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Anime/Manga » Saint Seiya » The Difference
Scarlet.D
Author of 65 Stories
Rated: M - Spanish - Romance - Kanon & Milo - Reviews: 47 - Updated: 11-14-04 - Published: 10-21-04 - Complete - id:2104039

Elena; jeje pus si ya vez, estos chicos despistados, creo que el título del capitulo les va muy bien a ambos, sobre todo a Milo XD

Nebyura; jaja, pues si, Saga tendrá una pequeña participación aquí, y pues tienes toda la razón! Quien fuera Camus! :P

DKA; hola! Muchas gracias por leer y dejar review, q alegría q te haya gustado, tanto la pareja como el fic! espero q este cap. te guste tmb. nn

Patin; ayy perdón por lo de tus uñas! Y por la cuenta del teléfono! XD pero q feliz me haces al decirme q te gustó el fic! muchas gracias por tu review chica!

Remise; mujer! ¿Me leíste la mente o que? XD bueno supongo q era predecible. Muchas gracias por tus reviews, espero q el final t guste.

Bueno, mil gracias a todas por seguir la historia y por sus lindos reviews, espero q este cap. final sea de su agrado. Nos vemos prontito! Besitos a todas!


[The difference - 11]

Uno, dos, tres, varios minutos pasaron y Milo permanecía congelado de pie en su sitio. Aún sin poder creer lo que había sucedido. Aún sin poder encontrar la palabra -o insulto preciso para definir la índole de sus acciones. Aún sin poder asimilar que quizás lo había arruinado todo, justo cuando se estaba convenciendo de que su decisión había sido la correcta.

No quería estar comparando, por más notables diferencias que la relación que tuvo con Saga presentaba a la actual que tenía con Kanon. Tan sólo se conformaba con la seguridad de que su decisión no había sido errada. El problema era la incertidumbre de que después de esto existiera algo entre ellos.

Milo sabía que peor error no pudo haber cometido. Kanon era muy inseguro cuando se trataba de los sentimientos de Milo. Éste lo sabía. Por alguna razón, al gemelo le costaba trabajo creer que en verdad lo quería. Su timidez lo delataba. Y ahora con esto... tremendo lío que había causado. Suspiró tristemente de sólo pensar lo que Kanon estaría sintiendo.

Tenía que irlo a buscar. Ahí parado no iba a solucionar nada. Así que corrió al baño para limpiarse, buscó algo de ropa en su armario, y en pocos minutos ya estaba listo para ir en su búsqueda. El problema era que no tenía idea en donde se habría metido. Ocultaba su cosmos lo muy bien. Obviamente no lo quería ver.

Milo salió de su templo sin saber a dónde dirigirse. El Santuario era enorme y si Kanon había decidido esconderse, sabía que sería difícil encontrarlo. Subió hasta Acuario, donde encontró a Camus en la cocina, guardando los víveres que acaba de comprar.

—¡Camus, necesito tu ayuda!

El mencionado cerró el refrigerador, y con una manzana en mano volteó a encarar a Milo. Dio un mordisco antes de preguntar:

—¿Qué pasa?

—¡Hice la cosa más estúpida que pude haber hecho! Kanon se fue y necesito que me ayudes a encontrarlo, si buscamos juntos será más fácil.

Camus pasó caminando a su lado, con una tranquilidad que a Milo le resultó enervante, y se dirigió a su sala donde cómodamente tomó asiento.

—¿Qué fue lo que hiciste?

—Eso ya no importa, sólo ayúdame. Yo bajaré al coliseo y tu búscalo en el templo de Athena, ¿entendido?

—Si no me dices no podré ayudarte...— dijo Camus inocentemente.

Milo entrecerró los ojos en suspicacia.

—¿Para qué quieres saber?

Camus carraspeó.

—Necesito conocer la dimensión de lo ocurrido para tener una idea de la afectación psicológica que podría haber tenido sobre el sujeto en cuestión, y de tal forma determinar el lugar que mayor seguridad representa para él, y donde con certeza se habrá ocultado.

—¿Por qué no admites que eres un chismoso y ya?

—Bien, si no quieres mi ayuda...— Camus mordió su manzana.

—¡De acuerdo, de acuerdo! Grité el nombre de Saga mientras él y yo- Una repentina tos proveniente del caballero de Acuario interrumpió la explicación de Milo. Algunos trozos de manzana escaparon de la boca del francés mientras intentaba no ahogarse por la impresión de la sorpresa, y luego, por las carcajadas que escapaban sin control de su garganta.

