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Lo prometido es deuda...Espero que lo disfruten... nn.
Fuiste tu, mi mejor amigo.
Las tres escobas no estaba en su mejor noche. A escasos días de los exámenes la mayoría de los estudiantes prefería hundirse en la biblioteca pública de Hogsmeade o desparramarse a releer apuntes en el café de la esquina, antes que salir de juerga.
Cuando Madame Rosmerta recibió a su primer cliente de la noche se apresuró a disponer la mejor mesa, pero el extraño, envuelto en capa, bufanda y gorro, se dirigió a la barra sentándose con pesadumbre, casi sin notar que la gran chimenea dentro ofrecía una temperatura muy agradable.
- ¿Qué puedo ofrecerte, guapo?
- Ron... ¡No, mejor Whisky! Y no soy guapo... - El extraño se deshizo de todo lo que cubría su rostro para mostrar sus pecas y su pelo rojo.
- ¿Evans? ¡Ya decía yo que esos ojos me eran conocidos! Pero que...
Madame Rosmerta iba a preguntar si estaba segura de tomar ese licor fuerte, pero Lily sonrió amargamente y apoyó la cabeza en la barra. Deprimidísima. Apenas tuvo la copa en la mano se la bebió de un tirón emitiendo un sonido gutural satisfactorio. Pidió otra. Y otra mas. La última vez sólo alzó el dedo mientras se acomodaba insegura en el banco del que se resbalaba continúamente.
Alguién mas entró a la taberna vacía, cuando ya la chica trataba de irse después de batallar por ponerse la capa con las costuras hacia adentro. El muchacho se detuvo intrigado y después de reconocerla sonrió.
- Madame ¡Deme lo mismo que ha tomado ella!
- Joven Black, necesitará al menos 3 copas...
- ¡¿tres?! Oh Lily, Esperáme, te acompañaré de vuelta al colegio.
Lily movió la cabeza indecisa y se tumbó - literalmente- sobre una silla. Sirius Black sólo medio saboreó el licor y con presteza colocó el brazo de Lily sobre sus hombros y la arrastró afuera, no sin antes anudarle la bufanda al cuello y colocarle el gorrito hasta taparle las orejas. Al cruzar la calle que dividía el camino hacia Hogwarts en un extremo y hacia La Casa de los Gritos en el otro, la muchacha pareció desperezarse y hasta entonces reconoció a su compañero.
- ¿Qué haces aquí, Sir-Sirius? - Lily trató de plantarse en ambos pies sin titubear, cosa que no logró. Sus ojos desenfocados y su hablar confuso no le ayudaban mucho.
- A juzgar por las circunstancias, diría que lo mismo que tú.
- ¡Yo no vi-vine a emborrrra...charme a prop-pósito! vine a distraerrrme un poco... a conocerrr gennte... - Ella intentó dar un tono casual falsísimo.
- Y ahogar tus penas en alcohol. Es curioso ¿no? Precisamente hoy que está muerto Hogsmeade, se nos ocurre aparecernos en el bar... Lily, sé que James y tu terminaron...
- ¡No menciones su máldito nom-nombre! ¡Todos los hombres son iguales! - Lily se movió furiosa y su torso se inclinó peligrosamente hacia atrás. Sirius la tomó de los hombros, pero ella rechazó su ayuda.
- No todos somos iguales. Mírame, aquí igual que tú, sólo que a mí no me dieron ninguna oportunidad. Nada de nada - Sirius dejó de sonreír.
- ¿Te rechazaron? Pe-pero, ¿Cómo? ¡Si tu eres genial! - Típica fraternidad de ebrios - ¿Quién fue la estú...pida que hizo eso?
- El. Fue El. Remus.
Lily abrió sus ojitos acuosos y se llevó las manos a la boca diciendo: Oh oh. Ya decía yo. Sintiendo un repentino y profundo afecto por Sirius, lo tomó del brazo y se inclinó para susurrarle.
- No regresemos a Hogwarts.
Esa noche no fue necesario mas que ellos dos para armar el festejo en Las Tres Escobas. Madame Rosmerta no sabía si reir a carcajadas o preocuparse cada vez que Sirius Black y Lily Evans bailoteaban sobre una mesa al ritmo de una vieja canción de la rockola mágica, O cuando tenían sus lapsus trágicus y lagrimeaban unos instantes. O mientras brindaban chocando estruendósamente los tarros.
- ¡Por esos pobres imbéciles que no saben lo que se pierden sin nosotros!
- ¡Salud!
- ¡Por qué ya no lo extraño!
- ¡Salud!
