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LAS REGLAS MILENARIAS DE VIVIR
Parte 3
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Con la frescura propia de un día de primavera, la brisa de la mañana acariciaba los árboles esbeltos que cubrían un hermoso paseo lleno de hombres con carretas que iban de aquí a allá. A esa hora de la mañana solo la gente trabajadora estaba en pie, y algún que otro despistado.
Caminando con viveza apareció una figura cargando una pesada mochila. Parecía extraño que una mujer tan bonita de pelo liso y rubienco y ojos grandes llevara esas ropas gastadas de viaje. La mochila tenía toda la pinta de pesar muchísimo, y sin embargo la muchacha no parecía cansada y caminaba tranquilamente como quien solo lleva un bolso. Era bastante habitual tener viajeros, pero no mujeres, y algunos de ellos se pararon un momento, curiosos, a mirarla. Seguidamente se pusieron de nuevo a la faena.
- Ah, la civilización... –suspiró la muchacha una vez había llegado a una típica cafetería china y sorbía su té con tranquilidad. La gente que andaba por ahí solía vestir bastante occidentalmente, y solo lo gastado de sus ropas llamaba la atención. Se dedicó un momento a mirar el techo pintado y la taza de porcelana ‘made in Taiwan’ y sonrío. – Esto es vida.
De repente, un ligero temblor pareció sacudir las mesas y la muchacha no pudo acabar su té mientras una gota de sudor aparecía en su cabeza. Ahora que se estaba tomando un respiro...
La puerta saltó por los aires y apareció una esbelta y arrogante figura vestida en el más típico traje de pelea chino con sus muñequeras de cenefas y todo. En su mano llevaba un enorme sable de mango bruñido. Sino hubiera sido por la fuerza de la aparición, alguien habría aplaudido de ver a semejante espectáculo de mujer. No solo las ropas que llevaba eran bonitas. Su pelo azabache ordenadamente recogido en un moño con pasadores de pelo enmarcaba una delicada cara alargada y unos rasgados ojos gris claro. Sin embargo la mujer no parecía tener intención de lucirse: con el ceño fruncido inspeccionó la cafetería hasta dar con la única persona que no estaba debajo de una mesa, sino que se disponía a saltar por la ventana.
- ¡¡MEISHI!! – rugió lanzándose contra ella mientras blandía el peligroso sable de un lado a otro para horror de los consumidores. Con alivio vieron que el objeto de búsqueda salía por la ventana y la guerrera con ella, y empezaron a plañir a la pobre desgraciada que fuera víctima de las iras de semejante peligro.
Saorin Meishi, a sus veintipocos años, no tenía una vida fácil. Después de haber sido herida, casi de muerte, había tenido que empezar una huida a causa de las iras de una peligrosa guerrero Nujiezu a la cual había ganado en combate y cuyas reglas y normas eran casi tan absurdas como el hecho de que una guerrera vestida a la antigua aparezca en una cafetería cargándose todo a su paso.
Lo peor de todo es que Saorin se encontraba en medio de la búsqueda de su novio perdido, y era evidente que con una loca pisándole los talones las cosas no podían ser muy fáciles... o eso pensaba todo el mundo.
Lo que nadie sabía era el porque, Saorin nunca parecía quejarse de su situación. Se la veía una muchacha fuerte, capaz de plantarle cara a cualquiera, y sin embargo, se dedicaba a huir cada vez que la guerrera aparecía.
- Maldición. – murmuró mientras apartaba al zalamero gato que se acercaba, curioso a observarla. Metida entre los cubos de basura esperó a que la mujer pasara de largo. Sin embargo, Rin Wyon, guerrera Nujiezu conocía muy bien la presencia de Saorin y sabía encontrarla hasta en los lugares más inhóspitos. Lo que nadie sabía es que esa capacidad de captarla la había conseguido a base de visitas nocturnas indeseadas de Saorin que se produjeron en casa de la susodicha amazona.
- Aquí estás. - y frunciendo más el ceño lanzó todos los cubos de basura por el aire dejando a Saorin y al gato en medio de la callejuela. Sin esperar ni siquiera un saludo, atacó directa al corazón de su contrincante. La muchacha lo esquivó con relativa facilidad y agarró la muñeca de la amazona con fuerza, obligándola a lanzar la espada.
- Esta ha de ser la última arma que te quede ya. – dijo mientras la forzaba a retorcerse a causa del dolor. – Rin, tu venganza no se podrá cumplir nunca, ¿Es que no lo ves? –pero no lo veía, porque Rin parecía dispuesta a sacrificar su brazo con tal de mantenerse en pie. Suspirando ante la cara de dolor de la muchacha, la soltó y se largó corriendo antes de la amazona pudiera coger su arma.
Frustrada, la joven guerrera cayó en el suelo mientras el curioso gato seguía mirándola.
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El camino que se empinaba parecía libre de peligros, así que Saorin no vaciló. Rin parecía haberse dado por vencida un tiempo, ya que no había sentido su presencia en unos días. Aprovechaba los días en que Rin no atacaba para ordenar sus pensamientos, y mientras subía el bonito camino de tierra se dedicó a ello con esmero.
Ya habían pasado 4 meses desde que escapara esa mañana precipitada de la aldea Nujiezu y saliera de la cordillera. Había tenido que pedir hospedaje en una granja para que le curaran las heridas, y solo cuando los ataques de Rin empezaron, tuvo que dejarla. De ahí, había tenido noticias sobre el posible paradero de Eiji y se había lanzado hacía el este consciente de sus propias dudas. Al fin y al cabo, había abandonada a Rin malherida a costa de su vida, justo después de prometerse a si misma que se la llevaría con ella. Bueno, en cierto modo podría decirse que lo había cumplido con creces... Rin iba a cualquier sitio donde estuviera ella.
También era consciente de sus dudas. Al fin y al cabo, ese salto al corazón había sido auténtico, y pensó que no podía escudarse en Eiji por más tiempo. No pensó en ningún momento que su viaje le llevaría a fijar la vista hacia otras personas que no fueran su adorado e idolatrado novio. Y sin embargo, aun recordaba el hormigueo en la barriga y todas esas cosas propias de un sentimiento que hacía tiempo que no sentía. Lo que la asustaba de veras era la posibilidad de que un año y medio de viaje al final no sirvieran para nada. Al fin y al cabo, si no amaba a Eiji, no tenia sentido buscarlo de esa manera.
“Te estás comiendo demasiado el coco.” pensó para si “es más seguro y sencillo que escojas a Eiji. Rin, además, quiere matarte, con lo que poco vas a conseguir. Limítate a buscar a Eiji y después ya pensarás en lo que vas a hacer.” En esos momentos de soledad era, también cuando más lo necesitaba. Añoraba terriblemente sus brazos y caricias, y su piel cálida sobre la suya. “Dios mío...” pensó mientras largos lagrimones caían de sus mejillas. ”Soy una chica con necesidades...”
