|
Author of 9 Stories |
Ajá. Mentirosa yo, sí, ok. Me he tragado mis palabras de nuevo. Lo he continuado, y esta es la segunda vez que digo que este fic se ha terminado (¡Já!) Miren, les voy a ser franca: dudo que lo continúe. Es sólo que ustedes me envian reviews por montón, y yo no me aguanto xD (Les digo, los revis hacen maravillas en mí) Esta es la continuación, pero... OJO! Si esta continuación es válida, los bonus extra en los capítulos anteriores no valen. Me explico, del capítulo uno al tres, con sus bonus, es una historia. Del capítulo uno a los que (dudablemente) publicaré, es otra historia, sin bonus. Los bonus no valen si lees de este chap en adelante. Gotcha? n.n
Otra cosa con los bonus, a ver, los bonus ocurren (repito, del chap 1 al 3, como otra historia con un final diferente a esta) después del chap 3, pero existe una laguna de tiempo muy larga entre el chap 3 y el primer bonus, y pasa mucho tiempo hasta que ocurre el segundo, y así pasa con el tercer bonus. Espero que no se hayan mareado
Me han dicho que está prohibido contestar reviews, así que me abstendré de hacerlo hasta que me asegure. De todas formas millones de gracias por todo aquel que se ha tomado la molestia de hacerlo.
Advertencia: Peor lenguaje que el anterior. Tengo que plantearme el subirle el rating.
Prueba o Disculpa
By Magical
Cuarta parte
Ginny se despertó sintiendo que esta mañana ocurría algo inusual en su apartamento. Abrió los ojos lentamente, agradeciendo la penumbra de las mañanas otoñales y se desperezó sonoramente sobre el lecho donde se había quedado dormida. Se recincorporó pesadamente mientras se recuperaba del lapsus matutino y trataba de recordar cómo había llegado al sofá, descalza y abrigada con la manta que se suponía debía estar a seis metros de distancia, en su habitación. Lo único que le vino a la mente una imagen borrosa de latas de cerveza, el suelo frío y duro, una total oscuridad y cierto borracho que se disculpaba con ella.
Un profundo olor a quemado la sacó de sus pensamientos.
–Oh, no... –profirió implorante, mientras corría descalza hacia el mosaico frío de la cocina.
Una gran cantidad de humo se abrió paso desde la puerta de la cocina, nublandole la vista y atorandose en su garganta en una tos. Ginny agitó los brazos desesperadamente intentando dispersar la cortina de humo, hasta que la silueta borrosa de un hombre se divisó entre la humadera.
–¡Cof,cof¡Ma–(cof) Malfloy¿Q–qué... se supone...(cof!) que intentas hacer? –tosió otro par de veces.
La respuesta del rubio fue una serie de tos incontenida mientras abanicaba con su mano lo que ella pudo distingir borrosamente en una sarten, era el causante de todo.
–¡En el buen nombre de Merlín¿Qué intentabas hacer, abrasarme viva?(N/A: a–brasar de brasas, no abrazar de abrazo por si acaso) .–preguntó, furiosa, al tiempo que abría la ventana y el humo se escapaba por ella.
–Buenos días, Weasley, como es usual. ¿Podrías, alguna vez, tener la consideración de saludarme por las mañanas? No es que me importe demasiado, pero¡en el nombre de Merlín, verás, algunos sí tenemos una imagen que cuidar¿sabes? No quiero que la gente piense que vivo con una troglodita.
Ella le hubiese metido la sartén por el culo (N/A: no, no pienso dejar el lenguaje obceno. Deal with it if you wanna read this fic O.o) Afortunadamente, días de práctica a carne viva empezaban a dar resultado. No por nada ambos habían sobrevivido todo ese tiempo y a situaciones peores.
–Buen día, Malfoy –contestó, con dulzura fingida –¿Qué día tan precioso, verdad? –dijo mirando hacia la ventana –¿No crees que sería un día estupendo para morir entre llamas? Pues bien¡YO NO LO CREO, GRANDÍSIMO INTENTO DE TROLL! –le gritó –¡Y no te atrevas a llamarme troglodita de nuevo si quieres conservar el tamaño del hueco de tu trasero como está!
