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Capitulo 7 Encuentro en el tren
-Justo en el momento preciso Ronald- Ron podía sentir como se ruborizaba por momentos, el suelo se mecía bajo sus pies, y no era una sensación física debida al malestar, realmente el sitio donde se encontraba se movía, estaba en el compartimento de un tren. Ron estaba demasiado aturdido y Dumbledore le infundía demasiado respeto como para que el muchacho levantara la vista del suelo más de dos veces para mirarlo a él o la pareja de extraños que lo acompañaba. –¿Todo bien?
-Si, director- contestó el muchacho cohibido.
-Vaya, pobre muchacho esta bastante cortado, creo que sería bueno ir a por un café- Ron, que seguía con la vista fija en cualquier cosa que se encontrara a la altura de los cordones de sus zapatos, escuchó una voz masculina que no era de Dumbledore, asi que sería del hombre al que no conocía. –Chico- se dirigió a él, Ron lo miró- ¿Te apetece tomar un té?- Por alguna razón el estomago le dio una sacudida al mirar a aquel hombre, tenía el cabello crespo y los ojos castaños, y aunque tenía un aspecto desentendido y amable, lo cierto es que le ponía nervioso; estaba a punto de negar con la cabeza cuando de soslayo observó que Dumbledore asentía.
-Vale- dijo con una vocecilla aguda, garraspeó y se enrojeció.
-No es necesario que vaya a una de esas maquinas que utilizan ustedes- comentó Dumbledore –Si lo quieren, yo mismo les puedo servir un té al gusto!- Dijo el Director alegremente, pero la mujer intervino, era una mujer delgada, de labios finos y aspecto elegante y estricto.
-Si no le importa prefiero por el modo corriente- Dumbledore sonrió de manera agradable
-¿El modo corriente para quien?- La mujer no cambió su expresión hasta pasados unos instantes, y entonces dijo:
-Bueno, bien, supongo que de alguna manera debemos acostumbrarnos, y asi ahorraremos tiempo. –Dumbledore mantuvo su sonrisa cortés y con un movimiento sutil de varita hizo aparecer una tetera y tres tazitas, entonces invitó a la pareja a tomar asiento en el compartimento, Ron se preguntaba en que momento Dumbledore le iba a presentar a aquellas personas y a explicarle definitivamente el plan de la Orden. Los cuatro se sentaron, Ron se sentía tremendamente pequeño e insignificante junto la majestuosa figura del director, cuya tetera encantó para que sirviera el té, al hombre de cabello alborotado aquella situación le parecia muy divertida, pero la mujer miraba con cierta aprensión la tetera levitar. Ron observaba a aquellos dos con la incertidumbre de sus rostros familiares pero con la certeza de que jamás los había visto, era extraño, entonces el Director se acercó disimuladamente a su oído y el muchacho dio un respingo.
-La reacción de los muggles es siempre la misma, no les gusta nada a lo que no puedan dar una explicación. –Dumbledore se incorporó, alcanzó su taza flotante y le dio un pequeño sorbo y un gruñido -¡Vaya, me he quemado¡He aquí, Ron, un ejemplo de lo importante que es la intensidad de los hechizos!- Ron lo miró sin saber si sonreir o no, y la mujer de aspecto severo también reparo en él, solo que no con tan buenos ojos como el pelirrojo. –Pero bueno, no quiero robarles más tiempo a los presentes. Hemos venido a hablar aquí de la importancia del plan de fin de curso, sin duda alguna preferiría que como el resto de alumnos fuerais de viaje a algún sitio interesante… Sino me equivoco años anteriores se visitó Rumania, tu hermano, Charlie, fue un guía excelente, si, bien merecida estuvo la subención a los colacuernos…- garraspeó- ¿Por donde iba¡Ah, si! Bueno, en resumidas cuentas Ronald, la importancia de esta misión es, como bien sabes, tan relevante como el destino de miles y millones de criaturas mágicas, desde la más diminuta hada hasta un gran mago, como tu.- Ron ocultó una sonrisa modesta¡El no era un gran mago! –Asi que esta es la misión…
El Director, en realidad, no le explico nada a nuevo a Ron, de nuevo las profecias, el hecho de que iban a volver a utilizar el giratiempo y la importancia de que SOLO él y Harry hicieran aquel viaje, y sobre todo, que pasara lo que pasará durante el curso, no intentaran cambiarlo más que en su viaje al pasado.
