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LAS REGLAS MILENARIAS DE VIVIR
Parte 1
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Notas Iniciales: Esto podría considerarse un fanfic original, si no fuera porque la China que aquí describo está sacada de la China de Rumiko Takahashi. La idea de una aldea llena de mujeres guerreras que odian a los hombres me estuvo dando vueltas por la cabeza hasta que me decidí a hacer un yuri con ella.
Este fic tiene el tiempo suficiente como para que ya me de vergüenza que se lea, pero aún así, tengo buenos recuerdos de él y me apetecía adecentarlo un poco.
¡Disfrutad de la versión revisada años después! xD
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Los picos de las montañas se veían cercanos esa mañana. El sol apenas había acabado de salir, y el aire se respiraba frío y limpio. Uno podía adivinar la tremenda altura a la que se encontraba mirando las nubes rosadas por el alba arremolinarse entre las montañas.
Sin embargo, las dos personas que se encontraban subiendo por los truculentos caminos no parecían muy atentas a la hermosa visión que les ofrecía la naturaleza.
- Ya es de día. – una mano apareció de entre las rocas y se agarró con fuerza a una piedra. La cuesta se estaba haciendo muy empinada – Eh guía, ¿Cuánto falta para llegar? Pero... ¿Dónde se ha metido?
- No se impaciente joven señorita. – La gorda cara se le apareció de repente – Para esta noche ya habremos salido de las montañas.
- ¡Llevamos una semana andando! – se quejó ella mientras tomaba impulso para ponerse en pie. Sin embargo la mochila pesaba lo suyo y la hacia encorvarse. – ¿Está seguro que sabe adonde vamos? –dijo mirándolo con cara de circunstancias. No sabía mucho sobre el terreno que atravesaban, pero todo le parecía desesperadamente igual desde hacia unos días. Se preguntó si no estarían andando en círculos.
- Me ofende joven señorita. – el guía levantó su oronda figura vestida con un traje chino verde y siguió caminando tan campante. Él no llevaba mochila y podía permitirse el lujo de caminar a paso ligero mientras fumaba de vez en cuando de su pipa. – Llevo viviendo en la cordillera de Bayan Har desde mi infancia. Mis padres me enseñaron los caminos perdidos de estas montañas, y a su vez, mis abuelos se los enseñaron a mis padres... -y se rodeó de un aura mística y nostálgica.
- Vaya... -la muchacha parecía admirada – No tenía ni idea. Sin embargo… –el aura empezó a resquebrajarse – ¿¿PORQUE TENGO LA IMPRESIÓN DE QUE ANDAMOS EN CÍRCULOS??
- Porque nos hemos perdido. – dijo tranquilamente mientras la chica perdía el aliento.
Llevaban caminando días y días, y pese a su gran paciencia, tenía la odiosa sensación de que le tomaban el pelo. Además, estaban a punto de quedarse sin provisiones y, aunque el guía tenía algún conocimiento de los frutos que se podían comer y los que no en esa desolada región, no hacían más que usar la comida de ella. Por no contar que la que pagaba las posadas era ella. Tampoco le quedaba ya dinero.
Cuando empezaron a bajar y el camino se hizo más descansado, se permitió fijarse en algo que le había llamado la atención desde las alturas. El paisaje era un poco áspero, con algún matorral y pocos bosques, aunque a medida que iban bajando empezó a ver más riachuelos y hierba. Se miró las manos y vio que las tenía manchadas de tierra y heridas de escalar.
Solo cuando, al mediodía, llegaron a un pequeño terraplén pudo darse cuenta de que la extraña forma que veía en la colina era una aldea. Bastante animada por cierto. Se preguntó si no estarían en fechas de alguna feria. De todas formas era un alivio, habían conseguido bajar un poco y el camino, al menos, parecía distinto... Si conseguían una posada barata, podrían descansar un poco del agotador viaje. Se dirigió al camino que hacía subida.
- Joven señorita. – el guía la miraba algo atemorizado detrás de una piedra – N-no creo que debamos ir ahí.
- ¿Qué? ¿Por qué? Necesitamos más comida si queremos seguir este viaje. – lo miró extrañada. ¿A qué venía esa mirada de recelo? La aldea no parecía peligrosa, es más se veía muy alegre. – Y no quiero volver a pasar la noche al raso si tenemos oportunidad de una posada.
- ¡No sabe lo que dice! – el guía acercó su oronda cara a la de la chica – ¡Esa que ve ahí es la aldea de las Nujiezu! ¡Es muy peligrosa!
- ¿Nujiezu? ¿Qué es eso?
- Las Nujiezu es un clan de mujeres amazonas que viven en el interior de estas montañas. Son grandes conocedoras de las artes marciales y...odian a los hombres. – lagrimones salían de sus redondos ojos.
- ¿L-los odian? –dijo ella mientras una gota de sudor rodaba por su cabeza – ¿Y por qué?
- Una amazona considera a los hombres como seres inferiores que solo sirven para poner su parte en la procreación. Tal es así que las amazonas solo tienen hijos con hombres que las han ganado en combate para asegurarse que los niños saldrán fuertes. Los hombres que viven esa aldea no tienen ni voz ni voto y están prohibidos los extranjeros.
La muchacha miró con ojos renovados el cúmulo de casas que veía a lo lejos y pensó en lo asombrosas que podían ser las variantes de una cultura. La verdad es que tenía muchísimas ganas de ver esa tal aldea de las Nujiezu.
- Pero... ¿Entonces porque veo tanta gente en la aldea? – Dijo ella haciendo caso omiso de las súplicas de su acompañante – Es imposible que tanta gente viva ahí, además veo muchos hombres.
- Uhm... -el guía tardó en contestar. Receloso, la veía resuelta a entrar. – En esta época del año se hace un torneo de artes marciales entre las amazonas y mujeres guerreras de los alrededores. Solo durante esa época los hombres y extranjeros tienen permitida la entrada.
- ¿Entonces? – Y una sonrisa apareció en su cara. ¡Pronto tendrían una cama y un baño! – No corremos peligro en entrar, ¿verdad? – y agarró la manga del traje del guía para animarlo a subir.
- Usted no lo comprende – dijo él, moviendo sus cortas piernas con hastío. –una amazona es una amazona, por mucho que lo quieran disfrazar.
- Oh, venga vamos – la muchacha empezó a subir con decisión.- Usted también tiene curiosidad, ¿verdad?- Se notaba que la aldea había sido preparada para el evento. Las calles estaban engalanadas y muchas callejuelas que se veían sin uso habían sido limpiadas para permitir una mayor afluencia de personas.
