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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » Porque no todo son príncipes

Duare
Author of 4 Stories

Rated: M - Spanish - General/Romance - Narcissa M. & Bellatrix L. - Reviews: 6 - Published: 08-31-04 - id:2037723

Clasificación : R supongo, o NC-17, sinceramente odio poner clasificaciones de este tipo.

Pareja(s):! Narcisa/Bellatrix, auque hago alusiones a Severus/Lucius entre otras

Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Rowling (Jo en confianza), Bloomsbury y WB. Yo con esto no gano nada, excepto falta de sueño. Es simple diversión. Si fueran míos... Aichhh... la de cosas que una haría

Avisos: Sexo, yuri, femslash, ya sabéis “mujer contra mujer”

Notas: Las referencias a los clanes escoceses se deben a mi pasión por el temas tras mi vacaciones en Escocia, de entre los tres clanes en los que hay familias Black he escogido el MacLena pq su tartánn es el que más me ha convencido

Una vez más he comprobado que no puedo escribir nada de menos de 10 páginas. Ya no solo tengo verborrea al hablar como decía mi profe de castellano en el instituto, sino que tb la tango la hora de escribir!!!! Q horror!!! o

PORQUE NO TODO SON PRÍNCIPES

Los rayos de sol matinales entraban a raudales entre los elegantes cortinajes de la ventana, violando así la oscuridad de la habitación.

Una figura se estiró en el lecho y se tapó los ojos con el antebrazo. Con la otra mano palpó el lado contiguo de la cama.

Estaba vacío.

Vacío al irme a dormir y vacío al levantarme –pensó con cansancio-. Debería hacer me a la idea de que será siempre así.

Recorrió con descuido las sabanas inmaculadas del otro lado del lecho. Ni una arruga, nada que diera la más mínima señal de que alguien hubiera pasado la noche allí. Nada.

No sé por qué me molesta... –se dijo aún mirando ese vacío incierto- No es como si nos amaramos o algo parecido, bendito Slytherin! Sólo me faltaría eso.

Se incorporó quedando sentada en la amplia cama, alzó los brazos estirándose para tratar de desperezarse.

Se sujetó la larga cabellera con las manos y miró de nuevo hacía el lado contiguo de la cama.

Frunció el ceño y se levantó de un salto con una maldición en la punta de la lengua, un reniego frustrado que jamás llegó a abandonar sus labios.

¡Nunca! – pensó enojada – Eso jamás, antes muerta que hundida por algo como esto.

Se dirigió hacia el baño sin pararse siquiera a mirarse en el espejo de su tocador como tenía por costumbre cuando se levantaba.

¿Para qué? –se recriminó mentalmente - ¿Para ver el reflejo de una mujer marchita? Nunca, nunca, nunca!!! Yo no era así... –pensó mientras se despojaba del suave camisón de raso y se sumergía en el agua caliente y perfumada de la bañera-.

-Yo no soy así –susurró de forma triste, intentando dar sentido a las palabras al pronunciarlas.

Hacía un mes y medio que se había casado y el matrimonio no le estaba sentando demasiado bien, al menos no en su fuero interno.

Supo desde el primer momento que su matrimonio era un acuerdo concertado para beneficiar a ambas familias mágicas, de eso no le cabía la menor duda, y tampoco le representaba un problema. Estos matrimonios nunca eran por amor, pero con el tiempo se llegaba a una cómoda convivencia, o eso le habían explicado.

Durante años había sido instruida para ser la señora de una gran familia, para encargarse de todos los pormenores de una mansión. Siempre le dijeron que su esposo se encargaría de todo, le diría que hacer, y requeriría su presencia de forma asidua para satisfacer sus deseos.

Y ella había aprendido las lecciones a conciencia, se había convertido en el modelo perfecto de mujer que la obsoleta y elitista sociedad mágica requería.

Pero no todo había salido como ella había esperado.

