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Ezequielhl
Author of 4 Stories

Rated: T - Spanish - General/Horror - Reviews: 25 - Updated: 11-20-09 - Published: 09-11-04 - Complete - id:2053342

Ezequiel se despertó (recordemos el protocolo) en su celda, o al menos volvió a cobrar noción cuando estaba en ella. Al levantarse un poco sintió ese ardor frotando sus vendas.

-Ay, la concha de la lora– se tomaba el cuello. Le ardía.

Un vendaje nuevo.

Su cuerpo no se terminaba de acostumbrar a las drogas que usaban para dormirlo. Se tomaba la cabeza por el dolor y pero también por la frustración. Los pasos y las exclamaciones de los demás volviendo a las celdas fue lo que lo despertó. Eran menos de los que recordaba había podido contar. A Moniq le dieron el clásico empujón para que entrara.

-No imaginas cuanto te extrañaron los chicos: alguien tenía que cubrir el flanco de las seis en punto. Esta quemadura debería ser tuya –le dijo ella señalándose una pierna.

Ezequiel no le dirigió palabra, no le gustaba discutir asuntos donde el estaba convencido de tener razón. Ella se tomaba la cabeza como si le doliera y se tambaleaba un poco al caminar. De hecho casi se desploma boca al suelo, de no ser porque su compañero de celda la tomo de los hombros de frente.

-... Suéltame.– ella intentó resistirse a la ayuda, pero estaba muy débil para hacerlo notar.

Más que empujarlo hacia atrás, parece que lo usó de respaldo para erguirse.

-Quizás podríamos terminar lo que queda de este día de mierda sin...

El joven no siguió porque fue empujado. Bueno, eso se podría decir porque el envión que recibió de Moniq apenas se pudo sentir.

-Te enseñé a manejar un rifle, te curé las heridas, ¿y no puedes cubrir el puto flanco de las seis en punto?

Ezequiel estaba tan soñoliento que no se le ocurrió alguna contestación satírica.

-Mejor me ducho– hacia con su dedo un signo de darse vuelta.

-Adelante, es un país libre ¿no? Espero que te enfríe los animos– respondió él dándose vuelta y mirando los barrotes.

La ducha de ella se estaba tornando más larga que de costumbre, pero Ezequiel no tenía ni ganas de preguntarle tenía. Encaraba la pared hasta que oyó como un ruido extraño en el suelo.

-¿Todo bien? ¿Te resbalaste?

No hubo respuesta.

-¿Sigues resentida? Mira, no podía hacer nada cuando un ...

En esa explicación volvió a oír el ruido de caída.

-Esta debe ser torpe– pensó

Un gemido de dolor hizo que se volteara. Vio como ella trataba de salir de la ducha, arrastrando su cuerpo desnudo fuera del rocío.

-¿Estará en pedo?– se preguntó Ezequiel aproximándose en su ayuda.

Moniq se acurrucó en el suelo cubriendo su desnudez con los brazos cuando Ezequiel se le acercó.

-¿Estas bien?

-...quema...

-¿Qué?– preguntó horriblemente pronunciando üat.

Ezequiel la tomó de un brazo para ayudarla a levantarse. Ella desconfió un poco negando su ayuda. Ezequiel notó algo raro al tocarla.

-¿Que tienes?

Ninguna respuesta de lenguaje hablado, ni corporal.

-¡Responde!

Ella desplomó su cuerpo desnudo y mojado, y Ezequiel finamente pudo sentir con s tacto que algo no estaba bien cuando la tocó.

Carajo, tiene fiebre en serio.

El cuerpo de ella, pálido (sea por mucho tiempo de no sentir luz solar o por la inanición) estaba entre la esbeltez y un aspecto famélico. Cuando se acurrucaba en el suelo se podía ver sus costillas marcándose en sus respectivos costados. ‘Relmente no muchas curvas’ pasó por su mente machista de Ezequiel, pero sabía que no era momento para estupideces, sin darse más tiempo a una “vista deleitante”.

Intento ayudarla a equilibrarse, pero ella cayó desfallecida cuando apenas se había puesto de pie, tratando de aferrarse a sus ropas para luego terminar de deslizar su cuerpo sobre él hasta volver a tocar el suelo. El pasó sus brazos debajo de ella y la alzó. Teniéndola tendida en sus dos brazos la llevó hasta la tabla y la tapó con su muda de uniforme.