La joven estaba asombrada y entusiasmada al ver la cantidad de gente y los pequeños tenderetes. Vio que el guía miraba receloso de aquí para allá, pero sonrió al comprobar que nadie lo miraba raro y que pronto se calmaría. Notaba que las miradas se posaban más en ella que en él y se preguntó si no era por la pinta que llevaban, pero vio a más excursionistas como ella y se extrañó. Sin embargo lo que más deseaba ver en ese momento era...
- ¡Es increíble! – oyó que decían dos chiquillos – ¡La ha dejado fuera de combate enseguida! ¡Parece mentira que sea la primera vez que participa!
- ¿Es verdad que solo ha cumplido la mayoría de edad, su madre ya la ha inscrito en el torneo?
Prestaba mucha atención a comentarios de ese tipo que se iban haciendo más frecuentes a medida que se acercaba a la parte de más gente... y más silencio.
Llego a una explanada donde se alzaban dos palos altísimos que aguantaban mediante cuerdas un tronco enorme que estaba situado entre ellos. A su alrededor, pero a una distancia prudencial, estaban sentados los espectadores completamente absorbidos por lo que sucedía encima del tronco.
Dos mujeres, hermosamente vestidas estaban en cada punta del tronco. Una era enorme y con una cara de mono que espantaba. Sin embargo se la veía muy fuerte y capaz de aplastar con un solo dedo a la delgada muchacha que se encontraba en la otra punta. Vestía más discretamente, con un vestido chino largo estampado de flores de cerezo y parecía muy segura de si misma, pese a que, a primera vista su contrincante tenía las de ganar.
Fue visto y no visto. La muchacha morena pasó al ataque y cruzó el espacio que las separaba en medio respiro. El bomborin apareció de improviso y golpeó tan fuerte la enorme cara que la mujer salió despedida al suelo. El asombro fue tan enorme que nadie se atrevió a decir nada hasta que la ganadora no miró a su contrincante en el suelo. Levantó la cabeza en gesto de superioridad y sus labios se curvaron en una sonrisa orgullosa.
Los aplausos y gritos de ánimo no se hicieron esperar. Había sido increíble. La muchacha quedó gratamente sorprendida ante esa muestra de velocidad y fuerza y se fijó en la muchacha que bajaba resuelta del tronco. Los ojos le brillaban de esa manera especial que tienen los luchadores después de un combate... Sabía que era eso...
- Ha sido fantástico – dijo y se giró para controlar a su acompañante... ¡que había desaparecido! Por un momento la alarma se hizo presa de ella y empezó a buscar entre la muchedumbre. Nada por un lado y nada por el otro.
Una gota de sudor recorrió su cabeza pensando en la posibilidad que el gallina de su guía hubiera puesto pies en polvorosa en la menor ocasión.
Recorrió las calles una por una en un ataque de angustia, temiendo que sin él, salir de las montañas sería imposible. Pero nada... se lo había tragado la tierra.
Se sentó un momento en uno de los bancos cercanos a la desembocadura de una callejuela a suspirar por su mala suerte. Se habían acabado sus provisiones, apenas le quedaba dinero y su guía se había esfumado. “Maldición, ya nada puede ir peor...”
De repente noto un golpe en su espalda. ¿La mochila se había movido? Horrorizada vio como una figura corría a toda velocidad... ¡con su cartera en la mano!
- Esto ya es lo peor que me podría haber pasado. – se lamentaba mientras corría cuanto podía para atrapar al ladronzuelo. Se veía joven, seguramente debía ser un niño... ¡pero como corría! Estaba entrenado sin duda, porque sabía dar esquinazo con habilidad. Parecía querer irse más allá de las calles principales y zigzagueaba por las callejuelas con asombrosa rapidez. Al final de una de las calles el pueblo parecía acabarse y empezaban los campos inundados de arroz. El ladrón no frenó.
Paró en secó al ver que el niño saltaba por lo que parecía un desnivel y decidió que no era hora de andarse con chiquitas. Saltó decidida, pero no encontró el suelo como ella pensaba.
Al menos cayó con la habilidad suficiente como para permitirse escapar del golpe que la persona sobre la que había caído iba a propinarle.
- Maldita... – la voz que hablaba trataba de contener su furia de una manera que hizo que la muchacha levantara la cabeza asustada. Ante ella tenía una chica morena con el pelo recogido en un tradicional moño con un vestido chino largo estampado con flores de cerezo. Notó que a su alrededor había varios pares de piernas femeninas.
- Dios mío, Wyon-sama, ¿¡Os encontráis bien!? – Decían sin parar mientras revoloteaban alrededor de la muchacha y la ayudaban a levantarse. – ¿Os habéis hecho algo?
Había caído sobre la ganadora del torneo de artes marciales. Si creía que no podía tener más mala suerte se había equivocado por completo. Además, la chica no parecía tener muy buen carácter ni mucha paciencia porque la miraba tan airada que parecía querer cocinarla ahí mismo.
- Ai ai ai – oyó una vocecita a su lado. ¡¡El niño!! Olvidando por completo todo lo demás cogió de las ropas al ladronzuelo de su cartera y le obligó a mirarle a la cara. Una niña de ceño fruncido permanente apareció ante ella mirándola desafiante y sosteniendo con fuerza la cartera.
- No te hagas la valiente ahora y devuélvemela. – dijo tratando de calmar su frustración al ver que la niña controlaba unas lagrimas que nacían de sus ojillos de ratón.
- No. – dijo ella mientras fruncía más el ceño y se abrazaba a la cartera.
- Shuen-Li –murmuró una voz desde arriba. Liberó a la niña y la levantó del suelo agarrándola de detrás de la camisa. Sin embargo la niña mantenía su misma postura de proteger la cartera. – Devuélvesela. Devuélvele la cartera que le has robado.
Al oír la palabra robado, Shuen Li dejó escapar los lagrimones mientras apretaba los labios enrabiada. La amazona lanzó un suspiro y siguió mirándola con el ceño fruncido. Se giró para hablarle a la extranjera.
- No es una ladrona. – dijo secamente – Su familia es muy pobre y ahora, después de las inundaciones, ya no les queda nada. La niña se ha puesto a robar después de ver que las cosas iban de mal en peor. No se lo reproches. – Ni aunque hubiera querido lo hubiera hecho, Wyon-sama parecía capaz de partirte el brazo si le negabas cualquier cosa. “Menuda aura más agresiva que desprende”.
Pero la historia le había llegado de veras y la muchacha soltaba lagrimones mientras abrazaba con exagerada fuerza a la pequeña que parecía estar ahogándose.
