encontraría la forma de agarrarla despierta y a solas para que le contara con lujo de detalles. Trowa, en cambio, lucía peor que en la mañana, cuando lo había visto por última vez antes de irse a descansar: lo poco que se veía de su cara estaba enrojecido y febril, y se agitaba como si se encontrara en medio del delirio, lo cual era más que probable.
"¿Crees que esté bien?" - le preguntó en voz baja a Heero mientras el médico revisaba al inquieto joven; buscaba, más que una afirmación, el consuelo que sólo la preocupación compartida podía darle. Y tenía la certeza de que el ex piloto de L1 estaba tan preocupado como él por quien era, más que el compañero de muchas batallas, uno de los pocos amigos valiosos con los que podía contar.
"Probablemente no sea nada grave." - repuso lacónicamente, pero con el énfasis suficiente como para dar ánimos a Duo.
A esas alturas el doctor había culminado ya su examen - y cura requerida - de las diversas heridas, y procedía a inyectar al paciente con lo que ambos jóvenes dedujeron eran antibióticos. Al terminar, se volvió hacia ellos con una expresión tranquilizadora en su rostro prematuramente envejecido; era uno de los doctores de la rama local de la Preventer, a quien Heero había hecho traer al hotel para hacer guardia permanente y atender a los heridos que pudieran presentarse.
"No es grave... tiene una pequeña infección en la herida de la pierna, es lo que le provoca la fiebre. Está bastante inflamada, pero con los antibióticos que le he dado y la cura externa debería mejorar en un par de horas. También le he dado algo para bajar la fiebre. Supongo que alguno de ustedes se quedará a vigilarlo, ya que el otro paciente está dormido..." - señaló hacia Noin.
"Yo me quedaré con ellos." - ofreció Duo, consciente de que casi todos estaban fuera de combate o durmiendo, y Heero tenía que ocuparse de todo el dispositivo de seguridad, aunque el coronel Neri había prometido que estaría allí para reforzar la vigilancia con varios de sus soldados.
"Bien. Le daré las instrucciones para atender a los dos."
Cuando el doctor se fue, escoltado por Heero, Duo fue a la salita y - con dificultad debido a la escasa luz - localizó las revistas y los pasatiempos que Quatre había traído y se los llevó a la habitación; allí se hizo un nido en un rincón con unos cuantos cojines, porque no quería acalambrarse en una silla, y se echó a esperar que alguno de los pacientes reaccionara o que llegara la hora de administrarles algún medicamento.
Noin despertó casi tres horas después, cuando Duo acababa de forzar con mucho trabajo un antipirético disuelto en algo de agua por la garganta de Trowa; le había dado la dosis encomendada por el médico y en el tiempo previsto, aunque la temperatura afortunadamente había bajado y ya el pobre no estaba hirviendo.
"Duuuuuuooooooo..." - la voz femenina era casi un lamento - "Necesito. Analgésico. Yaaaaaa."
"Pues sí, es casi la hora de otra dosis. Espera un segundo." - la ayudó a incorporarse, tomó las píldoras correspondientes y se las tendió, con un vaso de agua. La observó mientras se las tomaba, notando que aunque seguía algo pálida ya estaba recuperando sus colores normales, y que más que enferma o herida parecía estar muy molesta - "¿Cómo te sientes?"
"Como un cerro de mierda, pero voy mejorando." - contestó ella, ya con el mismo humor de siempre, recostándose en las almohadas con un suspiro de fastidio.
"Me alegro, porque estoy necesitando que me cuentes de qué hablaron tú y Merquise. Como buen chismoso y metomentodo que soy, estoy que me muero por enterarme de los detalles. Y si son sabrosos, mejor..."
"¿Quieres que te cuente algo sabroso? No creo que lo que haya pasado en esta habitación haya sido la mitad de sabroso que lo que estaba pasando en la de al lado hace unas horas, pero podría hacer el intento." - le dijo en tono zumbón, y Duo casi pudo sentir cómo se le subían los colores a la cara.
"¿Cómo...?"
"Siempre olvidas el don de Quatre, pero estando las cosas tan buenas, no te culpo por olvidarte del mundo." - le guiñó un ojo con picardía - "El pobre estaba haciendo todo lo que podía para bloquear las sensaciones triple equis que estaban irradiando, y se veía incómodo a más no poder. No tuve que echarle mucha cabeza para llegar a la conclusión de que ustedes estaban haciendo cositas."