Quizás había salido mejor... no podía estar segura de ello.

Pero lo que sí sabía con toda seguridad es que esto no era lo ella había esperado, no era para lo que le habían enseñado y ni mucho menos era lo que sus ilusos sueños de adolescente habían imaginado.

Nunca se ilusionó con las imágenes del perfecto galán que acudiría a recatarla de una vida de tedio y aburrimiento. Había desterrado de su mente los sueños del joven apuesto y tractivo montado en un blanco corcel enarbolando su vara y mostrando su poder.

Salió de la bañera y se secó cuidadosamente tanto el cuerpo como su cabello, del cual se sentía secretamente orgullosa. Una hermosa cabellera rubia, suavemente ondeada que caía a lo lago de su espalda.

Se miró en el espejo del cuarto de baño, se sentía más calmada después del baño, lo suficiente como para ver su reflejo y no querer romper el espejo, o simplemente desaparecerlo.

Tiene gracia –se dijo mientras se miraba – Lucius bien podría entrar en la categoría de apuesto galán, solo que en lugar de un corcel blanco y un traje de príncipe lleva una túnica negra y una máscara blanca.

Sacudió la cabeza, no encontraba divertida la situación, pero no había nada que ella pudiera hacer... Aún si quisiera, que no era el caso.

Envuelta en una suave toalla se dirigió de nuevo hacia la habitación, se despojó del tejido que la cubría y se paseó desnuda frente al armario observado todas sus túnicas y vestidos.

Le gustaba esa sensación, la de estar desnuda y coquetear con el aire, para invisibles testigos. Quizás era una actitud algo narcisista, pero no lo podía evitar.

Además –añadió con una medio sonrisa- es una cualidad que hace juego con mi nombre.

Se decidió por una combinación de seda, de color plateado, muy sencilla, con apenas unos pocos encajes en el escote. La túnica ya la elegiría después, cuando decidiera lo que haría hoy.

Sentada en el tocador se dedicaba a peinar su cabello, desenredándolo con gran paciencia. Se podría hacer con un hechizo, pero nunca quedaba igual, y a la larga estropeaba el pelo. Además, era algo que la relajaba y la ayudaba a aclarase las ideas.

Su menté voló a su noche de bodas. Se había sentido nerviosa como una colegiala, o peor, como una ingenua virgen, casi como si fuera verdad.

Casi, porqué podría ser y no ser muchas cosas, pero nunca había sido inocente, eso era algo totalmente imposible cuando se crecía en la casa de las serpientes.

Recordaba a la perfección las palabras de Lucius Malfoy la noche después de casarse, la misma noche que la poseyó con una pasión fría y comedida:

“Sé que no nos conocemos mucho, así que mejor aclarar las cosas desde el principio –le había dicho aquel joven de atractivas facciones y espléndido cabello rubio, casi plateado- El hecho de que nos hayamos casado no significa nada, al menos para mí, seguiré haciéndolo todo como antes, mi vida no cambiará y no esperes de mi fidelidad. Pero no soy egoísta, así que espero de ti lo mismo, podrás hacer lo quieras, manejaras tu vida a tu antojo, solo sé discreta. Ningún escándalo debe manchar el nombre de mi familia. Los compromisos sociales y familiares son obligatorios para ambos, y siempre daremos la imagen de la perfecta pareja. Por otro lado –continuó el hombre acercándose a ella y sujetándole la barbilla para que sus miradas se encontraran –regularmente mantendremos relaciones sexuales hasta conseguir un heredero para la familia Malfoy.”

Lo podía haber dicho más alto pero no más claro.

Recordaba que su siempre peculiar sentido del humor le había hecho sonreír al aparecer en su mente las palabras: “Bienvenida a la familia Cisa”

¡Alabado sea el cinismo!