- Toma, llévate lo que contiene – se arrodilló hasta que sus miradas quedaron igualadas y sacando el poco dinero que le quedaba, se lo dio a la niña que frunció el ceño contrariada.
- Dios mío, soy un desastre como ladrona, he ido a robarle a la más pelada – soltó tranquilamente y se alejó corriendo mientras la pobre muchacha se quedaba de piedra. ¡Menuda niña mas impertinente!
La amazona pareció reírse ante aquel comentario y las chicas que la acompañaban rieron inmediatamente después, a coro. La muchacha se levantó soltando un suspiro de incomprendida. No era buena idea quedarse cerca de ese grupo. No si quería conservar su integridad física.
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En medio del bosque, la oscuridad se hacía cada vez más penetrante. Pero no parecía importarle al hombre que caminaba como si se lo conociera palmo a palmo. Sin embargo grandes lagrimones cruzaban su redonda cara.
- Perdóneme joven señorita – dijo el guía mientras seguía andando. – La he abandonado después de tanto camino hecho juntos. ¡Que vergüenza! ¡¡Solo he pensado en mi mismo!!! – Y sin embargo seguía caminando rápidamente alejándose de la aldea que tanto temía.
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- Uhm... Pareces fuerte... – La mujer le agarro la cara y se la giro de un lado para otro. Después le toco el suave y rubio pelo, le hizo abrir la boca y fijo la vista en sus ojos marrones. – Uhm... y además estás de muy buen ver. – Y rió de una manera que le pareció algo escandalosa.
“Que vergüenza.” de esa manera como la trataba parecía que se estuviera vendiendo o algo. La pobre chica había tenido que pedir alojamiento en alguna casa de la aldea ya que sus últimos ahorros se habían esfumado.
- Has de saber... - dijo la mujer una vez la hubo dejado entrar en su casa – que no solemos dar alojamiento así porque si. Cualquiera que quiera algo ha de dar algo a cambio.
- ¿¿Que me quiere decir con eso?? –dijo completamente roja y apartándose de la mujer. La manera en como lo había dicho le había hecho pensar cosas muy feas.
La señora la miró un momento sorprendida y después volvió a reír escandalosamente haciendo que el hombre que estaba sentado leyendo un libro levantara la cabeza.
- ¿Qué pasa Kyan-Shin? ¿Quién es esta chica? – El hombre parecía cansado y algo avejentado y la miraba a través de unas pequeñas gafas. Era bajito y apenas le quedaba pelo. Sin embargo la señora era alta y parecía más robusta, aunque como buena amazona tenía tipo para luchar. Además lucía un cuidado pelo negro que se recogía con un variado conjunto de pasadores de pelo.
- Nada Quiyon, está chica que pide alojamiento. Sigue leyendo. –dijo sin mirarlo mientras cogía unas tacitas de la bandeja.
“Pues era verdad lo que me dijo el guía.” Pensó la invitada algo sorprendida “Que manera más fría de tratarlo” Se sentó algo recelosa de que más comportamientos diferentes podían tener en esa aldea.
- Bueno, ¿y cuál es tu nombre? – dijo estudiándola. Estaba claro que tendría que superar el test de la señora para pasar siquiera una noche. – ¿De dónde eres?
- Saorin Meishi, y vengo de la capital. – respondió haciendo una leve reverencia.
- Así que de la capital, eh? ¿Y que te trae por estos pueblos perdidos en las montañas? – Empezaba el juego, pensó Saorin, a saber que quería esa mujer que le contestara.
- Estoy buscando a alguien.
- ¡¡Madre, madre!! – El golpe sonoro de la puerta sobresalto a la muchacha que vio aparecer ante sus ojos una hermosa mujer de pelo negro que corría en dirección hacia ellas. – ¡Ha sido increíble! – Detuvo su alegría al ver que había alguien más en casa.
- ¿Que ha pasado? – Se tensó por un momento y Saorin adivinó que la mujer trataba de ocultar sus sentimientos hacia cualquiera fuera el tema del que le hablara la mujer, aunque no lo conseguía demasiado. De repente, le dedicó toda su atención a ella – Hagamos un trato. Pasaras la noche aquí a cambio de cortar todos los troncos que están apilados detrás de la casa. ¿Aceptas?
“Esta aura...” Pensó mientras asentía con la cabeza “¿Todas las amazonas tienen esta aura tan agresiva?” vio a la señora levantarse apresuradamente y llevarse a la que debía ser su hija a otra habitación. Saorin respondió a la educada reverencia de la chica y a su amable sonrisa. “Vaya, almenos esta parece distinta”
- ¡Wyon-sama habéis estado fantástica! – dijo una mientras corría tratando de igualar las largas zancadas que su acompañante daba. – Se nota que entrenáis desde pequeña. ¡Estoy segura que vuestra madre estará orgullosísima!
Pero la guerrera parecía ausente en sus propios pensamientos. Lo había conseguido. Había entrenado más que nadie para ganar ese torneo...el mayor de artes marciales que se celebraba cada año... ¡Y ella era la ganadora! Debía sentirse orgullosa, pero sobretodo... se sentía aliviada.
- Hasta aquí Rin Rin. No tienes porque acompañarme hasta casa. – y se paró para mirarla. La chica era bajita y con el pelo negro y destellos rojizos. Admiraba a la amazona desde que se conocían y siempre le iba detrás como un perrito faldero – Y deja de llamarme Wyon-sama, no merezco ese sufijo.
- ¿Por qué no? ¡Peleáis como los dioses! – y picó de manos entusiasmada.
- En fin, sé que no podré convencerte, así que me voy a casa. – se despidió rápidamente y empezó a andar sabiendo que si se quedaba un poco más, Rin Rin se quedaría despidiéndola y alabándola diez años. Le encantaba que la alabaran (aunque ella no lo reconocía) pero ya hacía tiempo que los halagos empezaban a resbalarse de lo repetitivos e iguales que eran.
Subió con rapidez el pequeño camino que llevaba a su casa mientras respiraba el aire nocturno. Cargaba con un enorme saco que parecía no darle problemas y que dejó cuidadosamente una vez entro en la trabajada casa de madera y piedra.
- ¡He llegado!
- ¿Y bien? – dijo una voz de mando.
La guerrera alzó sus ojos grises con indiferencia a quién le hablaba. Su madre la miraba impaciente con los brazos cruzados, aunque ella sabía muy bien que las noticias ya habían llegado a sus oídos. Dentro de la mujer luchaban dos fuerzas opuestas y la guerrera se preguntó cual ganaría.