"Bueno, y qué." - soltó el trenzado, procurando controlar su turbación.
"Nada, nada... que es lindo saber que todavía quedan tórtolos apasionados en este mundo ingrato y egoísta." - se mofó Noin, pero en sus ojos brillaba el afecto y Duo no pudo enojarse - "Oye, y ya que lo menciono... cómo está Quatre?"
"Aún duerme como una piedra, pobrecito. Por lo visto estaba hecho pedazos, pero este descanso le va a hacer bien."
"¿Y cómo resolviste lo de Sally y Wufei?"
"No resolví nada, la mandé a ella a la habitación y a él al sofá antes de que se destrozaran verbalmente frente a todo el personal; en verdad deben de haber tenido la discusión de la década, porque los dos estaban furiosos hasta el punto de que Wuffie lo demostraba y todo... me toca despertarles en una hora, y entonces se verá. Venga, dime de una vez qué pasó con Merquise. Cuando salió de aquí tenía una cara la mar de rara, y cuando entré a verte estabas durmiendo y con una sonrisa de ésas que no augura nada bueno... para alguien más. ¿Qué estás tramando?"
"Naaada, mi querido Duo. Respecto a lo que hablamos... bueno, no ha dicho que me ama ni nada por el estilo; pero al menos ya no me cabe duda de que me ve como a una mujer, de que me quiere más que como a una amiga. Me reveló muchas cosas sobre sus sentimientos, aunque todavía le falta claridad al pobre."
Acto seguido, la joven procedió a darle un recuento de lo que habían hablado; recuento que sonaba bastante completo, aunque algunas partes - como la de los besos, por ejemplo - habían sido obviamente editadas. No que a Duo le hicieran falta detalles, porque la manera en la que los ojos de la italiana se iluminaban al mencionarlos hablaba volúmenes de lo que había sentido y aún sentía al recordarlos. Y si comparaba lo que ella expresaba con su mirada, y lo que él sentía con cada beso y cada caricia de Heero, pues... no había nada más que hablar; el contacto físico era parte de lo más exquisito que podía experimentarse cuando se estaba enamorado.
Y ella lo estaba en grado sumo; se había pasado un montón de años esperando por ese momento. El entusiasmo le daba color a sus mejillas y parecía mil veces más positiva de lo que Duo la había visto en los últimos días.
"Es más que suficiente, no crees?" - le preguntó ella al finalizar su relato.
"Si tú lo dices..." - el trenzado tenía sus dudas al respecto, y no podía ocultárselo.
Noin era una mujer inteligente y capaz, de las que no se dejan embaucar por cualquier idiotez ni se dejan llevar por las sensaciones; pero era bien sabido que en cuestiones de amor no había mucha cabida para la inteligencia y el cálculo, y de pronto a Duo se le ocurría que esas revelaciones eran un poco raras por lo repentinas. Y lo ligeramente ambiguas. Por lo que había oído, Zechs Merquise había admitido que la quería, que la deseaba, que estaba preocupado por ella y celoso de su relación con Neri... pero no había sido concreto, ni había hecho promesas de ninguna índole.
¿Qué buscaba con todo este rollo de las confesiones y demás? Si su objetivo era separarla de Neri para no sentir más celos, de momento lo estaba logrando aunque Noin no hubiera dicho una palabra al respecto. La posibilidad de herir la sensibilidad de un amigo no pesaba tanto - había que admitirlo - como la de al fin cumplir con un sueño de alcanzar al ser al que amaba desde que era poco más que una chiquilla en la academia en la que ambos se habían entrenado.
"Mira, Duo," - la voz femenina lo sobresaltó; Noin le miraba seria y fijamente - "estoy casi segura de que todo lo que estás pensando, lo estoy pensando yo también. No me estoy metiendo en este asunto a ciegas, sabes. Sé muy bien que le estoy buscando la quinta pata al gato, y que cualquier cosa que pase entre Zechs y yo probablemente termine en alguna decepción para mí... veo que al igual que yo te ha extrañado lo repentino de todo esto, y que no se te escapa lo ambiguo que ha sido el interfecto. Pero lo quiero. Lo amo."
"Lo sé, Noin, pero..."
"Te preocupas por mí, lo sé. Pero aquí toreo, o me suspenden la corrida, Duo. Si me voy a joder, pues me joderé; pero lo haré con gusto y no me arrepentiré de nada." - su expresión mostraba la firmeza de una decisión tomada.