Llegó al fin a la caseta que le habían dicho. Allí, una mujer de pelo negro y encrespado leía despreocupadamente el periódico en una silla al exterior.
- Perdóneme, estoy buscando a alguien – Sacó la foto de la pareja tiempo atrás y se la enseño tímidamente a la mujer que la agarró con su enorme mano – ¿Ha visto a alguien como él?
- En mi vida. – respondió con desinterés y se disponía a seguir leyendo el diario cuando Saorin carraspeó.
- ¿No le suena para nada el nombre Eiji?
- Uhm... – la mujer pareció pensárselo mucho, arrugando su poblado ceño. Saorin no tenía muchas expectativas, pero cuando la mujer picó de manos sintió que aparecía un rayo de sol en su negro futuro. – Me ha parecido oír que se ha instalado un médico, por fin, en el pueblo de Miyeng-Suang a varios kilómetros de aquí, aunque no estoy segura. Lo que si está claro es que ya era hora de que lo hicieran, llevaban años sin un médico, esa pobre gente.
Tardó más de lo que esperaba en hacer callar esa mujer que ahora si parecía interesada en el tema de explicarle todo lo que faltaba en los pueblos vecinos. Sin embargo Saorin estaba extasiada. De lo poco que había podido sacar a la mujer, había adivinado que el médico en cuestión se hacia llamar ‘’ y era algo excéntrico. Podía ser perfectamente él... era muy propio de Eiji ser excéntrico.
A una velocidad asombrosa, Saorin empezó a recorrer el largo camino hacia el famoso pueblo. Estaba a algunos días de viaje, y la muchacha quería aprovechar que Rin no acechaba para llegar a Eiji y poder contárselo todo con tranquilidad. Estaba segura que él encontraría una solución a su problema, siempre lo hacía.
- ¿Está usted sola? – el hombre levantó la vista de sus lentes momentáneamente, estudiándola. Saorin ya sabía que estaba pensando, pero no le daría el placer de parecer irritada ante esa pregunta.
“Al menos la habitación compensa el trato” pensó mientras se ponía un pijama. Era extraño ver a una mujer joven y desarreglada vagando por ahí, así que mucha gente, sobretodo los posaderos, se sentían recelosos en darle una habitación. Al fin y al cabo una mujer guapa, podría traer problemas.
Se estiró en el cómodo futón pendiente de eso. “Bueno, normalmente suelo dormir bastante alerta, así que no habrá problemasY aspirando profundamente, apagó la luz para dormir.
Unas horas después, el viento repiqueteó en la cerrada ventana, escondiendo el ruido que hacían los pies arrastrándose por el techo. El alivio de encontrar a Eiji había sido tan grande, que se había quedado profundamente dormida. La cara de Rin era de seriedad y tensión, mientras bajaba lentamente al suelo y estudiaba la estancia. Agradeció que fuera luna llena, porque la visibilidad era perfecta. La cara dormida de Saorin se veía perfectamente, y cuando se acercó, sable en mano, comprobó que estaba profundamente dormida.
“Se ha vuelto a relajar” pensó ella mientras acercaba el sable a la yugular de la chica. “Si, parece que si está dormida” en los ojos de Rin no parecía haber ningún brillo, pero tampoco ninguna expresión modificaba su cara. Había conseguido oír perfectamente la conversación de Rin con aquella mujer, enterándose, exactamente hacía donde se dirigiría. No sabía si había sido por rabia o que, pero había decidido cambiar de estrategia. Debía pillarla más desprevenida, y suponía que la chica estaría suficientemente metida en sus pensamientos como para no notar la presencia de ella. Se había mantenido deliberadamente lejos, para hacer que relajara la vigilancia, y hasta ella estaba sorprendida de que hubiera salido tan bien.
Miró el dormido y agradable rostro de Saorin y frunció el ceño dolida, ante aquella expresión de paz. Bajó el sable y con la otra mano se dedicó a apartarle los mechones de la cara. Rozó ligeramente el lugar donde le había dado aquél beso, el más apasionado que había dado en su vida. Hasta Rin estaba confundida ante aquellos sentimientos que la embargaban, pero sabía que no tenía nada que hacer con ellos, debía matar a la muchacha.
- Idiota – murmuró ella con voz vacilante mientras seguía acariciando su pelo – tendrías que haberte dejado ganar. Nunca habría sido capaz de matarte. – y suspiró, frunciendo el ceño – Pero ahora... todo es tan distinto. Tengo que matarte, pese a que no quiera. – Se acercó a la cara de Saorin – Pero una vez te haya matado...- y bajó el tono de voz hasta que solo fue un susurro – me mataré yo.
No fue consciente de que una mano se había movido del futón. De repente, algo empujó su cabeza hacia delante y sus labios se pegaron a los de Saorin. La muchacha hizo rodar a Rin hasta quedar encima de ella, dejando un rastro de mantas a su paso.
“¿Q-que? ¿Que?” pensaba confundida mientras asimilaba el ataque a traición. Pensó que tenia que matarla, que pegarle, que huir, cualquier cosa, pero el beso se había vuelto profundo antes de que ella pudiera acabar de entenderlo y la mente se le llenó de todo menos de la voluntad de apartarse.
Solo cuando el cuerpo de Saorin se pegó más y más a ella y empezó a tantearle las caderas con suaves caricias, la muchacha despertó. Con bastante esfuerzo, ya que la fuerza de ella parecía haber aumentado de alguna manera misteriosa, logró desasirse del cálido contacto. Tratando de recuperar el aliento, la miraba como si estuviera mirando a alguien que no conocía de nada. La ingenua y tranquila Saorin se había lanzado a por ella con el beso más apasionado que nunca hubiera podido imaginar.
- ¿Q-qué? Qué…? –logró decir – ¿Tu no estabas dormida?
- Nunca estaría dormida para ti, Rin – respondió tocándose los labios en un gesto demasiado sensual para que Rin no sintiera otro brinco en el corazón – No tendrías que haber dicho todo aquello en voz alta, no me he podido controlar.
Rin recuperó la compostura a su pesar y se levantó airada, tratando de hacer ver que no le había afectado para nada. Los ojos de Saorin la escrutaron.
- No voy a dejar que me mates, Rin, ten esto presente – y frunció el ceño, como preocupada – aunque visitas nocturnas como estas nunca son mal recibidas – y rió animadamente mientras se palmeaba los tobillos.
- Solo quiero que te quede esto bien claro – y se giró, abriendo la ventana y ocultando así su sonrojo – sino te mato, me matarán a mi. Porque antes de que me destierren prefiero la muerte.
- El día que te destierren – respondió tranquilamente – te estaré esperando. – y no hizo ningún gesto para evitar que la amazona saltara por la ventana.
Tocándose por segunda vez los labios, Saorin se sonrojó y rió nerviosamente. Sus...necesidades habían sido aplacadas esa noche, solo esperaba que la amazona también las hubiera sentido. Cada vez le era más imposible sacarse de la mente a esa rebelde mujer.