- ¡Para que me lo preguntas si ya lo sabes! – respondió medio enfadada y entró en la sala principal de la casa. Hizo una marcada reverencia a su padre y se giró hasta quedarse cara a cara con su madre.
- Lo sé, pero quiero oírlo de ti. – Un duelo de titanes con todas las de la ley. No parecía que madre e hija se llevaran muy bien, al menos no parecía que estuvieran de acuerdo en el asunto que trataban.- Eres mi hija Rin, es normal que quiera que me lo cuentes tu, no?- La mujer que había traído las noticias se levantó de la mesa a preparar más té, aunque tenía la mirada fija en las dos mujeres.
Por mucho que lo quisiera negar, Rin tenía un tremendo parecido con su madre. Ambas eran altas y orgullosas y de mirada intensa, aunque su madre se había calmado con los años. Su hermana se sorprendió al ver lo bien que Rin se contenía. Además, de cara era una copia exacta.
- He ganado el torneo de este año madre, tal y como te dije. ¡Ahora cumple tu promesa!
Quiyon dejó de leer de golpe. “Así que era verdad lo que dijiste” pensó mientras la observaba admirado. “Sin duda tiene la tozudez y fuerza de voluntad de su madre”.
- No me digas... ¡Que has ganado el torneo solo por eso!
- ¡Pues está claro! – y puso los brazos en jarras – ¡¡Ya que tu te empecinas en hacer lo que te da la gana con tu familia, algo tenía que hacer yo para liberarme!! – Y le dio la espalda enfadada mientras salía de la casa.
- ¡No podrás escapar de ello, Rin! – gritó su madre, pero el portazo ya había sonado.
Un silencio se hizo presa de la sala común, mientras se oía el sonido del agua hirviendo en la tetera. Fuera, era una amalgama de sonidos nocturnos.
- ¡¡Mierda!! – soltó la amazona, pateando una piedra – ¡Como puede ser tan tozuda! – y mientras se dirigía a la parte posterior de la casa se fue desabrochando el vestido largo de seda que tanto le gustaba. Lo había llevado especialmente ese día para lucirse delante de su madre. Pero ella ni se había dignado en venir. Supuso que era porque quería hacerse la fuerte y dar por sentado que Rin ganaría... o perdería. – ¡¡Pues me da igual! ¡Yo he cumplido mi parte!
Abrió la puerta del baño con decisión y después de comprobar que salía agua caliente de los grifos se desvistió con rapidez. Se enrolló el pelo con un una toalla y se dedicó a enjabonarse antes de entrar en ella.
“Estoy más que harta de estas estúpidas leyes nuestras” pensó hastiada mientras aclaraba su suave y lacio pelo negro. Pese a ser una luchadora de pro, las amazonas también cuidaban mucho su aspecto físico e iban con mucho cuidado con su piel y su pelo, más si no estaban casadas. Se volvió a enrollar su larga melena en la toalla y se metió en la bañera para relajarse.
Tan ensimismada estaba en su propio enfado que en ningún momento reparo en los golpes secos que se oían en la lejanía. Tampoco pareció prestar atención a la voz que se oía afuera. Solo cuando esa voz gritó, la amazona levantó la vista y arqueó la ceja extrañada. “¿Qué demonios pasa ahí fuera?”
La puerta saltó por los aires y una figura empezó a correr desesperada por el baño embaldosado lloriqueando. Algo se movía por su espalda y la muchacha parecía histérica. Cuando por fin se hubo sacado la ardilla de la camiseta, la lanzo por la ventana deprisa y corriendo antes de pegar un tremendo resbalón y caer de lleno en la bañera.
Rin estaba alucinando. Todo había pasado tan rápido que no había tenido tiempo ni de reaccionar, y ahí estaba ella, metida en la bañera, con el pelo que tan cuidadosamente había peinado y secado, empapado y alguien encima de ella.
- Ai, ai, ai... que daño. – Saorin se sobó el tobillo mientras se revolvía el pelo tratando de sacarse el agua que le impedía ver.
Cuando sus miradas se encontraron y Rin reconoció a la chica, un terrible estruendo sacudió el baño.
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- ¿¿¿¿¿¿¡¡¡¡QUE SIGNIFICA TODO ESTO!!!!?????? – Roja de rabia, pegó un terrible golpe en la mesa que movió todos los pequeños platillos de porcelana que había. – ¿¿¿¿¿¡¡¡¡QUE HACE ESA AQUÍ!!!!?????
- Tengo un nombre si no te molesta. – replicó Saorin arqueando una ceja mientras sorbía con tranquilidad sus fideos.
Rin estaba que echaba fuego por la boca. ¿¡Cómo podía ser que una maleducada como la extranjera hubiera podido llegar hasta su casa y haber encontrado alojamiento!?
- Entiéndelo, hija, no tenía dónde dormir, y a cambio de cortar leña... – trató de calmarla su padre.
- ¿¿¿¡ESTO ES UNA ESPECIE DE BROMA!??? – Estaba alteradísima y no hizo caso de su progenitor. – ¿¡Seguro que lo has planeado todo tu verdad!? ¿¿¿¡¡¡Pretendes hacerme la vida imposible!!!???
- ¡Rin, no te permito que me hables así! – Kyan-Shin dejó el tazón y se enfrentó a su hija que se levantaba delante de ella con el ceño fruncido. – ¡No metas a la viajera en tu frigidez! - Al oír eso, Saorin escupió la sopa que estaba sorbiendo.
La palabra rompió a Rin en pedacitos y pareció que estaba fuera de combate. Sin embargo volvió a la carga con rapidez. No parecía dispuesta a quedar mal después de tanto escándalo.
- ¡¡¡Eres tu la que me obliga a casarme!!! – volvió a pegar otro puñetazo en la mesa. Por la actitud pasiva de los otros dos miembros de la familia, Saorin adivino que las peleas entre madre e hija debían ser bastante frecuentes y no pudo evitar que una gota de sudor rodara por su cabeza – ¡No haces más que pensar en lo que conviene! ¡No tengo porque casarme con el primero que pase por delante de casa!
- ¡A tu edad yo ya estaba casada! – Kyan-Shin parecía ofendida ante las palabras de su hija – No hagas que me avergüence más de ti, Rin. Todas las chicas de tu edad ya han encontrado pareja... y las que no – y detuvo con un gesto las protestas de la muchacha – es porque son unos cardos borriqueros o terribles como mujer.
Saorin no pudo reprimir una risita que hizo que la amazona la mirara con una cara de odio nunca vista.
- Por eso – e hizo ver que se secaba una lágrima – estoy temiendo si no serás hija del hielo. Eso si que sería una vergüenza...
