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Anime/Manga » Yu-Gi-Oh » Entre tu soledad y la mía
K-RO
Author of 30 Stories
Rated: K - Spanish - Angst/Romance - Reviews: 70 - Updated: 04-29-08 - Published: 04-25-04 - id:1835687

Entre tu soledad y la mía

SetoXJoey

By K-RO

Capitulo 9.- Me voy

Me parece que un día de estos me voy a ir

A un lugar donde el hombre que quiera me quiera a mi…

Y es seguro que un día de estos por fin me iré

A un lugar donde todo lo que haga me salga bien…

– Firme aquí por favor, Señor Kaiba.

El ojiazul hizo lo que se le decía sin realmente leer, como era su estricta costumbre, el papel enfrente suyo.

– Ehrr, Señor Kaiba, ¿Se encuentra usted bien?

Seto alzo los ojos para mirar a Sakura, su secretaria; alta de pelo castaño y enormes ojos marrones, lista y eficiente como pocos a su alrededor; realmente no deseaba despedir a tan buen empleado como lo era ella.

Pero si no dejaba de preguntar ¿Está bien, señor Kaiba? Cada quince minutos, realmente la echaría.

– Estoy bien, Sakura, tráeme los siguientes pendientes.

– Lo que sucede es que… ya no tiene pendientes, señor. Si me permite decirlo ¿Por qué no va a casa a descansar un poco? no ha salido de la oficina los últimos días y yo… yo solo.

Kaiba ignoro olímpicamente la cara sonrojada y la expresión preocupada de su secretaria, mientras bufaba molesto por la sugerencia.

Sabía que la mujer tenía la razón; llevaba una semana trabajando sin parar, yéndose tan tarde que no quedaba nadie en el edificio de Kaiba Corp, y llegando tan temprano que aún no amanecía, obligando con ello a la siempre responsable Sakura a someterse a ese horario esclavizador con él.

Habían adelantado tanto trabajo que al final, ya no quedaba nada por hacer.

– Tráeme el contrato de la compañía Ishida, hay que revisarlo.

– Lo revisamos el martes, señor. Y el contrato va a ser firmado hasta dentro de tres meses.

Hizo amago de levantarse del escritorio.

– Entonces iré al departamento de investigación. Seguro que esos inútiles aun no han terminado de programar el nuevo software de los discos de duelo.

– Terminaron de hacerlo ayer, señor. Mañana comienzan las pruebas.

Irritado, golpeo con las palmas de sus manos el escritorio de roble, perdiendo su poca paciencia.

– Entonces pon a Deabling al teléfono y adelanta la cita que teníamos. Dile que lo quiero aquí en treinta minutos.

– Señor Kaiba…

– ¡Ahora!

Al ver la reacción asustada de su secretaria, pudo darse cuenta de que ella no tenía la culpa ni entendía su crispado comportamiento de últimamente. Mirando con mayor minuciosidad, distinguió las ligeras ojeras y la falda arrugada que llevaba, producto de los últimos días en que ambos habían estado trabajando sin parar. El podía hacer lo que quisiera con su tiempo, pero obligar a sus trabajadores a negrearse con él no era su política.

Algo muy parecido a la vergüenza comenzó a formarse dentro de él. Se dejo caer en su asiento e hizo un ademan para despedirla.

– Sakura, tómese la tarde libre, y también el día de mañana.

– ¿Señor Kaiba? – Confundida, Sakura tuvo que preguntar para saber si no había escuchado mal.

– ¿Qué me tome la tarde y el día de mañana, señor?

– ¿Está sorda? – Preguntó ya definitivamente ofuscado por el corto entendimiento de la chica – Si, le doy el día de mañana ¿O es que acaso no quiere?

– ¡Si, Señor! ¡Muchísimas gracias, señor Kaiba!

Haciendo una reverencia profunda, la castaña salió con presurosos pasos, no fuera que, con lo cambiante del estado de ánimo de su jefe últimamente, se arrepintiera.

Kaiba Seto tomo su rostro entre sus manos y hundió sus dedos en el cabello castaño.

– ¿Qué diablos estoy haciendo?