-¿Que te pasa, boluda?– los nervios de Ezequiel le hicieron olvidar que ella no hablaba su idioma.

-...veneno...– decía ella entre gemidos de sufrimiento con una voz muy tenue

-¡¿Qué!

-...Me siento... muy mal...

Ezequiel no oyó esto último, fue a buscar una tela para mojarla. Solo consiguió la campera de uniforme que vestía él mismo. Se la sacó y la puso bajo la lluvia de la ducha que no había tenido tiempo de cerrar. Luego la dejo en la frente de Moniq.

-Bueno, le estoy devolviendo el favor finalmente– pensó Ezequiel tratando de tranquilizarse a si mismo.

No sabía con que trataba, y el paño húmedo no evitaba que ella respirara de una forma intranquilizadora. Así que se le ocurrió empezar a gritar por medico y auxilio.

-Tranquila que voy a llamar a alguien– le decía mientras reponía el improvisado paño húmedo.

Luego de pocos minutos de llamados a gritos aparecieron un par de guardias. Vieron que Ezequiel los llamaba apoyado de los barrotes. Uno de ellos sacó una macana y golpeó donde estaba.

-¿Que pasa, idiota?

-¡Enfermó! Tiene fiebre y alucina.– dijo señalando con tono nervioso en su horrible acento.

Los guardias le pasaron las esposas por la reja, las cuales se puso sin rechistar. Estos entraron y luego intentaron hacer caminar a la pobre mujer, sin ninguna consideración por su estado cercano a la inconciencia ni su desnudez. Se la llevaron arrastrando. Cada uno tomándola de un brazo, sin ni siquiera cubrirla. Uno de ellos tomó el uniforme de Moniq.

-¡Que hijos de puta que son! – salió casi involuntariamente de su boca al ver ese maltrato.

El tiempo pasó muy lento. La preocupación de Ezequiel hizo que se le hiciera un nudo en su susceptible estomago. Preguntó por ella pero sólo recibió insultos y amenazas de sus carceleros. No podía dormir ni cuando quitaron las luces y pasó mucho tiempo, pero a pesar de ser a si siempre, ahora tenía una preocupación más activa. Oró por ella (no podía creer que había llegado a preocuparle tanto).

Lo único que encontró para hacer fue acostarse sobre la tabla y encerrarse en sus pensamientos.

-Bueno, talvez se murió – se dijo Ezequiel en mente.

Trataba de despreocuparse recordando los malos momentos que ella le hizo pasar, pero vio que no eran muchos. De hecho, ella fue quien le enseño a manejar fusiles, a tratarse heridas, y quien lo ¿alentaba a resistir?... no sabría decirlo bien.

-‘Nah, tengo bastante carácter para depender de una forra’– pensaba, sabiendo que aun así le preocupaba.

Viró mirando a la pared, buscando una posición para dormir por enésima vez. Las luces del pabellón se encendieron de golpe. Ezequiel sólo movió su cabeza, pero no le dio importancia de si era hora del desayuno o era otra cosa. Oyó unos pasos y la puerta de su celda abrirse.

-¡Déjenme!

Luego de esta voz femenina, la puerta se cerró. Era la de Moniq, que se oía como si se hubiera recuperado. Sus pasos acercándose dieron el pie para su reclamo:

-¡Oye, déjame la tabla!

Ezequiel no respondió, tratando de convencer a su compañera de que se había dormido. Ella se acercó y lo sacudió del hombro, pero lo único que él hizo fue fingir que estaba sumido en sueño profundo. Se movió un poco hacia la pared y fingió un quejido, para convencer. No mediaba palabra.

-De acuerdo, es suficiente para mí.

Luego de oír eso de ella Ezequiel esperaba que lo despabilara de una forma agresiva. Pero no fue así, se acostó de su lado, aprovechando el espacio que Ezequiel había dejado libre. Las luces se apagaron.

-No me engañas, no estas dormido. Se te nota en la respiración– dijo ella luego de unos momentos acostada al lado.

La respiración de Ezequiel se había agitado un poco. Él sintió un poco de temperatura en su cara; pero para saber si en verdad se sonrojo necesitaba un espejo y más luz.

-De acuerdo, me tienes– dijo levantándose y preparándose para salir– te pido perdón por lo del bicho (si eso te hace feliz) ¿Estas mejor?

-Casi como nueva ¿no te desperté, verdad?

-No, estuve muy preocupado por ti y no pude dormir.

-¿Por mi?

-Sí, por ti.

-¿En serio?