Milo esperó, cruzando sus brazos y poniendo sus ojos en blanco cada par de segundos, en lo que Camus demoraba en controlarse. Una vez que esto sucedió, el francés habló.

—Bueno... no te culpo. Después de todo, el nombre de Saga es más corto y fácil de pronunciar. Además, la costumbre te traicionó...

—¡No necesito que me ayudes a buscar excusas! Esto está mucho más allá que eso, imagínate que me dirá si le digo tal cosa, "la costumbre me traicionó", ¡me hará papilla! Además, ¡que costumbre ni que mis narices! ¡Soy un imbécil, esa es la única razón! ¡El peor de los idiotas! ¡Camus, insúltame por favor!— se lamentaba Milo caminando en círculos alrededor de la sala de Acuario, batiendo las manos en completa desesperanza.

Camus llevó una mano a su boca para cubrir un bostezo.

—Ve a buscarlo y ya. Si te adora tanto como se le nota, te perdonará.

Milo meditó por unos segundos. Deseaba con ganas que Camus tuviera razón, pero quedándose ahí con su poco cooperativo amigo no lo iba averiguar.

—Voy por él. Por lo que veo tú no serás de mucha ayuda. Deséame suerte.

Camus balbuceó algo entre que daba otra mordida a su manzana y una risa escapaba de sus labios. Milo no entendió lo que quiso decir, "suerte" quizás, o al menos eso decidió creer, pues la necesitaba de verdad.

Mientras bajaba pensaba lleno de pesimismo que Kanon probablemente jamás lo perdonaría por esto, y tendría toda la razón de no hacerlo, pero él no estaba dispuesto a perderlo por semejante estupidez. Lo fastidiaría hasta el cansancio si era necesario, para obtener su perdón y tenerlo de vuelta.

Se dirigió a Géminis a buscarlo.

Quizás era tonto por parte de Milo el pensar que Kanon estaría ahí si su intención era ocultarse. Pero mientras se le ocurría algo mejor, haría el intento en la tercera casa.

Continuó bajando, siendo consciente de que a cada minuto oscurecía más y más. Sería aún más difícil encontrar a Kanon con la pobre iluminación. Sobre todo si se había ido al bosque, lo cual era muy probable. Mientras pensaba distraído en dónde se podría haber metido el muchacho de ojos esmeraldas.

—Kanon… —Milo suspiró. Quién diría que el que mucho tiempo fuera un repudiado traidor le robaría el corazón de esta manera.

Bajó a toda velocidad los escalones restantes, y al llegar a la tercera casa, inspeccionó todo el templo en busca de alguna señal de vida, pero ninguno de sus dos guardianes se encontraba ahí. Milo se sentó en la entrada a esperar y pensar. Ya era de noche y Saga tendría que aparecer en algún momento. Quizás él tendría alguna idea de donde se habría metido Kanon.

Y de nuevo tuvo que recurrir a su paciencia para esperar al mencionado. En varias ocasiones, estuvo tentado a seguir su búsqueda sin recurrir a su ayuda. Hablar con Saga era algo que le provocaba temor. No estaba seguro de cómo actuar con él ahora. Sabía que iba a ser sumamente incómodo, pero al fin y al cabo, en algún momento tendrían que cruzar palabra de nuevo.

Finalmente pudo divisar a la lejanía a Saga, quien apenas venía subiendo las escaleras posteriores a Aries, así que tendría que esperar un poco más hasta que alcanzara Géminis. Y a cada metro que el otro se acercaba, crecía la aprehensión en Milo.

¿Qué diría Saga de verlo ahí? ¿Cómo reaccionaría cuando le preguntara por Kanon? ¿Lo ayudaría? ¿Se burlaría de su mala suerte? ¿Lo echaría de ahí a patadas? Demasiadas interrogantes en muy poco tiempo, que quizás serían contestadas muy pronto. Saga puso pie en la entrada de su templo, y observó curioso a Milo, que se levantó torpemente y comenzó a explicar las razones de su presencia allí, sin necesidad de que se le preguntara.

—Saga, necesito tu ayuda... Hice una tontería.

—Vaya sorpresa...— dijo cruzándose de brazos.

Milo no le explicaría exactamente lo que había sucedido. Podría interpretarlo de otra manera, tal como Kanon lo había hecho. Decidió proporcionarle a Saga una sutil y superficial versión de los hechos.

—Dije algo que molestó a Kanon, y ahora se me desapareció por completo. Pensé que quizás tú sabrías a dónde pudo haber ido...