-Director- irrumpió el muchacho algo más distendido que al principio de la conversación –Si volvemos al pasado cuando el septimo curso finalize, estaremos en realidad dando solución al presente¿No es asi? Es decir, en tercero, Harry y Hermione fueron al pasado y modificaron el presente, con lo cual, todo lo que pase en el presente será el resultado de lo que nosotros hayamos conseguido al volver al pasado –El muggle del compartimento, que no habia articulado palabra en toda la discusion, asi como su mujer, parecía muy concentrado en cada palabra del director, miraba con fascinación al pelirrojo, al parecer sin importarle demasiado no comprender nada de las regresiones en el tiempo. –Es decir, que si este curso alguien resulta… malherido, atacado… será porque nosotros no los estamos haciendo bien en el pasado, en el viaje. –Dumbledore frunció el ceño
-¡En una cuestión muy compleja se esta metiendo Señor Weasley! Simplemente pasareis un curso ignorando la presencia de Voldemort, y, cuando este acabe, hareis un viaje hasta el inicio del curso, protegiendo al colegio, advirtiendome a mí de lo que pasará en un futuro, para tomar las medidas pertinentes.
-Eso quiere decir que Harry y yo seremos para usted como unos mensajeros del futuro. Como un oral… otralcuto… osralcuto
-Oraculo, si. –Sonrió el Director. Ron se llevó las manos a la cabeza.
-…No consigo comprenderlo- La mano del Director se posó en el hombro del muchacho
-Preguntale a Harry sobre el giratiempo, pero NO le digas nada a Hermione ni a tu hermana.
-Bueno, aunque no le diga nada a mi hermana… usted sabe lo que mi hermana es capaz de hacer- Dumbledore emitió una sonora carcajada.
-¡Ronald Weasley¡No pensará usted que su hermana es capaz de colarse en el pensamiento de cualquiera!- En este punto el asombrado muggle que ecuchaba todo la conversación de hito en hito, se inclinó tan hacia delante que casi da de boca contra el suelo. –Bien. Llegados a este punto creo que todo lo que es posible dejar claro, lo está- El Director se levantó de su asiento, era realmente alto, Ron no estaba tan seguro de haber comprendido, pero no iba a llevarle la contraria al Director
-Director Dumbledore…- Dijo el mago timidamente –Yo… no se si seré capaz de recordarlo todo… no soy tan inteligente como Hermione- Dijo con pesadumbre, la pareja muggle lo miraba atentamente –ni tampoco tan poderoso como Harry… quiero decir que no estoy seguro…- Dumbledore chistó escandalosamente.
-Ronald, no se compare con los demás, porque cada mago es incomparable –El Director le guiñó un ojo y acto seguido le estrechó la mano, Ron se disponia a salir del compartimento pero… ¿A dónde iba? –Aquí tienes estos pergaminos- Le dio una carpeta desgastada con ribetes dorados y estampados de color escarlata –leelos.
-Deacuerdo, pero…¿Como llego a Falmouth?
-¡Ah, si, claro! Dejame de momento charlar, después iremos juntos a Falmouth.
-Am… bien, pero… disculpe¿Qué hay de Hermione?- Ron empezaba a cansarse de las miradas inquietantes de la pareja de muggles que acompañba a Dumbledore y que no tenía ni idea de que pintaban allí.