-¿Acaso necesitas un diagrama o qué? Sí, me sentía preocupado por ti y ahora sólo un poco culpable. Bueno, “ya me saqué la mierda”. Mejor te dejo la tabla.– a Ezequiel no le gustaba guardarse nada que tuviera para decir.– ¿Te puedes mover, por favor?

-No, ya estoy cómoda.– dijo ella despreocupada.

Ezequiel intentó salir por otra parte. Se tropezó con una cadena que no vio y desestabilizó todo. Esta se soltó y la tabla cayó al suelo, quedando colgada de una sola cadena. Ambos terminaron cayendo boca al suelo.

-Uy, que pelotudo– mientras despegaba la cara del piso

-¡¿Acaso eres propenso a las cagadas!– preguntaba Moniq tomándose la boca y averiguando que no le paso nada.

-¡Eso ya quedo demostrado!

-¡Ahora los dos tendremos que dormir en el suelo por tu culpa!

-Perdón, perdón. Pero si me hubieras dejado pasar...

-¡Te hubieras quedado quieto de una vez!

Un guardia bajó y alumbró con una linterna a los conflictivos.

-¿Qué no pueden follar con más cuidado?– dijo viendo la tabla descolgada.

-¡¡Vete a la mierda!– le gritaron ambos.

El guardia se alejó golpeando los barrotes con su linterna, riéndose.

-Me da lo mismo tabla y suelo, de todas formas las pesadillas no me dejan en paz.

-Lo que me faltaba, ahora tus alaridos de susto me van a levantar a mitad de la madrugada.

-Créeme que si pudiera elegir no tener pesadillas...

-¡Cállense, carajo!– se oyó de las celdas.

Moniq y Ezequiel continuaron su discusión en voz baja.

-Ya déjame en paz y duérmete. (Ojala te hubieras muerto)– cortó Ezequiel.

Ellos se alejaron y se acostaron a unos metros uno de otro. Sus miradas apuntaban contrariamente, sin querer cruzarse. Pasado un rato ella se dio vuelta, sintiendo que algo había hecho mal. ¿Fue la actitud agresiva de hace poco? ¿O el hecho de que estuviera aprovechándose de una persona tan fácil de manipular frente a semejante situación? Quizás la segunda opción es la indicada, pero si era tan fácil manejar a semejante tonto ¿por que le molestaba?... ¿Por lo que él hizo o intento hacer? Quizás es todo junto... Simplemente hizo algo para que esta intriga no le siquiera comiendo su no muy pura conciencia... decir:

-Te agradezco que me hayas intentado cuidar.

-¿Qué?– preguntó él sin dar la espalda, quizás un poco resentido.

Moniq se acercó serpenteando, quedando a un metro nada más.

-Que te agradezco que me hayas intentado cuidar.

-Ah. No es nada, sólo estaba devolviendo favores.

-No te hagas el enojado.– ella trataba de disimular una voz conmovedora.

-...

Más para divertirse que para cortar con ese silencio de resentido, ella siguió:

-¿Viste bien?– preguntó con toda confianza.

-... No jodas.– respondía él dándose vuelta.

Con sus miradas cruzándose Ezequiel se tentó y se empezó a reír. Era la primera vez que reía en ese entorno. Podían ver sus rostros en la oscuridad por la tenue luz que venía de las escaleras que ascendían en el pabellón. Por lo cual Ezequiel se la quedo mirando fijo...

-¿De que te ríes?

-Ahem... Del comentario del idiota que nos alumbró.– dijo saliendo de una risa que no le duró mucho.

-¿Por qué es gracioso?– pregunto ella, sin que se le pegara la risa.

-Creo que simplemente necesitaba reír...

-Y yo necesito otra cosa...

-¿Como un .38 para volarte la cabeza? Ya somos dos.

-No, es algo que tengo ahora al alcance, algo que tu me puedes dar...– le guiño el ojo mientras se tocaba un muslo.

Pero como siempre... no sólo la oscuridad gris hacía que Ezequiel no pudiera notar a que se refería su compañera de celda.

-No tengo idea de que pueda ser– dio un suspiro y viró a otro lado– Noches, Moniq.

-Sí, buenas noches (debe ser gay o estúpido). Espera, quiero pedirte un favor.

-¿Cuál?

-He notado que crees en Dios...

-Sí, es lo que me mantiene en esperanza.

-Si un día en la Sala de Pruebas yo... tu sabes...¿Me harías una extremaunción?