Él esbozó una sonrisa aduladora y, Oh–Merlín–nos–salve, ignoró su comenteario por lo que ella pudo sumar era la milésima vez.
–Vaya que exageras, Weasley –repuso –Sólo se me ha quemado un poquito...
–¡Pero qué, claro, qué poquitíisimo! –repuso sarcástica, mirando a la sartén que él sostenía en una mano, donde podían verse claramente un par de huevos totalmente quemados, calcinados y achicharrados. De no ser por las cáscaras rotas en el mármol de la cocina jamás se habría aventurado a decir que esa masilla negra como el carbón había sido, en su tiempo, huevo.
–De acuerdo, tal vez sí estén un poco más que quemados –concedió Draco condescendiente.
Ginny le miró alzando las cejas elocuentemente.
–Muy bien, muy bien doña inconforme, lo admito. Están carbonizados. ¿Contenta ya? –rodó los ojos como quien no puede creerlo y dejó la sarten sobre el fogón.
Ella le dedicó la primera sonrisa genuina que le hubo de dedicar en su vida.
–Mucho –confirmó ella, todavía sonriendo –Y sólo por eso, te has ganado uno de los legendarios desayunos Weasleys. –tomó la sarten, tiró su contenido en el basurero (este se lo comió y profirió un sonoro eructo)
–¿Legendarios? –esta vez le toco a él sonreir y mirarla con las cejas alzadas.
–Ya sabrás a qué me refiero –contestó confidente de sí misma –Y será mejor que te tomes otra ducha, estás horrible.
La verdad es que distaba de estarlo. Tenía manchas de ceniza y humo impregnados en el rostro, el cabello desordenado y la ropa arrugada, pero más bien ofrecía a la vista la imagen de un niño travieso que había estado haciendo tortas de lodo en el jardín.
Sólo que podrías aplicarle el crustaceos a Ginny por horas y horas, y la chica nunca lo admitiría.
Draco sonrió, obediente, y se dirigió a la salida de la cocina. Mas cuando se encontró en la puerta se detuvo y echó una útima mirada atrás.
–¿Esto no será sólo un truco para espiarme en la ducha, verdad? –preguntó divirtiendse de su propio chiste.
Se hizo a un lado justo al tiempo que una gran cacerola salía disparada hacia su dirección. El objeto pasó a tres milímetros sobre su brazo izquierdo y chocó estruendosamente contra el suelo. Draco mantenía los ojos muy abiertos cuando se aventuró a mirar hacia la cocina. Ginny seguía de espaldas a él, ante el fogón.
–Un comentario más de esa índole y te juro que te desayunas tus propios huevos –amenazó. (N/A: EJEM! EJEM¿Lo entendieron? Díganme que sí lo entendieron¡vamos, dígame que sí lo entendieron! XD Here I am, pervertiendo mentes de nuevo v.v deberían encarcelarme T0T)
Draco murmuró algo intangible y se dirigió hacia el baño con las manos entrelazadas tras la nuca.
–Y por cierto –oyó que gritaba desde la cocina –¡Te aconsejo que la proxima vez que necesites una castración de emergencia, busques ayuda profesional!
–¡Vaya gatita en celo! –susurró de nuevo más fuerte, una vez asegurado que ella no podía oirle, y cerró la puerta tras de sí.
Quince minutos después, media docena de panqueques inundaban el apartamento con su dulce aroma de miel. Draco Malfloy abrió la puerta del baño, con su habitual toalla atada a la cintura y las perlitas de agua recorriendo su cuerpo hasta caer al suelo.
Ginny, quien empezaba a acostumbrarse a situaciones semejantes, optó por no mirarle y se sirvió un vaso de jugo de calabaza sin mirarlo.
–Cuando se termine de despertar el poco de cordura que tienes y tengas la mínima decencia de vestirte, puedes venir y probar un par de éstos –dijo haciendo un además hacia la mesilla del comedor y a los tentadores panqueques que humeaban sobre sus platos.
