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Imagen De Mi - Capítulo III
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“¡No! ¡Solo es una suposición! Puede ser falso, si no ya habrías mostrado complicaciones, todo está bien”. Lo que menos quería Satou era que esa figura tan parecida a su hijo se mostrara así, era como ver a Bakura totalmente desecho por dentro. “Ryou escuchó que Padre dijo...”. El mayor sabía que solo eran ideas, nada estaba comprobado, lo que pasaba era muy raro. “Solo quería asegurarme. Como científico tengo una mente curiosa, y por precaución esperaba poder hacerte unos análisis. Omitiré eso si dejas de llorar, créeme solo te haré unas preguntas”.
Secó sus ojos, y acercó su cuerpo al de su otro yo. “Bakura estará con Ryou”. El progenitor lo meditó un poco, no creía que fuera buena idea de que su hijo se encariñara tanto con el otro, sin embargo, sabía que tratándose de alguien como Bakura, lo mejor era darle por su lado. “Está bien, él nos acompañará”. Ryou se molestó y tomó la mano de Bakura “Ryou no lo preguntó. Ryou lo afirmó”. Bakura quedó satisfecho con la respuesta que el otro le dio a su padre.
Los albinos le abrieron el paso para que el mayor entrara al cuarto. Los dos se sentaron en la cama, y el mayor tomó una silla. Se les quedó viendo con detenimiento, cada vez era más difícil distinguirlos. Los muchachos se tomaban de la mano y mantenían una postura seria. “Bien, primero... ¿Qué quiere decir Ryou? ¿Por qué siempre mencionas esa palabra?”.
“Ryou mi nombre es. Bakura no soy, Bakura mi nombre no puede ser, por que Ryou diferente es”. Le parecía extraña la forma de hablar de Ryou, era mejor no decir nada para no desanimarlo, fue lo que pensó el científico. “Bakura, ¿Tu le pusiste el nombre a Ryou?”. El albino que fue interrogado solo negó con la cabeza. “Ryou sigue... ¿Por qué padre odia a Ryou?. Ryou no ha hecho nada que Bakura no haya hecho antes”.
“No te odio. Eres otro Bakura o hijo para mi. Discúlpame si te hice creer eso. Solo... Es desconcertante tenerte cerca... Pero quiero creer que eres como Bakura, por lo que es como si tuviera dos hijos”. Comentó sonriendo livianamente, pensando en el doble de problemas que tendría con dos hijos como el suyo, demasiado para su mente. “Grrr... ¡Padre miente! ¡Padre pegó a Ryou!... Nunca a Bakura...”. Los albinos agacharon la mirada simultáneamente. El responsable de ellos titubeó un poco hasta tener las palabras concisas para contestar.
“Verás... No quise hacerte sentir mal por eso. Creí que te habías dado cuenta, lo hice para que despertaras. Por si no lo notaron, después de eso, comenzaron a moverse diferente. En los experimentos, cuando los átomos terminaban copiándose, las réplicas imitaban todas las reacciones del original. Pensé que al tratarse de una persona, si tenías mente propia solo tenía que hacerte reaccionar”.
“Pues, gracias”. No sonaban como las palabras más llenas de gratitud del mundo, pero era lo que se podía esperar de Bakura, en este caso, mencionado por Ryou. “Debiste habernos dicho antes, hiciste sentir mal a Ryou”. Estaban más tranquilos, algo de tensión había desaparecido. “Lo que quisiera saber... Es... ¿Por qué actúan diferente?. ¿Cómo es que están seguros de cual es el que fue copiado?. Bakura pudo haber sido teletransportado, y la copia pudo haberse creado en el primer contenedor, o Ryou ser el original solo que un poco confundido por el proceso de cambio de sitio”.
“Ryou no es Bakura. A Ryou le agrada Bakura. Ryou no quiere ser Bakura. Ryou prefiere ser Ryou”.
“Ya que estamos siendo honestos... Preferiría ser como tu, Ryou, eres más abierto”.