Ezequiel guardó silencio unos segundos: no esperaba que ella le viniera con eso.

-No soy capellán, pero haré lo que pueda. ¡No pienses en eso! Espero que no te ocurra.

-El sentimiento es mutuo.

-¿Cuál?

-La preocupación.

-...Buenas noches.– tratando de ocultar que se conmovió, pero su silencio inicial lo delataba.

Ambos se durmieron cerca uno del otro. Ezequiel no tuvo pesadillas esa vez.

El siguiente día consistió en un encierro desmoralizante y una comida servida como si fuesen perros: un día más. Entre los científicos se respiraba un aire de ansiedad. Algo estaba por venir, algo que llamaba la atención por su renombre y el objetivo que se llevaría a cabo con el. Llegaría un poco tarde, pero lo haría ese día.

Moniq estaba colgando una toalla y su campera de las rejas, como hacia cuando no tenía compañero y debía ducharse. Pero, esta vez Ezequiel todavía estaba ahí. El estaba un poco extrañado de eso, pero su mente estaba ocupada en oraciones y en recordarse el apodo que le pusieron, “Capellán”.

Al terminar su oración en la cual agradeció no haber enfrentado monstruos ese día dejó salir una pregunta que no le daba mucha importancia, pero era mejor hacerla que auto desalentarse. Le pregunto a Moniq:

-¿Para que cuelgas eso?

-No es para que se seque, dalo por seguro.

Dicho esto ella se acercó a paso lento.

En las otras celdas alguien supo que se avecinaba:

-Abran sus oídos, el capellán...– le decía alguien en voz baja a otro reo.

Volviendo a la celda mixta:

Ezequiel estaba sentado en el suelo. Hundido en sus pensamientos, una conducta de Moniq lo molestó. Ella lo tomó rápido de los pantalones y los trataba de llevar para abajo. Ezequiel se los sujetó.

-¿Pero que mierda te pasa?

-(Es estúpido) ¿no es evidente?

Ezequiel hizo un poco de fuerza y se la sacó de encima. Se distanció un poco de ella.

-Anda, quítate la ropa.

-¡No es momento ni lugar!– contestó Ezequiel reponiéndose los pantalones.

-¿No te gustan las “mayores”?

-¡Vete a la mierda, Ninfo!

-¿Que tal si mañana te mueres tu o yo¿Que no quieres hacerlo como alguna última...

-Hey, es un buen punto.– se llevó una mano al mentón.– pero no estoy de humor, pásese una mano.

-¡No te lo estoy pidiendo!

Ezequiel no podía creer, con cara de estupefacto, que estaba negando hacer algo que generalmente trataba de conseguir como todo hombre, antes de que su vida se convirtiera en ese infierno.

A Moniq también le costaba creer esto, hasta que dijo en voz baja la razón que suponía de una actitud así. Y la dijo en voz baja, para no avergonzarle:

-...Eres Virgen ¿Verdad?

Ezequiel clavó una mirada estupefacta en el rostro de esta mujer. Su mente no ideaba un buen argumento o alguna respuesta inteligente/sarcastica, sino...

-'Mierda... mierda... mierda.'

Silencio.

-NO PUEDO CREERLO– Vociferó Moniq: el que calla otorga.– Sabía que serías carne fresca para los tiroteos, pero esto es “Ridículo”.

Antes de que la discusión siguiera las luces del pabellón de celdas se encendieron. Una alarma sonaba interrumpiendo la gresca verbal, pero parecía para despertar, no indicaba urgencia. Los dos quedaron quietos.

-Mire usted esta muy buena, pero ya le dije que no es momento...¿Qué significa eso?

-Una prueba de emergencia o algo así. Vamos a ir a La Carnicería ahora.

La cara de estupefacto de Ezequiel cambió por la de miedo y preocupación. Quedó callado.

-Te salvó la campana.– dijo Moniq súbitamente.

-¡¿Me salvó dices!

Los guardias bajaron y obligaron a los reos a ponerse las esposas, a punta de sus bastones electrificantes. A uno lo levantaron de la tabla y lo arrojaron en la ducha, por el simple hecho de quejarse de que lo levantaran.

-Pues despabílate, puto.– le decían al abrir la lluvia debajo de él y patearlo.

-¡No hagan eso!– decía otro carcelero.

Se los llevaron a la antesala del salón de Pruebas, el polígono de tiro. Luego de la desactivación de las esposas:

-Atención, equípense rápido y bien, esta prueba es muy importante.– anunciaba el orador del auricular.