La hija menor de la familia Wyon estaba ya de todos los colores. Su madre no había asistido a la pelea más importante de su vida, una extranjera salida de quien sabe dónde la había atacado dos veces - ¡¡¡y una en medio de su sagrado baño!!! - ¡Y ahora la llamaban frígida!
- ¡¡¡Me alegro que lo que más te preocupe sea yo!!! – y pegando otro puñetazo en la mesa se marchó de la sala común.
Un suspiro escapó de la boca de la mujer y el hombre una vez la tensión se hubo relajado. Kyan-Shin, sin embargo seguía con el ceño fruncido.
- Perdónala, es demasiado impulsiva, pero estoy segura que no lo decía de corazón todo lo que ha dicho. – y forzó una sonrisa para su invitada.
“Nooo, no que va” pensó Saorin con cara de circunstancias mientras seguía comiendo. Debía haberle caído una maldición para que la familia a la que le había tocado pedir alojamiento fuera justo la de la ganadora del torneo.
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- ¡Uno! ¡Dos! – un golpe tras otro – ¡Uno! ¡Dos! – no era difícil, pero requería su tiempo. La muchacha rubia cortaba los tocones de madera a toda la velocidad que le permitían sus manos. – ¡Uno! ¡Dos! - La mujer le había dicho todos los troncos... ¡Pero Saorin nunca se hubiera imaginado que fueran tantos! ¿Y como demonios se lo habían hecho para apilar tantísimos troncos de ese tamaño?
Además estaba tardando el doble, porque muchos de ellos contenían nidos y huecos donde se escondían infinidad de bestias – como las peligrosas ardillas- y ella no se veía con corazón para dejarlas a merced de la naturaleza, por lo que iba poniendo cada nido que encontraba en algún árbol de las cercanías de la casa.
- ¿Aún cortando? –dijo una suave voz detrás de un árbol. La amable mirada hizo que Saorin relajara su alarma. Si encima despertaba a los de la casa ya podía darse por muerta. – Debes estar cansada. – Saorin miró a la mujer acercarse. Era muy bonita, con una larga melena negra recogida en una coleta alta. Era más parecida a su padre, ya que, aunque disimulados, se adivinaban unos hombros anchos. Sin embargo tenía una cara mucho más agradable que la de su hermana, quizás por el semblante amable y tranquilo.
- Un poco, pero era justo que hiciera algo si quería pasar la noche. – dijo sentándose en la hierba al mismo tiempo que lo hacia la chica.
- Pero a este paso no vas a dormir. Deja que te ayude. – Y sonrió.
Estaba por echarse a llorar. ¡Una buena persona en aquella aldea de locos! No sabía como de una madre como esa podía haber salido alguien tan calmado. Sin embargo se negó a aceptar.
- Mejor no –y se levantó, un poco más animada. – No puedo permitir que alguien tan delicado corte leña. Estas tareas ya pegan para alguien tan bruto como yo – Y sacó la lengua, pícara.
- Cuando esta mañana... entré – y recatada, miró al suelo – Oí que buscabas a alguien. – La frase dejó a Saorin sorprendida – ¿A quién?
Como por inercia, volvió a sentarse y sonrió tristemente mientras le pasaba una fotografía a la chica. Había perdido algo de color y se veía vieja, pero se distinguían perfectamente las dos figuras cogidas del brazo que sonreían inocentemente. Saorin aparecía con un precioso vestido de corte oriental cogida del brazo de un chico vestido de viajero delante de una puerta china de color rojo intenso.
- Quien es? – preguntó sin mirarla después de un largo tiempo observando la foto. Parecía como si la hubiera trastornado un poco.
- Mi novio – y le sonrió tímidamente mientras jugueteaba con una brizna de hierba. – Se marchó de viaje hace tiempo.
La mujer echó una larga mirada a la muchacha rubia que se sentaba a su lado. Esa foto debía tener más de un año, ya que Saorin se veía bajita y con el pelo muy largo. Volvió a mirarla. Ahora, Saorin era una mujer con todas las de la ley, el pelo corto estaba recogido en una coleta y había abandonado los elegantes vestidos por una camiseta de tirantes y unos pantalones gastados.
- No lo ves desde hace tiempo, verdad? ¿Le echas de menos? – y le dio una pequeña palmadita de ánimo en el hombro.
- Mucho -La cara siempre alegre y tranquila de la chica cambió un instante al recordar a quién quería.
- Mi nombre es Chuin, siento que mi madre no nos haya presentado. Soy la hija mayor de la familia. – y alargo la delicada mano con una sonrisa.
- Saorin – y su cara volvió a iluminarse. Le dio la mano con fuerza a su acompañante. “Que extraño...” pensó para si, un instante, antes de soltarla. – ¡Bueno, ya es hora que siga cortando! – Y se levantó de un salto. – Vete a dormir, Chuin, las chicas tan bonitas como tú han de dormir mucho para conservarse bien – y le guiñó un ojo provocando la turbación de la mujer.
Pero Chuin pareció insistir bastante y agarró un tronco ágilmente y lo recostó en el tocón para que fuera más fácil cortarlo. Saorin, por su parte miraba fijamente los movimientos de la mujer. “Pero esto si que es raro...” pensó mientras se apoyaba en el enorme tronco para que no se moviera cuando le diera el golpe de gracia. Chuin se arremangó la gruesa manga de su chaqueta china y se dispuso a partir el tronco con su mano.
“¡¡Eso es!!” Los ojos de la muchacha se abrieron de la sorpresa y su manó interceptó el brazo de Chuin antes de que llegara al tronco. Ambas se miraron fijamente en la noche estrellada y un silencio hizo a la mujer morena estremecerse.
- ¿Qué...? ¿Qué pasa? – dijo con una gota de sudor.
- Vaya, así que era eso... – respondió estudiándola.- Ya decía yo que algo me escamaba. – otro silencio estremecedor. Chuin parecía morirse de la expectación. – Supongo que consigues engañar a mucha gente con esas pintas, querido Chuin...
Y lo soltó suavemente mientras Chuin caía sentado en el suelo de la sorpresa.
- ¿C-cómo me has descubierto? – preguntó sorprendido mientras se desarremangaba la manga – Nunca nadie ha podido adivinar nunca que fuera un hombre. – Saorin se dio cuenta de que el tono de voz de Chuin había cambiado a uno más grave.