Desde esa noche había yacido junto a Lucius una vez por semana, con una regularidad religiosa que la asustaba. Y no lo veía para nada más, no aparecía para comer ni cenar. Sabía por los elfos domésticos que a veces aparecía para coger alguna cosa o cambiarse, pero nunca reclamaba su presencia.

Continuó peinándose de forma mecánica y un suave suspiro escapó de sus labios.

Estoy aburrida –pensó cansada-. No sé que hacer, y cada vez que mi madre me llama se me hace más difícil sonreírle y decirle que todo va de maravilla. ¡Merlín misericordioso! Los Malfoy deberían venir con manual de instrucciones.

Y así, sentada en la butaca frente al tocador, cepillándose el cabello la encontró el elfo doméstico que se apareció con mucha cautela de no importunar a la señora.

-La señora tiene una visita –exclamó con su estridente vocecilla-. La señora Lestrange pregunta si puede verla.

Narcisa se giró hacia el elfo sorprendida.

¿Mi prima Bellatrix ha venido a verme? – se preguntó atónita-.

Bella había sido siempre su prima favorita, eran tan diferentes, una antítesis perfecta tanto físicamente como de carácter, quizás por eso se llevaban tan bien.

-Hazla pasar –contestó secamente sin tan siquiera mirar al elfo que desapareció al momento.

A los pocos minutos escuchó como la puerta se abría y entraba una mujer de porte altivo y gestos imperiosos.

Era alta, tan alta como lo era ella misma, pero su tez era más pálida y lucía una espesa cabellera negra que brillaba como el ónice.

-Hola Bella –le dijo con tono casual - ¿Qué te trae por aquí?

Le encantaba la familiaridad con la que ambas se trataban, no había palabras superfluas ni estúpidas cortesías, se conocían desde niñas, y aunque al crecer se habían distanciado aún seguían lo suficientemente unidas como para evitar los formalismos.

-¿Es que no puedo visitar a mi prima preferida sin tener algún motivo? –le contestó la aludida sacándose la túnica y sentándose en la cama.

Narcisa se giró y observó con detenimiento a su prima. Vestía una camisa sin mangas ajustada, de color negro, con un más que abundante escote que mostraba lo que Bella siempre había denominada como “sus dos mayores encantos”.

Una falda escocesa, de los colores del clan al que pertenecían los Black y una botas negras de piel altas remataban su atuendo junto con la elegante túnica negra.

Su rostro se animó con una sonrisa ambigua, ladeada, que fue respondida con una igual por su compañera.

-¿Qué te hace tanta gracia? –le preguntó Bellatrix acomodándose más en la cama-.

-Tu ropa, no es algo... Como decirlo... –continuó a punto de reírse sin ninguna inhibición-.

-¿Muggle? –acabó Bella por ella – Pues sí, ríete si quieres pero ha sido por cuestiones de “trabajo” –le dijo con un guiño-. Además, no me negarás que me queda perfecta, no tienen mal gusto vistiendo, para ser muggles claro. Y de todas formas la falda es escocesa, del clan MacLean, nuestro clan! – añadió con voz exaltada y los ojos brillantes de emoción- Nunca me avergonzaré de ser escocesa ni de vestir mis colores con el mismo orgullo que visto la túnica negra para mi señor o el verde de nuestra casa.

Narcisa puso los ojos en blanco ante el pequeño meeting de su prima. Bellatrix era siempre tan impulsiva y se emocionaba tanto con estas cosas.

Era curioso que los dos primos que más se parecían, tanto físicamente como en carácter, eran los que peor se llevaban. Sirius y Bella eran tan parecidos como dos gotas de agua, altos, orgullosos, impulsivos, alocados, de impresionante cabello negro y fervientes ojos azules. Sólo que el destino los había colocado en bandos contrarios. Eran las dos caras de la misma moneda, pese a que ambos matarían a quien se atreviera a decirlo en voz alta.