-¡¡Cállate putazo!– Ezequiel extendió su dedo del medio a una cámara luego de ponerse un chaleco antibalas.

Encontró la Desert Eagle .50 AE y luego buscaba un arma entre rifles varios: AK-74, un AR-15, un G-36, hasta un FAL estándar del ejercito argentino. Pensó que los rifles le daban mala suerte, ya que siempre que los usó los tuvo que soltar. Así que buscó otra cosa. Quería una escopeta Benelli m3 Super 90 como la que sostenía otro de los condenados. Pero encontró algo que le pareció más acorde a él. Tomó una pistola metralleta y se la mostró a Moniq.

-Mira, me conseguí una Ingram.– quiso demostrar sus conocimientos de armas.

-Ingram MAC-10 querido.– corrigió ella con tono apático.

-Sí... como sea– dijo Ezequiel buscando balas y cargadores de forma rectangular.

-Recuerda lo de las ráfagas.–ella preparaba su rifle AR-15.

Ezequiel asintió con la cabeza.

-Vaya, pero como se cuidan. Ya parecen noviecitos– dijo alguien que tenía la barba tan descuidada como Ezequiel.

-Anda a sodomizar a tu compañero de celda.

-Psst¿qué fue lo que le dijiste?– le preguntó Moniq en voz baja.

-No sé como se dice en tu idioma.

Una vez preparados avanzaron hasta la Sala de Pruebas. Con el tiempo y las pruebas anteriores esta tenía nuevas manchas de sangre. Un paisaje realmente capaz de causar temor y desesperanza. Ezequiel hizo su típica señal de la cruz antes de que la puerta se cerrara atrás de él.

-Muy bien, Proyecto Némesis, sin armas. Soltando...

Todos apuntaron con sus armas a la cortina de acero del fondo que empezó a levantarse. Ezequiel tomaba su metralleta y la sujetaba con las dos manos.

-¿Por qué carajo no la probé antes?– se preguntaba en su mente.

-¿La martillaste?– le recordó Moniq, infaltable a su derecha.

Ezequiel vio una especie de palanquilla en la parte de arriba de su arma, la tiro para atrás. Al parecer así se martillaba.

La cortina no terminó de levantarse cuando un enorme hombre vestido con una gabardina negra salió agachándose un poco.

-¡Miren, nos mandan ayuda!– dijo uno

El mastodonte de negro dio uno pasos hacia el grupo, se detuvo y gritó al aire mirando para arriba.

-Ese esta más limado que yo– dijo Ezequiel.

Todos bajaron sus armas, pensando que era alguien que los ayudaría, menos Moniq. La cara de ella reflejo un terror que no se le veía hace tiempo.

No podían ver a la distancia su horrendo aspecto. Su piel parecía de leproso, algunos de sus músculos estaban expuestos, al igual que algo que parecían sus venas y yugular, como tubos violetas alrededor de su cuello. En su deformado rostro sin labios tenía una cicatriz cosida con metales y un solo ojo totalmente blanco.

El ser vino corriendo muy rápido. Sus pasos retumbaban en el suelo y su velocidad impresionaba para ser un sujeto de más de dos metros de altura.

-¡Dispárenle!– gritó Moniq en eso.

Se pudo oír un “¡¡¿Qué!” generalizado.

-¡Mátenlo, es un BOW!– ella comenzó a disparar y retroceder, precisa como siempre.

El ser ya quedó muy cerca, evidenciando con su horrorosa apariencia que era un monstruo. Alzó un puño y lo descargó fuertemente a uno de los reos. Ese ataque le dio consenso de ser acribillado. El sujeto cayó al suelo como resultado del demoledor golpe y el engendro casi humano lo levantaba con un sólo brazo. Los nervios de los demás hacían que los disparos mal dirigidos que acompañaban con sus gritos mataran al pobre hombre que colgaba de esa enorme mano. El mastodonte arrojó al muerto contra Ezequiel. Este cayó al suelo con el colador humano encima. Moniq estaba cada vez más alejada de la salvaje gresca, pero disparaba a la distancia. Ezequiel corrió ese cadáver de encima suyo, sin levantarse empezó de nuevo con su seguidilla de tiros. Se veía como las balas saltaban la piel y ropa negra dejando salir una sangre que era roja y por momentos violeta. Sin embargo la monstruosidad no cedía. Recibía varios balazos pronunciando una sola palabra con su voz tétrica, la cual callaba a veces para soltar un fugaz quejido, “STARS”.