"Supongo que le preguntaste sobre su relación con la tal Liz Knight." - comentó, tratando de sacar a colación todos los obstáculos.
"Lo hice, y me dijo que entre ellos no había nada más que amistad. Claro que el tonito en que lo dijo me dio a entender que en algún momento lo hubo, y no te negaré que eso me inquieta... pero vamos, sería imposible que no hubiera tenido una historia con una mujer... o con varias, en estos años; puede que haya estado obsesionado con la política y la guerra y que en algún momento haya estado a punto de convertirse en mártir de la causa por pura obstinación, pero los títulos de santo y mártir no le cuadran por ningún lado. Yo tampoco soy una santa, como seguramente entenderás, y por eso y otras cosas sólo puedo confiar en que sea cierto que ya no hay nada y que es libre." - le sonrió - "Ya sé que te parece que me conformo con muy poco, pero para mí es bastante como para intentarlo."
"No quiero que pienses que te critico, eh? Respeto lo que piensas y lo comprendo, aunque me cuesta." - no pudo evitar sonreír a su vez. Noin parecía estar de tan buen humor ahora que el analgésico estaba haciendo efecto, y que la perspectiva de al fin tener algo más que amistad con Zechs (fuera lo que fuera ese algo) coloreaba de optimismo su faz... se veía muy bonita aun con la cara lavada, con todo y la horrenda bata de felpa - rosa pálido, por todos los dioses; parecía que Relena había pedido ese color para todos los accesorios de la suite - que proporcionaba el hotel y bajo la cual resaltaba el bulto del hombro y el brazo inmovilizados.
Las cosas que podían hacer por uno el amor y un rayito de esperanza eran simplemente maravillosas.
"¿Cómo te sientes, Noin?"
"Mejor." - repuso ella sin abundar. Le latía que Relena venía a tratar de satisfacer su curiosidad, pensando que podía sacarle algo acerca de su conversación con Zechs... pero por más que la actitud de la chica hacia ella hubiese cambiado, seguía siendo una metiche y eso no se le iba a quitar de la noche a la mañana.
Su curiosidad no era malsana, pero ya Noin se había desahogado con Duo, que la comprendía perfectamente, y no iba a hacerlo con nadie más. Menos aún con la rosada hermanita de su adorado tormento, que tardó un minuto en volver a hablar una vez que se dio cuenta de que su interlocutora no iba a soltar nada por voluntad propia; pero por lo pronto, se decidió a preguntar por el otro ocupante de la habitación con la cortesía vacilante de quien pregunta por un familiar del que nunca se ha sentido muy cercano.
"¿Cómo está Barton... Trowa?"
"Duo dice que ya no tiene fiebre, pero sigue inconsciente. El golpe en la cabeza y el tiro en la pierna, además del cautiverio, fueron demasiado para él. Pero está mejorando."
"Me alegro."
"Ya que estás aquí... has visto a Duo?" - esperaba que la mención del joven perturbara a Relena, pero su reacción fue mínima: apenas si se tensó un poco y luego suspiró.
"Cuando pasé frente a la puerta estaba despertando a Winner... a Quatre, quiero decir. Creo que estaba muy cansado y por eso lo dejaron dormir más."
"¿Y qué sabes de Sally y Wufei?" - era una prueba sobre la capacidad de observación, necesaria por demás en alguien tan curioso como Relena.
"Están ya de guardia afuera de la suite, desde hace bastante rato. Creo que están peleados, porque no se miran ni se hablan y tienen cara de pocos amigos. Bueno, eso es raro en ella a pesar de lo seria que es; en cuanto a Chang, sólo tiene peor semblante que de costumbre." - dándose cuenta de que había revelado demasiado su interés en el asunto, tosió ligeramente para disimular su turbación y algo de ansiedad - "Supongo que hablaste con Milliardo. ¿Se arreglaron las cosas entre ustedes?"
"Por lo menos ya no vamos a discutir... mucho, o al menos eso creo."
"Pero... le dijiste lo que sentías, no?" - y dale. La jovencita no se iba a dar por vencida hasta que no le diera algo jugoso a lo que pudiera hincarle el diente.
"Ay, niña, por Dios. Siempre he sabido que no tendría que decírselo, porque es algo que ha sido del dominio público desde el primer día; nunca he sido buena para disimular. Nunca oíste aquello de 'el amor, el humo y la tos son cosas muy difíciles de ocultar'? Pues ahí lo tienes."
"¿Y él qué te dijo?"