“Como lo pensaba, piensan bastante similar... Solo necesitan un pequeño empujón para ser ustedes. Pero creo que en eso no puedo ayudarles”. Al principio solo Ryou parecía ser sincero, Bakura tenía a ocultar mucho de sí, eso se mostraba hasta que admitió que le agradaba la forma de ser de Ryou, tal vez no deseaba llegar a tanto, pero si ser el mismo sin las influencias externas que comúnmente recibe uno.
“Bien, Ryou contento por que Padre se preocupa por él. Ryou también piensa en padre. Ryou agradece las palabras de Bakura. Ryou es feliz y todo eso, pero platica aburre. Ryou quiere ir a jugar”.
“No sé si lo recuerden, pero, están castigados”. Ryou puso una mirada suplicante, nunca antes vista en Bakura. “Padre dejará ir a jugar, ¿Verdad?”. El mayor no sabía que pensar. “Padre tiene que. Padre pegó a Ryou y no se disculpó. Ryou no hizo nada. Ryou se porta bien. Es justo. Bakura tiene que cuidar a Ryou. Ryou con Bakura en juegos por que todos están en clase y no verán Ryou”.
“Pues...”
“¡Genial!. Padre ahora darle dinero a Ryou para demostrarle a Bakura que tan similar es en el Dance”. Para Bakura eso sería interesante de ver, no muchos llegaban a su nivel. No se le había ocurrido probar la capacidad de Ryou para sus actividades favoritas. Algo bastante similar pensó su padre.
Al científico se le ocurrió que muchos de los juegos del lugar al que su hijo frecuentaba ir, trataban de destreza y habilidad, sabía lo bueno que Bakura era para ellos por que hacía hasta lo imposible para estar allí. Entonces le dejaría la tarea de estudiarlo a su hijo, y estos probablemente no se darían cuenta. Todos parecían salir ganando. Así que de buena manera accedió. Y los dos muchachos fueron gustosos.
Ryou gustaba tanto de estar entre todas esas máquinas y juegos como su otro yo, los dos estaban sumamente emocionados. “¿En que te venceré primero?” preguntó Bakura lo suficientemente confiado en si. Todas esas luces llamativas y retos a su alrededor eran estimulantes, era mejor aún por que no había tanta gente, se debía a que era entre semana, aunque ya no tan temprano. Eso les agradaba. “Bien... A ese”, sugirió su otro yo señalando a un juego de puntería, Bakura no tuvo objeción y aceptó.
Después de cinco juegos seguían con marcadores perfectos, era divertido, solo esperando el momento de que el otro flaqueara o se distrajera por un segundo. Lamentablemente Ryou desvió un disparo, pues había sido sorprendido al ser notado por alguien más. “¡Soy mejor!” gritó Bakura gustoso. Era como jugar contra él mismo y aún así había obtenido la victoria.
Sus ánimos se desvanecieron al ver a un amigo sorprendido. “Yami... Nunca a clases falta. ¿Qué hace aquí?”. “Er... Si, me da gusto saludarlos. Nos adelantaron el examen y nos dejaron salir... Bakura... Nunca me habías chico que tenías un hermano”. Ryou no sabía que decir, se mantenía muy quieto. “Si... Es que él... Larga historia... Te cuento luego. Su nombre es Ryou”.
“Ho-hola...”.
“Mucho gusto, yo soy Yami, y al que ves por allá, es mi hermano Yuugi, nosotros también somos gemelos. ¿Te sientes bien? Es que tus ojos se ven...”. Al pelirrojo no se le hacía normal ver una mirada tan vacía y opaca, y sabía que no era un efecto creado por el ambiente del lugar. Había tratado de ser amable, pero al parecer no había funcionado pues Ryou se lanzó a los brazos de Bakura, ocultando su rostro.
Bakura ya se había acostumbrado a los ojos de su otro yo. Después de un rato no se le hacían tan extraños. Ryou no podía evitarlos, y no deseaba que alguien más los viera, solo que al pasar un rato se había acostumbrado a tratar de actuar normal, hasta sus movimientos habían mejorado, no eran perfectos, ni como los de Bakura, pero ya no parecían tan mecánicos como en un principio.