-Hermione estará bien- Ron salió desconcertado del compartimento a un largo pasillo a cuyos laterales se encontraban las diferentes puertas de los diferentes compartimentos. Siguió recto cambiando de vagón en vagón hasta que alcanzó los baños, necesitaba pasar urgentemente, demasiado té.
Iba dirección Falmouth, dirección a su casa, sin tener ni idea de porque se había separado de Ron, y pensando a través de que medio llegarían Harry y Ginny.
Dio un suspiró y de su equipaje de mano sacó una revista que delante de Ron no hubiese leído.
"¿Eres realmente afín con ese mago? Pagina 16"
"Trucos y hechizos para persuadirle sin varita¡Corre a la pagina 23!"
" Mil y un filtros de amor ¿Cuál necesitas?Pagina 9"
"¡Oh Merlín, un mago bajo mis sábanas! Pagina 21"
Hermione se sentía tremendamente ridícula, pero abrió la revista por la página 16.
"¿Eres realmente compatible con tu pareja¿Sois polos opuestos¿Sereis capaces de sobrellevar vuestras diferencias¿Sois la pareja ideal? A menudo nos cuestionamos ¿Con que clase de mago estoy¿Es el mejor para mí? La respuesta a estas preguntas radica muchas veces en la capacidad de llegar a decisiones comunes en pareja, cuando los novios no se compenetran, a la larga pueden aparecer problemas. ¿Él es realmente lo que te hace falta¡Compruebalo con este sencillo test!"
Hermione comenzó a marcar en cada pregunta una opcion, "a" "b" o "c" y con suma rapidez llego a la solución.
"Mayoria de c: Quizás quieras mucho a tu pareja, pero esta claro que no compartís ni gustos, ni hobbies, ni filsofía de vida. ¿No crees que es la hora de replantearte la situación?"
Hermione estrelló enfurecida la revistas contra el asiento de en frente.
-¡Tanto rollo para esto! Es una revista absurda…- Cogió uno de sus libros "La mecanica del la mutación analítica en bipedos secillos" y comenzó a subrayar con la varita algunos párrafos. Entonces alguien entró en el compartimento, Hermione miró sorprendida, después, en su rostro se dibujó una enorme sonrisa¿Formaría él parte de la prueba?
Frente a su asiento se sentó Draco Malfoy, vestido como un muggle resultaba muy extraño, Hermione siempre lo había visto vestido de negro, con las túnicas largas y de capucha. Sin embargo, Draco se había preocupado porque su sudadera combinara dos colores: el verde y el escarlata.
El slytherin iba, al parecer, absolutamente solo, y no esperaba a nadie, no llevaba equipaje, y pasó un buen tiempo contemplando el paisaje con su típica mueca de asco que ocasionalmente se acentuaba. Estaría pensando en Harry. Hermione, bajo la apariencia de Tonks no dejaba de mirarle, hasta que Malfoy se dirigió con descaro a ella y dijo:
-Señora¿Qué tiene de interesante mi cara?
Hermione, lejos de sentirse ofendida, reparó en el "señora" era la primera vez que la llamaban asi, sonrió, se le hizo gracioso, y eso acentuó la molestia de Draco, que se llevó una mano al bolsillo tentado de sacar su varita, debía ser demasiado para él ir en un tren lleno de muggles, pero… ¿Dónde iría¿Y como podía Hermione enterarse?
El tiempo pasó lentamente en el compartimento, Hermione vigilaba constantemente la mano de Malfoy tocar su bolsillo, si Malfoy creía que ella era una muggle era mejor no confiar en él. La bruja seguía cabilando en la manera de dar con el destino de Draco, preguntarselo como muggle, solo conseguiría que Draco se molestase de nuevo y se acabara de decidir por sacar su varita, lo que daría lugar a un duelo no muy recomendable en un transporte muggle.
Todas sus ideas parecieron aclararse cuando Narcisa Malfoy pasó al compartimento, al parecer, finalmente, Malfoy iba acompañado.