"Mira, Relena: precisamente ahí se traza la línea de la privacidad. Si quieres saberlo, pregúntaselo a él mismo, porque yo no te lo voy a decir..."
"¿Yo? Preguntarle a Milliardo eso?" - la idea parecía horrorizarla, y eso hizo sonreír a Noin.
"Para algo son hermanos, no?"
"Yo... no me atrevo a preguntarle cosas tan personales."
"Pero sí me las preguntas a mí."
"Es distinto, tú eres mujer..."
"La ex Reina del Mundo y embajadora de la paz, sexista. Mira que hay que vivir para ver cosas." - se mofó Noin, vagamente divertida. Relena pareció amoscarse, pero no seriamente.
"Sabes lo que quiero decir. Pero bueno, si no me quieres contar no insisto. Respetaré tu privacidad, y la de mi hermano." - dijo con firmeza, y había algo de orgullo en su mirada; orgullo ante lo que acababa de decir, y que seguramente le había resultado muy difícil dado lo curioso y entrometido de su naturaleza. Eso sorprendió agradablemente a Noin: era un paso en la dirección correcta.
"¡Bravo, Relena!" - exclamó con sinceridad, sin rastro de ironía - "Quédate tranquila, que si ocurre algo importante de lo que debas enterarte, nadie evitará que lo hagas."
"¿Me lo juras?" - ante la expresión asombrada de la mujer, la chica se rió por lo bajo, cubriéndose delicadamente la boca con sus deditos rosados - "Sólo bromeaba, Noin."
"Pues vaya, me costó darme cuenta... creo que nunca habías bromeado, al menos no en mi presencia."
"Buenas noches," - oh, cielos. Zechs estaba en el umbral, con un atuendo distinto al que llevaba en la tarde cuando vino a visitarla: más casual, con pantalones y chaqueta ligera en tonos beige y un ligero suéter blanco - "espero no interrumpir." - su tono indicaba que sí lo esperaba; es más, lo ordenaba - "Relena, si no te importa... necesito hablar con Noin."
Se veía estupendo. Como para comérselo. Y si se le daba la oportunidad, ella lo iba a hacer...
"No hay problema, yo ya me iba." - dijo la chica, levantándose con gracia - "Que pases una buena noche, Noin. Milliardo." - al despedirse de ella y de su hermano con exquisita cortesía, era evidente que no había tenido la intención de que sus palabras sonaran insinuantes; pero así pareció, al menos por un momento.
No había manera de que lo insinuado se hiciera realidad; al menos no de la manera en que Noin lo deseaba, estando ella en ese estado lastimoso y compartiendo la habitación con un hombre herido que, aunque inconsciente, podía despertarse en cualquier momento. De todos modos, Zechs se encontraba allí, al alcance de su mano al sentarse en la silla que Relena acababa de desocupar.
"¿Sigues de mal humor?" - fue la primera pregunta, y no alcanzó a esquivar el libro que la joven le lanzó y que le dio en medio del pecho - "Ya veo que sí."
"Con preguntas tan necias como ésa, qué carajo quieres que haga?" - suspiró - "Ya es tarde, Zechs. Podrías haber venido mañana temprano a hablar de lo que sea que quieres hablar."
"No, no podría. Mañana temprano tengo que estar en la reunión del Consejo, y tengo pendiente una reunión con tu... amigo, el coronel Neri, para decidir el camino que debe tomar la investigación sobre el paradero de la Catalano."
"Esa zorra." - murmuró Noin con rencor. El peso de mucho de lo que le había pasado recaía en su propia estupidez, pero el pedazo más grande de culpa se lo llevaban la Catalano y sus secuaces; era una lástima que ella no estuviera en condiciones de salir a cazar a la muy desgraciada - "Bueno, habla. Tengo sueño."
"Nunca me he arrepentido de luchar por mis ideales, Noin, por muchos errores que haya cometido." - ella se lo quedó mirando de hito en hito, algo sorprendida por semejantes palabras y a la expectativa de lo que podía seguir a esa declaración - "Pero entre otras cosas, si hay algo que lamento es el no haber sido sincero contigo respecto a lo que sentía."
"Bueno... es un comienzo." - por un momento se había quedado estupefacta, pero se recuperó rápidamente - "Sabes... esa es una cualidad tuya que siempre he admirado y que al mismo tiempo me ha hecho querer agarrarte por el pescuezo y retorcértelo como a una gallina: la de luchar por eso en lo que crees, con los ojos, la mente y el corazón puestos sólo en tu objetivo. Es admirable por tu convicción y demás hierbas, pero terrible porque enfocado en esa lucha has dejado de mirar hacia los lados, hacia la gente a la que le importas... y que te importa."
