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Anime/Manga » Yu-Gi-Oh » Un Momento Más font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Baku-Chan
Fiction Rated: T - Spanish - Romance/Tragedy - Ryou B. & Yami B. - Reviews: 16 - Published: 03-06-04 - Updated: 03-06-04 - Complete - id:1761523

Un Momento Más

¡Konnichiwa! bien, aquí ando de nuevo, con las indispensables notas que de vez en cuando se ocupan, así que aquí vamos, esto originalmente sería un lemon U por ahí me habían insistido de eso, lamentablemente no terminó así gomen-na. Esto sin embargo contiene algo de lime (Ósea que no se llega a tanto), y como era de esperarse es un Ryou/Bakura, solo que en esta ocasión de un solo capítulo. Espero que sea de su agrado, ahí me dicen que tal.

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Eso era algo fuera de lo normal, Bakura tenía días sin moverse o dirigirle la palabra a su aibou. Por un lado para Ryou las cosas no estaban tan mal, puesto que la relación que llevaban no le era muy grata; su contraparte oscura siempre lo criticaba, lo menospreciaba, jugaba con su mente y con él, eso lo confundía. Aunque, si el yami se encontraba tan pasivo, tendría que ser por algo. Un par de días de descanso no le sentaban mal al muchacho, pero la incertidumbre de que sucediera algo terrible comenzaba a acongojarlo cada vez más fuertemente, aunque tratara de no mostrar ese sentimiento a su compañero.

Lo sorprendente era que con el Bakura que veía siempre y con el de ahora, a pesar de comportarse diferente, Ryou nunca podía sentirse a gusto. El espíritu de la sortija solía pasar largo tiempo observándolo, sin importarle si su hikari llegaba a percibir su profunda y fija mirada. Siempre parecía ser por la misma excusa, asegurarse que su preciado artículo del milenio estuviera en buenas manos, a salvo.

Ya se encontraban a altas horas de la noche, el muchacho no lograba conciliar el sueño, algo dentro de él seguía perturbándolo, lo primero que le pasó por la mente fue que se debía a lo agotado que lo habían dejado sus tareas, después, prefirió ignorar ese sentimiento, el cual, poco a poco parecía irse retirando. Tranquilamente fue a la cocina por un pequeño bocadillo nocturno, eso podría ayudarle un poco.

Titubeó un poco al notar que su yami se encontraba sentado en una silla apoyando sus brazos en la mesa, con una mirada baja, como si estuviera pensando muy profundamente. ‘¿Qué puede ser tan grave?’ se preguntó dentro de su mente Ryou un tanto nervioso. “¿Se encuentra usted bien?” claramente el cuestionamiento mostraba la habitual timidez y el ligero temor que el muchacho tenía por causa de estar en el mismo sitio que su contraparte. Realmente no esperaba escuchar una respuesta, conociendo al espíritu, a la última persona con la que siquiera pretendería justificarse sería su hikari.

Pero, como era de esperarse por este asunto, el ser milenario movió su cabeza en forma de negación. Con pasos lentos y firmes el más chico se acercó hasta quedar a un lado de su acompañante, entre las sombras de la oscura noche. “Me gustaría saber que ocurre...”. Bakura exhaló pesadamente, y se concentró, si lo haría, ese podía ser el momento, era mucho para terminar con nada.

Aún sin levantar su rostro, el mayor se explicó, “No estoy muy contento con todo lo que te he hecho... No es justo para ti... El que desquite siempre mis problemas contigo... Esto es muy difícil de decir...”. Ryou sonrió entre la última pausa, había esperado mucho tiempo muy pacientemente para que su yami comenzara a tomarlo más en cuenta, creía que no era tan malo como en la mayoría de las veces se mostraba. Él lo quería, lo amaba secretamente, sentía una irresistible atracción hacia él, y si se lograba una amistad, estaría un paso más cerca de poder demostrar al menos una pequeña parte de eso que ocultaba tan celosamente.