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- ¿De verdad? ¿Y dice que es subiendo esta calle? – Su voz no pudo contener la emoción que sentía. Estaba cerca, estaba muy cerca. Sabía que no debía lanzar las campanas al vuelo, al fin y al cabo nadie le aseguraba que ese médico fuera Eiji. Sin embargo todas las pistas apuntaban a que, al fin, había podido encontrarle.
Lo que le extrañaba de veras es que, habiéndose instalado ya, en un pueblo, el hombre no le hubiera enviado ninguna carta ni ninguna llamada. En su casa solo le habían traído las noticias de la nada. Igualmente, no podía dejar de estar animada. Pese a su vacilación inicial, sentía que no podía dejar a Eiji. El escarceo con Rin había sido bastante placentero, pero aún así...había algo que le impedía tomar una decisión respecto a ambos, y sentía que solo cuando lo hubiera visto podría poner sus sentimientos en orden.
¡Y tenía tantas ganas de verle! Reprimió el impulso inicial de subir corriendo la larga calle. Quería llegar bien, aunque mirándose ahora, no tenía un aspecto demasiado agradable. Con la ropa gastada de tanto viaje, el pelo despeinado, cogido en una coleta no demasiado bien hecha, y la cara y el cuerpo llenos de polvo del camino, Saorin se preguntó si verdaderamente parecería una chica. Bueno, dejaría que Eiji la arreglara como debiera, y rió ante sus propios pensamientos.
Solo cuando llegó a la casa, sintió que toda esa expectación ya no era agradable. Se sentía muy nerviosa y no se atrevía a abrir la puerta corredera y comprobar lo que había dentro. ¿Y si no lo encontraba? ¿Y si ya se había marchado? Empezó a dudar mientras tamborileaba en la madera de la puerta, hasta que alguien se le acercó.
- ¿Buscas al médico? – y un suave perfume la embriagó. Una mujer, algo más bajita que ella y de largos cabellos castaños la miraba amablemente. Una niña, también castaña se agarraba fuertemente a su falda mientras miraba con recelo a Saorin – Pareces bastante malherida, pero no te preocupes, él es experto en esto. – Y abrió la puerta, asustando mortalmente a Saorin, que no había dicho palabra en todo ese momento.
La mujer entró, caminando alegremente hacia el hombre que se dirigía hacia la puerta. Pegó una risita cuando él la alzó entre sus brazos y la besó mientras daban vueltas entorno a si mismos, completamente absortos el uno con el otro. La niña deseosa de participar en tanta alegría daba vueltas en torno a la pareja.
- ¿No son deliciosos? – una anciana en el mostrador, miró a la acompañante – Recién casado, si, si es que te lo preguntas. El no puso pegas por el hecho que ella tuviera ya una niña de su anterior marido. Demostró un gran amor por ella, y dudo que ella hubiera podido resistirse. ¿Son tal para cual, no cree?
La anciana parpadeó, sorprendida, al ver que ya no había nadie en la entrada. ¿Se habría imaginado algo?
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Con satisfacción, vio que sus movimientos eran lo suficientemente suaves como para no hacer ningún ruido. La negra noche la ocultaba perfectamente pese a los colores de su vestido. Desde hacía días, que había perdido el rastro de Saorin en el bosque. Había algo extraño en el habitual ritmo de marcha de la mujer, y Rin no podía dejar de sentirse preocupada. El hecho de que, al fin, hubieran llegado al pueblo famoso, y que Saorin se hubiera ido de él tan repentinamente solo le hacía pensar que quizás el médico no era aquél a quién ella buscaba.
En ese caso, pensó con inusitado contento, Saorin debía estar baja de moral, y por lo tanto, más vulnerable. Aún recordaba con vergüenza haberse dejado pillar de esa manera, aunque estuvo varios días tocándose los labios con extraña satisfacción. Cada vez que recordaba todo aquello, el estómago se le ponía al revés, pero estaba empezando a darse cuenta de que era una sensación más placentera de lo que ella estaba dispuesta a admitir.
Se movió con cuidado a través de la casa del bosque. Vio que salía humo de la chimenea y que las luces estaban encendidas. “Así que es aquí donde se ha escondido” pensó frunciendo el ceño. Esa presencia... era sin duda la de Saorin... ¿Pero por qué parecía tan débil?
Sin momento para las dudas, abrió la puerta con fuerza, sable en mano. Sin embargo, a primera vista no la vio. Encontró el fuego encendido, la luz de varias lámparas, la mochila en un lado. Varios de los objetos como cerillas y demás estaban ordenadamente puestos para su uso. En un rincón, cerca del fuego, vio un futon grande y sabanas, ordenadamente puestas.
Y en medio de la estancia, estirada en el suelo boca arriba estaba Saorin.
Con los ojos vacíos de todo brillo y marcas de lágrimas en sus mejillas ni siquiera se inmutó cuando Rin cerró la puerta y se acercó arrogantemente. La amazona la golpeó ligeramente con un pie para ver si aún estaba viva y consiguió que la muchacha girara la cabeza ligeramente para mirarla. Rin contuvo un escalofrío... ¿Qué demonios había pasado?
- ¡Eh! ¡Eh! – dijo agarrándola por los hombros y sentándola – ¿Se puede saber qué te pasa? – Saorin volvió a mirar a Rin, está vez con más cuidado y, de repente, sin ningún gesto previo las lágrimas volvieron a correr por sus mejillas. Con suavidad se agarró a Rin y enterró su cara en su hombro, provocando su nerviosismo. Había venido a matarla y ahora la estaba consolando...- ¡Eh! ¡He venido a matarte, no lo olvides! – dijo apartándola de ella con brusquedad. Agarró el sable y lo dirigió a la cara de la muchacha, que lo miraba indiferente. El movimiento fue rápido, directo.
Pero Saorin no se inmutó, no se movió, cosa que dejó a la guerrera sorprendidísima. Algo había pasado, algo grave por lo que podía deducir de ese estado. Rin se puso de cuclillas observando un buen rato a la muchacha.
- Saorin – y la chica pareció reaccionar a su nombre de manera favorable. Miró a Rin y sus ojos volvieron a coger un poco de brillo, cosa que halagó y alivió a la guerrera. – ¿Que pasa? ¿No le has encontrado?
- Está casado Rin. – y sonrío tristemente – Tan casado como para no darse ni cuenta de mi presencia cuando me lo he encontrado.
- Entonces, ¿Era él? – preguntó, sorprendida. – ¿Lo encontraste?
- Claro que era él. – dijo con despecho – Nadie mejor que yo conoce esas facciones. Ha cambiado Rin, pero seguía teniendo esa mirada, esa sonrisa, y esas manos fuertes... – y se tapó la cara con las manos – que son ahora para otra persona...
Los sollozos hicieron fruncir el ceño de Rin, que parecía haber olvidado ya los motivos de su visita. La miró largamente. Nunca antes la había visto de esa manera, tan destrozada... ¡y llorando! Se suponía que era ella la que tenía problemas; nunca pudo imaginar que ella también debía haber estado pasando por su calvario diario, haciendo frente a sus problemas con su habitual sonrisa y su ingenuidad.