Joey Wheeler descendió por la opulenta escalera de la mansión Kaiba, terminando de ponerse la chaqueta. Abajo, en el vestíbulo, Yami y Yugi lo esperaban con paciencia para salir de una buena vez. Mokuba aun se encontraba en el colegio y sin sus gritos de alegría y bienvenida, la casa estaba tan callada que resonaba el eco de las pisadas del rubio.

– Gracias Yug, por venir a visitarme. Me siento solo en esta enorme casa, con Mokuba en la escuela y todo eso.

– No es nada, Joey, pero ¿No está Kaiba-Kun aquí? Como no ha asistido a la escuela, pensé que quizás y estaba trabajando en algún proyecto nuevo.

Yami, que desde que había decidido a acompañar a su Hikari a hacerle una visita al rubio, no había hablado una sola palabra, de pronto estuvo muy interesado sobre el paradero de Kaiba.

– Ehhm, no – Joey pareció de pronto un poco más nervioso y un poco más triste – No he visto a Kaiba hace casi una semana.

– Estará trabajando en algo muy importante... – Yami aventuró.

– Pues no sabría decirte, se marcha antes del alba y llega tan tarde que ya están todos dormidos, Mokuba está muy preocupado por él, y yo no sé qué decirle para animarlo.

– Joey – Yugi, sinceramente preocupado, pregunto – ¿No has peleado con Kaiba-Kun, cierto?

Wheeler enrojeció súbitamente, recordando ese beso que había recibido del CEO de Kaiba Corp.

– No, Yug – Respondió con una sonrisa nerviosa – no peleamos, de verdad.

Cerrando el tema con esa afirmación, los tres amigos decidieron salir para distraer un rato al pequeño cachorro de la preocupación mal disimulada que sentía por el castaño.

En el viaje de regreso, después de dejar al rubio, Yami estuvo muy metido en sus pensamientos. Yugi no quiso molestarlo, y por ello no hablo tampoco, pero cuando llegaron a la tienda se atrevió a preguntar.

– Yami, ¿Estas preocupado por Kaiba-Kun? ¿Crees que algo malo ha pasado entre él y Joey?

El espíritu oscuro se maravillo de su pequeña luz, siempre preocupado por los demás y sonrió apenas, recordando los sucesos acontecidos hace tantos años.

Los pasillos se encontraban desiertos, apenas iluminados por la luz del fuego de las antorchas, dos pares de pasos se oían avanzar, dos personas caminaban rápidamente ; uno de ellos alto y majestuoso, de pasos pausados y andar elegante, el otro, más pequeño y ligero, de pasos más cortos y movimientos nerviosos, le seguía al primero sin importar el que.

El joven faraón Atemu, regente del alto y el bajo Egipto, el Dios echo carne, detuvo su andar al notar que el pequeño esclavo se iba quedando detrás.

Jouno, apresúrate.

Si, mi señor. Lo siento.

El Rey viro los ojos y al tiempo que suspiraba descontento.

Jouno, te he dicho que cuando nos encontremos a solas, puedes llamarme Atemu.

¡Oh, no! ¡No, podría hacer algo como eso, mi señor!

Jouno… – Pero su réplica fue interrumpida por otros pasos que se acercaban.

Seth, el alto sacerdote, de pelo castaño y ojos azules, con su túnica ceremonial y el tocado de oro que adornando su cabeza. Caminaba hacia ellos, arrogante y gallardo, pasando de largo sin hacer el menos atisbo de saludo y respeto a su señor y faraón.

Atemu pudo ver, sin perder detalle como un profundo rubor se instalaba en las jóvenes facciones del pequeño esclavo, mientras se encogía visiblemente ante la presencia del sacerdote, tratando de mirarlo entre sus rubios y largos cabellos sin ser advertido.

El castaño, parecía no haber percibido la presencia del rubio, puesto que siguió su camino mirando al frente sin importarle nada más.

Pero hubo un momento, justo antes de perderlo de su campo visual, que hubo un pequeño, insignificante cruce de miradas, sin nada más.

Jouno, avergonzado de su propia osadía, puesto que no estaba permitido mirar a la nobleza al rostro, se froto las manos con nerviosismo, mientras esperaba que su amo le dijese algo.