Él se quedó parado donde estaba, observandola mientras chorreaba agua y mojaba la alfombra.
–¿Sabes lo que me cabrea, tio? –dijo de repente, rodeando los ojos –Una cosa es que me obligues a darte alojo aquí, pero otra muy distinta que tenga que aguantarte paseandote desnudo por mi apartamento. No hay derecho¿sabes? Eso estaba fuera del trato.
Draco caminó hacia ella amenazadoramente y se detuvo a tres palmos de su rostro. Ella le sostuvo la mirada.
–¿Alguna vez has visto a un hombre desnudo, Weasley?
Ella se irguió y se cruzó de brazos.
–Eso no es de tu incumbencia. –contestó imperturbable.
Él ignoró su respuesta (por lo que, contemos, es la milésima primera vez).
–Pues yo diría que no, porque, por si no lo has notado, existe una diferencia fundamental entre un hombre desnudo y uno con una toalla alrededor de sus partes íntimas. ¿Quieres que te muestre la diferencia? –el tono de su voz casi le provoca un ataque cardíaco.
Ginny sintió cómo la sangre le subía al rostro y cómo le palpaba en los puños. Estaba a punto de hundir sus nudillos en la nariz del aludido cuando...
Tic,tic
Un enorme búho negro golpeaba con el pico la ventanilla de la sala. Sus plumas relucían elegantemente tras los ventanales cerrados, y traía atado a la pata un pergamino pulcramente sellado. Draco se adelantó a abrir la ventana y recibir la carta. El búho emprendió vuelo y el rubio se dirigió a su habitación con el sobre en sus manos. Ninguno le dirigió una segunda mirada a la pelirroja en el centro de la sala.
Una buena porcion de panqueques y jugo de calabaza después, la puerta de la habitación a la izquierda se abrió ante sus ojos. Ginny estaba considerando la opción de ahorcarlo con la estúpida toalla cuando se dió cuenta que ya no la traía atada a la cintura. Al contrario, se encontraba pulcramente vestido con su túnica de mago y el aroma del perfume que percibió cuando se sentó a su lado en la mesilla del comedor le provocó el impulso de pegar su nariz contra su pecho y quedarse en esa posición el resto de su vida (N/A: Bueno, me gustan los chicos que huelen bien, demándenme por eso! ù.ú).
–¿Sabes qué, Weasley? En mi casa solemos esperar a que todos estén presentes antes de empezar cualquier comida. –comentó mientras cortaba su torre de panqueques.
Ella detuvo en el aire el ademán de tomar un trago de su jugo al oir las palabras. Era inhumano el no ofenderse ante una indirecta tan directa.
–¿Y tú sabes qué, Malfloy? En mi casa agradecemos a quien se ha tomado la molestia de cocinar para alguien más. –contestó mordazmente.
–¿En serio? –preguntó a su vez, como si nunca se lo hubiese planteado. –Bueno, yo agradecería a cualquiera que se hubiese tomado la molestia de cargarme hasta un sofá para que no muriese congelado en el suelo. –prosigió como quien no quiere la cosa.
Ginny dejó el vaso en la mesa con fuerza, haciendo que salpicaran pequeñas gotas de jugo sobre el mantel.
–Yo no te pedí que lo hicieras –repuso con fiereza.
Él miró sus panqueques elocuentemente y, con una sonrisa lobuna, se metió un gran pedazo a la boca.
–Claro que no. –concedió, pero ella sabía que escondía un "Yo tampoco".
–Me voy. –dijo levantandose de golpe y dejando su desayuno a medio terminar. –Se me está haciendo tarde.
–No has terminado tu desayuno. –comentó Draco de forma natural, como si le hiciese ver algo de lo que ella no podía darse cuenta.
–Lo sé. –contestó con una sonrisa fingida. –Pero qué sorpresa. Lo dice quien me pidió hacer dieta ayer. –rodó los ojos, como si ya nada puediese sorprenderle de él.
¡Qué equivocada estaba!
