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Les digo que onda con esta historia: he decidido combinar dos de mis grandes obsesiones, Saint Seiya y Star Wars y crear este fic (yaoi, por cierto) utilizando a Milo y Camus como los protagonistas, aunque también aparecen algunos otros personajes reconocibles de Saint Seiya, así como de Star Wars también, y algunos personajes originales que no pasan de papeles secundarios. Está situado temporalmente antes, durante y después del episodio dos. Contiene Lemon más adelante.
Disclaimer: Saint Seiya y Star Wars no me pertenecen y desgraciadamente nadie me paga x esto.
—Estos— son diálogos.
"Estos" son pensamientos o diálogos mentales mediante la Fuerza.
/Padawan: aprendiz de Jedi.
—The Last Remaining Light—
—01. Dos amigos—
[Templo Jedi, 11:30 am]
Milo Antares se apresuraba por los corredores del Gran Templo Jedi, preguntándose si realmente había necesidad de que la mencionada construcción fuera tan enorme.
El joven caballero corría con tanto apuro porque se había retrasado para la cita de pelea amistosa que tenía con Camus en el salón de entrenamiento. Era algo que ambos acostumbraban por lo menos un par de veces por semana, para no oxidarse.
Esta vez, sin embargo, Milo se había entretenido con otros asuntos y había olvidado la cita. Tan sólo anhelaba poder llegar antes de que Camus se cansara de esperarlo, para así al menos poder disculparse. De otra manera, su amigo no le dirigiría la palabra durante todo el día; eso era lo que siempre hacía cada vez que se enojaba con él por alguna razón.
Pero en esta ocasión Camus le tenía preparado un castigo aún mejor a Milo; simplemente le patearía el trasero de manera espectacular frente a todos los presentes en el cuarto de entrenamiento.
—¡Camus! Aún estas aquí, me alegro…¡lo siento muchísimo! Se me fue el tiempo con otro asunto y olvide nuestra cita…
—Asunto que seguramente tuvo que ver con cierta joven Padawan.
—Heh, bueno tú sabes… algunas oportunidades no se deben desperdiciar.
—Comencemos de una vez, ¿quieres?— dijo Camus tomando una posición de defensa, indicando a Milo que él diera el primer golpe. Y así fue; Milo se abalanzó contra Camus con su sable de luz pero el otro chico lo evitó sin dificultad.
Dio comienzo una danza de luces blancas y amarillas, mayormente dirigida por Camus quien dominaba la pelea sin ningún problema. Milo era habilidoso, de hecho uno de los mejores, pero cuando Camus estaba decidido, era difícil que su amigo lo superara.
La pelea se demoró algo más que lo acostumbrado, llamando la atención de los demás caballeros Jedi y Padawans que se encontraban alrededor.
Milo sudaba y jadeaba intensamente y por más que intentaba no podía darle fin al enfrentamiento; cada vez que se acercaba Camus lo evitaba y atacaba de vuelta, y a él apenas si le daba tiempo de defenderse.
Al fin Camus decidió que era suficiente, y tras un fallido ataque de Milo, mando a éste al suelo de una patada y lo mantuvo ahí inmóvil con su sable de luz a sólo milímetros de su cuello.
El "público", constituido en su mayoría por alumnos y jóvenes maestros que se encontraban entrenando y se habían reunido alrededor para ver el espectáculo, comenzó a aplaudir y Milo se dio cuenta de lo que su amigo había intentado hacer.
—¿Así que esta vez decidiste humillarme en vez de dejar de hablarme?
—Eres más listo de lo que creí— respondió Camus, sonriendo orgullosamente mientras le daba la mano a Milo para levantarlo.
Milo no dejó pasar desapercibido el hecho de que Camus estaba sonriendo; algo que no acostumbraba hacer muy seguido.
"Supongo que valió la pena perder…"
Ambos amigos se retiraron del salón para dirigirse al comedor donde seguramente Alex y Aioria los esperaban, y precisamente al llegar, notaron a la pareja sentada en una mesa del fondo. Milo los saludó con la mano, antes de tomar una charola y comenzar a servirse.
—Buenos días señora Kahlia, ¿hoy con qué nos indigestará?— preguntó Milo a la enorme Klatooiniana, que más que humanoide parecía un perro en dos patas.
