|
Author of 27 Stories |
IF IT MAKES YOU HAPPY
by Raquel
Su existencia era una paradoja. Su cuerpo no pertenecía a la tierra. Era un ser de otro mundo, y sin embargo sentía, como el más simple de los mortales. Sus poderes asombrosos iban más allá de lo imaginable; podía alcanzar velocidades superiores a los cien kilómetros por hora en tan sólo un segundo. Podía agudizar sus sentidos para captar aquello que los ojos y oídos humanos jamás podrían percibir. Sus manos eran armas mortales con la fuerza para destruir a la raza humana si así lo deseaba, o ser su salvador. En la pequeña e insignificante escala humana, él era un dios. Un Superhombre. Hermoso y sencillo, envuelto en aquella apariencia tímida de un simple adolescente. Un ser de las estrellas que observaba cada noche el firmamento tratando de hallar las respuesta de un pasado que le fue negado desde el instante de su nacimiento, y destrucción de su planeta.
Y sin embargo, él sufría.
Era sólo un cuerpo pequeño e indefenso. Tembloroso a causa del dolor y la pena.
Quizás su cuerpo era de otro mundo, pero estuvo seguro que su corazón era humano, frágil, agonizante, con aquella enorme capacidad de amar…
… Y romperse.
Porque su corazón estaba roto, lo sabía muy bien. Lo había descubierto ese día, justo ahora.
Frente a Lex.
Y sufría. Oh, sí, cómo sufría. Cómo dolía. Cómo se sentía morir frente al que fue su mejor amigo durante tanto tiempo. Delante de aquella persona que llegó a convertirse en el ser más importante del universo. En casi el único. Aquella persona por la que hubiera dado la vida, y sus poderes, y aquel pasado glorioso, y todo lo que fuera necesario.
Porque lo amaba.
Pero Lex…
Él… Ya no quería verlo, ni saber nada de él.
¿Y cómo podría vivir con su ausencia?
¿Cómo podría soportar el inmenso vacío que dejaría en su corazón?
Un vacío que terminaría convertido en un agujero negro, devorador de todo lo bueno que podría quedar de él.
Entonces ya no habría nada. Ni siquiera el dolor.
Sólo el vacío, frío y oscuro. Solitario. Y aquella desolación que barrería todo a su paso, lo bueno y lo malo. Todo aquello que le convirtió siempre en humano… En uno más entre los millones de seres que vivían en la Tierra. Su nuevo hogar. El único que conocía.
"¿Por qué haces esto, Lex?", quiso saber Clark desesperadamente, conteniendo un sollozo.
Lex no le miraba. Ya no más. Jamás quería verlo de nuevo a los ojos, como si algún lazo le uniera. Como si le quisiera. Ya no quedaba nada de aquellos puros sentimientos que el joven siempre inspiró en su solitario corazón. Junto a Clark, el mayor pensó que podría reinventar aquella alegría juvenil que su padre se encargó de marchitar poco a poco, durante aquellos oscuros años de soledad y reclusión, cuando ocultaba al mundo aquel hijo que apenas sobrevivió a la terrible lluvia de meteoritos. Aquel día en que perdió su cabello y el amor de su padre. El día en que vio por primera vez a Clark Kent.
¡Junto a Clark quiso descubrir de nuevo lo que era la felicidad!
Fue tan latente la sensación de dejarse llevar por una vez en su vida, de ser simplemente Lex, y no el prestigioso y codiciado empresario y futuro líder de las empresas LuthorCorp. Había estado tan cerca de creer plenamente en ese joven, y abrirle su corazón, para que fuera suyo y de nadie más. La tentación había sido grande, casi irresistible.
Estuvo tan cerca de llegar a amarlo…
Pero no.
Con un dejo de furia que no quiso controlar, Lex arrojó su costoso vaso de cristal a la pared, destruyéndolo en miles de diminutos y resplandecientes pedazos, y observó un instante el lento deslizar del whiskey hasta el suelo, antes de posar su mirada furiosa en la ventana.
"Yo te tenía en gran estima, Clark. Confiaba en ti. Creí que eras mi amigo…".
"¡Y lo soy! Tú sabes que sí. Eres mi mejor amigo…".
"¡Cállate!", explotó el mayor, girando hacia el otro, incapaz de controlar su ira por más tiempo.
No quería mirarle, pero no podía expresar aquel odio que había comenzado a sentir de forma más eficaz que a través de sus ojos. Las palabras jamás podrían describir aquel sentimiento que le carcomía por dentro. Nunca.