“Disculpa si dije algo, me agradan tus ojos. Se ven más reales que los de tu arrogante hermano”. Yami se acercó a Ryou al tratar de darle más confianza, por suerte había funcionado, ya no se sentía tan mal por eso. De todas formas, era algo que no podía cambiar, así eran, justo como se sentía, a pesar de que estaba aprendiendo a disimularlo como Bakura.
“Tienes un hermano muy tímido, pero encantador. Ahora sé por que no habías hablado antes de él. Te ha de provocar muchos celos”. Ryou comenzó a reír sin soltar al que se hacía pasar por familia. Muy apenas se percibía el suave sonido emanado por sus labios. “No estás llorando... Es una señal del fin del mundo. Todos vamos a morir”.
Ryou alzó su rostro para Bakura, respirando quieto y tranquilo, haciendo su liviana risa a un lado, con su rostro casi inexpresivo como la mayor parte del tiempo. “Todos íbamos a morir algún día”. “Si, tienes razón, hola, mi nombre es Yuugi”.
Ryou agachó su rostro para que sus ojos no fueran vistos por alguien más “Ryou mi nombre es”. “No sabía que Bakura tenía un hermano”. Yami revolvió el cabello del albino, no veía la necesidad que querer estar tan pegado a su ‘hermano’, no creía que se querían tanto, después de que nunca había escuchado de él. “Es que Bakura le tiene celos por que es más atractivo”.
“Hey, ¡Soy como Ryou!. ¿Cómo te atreves a decir eso?. Nos vemos iguales”.
“Él no parece verse tan engreído y arrogante como tu”
“¡Cállate!”
“¡Cállame!”
“Está bien. ¿De qué forma quieres que te humille esta vez?”
“¿Tu a mi?. No me hagas reír”.
“Todos sabemos que soy mejor que tu en cualquier cosa”.
“Ni en tus sueños. Te reto Bakura. Un duelo... Jamás me has ganado en el Dance”.
“Pero jamás he perdido”
Por alguna razón, era lo único en lo que empataban, en los juegos de estrategia Yami solía ser el vencedor, y en los de habilidad Bakura, pero ese les había sido tan llamativo desde un principio que no podían evitar jugarlo. “¿Otra vez?” preguntó Yuugi con cierto tono de fastidio. Todos los días los veía discutir y retarse, en un principio era entretenido, solo que con el tiempo esa emoción se había perdido.
Como lo esperaba Yuugi, terminaron en un empate. Eso era suficiente como para hacerlos olvidar la discusión con la que comenzaron y buscar una nueva. “Necesitamos más niveles en estas máquinas”. “Eso es cierto” respondió el albino cruzado de brazos, no muy satisfecho con el resultado. “Así podría demostrarte que soy mejor que tu” finalizó sonriente.
Yuugi se llevó una mano al rostro “No de nuevo...”. Ryou se acercó a los dos que siempre discutían. “Ryou reta a Yami. Ryou le ganará a Yami y demostrará ser mejor que ustedes. Yami y Bakura entonces dejarán de discutir”. Los gemelos de cabellos rojizos no veían a Ryou como un buen contrincante, Bakura sabía que lo subestimarían, pensaba que ahí podría tener un poco de ventaja, después de todo, era igual de hábil que él.
Yami sintió a Ryou tímido y un poco nervioso, pero aceptó con la idea de hacerlo entrar en confianza como si fuera parte del grupo, eso no quería decir que le daría ventaja. Antes de comenzar, el albino colocó los pies sobre las flechas en el suelo y saltó sobre ellas, de unas a otras, como si estuviera jugando solo que sin ver el monitor que las indicaría al comenzar; de esta forma se adaptaría mejor a ellas.