—Mmph, si no te gusta no lo comas, Antares. Deberías ser como el joven Camus, él nunca se queja.
—¡Ha! ¿Otro Camus? ¡No, gracias! Y acéptelo, señora Kahlia; usted me adora tal y como soy—bromeó Milo guiñándole un ojo a la cocinera.
—¡Oh, calla muchachito y vete a comer!
Milo obedeció y con una gran sonrisa alcanzó a sus amigos en la mesa.
—¿Ahora le coqueteas a la señora Kahlia, Milo? ¡Eres insaciable!— una chica de largo cabello negro saludó a Milo al llegar a la mesa.
—Bueno, Alex, se nota que la señora Kahlia fue en sus mejores años una joven muy atractiva….
—De verdad que no tienes límites, ¿eh?— Aioria se unió a la conversación.
—Bueno, cuando uno luce como yo, hay que sacarle provecho.
—¡Qué modesto! Pero supongo que tienes razón… a veces me pregunto si todos los chicos Torkenianos son tan lindos como ustedes dos—dijo Alex, mirando primero a Milo y luego a Camus, quien se sonrojó discretamente.
Ambos chicos, como Alex había mencionado, eran natales del ahora ya inexistente planeta Torken, y resaltaban de otros humanos por la coloración azul de sus cabellos, que sólo diferían en tonalidad uno del otro.
—Debe ser algo en el agua…—continuó la chica, en actitud un tanto soñadora.
—Hey ¡me vas a poner celoso!— reclamó Aioria, dándole un pequeño codazo.
—Tranquilo, tú sabes que eres el número uno en mi lista—respondió Alex antes de besar fugazmente al joven que se sentaba a su lado.
Aioria era de la misma edad que Milo y Camus, tenía cabello castaño que usaba corto a diferencia de sus dos amigos, y lucía unos ojos verde intenso que compaginaban perfectamente con su fuerte carácter. Alex quedó prendado de él desde que lo conoció cuatro años atrás en una misión con sus respectivos maestros; a diferencia de los tres chicos que se conocían desde la niñez, Alex se unió al cuarteto hasta que se convirtió en novia de Aioria, pues al ser dos años menor que los chicos, formaba parte de otra generación y nunca compartieron las mismas clases durante sus años de aprendices.
—¿Alguien ha escuchado noticias sobre el asesino de Jedi?— Camus interrumpió el cómodo silencio que se había establecido con la enervante pregunta.
—Según me he enterado, esta semana hubieron tres víctimas más…—Aioria informó sombríamente.
—El mes pasado fueron cinco, ¿la semana que viene cuantos serán! ¡No puedo creer que el Consejo se quede tan tranquilo cuando compañeros Jedi están siendo asesinados sin piedad!
—No debe ser un enemigo cualquiera si el Consejo no ha podido identificarlo… estoy seguro de que hacen lo que pueden, Milo— dijo Camus.
—¡Pues pónganme frente a él, y mi sable de luz y yo les quitamos el problema!
—Estás seguro de eso? Oí que hoy Camus te venció…—Alex trató se suavizar el ambiente dirigiendo el tema hacia otro asunto más ameno.
—Sí, bueno… eso fue suerte. Pero mañana no tendré piedad con él, ¡me las pagará!— Todos rieron y decidieron terminar su almuerzo sin revivir más mortificaciones.
El ahora apodado "Asesino de Jedi", ya había cobrado la vida de treinta víctimas en los últimos seis meses que en su mayoría habían sido Padawans y jóvenes caballeros, lo que era un golpe duro para la Orden en esos momentos de cambio.
Cada vez la gente confiaba menos en los Jedi y los veía más bien como estorbos o amenazas para el desarrollo del universo. Los tiempos se cubrían de oscuridad y cada año el número de reclutas para la Orden disminuía preocupantemente. Además, no se contaban con suficientes maestros pues la mayoría de los Jedi más experimentados eran enviados en misiones alrededor de la galaxia, sobre todo para aplacar levantamientos rebeldes en contra de la República.
Las cosas definitivamente habían cambiado. Para un ejemplo, los dos amigos pelilargos que ahora se dirigían al cuarto del Consejo contaban con veintitrés años y habían sido nombrados Caballeros hacía menos de dos años; Milo tan sólo un par de meses después de Camus. Esto hubiera parecido un sacrilegio una década atrás, pero cada vez la edad para la obtención del título de Caballero Jedi disminuía. Así mismo, muchos jóvenes con sólo unos cuantos años de ser caballeros tomaban aprendices bajo su tutela.