-Madre¿Por qué has tardado?- Preguntó Malfoy a aquella mujer delgada, enlacada, y vestida en un traje refinadamente insulso. –He tenido que vermelas con uno de esos muggles que buscan etiquetas en los bolsillos de los viajeros. ¿Cómo voy a tener yo etiquetas¿Acaso los Malfoy tienen que usar dinero muggle para montar en este torpe y lento cacharro!- Hermione supo que aquella mujer se refería con etiquetas a los billetes de tren, y que, por tanto, el hombre del que hablaba sería el revisor, acto seguido se preguntó que le habría hecho al revisor para evitar que los hecharan del vehículo. Salió de la duda rapidamente, tras la sonrisa maliciosa de la Sra Malfoy –Por supuesto, a ese hombre le costará tanto recordar donde vive y como se llaman sus hijos, como recordar que alguna vez se encontro con los Malfoy. –Narcisa y su hijo rompieron en carcajadas, Hermione se mordía el labio inferior y los miraba con rabia. La Sra Malfoy dirigió sus fríos ojos azules a Hermione.
-¿Es muggle?- le susurró a su hijo –A debido escuchar todo- Hermione sintió su corazón palpitar con frenesí.
-Me atrevo a decir que sufrirá el mismo destino que el etiquetador- Hermione sentía la colera apoderarse de ella a medida que las sonrisas de los Malfoy se acentuaban, Narcisa Malfoy sacó de su ridículo abrigo aterciopelado su varita, fina, delgada, y torcida, como una rama seca de un árbol viejo, y apuntó a Hermione, que se quitó las gafas tomando su apariencia.
-Primero- exclamó desenfundando su varita con presteza- no es etiquetador, es revisor. Y segundo, ni soy muggle, ni me vais a tocar- Draco y su madre no salían de su asombro, tal era asi, que quizás por eso no se protegieran a tiempo del hechizo de la joven bruja.
Desalentado, buscó un compartimento vacío donde poder sentarse a leer "Los tres aros de la discordia" y acabó en uno de ellos junto a dos pequeños muggles que jugaban con bolas de cristal tirados en el suelo.
-Hay que ver que raros son…- se dijo para sí mismo, y perdió la mirada hacia el paisaje exterior. No llevaba demasiado tiempo ensimismado cuando sintió un tirón en el bajo del pantalón.
-¡Mi canica, mi canica¡Esta debajo de su pie!- Ron miró con extrañeza y nerviosismo al pequeño muggle que se metía entre sus tobillos.
-¿P-perdona?- le dijo al pequeño, realmente el no sabía tratarse ni con niños, ni con muggles, y esa situación le superaba.
-¡Mi canica!- Ron alzó la vista hacia la mujer que los acompañaba, esta, con parsimonía, pasó una hoja de su revista y negó con la cabeza.
-…Niños- suspiró
-¿…Que… que es una canica?- Preguntó Ron con timidez
-¡Levanta el pie!- Exclamó el niño enfurruñado y apunto de llorar, Ron levantó los pies y lo observo perderse bajo el asiento y salir con algunas pelusas sobre la cabeza. -¡Era mi canica de la suerte, y no la encuentro!- Sollozó el pequeño, Ron no atinaba a hablar, la otra muggle, que era algo más mayor que el otro niño, le sonrió.
-Tiene muchas canicas de la suerte, ya se le pasara…- Pero no se le pasó, berreaba y berreaba sin parar. La madre de los pequeños se levantó derrepente.
-¡Vaya!- dijo -¡He olvidado la merienda en la maleta! Por favor joven¿Podría hacerse cargo de los pequeños un momento¿De verdad¡Gracias!- Ron, con una sílaba negativa colgando de sus labios, se encontró derrepente con un niño lloron y una diminuta marisabidilla.
-¡Tienes muchas canicas¿Qué más te da¡Pues hala, llora, llora!- El pequeño lloro, gritó y pateo aun más. –Señor¿No piensa hacer nada?- Preguntó la niña, Ron se levantó.