“No creo que sea justo... Puedo ganarte hasta con los ojos cerrados”. Ryou sonrió ante la afirmación sin dejar de saltar sobre las flechas. “Ryou acepta. Ojos cerrados”, el albino se paró en seco, Yami no creía que su oponente siguiera con la idea, parecía solo estar jugando. “¿Qué?”. “Si. Ryou y Yami sin ver”.
“¡Pero que estás diciendo!”. Cuando Bakura faltaba a clases siempre se iba a ese lugar, ya conocía todas las rutinas de su juego favorito, Ryou siendo parte de Bakura estaba conciente de ello, se sentía capaz de hacerlo. Sin duda era muy fan de ese juego. “Será la canción que más jugamos”, el chico no pensó lo que dijo, se suponía que esa era la primera vez que veía a Yami, pero este entendió el punto y con eso bastaba.
“Abrir ojos es trampa. ¿Yami juega?”. Honestamente Bakura dudaba en que Ryou ganara, así que no decía nada, ni lo evitaba, ni lo animaba. “Claro. Te mostraré que no es tan fácil como parece. No puedo dejar que me subestimes de tal forma”. El juego inició y mientras las flechas salían en la pantalla al ritmo de una movida melodía. Los combatientes nerviosos y desconcertados pisaban las flechas a lo que a su parecer era la correcta, como a la mitad de la canción ya habían agarrado más confianza dando pasos más firmes. Al final, sin estar seguro de que había terminado o no el reto, Ryou resbaló.
Todos fijaron su atención en el muchacho que se encontraba tranquilo en el suelo, viendo como los puntajes de los dos aumentaban... “¡Gané!”. Por una diferencia muy mínima Ryou había ganado, no se había tratado de una calificación perfecta, pero apenas llegaba a buena, más de lo que podía esperarse de alguien que tuviera los ojos cerrados. Yami resintió que fuera por una desigualdad tan chica. Y ayudó a su nuevo amigo a levantarse.
“Me duele” dijo Ryou de nuevo adhiriéndose a Bakura. El segundo comenzaba a sentir un poco de pena al tener a su otro yo tan junto todo el tiempo, pero le era agradable, no diría nada por que tampoco le molestaba. “Si, ahora sabes lo que es la vida. Está lleno de eso”.
“¿Alguien tiene hambre?” intervino Yuugi ahora que sabía que sus amigos no discutirían en un buen rato. “Si” sin pensarlo respondió el albino. “Ryou, acabas de comer”. “Podemos pedir unas hamburguesas”. “Si” casi de manera inerte respondió el muchacho. Eso si le sorprendía a Bakura, el nunca habría aceptado comer hamburguesas, o eso creía.
“Yuugi... ¿No recuerdas que Bakura es vegetariano?”. El chico de ojos violetas se llevó una mano a la cabeza. “Lo olvidé. Disculpa Bakura”. “Si, lo que sea. Disculpen” respondió indiferente, mientras tomaba a Ryou por los hombros y lo hacía moverse un poco retirado de sus amigos.
“¿Quieres comer carne?”.
“Me da curiosidad saber a que sabe... Todos la comen”.
“Pero...”.
“Si, Ryou lo sabe... No sé que pensaba, Ryou no lo hará”.
“No eres yo... Si quieres... No creo que... No lo sé”.
“Duele”.
“¿Qué?”
Ryou soltó a Bakura para abrazarse fuertemente a si mismo. “Mucho” agregó con su voz entre cortada. “Tal vez debiste masticar todo lo que tragaste”. El muchacho comenzaba a moverse un poco inquieto. “Ryou no cree que sea comida”. “¡Tenemos que irnos! Nos vemos luego” les dijo el otro a sus compañeros de clase al tomar su replica para marcharse rápidamente. Por suerte la casa les quedaba muy cerca. De ahí explicación de por que Bakura siempre estaba en ese sitio.
Al llegar a la casa, Bakura ayudó a su otro yo a recostarse en su cama. “Le hablaré a nuestro padre”. El que estaba en la cama se cubrió con las sabanas y la colcha, se mordía su labio inferior tratando de no quejarse. Aunque no pudo evitar gritar más de una vez de forma espeluznante, lleno de dolor, alarmando a Bakura y a su padre. Los que sin dudarlo corrieron para verlo.