Todos retrocedían disparando. El monstruo se concentró en alguien con una escopeta Se le aproximó y le dio un brutal puñetazo en el pecho cerca del cuello. El hombre no cayó pero fue como si perdiera el sentido parado. Lo alzó tomándolo de la cabeza y se la apretaba, hasta que esta se partió como una nuez, haciendo un horrible chasquido y cayendo casi descabezado.

Alguien más se le había puesto a un costado para evitar el fuego amigo y siguió con disparos de su rifle AK-74. Como si nada, la abominación extendió un brazo en su dirección y sacó de su mano un tentáculo violeta que salió disparado como arpón, atravesando su cuello rápida y limpiamente. Este infortunado cayó boca arriba al suelo tomándose el cuello con las dos manos y convulsionándose. Un charco de sangre empezó a formarse debajo de su nuca y más manaba de su boca, pegando ahogados gritos. Ezequiel se paró y disparaba sin sacar su mirada de la bestia. Esta se dio el lujo de gritar al aire de nuevo y después seguía pronunciando STARS.

-¡¿Para que mierda quiere estrellas este patovica!

El gran y fiero ser se aproximó a uno de los últimos sujetos, el cual Ezequiel no conocía bien. Su arma, un FAL, se quedó vacía en el peor momento. El monstruoso humanoide lo tomó del cuello con su brazo izquierdo y con el derecho quebraba su mano armada, con rifle y todo.

Ezequiel se había acercado luego de reponer su metralleta a descargarla en la espalda del atacante.

-¡¡Auxiliooooo!– gritaba y pataleaba el otro mientras sus pies eran despegados del suelo.

Todo lo que Ezequiel y Moniq hicieron a la distancia fue inútil. El gigantón se ensaño con el hombre al que tenía en manos, lo arrojó contra el suelo luego de estrangularlo un momento. Lo volvió a hacer una vez más. Cansado de divertirse así, lo levantó por ultima vez. Le acercó su mano derecha al rostro y le introdujo el tentáculo en la boca, tapando sus gritos de socorro. Este salió atravesando su nuca, matándolo dolorosamente. Luego de eso lo arrojó como si fuese una piedra para que Moniq le dejara de molestar con sus disparos.

Las balas lo hacían sangrar y frenar pero no lo tiraban al suelo. Ezequiel determinó que era mejor huir luego de agotar su segundo clip de metralleta. Salió corriendo, volteando a ver si la criatura lo perseguía. No sabía a donde correría, sólo quería mantenerse alejado de ella. Esta se dedicó a dar otro grito para luego perseguir a Ezequiel. Él no llegó muy lejos sin que la criatura lo alcanzara en pocos instantes. Lo atrapó del hombro y lo arrojó contra la pared. Ezequiel chocó contra tal sin perder la conciencia. Empezó a cargar su metralleta como ultima salida. Recibió un puñetazo que trató de esquivar, dando en su hombro. Este le quebró la clavícula.

-¡No por favor!– gritó tapándose y cayendo al suelo arrastrando su espalda.

Apunto de machacar su cabeza con otro puñetazo la mole sintió que había algo más molesto, volteándose. Era Moniq, que se había acercado a apretarle todo el cargador de su rifle de cerca al sanguinario asesino de gabardina negra. Ezequiel aprovechó para seguir con la carga de su metralleta, su adrenalina tapaba el dolor que sentía en su hombro izquierdo. Desesperado, tomó la metralleta con su mano izquierda y sacó su Desert Eagle con la derecha. Disparaba entrecortadamente con sus armas a la espalda que el monstruo le mostraba. Este dejó a la huidiza mujer y volvió a su victima mal liquidada. Agarra a Ezequiel de la mano con la metralleta y la empieza a apretar. Trituró arma y mano sin mucha dificultad, rompiéndola y haciendo saltar pedazos de metal. Ezequiel sólo podía gritar el gran dolor que sentía al ser su mano inutilizada por completo y atravesada con astillas de metal.

Moniq había vuelto tratando de salvar a Ezequiel y comenzó con una feroz descarga, pegando el cañón de su carabina a la nuca del monstruo. Este la sacó despedida de un golpe, alejándola unos metros. Ella cayó arrastrada sobre su espalda. El monstruo se movía hacia la mujer más lento, tomándose el cuello donde tenía unas venas expuestas violetas que al parecer sufrieron daños. Moniq le disparaba arrastrándose hacia atrás. Finalmente la lluvia de balas terminó de matarlo, cayendo sobre sus rodillas sin dejar de pronunciar “STARS”.