-Por supuesto... –respondió evasiva, nunca le gustaba discutir esta clase de temas y menos con alguien tan cerrada como su prima, incapaz de aceptar que los demás pensaran de forma diferente- Pero volviendo a mi pregunta inicial, se puede saber a que debo el placer de tu visita.

-Nada especial –le contestó la joven mujer desde la cama encogiéndose de hombros-, me apetecía ver como te iban las cosas. Desde que te casaste no te he visto el pelo. Y sé –añadió entonando con fuerza el “sé”- que no ha sido por estar ocupada con tu esposo. Así que cuéntame...

-¿Qué quieres saber? –le preguntó mirándola a los ojos, temiendo la respuesta, puesto que esta le impediría esconderse de todo lo que había estado eludiendo.

-Todo –respondió ecuánime Bellatrix poniéndose seria-. ¿Cómo te va el matrimonio? ¿Cómo te sientes? Y lo más importante ¿por qué te has encerrado en casa?

-Y como es que tienes tanto interés en mi vida matrimonial, si puede saberse, claro.

-Digamos que es mi buena obra del día. –contestó la mujer morena sonriente- En serio Cisa, me preocupo por ti y sé que algo no anda bien.

¿Tenía sentido mentir? Y aún si lo hiciera, nada le garantizaba de su prima, una mujer inteligente y astuta, la creyera. De hecho era más que probable que la pillara con solo abrir la boca. Nunca se habían mentido, y no tenía caso empezar ahora.

Total –se dijo resignada- puede que me ayude contarle a alguien.

-Estoy cansada, aburrida, desconcertada, furiosa y no sé por qué. No entiendo a Lucius y no sé como afrontar todo esto.

-Me lo imaginaba –y sacudiendo la cabeza añadió- para lo listo que es Lucius en algunas cosas es un total desastre en otras. Anda, ven –le dijo palmeando el lecho para que se sentara junto a ella – y cuéntamelo todo.

Narcisa la miró dubitativa, siempre habían tenido confianza, pero esto era diferente, le iba a abrir su alma sin ningún miramiento, y eso era algo a lo que no estaba acostumbrada. Pero por alguna extraña razón confiaba en su prima, tenía la certeza de que no utilizaría nada en su contra, ni se reiría y quizás...

Quizás arrojaría algo de luz en su por ahora descarriada senda.

Se levantó y se sentó juntó a ella con una sonrisa.

Media hora después ambas estaban estiradas cómodamente en la cama riéndose sin parar.

-¿En serio? –preguntó Bella conteniendo la risa- Puedo imaginarlo con su cara estirada diciéndote “regularmente mantendremos relaciones sexuales” como si te estuviera diciendo que le apetece dar un paseo. A veces pienso que el rubio lo ha dejado sin neuronas.

-¡¡Ey!! Que yo también soy rubia –protestó Narcisa dándole un golpe en el hombro-

-Sí, pero no tienes el rubio Malfoy del que se siente tan orgulloso Lucius. De todas formas, volviendo a lo nuestro. No sé porqué te tomas tan mal lo que te dijo, te da carta blanca para hacer lo que te plazca y con quien te plazca.

-Ya pero...

-Lo sé, no es lo que esperabas ni lo que te dijeron que sería. Deberías alegrarte, ¿preferirías un esposo dominante que te dijera como vestir, que decir, con quien hablar y que solo te usara para satisfacer sus necesidades?

-¿Y crees que me siento mejor pensando que solo me utiliza para procrear, como si fuera una yegua elegida para que un semental tenga prole? Al menos de la otra manera sé que como mínimo me desearía, pero así no. No es muy erótico saber que está pensando “venga Cisa, ábrete de piernas que necesito un hijo lo antes posible”, sin contar el hecho de saber que está pensando en otra persona.

-Supongo que en partes llevas razón –le contestó su prima sin perder la sonrisa-, Lucius es extremadamente práctico. Pero creo que lo que más te molesta es que piense en alguien más –añadió con un guiño divertido-.