Bakura se sentó en la cama y comenzó a quitarle las sabanas a Ryou, le asustó verlas teñidas de rojo. Luego gritó como nunca en su vida lo había hecho. Su contraparte, Ryou, tenía grandes heridas en todo su cuerpo, como largas y profundas rajadas. Totalmente empapado de sangre, sus ojos muy abiertos, inmóviles, de su boca salía una pequeña muestra de sangre también. Era horroroso lo que veía. “¡¿Ryou como puedes?!”.
Agudizó su incierta mirada al ver como las heridas del que sostenía en sus brazos parecían hacerse solas, como si se abrieran por no soportar la tención que retenían. La sangre fluyendo desproporcionadamente y la que era absorbida por la cama más la que lo manchaba lo asqueaba, muy profundamente. Su padre trató de separarlo de Ryou, pero este con su mente perdida se negaba a soltarlo.
Acarició el manchado rostro de Ryou. “¡No!. ¡No te lo permito!... Por favor” pedía al acariciar su mejilla con la suya muy suavemente, para creer que todavía podía percibirlo. Era la primera vez que lloraba tan abiertamente. No lo creía, tenía que ser una especie de pesadilla...
No mucho tiempo después, Bakura se encontraba sentado en el suelo de su habitación, si moverse, sin decir nada, solo llorando, desecho por dentro. No le importaba más el olor de la sangre que casi lo cubría por completo. Su padre y el asistente de este revisaban los restos antes de que se deshicieran por completo. “Satou, sabías que esto pasaría. Te dije que no dejaras que se encariñara”.
El científico se agachó para que su rostro quedara a la altura de la de su hijo. “¿Estás bien?”. El niño dejó de llorar por unos instantes, sus labios se movieron temblorosos. “Nunca vi algo como eso... Yo lo maté... Por mi culpa el existió y se desvaneció...”. Se dejó caer y su padre lo sostuvo. “No es tu culpa... Escúchame...”.
Bakura se separó y cerró sus ojos. Los abrió para encontrarse con una imagen algo desvanecida de Ryou. “Bakura, no debes preocuparte. No me iré a ningún lado sin ti”. “¿Qué estás diciendo? ¿Ryou? ¿Cómo?”. Su padre se le quedó viendo extraño, su hijo parecía estar hablando solo. “Soy parte de ti. Mi lugar es contigo. Creo”. Instintivamente Bakura intentó abrazarlo sin éxito alguno como era de esperarse. “Ahora soy una parte de ti, más haya de un simple cuerpo... No puedo tocarte, pero, puedo sentirte... Como siempre ha sido”.
“¿Hijo?. Responde. ¿Qué pasa?”. Sabía que lo que su hijo vivió momentos atrás era algo traumatizarte, se preguntaba si eso era una reacción producida por eso. Él era más fuerte, por que aunque le dolía lo pasado, ya conocía su máquina y los problemas que todavía tenía con ella, con experimentos que había hecho antes. Luego, notó un aspecto bastante peculiar. Limpió sus anteojos para asegurarse de que no era una ilusión. Una pequeña luz se encontraba entre él y su hijo, y Bakura la seguía con la mirada.
Alzó la mano y trató de atraparla. “¿También puedes verlo?” Bakura sonreía, y en las condiciones que estaba se veía algo aterrador. “Es Ryou”. “...Un alma”. Su hijo asintió más tranquilo, casi de nuevo parecía el mismo, salvo por esa frustración y mezcla de sentimientos que llevaba por dentro. “Él dice... Que se encuentra bien... Se quedará conmigo... Somos uno... Y que todo estará bien”.
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¡Konnichiwa! Otro fic terminado. Espero que haya sido de su agrado. Yayyy.. Lo sé... Se me murió de nuevo -- demo, les aseguro que no planeo hacerlo una costumbre U. Muchas gracias por sus comentarios respecto a esta historia.
¡Dewa mata!