El gobernante se dio la vuelta, avanzando de nuevo, esperando que Jouno hiciese lo mismo, fingiendo no haberse dado cuenta de lo que acababa de suceder.

Si sus sospechas resultaban ciertas, las cosas se pondrían feas para su esclavo -no. Se dijo, su amigo- y su primo.

Y él no iba a poder hacer nada al respecto, pero tampoco iba a acelerar el proceso.

Cuando la guerra estallo, cientos y cientos de jóvenes vidas fueron arrebatadas. Todo por la ambición y el poder. Todo por destruir y no dejar nada.

Cuando las tropas de ejército no fueron suficientes, hubo que recurrir a la población civil.

Atemu hizo todo lo que pudo por detenerlo, pero al final, por decisión propia. Jouno marchó también, deseando alejarse de aquel amor imposible que lo consumía lentamente.

Cuando llego la noticia de que el batallón completo en el que el rubio se encontraba había sido asesinado. El dios en la tierra, el poderoso Faraón se encerró en sus habitaciones a llorar la pérdida de su mejor amigo.

Cuando el alto sacerdote se entero, estallo otra guerra dentro de palacio.

Tráelo aquí – reclamó –. Sé que puedes hacerlo, eres el faraón maldita sea.

Atemu jamás lo vio derramar una sola lágrima por la pérdida de Jouno, pero sabía que el más afectado de todos era él. Ahogado en su culpa, arrepentido de sus actos, reclamo lo que ya no pudo tener, reclamo una segunda oportunidad.

Traelo aquí –repitió.

No lo hare, si uso los artículos del milenio, lo que traeré a la vida no será Jouno, será algo antinatural y maligno con la apariencia de él, pero no será Jouno.

No me importa.

Tú pudiste impedirlo Seth, pero fuiste tan cobarde que jamás le dijiste que tú también le amabas. Lo siento pero tendrás que vivir con ello. Carga con tus pecados y yo cargaré con los míos.

Cegado de ira, de rabia e impotencia, Seth busco obtener el poder que le permitiera traer de vuelta a su amor, traiciono al reino y se entrego a la oscuridad, obligando a su primo a enfrentarse a él en una batalla sin precedentes.

Atemu paso a la historia como el benevolente Faraón que libró a la tierra de las fuerzas oscuras, y Seth, como el más grande traidor que hubo jamás.

Lo que no se supo, fue el precio que ambos pagaron por ello.

Regresando de súbito de los horribles recuerdos de hace una vida. Yami sonrió gentilmente a su luz al tiempo que murmuraba.

– Es solo, Yugi, que si no aprendemos de los errores del pasado. Estamos condenados a repetirlos eternamente.

Se revolvió inquieto en la cama, miro el reloj sobre la mesita de noche.

2:15 am.

Se le cerraban los parpados de sueño, pero estaba dispuesto a esperar a Kaiba aunque le tomara toda la noche.

Llevaba tres días en esa difícil misión, y cada una de la veces, el sueño le había vencido.

Pero Joey era una persona perseverante, si no lo conseguía hoy, lo haría mañana, seguro.

La cara sollozante de Mokuba asalto su cabeza; su triste y acongojada carita mirándolo, esperando que su amigo pudiera explicarle el porqué de la repentina indiferencia de su hermano mayor.

– Maldito seas, Kaiba. Haciéndole eso a tu hermano pequeño.

Pero a pesar de los reclamos contra el idiota rico. Muy dentro de su ser, el pequeño cachorro pensaba que era por su causa.

¿Cómo no iba a ser su culpa, si era a partir de aquel beso que habían compartido, que de Kaiba no se le veía ni uno solo de sus castaños cabellos?

Se revolvió el cabello con desesperación, y luego, con una seriedad que era tan impropia de él, se llevo la punta de los dedos a los labios.

Con lo que le había gustado ese beso.

Cerró los ojos con fuerza y negó enérgicamente con la cabeza.

¡A él no podía haberle gustado ese beso!

Pero esa era la triste realidad, nunca jamás pensó que terminaría así, enamorado perdidamente, aun mas, de un varón como él, y todavía peor.

Enamorado de Seto Kaiba.

Sí señor, cuando Wheeler metia la pata, lo hacía en grande.