-No es eso, y lo sabes. Pero si quieres entrar en este tema... ¿Él, Bella? De toda las personas posibles, ¿tenía que ser él?

-Así que lo sabes...

-Como no iba a saberlo, no soy tonta o ciega. A parte de que se pasó toda la boda lanzándome mirada de odio.

-Sí, me lo imagino. Son tan patéticamente tiernos que me dan risa. Pero lo que te molesta... ¿es que sea un hombre? –le preguntó la joven mujer morena observándola con detenimiento-

-No! Lo que supongo que me molesta es sea él. En serio Bella, no lo entiendo, no podía ser otro. Quiero decir, acepto que tenga amantes tanto hombres como mujeres eso no me plantea un problema, pero por todos los dioses, ¿Severus Snape?

-Podría ser peor...

-¿En serio? –le preguntó mirando a su prima intensamente y al ver como esta sonría con esa mueca ambigua tan propia de la familia Black se apresuró a continuar- No, prefiero que no digas nada, no quiero ni imaginar que debe estar pasando por tu retorcida mente en estos momentos.

-Oh! Pero es que mi retorcida mente es otro de mis encantos, ¿no me hace adorable? Preguntó Bella con su más inocente sonrisa, al menos la más inocente que podía hacer una fiel servidora de la causa de Voldemort y una implacable exterminadora de muggles.

-Seguro... – contestó Narcisa poniendo los ojos en blanco.

-Me alegra que no te moleste el que Lucius se acueste con hombres –la sonrisa aún bailando en sus labios pero su mirada azul eléctrico de golpe estaba seria-.

-Nunca... Nunca he tenido problemas con las relaciones con las personas del mismo sexo, es algo aceptado mientras no interfiera en la bonita fachada que construimos y sé que pasa muy a menudo –giró la cara para mirar al techo-. Cuando estaba en Hogwarts sabía de todas las relaciones que había, sé que aquella amiga tuya alemana se acostaba con otras chica y que – se mordió nerviosa el labio inferior y con una de sus manos estrechó las sabanas- también se acuesta contigo aunque sea algo así como la pareja de heredero de los MaKay.

-Vaya... para ser la calladita y obediente esposa de Lucius Malfoy sabes muchas cosas – el tono divertido en la voz de Bellatrix era claro-.

Narcisa sintió como el enojo la invadía, pero que se pensaba su prima. Puede que ella llevara una vida más común que la de la otra, que no fuera una intrépida guerrera. Pero por Slytherin! Que yo también soy una Black, tengo mi orgullo y soy una digan hija de la casa de la serpientes. –pensó furiosa saltando de la cama para sentarse en la butaca frente al tocador

-No te enfades Cisa, sabes que no lo he dicho con intención de ofenderte. En serio, no quería hacerte daño –su voz ahora con una suavidad que hubiera sorprendido a todos los que la conocían- Es solo que... siempre pasas desapercibida, estás allí y no dices nunca nada y sin embargo siempre lo sabes todo, incluso cosas que no deberías saber.

Sonrió, que más podía hacer, Bella se había limitado a decir la verdad sobre ella misma, aunque le pesara, auque no le gustase, pero no se podía negar la realidad.

Volvió a sonreír, pero esta vez no una sonrisa resignada sino una sonrisa ambigua, marca de sus genes Black.

-Así somos las serpientes Bella – dijo girándose hacia su prima que estaba sentada en el borde de la cama – silenciosas, discretas, inteligentes y astutas porque siempre estamos al tanto de todo.

-Sí, y ante mi tengo a uno de los mejores ejemplares que ha salido de nuestra casa –sonrisa Black y guiño divertido-. Pero lo que quería decir es que me sorprende que sepas lo de Helena, siempre hemos sido muy discretas fuera de los círculos en los que nos movemos.