Ezequiel estaba sentado contra la pared. Se quejaba apretándose la muñeca izquierda, tratando de hacer un torniquete sólo con sus dedos. La astilla más grande le atravesaba la palma de la mano horizontalmente y se bañaba en sangre que manaba todo el tiempo.

-¡Dios mío¿Te hirieron gravemente?– decía Moniq caminando hacía él y tomándose un costado.

-No sé, pero esa cosa me aflojó hasta la carnita.

-¿Carnita?

-Bah…- siguió Ezequiel, continuando con un gemido de dolor.

Él y ella eran los dos últimos. Él se vio ese gran trozo de metal en su palma. Lo tomó de abajo y empezó a tironear. Apretaba sus dientes para soportar ese dolor, los gritos se le escapaban fácil.

-¡¡Hazlo rápido y dolerá menos!– le decía arrodillándose enfrente de él.

Le dio mucha impresión sentir como ese metal frotaba por dentro sus huesos seccionados de la mano. Pero quería terminar con eso rápido. Se golpeó la palma contra la pared y la astilla se desprendió, haciendo un característico ruido al tocar el suelo. Le costaba creer que eso fue lo que dolió menos.

-¡No muevas los dedos!– le aconsejaba Moniq

-Ayyyyy, no voy a poder hacer mi seña favorita. Evidentemente la Ingram no es mi arma– trató de aportar humor negro mientras ponía la pistola en su cintura.

-Me alegra que... que... que estés bien.–dijo ella, más ‘soltándolo’ que diciéndolo.

Ezequiel hubiera puesto cara de sorprendido de no ser por que sus dientes rechinaban por el dolor generado por tan sólo querer levantarse.

-¿Y tú?

-¡Estoy como quiero, querido!.. pero tú... creo que no voy a poder pedirte ni siquiera un polvo.

-Ja... Creo que más bien me voy a morir...– especulaba con un tono especial, para indicar que ‘quizás’ bromeaba.

-¡Ay! Pero no jodas con eso, no es gracio... ¡¡¡AIEEEEEEEEE!

-¡¡¡MONIQ!

Un tentáculo la atravesó desde su espalda y salió en medio de su pecho, destrozándole el esternón. La pobre se convulsionó rápidamente hacia delante, con tal movimiento espasmódico que sólo el dolor puede causar. Tal herida hacia que todo su cuerpo perdiera fuerzas repentinamente, así que ella caía arrodillada y luego sobre sus espaldas, sin gimotear siquiera.

La gran abominación no había muerto todavía. Esta había extendido su brazo sin levantarse y lanzado su tentáculo. La corta convulsión de Moniq siguió con su caída boca abajo al lado de Ezequiel. El monstruo se levantó como si nada y empezó a gritar de nuevo.

Ofuscado de frustración e ira, Ezequiel tomó el fusil AR-15 de su compañera apoyando el mango en su antebrazo izquierdo. Disparando al grandote, este lanzó de nuevo su ataque de tentáculo a distancia. El tentáculo le dio en un brazo, clavándose un segundo. La herida había permitido que se inoculara un líquido púrpura, el cual goteaba. Luego de eso, se aproximó recibiendo más disparos y tomó a Ezequiel de la cabeza. Lo alzó y lo oprimió contra la pared. La gran palma del monstruo tapaba la vista del latino, intentando triturar su cráneo.

El joven hizo lo ultimo al alcance. Soltó el rifle que no podía elevar y tomó su Desert Eagle. Apuntando en alto sin saber donde le daría apretó todo el cargador. Cada uno de los disparos dieron a quemarropa en el cuello del gigante, haciendo saltar líquido violeta-púrpura. El engendro lanzó un quejido más largo y ronco que los demás, tomándose del cuello. Sangró mucho, como si sus venas expuestas estuvieran estallando. Retrocedió para atrás soltando a Ezequiel y dejándolo caer de a poco contra la pared. Este ultimo veía como se retorcía parado, sin dejar de encajarle disparos en cuanto recobró la noción.

-STARS– fueron sus únicas y ultimas palabras.

Finalmente cayó, haciendo un ruido tremendo al tocar el piso con sus rodillas, y más estruendoso al tocar el piso con caer boca al suelo.