Bakura tomó las manos de Ryou, “La verdad es que te amo, Ryou... Solo te molestaba... Y hacía esas cosas, para... Llamar tu atención... No lo haré más... No más juegos”. Ryou no creía lo que escuchaba, “Tiene que estar bromeando, es un juego, un juego más” terminó pensando en voz alta. Su yami se animó a verlo entonces, sin decir nada, sin expresar nada, solo fijando sus ojos en los de él, su hikari sonrojó y se sintió mal por el comentario.

En verdad el chico no había podido distinguir la expresión, pero al notar que no le era reprochado nada, comenzó a convencerse. “No tienes que responderme nada”. Todo un sueño hecho realidad, tal vez las cosas si podrían funcionar. “Por eso ha estado así últimamente, ¿Por mi?, creo que después de todo podremos ser amigos”. Bakura apenas creía lo que escuchaba, la puerta a lo que deseaba, comenzaba a abrirse.

“¿Solo amigos? Yo podría ser algo más profundo para ti” Respondió el yami de forma seductora haciendo sonrojar a su acompañante muy notablemente. “¿Puedo pensarlo un poco?”. Pensar... no había nada que pensar, la respuesta era tan simple cono una pequeña afirmación, solo que Ryou no se atrevía a contestar tan pronto, no si seguía pensando que todo eso era un sueño. Revisar que estuviera despierto era lo que necesitaba. Lo que más deseaba en el mundo, y todavía se tomaba la molestia de pensarlo, eso era característico del niño.

La sonrisa de Bakura fue considerada como una afirmación, con esto Ryou regresó a su habitación. Largos momentos después notó que no había tomado su bocadillo nocturno, un gran antojo y deseo por regresar a la cocina se hacían presentes. La puerta de la pieza sonó un par de veces. “Adelante”, Bakura entró con una bandeja. “Todavía tienes hambre ¿No es así?”. Era normal que si se habían encontrado en la cocina era por motivo de comida, solo que el que su yami le llevara algo, lo tomaba diferente.

Ahí fue cuando Ryou se percató de algo más, una botella llena de un líquido algo suave y de color carmesí. “Eso es...”. El mayor colocó la bandeja en un lado, cerca de la cama, sacó dos copas de cristal, y abrió la botella. “Para celebrar”, eso le era un poco confuso al chico, “¿Qué cosa?”. Rápidamente las dos copas estaban servidas, “El que tu me hayas aceptado”.

Técnicamente su aibou todavía no lo había hecho, pero de igual forma Bakura sabía que su contraparte terminaría aceptando. “Pero yo aún no...”. “No me engañas, sé que me amas”. El menor solo se preguntaba de donde había sacado su otro yo tanta seguridad.

“... Si... Pero no creo que deba tomar eso. No es correcto”. “¿No te cansas de hacer lo correcto todo el tiempo?. Yo te estoy cuidando. Un pequeño sorbo no te hará daño”. El espíritu de la sortija movió ligeramente de un lado a otro la copa con la sustancia embriagante. Dudoso, su compañero la probó, no estaba tan convencido hasta sentir su aroma y su sabor, nunca había tomado algo como eso. Justo como el ladrón de tumbas esperaba que sucediera.

El sabor era tan único, nada como eso, rápidamente Ryou había acabado con el suyo cuando Bakura solo llevaba un pequeño sorbo. Le sirvió un poco más, “Con calma...” para entonces la comida ya había sido olvidada. Su hikari no dejaba de sonreír, le agradaba mucho, poco a poco fue consumiendo gran parte de la botella, hasta que su amado consideró suficiente y le apartó el resto de él.