Y verdaderamente había sido ingenua. ¿Esperaba que el hombre la hubiera esperado después de tanto tiempo? No dudo un instante en alargar sus manos hacía el encogido cuerpo de la mujer. Sin embargó ella le rechazó con fuerza.
- No, ¡No lo merezco! – dijo frunciendo sus labios – También te he hecho daño a ti. Solo en pensar... que estaba deseando llegar a Eiji para así no tener más dudas acerca de mi corazón. Creí que con él ya no me tendría que preocupar de nada, que me protegería de todo aquello que me abrumaba...
- Las dudas... ¿Acerca de tu corazón? – vaciló. De toda la palabrería, solo se había quedado con esas palabras. Saorin la miró sorprendida y las lágrimas desaparecieron de su rostro momentáneamente.
- Claro – dijo mirándola, confundida – también te amo a ti. – y aún se sorprendió más de la sorpresa de Rin. – ¿Por qué te crees sino que te besé de esa manera? – la mirada de Rin pareció hasta divertirla de tan abiertos como tenía los ojos. Vio la confusión más auténtica bailando en ellos y, de repente, se sintió aún más cerca de ella – Pero ahora... ya no vale nada – murmuró bajando la vista, dolida de sus acciones – Eiji no ha pensado en mí más que en una novia que dejó en la capital, y luego tu has tenido que marcharte de tu pueblo por culpa mía. –De rodillas delante de Rin, apretó sus manos con fuerza – Pensé que si viajaba mucho y me convertía en mejor persona... acabaría amándome. Pero está claro que lo único que consigo hacer es ser una ingenua y una estúpida.
- Si, así es – la suave pero fría voz de Rin la obligó a mirarla. Había dejado su sable en el suelo, y de rodillas, miraba a Saorin de una manera que no había visto nunca. – Supongo que es por eso ... – y agarró la cabeza de Saorin con sus brazos haciendo que toda ella se apoyara en su cuerpo – por lo que me fijé en ti. –y acarició suavemente su pelo.
- Rin, ¿Es que no lo entiendes? – se apartó de ella mirándola fijamente. La luz del fuego le daba a los ojos grises un toque salvaje – ¡Estoy enamorada de dos personas!
Pero Rin parecía no escucharle, atareada en juguetear con un mechón suelto de su pelo. El gesto era tan tierno que Saorin se la quedo mirando con el ceño fruncido. ¿Es que la estaba escuchando? La guerrera volvió a acercarse está vez cogiendo la cara de la muchacha.
- También me amas a mi. – dijo repitiendo lánguidamente las palabras como si quisiera saborearlas. – Con eso me basta. Además, él te ha rechazado – y apartó la mano de su cara mientras Saorin la miraba contrariada y sorprendida a la vez. – Le tenías tan idealizado que no te paraste ni un momento a pensar si él te esperaría o no. - No se resistió cuando Rin volvió a abrazarla – Y ahora, si quieres llorar, llora.
Estaba demasiado abrumada por el comportamiento de la amazona para ni siquiera llorar. Pensó que no debía sentir tanta alegría por el hecho de que ella hubiera hasta olvidado sus costumbres milenarias para ayudarla en su momento de mayor apuro. Sentía la mejilla de ella contra la suya y la calidez que se desprendía de ese contacto le hizo sentirse mucho mejor. Quizás no había sido tan grave perder a Eiji...
- Ahora que ya estás mejor... – la apartó de sí al ver que la chica no lloraba, extrañada. Saorin parecía pensativa – mejor me marcho. – Sin embargo no pudo moverse mucho más, ya que enseguida la muchacha la cogió del brazo y la volvió a bajar, mirándola con decisión. – No olvides que somos enemigas y que yo he de mat...
Acalló cada protesta que la amazona pudo hacer con un beso, a cual más apasionado. Casi sin dejarla respirar, apretó su cuerpo contra el suyo agarrándola fuertemente por la cintura. Aunque Rin trató de resistirse al principio, supo que no podría hacerlo durante mucho tiempo. Esta vez, la violencia con la que Saorin la sujetaba era mayor y además ella había tenido la mala pata de probar sus labios una vez. Y en estas cosas... una vez se empieza ya no se puede parar.
Y menos con besos tan apasionados como esos. No sabían como podían desvestirse y besarse a la vez, el caso es que la urgencia de la necesidad de ambas hacía que no dejaran sus labios sin ocupación un solo momento. También les costaba sacarse las camisas de tan apretadas la una a la otra como estaban.
Las lámparas, sin nadie que les repusiera el aceite se fueron apagando poco a poco, dejando al fuego y a la luna como únicos focos de luz y calor. Aunque de eso tampoco parecían darse cuenta. Pese a todos los esfuerzos, lograron llegar al futon y esta vez, piel contra piel, acabaron lidiando con sus diferencias y problemas de la manera más inteligente que existe.
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- Buenos días – dijo, susurrándole suavemente al oído y provocando en ella un suave escalofrío – despierta ya, holgazana.
La muchacha morena abrió lentamente los ojos para encontrarse con el pelo de Saorin. No dudó un momento en besárselo, antes de que ella lo apartara riendo suavemente. Se acomodaron en la incomodidad del fino futon calentándose mutuamente contra el frío de la mañana.
- Malos días diría yo – y buscó la almohada para enterrar la cabeza en ella – No quiero despertar.
Saorin parecía entenderla muy bien, así que la dejó tranquila mientras se sentaba para levantarse. La mano de Rin fue más rápida que la tiró otra vez a su lado y se inclinó sobre ella.
- No puedes marcharte – dijo con el ceño fruncido y tan seriamente que la muchacha se preguntó si no estaría hablando en serio. Viendo que Rin miraba demasiado rato su boca, se la acercó para que no se quejara. – ¿Qué va a pasar ahora, Saorin? – dijo una vez se hubo saciado de los labios de su amante y se apoyó en el pecho de ella.
- No lo se... - murmuró mientras acariciaba su pelo – ¿Qué quieres que pase?
- Lo mismo que anoche cada hora del día – y reprimió un quejido cuando Saorin la pellizcó – Supongo que no puedo seguir ocultando que soy incapaz de matarte. Tendré que ir a la aldea. – y levantó su rostro que ya mostraba signos de una gran preocupación.
- ¿Y entonces que pasará? – se recostó sobre un codo mientras la veía tantear para buscar sus ropas. Le hizo un gesto para que también le pasara las suyas.
- No sé – dijo con indiferencia para mirarla con una media sonrisa – ¿Qué quieres que pase?
- Pues que te quedes conmigo para siempre. – y agarró al vuelo su ropa mientras sonreía – ¿Eso es mucho pedir?
- No creo que pueda vivir con la humillación del destierro... -dijo ella, de espaldas mientras se abotonaba su camisa china – Si vuelvo a la aldea y me caso, el incidente se olvidará...