-¡Moniq¡¡Moniq!– Ezequiel la levantó a duras penas del suelo, viendo su rostro con dolor y el miedo a una muerte cercana.

-Me duele... mucho– decía tapando su herida del pecho.

De un surco de la boca de ella se podía ver como la sangre manaba de a poco, indicando una gravedad más que obvia. Su femenina mano que intentaba una inútil protección a esa mortal herida estaba visiblemente más débil, cada vez aferraba menos. El color granate de la sangre era el único que resaltaba, desalentador.

-¡No te puedes morir¡Por favor!

-Fue un gusto...

-¡Quieren salir de ahí los sobrevivientes por favor!– interrumpió el disertante por auricular.

Las rejas que siempre se abrían cuando terminaban las Pruebas se activaron.

-Te voy a llevar afuera de acá y te vas a poner bien.– intentando arrastrarla.

-... No...

Una deforme línea escarlata se iba dibujando en el suelo, como rastro del cuerpo arrastrado de ella. La mujer hizo el esfuerzo inútil de espantar las manos de su compañero de celda.

-No ten... tengo oportunidad. Por favor, la extre...

-No digas eso...

-Por fav...

Ezequiel procedió con el pedido, reconociendo la cruel realidad. Improvisaba unas palabras para una extremaunción, que jamás había visto:

-Dios Padre todopoderoso, absuelve de sus pecados a Moniq...

-Gellard– dijo ella con su cabeza sobre la mano de Ezequiel.

-Moniq Gellard, para que ella pueda...

En sus palabras Ezequiel veía los últimos respiros de ella. Luego de terminar le hizo la señal de la cruz.

-Nombre del padre, del hijo, del espíritu santo... amen.

El chico se quebraba en su oración. Ella podía verlo y le dolía: ya no hubiera querido manipularlo si hubiera salido de esta, pero eso no es posible. El Karma que le volvía en contra no solo le era el dolor físico ahora.

-... perdóname...–exhalo ella como un último respiro.

Y después, ella no hizo nada más.

Eso fue shock puro para el joven: no era la primera vez que veía morir a alguien. Pero esta era su compañera, su vasta razón de seguir vivo, su...

-¿Moniq?... ¿MONIQ?– la sacudió, viendo sus ojos carentes de vida.

Inutilemente, la abrazó callado por un momentos, como tratando de retenerla con vida.

Ezequiel le cerró los ojos con los dedos. Lo hacía con sus párpados fuertemente cerrados por el dolor emocional, sin querer ver esa cara inexpresivamente... muerta.

Impactado y entristecido cargó su pistola y la disparó contra el vidrio de observación, sin importarle el desperdicio de municiones.

-¡¿Estan felices, desgraciados?!

Chispas y rebotes de los proyectiles: eso fue todo. Levantándose a duras penas camino muy adolorido y pasó la cortina de acero, siendo el único sobreviviente. Al quedar en medio de la otra sala:

-Ya no lo aguanto más– dicho esto Ezequiel se llevó la pistola a la sien.

Cerrando sus ojos, luego de una pausa jaló del gatillo. La bala no salió, no había notado que había descargado el clip en un ensañamiento inútil.

CLICK

-Ay, nada me sale bien.

Buscando otro clip su cabeza se sumió en una jaqueca muy fuerte y no lo pudo encontrar. Todo empezó a verse con tonalidad violeta y a dar vueltas. Le empezó a picar su mano herida. Mantenerse de pie se le hizo imposible, cayendo sobre sus rodillas, luego sus manos, y finalmente cediendo bajo la contaminación del liquido violeta.

Su cara por fin tocó el suelo. Unas personas en trajes especiales y mascaras, algunas armadas entraron a chequear el escombro que quedó de alguien que sólo buscaba el “Sueño Americano”.

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Sujeto: 198

Descripción: Latino blanco, 1.73 m. 74 kilos

Observación: Omoplato dislocado; costilla rota; huesos de mano izquierda cercenados y/o dislocados (probablemente haya que amputar); Clavícula izquierda quebrada; politraumatismos varios; contaminado con virus T.

Tiempo desde la contaminación: 15 min.

Tiempo para transformación en estado zombi: entre dos horas y dos horas y media.

Resultado del mapeo cerebral: daños minúsculos en el lóbulo frontal por el virus T.

Asignado a experimentos de metamorfosis y mutaciones por efectos del virus T. Tanque de hidroextasis T-25a.

FIN



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