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Blanco Y Negro – Capítulo I
Yuugi al entrar activo el interruptor de luz, luego pasó su yami que cerró la puerta detrás de él, ambos se sorprendieron por lo mucho que había cambiado la habitación. Las paredes desteñidas ahora tenían marcas que parecían ser hechas con garras de metal, la cama y los pocos muebles de madera se encontraban en muy malas condiciones, algunos totalmente destrozados e irreconocibles, ni el suelo o el techo se habían salvado del ataque de las feroces garras del muchacho. Ryou alzó uno de sus brazos para evitar la luz. "¡¿Qué pasó?!", pregunto sorprendido y muy preocupado el dueño del rompecabezas.
"¡Apágate!" gritó el de cabellos plateados señalando al foco, este comenzó a parpadear perdiendo su energía, mas no obedecía por completo la orden. De pronto se escuchó como si muchos cristales explotaran o se rompieran simplemente afuera de ese lugar. Frustrado, el dueño de la sortija tomó lo primero que vio y con eso rompió aquel objeto luminoso que osaba molestarle con tanto ahínco. "Nada ha pasado Yuugi, todo está bien... Necesito descansar", sin más se acurrucó de nuevo cubriéndose con su gabardina. "¿Estás bien querido Ryou?", calmadamente Yami se fue acercando al otro. El pelirrojo más chico por unos instantes se sintió terriblemente mal por ver el interés del espíritu del rompecabezas en su compañero, pero como era costumbre, no diría nada, no tenía por que hacerlo, en especial por que sabía cuando amaba el antiguo faraón al albino.
El de ojos cafés se mofó. "¿Te párese que estoy bien?. ¿Qué ustedes son un par de insensibles?... Malik...". Desde que los dos de ojos violeta habían salido a una misión especial por ser los mejores cazadores de vampiros de la zona, Ryou se había quedado solo, sin ánimos de salir de ese cuarto, lamentándose por lo sucedido la última vez que había estado afuera de la guarida. Le inquietaba estar entre tantos cazadores cuando bien el podría ser una presa muy sencilla para ellos, aunque la mayoría solía ser muy amable con él, casi todos estaban acostumbrados.
El vampiro de cabellos plateados, a demás no se sentía muy bien, sin contar el dolor emocional, tenía otra clase de problemas. Al tener hambre el se desesperaba, y había sido malacostumbrado por Bakura para alimentarse de personas, aunque al dueño de la sortija le dolía acabar con la vida de la gente, no podía resistirse por siempre al exquisito y excitante sabor de la tibia sangre humana. A pesar de que su yami solía ser muy cruel con él la mayoría del tiempo, se preocupaba por no dejarlo con el deseo de nutrirse. Pero al igual que Malik, Bakura ya no estaba. Y entre cazadores, era más que absurdo insinuar la idea que se le pasaba por la mente, tenía que habituarse a la sangre de los animales, pero no le bastaba, no solo por que no llegaba a ser la misma calidad de sustento, si no, porque solía enfermarlo. Por difícil que fuera, no veía más que seguir tratando de acostumbrarse a eso. Esa era la causa de que estuviera cansado la mayoría del tiempo, se alimentaba muy poco, sin gusto, y no con la frecuencia necesaria, cosa que lo malhumoraba.
El espíritu del rompecabezas se agachó y puso una mano sobre el hombro de su amado. "Sé que es difícil, pero... Hay que hacer lo correcto". El chico agudizó la mirada '¿Correcto? ¿Quién dice que es lo correcto y qué no lo es?... La verdad de uno no tiene por que ser la verdad de los otros...', luego sacó sus colmillos con sutileza haciendo su rostro un poco hacia atrás. No se sacaba de su mente el deseo de tener una victima bajo sus brazos para devorarla con deseo. Entrelazó sus manos entre su cabello y lo revolvió un poco. '¿Qué se supone tengo que hacer?'. "Yo no quiero acabar con vidas inocentes". Yami lo detuvo y le ayudó a levantarse, mientras este guardaba sus feroces colmillos sin entusiasmo. "No te ves muy bien, creo que ya has descansado suficiente, necesitas aire fresco. A Yuugi también le costó un poco acostumbrarse". El pelirrojo rodeo por la cintura a su compañero, y lo animó a salir de ese tétrico y escalofriante cuarto. "...Ryou", susurró Yuugi al salir también, pero al dirigirse por un camino opuesto para dejarlos solos.
Al caminar por los elegantes y oscuros pasillos, los dos se encontraron con un par de cazadores más. Ambos tenían linternas, uno sostenía una gran caja de cartón, este le pidió a su compañero que hablara con ellos y siguió su camino. El que se quedó solo hizo una mueca fingiendo disgusto, a simple vista parecía un muchacho agradable, su piel era clara, su cabello tan negro y oscuro como sus profundos ojos, vestía como cualquier otro cazador solo que tratando de darse distinción por su atuendo resaltado por la gabardina donde ocultaba el tipo de armas que Ryou tanto temía. Al notar que al albino le molestaba la luz de la linterna, la dirigió a otra dirección, aunque estar a oscuras no era gran molestia para ninguno de ellos. "Yami, eres nuestro líder y lo respeto, Ryou es nuestro compañero y lo respeto también, pero... No sé como decir esto... No deseo molestar a ninguno de ustedes, solo es... Lo que pasa...". Miró divertidamente al vampiro de ojos cafés, a este cazador no le molestaba tanto el problema que apenas comenzaba. "No podemos estar limpiando siempre las gracias de este".