Había escasez de caballeros Jedi y el Consejo tenía que hacerse de la vista gorda con algunos reglamentos. Unos años atrás Alex y Aioria hubieran obtenido severa reprimenda por el simple beso de hacía unos minutos en el comedor. Eran pocos los caballeros Jedi que aún seguían el código a la perfección.
Entre esos pocos se encontraba Camus. Él había decidido desde que puso pie en el Gran Templo Jedi, veinte largos años atrás, que siempre seguiría los preceptos del Código lo mejor que pudiera. Camus siempre se encontraba en control de sus emociones, dejando notar sólo lo que él consideraba necesario a las personas que lo rodeaban. Confiaba en la Fuerza más que en sí mismo y era parte presente que lo guiaba en cada segundo de su existencia. Además de eso, Camus era probablemente el único joven Caballero que mantenía su voto de celibato con orgullo.
Un Jedi no conocerá amor.
Un Jedi no conocerá apegamiento
Un Jedi no conocerá temor.
Un Jedi sólo conocerá la Fuerza
Sin embargo, el chico que caminaba a su lado, su compatriota y mejor amigo, era todo lo contrario a él. No por nada tenía la fama de casanova; chicas, chicos, cualquiera era bienvenido a su cama. Su promiscuidad era un secreto a voces en el Templo y sobraba decir que a Camus le molestaba este aspecto de la vida de Milo, y se lo reprochaba constantemente.
No hay emoción, sólo hay paz.
No hay pasión, sólo hay serenidad.
Como buen Jedi, Milo confiaba en la Fuerza, pero a veces sucumbía a sus instintos y no le importaba demostrar sus emociones, aunque si quería podía enmascararlas muy bien. Eso sí, el joven era un experto en el arte de la espada de luz pues su Maestra había sido, o mejor dicho todavía era, famosa por sus habilidades con la espada láser. Él había aprendido de la mejor.
—Hey, mira quienes vienen ahí…— dijo Milo haciendo notar a Camus el par de altas figuras que salían del salón del Consejo.
Hacía más de un año que Camus no veía a los gemelos Saga y Kanon, quienes con tan sólo veintiocho años eran caballeros Jedi muy respetados dentro de la Orden. Siempre habían demostrado ser muy eficaces en su trabajo, y resultaba raro vérseles en el Templo pues constantemente eran enviados en las misiones más importantes. El Consejo confiaba mucho en los gemelos Torkenianos y ellos jamás defraudaban.
Aunque los hermanos lucían idénticos, sus firmas de Fuerza eran claramente distintas, así que diferenciarlos no era problema.
—Camus.
—Saga...
Los dos chicos se saludaron inclinando levemente sus cabezas al cruzarse en el pasillo. Camus notó algo extraño en la fugaz mirada que Saga le dirigió, se veía diferente a como él la recordaba; ese brillo especial había desaparecido… Camus no ponderó mucho en la idea pues la voz de Milo interrumpió sus pensamientos.
—Llevan prisa…—hizo notar el chico al ver la rapidez con la se encaminaban los hermanos—. La verdad a mí nunca me han agradado mucho.
—No puedo hablar por Kanon, pero Saga es un Jedi dedicado y digno de admiración—respondió Camus seriamente. Una de las cosas que le molestaba de Milo era que tendía a precipitarse en sus juicios. A veces se preguntaba, sin malicia, cómo su amigo había sido capaz de pasar las Pruebas.
—Ah sí, lo olvidaba…'tu ídolo Saga'.— Milo sabía que Camus y Saga habían entablado una especie de amistad varios años atrás, cuando aun siendo Padawans ellos y sus respectivos Maestros tuvieron una misión en común.
Camus se sintió identificado con Saga en un principio por ser natales del mismo planeta, y desarrolló después gran admiración por el muchacho porque siempre le pareció que era más sabio de lo que su edad aparentaba. Además de ser un joven firme en sus creencias y fiel a la Fuerza.
Antes de que Camus contestara el comentario de Milo, las puertas de la cámara del Consejo se abrieron, y Milo se despidió de su amigo.
—Te espero aquí.
—.—
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