- ¡Por qué me importa un comino!
-¡Salud!
A las 4 de la madrugada estaban listos para marcharse. Madame Rosmerta les ofreció una habitación arriba de la taberna, donde ella vivía, con tal de que no se aparecieran en Hogwarts en el estado mas impropio en el que dos chicos de 17 pueden estar.
Un poco a jalones y tropezones la escalera se les hizo eterna. Lily apoyaba todo su peso en Sirius al mismo tiempo que trataba de hacerlo subir los peldaños, y de vez en vez un mal paso los detenía para llorar de risa el tiempo suficiente para olvidar el motivo de su pena.
La habitación ofrecida sólo contaba con una cama grande y suave, cubierta de una gruesa manta que mantenía el frío de octubre a raya. Lily se dejó caer, boca abajo, la falda enredada entre los muslos y los zapatos a medio quitar. Sirius la cubrió con la manta antes de meterse en la cama, junto a ella. Su cuerpo tibiecito, su ronquido de gatita y su pelo desordenado le hacían parecer una nenita. Pero la despertó para preguntarle:
- ¿Por qué terminaron James y tu?
- ¿Terminaron? ¡El idiota me terminó! ¡Pero no se lo digas! Porque el me dijo que ya no podía estar con alguien que lo juzgaba mal... ¡Yo sólo le dije que se comportara con madurez, qué dejara de ser irresponsable! Y después... le grité... que... estaba bien, que me había ahorrado las palabras, porque lo mismo pensaba yo... Así que el creé que yo fui la que iba a romper con él, pero fue al revés... Soy una estúpida ¿Verdad?... ¡Ay Sirius! - Lily se deshizo en pujiditos de llanto hasta que hipó. Verla era una tragedia
- Bueno Lily, creo que sólo fue un mal entendido y que pueden arreglarlo... Habla con él.
- ¡No! no voy a darle el gusto de verme suplicando, ¡Además ya lo intenté! Reconocí que todo fue una tontería, pero entonces lo escuché hablar con Longbottom acerca de que había alguién que lo necesitaba más y que iban a reunirse en la torre de astronomía. ¡¿Entiendes lo rápido que me olvidó?! eso de que no soporta que lo juzge era sólo un pretexto para deshacerse de mí, no le importaba, ya sabes, fui un númerito más a su colección de conquistas... Ya puede poner en su listita de acostones: La pelirroja pecosa ¡LO ODIO! - Lily se había desahogado, habló alto e hizo miles de ademanes exagerados y tontos. Sirius la observó sorprendido ante la revelación que su amiga acababa de hacerle. Entonces por "eso" le dolía tanto una simple pelea. Cuando te has entregado por completo a alguien que amas, las heridas por pequeñitas que sean, son inevitablemente difíciles de cerrar.
- En realidad James siempre comentaba lo mucho que le gusta estar contigo - Sirius refrendó convencido de que todo había sido una confusión, tratando de hacerla sentir mejor.
- No lo defiendas y... y mejor dime que ocurrió con Remus...
- Pues... me porté caballeroso, lo invité a comer a London Chic y se negó. Le regalé una escoba, la Barredora 5, el nuevo modelo y me la devolvió. Lucius Malfoy lo molesta por la ropa que trae y yo le grité al zopenco que para eso estoy yo, y le compré una capa muy elegante ¡Y se enojó!. Trato de que se sienta bien, de darle "estabilidad", de demostrarle que me preocupo por él y que es muy importante para mi y sólo me responde con indiferencia, molestia e incomprensión. Parece que le incomoda que lo traten de buena manera y por lo que he podido apreciar prefiere la compañía anormal y huraña de Snape. - Sirius habló de la misma forma que Lily lo había hecho. Enojado, a grititos y parloteando al compás de sus manos.
- Bueno, si quieres mi opinión, Remus es muy sensible y puede que piensa que tratas de "comprarlo".
- ¡¿Pero cómo?! - Lily miró de tal forma a Sirius que éste cayó en la cuenta de que era obvio. - Pero sabes algo, hoy traté de acercarme a él, pero me dio tontas excusas y salió disparado hacia la escalera de la izquierda del salón de transformaciones... esa que lleva a la torre de astronomía...
Por unos instantes se miraron con expresión congelada. ¿Coincidencias? No, los magos no creen en ella. Y si por algo era conocida la torre de astronomía era por la tremenda carga hormonal que allí se desplegaba. Ya podían observar en rápidos flashazos algunas imágenes ruborizantes de James y Remus buscándose en la oscuridad.