Pero es que desde que vivía con el millonario había visto tantas caras de él, tantas facetas que no se permitió admirar cuando eran simplemente enemigos.

Tantas cosas buenas que Kaiba tenía, que no se permitía mostrar a nadie más.

A Joey le permitió entrar en su mundo, saber sobre él, le permitió cuidar de su gran tesoro, el pequeño Mokuba.

Le dejo ingresar a su vida y ahora ¿él se marchaba?

Él lo había besado ¿No importaba?

Al parecer no, tal parecía que Kaiba se arrepentía del acto.

Ese beso había sido un error; terrible y doloroso, pero cierto.

Entonces ¿Por qué no le había dicho eso? ¿Por qué no le había echado? ¿Por qué Joey seguía ahí?

Kaiba era una persona de palabra. Si invitó a Joey a vivir con él, no lo echaría; en cambio, él se marchaba.

Simple, pero eficaz.

Ese era un duro golpe para el recién enamorado corazón del rubio, ser rechazado de una forma tan tácita; tan sutil pero efectiva; sin palabras, pero clara.

Cerró los ojos con pena, tomando una decisión en su mente, si él ya no estaba, entonces Kaiba podía volver a cuidar de su pequeño hermano; tal y como al principio; y podían volver a insultarse como antes; y podían volver a ser enemigos como antaño.

Y él podía olvidarse de su amor por Seto Kaiba.

Se levanto sin nada mas en su mente, porque si pensaba en otra cosa le asaltaría el deseo de quedarse, de hablar con Kaiba y convencerle de que no tenía que corresponderle, si podían ser amigos, por el rubio estaba bien.

No estaría bien en lo absoluto, pero podía fingir que sí.

Tomando sus pocas pertenencias, las introdujo en su mochila, toda su vida en una simple maleta.

Entre las sombras, en silencio, como un ladrón, como un intruso, bajo por última vez las magnificas escaleras, traspaso el vestíbulo y abrió la puerta.

Sin nadie que pudiera detenerlo traspaso el umbral que lo llevaba a lo desconocido.

Que lo llevaba lejos de Seto Kaiba.

– Me voy.

TBC

Minna-San, no saben el gusto que me da volver a las andadas. Anduve perdida por una largo, laaargo tiempo, no tengo excusas ni perdón por lo que hice y lo siento de todo corazón.

Sucedieron muchas cosas en mi vida en este tiempo, entre a la universidad (de hecho, aun sigo estudiando, pareciera que entre más avanzo más tiempo me falta), me atosigaron de trabajo y deje de escribir por mucho tiempo. Cada vez que tenía un chance deseaba mas dormir que devanarme los sesos sentada frente a la computadora.

Mi computadora fue otro aspecto, se me murió mil veces y con cada una de ellas, mis archivos se iban al garete, así definitivamente la inspiración no parecía llegar.

Pero ahora, con la firme resolución de terminar lo que he empezado (jamás fue mi intención dejarlo a medias) sacando tiempo de donde no lo tengo y con una computadora nueva (una que, espero que no muera) aquí voy de nuevo al ataque, por que escribir es mi pasión, y me gusta lo que hago.

De nuevo, mis más sinceras disculpas a las personas que aun esperan que continúe con mi historia, a las personas que echaron porras, a las personas que me regañaron, a las personas que me persiguieron, que me mandaron palabras de aliento y uno que otro insulto, a las personas con las que aún mantengo contacto, a las personas que les perdí la pista. Mil gracias.

Después de tanto tiempo, el fandom de YGO se ha llenado de historias exactamente iguales a esta (Trama: Joey esta en problemas y ahí va Seto como el galante caballero de brillante armadura, forrado en billetes a solucionarle la vida, se aman y no se lo dicen, etc etc) pero quien quiera seguirla leyendo, pues muchas gracias por hacerlo. Tal vez mi manera de narrar ha cambiado (el tiempo no pasa en balde, me gustaría pensar que he madurado), intente mantenerlo lo más apegado a mi idea original y si parece que este capítulo no va acorde a lo demás, mil perdones por ello.

Espero tener el próximo capítulo en breve, no vemos.

K-RO

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