–Ayer, ayer. –canturreó aburrido. –Vives en el pasado, Weasley. Y como siempre, me sorpende lo crédula que puedes llegar a ser.
–Y una mierda. ¿Ahora qué, vas a decirme que ayer delirabas, que todo fueron desvaríos de borracho? –inquirió decepcionada. Si su respuesta era afirmativa, toda buena impresión que obtuvo de él se iba a la basura. Oh, y también la disculpa, claro.
–Yo nunca me emborracho. –declaró él impetuosamente.
–Ajá. Seguro. –repuso incrédula.
Ya nadie le estaba prestando atención al desayuno.
–Mira, Bombón, si es que te arrepientes de no haber aceptado la partida de póker desnudo...
–Agradecería que dejases tu petulancia fuera de esta casa –le cortó –Y ya que estamos, hay unos términos de convivencia que me gustaría poner.
Él se mostró sumamente aburrido.
–Qué falta de imaginación tienes, Weasley. Es el tema más rayado que se te pudo ocurrir.
–Me hablabas de autoconservación, Malfloy, no te quejes ahora que la recupero.
Draco mantenía una sonrisa de medio lado y la miraba perspicazmente, alentandola silenciosamente a seguir.
–Uno, bajo ninguna circunstancia, y quiero decir ninguna circunstancia, puedes entrar a mi habitación. –le miró un momento esperando a que sus palabras hicieran efecto en él, luego contó con los dedos –Dos, queda terminantemente prohibido el que me llames bombón –él reprimió una risita –Tres, nada de asuntos ilegales mientras vivas aquí. Cuatro, lo que ensucias, lo limpias tú mismo –Draco soltó un bufido –Cinco, Si alguien pregunta, eres mi primo.
–¿Qué? –inquirió el rubio para cerciorarse de sus palabras.
–No quiero que anden pensando lo que no es. –aclaró Ginny cortante.
–¿Y tú pretendes que te crean? –rodó los ojos como si fuese lo más ridículo que hubiese escuchado en su vida.
–¿Y porqué no habrían de hacerlo? –repuso ella comenzando a exasperarse.
–Mira Weasley –empezó lentamente, cabreandola deliberadamente –No te culpo de no tener vida social, pero la mía, sin querer, arruinará estrepitosamente tus planes de mantenerme en el anonimato.
Esta vez fué ella quien aprendió del maestro e ignoró su comentario.
–Seis, no podrás traer a nadie aquí, sobre todo mujeres. Así que si tienes necesidades ya sabes dónde está la puerta.
–¿Celosa, Weasley? –preguntó con la mirada brillante de quien se le adelanta la Navidad.
–En tus más dulces sueños. –rodó los ojos antes de levantarse de nuevo y dirigirse a la chimenea, donde tras un pellizco de polvos flú, desapareció tras las llamas.
Bueno, pensó Draco, mientras pinchaba otro pedazo de panqueque. Al menos quedaba demostrado que, a pesar de todo, lo bombones sí eran dulces. Terminado el último trozo de su desayuno, se levantó de la mesa. Estaba encaminandose hacia la chimenea cuando pareció tener una idea y se volteó hacia su habitación. Entró en ella y regresó unos segundos más tardes a la sala, con una nota que colocó bajo el vaso de jugo de calabaza vacío.
Otro pellizco de polvos flú, y el apartamento quedó completamente vacío.
0.o:0:O:0o.0
Un destello de llamas violeta alumbraron la penumbra del apartamento, haciendo que las sombras del mobiliario danzaran tenebrosamente por unos segundos. Ginny Weasley se apareció por la chimenea cansada, despeinada y llena de hollín. Encendió las velas con la varita, y la luz reconfortó el pequeño espacio del apartamento. Entonces lo vió.
Los platos del desayuno que le correspondían limpiar a Draco seguían en la misma posición, colocados sin limpiar sobre la mesilla del comedor. Ginny se dirigió furiosamente a ellos, planteandose la posibilidad de hechizarlos para que se partieran en la cabeza del rubio al hacer aparición en la chimenea, cuando se percató de una nota colocada bajo el vaso vacío. La tomó para ver que decía.