- ¿Casarte? – Pensó que debía estar de broma, pero cuando la agarró del brazo para obligarle a mirarla vio que ella estaba muy seria – ¿Piensas casarte? – Eso si que no iba a permitirlo, se dijo a sí misma Saorin.
- No he vivido con tus libertades. – y frunció los labios en señal de inconformismo – No puedo borrar de mi todo lo que me han enseñado. No quiero ser una desterrada. Volveré a la aldea, Saorin. – y la chica vio con desesperación que Rin ya había tomado una decisión. Sin embargo se resistía a reconocer la verdad.
“Se quiere ir...” mientras se ponía los pantalones, Saorin evitaba mirar en todo momento a Rin “A casarse...” Sentía ganas de pegar a la bonita mujer. ¿De verdad se daría por vencida tan fácilmente? ¿No eran las amazonas personas fuertes de gran entereza?
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Era hasta insultante que con lo mal que lo estaba pasando Saorin, el día fuera tan espléndido. No sabía porque razón, ella también había decidido marcharse y caminaba silenciosamente al lado de la amazona. Suponía que la visión no podía ser más extraña: una amazona vestida a la antigua con una viajera con ropa hecha polvo y una pesada cartera. Sin embargo, Saorin no encontró nunca más correcta una escena como esa.
Demasiado metida en sus pensamientos, casi pega un salto cuando notó la mano de la amazona coger la suya fuertemente. La muchacha rubia la miró sorprendida.
- Si no te voy a volver a ver, quiero al menos caminar contigo así – dijo ella maquinalmente, como si le costara muchísimo pronunciar unas palabras como esas.
- ¿Cómo si fuéramos pareja? – y sonrío al notar el efecto que producía la palabra en Rin. Sonaba demasiado bien, lo reconocía... Demasiado bien como para que se acabara tan pronto.
Llegaron al camino principal, que a ambas les pareció como la senda de la muerte. Pronto llegarían a un cruce... y todo se habría acabado. En ese momento de tinieblas, Saorin empezó a pensar que sino podía volver a tener a Rin con ella, le daría un ataque. Estaba imaginándose ya una historia sobre una amazona casada cometiendo adulterio por las noches cuando Rin frenó en seco.
- ¿Qué pasa?
- Hemos llegado.
- ¿Ya?
- Si.
Y ahí, como si fueran ridículas colegialas, se mantuvieron varios minutos cogidas de la mano, mirando el cruce. No pudo evitar volvérsela a mirar. Y es que era bonita la condenada, con el negro y lacio pelo, con los fríos ojos grises, con los labios marcados de tantos besos que había sido incapaz de controlar –y que sentía que si se controlaba ahora, era por quedar bien – y la mano que la cogía era de largos y elegantes dedos, muy suave y cuidada. Estaba echándole una mirada apreciativa al cuerpo cuando se fijó en algo que colgaba del cinto. Una espada.
- Ese sable... - Saorin se acercó a ella – es igual que el que me dio tu padre el día que me escapé – Y sacó de un bolsillo de al lado de su enorme mochila el arma que le habían dado de prisa y corriendo ese fatídico día.
- ¿¡Mi padre te lo dio!? – Los ojos de Rin se abrieron con sorpresa mirando alternativamente el arma y la cara sincera de su compañera. Después, una sonrisa no pudo evitar aflorar de su rostro, confundiendo a Saorin que la miró interrogativamente – Estos sables... son los que usaron mi padre y mi madre en la pelea que tuvieron antes de casarse.
- ¿Qué? ¿Tu padre ganó a tu madre? – Quien lo hubiera pensado, Quiyon no parecía lo suficientemente fuerte como para vencer a alguien como Kyan-Shin.
- Mi madre le retó en duelo, y ambos lucharon con estas espadas hasta que ella cayó derrotada. Después, siguiendo la costumbre de su pueblo se casó con el. – y Rin movió alternativamente la cabeza – No entiendo como mi padre no ofreció resistencia. Supongo que se debió sentir conmovido por el amor de mi madre.
- Un momento... ¿Tu madre se enamoró de tu padre? – la pregunta, que normalmente sería obvia, parecía normal en la mente de Saorin.
- Pues si. No es normal que una amazona se dedique a llamar en duelo a un hombre si este no le ha hecho algún agravio antes. No si no desea que este le venza y así poder casarse con él. – y Rin miró sus armas – Por eso mi familia conserva estas espadas como símbolo del amor de ambos. Mi padre te la debió dar porque sabía que nosotras también pelearíamos por nuestro amor. – y la sonrisa tímida de Saorin se le contagió.
Saorin inspeccionó el arma que tenia en las manos. Quiyon se la había dado, porque sabía que tendrían que pelear por aquello que querían. Se imaginó la cara de tristeza del hombre al ver volver a su hija con la espada.
- He de marcharme – y besó suavemente los labios de una sorprendida Saorin que aun no parecía creérselo. ¡¡Se iba de verdad!!
- ¿Saorin? – La voz la pillo tan desprevenida que pegó un bote.
Si en la cascada había abierto los ojos como platos, ahora eran gongs de tamaño máximo. El hombre al que había querido más que a nada desde hacia casi tres años, que había perseguido y buscado por toda China se encontraba parado con una bicicleta con el pelo casi hasta los hombros de un castaño que brillaba más claro al sol como briznas de paja. Una barba de tres días y unas gafas de lente pequeña y algo torcidas le daban un aspecto algo desaliñado que contrastaba con la bata blanca que llevaba.
La cara de Saorin se puso de todos los colores y más. No sabía que hacer, ni que pensar, ni que decir, y pareció olvidar completamente la presencia de Rin, ya que ni siquiera notó como esta soltaba bruscamente su mano.
- E-Eiji... – No era una pregunta, era una afirmación. Una afirmación certera y dolorosa.
- ¡Cielos! – soltó mientras se sentaba indolentemente en el asiento de su bicicleta y se echaba el pelo hacia atrás – ¡Madre mía! ¡Hacia siglos que no te veía! – Parecía muy sorprendido.
- Si... –de repente se sintió muy frágil – Un año, 6 meses y 17 días, exactamente.
- Siempre tuviste mejor cabeza que yo – rió ahora echándose para adelante – Eras extraordinaria en la universidad... aunque no sé si continuaste... – y le echó una mirada apreciativa a sus ropas – ¡No sabía que fueras una aventurera! ¿Siguiendo los pasos del maestro? – Rió otra vez, acercándose a Saorin.
Ridículo. Absolutamente ridículo. Ahí estaba ella, manchada con el polvo de un camino recorrido desde hacia mucho tiempo, con las marcas borradas de unas lágrimas que, hasta hacia poco no habían parado de manar... todo eso por el hombre que estaba delante de ella, bromeando como si fueran compañeros de clase que no se veían desde hacía tiempo... ¡¡¡Habían sido muchísimo más que eso!!!
