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Author of 4 Stories |
Gracias por los reviews. Aunque no lo crean, ya tenía pensada una continuación antes de terminar esta historia, entonces así sera. Sean pacientes.
Espero que Steve Burnside haya leído esto, a pesar que no vi su review de las siguientes chapies
Pero, en fin, uno elige que leer. Quizás él aparezca en la continuación ;)
Gracias a todos, Lucia, Jill, DaNi, Burnside.
Los dejo con un EPILOGO (obviamente relacionado con la continuación):
Norte de . Laboratorio prisión de Umbrella en isla del Lago Michigan, 40 días después.
Un hombre y una mujer de delantales blancos entraban a un salón con tanques de hidroextasis, muy pocos tenían contenido. Algunos ya tenían experimentos fallidos. El auricular con una voz de mujer tiraba un anunció programado “Área de manejo de materiales peligrosos categoría C” “No fumar, beber ni comer en esta zona” “Los empleados que pasen por aquí sin importar la periodicidad de visitas deberán hacerse un chequeo medico semanal. La ausencia a estos es motivo de despido inmediato”
-Deberían llevarse algunos de aquí al incinerador ahora. Esto no es un depósito de basura.– dijo el científico recorriendo con la mirada el salón.
Un hombre de uniforme verde de obrero asentía a los reclamos con la cabeza.
-Deje de sacudir su cogote y proceda de una vez– le dijo despectivamente– facilítenme un espécimen lo más sano posible.
-¿Otro! Pero señor Lekterman ¿Qué hace con ellos¿Se los come?– dijo el encargado buscando los ficheros.
El científico se quedo callado mirando despectivamente. La científica miro para abajo para ocultar una risa fugaz.
-Fíjese en el tanque T-25a
-¿T? Eso significa que esta contaminado.
-Usted se agotó todos los buenos... usted y su puto G virus.
-Cállese Imbecil, no sabe lo que costó este virus con el que trabajo.– se tomaba un poco arriba del tabique.
La científica era nueva, así que aun se sorprendía un poco con la frialdad con la cual trataban cuerpos de personas, inocentes y no tanto.
-Créanme que no esta tan mal. Tenga la ficha– le hizo entrega de una papeleta con los detalles.
Mientras el dúo de científicos avanzaban conversaban:
-198, JA, mira Kate, de Racoon City, otro de los sobrevivientes. Estos tipos los cuento con los dedos.
-¿Sobreviviente?– preguntó Kate sarcásticamente.
-Cierto, es mucho menos que eso. Ay Dios, este chico tiene el cuerpo hecho puré. Tiene huesos rotos por todo el cuerpo.
-¿Como es eso de que el G virus costó conseguirse¿Acaso no lo crearon...
-¿Has oído hablar de Hunk?
-Una leyenda viviente y nada más. Don muerte le dicen ¿no?
-¡Señor Muerte! Querida. Bueno, el caso es que el fue el único que sobrevivió y cumplió con su deber de traer una muestra, como suele pasar casi siempre. El creador del virus terminó contaminado por su creación. Lo que Hunk Death cuenta sobre en que se convirtió el tipo ese habla muy bien de esto.– le mostraba un tubo de ensayo con contenido violeta gélido, rodeados de metales en los extremos.
-Aleja eso de mí.
-Tranquila, no pasa nada. Pero recuerda que si te portas mal con Umbrella podrían inyectarte...
-¡Estoy harta de tus “chistes víricos”, Lekterman!
-¡Mira, aquí esta!– señalo él con su mirada un tanque quedando quieto frente a el.
En el veían el cuerpo de un joven. Flotaba en el líquido del tubo transparente en el que estaba metido y tenía algunos conductos clavados en las zonas de las arterias principales. El aparato de apoyo vital hacia esos sonidos tétricos de siempre.
-Sin enfermedades, grandioso. Pero mira que fea tiene esa mano.– decía Lekterman leyendo y redirigiendo la mirada.
La mano del sujeto 198 estaba en carne viva hasta la muñeca, con una cicatriz bastante fiera.
-Es tan joven...– decía Kate dejando salir un poco de humanidad al verlo.
-No debe ser buen tipo si termino aquí. Voy a proceder.
Dicho esto Lekterman apretó unos botones en la consola del tubo. Un pequeño compartimiento se abrió electrónicamente y el científico depositó el tubo con el G virus ahí. Este empezó a vaciarse y se veía como el fluido se traspasaba a un conducto transparente incrustado al brazo del sujeto 198.
-Y bien querida, lo dejaremos en hidroextasis unos meses para que el virus no desestabilicé su cuerpo y se acostumbre.
-¿Crees que bastara con meses?
-Según mis cálculos preliminares, sí. ¿Que nombre le pondremos si sale bien?– bromeó el científico con la pregunta.
-¿Tirano?– mencionó ella con tono poco serio.
-No, ya lo tienen registrado.
-¿G Tyrant?
-Quiero ser más original.
-¿Uno griego talvez?
-A ver, Némesis no se puede.
-Mierda, el que tenía en mente ¿Qué te parece Apolo?
Se tentaron de la risa.
-Bueno, en serio, primero que tenga éxito.
-¿Berserker?– continuó ella.
-¿Qué!
-Déjalo, no era en serio.
-No, espera, me gusta ese que dijiste, Berserker. ¿Qué significa?
-Un fiero guerrero escandinavo ¿En serio te gusta?
-Más me gustara si funciona. Bueno, retirémonos. Yo confiscare al sujeto de pruebas.
Los dos se retiraron dejando ese cuerpo en su lugar. La puerta blindada se cerró detrás de ellos luego de pasar por un sector de descontaminación gaseosa.
-¡Eres creativa para ser una bióloga!– le increpaba Lekterman a su compañera.