Sí. Maldita sea. Y el alcohol amplificaba los sentimientos al respecto.
Traidores. Embusteros. Hipócritas.
¿Y si todo era un error? No.
¿Qué no te he dicho que las coicidencias no existen?
- Pues, pagémosles de la misma manera - Resolvió Lily.
- ¿Qué? Tratas de decir que tu y yo... Oh no, no y no... Ellos no lo sabrán y...
- ¡No importa! Al menos me dolerá menos cada vez que lo vea y... tu eres muy atractivo... - Los razonamientos de los ebrios siempre parecen tan sencillos - Hazme olvidarlo por hoy.
Lily subió a las piernas de Sirius y se enganchó a su cuello para besarlo con esas ganas reprimidas. Con sabor a venganza, con el deseo de que con eso estaba haciendole pagar a James su primer trago amargo en su amor adolescente. Lo quería tanto y se sentía traicionada, débil y pequeñita. Y muy posiblemente se sentiría mucho peor en la mañana, ya sobria.
Sirius trató de negarse, de no responder, pero era imposible con aquel cuerpecito restregándosele impaciente. Y la besó, acarició y abrazó sintiendo que allí también se le iba un pedazito de corazón, aunque todo el resto le pertenecía a Remus.
- Sirius... espera... - Sirius creyó que Lily se arrepentiría - Me estorban los zapatos...
En la mañana Sirius se despertó solo y con la sensación de que todo había sido fantasía. Pero el otro lado de la cama estaba cálido y la almohada hundida indicaba la presencia de alguien más. Entonces escuchó arcadas y el agua corriendo del sanitario. La puerta se abrió de golpe y Lily apareció temblorosa, pálida y desnuda. Apenas acertó a sentarse en la cama tratando de envolverse con la sábana, devolviendo a Sirius una expresión desmejorada y vulnerable. Y él la abrazó y la besó de nuevo con cierto fervor renovado. Y Lily se apartó para correr de nuevo al baño.
Después de pedirle a Madame Rosmerta algún remedio para la resaca y el malestar, la ayudó a limpiarse, vestirse y cepillarse el pelo. Extrañamente él no presentaba ninguna reacción o tal vés sería que ella nunca había bebido así.
Mientras le anudaba la corbata la observó restregarse los ojitos, hinchados de llorar y del desvelo. El había estado con tantas chicas, pero ninguna como ella. Su amiga.
- Lily tenemos que... -Sirius tocó sus mejillas, sus labios.
- Ya lo sé, Sirius, debemos olvidar esto... - Sirius intentó hablar pero ella lo silenció poniéndole un dedo sobre la boca - ...Sólo, te digo que no dejes de hablarme, eres mi amigo... aunque estoy confundida.
Sirius sonrió y le besó la frente.
- Iba a decirte que tenemos que pensar en una excusa, McGonagall va a pegar el grito en el cielo.
Se despidieron profundamente apenados con Madame Rosmerta y subieron la colina que lleva al colegio. No hablaron en el camino y no lo hicieron en algunas semanas. No porque estuvieran arrepentidos de los hechos, no porque ya no se apreciasen o porque la culpabilidad impedía verse o ver a los "causantes" de aquello. En realidad lo que necesitaban era tiempo. Tiempo suficiente para reflexionar el efecto de un sóla decisión.
Y todo mejoró. Remus se declaró a Sirius, Lily volvió con James y algunos años mas tarde se casaron. El día de la boda, Lily era una mujer radiante y su luz provenía de la profundidad de su vientre, donde se gestaba su único hijo. En el baile Sirius la tomó con cuidado y se movieron lentamente.
- Nunca te dije Sirius, Gracias. - Sirius no entendió - Por aquella noche, porque fui muy tonta y sin ti, no se que hubiera pasado. Porque pudo ser cualquiera y fuiste tú, mi mejor amigo. Porque en mi estúpida idea de venganza, te involucré a ti, igualmente dolido, sin saber las consecuencias. Y no me reclamaste, no dejaste de hablarme, no me hiciste menos. Porque no perdí valor para tí. Y porque si no existieran James o Remus, te eligiría a ti.
Y Sirius no supo que decir, a excepción que...
- Harry... me gusta ese nombre. Si tu bebé es varón, ¿Podrías tomarlo en cuenta?
Los ojos verdes pestañearon en respuesta.
Después de la tragedia, Sirius se guardaría el recuerdo de Lily como el mayor secreto, el mayor tesoro que poseía y aquel bebé marcado por Voldemort sería tan amado como propio. Y todos sabemos que por él, cualquier sacrificio es menor, incluyendo la vida.