-Lo sé... –cómo decirle que sus mirada inquieta había captado pequeñas cosa, gestos que su curiosidad natural había seguido hasta desenredar la maraña de secretos con la que topó.

-Y no te molesta... –afirmó la joven morena, esperando no estar equivocada.

-No... no me molesta.

El silencio en la habitación se sostuvo durante unos minutos. Tiempo para pensar, tiempo para recordar días pasados, para meditar sobre las palabras dichas y para tomar decisiones.

Bellatrix Lestrange aprovechó para desabrocharse las botas y sacárselas.

Estos tacones me están matando –pensó enojada con las botas-. Seguro que las diseñó un hombre.

-¿Por qué? –escuchó a su prima preguntar.

Bella la miró interrogante, pero al ver a Narcisa sentada en la butaca, con la mirada baja, mordiéndose el labio nerviosa y jugueteando con la tela de su combinación, entendió de inmediato.

-Porqué me gusta y es diferente. No es como... Como estar como un hombre. Y mucho menos con Rodolphus, que es como tener una bestia entre las piernas –le contestó con una gran carcajada- ¿Nunca has estado con una mujer? –su voz suave como una caricia-.

-No, sino no lo hubiera peguntado –una rápida mirada a su prima le confirmó que se había levantado de la cama y que se acercaba hacia dónde estaba sentada ella-.

-Pero sientes curiosidad, cierto? –afirmó con confianza, y sujetándole la barbilla añadió –- Te conozco, lo leo en tus ojos, apenas se esconde el deseo en ellos.

Bellatrix deslizó sus dedos suavemente, acariciando con las yemas la piel de su mandíbula hasta enredarse en su cabello. Su otra mano empezó a recorrerle el cuello, bajando hacia el hombro donde empezó a jugar con el tirante de la combinación.

Narcisa la miraba sorprendida. No acaba de encajar lo que estaba pasando, hacía unos minutos charlaban tranquilamente y ahora tenía a Bella insinuándosele.

¿Debería enfadarme o apartarla? –se preguntó divertida- Seguro que montaría en cólera, es tan exagerada.

Pero no, para qué pararla, siempre se había preguntado como era... Y ahora tenía a Bella allí, como nunca se había atrevido a soñar. No iba a negar que encontraba a su prima atractiva, eso era algo indiscutible, era una belleza salvaje a diferencia de la suya que era tranquila y reposada.

La mujer morena continuaba acariciándola, apenas unos roces, como si temiera romperla.

Sus miradas prendidas la una en la de la otra.

No soy tan delicada como crees –pensó Narcisa, sintiéndose por vez primera en meses dueña de ella misma-.

Sintió que unos dedos delineaban sus labios e instintivamente los abrió acariciándolos con su lengua.

El húmedo contacto sorprendió a Bellatrix, no esperaba que Narcisa aceptara el reto a la primera.

-¿No piensas detenerme? –le preguntó con una media sonrisa ladeada alzándole el rostro.

-En absoluto –le contestó con la misma sonrisa.

-Me alegro – y se quedaron así de nuevo por uno segundos, sus dedos enredándose en el tirante de seda de Narcisa -. Ven, quiero enseñarte algo.

Narcisa se levantó sujetada de las manos por Bellatrix que la guió hasta uno de los espejos de cuerpo entero de la habitación.

-¿Ves como nos parecemos? –ambas abrazadas contemplando su reflejo en el espejo-.

Narcisa era rubio oro, canela en la piel, ojos azul grisáceo, la calma antes de la tempestad, Bellatrix era negra noche, piel de marfil, ojos eléctricos, la tempestad en persona.

Una era cálida de manera frías, la otra era hielo ardiente.

Tan parecidas, tan diferentes.

Bellatrix le acarició el rostro de nuevo, con suavidad y con sus labios rozando su oído le susurró:

-El mismo cuerpo, el mismo rostro... Eres como yo. Sientes como yo –su voz vibrando con intensidad.