"Yo te creí. Aún cuando las evidencias de todas las cosas extrañas que sucedían en Smallville apuntaban hacia ti, cuando aquellos milagros que salvaban tu vida en cada caso siempre parecían rodearte, cuando tu vida parecía estar llena de secretos inexplicables. Tú negabas estar relacionado con todos aquellos sucesos extraños y yo creía en tu palabra, porque éramos amigos, y los amigos siempre son sinceros, ¿no es así?".
Lex esperó una respuesta por parte del otro, mientras mantenía aquella mirada desafiante sobre la suya, y sólo obtuvo una asustada e incrédula ante el odio que transmitían aquellas irises azules. Una mirada que nunca pensó estaría dirigida a él. Y luego mostró aquella expresión dolida, como la de un niño tierno y puro, perdido en la oscuridad. No podía soportarla. La sentía como un insulto a su inteligencia.
Golpeando su puño contra el escritorio, repitió con más ímpetu: "¿NO ES ASÍ?, ¿POR QUÉ NO RESPONDES?".
"¡No comprendo qué te pasa, Lex!, ¿Por qué me hablas así?", pero sí comprendía, supo Lex en seguida, porque aquella mirada de culpa repentina que ahora mostraba Clark no podría ser ocultada por nada, aunque tratara de disimularla. Quizás era cierto que no sabía con certeza de qué estaba hablando, pero lo presentía.
Tratando de controlarse, Lex suspiró y se irguió un poco, alisando las pequeñas arrugas que se habían producido en su elegante chaqueta Armani, producto de aquella explosión emocional. Tenía que controlarse. No le gustaba mostrar sus sentimientos a nadie, y menos a sus enemigos potenciales. Ser hombre de negocios le había mostrado cómo ser frío e implacable, a exteriorizar sólo aquella parte de su personalidad que fuera conveniente, mientras el resto quedaba oculto y a salvo en las capas interiores de su ser.
"Aclararé tu duda entonces, Clark, pero quizás te arrepientas de haber preguntado", respondió Lex tomando asiento en la silla frente a su elegante escritorio victoriano lleno de papeles, contratos y proyectos. Todo ese trabajo acumulado debía ser terminado apenas despachara a Clark de su mansión. Y de su vida.
"Pues hazlo de una vez", a Clark no le gustó esa pose de empresario que había adoptado el otro, y mucho menos porque toda aquella basura la estaba empleando con él. Su tono de voz fue autoritario, un poco harto, y Lex no pudo menos que sonreír ante ello, aunque no había nada de alegría en ese gesto.
"Te lo diré, mi querido amigo de otro mundo. Oh, lo siento, he sido indiscreto, ¿no es verdad?", se apresuró a decir cuando Clark perdió todo color en su rostro.
"¿Qué… qué has dicho?", balbuceó el adolescente, incapaz de creer lo que había escuchado.
"Realmente, Clark, me decepciones. Creí que lo seres como tú poseían un mejor sentido de la audición…".
Clark no pudo soportar ese tonito pedante. "¡A qué estás jugando, Lex!".
"Al juego de decir la verdad. Y yo tengo la verdad en mis manos finalmente, y no debido a ti: Eres de otro mundo y llegaste a la Tierra en una nave especial durante la lluvia de meteoritos".
"No digas tonterías, ¿quién te contó semejante barbaridad?, ¿y por qué la creíste?".
Aunque lo negara mil veces, Lex sabía que Clark mentía. Otra vez. Y no pudo evitar sentirse decepcionado.
Cabeceó, tratando de ocultar aquella tristeza. "Tengo pruebas contundentes, así que deja de fingir de una vez; ¿no te cansas de vivir en un mundo de mentiras?, ¿jamás te cansas de pretender ser humano cuando no lo eres?".
"¡Claro que soy un ser humano!", aquellas palabras habían calado muy hondo, justo en el lugar donde ocultaba todos sus temores, causándole un intenso sufrimiento. Porque no era humano, por más que se sintiera como tal. Por Dios, ni siquiera provenía del mismo sistema solar que Lex.
Giró y comenzó a caminar por el despacho del otro, incapaz de mirarlo. Gritar aquello había sido como delatar su secreto, y ahora no podía seguir negándolo. Sus padres estarían furiosos cuando se enteraran porque, aunque sentía un afecto sincero por Lex, nunca confiaron plenamente en él. Era un Luthor, después de todo. Pero Clark estaba seguro que jamás sería como su padre, Lionel.
Su corazón palpitaba con fuerza, producto del miedo. ¡Lex sabía su secreto!, ¡Y no lo sabía gracias a él!
"¿Qué pruebas tienes? ¿Dónde están?", se atrevió a preguntar finalmente, preocupado.
Lex sonrió, mostrando aquella expresión que guardaba para sus triunfos empresariales más importantes. Le estaba ganando a Clark, y eso le producía una gran satisfacción.