- Bueno, lo estaba adivinando aún. Quería ponerte a prueba. – Y el hombre se la quedó mirando a cuadros. – Ja, ja, bueno, me lo olía más que nada desde que me has dado la mano. Los hombres tienden a coger la mano de una manera distinta a las mujeres, con más...digamos... fuerza. Y cuando he visto tu brazo ha sido más que evidente.
- Una chica puede estar musculada. – respondió él suspirando.
- Pero los músculos que les salen a las chicas también son distintos – y levantó su brazo. – ¿Te das cuenta? Aunque yo tenga músculo, nunca será tan marcado como esto... – Y agarró el brazo del hombre para demostrarle lo marcado de sus tendones. – ¡No puedes engañar a un médico chaval! – y rió suavemente ante la cara descompuesta del muchacho moreno.
- ¿Eres médico?
- Uhm... digamos aprendiz de... – y volvió a sacar la lengua – Deje los estudios para irme de viaje. Pero pude llegar a estudiar la musculatura humana.
- Y...¿No te soy extraño? –dijo bajando la vista avergonzado. – ¿No te doy asco? Al fin y al cabo soy un travestido.
- ¿Qué? ¿Asco? – Ahora lo miraba ella sorprendida – ¿Y porque deberías darme asco? – El hombre levantó al cabeza al oír la risa de la muchacha – ¡Eso si que es bueno! Tampoco eres tan extraño, digo yo que tendrás tus motivos para vestirte de mujer.
En un momento, Chuin se quedó mirándola asombrado. Había vivido en esa aldea minúscula toda su vida y ni una sola chica de las que había conocido había aprobado su manera de vestir. Pero la sonrisa de Saorin no había variado en lo más mínimo desde conocer su verdadera naturaleza a no saber nada de nada.
- Supongo que es el problema de vivir en un pueblo. – Y suspiró sentándose a su lado – Para la gente que es distinta a los demás debe ser duro vivir en sitios como estos. ¿Sabes? En la capital serías considerado un artista de los mejores.
- ¿Un artista?
- Hay un tipo de teatro en el que solo participan hombres, incluso para hacer los papeles de mujer. Los que los interpretan suelen ser hombres muy afeminados y elegantes. Si pasearas un poco por la ciudad todo el mundo te confundiría con uno.
Chuin seguía observándola admirado. Sus miras se habían ensanchado de repente con las palabras de su nueva conocida.
- Te tienes que venir a la capital. – Y Saorin sonrió dándole una palmada en el hombro – ¡Encontrarías a muchos como tu!
- ¿Muchos como yo? – y arqueó una ceja.
- Si bueno, ya sabes, gente que no se siente a gusto con lo que es y trata de cambiar... – Pero Chuin no le dejo continuar. Rojo como un tomate empezó a mover las manos para acallarla.
- ¡¡No es eso!! – Y casi se abalanza sobre ella – ¡¡¡No me visto de mujer por eso!!!
- ¿Qué? – y abrió los ojos para estudiarlo – ¿Ah no? A ti no te van...
- ¡¡Me gustan las mujeres!!
Ante ese comentario y la cara granate del joven, Saorin no pudo menos que echarse a reír. ¡La conversación había derivado a unos temas! La muchacha comprobó que, incluso en aldeas de locos como esa, podía llegar a encontrar gente tan especial como Chuin.
- Bueno, bueno, no te pongas así – y se secó una lagrimita – Entonces tus motivos son otros... – y miró interrogativa a su acompañante. La verdad es que se moría de ganas de saber que oscuros motivos habían llegado a hacer que un joven tan guapo se vistiera de mujer.
Chuin la miró algo turbado y apretó los labios. Era increíble que un hombre pudiera se tan afeminado y hermoso. Llevaba ropas anchas pero de colores suaves para darle un toque más femenino. Y el pelo tan lacio... Saorin lo comparo con el suyo que estaba hecho un desastre y se preguntó quién era el más femenino de los dos.
- Pero bueno, ¡son tus motivos! – viendo que el silencio se hacía lo suficientemente largo para hacerse incómodo, Saorin volvió a levantarse y ayudó a su acompañante a hacerlo también. – Y ahora si que te obligo a irte a dormir, damisela – e hizo una reverencia. Ambos se miraron a los ojos y rieron.
Sin embargo, y pese a que la noche estrellada y oscura podría engañarlos, en ningún momento estuvieron solos. Una atenta mirada había sido espectadora de todo lo ocurrido.
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Cuando abrió un ojo, comprobó que aún era de noche... ¿Pero que hora sería? Se obligó a ponerse en pie y la piel se le puso de gallina al instante del frío. Miró de un lado para otro para comprobar que estaba sola y miró el tocón de nuevo.
“¡No me lo puedo creer!” y los ojos se le abrieron de golpe “¡¡Solo me falta uno!!” Se tranquilizó un poco. Ya se había imaginado que la mujer haría una pequeña treta para obligarla a hacer un trabajo forzado para que no pudiera dormir en toda la noche. Por suerte, Saorin nunca era lo que aparentaba.
¡PAM!
- ¡¡AIIIII!! – Y rápidamente ahogó el grito de dolor con las manos para no despertar a nadie. Entre la oscuridad y que estaba reventada le había dado al tocón en vez de al tronco. Encima, con las manos heladas aún le había dolido más. – Esa mujer ha apagado las luces... – y vio que tendría que guiarse un poco por el instinto para poder acabar el trabajo.
Al no conocer la casa iba dando trompicones de ahí a allá. Recorrió el salón para ver si le había dejado alguna manta o algo, pero nada. Tanteando las paredes descubrió cuatro puertas. Una de ellas debía ser la habitación donde ella dormiría, así que se puso a escuchar: en un oyó un goteo, en otra una persona girándose y en otra un ronquido. ¡Por fuerza la última debía ser una habitación vacía! No le importaba que no hubiera mantas, al menos que estuviera vacía para dormir en paz...
Para su sorpresa, en medio de la más negra oscuridad, sus pies notaron un futón y unas suaves mantas y empezó a preguntarse si esa mujer no se hacía la dura y en el fondo tenía buen corazón. Se introdujo en las cálidas mantas y dejó que el sonido de la noche la envolviera.
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Volvió a abrir los ojos. ¿Ya se había hecho de día? Por el color de la luz apenas estaría amaneciendo, así que se permitió remolonear un poco más. Hoy su cama estaba especialmente cálida, sobretodo por el cálido abrazo que la envolvía...¿Abrazo?
Rin abrió los ojos por tercera vez y se encontró envuelta en los brazos de alguien...¡¡en su cama!! Al enfocar la vista y levantar la cara vio la tranquilidad del rostro de Saorin y se quedó muda del asombro y la turbación. ¿¡Que demonios hacía la extranjera en su cama!? La sorpresa, de nuevo, la paralizó, y mientras tanto, Saorin la apretaba contra ella mientras soñaba.