-¿Qué es una canica?- La niña sacó un puñado de bolas de cristal de muchos colores del bolillo de su pequeño y bombacho pantalón –Lo suponía…- murmuró Ron y se agachó con torpeza, para él y su tamaño era bastante complicado meterse bajo el asiento, instintivamente sacó su varita del bolsillo y dijo:
-¡Lumos!- Al momento tanto la niña muggle como el pequeño lloron dejaron de emitir sonido alguno. Ron divisó la canica a los lejos, alargó la mano y la cogió de entre unas cuantas pelusas de la moqueta, con la varita todavía en ristre, tendió su mano al pequeño, que, mudo, la cogió. Los niños le miraban ahora boquiabiertos. Formaban una estampa cómica, sin duda, bordada por el gesto de Ron.
-¡Magia, magia!- gritó la marisabidilla -¡Magia, Melvín, es magia!- Ron no sabía que decir, pronto el más pequeño acercó la yema de su diminuta mano a la punta de la varita.
-¡NO!- Exclamó Ron sin tacto alguno, y en el rostro de Melvín se dibujó una mueca alarmante. Sin duda Ron no tenía mano con los niños –Quiero decir… no… no es magia, es una linterna de una feria.
-¡Es magia¡Es magia!
-¡No lo es!- Se enfado Ron
-Y, si es una linterna¿Dónde esta el botón?
-¿Botón?- Se preguntó Ron –los botones son para las camisas, creo que confundis conceptos.
-¡No tiene botón, no tiene botón!- exclamó de nuevo la niña -¡Es magia!- Ron se llevo las manos a la cabeza.
-Vale, es lo que vosotros querais, de todas maneras un adulto jamás os creería- Ron se dejó caer en el asiento –Espero que su madre no tarde…- murmuró, pero los niños no se iban a dar por vencidos, de hecho, el más pequeño trepaba por sus rodillas y la niña le pedía que hiciera aparecer un elefante.
-¡No se hacer aparecer un elefante!
-¡Vaya!- Ron, con resignación, tuvo que coger al más pequeño en brazos, ya que estaba emperrado en subir y se iba a caer en cualquier momento sino lo cogía.
-Bien, vamos a ver… ¿Creeis que vuestra madre tardará mucho?- la niña asintió
-¡Seguro!- Ron suspiró
-Habrá que entretenerlos entonces…- murmuró el pelirrojo -¿Cómo os llamais?
-Malvín- dijo el niño que tenía mocos y los ojos humedecidos
-¿Y tu?- le preguntó a la otra -¿Eres su hermana?
-Si, soy su hermana mayor- infló el pecho –yo le cuido. Me llamo Andie.
-Muy bien… em… ¿Por qué no seguís jugando a las can- icas?
-¡Cogeme a mí también!- Tuvo como única respuesta Ron, que acabo con dos niños en los brazos.
-¡Haz magia!- Exclamaron al unísono, Ron apuntó a la puerta y la hechizó para que no pudiera ser abierta.
-¡Celare!- Hizo algunos hechizos, como duplicar canicas y cambiarlas al color que los niños querían.
Para su propia sorpresa, después de verse obligado a limpiarle los mocos al más pequeño unas cuatro veces, llegó a encontrarse a gusto con ellos, hasta que en algún compartimento cercano escuchó un grito agudo.
-¿Qué ha sido eso?- Dijo poniendose en pie y dejando a los niños en el suelo, que inmediatamente le tomaron la mano. De nuevo se volvió a escuchar un grito y explosiones. –Tengo que ir- Se dispuso a salir por la puerta pero los pequeños no lo soltaban, y ponían pucheros. –No podeis venir, es peligroso.
Hermione lanzaba hechizos diversos contra los Malfoy, pero a estos no les costaba demasiado esquivarlos o bloquearlos, eran dos contra uno y Hermione sentía que no daba más de sí, entonces, alguien entro por el compartimento de la puerta.