Se giró bruscamente para encararse nuevo a la mujer que la acompañaba. Alzó su mano y con el dedo corazón recorrió el perfil de su prima, desde su frente, pasando por su nariz, deteniéndose en los labios para perderse por su cuello hasta llegar a la zona del esternón, dónde la camisa de Bella la detuvo.

Le sonrió y su reflejo en moreno le sonrió también. Haciendo que la distancia entra ellas fuera reducida a la nada. Labios suaves, húmedos y cálidos se encontraron para decirse sin palabras lo que ambas querían.

Era una extraña danza entre las dos, sus cuerpos amoldándose, sus lenguas conociéndose y con pasos calmados acabaron recostadas de nuevo en la cama.

Sintió los dedos hábiles de Narcisa desabrochándole la camisa y mientras seguían besándose hizo lo que había estado deseando desde que entró en esa habitación. Deslizó con suavidad uno de los tirantes de la combinación de su prima y rompiendo el beso se dispuso a explorar esa piel tostada que siempre había admirado.

Suaves besos a lo largo de su cuello, y una inquieta lengua hicieron que el primero gemido escapara de sus labios. Bellatrix sonrió satisfecha ante tal repuesta y le mordió con fiereza el cuello.

Ahora entendía a lo que se refería Bella, eran tan parecida que sabían que era lo que les gustaba, al menos eso le estaban demostrando. Pero a pesar de que una parte de ella gritaba por quedarse cómodamente estirada limitándose a sentir, la otra se impuso con su deseo probarse a ella misma, de demostrarse que ella también sabía jugar.

La camisa abierta de Bella le dejó ver un hermoso cuerpo envuelto en negra lencería. Agachó el rostro para besar los senos de su amante justo en el límite en el que el sujetador escondía la piel. Sus dedos continuaron descendiendo para desabrochar las correas de la falda y tras abrirla frunció el ceño disgustada.

-¿De dónde has sacado tanta ropa? –le peguntó mirando la ropa interior de su prima-.

-De una tiende de lencería muggle, ¿no te parece una delicia? –le preguntó mientras se acariciaba el liguero y las medias-.

Narcisa se quedo de rodillas en la cama mirándola con atención. No podía negar que le gustaba, pero también la contrariaba, los magos no solían llevar tanta ropa interior y menos tan complicada de sacar. Bella la miraba divertida y adivinando sus pensamientos se alzó quedando así ambas de rodillas, a la misma altura. Con una de sus manos deslizo el tirante de la combinación de su prima que aún reposaba en el hombro. El suave tejido calló como una cascada de plata líquida hasta las cama mostrando el cuerpo desnudo Narcisa.

Con la otra mano tanteó su falda hasta encontrar su varita y con un suave susurro igualó el número de prendas entre ambas.

Se sonrieron.

Y sin ninguna palabra se volvieron a besar cayendo en la cama, sus cuerpos buscándose, necesitándose. Sus piernas enredadas y las caricias cada vez más perdiendo el miedo. Más íntimas, más profundas, con la comprensión de saber en ambos casos lo que querían.

Los labios de Narcisa en su pecho, circundando con su legua sus pezones, las manos acariciándole las caderas mientras que ella marcaba el cuello de su rubia prima y le acariciaba tentadoramente la parte interna de los muslos. Una caricia larga hasta las ingles para perderse en los labios que jamás pronunciarían palabras.

El cuerpo de Narcisa arqueándose y un gemido de placer como recompensa.

A los pocos minutos sintió a Narcisa imitar sus movimientos, y unos dedos delicados le acariciaron su sexo presionando suavemente aquel punto de su anatomía que convertía la realidad en magia sin necesidad de varita.

Decidió incrementar la profundidad de las caricias, aún sabiendo que no era necesario, pero quería hacerlo. Dos de sus húmedos dedos se introdujeron dentro de Narcisa en un corto recorrido, para volverlos a introducirlos de nuevo ejerciendo una ligera presión en las paredes de la entrada mientras que con el pulgar marcaba el ritmo idóneo en el clítoris de su prima.