“¡¡¡Esto es el colmo!!!” estaba tan confundida que ni liberarse del abrazo podía. Empezó tratando de zafarse por la izquierda, pero a cada movimiento Saorin parecía enfurruñarse y acercarse más y más. “¡Dios mio!” Dijo aterrada al encontrarse después de un montón de esfuerzos cara a cara con la muchacha. “¿De donde había sacado la extranjera semejante fuerza?” Pensó, de repente, Rin.
- Mmm... – Los ojos castaños de Saorin se entreabrieron y una sonrisa tonta se formó en su cara – Buenos días... – Volvió a cerrarlos. Los abrió de repente. – ¡¡¡WAAAAAAH!!! – La soltó de golpe -para alivio de Rin- y ambas se quedaron mirando sonrojadas a cada borde del futón.
La puerta se abrió rápidamente en respuesta al grito y Kyan-Shin apareció, sartén en mano. Al ver a las dos chicas, arqueó una ceja.
- ¡¡¡¡¡MAMÁ!!!!! – Rin fue la que más rápido saltó – ¡¡Que demonios hace la extranjera en mi cama!! – y agarró la sábana para taparse.
- ¿T-tu cama? – Saorin trató de despertarse. Había entrado en mitad de la noche, y pensando que esa habitación estaba vacía se había metido sin pensar a dormir – Comprobé cada habitación, ¡y la única que no hacia ruido era la tuya!
- Supongo que oíste el goteo del almacén. – y Kyan-Shin bajó la sartén y suspiró – Igualmente...pensaba que aún estarías cortando leña, Saorin. – y miró fijamente a la muchacha.
- Es que acabé pronto y me estiré a dormir donde pude... – ¿Porque tenía que sentirse avergonzada? Al fin y al cabo había cumplido su parte del trato, era normal que exigiera un lugar para dormir como tal. Miró a Rin y la vio completamente enfadada. Ahora si que la había hecho buena...
- ¿Acabaste pronto? ¿¿Todos los troncos?? – La mujer parecía más preocupada por otra cosa que por el incidente de la cama, cosa que puso a Rin de peor humor. No es que esperara que su madre hiciera mucho por ella, pero al menos si una explicación. Sin embargo la conversación había cambiado ya de tema.
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Una gota de sudor recorrió la cabeza de Chuin y Quiyon al notar la aura agresiva de la menor de la familia crecer por momentos. Lo peor era que Rin no gritaba, ni siquiera hablaba, se dedicaba a comer lentamente con ojos de demonio. Eso daba aún más miedo que cuando explotaba.
- ¿Y que me dices a ello, Saorin? – Kyan-Shin sonreía de una manera tan amistosa que Saorin no pudo menos que sospechar- Al fin y al cabo, dices que tu guía ha desaparecido. Sin dinero dudo que puedas encontrar otro, y no es seguro que te lances tu sola... no saldrías nunca de estas montañas.
“Que mal presentimiento que tengo...” la miró con una leve y falsa sonrisa, asintiendo al ritmo que decía todo aquello “Pero también tiene razón, no puedo seguir mi camino así como así... necesito el dinero” y comió lentamente su panecillo.
- Sin embargo, para poder quedarte aquí, tendrás que hacer un pequeño trámite. – “Ya decía yo...” pensó mientras tragaba. – Un extranjero no puede quedarse en la aldea más allá de los días del torneo sino es “adoptado” por alguna familia local.
- ¿Y que he de hacer para ser adoptada? – dijo sin rodeos, cosa que hizo que Rin levantara la vista para mirarla sorprendida y que Kyan- Shin sonriera complacida.
- Nada, yo me ocupo de todo. Solo has de darme tu palabra de honor que respetaras las leyes de nuestra aldea y que una vez salgas de este pueblo no contarás a nadie lo que has visto. – un escalofrío recorrió el cuerpo de la muchacha... los ojos de la mujer parecían como los de una serpiente a punto de atacar a su presa. – Romper esa norma te costaría tu vida.
Levantó la mano y con una leve sonrisa dijo un lento “Lo prometo.”
“¿Qué pretende?” pensaron los tres miembros restantes de la familia mirando fijamente a la matriarca. Sin embargo también parecían sorprendidos ante la tranquila docilidad de Saorin. Cualquier persona con dos dedos de frente se lo habría pensado mucho y habría aceptado reticente, pero la chica había respondido bien segura de si misma.
- ¿Qué es lo que pretendes? – preguntó Quiyon sin sacar la vista de su libro una vez su mujer y él se hubieran quedado solos en la casa. – No necesitamos a nadie que nos hagas las tareas de la casa. Rin y Chuin se las apañan muy bien solos.
- No te has dado cuenta, verdad? Esta chica no es lo que parece – Ella tampoco apartaba la vista de la ventana, mientras observaba a la extranjera limpiar las hojas de la entrada. – Además... me servirá a mis propósitos.
- ¿Propósitos? – la miró por encima de sus lentes – No le hagas nada a esa chica, Kyan-Shin. Es una buena persona.
- No voy a hacer nada que no quiera – Y se giró, sonriendo malévola, mientras se apoyaba en el fregadero – Ha hecho muy buenas migas con Chuin.
- ¿Ha descubierto que Chuin es un hombre? – y el hombre frunció el ceño sorprendido. – Tiene muy buena vista.
- No solo eso. Lo ha prendado por completo. – Los ojos de la mujer chispearon – Aunque él aun no lo sabe. Voy a hacer que esa chica se convierta en su esposa y Chuin abandone de una vez esa manía de travestirse.
- ¡Ah, claro! – dijo él dejando el libro en la mesa – no había contado que Chuin tiene esas “manías” por que tu le presionaste de esa manera.
- ¡No lo quise convertir en un depravado! – enojada, se separó del fregadero – Hemos tenido suerte que las capacidades de Rin nos hayan salvado de esta vergüenza. Sin embargo, esa chica parece entender a Chuin. – y se frotó la barbilla mientras volvía a mirar a Saorin – Solo hay que darles un empujoncito.
- ¿Y que pasará con Rin? Sabes que está muy apegada a su hermano. – Quiyon volvió al libro.
- Uhm, que se aguante. Estoy por enviarla fuera mientras consigo que esos dos se líen. – movió la cabeza rápidamente – No, necesito a Rin conmigo. He de hacer algo para que no se lleven tan mal...
- Yo no creo que se lleven mal... –murmuró el hombre y Kyan-Shin lo miró con los ojos como platos.