Eiji se dispuso a darle una palmadita amistosa en el hombro, pero algo capturó su mano antes de que pudiera. Eso despertó a Saorin de golpe de su alucinación.
“¡Rin!” Acababa de acordarse de que la amazona no se había ido todavía, y no hacía falta romperse mucho la cabeza para darse cuenta de que estaba furiosa. Los ojos grises relucían como el acero y la mano apretaba brutalmente la muñeca de Eiji.
- No... te... atrevas ... a ...tocarla... – dijo conteniendo algo que Saorin agradeció. Parecía lívida del enfado que tenía – C- como p-puedes...
- ¡Rin! – rápidamente, antes de que pudiera continuar hablando, separó la mano de Rin del brazo del hombre que se frotó la muñeca algo asombrado. La mirada fría de la amazona se posó sobre ella, como pidiendo explicaciones por la interrupción. Esperó que su comunicación de miradas fuera ya lo suficientemente fuerte como para darle a entender que no dijera nada. Su compañera pareció muy ofendida ante eso.
Estaba claro que Rin no entendía como Saorin no se lanzaba a su yugular del insensible que parecía no dar importancia al hecho de que la había abandonado.
- Vaya, Saorin... –dijo él con una gota de sudor en la cabeza – que novia más celosa tienes. – no lo dijo con malicia, pero Rin se tensó de nuevo, como a punto de abalanzarse a por él. Saorin sonrió forzadamente mientras le tiraba de la ropa instándola a calmarse. Estaba claro que la impresión inicial de Rin sobre Eiji no había sido la más favorable del mundo. – ¡Suerte que no le has dicho que soy tu exnovio! – y rió otra vez ante su propia ocurrencia.
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Para cualquiera que no conociera a Eiji pensaría que estaba un poco loco. Reía continuamente y parecía no darle importancia a nada ni a nadie. Demasiado despreocupado, siempre hacía lo primero que se le pasaba por la mente sin pensar en las consecuencias. Saorin lo había definido alguna vez como “El niño más revoltoso del mundo en el peor sitio posible... el cuerpo de un adulto” y Eiji siempre había reído.
Pero reconocía que esta vez, hasta ella misma estaba asombrada. ¿De verdad había olvidado todo lo que se dijeron antes de marchar? Bueno, quizás nada significativo, en realidad no se dijeron si continuaban saliendo o se cortaba la relación. Y parecía que cada uno había entendido cosas distintas.
Todos estos pensamientos corrían a la velocidad de la luz por su cabeza mientras sorbía inconscientemente un té bastante amargo. La luz de la consulta era natural y el calorcito se filtraba por las ventanas abiertas de par en par, para disgusto de la anciana que estaba sentada en recepción.
Lo que más le sorprendía a Saorín era que Rin estaba sentada justo a su lado, inspeccionando con la mirada la consulta y fusilando a Eiji de vez en cuando con sus ojos grises.
“- ¡No puedes negarte a un té en mi consulta Saorin-chan, hace milenios que no nos vemos! Tengo té suficiente para las dos.”
“No bueno, es que Rin...bueno...ella...”
“Yo voy contigo.” Había respondido secamente
“¿¡Que!?”
Y ahí estaban. No podía negar que se sentía inmensamente feliz de que la separación con Rin se hubiera pospuesto, porque no estaba segura si hubiera soportado verla marchar y tener que enfrentarse a Eiji sola. Aunque era más que evidente que solos no estaban. Eiji nunca se había caracterizado por darle mucho valor a la intimidad, ¡Pero es que ahí solo faltaba el gato!
Mientras su recién estrenada mujer (que había reconocido a Saorin, para su vergüenza...) arreglaba el desordenado botiquín que Eiji llevaba en la parte trasera de la bicicleta, la abuela que se sentaba en recepción parecía encontrar mil y una excusas para entrar en la consulta y oír la conversación. Mientras, la recelosa niña de pelo castaño estudiaba a Rin que le lanzaba miradas de fastidio de vez en cuando ante tal insolencia.
- Así que lo dejaste. – el médico no parecía notar el amargo gusto del té y escuchaba interesado a Saorin. – Eras muy buena, es una lástima.
“¿¡Y por quién demonios te piensas que lo dejó!?” pensaba Rin enfadada. No entendía nada. ¿Por qué Saorin no se rebotaba? A ella le estaba sentando fatal que el hombre no recibiera su merecido. No estaba acostumbrada a callarse tantas cosas...
Y ahí estaba ella, respondiendo dócilmente las preguntas del hombre, tergiversando ligeramente toda la realidad para que no se notara demasiado. Rin no sabía a que se debía, pero sentía una antipatía enorme. Y el hecho de que Saorin pareciera tan embelesada ante él la frustraba aún más.
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En la oscura noche sin luna del pueblo de Miyeng-Suang sólo una oreja entrenada hubiera podido escuchar el silencioso susurro de una puerta al cerrarse. Las luces de la consulta seguían abiertas, y se oían unas apagadas risas en el interior. Se dispuso a seguir caminando cuando notó inmediatamente la presencia de alguien antes de que hablara.
- ¿Te vas? – aunque trató de que no se notara, la voz le temblaba ligeramente.
- Si.
- ¿Y has de hacerlo así? – parecía dolida y la chica morena sintió una punzada de culpabilidad que ocultó muy bien.
- Dime que no es lo mejor. – le retó ella – Parecías muy absorbida por él como para darte cuenta de mi.
Saorin se sorprendió. Pensó en reírse, pero sabía que Rin hablaba en serio. Supuso que no debía entender que lo que sentía eran unos celos enormes.
Trató de explicarse de alguna manera, pero sabía que sería inútil. Notó el suspiro de sorpresa cuando la cogió por detrás y aspiró profundamente el aroma de su suave pelo. Sin embargo, no se resistió. “Vamos mejorando en comunicación” pensó. Rin parecía haber entendido el gesto de devoción y amor por ella.
- Por qué no me has dejado decirle nada – Rin rompió el tranquilo silencio que se había formado después del gesto de Saorin. – Es más tu deberías haberle dicho algo. Y sin embargo estabas ahí... inventándote una estúpida historia...
- Me di cuenta de que en realidad no me importaba – dijo ella después de pensárselo. Había llegado a la conclusión después de haber estudiado su reacción al ataque de Rin. Cuando había despertado de su letargo, le había interesado más Rin, su reacción y su furia, que si Eiji la recordaba o no. – No tenías razón cuando me dijiste que lo había idealizado. Sigue siendo el mismo hombre ideal, despreocupado y alegre que conocí hace años. Pero lo importante... es que todo eso no me importa. – Se apresuró a decir, notando que Rin se había quedado muy callada – Puede ser todo lo ideal que quiera, que solo tengo en mente a una persona.
Obligó a Rin a girarse y cuando sus ojos se fijaron en los claros de ella, comprobó con placer que tenían la misma altura, y que los labios de ella quedaban en la misma línea que los suyos. La amazona estaba intentando ocultar la inseguridad que sentía con un puchero. El gesto le pareció adorable... aunque en realidad, pensó, cualquier gesto de ella se transformaba en “adorable” en el mismo instante en que Saorin lo veía. Y eso solo hizo que demostrarle una cosa... se había enamorado.