"Que nunca ha dejado de importarme, pero que sin embargo he sacrificado." - agregó el rubio, inclinándose sobre ella, apoyando un codo en la almohada junto a la cabeza de la joven y extendiendo el otro brazo para acariciarle la mejilla, sin que ella opusiera la menor resistencia - "Pero eso tiene que terminar."
"¿Sí?" - Noin también estaba tocando el rostro de Zechs y no estaba segura de cuándo había empezado a hacerlo; pero eso poco importaba, porque no iba a detenerse ahora que su mano libre lo tocaba y su pulgar se movía sobre el labio inferior del joven en una leve caricia. Y estaban tan cerca, tan cerca...
"Creo que he sacrificado demasiado."
Zechs. Oh, Zechs...
"Porque eres un idiota obstinado." - y cómo te quiero, pensó antes de que su cerebro se desconectara sin aviso alguno, sin cuenta atrás. Ni siquiera le importaba que hubiera otra persona - aunque estuviera inconsciente, podía despertar en cualquier momento - en la habitación, a dos metros de ellos
Una boca en la suya, tibia... una boca que ya no le era extraña, y que no era una boca cualquiera, era la de Zechs. Zechs besándola así, tocándola así, una mano atrevida y caliente deslizándose bajo la bata de felpa para sentirla, - curiosamente, sin tocar ninguno de los moretones - mientras ella enredaba sus dedos en la cascada de cabello sedoso que se le derramaba encima con la suavidad de una bendición.
La mano en su pecho, tocando y apretando su carne; la boca que de pronto se separaba de la suya para dibujar una línea descendente de besos hasta probar su piel de pronto levemente húmeda, y mordisquearla antes de regresar a apoderarse de su boca... ella quería sentir más, y pronto su mano sana abandonó el largo cabello platinado y se metió entre sus cuerpos, debajo de la chaqueta informal que Zechs llevaba, y vagó por la espalda masculina, sintiendo los músculos que se tensaban bajo el fino suéter con cada movimiento. Sin pensar demasiado - en realidad, nada - en lo que estaba haciendo, tiró del suéter hasta separarlo de los pantalones y al fin acarició la piel desnuda, disfrutando en el nivel más primario y simple la forma en la que todo el cuerpo masculino se estremeció ante el contacto.
El calor intenso recorría su cuerpo y sentía cómo se abría a Zechs, probándolo; y era tan bueno, tan exquisito que no podía detener los pequeños sonidos absurdos que brotaban de su garganta. El repentino peso del pecho masculino sobre el suyo, cuidadosamente distribuido para no lastimarla, la hizo quedarse sin aliento de pronto, hasta el punto de que tuvo que empujarlo un poco para interrumpir el beso en busca de aire.
Cuando se apartó, no supo qué iba a decir; ni siquiera estaba segura de ser capaz de articular una palabra, después de mirar el rostro del hombre encima del suyo, tan cerca que podía ver la tenue cicatriz en su frente, recuerdo de aquella máscara que se había roto en batalla. La expresión en esa hermosa cara era distinta a cualquier otra que ella le hubiera visto jamás: la boca húmeda y enrojecida, los platinados cabellos revueltos, todo su cuerpo conteniéndose y a la vez esforzándose por acercarse a ella, los ojos azules intensos y ardientes mirándola como si estuviera muriendo de sed y ella fuera el último vaso de agua en el desierto.
No sabía si lo era en verdad, pero esa expresión parecía un reflejo de lo que ella misma sentía, y por eso supo que no tenía que decir nada. Era más fácil simplemente sonreír y dejarle beber.
Como no dispongo de tiempo online para responder revs vía reply, y ya algún resentido me ha amenazado con denunciarme por meterlas aquí, he dispuesto una cuenta en livejournal para responder a la brevedad las revs que me dejen. Ya en mi perfil está el link a las respuestas de las revs del cap 22 - podrán encontrarlas en fictionalk (punto) livejournal (punto) com -, y las que dejen aquí al leer éste comenzaré a contestarlas esta misma semana; dejando el respectivo nuevo enlace en mi perfil. Allí podrán ver el contestadas las dudas que planteen aquí e incluso discutirlas identificándose debidamente; aunque repito, mi tiempo online es limitadísimo.