Sentían el orgasmo próximo, en esa conocida sensación de flotar en un río cerca de una catarata, cada vez más cerca, cada vez más rápido; todos sus nervios concentrándose en un solo lugar, sintiendo el pálpito de su corazón íntimamente.

Los gemidas de ambas formando acordes en el aire, sus labios uniéndose, compartiendo su saliva y sus secretos. Hasta que un grito aguda vibró en el cuarto y una espalda de caramelo se arqueó, siendo acompañada al poco con un profundo gemido y un pálido cuerpo tensado por el placer.

Dos cuerpos relajados yacían en el lecho, cuerpos brillantes por el sudor, marcados por la pasión, y ahora sí, satisfechos.

Narcisa acariciaba distraídamente el vientre de Bella mientras ésta enredaba sus dedos en el rubio cabello de su prima.

-Me gusta tu pelo, siempre me ha gustado este rubio tuyo, mucho más que el de Lucius, su rubio Malfoy es demasiado frío.

-Gracias –le dijo con una sonrisa-, pero no se lo digas, si algo he aprendido en este poco tiempo de estar casada es que ama su cabello más que cualquier otra cosa.

Bellatrix empezó a reírse recordando como Lucius solía alardear sobre su mas preciada posesión.

-¿Sabes lo que más me gusta de ti? –le preguntó Cisa con una sonrisa ambigua bailando en sus labios- El lunar de tu pecho

-¿En serio? –preguntó Bella sorprendida mirándose hacia el seno de su derecha-.

-Sí, es realmente sexy –contestó tras besarla en el hombro-.

-Pues tengo otro lunar en un lugar aún más “sexy” –comentó la bruja morena haciéndole un guiño y abriendo sugestivamente las piernas.

-Mmm... A ver, déjame que lo investigue –y se dirigió hacia la zona de investigación dejando un camino de besos mientras Bellatrix reía divertida.

Algo más tarde Bellatrix se paseaba por la habitación mientras se iba vistiendo.

Narcisa estaba sentada en la butaca frente al tocador secándose el cabello y peinándoselo de nuevo tras la rápida ducha que ambas habían tomado.

-¿Crees probable que tengamos otra reunión de familia como esta? -le preguntó la joven del cabello negro mirándola intensamente, intentando leer en su rostro.

Narcisa la miró con atención y sonrió.

-Sí, creo que es probable.

Bellatrix sólo le sonrió en respuesta.

-Bien... –y mirándola de nuevo añadió- ¿Y que piensas hacer de ahora?

Vio como su joven prima se levantaba dela butaca y se dirigía hacia las grandes ventana de la habitación. Narcisa acarició el tejido de las cortinas con una mano.

-Pues lo he estado pensando y creo que hoy me iré de compras, puede que almuerce allí si me encuentro con algún conocido. Y he decidido que organizaré un baile. Ya sabes como les gusta a toda esas viejas glorías husmear en la vida de los demás, y así Lucius y yo haremos nuestra entrada formal en sociedad –y tras girarse y dirigirle una amplia sonrisa añadió-. Y creo que me pondré en contacto con algunos viejos amigos.

-Me parece perfecto.

-Sí, a mí también me lo parece, no te haces a la idea de cómo de perfecto me parece ahora todo.

Y la sonrisa ambigua en sus labios y el brillo de sus ojos mostraban que todo estaba de nuevo en orden.

Volvía a ser ella misma, Narcisa Black, hija de las serpientes, una mujer inteligente capaz de conseguir lo que se propusiera.

A veces las cosas sucedían de la forma más inesperada y más placentera –pensó divertida-.

A veces la vida simplemente te mostraba que no siempre era necesario un príncipe.

Finite Incantamenta


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