"El instinto de supervivencia siempre prevalece, ¿no es así? En cuanto a las pruebas, no pienso mostrártelas; ¿crees que sería tan tonto como para hacerlo y que tú me las arrebataras de las manos? No, Clark, por supuesto que no. No pienso perder la única arma que tengo contra ti".
Clark deslizó su mano a través de sus cabellos, en un gesto que mostraba desesperación, y luego apoyó las manos en el escritorio del mayor, adquiriendo una expresión amenazante. Amaba a Lex a pesar de todo, pero no podía permitirle aquello. Mucho estaba en juego, además de su secreto.
"No sabes lo que estás haciendo. Esto no es ningún juego. Necesito esas pruebas, y las quiero ahora. Además, no necesitas un arma en mi contra. Yo jamás te lastimaría…", le dijo, utilizando toda su fuerza de voluntad para no tomarlo en sus brazos y besarlo.
Lex empuñó sus manos, incapaz de soportar por mucho más tiempo esa situación. "¿Cómo puedes seguir mintiéndome cuando me miras a la cara? Eres un hipócrita. Ya me has lastimado más allá de lo que nunca sabrás…".
"No…, no digas eso, por favor…", aquellas palabras estaban doliendo demasiado.
"Has tenido el lujo de verme herido. No muchos pueden hacer tonto a Lex Luthor, pero admito que tú lo conseguiste –Clark quiso protestar aquello, pero el otro le detuvo con una mirada cargada de odio- Supiste engañarme, pero no volverás a hacerlo. Nunca más confiaré en ti".
"¡Tienes que comprender, Lex!", suplicó el menor, sintiendo un escozor en sus ojos. Quería llorar, pero no se permitiría hacerlo.
"Si hubieras venido a mí en primer lugar, contándomelo todo. Si tan sólo hubieras creído en mí… En mi amistad. Yo te habría entendido, y apoyado. Pero preferiste pensar que no podría guardar tu secreto, que te utilizaría como seguramente lo haría mi padre. Yo soy mucho más que un Luthor, y lamento que no lo hayas visto antes. Ahora es tarde".
"Pero…", Clark cabeceó, sin poder creer que aquello estuviera pasando. Lex sabía su secreto y ahora lo odiaba. No iba a soportar eso. No iba a soportar perder a Lex… Aunque en el fondo todo fuera su culpa. "Tendrías que estar en mi situación para entender. Es complicado… Muy complicado. Desde siempre me enseñaron a guardar este secreto. No era un asunto de no confiar, ¡compréndelo! ¡Se trata de mi supervivencia!".
"¿Y crees que no sé eso?", protestó el mayor, sintiendo una punzada dolorosa en su pecho. Pero no más, se dijo, no dejaría que el dolor ganara la partida. No confiaría de nuevo en Clark, ni en aquello ojos suplicantes que clamaban por perdón. "No creas que ser un extraterrestre te da más derecho que a los otros de estar asustado y desconfiar. ¿Es que no lo ves? Quizás tengas superpoderes, pero tus sentimientos son humanos. Yo también tuve miedo de confiar en ti, pero lo hice. Puse en tus manos suficientes armas como para destruirme. Yo lo sabía y aún así lo hice. Confié en ti, ¡y tú me pagas con esto! ¿Pero sabes qué? Ahora te arrepentirás de no haberlo hecho".
"¿Qué quieres decir?", preguntó el adolescente, frunciendo el entrecejo.
"Tú no me destruiste cuando pudiste, pero no esperes que yo haga lo mismo".
Clark no quiso creer que Lex le hiciera daño, pero no pudo evitar preguntar: "¿Revelarás mi secreto?".
Lex sonrió con una mezcla de codicia y maldad que el otro nunca vio en él. "¿En qué me beneficiaria hacer eso? No, a menos que interfieras en mis planes, claro está –su sonrisa se amplió cuando vio la confusión en el otro- Verás, mi buen amigo, he decidido que mi padre ya no está en condiciones de seguir al mando de las empresas LuthorCorp. Él nunca lo admitirá, ni me cederá el control por propia voluntad, así que forzaré un poco su dimisión".
El mayor rió cuando el menor entrecerró sus ojos, en un claro signo de advertencia. "No me causa ninguna gracia lo que dices. No vas a hacerle daño a tu padre, ¿Cierto? Porque tú no eres as".
"Tú no sabes cómo soy, Clark –respondió Lex, serio nuevamente- No tienes ni idea. No pienso decirte cuáles son mis planes, pero algo sí pienso revelarte: Sin importar lo que haga, no te interpongas en mi camino. No te cuento esto porque confíe en ti. Eso no volverá a pasar. Lo hago porque no quiero que seas el estorbo que me impida tomar el poder que tanto quiero".