—¿No adivinas dónde puede estar?— preguntó Saga, curvando sus labios ligeramente hacia un lado y levantando una de sus cejas de manera apenas perceptible. Para él era muy obvio en donde podría estar su hermano si -según como Milo decía- se sentía molesto, pero el mencionado caballero de escorpión ahora sí que estaba confundido. Al parecer Saga encontraba su miserable situación muy divertida. Tal como Camus, quien aparte de masticar aquella tonta manzana, poco había hecho por ayudarlo. ¿Acaso nadie comprendía lo precario de la situación?

—No, y lo peor es que no creo que me perdone.

Ante el notorio entristecimiento de Milo, Saga decidió enseriarse. Si las cosas eran tan graves como para que Milo se pusiera así, entonces Kanon estaría mucho peor. Saga de repente se sintió muy curioso por el motivo de su discusión, pero optó por limitarse a tratar de ser de cierta ayuda.

—Él te quiere demasiado, te aseguro que ya te perdonó.

—No, es que lo que hice...

—No tienes que decírmelo a mí, sino irlo a buscar a él.

—¡Ése es el problema, no sé dónde está!

—Cuando uno se siente... mal... en ocasiones se refugia en cosas que alimentan tal estado depresivo, en un irónico intento de buscar alivio. En el caso de Kanon…

—¡Gracias, Saga!— Milo exclamó emocionado. No necesitó mayor explicación para emprender con rapidez su camino hacia el bosque.

/././

Después de la tremenda decepción que sufrió en el templo de Escorpión, hacía sólo un rato, Kanon no soportó ni un segundo más en la presencia de Milo, y simplemente se echó a correr lejos de él. Llegó así, a donde se encontraba en estos momentos, luchando por recuperar la descontrolada respiración, ocasionada por la esforzada carrera y su inagotable llanto. De pie, en el risco de Cabo Sunión, se inclinaba recargando sus manos sobre sus rodillas mientras inspiraba profundamente, y sus lágrimas caían al piso.

Decidió imitarlas y de la misma forma se sentó en el árido suelo, recogiendo sus piernas y dejando que el fresco viento de la noche alterara la trayectoria de las gotas saladas que caían por sus mejillas, logrando que algunas llegaran hasta sus labios. Alcanzó su mano para eliminarlas, y aprovechó para limpiar con furia un poco del líquido blanquecino que indiscretamente había escurrido más temprano de su boca y ensuciado su barbilla.

Lo peor era, que sus papilas gustativas aún podían saborear a Milo, y patéticamente ansiaban por más. Era imposible negarlo, por más daño que le causara, tenía que aceptar que lo deseaba, lo necesitaba, lo amaba. ¿Y él como había agradecido todo eso? Se había burlado de sus sentimientos.

Milo llegó demasiado lejos, ¿pensaba en su hermano mientras él...?

Kanon se sintió asqueado.

¿Así se habría sentido Saga cuando los vio besándose? Esta impresión de sentirse humillado, traicionado, de haber sido un entretenimiento y nada más. Saga debió advertirle... Kanon no se sentía estar hecho para esto. Ni para enamorarse y mucho menos para desilusiones mortales.

Su mirada se encontró con aquella cárcel submarina que se encontraba a cierta distancia hacia abajo. Siempre la había repudiado, había sido la protagonista de un sinfín de pesadillas, pero ahora que lo pensaba mejor, tal vez nunca debió salir de ahí. Les hubiera ahorrado a todos y a sí mismo mucho sufrimiento.

Kanon cerró los ojos y suspiró tratando de calmar sus nervios. Todo en la vida tenía solución. O al menos eso había escuchado por ahí. Él podría seguir adelante. A menos que Milo, tal como en estos momentos, apareciera trayendo consigo aún más dolor, al recordarle el porqué de su presente situación.

—Aquí estás...

Kanon permaneció con sus ojos cerrados, su rostro escondido entre sus rodillas, mientras de pie a sus espaldas el dueño de la conocida voz se acercaba. Pudo escuchar el leve crujir de una rama que fue pisada cerca de ahí. Pudo sentir el escrutinio de aquella mirada sobre él.