- Te abandonó. – Los ojos grises despidieron un aura fría – Lo has estado buscando desde hace un año y medio... ¿Vas a dejarlo así?
- Te he dicho que no me importa... lo único que espero es no tener que buscarte a ti. – y la abrazó fuertemente, como temiendo perderla en cualquier instante. – No puedes irte – dijo débilmente después de notar que Rin la correspondía.
- Me tengo que ir. – se dio cuenta, de repente, que la añoraría mucho una vez se hubiera marchado. Pero ni aun eso la disuadía de su determinación. Ella no sería desterrada. – No he conseguido matarte...
Entonces la puerta se abrió poco a poco, sorprendiendo a las dos chicas.
- Esa era la historia verdadera. – Eiji hizo un gesto apesadumbrado – ya decía yo que no me acababa de convencer tu historia de un suspenso. –y se mesó los cabellos, incómodo al ver que Saorin se había quedado sin habla, avergonzada.
- No quería que te sintieras presionado – empezó a decir – Tienes una vida fantástica, no era el momento para empezar a remover cosas del pasado... olvidadas...
- No para ti, por lo que veo. – y un silencio muy incómodo se instauró entre ambos.
Rin ya estaba dispuesta a coger sus cosas y marcharse cuando el hombre se revolvió de nuevo, más bruscamente el pelo y abría la boca para hablar.
- Oye, Saorin – y la miró fijamente – pensaba... bueno, no sé que pensaba... vamos, al menos no pensaba que te lo tomarías tan en serio, no pensé que fueras tan valiente... lo que has hecho es algo que no se lo hubiera pedido a nadie. Pero yo...
- Eiji.
- ...vamos, que te quería mucho... y aun lo hago, ¡No me vayas a entender mal!
- Eiji...
- Pero cuando me fui no pensé en ningún momento estar llevándome...
- ¡Eiji!
- ¿Qué? – y levantó la cabeza que cada vez estaba más baja debido al mal rato que estaba pasando al decir todo eso. En ese mismo instante estaba recordando la vez que se había declarado a su mujer.
- Está bien – dijo ella tratando de tranquilizarlo – No pasa nada, no me afecta.
- Pero si ella misma ha dicho... – sorprendido, señalo a Rin con la mirada.
- Bueno, digamos que ahora me gustaría cambiarle el nombre – y sonrió, por primera vez en algún tiempo, con auténtica alegría – en vez de “Viaje-estúpido-a-la-búsqueda-de-un-hombre-sin-sentimientos” ahora me gustaría llamarlo algo así como “Viaje-de-entrenamiento-donde-encontré-a-la-mujer-de-mi-vida” ... ¿Qué te parece?
Y para sorpresa de Rin, Eiji rió con una estruendosa carcajada, como si todo el silencio incomodo se hubiera esfumado de repente. Parecía muy asombrada de la manera en que Saorin llevaba todo... ¿De verdad no le importaban un año y medio de viaje? Por infinita vez, comprobó que la chica tenía una manera de pensar bastante distinta a la suya. ¿Habría sido ese hombre quién le había contagiado esa despreocupación?
- Siempre fuiste buena poniendo nombres – y se adecentó el pelo, que había quedado hecho un nido de pájaros.
- Si. – y sonrió dulcemente. Era extraño. Los recuerdos de su relación, antes tan incómodos y dolorosos, habían pasado en un instante, a convertirse en algo dulce.
- Igualmente, Saorin, lo siento. – Rin pensó, a su pesar, que el hombre parecía sincero. Observó un poco incómoda que ambos tenían una comunicación más allá de las palabras muy fuerte. Parecían decirse mucho más de lo que se hablaba.
- ¿Rin? – Saorin si giró alarmada al notar movimiento detrás suyo. Rin había cogido su fardo con una tranquilidad pasmosa. Ninguna expresión cruzaba por su cara.
- Eso no cambia mucho mis planes. – dijo sonriendo tristemente. Al menos, se iba sabiendo que Saorin tenía curadas las heridas. ¿O eso le dolía mucho más? Cuando por fin ya no parecía haber nada que pudiera estar en medio de ambas, llegaba la dolorosa verdad de la partida.
- ¡Rin! – y trató de cogerle la mano para retenerla. Pero Rin parecía hacer caso omiso de los intentos desesperados de ella por retenerla. “No me lo pongas más difícil...” pensaba la amazona.
“Se quiere ir, se va... la perderás...” su mente repetía maquinalmente esas palabras, negándole la euforia de una respuesta... porque tenía que encontrar una solución que evitara un deshonor para Rin, pero que le permitiera seguir con ella “Y es evidente que no me voy a dejar matar...”
¿Pero que mas daba? Si no volvía a tener a Rin con ella... entonces casi prefería dejarse matar por ese sable.
Dejarse matar...
- ¡¡CLARO!! – el grito fue tan fuerte que asustó a Eiji y a Rin. La cara de Saorin parecía haberse iluminado por completo, y Rin pensó sino se había vuelto loca de repente. Quedó bastante sorprendida cuando Saorin se giró hacia Eiji. – Eiji, me vas a tener que devolver el año y medio. – dijo seriamente, aunque sin poder aguantar la sonrisa que nacía de sus labios.
- ¿Devolver? – dijo él también pensando lo mismo que Rin.
Corriendo hacia Rin, le desenvainó el sable sin ningún reparo ni explicación y se acercó rápidamente a Eiji que la miraba aterrado.
En esas, salió la mujer de Eiji y se quedó también petrificada ante la escena. No era muy normal ver delante de una consulta de médico, a una mujer vestida con ropas tradicionales guerreras, un médico con la cabeza parecida a un nido de pájaros y a una chica de ropas gastadas con un sable enorme y una animosa sonrisa.
- Tu eres médico licenciado, verdad?
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El bullicio de la ciudad se veía un poco amortiguado en ese pasaje donde no podían pasar coches. Sin embargo, el ruido de la gente parecía superarlo con creces. Era una calle bastante comercial llena, sobretodo de bares al aire libre, con bonitas mesas redondas de metal y algún parasol de elegantes colores que peleaban, a veces, con las ramas bajas de algún árbol joven.
Las miradas de la gente cercana estaban posadas en las dos mujeres que charlaban animadamente en una de las mesas, enfrente de una brillante copa de batido.
- No pienso hacer eso. – gruñía una.
- ¡Pero es algo típico de hacer en una cita, Rin! – reía la otra mirándola interesada. – Ahora no puedes echarte atrás.
La muchacha de fríos ojos grises le echó una mirada asesina a su compañera. Con el pelo negro lacio y brillante, Rin no había podido dejar del todo atrás los pasadores de pelo y algunos de ellos cogían parte de su pelo dejando caer el otro en una preciosa cascada hasta llegar casi a los hombros. Saorin había conseguido embutirle lo más discreto que había encontrado que no incomodara a la guerrera, y vestía un sencillisimo vestido chino sin ningún ornamento.