"No…", Clark no pudo resistirlo más. Dio dos pasos hacia Lex, dispuesto a revelarle todo su amor. Estaba harto de las mentiras, y más entre ellos. El hombre que tenía ante sí no era un ser malvado capaz de hacerle daño a nadie, y menos a su padre.
Lex lo notó. Justo en ese instante que pareció durar una eternidad. Los ojos de Clark, aquel amor… Iba a decirle, confesarle esos sentimientos que sospechaba desde hacía tiempo. Sentimientos que él estuvo a punto de corresponder. Pero no quería escucharlo, no podía, porque si lo hacía, podría flaquear. Se sumergiría de nuevo en aquel torbellino de intensos sentimientos que le harían débil y vulnerable…
Clark seguía aproximándose, con aquellos brazos extendidos, dispuesto a abrazarle. Pero el otro no lo permitió.
Se alejó rumbo a la puerta y la abrió.
"Vete ahora, Clark, y no vuelvas. No hay nada más por decir".
"Claro que lo hay… Yo te quiero, Lex. Y tú lo sabes", imploró el menor, yendo tras él.
"No, no lo sé, y tampoco me interesa saberlo".
"¡Lo sabes! ¡Y no pienso irme de aquí sin decirte que yo te am…!".
Una bofetada le impidió terminar. Lex jadeaba, lleno de indignación -¿qué pretendía diciéndole aquello?, ¿pensaba que un 'Te amo' arreglaría las cosas?-, mientras Clark posaba su mano en la mejilla, incrédulo.
"No te atrevas a decirlo. No ahora. Es tarde para eso. No quiero verte más, ¡Vete!".
"¿Qué piensas hacerle a tu padre?".
"¡Eso no te incumbe! No interfieras, Clark, porque si lo haces revelaré tu secreto al mundo. Saldrá todo en la primera plana del DailyPlanet".
"No serías capaz".
"Te sorprendería saber de todo lo que soy capaz ahora. No me presiones, ¿de acuerdo? Ahora largo de aqu".
Clark estaba en agonía. No quería irse, dejar a Lex, pero no podía hacer otra cosa. Necesitaba pensar, poner sus ideas y pensamientos en orden. Idear algún plan.
"De acuerdo. Me iré, pero regresaré. No podrás librarte fácilmente de m".
Y se fue, escuchando un fuerte portazo en su espalda.
Lex se quedó un instante en la misma posición, observando la puerta cerrada de su oficina, sumergido en el repentino silencio de su mansión. Los criados estaban fuera, disfrutando del día libre que les habían dado repentinamente. Las video cámaras de seguridad estaban apagadas, los guardias hacían su ronda por los jardines. Había cuidado cada detalle para impedir que aquella conversación tuviera molestos testigos. Y ahora estaba solo.
Se encaminó al bar para prepararse un Whiskey en las rocas. Después de semejante día necesitaba tomar algo fuerte, algo que alejara aquella sensación de pérdida y vacío. No quería sentirse triste, ni deprimido, pues mucho trabajo esperaba por ser terminado. También necesitaba ultimar los detalles del plan para tomar el poder de todas las empresas.
Lionel Luthor sería el primero en su lista de venganza. Pagaría por nunca haberle querido, ni aceptado. Lamentaría el día en que comenzó a verlo como un fenómeno y no como a un hijo.
¿Y después?
Tomó el vaso y se dejó caer en el sofá, poniendo algo de música clásica con el control remoto. La tecnología brindaba algunos buenos placeres, siempre y cuando pudieras pagarlo.
Después vendría Clark Kent, el Superhombre.
Aún no sabía bien cómo le haría pagar, pero algo grande se le ocurriría. Una vez que fuera el nuevo presidente de LuthorCorp tendría a su disposición toda una gama de posibilidades interesantes a su alcance. Algo como un laboratorio de química o biología. De seguro que los grandes científicos del mundo pagarían por estudiar el cuerpo del primer extraterrestre en cautiverio.
Con una risa demoníaca, Lex hizo un brindis solitario.
Por mi futuro, pensó, por el poder. Por la oportunidad de hacer pagar a todos los que me han hecho daño. Y después de eso… Es probable que piense en la dominación mundial…
Rió más fuerte, regocijándose en esos oscuros pensamientos, e ignorando aquella parte de su alma que recordaba dolorosamente los ojos de Clark, y la calidez de aquella mirada llena de amor, mientras una lágrima solitaria se deslizaba por su mejilla.
Fin
Terminado el 02 de Junio de 2004
Revisado el 25 de Junio de 2004