—Kanon, yo sé que debes estar muy molesto, y lo siento tanto... la palabra salió de mi boca sin que fuera mi intención. Sé que no hay excusa que valga, pero... tienes que perdonarme. No quiero que me dejes…

Kanon soltó una carcajada que dejó a Milo estupefacto. No era para nada una risa de alegría, sino más bien de incredulidad. Milo se asustó al ver como el gemelo de pronto convertía tales carcajadas en amargos sollozos. Temió por el momento ser el responsable de una nueva era con un gemelo desquiciado. Pero despidiendo el pensamiento sin importancia, se vio a sí mismo dando un paso para ir al alcance de Kanon. Quería abrazarlo y levantarlo de ahí, detener su llanto. Sin embargo, se contuvo de hacerlo, porque sabía que en estos momentos, tal acción sería rechazada.

—Milo... realmente no soy lo que tú quieres, ¿cierto? Entiendo si echas de menos a Saga, pero podrías haberme ahorrado…esto.

Milo estaba a punto de perder la poca paciencia que tenía. No negaría que todo había sido su culpa, pero Kanon debía comprender que no lo había hecho a propósito; el tener una mente un poco lenta no lo podía evitar, y durante esos momentos, la sangre simplemente no oxigenaba su cerebro lo suficiente. Realmente se sentía merecedor de algo de comprensión. Él también estaba pasando un mal rato, no le agradaba ser el culpable de aquellas lágrimas que Kanon derramaba. No le gustaba verlo tan afligido. No le gustaba esta situación para nada.

—Si quisiera estar con Saga, lo estaría... Enójate todo lo que quieras, pero no podrás librarte tan fácilmente de mí. Aquello fue un despiste del momento; un desliz, nada más. Sabes que no significa nada. Por favor, dime que lo sabes...

—¿Cómo demonios voy a saberlo? No lo sé. Y no lo entiendo. No entiendo cómo pudiste hacer tal cosa.

—Cometí un error, lo siento. ¿Qué es tan difícil de entender? ¿Que soy un idiota, o que te amo?

—¿Qué?

—¡Que te amo, idiota!

Ante la particular declaración, Kanon no pudo evitar sonreír entre la seguridad de su escondido rostro.

Milo tenía razón; era un bruto. Hasta para confesarle sus sentimientos le faltaba tacto. Pero eso era otra de las cosas que le encantaban del tonto escorpión. Y podía sentir que las desesperadas palabras eran sinceras.

—¿No que tú eras el idiota?—preguntó Kanon, apenas siendo capaz de suprimir la risa, y aún negándose a levantar la cabeza.

—Tú lo serás también si no te paras de ahí en este instante y me besas inmediatamente.

Kanon se limpió las lágrimas y se levantó, tomándose su tiempo para apoyarse de las manos y ponerse de pie. Milo, sin embargo, se desesperó y corrió la pequeña distancia que los separaba, ahorcándolo con sus brazos y robándole un brioso beso que valdría por mil. Kanon casi se va para atrás ante el enérgico ataque de Milo, y ambos dieron un par de desequilibrados pasos hasta que el mayor halló su balance y evitó que ambos cayeran.

Kanon tomó a Milo de la cintura y despegó sus labios del otro, para voltear a apreciar el precipicio a sus espaldas. Decidiendo que ese lugar era peligroso para tales descuidadas demostraciones de amor, lo obligó a caminar hasta que estuvieron a salvo lejos de la orilla del risco.

Se tomaron un momento para estudiar sus rostros, como si hubieran pasado mucho tiempo sin verse. Se perdieron en las profundidades de sus ojos, quedando ambos hipnotizados por igual. Se sonrieron tontamente como sólo un par de enamorados lo sabe hacer. Y Kanon llevó su mano hasta la sonrosada mejilla de Milo antes de depositar un dulce beso sobre sus labios, para inmediatamente después rodearlo con sus brazos.

Kanon aspiró el delicioso aroma de la abundante cabellera de Milo, mientras éste contestaba el abrazo y recargaba su cabeza contra el hombro del más alto. Ambientado por el amable silencio del momento, Milo pensó en lo extraño que se sentía haberle dicho esas palabras a Kanon. Pero era un agradable "extraño". Se sentía raramente bien, y correcto. Así que sin poder aguantar las ganas, se lo repitió.

—Te amo...

Kanon sintió un aturdidor hormigueo recorrer toda su piel ante aquel débil susurro. Recordó la primera vez que Milo le dijo esas palabras. En aquella ocasión, había cometido otra de sus imprudencias, confundiéndolo con alguien más. Pero aquello era el pasado. Ahora Kanon podía sonreír contra los cabellos de Milo, contando con la certeza de que esta vez esas palabras sí eran para él; dedicadas de manera intencional, consciente, sincera y exclusiva, a él.

[Fin]

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