“Mi cabeza... no debí...”. “Probablemente”, Bakura recostó a su compañero en la cama, posesionándose sobre él. Ryou comenzaba a mostrarse muy risueño, demasiado para el gusto de su contraparte. “Ríes” afirmó el mayor, no seguido veía eso en su aibou. Se quedaron viendo por un rato, “Ha de ser por la botella... me siento mareado”, respondió pesadamente mientras giraba su cabeza a un costado de la cama para ver tal objeto tirado en el suelo. El objetivo del yami era que su hikari tomara un poco, hasta relajarlo lo suficiente, pero no entendía como es que había sido tan fácil, sabía que Ryou lo amaba, la mente del chico era muy transparente, mas sentía que las cosas le eran un poco fáciles.

El muchacho nunca había tomado algo como eso, claro que alguien tan responsable como él no en cualquier circunstancia se había dejado caer, lo hizo por la presión que sentía, él quería mucho a su yami y no había podido darle una respuesta, el espíritu se portaba bien y aún así seguía con esa extraña sensación dentro de su pecho; de no ser por eso, el tratar de darle una respuesta, el querer sentir que todo estaba bien, no se habría animado a beber un poco, aunque la idea era solo un poco para poder despejar su mente. Entre uno y otro pensamiento, la cuenta de sus pequeños sorbos se perdieron.

Su yami se reacomodó sobre su compañero, y con sus dos manos tomó el rostro del menor para rápidamente girarlo al frente, “Creo que estoy algo ebrio”, “Yo también lo creo”. Viendo que Ryou estaba muy tranquilo, probablemente pensativo, el espíritu de la sortija comenzó a desabotonar la camisa del menor. “Que bueno que es usted quien está conmigo y no algún otro que quiera aprovecharse de que esté ebrio”.

¿Estaba o no conciente Ryou?, su parte oscura estaba seguro de que no, pero la respuesta que había recibido podría haberlo confundido un poco. “No eres tan débil como para dejarte vencer por tan poco”, el oyente rió irónicamente ante el comentario mientras involuntariamente era despojado de su camisa. “Si... Soy fuerte, como mi yami quiere que sea”. Ninguno de los dos puso mucha atención a aquellas palabras. “En verdad me quieres... Aún no entiendo el por que”. “Yo le amo con todo mi ser... Pero no le diga, podría enojarse”.

“¿Tu crees?” No era demasiado el interés del mayor por saber lo que su aibou pensaba, estaba más concentrado en la siguiente prenda de su hikari. “Lo sé... Aunque... a pesar de que a veces es muy brusco conmigo, se que me quiere... No hay nada de malo en eso”. Al poco tiempo ni una prenda separaba sus cuerpos, la tibia piel de uno hacía estremecer al otro.

Bakura tocaba y sentía el cuerpo que tenía bajo sus brazos como si hubiera esperado toda una vida por ello, Ryou no estaba apto para responder algo, sin embargo se notaba que sentía lo que su yami hacía por los ligeros suspiros que producía. El ladrón de tumbas no mostraba interés por la mirada oscura y perdida que el otro transmitía en su cuerpo casi inerte, no se fijaría en esa clase de detalles, no consideraba motivo alguno para hacerlo.

Los besos apenas tenían respuesta, el muchacho sentía como si su cuerpo estuviese desvaneciéndose, y como si por momentáneos momentos le faltara el aire, pero la fricción de sus cuerpos le producía una sensación acogedora, algo que deseaba. La noche transcurría en esos momentos en los que se conocían, en los que Bakura revolvía el cabello de su contraparte cuando simultáneamente lo besaba intensamente, en las carisias furtivas que Ryou pausadamente hacía...

El espíritu de la sortija estaba más que extasiado y fascinado, pero esto no duraría por siempre. Separó las piernas de su hikari y lento a la vez que inquieto, sin dejar de mover su cuerpo sobre Ryou, metió un dedo dentro de él, haciéndolo gritar, aunque no muy fuertemente por el agotamiento de su cuerpo y de su mente en ese instante en el que se dudaba del conocimiento que tenía su aibou. “¿Esto te duele?”. El más chico asintió levemente con su cabeza, renegando suavemente con su cuerpo, tratando vanamente de separarse. “Que bueno... Pronto sabrás lo que es en verdad dolor”...