-¡Niños, quedaros atrás!- Hermione lo miró incrédula
-¿Ron?
-¿Herm?- Pero rapidamente un raudal de hechizos cruzó la sala, Ron apunto a Malfoy, Hermione a su madre.
-¡Impedimenta!- Ambos hechizos se unieron en uno solo en su trayectoria, dejando a los Malfoy incocientes. Hermione se dirigió a Ron.
-¿Qué haces aquí, y quienes son los niños?
-Ya te lo explicaré. Vienen muggles¡Corre¡Coge a este!- Hermione se encontró con un niño en los brazos mientras corría al compartimento contigüo. Entraron rapidamente y cerraron tras ellos.
Respirando abruptamente, los muchachos se habían pegado a los asientos recuperando el aliento.
-Si los Malfoy se ven rodeados de muggles son capaces de hacer cualquier cosa- Dijo Hermione alterada, Ron asintió.
-¿Qué hacemos?
-Vamos a ver, valoremos la situación, primero ¿Qué haces tu aquí?
-Me aparecí aquí a traves del traslador, Dumbledore y dos muggles que no conozco me recibieron en uno de los compartimentos del tren, no tenía ni idea de que era el mismo tren en el que viajabas tu.
-¿Y de que te ha hablado Dumbledore?
-Em… esto… pues de tu… de tu prueba- Hermione frunció el ceño
-No te creo, pero ya me lo contarás, no hay tiempo. Entonces¿Dumbledore esta aquí?
-Si, esta hablando con los muggles.
-Um… ¿Y estos niños?
-Una mujer los dejo a mi cargo… Su madre.
-Bien. Entonces tenemos que separarnos, Ron, lo mejor es que busques a la madre de los niños, yo buscaré a Dumbledore.
-¿Separarnos? Será peligroso Hermione, los Malfoy te estarán buscando a ti, por esa razón teníamos que hacer este viaje de incógnito, por los mortífagos.
-Ron, si lo hacemos de otra manera tardaremos mucho, no seas tonto, no me va a pasar nada
-¿Dónde estan las gafas de cambió?- Inquirió el pelirrojo con el ceño fruncido, Hermione se llevó las manos a la boca.
-¡Oh, por Merlín!
-¡Hermione, has perdido las gafas¿Sabes que pasará si las encuentra cualquier otra persona y se las pone?
-…Si, si… claro que lo sé.
-Tienes que encontrarlas- Hermione asintió.
-Muy bien, entonces iremos por caminos diferentes, Dumbledore esta cerca de la cabina del maquinista, cuando salgas al pasillo gira a la derecha y sigue recto hasta que llegues al final.
Ron se asomó al umbral de la puerta de compartimento, e hizo un gesto a Hermione con la mano.
-Ya esta, encuentra las gafas Hermione, y, sobre todo, encuentra a Dumbledore. Yo me reuniré contigo y con el Director, si ocurriese algo… -Ron rebuscó en su bolsillo y sacó una pequeña bolsita de tela –Si ocurriese algo abre esto.
-¿Qué es?- Preguntó Hermione
-Ya lo sabrás- Hermione volvió a asentir y lo guardó en el bolsillo, antes de correr hacia el pasillo se puso de puntillas y besó a Ron suavemente en los labios.
Draco Malfoy y su madre se incorporaban costosamente del habítaculo del tren en el que Hermione, una simple adolescente, había conseguido derribarlos. Madre e hijo estaban que echaban chispas, y su mal humor fue descargado sobre los muggles que acudieron al compartimento alertados por los ruidos.
A penas en un fogonazo de varita, los cuatro muggles cayeron al suelo rotundamente.
Draco fue en busqueda de Hermione, y Narcisa Malfoy, con una satisfacción que se sobreponía a la frustración de haber sido vencida por una niña, sonreía al saber que gracias a ella los mortífagos conseguirían un rehén perfecta para alertar a Harry Potter, a Dumbledore, y pedir a cambio de su rescate la liberación de su marido.