"¿A qué te refieres?" Preguntó Yami sin entender el asunto cuando el dueño de la sortija agachaba su rostro. "Cuando te fuiste... Ryou aprendió la habilidad... De... No estoy seguro... ¿Hacer explotar cosas?. Y casualmente acaban de explotar todas las bombillas del lugar, a demás de algunos jarrones y piezas de cristal... ¿Por qué crees que estamos a oscuras?". Koyama jugaba con su lámpara dando a entender que el problema no le afectaba, y mostraba una divertida sonrisa muy relajada. "Pudo haber sido un corto", argumentó el pelirrojo para defenderlo, pues no habían pruebas de que su amado pudiera causar algo como eso. "Lo lamento mucho, de veras no fue mi intención... Remplazaré lo que rompí... Es lo único que puedo hacer". "¿Pero como lo hiciste Ryou?".
"Verás, como dije, tu no estabas, de lo que te perdiste... La primera vez que lo vi hacer eso, solo rompió un televisor... Varios estábamos descansando viendo una película, y aparentemente las de terror no son del gusto de Ryou, se asustó... Cosa que me sorprende de un ser tan temible como él... y lo siguiente fue un ¡Puf!, no fue la gran cosa. La otra fue cuando jugaban con él haciéndolo molestar un poco, cuando se supo que estaba molesto enserio, varias ventanas cercanas parecieron colapsar... De esa no se puede reclamar, por que nosotros comenzamos, y nos disculpamos seriamente por eso... Pero... Esto fue más grande. Mi compañero ya trae una caja con repuestos, pero nos tardaremos en arreglar y limpiar todo".
"Yo me encargar", insistió Ryou, pero su compañero le volvió a sonreír. "Es que eres nuevo aquí todavía, pero por si nuestro líder no te lo ha dicho. Todos aquí somos un equipo... Ya todos estamos arreglando, con que tengas más cuidado... Preferimos que aprendas a controlarlo".
"Pero es que fue mi culpa... Mi error... Yo lo corrijo...".
"A unos si les molestó, pero no es para tanto. Aunque... Pensándolo bien, ayuda extra no nos caería mal...".
"Conseguiré más repuestos en lo que ustedes dos ayudan al resto". Comentó Yami, para así ver más detenidamente la reacción de sus camaradas respecto a la acción de Ryou, después de eso, le pediría ayuda a Yuugi para solucionar el problema de alimentación del albino, lo veía un poco más pálido de lo usual, pero no podía obligarlo a comer si este seguía negándose tanto. Todos asintieron y tomaron sus caminos, el pelirrojo examinando el lugar, mientras Koyama acompañaba a su camarada.
"¿A dónde vamos? ¿Qué parte arreglaremos primero?". El trayecto comenzaba a ser algo largo para el vampiro, no entendía porque su compañero buscaba la parte más lejana posible. "Es que primero quisiera que me hicieras un favor" se excusó el otro tranquilamente balanceando su lámpara a diferencia de Ryou el si la requería entre tanta oscuridad en un lugar de semejante tamaño como ese. Entraron a un cuarto, cerró la puerta, y al asegurarse que estaban solos, el de ojos negros se detuvo y apagó su lámpara. "¿La luz?" preguntó el albino. "Silencio, ponme atención...". Koyama de un rápido movimiento acorraló al otro junto a la pared, y le apuntó directo al corazón con su ballesta. "¿Qué pasa?" preguntó algo preocupado el ser de la noche. "Te dije que hicieras silencio... ¿Quieres que apriete el gatillo?. Si digo que fue en defensa, y que tenías hambre, nadie dudará de mi, soy de los que tienen más tiempo en esta alianza, y si me haces algo, nadie dudará en acabar con tu patética existencia aunque sea contradecir a nuestro supuesto líder". El dueño de la sortija solo agachó la cabeza, de haber querido hubiera evitado el ser arrinconado, el cazador era rápido, pero él más, simplemente había confiado en él.
'Estúpido... ¿Vas a dejar que te trate así?'. Por alguna razón Ryou recordó a su yami, si él estuviera de nuevo con él, fácilmente lo sacaría de cualquier problema por más chico que fuera. "Querido Ryou, no vamos a soportar tus jueguitos siempre... Te hemos cuidado mucho y ¿Cómo nos has agradecido?. No has hecho nada... Y no lo veo justo". El vampiro sacó sus colmillos pero su aspecto era más defensivo que de ataque, sus ojos se tornaron tristes y opacos. 'Saca tus garras y extermínalo de un solo golpe y luego devóralo sin piedad... No le des tiempo, no se lo merece... ¡Estúpida conciencia! ¡Se supone que me ayudas a ser bueno!'. Koyama acercó su rostro al de su camarada, y con una mano acarició sus cabellos. "Aún en la oscuridad puedo ver que tienes una apariencia encantadora". El albino se puso muy nervioso, su mente no le ayudaba a idear algo positivo. Apretando el arma en el pecho de su victima, el de cabellos oscuros trató de besar al otro, pero como era de esperarse, este volteó el rostro. "¡Quédate quieto!" replicó molesto encajando más el arma y apretando el rostro de Ryou. '¡Que osadía! ¡Mátalo!... Todos se molestarán conmigo... Estoy rodeado... Tengo mucha hambre... Estoy confundido... Tengo miedo...'.