En la mañana, después de que ya todo había pasado, Ryou comenzó a percatarse de un tremendo dolor por todo su cuerpo mientras despertaba de su profundo sueño. Al estar totalmente despierto abrió sus ojos enormemente, ideas borrosas llegaban a su mente, y el tener a su yami a un lado le era preocupante. Recordaba lo que había sucedido en un principio: la disculpa de Bakura, el verlo entrar a su habitación, y una que otra cosa no del todo clara.

Su rostro se puso totalmente rojo ante la idea, había hecho algo que casi estaba seguro que nunca podría hacer con su yami, sobre todo por lo tímido que era, e irónicamente no lo recordaba, sin embargo estaba seguro de que si sucedió aquello, en el suelo seguía la botella, él y su compañero no estaban vestidos, compartían la misma cama...

Lo hecho, hecho estaba, independientemente de que su mente lo procesara o no. “Bakura”, tímidamente y lleno de dudas el chico movió a su contraparte. Al principio su yami semidormido le gruño, pero tras insistir un poco más, logró tomar la atención del mayor, “¿Qué quieres?” interrogó de muy mala gana Bakura “Estoy ocupado”. “¿Demasiado para mi?” insistió Ryou tratando de llamar su atención. “¿Tu que crees?”.

“Pe...pero...” No lo soportaba, no toleraba la forma en que su amado le hablaba, muy molesto después de lo pasado, y eso se reflejaba muy claramente es su rostro. “Por favor, ya me entretuviste una noche, estuvo bien, pero ya no te necesito... No te preocupes, ya sé como hacerle para la próxima vez que quiera convencerte para utilizarte”.

“¡No diga eso! ¡Retráctese!” Gritó totalmente molesto y apenado Ryou, desprendiendo lágrimas de sus enfurecidos ojos. Soportaría todo, menos algo como eso, ser considerado un objeto, un juguete... Algo para un simple juego. “¿Para qué si es la verdad? Sigo sin entender como es que creíste que una persona puede cambiar tan rápido... Y tan fácil... ¿Yo quererte?, vete con tus sentimientos de niño a otra parte que me estás poniendo de mal humor”. Bakura hizo un ademán con la mano como si tratara de ahuyentarlo, indicándole a Ryou que saliera de su habitación, pero este no obedeció.

El espíritu de la sortija no desperdiciaría su tiempo, tomó a Ryou por el brazo y lo jaló hasta la entrada, lográndolo sacar con facilidad, para consecutivamente cerrar la puerta y poder descansar. El muchacho lloraba y golpeaba la puerta, tenía que ser alguna clase de juego, no creía que estuviera pasando algo como eso, al poco tiempo se derrumbó, se dejó caer al suelo, sintiendo como su mente estaba a punto de entrar en un colapso.

Se arrastró hasta la puerta del baño, limpiaría su cuerpo, era lo primero que haría. “Él solo quiere que sea fuerte... Eso... Eso no es cierto... ¿Por qué siempre caigo?... ¿Por qué siempre caigo en sus juegos?”. El agua fría escurría por todo su cuerpo, pequeñas gotas se impregnaban en él. Las sentía, claro que lo hacía, pero no le importaba lo frías que estuvieran, o lo calidas que pudieran llegar a ser. Nada tendría sentido de nuevo. No después de eso. Se alejó del agua sin la molestia de fijarse en la forma desmedida en la que se encontraba corriendo. Sintiendo su cuerpo pesado se arrastró hacia un pequeño estante repleto de muchos objetos, incluyendo unas navajas, totalmente nuevas y relucientes, con un brillo único y deslumbrante que crecía más por las gotitas que se le adherían provenientes del húmedo cabello de su dueño.

Sin pensarlo las usó en sus muñecas, con toda la fuerza que le fue posible con su cansado cuerpo y su aturdida mente. Desproporcionados caminos de espesa sangre se mezclaron con el agua y un cuerpo casi sin vida. “Me quieres, me querrás, me amas, y me extrañaras”.



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