Buen intento de desayuno, Bombón. He de decirte que has sobrepasado mis expectativas. Espero una habilidad similar a la hora de la cena, y aspiro, tambien, que esta vez tengas la cordialidad de esperarme antes de empezar.
Atte.
D. M
P.S: Te aconsejaría bajar las calorías de tu dieta, creo que me has hecho una grave lesión en el tobillo ayer.
Ginny estrujó el papel fuertemente contra su mano, mientras gruñía como una gata furiosa. Estaba tan fuera de sí que el pergamino empezó a arder en llamas dentro de su puño ( N/A: Se llama wandless magic o magia sin varita, mis niños n.n ocurre cuando eres incapaz de controlar tus emociones O.O), hasta convertirse en un montoncito de cenizas que cayeron pesadamente sobre la mesa. ¡Pero cómo se atrevía¿Por quién la tomaba, su sirvienta¡Ya le daría ella una dieta a él¡Ya se encargaría de...!
Se quitó el abrigo y lo tiró al sofá, mientras se dirigía al cuarto de baño. No pasaron dos segundos antes que...
–¡LA PUTA MADRE QUE LE PARIÓ! –gritó, fuera de sus cabales. Salió completamente despeinada de ahí, levitando con la varita un montoncito de ropa que, definitivamente, no era suya (N/A: Sí, bueno, me diran que no entienden tan exagerada reacción, pero es que habían prendas íntimas ahí xD). La mandó volando hacia la chimenea, donde empezó a crepitar sonoramente entre las llamas y pronto desapareció mágicamente. Se encerró en el cuarto de baño sin más comentarios. Ya tendría oportunidad de ajustar ciertas cuentas con él.
Pero el caso es que Draco no se apareció esa noche, ni la noche siguiente a esa, ni la semana siguiente, ni el mes siguiente...
Se había esfumado. Así de simple.
0.o:0:O:0o.0
Mientras, en la Mansión Malfloy...
–Voy a hacerlo. –informó Draco, impasible.
Narcissa le dedicó su etérea sonrisa, complacida.
–Tu padre estaría orgulloso. –dijo, con un brillo de satisfacción en los ojos. –Al fin podrá tener un poco de paz en su tumba, Draco. Ahora que has sentado cabeza.
Draco no respondió. Le incomodaba de sobremanera que ella hablase de la muerte de su padre con tanta soltura. Volteó la vista hacia el gran ventanal que alumbraba la enorme habitación. Pronto oscurecería.
–Les informaré que has aceptado –su voz denotaba emoción contenida.
–No –pidió él, volteandose a verla –No, Madre. Es cosa mía. Yo elegiré.
Ella le miró con la expresión fría algo descompuesta por su contestación.
–Draco, sabes los términos.
–Servicio de toda vida o la muerte –contestó, rodando los ojos. –Y sólo los sangre–limpia.
–No me gusta tu tono, Draco. –reprochó Narcissa dándole una mirada gélida.
Draco calló, pensando en las cosas que ella odiaría saber de él.
Bueno, pues eso, no más bonus¡lo siento! Me había planteado hacer un backstage, pero eso ya era demasiado
¡Me retracto!
Lo siento, creo que fuí un tanto agresiva con mis notas la última vez, lo que pasa es que como estoy de vacas, tengo que hacer la limpieza práticamente yo sola, todos los días. ¡Y ni se imaginan! Hablo de una casa de tres pisos, donde viven doce personas. Así que desde que me despierto hasta las 9 de la noche, yo soy la que limpia todo, y me pone de malas porque para variar¡los baños siempre están ocupados cuando termino! Me doy una ducha y empiezo a escribir, y me acuesto a las dos o tres de la madrugada. So... discúlpenme, y por favor, por favor... reviewsss! Necesito algo que me diga que todo este martirio vale la pena T0T
Bueno, y ya que están, lean mis otros fics! Tengo un summary mejor en mi perfil y todo, ya ven xD
¡Millonésimas gracias!