Saorin parecía haber cambiado radicalmente. El pelo estaba recogido en un extraño moño que dejaba escapar algunos de sus indisciplinentes cabellos rubiencos. Vestía ropa occidental: una bonita camiseta de tirantes y unos pantalones que no acababan de llegar al tobillo.
- Es lo más vergonzoso que me has pedido hacer hasta ahora. – dijo ella frunciendo los labios disgustada.
- ¿Estás segura? – rió al ver el bote que pegaba Rin cuando acarició sus piernas por debajo de la mesa.
- ¡Saorin! ¡Cuántas veces te he de decir que no hagas eso! – la muchacha parecía horrorizada, con las mejillas coloreadas que, por supuesto, para Saorin solo la hacían más adorable. – Parece mentira que seas tan descarada. – y la miró ofendida mientras jugueteaba con una de las pajitas del batido - Quien lo iba a decir, con lo tranquila y calmada que parecías...
- Es que con la gente que me vuelve loca sexualmente no puedo evitarlo – dijo distraídamente, esperando que surgiera el efecto deseado.
- Sabes... que no me gusta que... digas esas cosas... – dijo susurrante, muy amenazadora. Pero a Saorin no parecían afectarle las amenazas.
- ¿El que? – levanto la supuesta atención que le provocaba el batido para mirar a Rin con fingida sorpresa e inocencia – ¿Atraer sexualmente? ¿Sexo? ¿Sexualidad? – y dio el toque final haciendo un mohín.
La cara de la amazona se volvió de todos los colores mientras giraba la cara ofendida.
- Las chicas de pueblo sois unas mojigatas. – suspiró ella, disfrutando en cada burla de la reprobación de su, y ahora podía decirlo bien, novia. – Y tienes unas piernas demasiado increíbles para resistirse. – Sorbió un poco de batido mientras observaba a la gente pasar. Estaba disfrutando del sol cuando notó a Rin mirarse en los vidrios del bar tratando de que no se diera cuenta.
- ¿Mirando lo bonita que eres? – dijo suavemente, sacándola de las cavilaciones. La mirada de Rin cogió un deje de cansancio.
- Estaba pensando... en que cada día que pasa me parezco más a “ella”. – y siguió removiendo el batido. – Quien sabe...
Saorin la miró aprensivamente.
- Ella estará bien... –sorbió un poco de batido – tu padre cuidará de ella.
- Supongo...
- ¿Crees que te creyó cuando se lo dijiste?
- Seguro... sé leer bastante bien a mi madre – y sonrió débilmente ante ese recordatorio – Además tu idea fue demasiado buena. No podría haber sospechado. – y le guiñó un ojo a su compañera que rió.
- Bueno, en realidad fue gracias a Eiji que aceptó.
- Lo único bueno que ha hecho en mucho tiempo – gruñó ella al oír el nombre.
- ¡No me digas que no tiene mérito! – arqueó una ceja divertida ante la reacción de la amazona – Me hizo un certificado de defunción que consiguió hacer firmar a amigos suyos. Me consiguió testigos de mi propia muerte y todo... Y lo de los sables ya fue un colofón. – se palmeó las caderas, divertida – Tu padre es muy inteligente.
- No se como pudo entenderlo enseguida. Creo que ni se lo preguntó. – Sorbió un poco de batido – Cuando llegué con el certificado y saque los dos sables demostrando ya del todo que había conseguido recuperarlos...se supone a partir de tu muerte... Solo me miró y esbozó una sonrisa cuando ella no miraba.
- ¡Y cuando te fuiste de viaje de entrenamiento te los regaló! – y Saorin sonrió orgullosa – Quizás no debió entender muy bien como te lo hiciste, pero supo que nos habíamos salido con la nuestra.
- Si. – y Rin sonrió. Era un gesto que últimamente estaba empezando a aprender. No eran esas sonrisas sarcásticas y orgullosas que mostraba en la aldea, sino una auténtica sonrisa de corazón que hacía brillar a la guerrera de una manera muy especial. También se había ido calmando poco a poco, y su aura de asesina se había ido diluyendo, aunque Saorin sabía que nunca se iría del todo.
- ¿A qué hora llega tu hermano?
- De aquí una hora – respondió mirando el reloj colgado dentro del bar – Seguro que debe estar como un niño con zapatos nuevos. En su vida ha visto un tren. Cuando vea todo esto se va a poner como loco.
- Le gustará, ya lo verás. – y acarició la mano de la chica. – Aunque antes tendrá que recuperarse de la paliza que le voy a pegar. - Y Rin volvió a reír. – ¿Alguna carta más de Shuen-Li y su familia?
- Al final consiguieron salir del pueblo. Parece que Eiji – e hizo una mueca al decir el nombre – consiguió poner a su padre de ayudante en el consultorio. Me dijeron que Shuen-Li tiene madera de médico.
- ¡Vaya, me saldrá una rival profesional!
- Preocúpate antes de acabar la carrera! – la reprendió Rin toda formal mientras Saorin sorbía más batido. Desde que habían llegado a la capital, había insistido en que Saorin siguiera con eso que llamaba “carrera” o lo que fuera para llegar a ser médico.
Rin dejó de juguetear con la pajita y tomó un sorbo de batido.
- Rin. – dijo Saorin mientras acercaba su cara a la de ella con una sonrisa maliciosa.
- ¿Qué? – arqueó una ceja, esperando alguna que otra insinuación o lo que fuera que planeaba.
- Acabas de hacer lo propio de una cita. Has estado bebiendo de un batido compartido – y señaló la copa de batido de donde salían dos coloridas pajitas – Un paso más para la normalidad.
Rin se apartó bruscamente de la copa pero Saorin le frenó el movimiento con la mano para besarla. A ella. A su novia.
Por primera vez, con el tibio sol, en una alegre calle comercial y frente a un delicioso helado y unos deliciosos labios, Saorin pensó que nada podía salir mejor.
FIN
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Todo el universo de esta historia nació de la serie de Ranma ½. La idea de una amazona rebelde me la dio Shampoo, y pensé que sería interesante escribir un yuri sobre eso (necesitaba una excusa, quería escribir uno!).
¿Y el guía no os suena de nada? Es el mismo que el de Jusenkyo. Y la aldea, por supuesto es la aldea de Shampoo. ¡Y Rin Rin es la misma! Quizás con algunos años de más, aunque aun no tengo claro en que época sucede la historia...
En un principio quería hacer algo corto pero está claro que lo de usar personajes originales me mata, porque me pareció frío el no darle carácter almenos a las protagonistas... y así durante párrafos y párrafos. Y aún creo que la relación no me ha salido lo suficientemente creíble porque no le he dedicado más párrafos xD
Espero que os haya gustado, y no dudéis en enviarme vuestras opiniones.