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“A ver...me ha dicho marrones con manchitas más oscuras arriba” Delicadamente apartó los arbustos cercanos a un árbol, pero no había nada. “¡Vaya! ¡Dónde me ha mandado esta mujer!” pero sabía que no podía volver sin las setas que Kyan-Shin le había mandado buscar para la cena. Sentía que se había adentrado demasiado en el bosque y que esa colina tan escarpada que estaba subiendo no podía estar cerca de la casa.
Era extraño que después de haber atravesado unas montañas tan áridas como esas, existiera vida más allá. La muchacha estaba fascinada de volver a ver un bosque de los de verdad.
El sonido del agua la animó. “Me dijo que crecía en zonas muy húmedas.” Se dirigió rápidamente dejándose guiar por el sonido, hasta llegar a lo que parecía una pequeña cascada. Vio que en una parte del pequeño lago crecían unos nudosos árboles y que sus raíces se hundían en el agua como lanzas. “Si han de crecer en alguna parte, es sin duda al lado de esos árboles” Con hastío se arremangó los pantalones y se sacó los zapatos. Tenía que cruzar el agua si quería llegar hasta ahí. Por suerte, no le llevaba muy cerca de la cascada.
El agua estaba helada. No helada, heladísima, y Saorin empezó a caminar tan rápidamente como podía para evitar que se le entumecieran los dedos de los pies. Al pasar por la cascada, sin embargo, se paró de golpe. Había notado una presencia a su lado. Miro de un lado para otro y se fijo en la cascada. Estaba bastante cerca, a un brazo de distancia. Acercó la cara expectante y se dedicó a observarla.
Como si de una persona se tratara, del agua que caía se abrieron unos ojos grises que la dejaron hipnotizada. Sin embargo, en el momento en que apareció un ceño fruncido, la magia desapareció.
- ¡Qué demonios haces tu aquí! – Rin salió con toda su furia de la cascada donde meditaba y se abalanzó a por Saorin.
- ¡T-tu madre me ha enviado a por setas! –dijo señalando tan rápidamente como pudo los nudosos árboles esperando que eso sirviera como excusa. ¡Otra vez se había tenido que topar con Rin! Saorin era consciente de que nunca había tenido muy buena suerte, ¡pero lo suyo con Rin era horrible! Solo hacía una semana que vivía en esa casa, pero ya tenía la increíble habilidad de encontrársela en los peores momentos. Y, evidentemente, Rin siempre se enfadaba. En realidad, no recordaba haberla visto nunca sin su ceño fruncido.
La amazona salió completamente de la cascada dejando a la muchacha muy sorprendida. ¿Cuanto tiempo llevaba ahí abajo? El agua estaba heladísima, e incluso en ese momento, tenía que ir dando pequeños saltitos para que no se le congelaran los pies.
- Siempre crecen ahí. – dijo toda serie mientras miraba en la dirección que señalaba la chica. – No entiendo porque mi madre te ha pedido que fueras a buscarlas hasta aquí. Podría habérmelo pedido a mí.
Saorin la miró y Rin arqueó una ceja interrogante.
- Estabas meditando, verdad? – dijo con una leve sonrisa. Tenía que aprovechar que Rin estaba un poco amigable.
- Si, suelo hacer mis ejercicios aquí, lejos de la gente – soltó lanzándole la indirecta. “Esta extranjera ya me da dolor de cabeza...” pensó Rin mientras la veía sonreír y moverse torpemente hasta los árboles. “Madre ha de tener otra razón por la cuál la ha ‘adoptado’... sin embargo no logró adivinar cual...” Una gota de sudor recorrió su cabeza al ver que la muchacha tropezaba “Porque, la verdad es que muy lista no parece...”
El alivio la embargó cuando descubrió las setas al lado de los árboles y sin más dilación se propuso a cortarlas. Sin embargo, nadie la había avisado de que al lado de las setas crecían unas plantas urticantes muy potentes.
- ¡AGH! – y separó la mano rápidamente con lagrimitas en los ojos y se puso a frotarse el dedo – ¡Esto es peor que una ortiga!
Otra gota de sudor recorrió la cara de Rin al ver a la muchacha moverse espasmódicamente a causa del intenso picor. “No, muy lista no parece no...” Con un suave pero rápido movimiento agarró la mano de Saorin y le lamió el dedo con suavidad.
Los ojos de Saorin se abrieron como platos. Que una belleza morena de ojos grises completamente empapada te lama el dedo es sorprendente, pero que la amazona malhumorada Rin Wyon te cure una herida, ¡¡Todavía lo es más!!
- ¿Qué te pasa? –pregunto la amazona al ver la cara de Saorin. De repente se puso en situación y los colores se le subieron al máximo. – ¡¡No es lo que te piensas!!! – Y se separó un poco de Saorin mientras esta la miraba con cara de circunstancias y seguía frotándose el dedo.
- Luego soy yo la pervertida. – dijo saliendo del agua y dejando a Rin convertida en piedra del shock. Empezó a tantear el suelo hasta encontrar la planta que hiciera el efecto curativo que ella buscaba y con alivio se lo aplicó en el dedo.
De repente un sonido de hojas la sorprendió y levantó la vista hacía las copas de los árboles. Ahí estaba, encima de la rama de un árbol y mirándola fijamente con sus ojitos brillantes.
- Tu... tu eres... –dijo señalándola asustada, mientras la expectación se formaba en el ambiente – ¡Esa ardilla!
La tercera gota de sudor del día se le cayó al ver a Saorin y la ardilla mirarse fijamente como midiendo las fuerzas en lo que parecía un ridículo inicio de batalla. Tan ridículo era que hasta tuvo que admitir que hacía gracia y una sonrisa divertida se formó en su rostro.
Los segundos ojos de plato de Saorin vinieron después de esto. ¿Qué pasaba hoy? ¿Rin se encontraba mal? ¿O era el ‘efecto cascada’ que la volvía más tratable? ¡Estaba sonriendo!
- ¿Qué te pasa? – dijo saliendo del agua y agarrando la chaqueta que había dejado al borde del estanque. – No me mires así... – y volvió a su forma original de ceño fruncido – Mejor no te desconcentres en medio de una pelea – y de espaldas a Saorin volvió a sonreír mientras se encaminaba hacia la maleza.
- ¡Eh, espera! – y agarró con cuidado un puñado de setas y se dirigió corriendo por dónde se había marchado la chica. Saorin no sabía donde estaba y Rin era la única que podía sacarla de ese bosque.
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FIN DE LA PARTE 1