-¡Haz que a Andrea le salga un bigote!
-¡Callate mocoso¿Por qué no haces que a Malvin se le peguen los mocos a la boca y asi no hable?
-No sería mala idea haceros ese hechizo a los dos- dijo Ron.
-¡Haz que aparezca un coche teledirigido!
-¡No, no¡Que aparezca el ratoncito Perez¡Nunca lo he visto!
-¡El ratoncito Perez no existe!
-¡Eso lo dices porque tienes envidia¡A ti todavía no se te ha caído ningún diente!
-¡Tu pareces un conejo!
-¡Y tu un mono con el culo rojo!
-Y tu un moco verde
-Y tu una…
-¡Callaos!- Gritó Ron con exasperación –¡Sino os callais os convertiré a los dos en ratas y haré que el monstruo de debajo de la cama os coma!- La cara enrojecida de Ron se acercó a la de los pequeños muchachos, que se habían quedado paralizados y disgustados, en el ese momento al pelirrojo le invadía un extraño sentimiento estremecedor que le hacía sentir la persona más cruel del mundo, y que llevó a su mente imágenes de sí mismo con un aspecto muy similar al de Snape, gritandole a los niños de primer curso. Iba borbotear algo para calmarlos cuando alguien habló tras de él. Se dio la vuelta lentamente y entonces los vió.
-Que falta de tacto
-Ho-hola- dijo timidamente –encan…tado de… volver a verles- Se trataban de la pareja de muggles que se había encontrado con Dumbledore.
-¿Dónde esta mi hija?- obtuvo como única respuesta de la mujer alta, estilizada y de pelo castaño que le miraba con reprobación.
-¿Perdone?
-Mi hija, Dumbledore dijo que viaja en este tren. –Ron sintió la cabeza darle vueltas, no podía ser cierto…
-¿Hermio… Hermione… Granger?
-Si, por supuesto. ¿Dónde esta ella?- Ron se mordió el labio inferior, mientras de su mano el pequeño Malvin gimoteaba.
-Que te den Mafoy, no me das miedo, ni tu, ni esos estúpidos encapuchados- Mafoy la miró sonriendo con su típica mueca de asco, y se acercó aún más, hasta situarse al lado de su oído.
-Granger, eres una sangre sucia, naciste sucia y moriras sucia, porque como bruja no vales nada- Hermione, encolerizada, escupió al mago en la cara con toda su rabia, y este la clavó la varita en el esternón lanzandola un impactante hechizo que la estrelló contra la pared del habitaculo y la dejó sin respiración.
-Podría matarte, en este momento, si quisiera…- Malfoy, tentado respecto aquel deseo, incó esta vez la varita en el cuello de la bruja, que había sido previamente despojada de la suya.
-No podrías hacerlo…- dijo Hermione en un hilo de voz mientras, con una mano a su espalda intentaba abrir el pequeño saquito que Ron la había proporcionado –No podrías hacerlo aunque quisieras…
-No me tientes asquerosa media muggle… podría matarte y pedir un rescate por tu sucio cuerpo.
-Nadie sería tan tonto de liberar a un motífago por un muerto…
-¿Eso crees, y si no dijera que estas muerta?
-Eres un rídiculo niño mimado que jamás supo que es que sus padres le quisieran, la única sucia rata que hay aquí eres tu Malfoy, asi te han tratado durante toda tu vida¿Verdad¿Por eso tienes tanta envidia a todo el que es feliz¿Por eso odias a Harry?- Hermione sintió como una punzada de dolor se asentaba en su cuello y la dejaba sin habla, pero, a su espalda, el saquito acabó de abrirse.
N/A: siento la espera, supongo que no entendereis muchas cosas, pero eso se debe a que este fic tiene conexión con la otra versión y continuación en una próxima historia. El próximo cap esta escrito, os doy tiempo para que leais este y ver que os ha parecido y lo publico de inmediato. Gracias cieleletes!