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El guerrero observó la carga bajo su brazo y suspiró fastidiado. Un año entero al lado de ese mocoso… tenían que estarle bromeando, y lo peor, era que él solito se había metido en ese aprieto.
Lanzó al niño sin cuidado alguno a un pequeño lago, no pasó mucho cuando el mocoso necesitó aire y comenzó a chillar agudamente, lastimando los oídos del imponente ser y agotando su escasa paciencia de paso.
El llanto de la niña resonó en el aire mientras su madre suplicaba por su libertad.
¡Por favor… es mi hija!
¡Calla mujer! Antes deberías agradecer que el rey ha escogido a tu hija para desposarla con el príncipe.
La niña chilló aterrada estirando sus brazos a su madre, pero los hombres se fueron con ella en brazos. Los ojos inocentes de la pequeña se fijaron en la imponente luz rojiza que iluminó el cielo, y hasta sus oídos llegaron los gritos de su madre, encerrada dentro de su casa, la cual se consumía víctima del fuego.
No teníamos nada en contra de tu madre… niña, pero así, tu no tienes nada por que regresar a este nido de ratas.
La niña no contestó, sus ojos se llenaron de lágrimas y dijo una última palabra.
Mamá…
Todos voltearon hacia arriba y lo vieron.
¡Pikoro!
¿Qué rayos quieres aquí Pikoro?
¡No vendrás a pelear con Gokuh, verdad?
Cállense, malditos estorbos. Vengo para formar una alianza con este idiota.
¿QUÉ?
Ese tipo es muy poderoso… aunque me cueste aceptarlo, no puedo derrotarlo solo.
¡Estás loco, Pikoro, tu solo quieres engañarnos para atacar a Gokuh!
Gokuh le miró y aceptó, quisiera o no, solamente con Pikoro lograría rescatar a su hijo, y eso, en ese instante era lo más importante.
Pikoro rió para sus adentros de una manera cruel, cuando acabaran con Raditz, estaba totalmente seguro de que también asesinaría el imbécil de Gokuh…
Paseando por los jardines, la joven soberana se agachó y recogió una pequeña flor, ya marchita. Sonrió débilmente y continuó su camino.
¿Mi señora?
Ella volteó y se encontró con una preciosa rosa del mismo color que el cielo frente a sus ojos.
Esta es mas hermosa… y fresca, aunque su belleza no se compara con la suya.
Gracias…
Susurró ella sonrojándose, acarició con los suaves pétalos los labios del guerrero y luego besó estos mismos con dulzura.
En mis habitaciones, a la misma hora.
Mientras el rey siga en la fiesta…
Ella sonrió y siguió su camino, mientras el joven sonreía, feliz, enamorado…y siendo vigilado desde las sombras por el hombre a quien servía.
Los ojos negros de la reina se abrieron mientras su mano se retiraba de su frente… otra vez esos sueños, alucinaciones, pesadillas… o tal vez, solo recuerdos.
Se puso de pié en la amplia tina y el agua escurrió por su bien torneado cuerpo. No se molestó en cubrirse, después de todo, esa era SU habitación, y ni siquiera su marido tenía acceso a ella.
Caminó descalza y dejando algunos pequeños charcos por donde pasaba. Su mirada seria, y su porte distinguido, digno del miembro de la realeza que era… y que había sido aquél a quien ahora llevaba dentro de si misma.
Tomó un peine y lo pasó por sus largos cabellos negros, mirándose en el espejo. Si, era hermosa, pero… sus ojos se fijaron en la pintura que se reflejaba de ella misma.
En el espejo apreciaba su reflejo y aquella pintura, ambas al mismo tiempo.
En la pintura se observaba a una bella dama, sonriente, tierna, y amable, con ojos llenos de vida del mismo color que la sangre.
¿Y ella? Su rostro era serio, con el ceño levemente fruncido. Una sonrisa jamás asomaba a sus labios y sus ojos…
Colocó sus manos sobre el peinador y acercó su rostro al espejo. Sus ojos eran negros como la noche, pero totalmente vacíos, sin emociones. Le costaba mucho creer que ella fuere la misma del retrato.
O al menos en parte…
Ella se sentó y terminó de cepillar su cabello, para después ponerse de pié y caminar por su habitación buscando algo que ponerse.
En ese instante, sintió algo así como una punzada en el pecho, y en su mente vio a un joven de cabellos algo parados con la mirada perdida en las estrellas.
Gohan…
La soberana corrió a la ventana y se asomó, mirando las estrellas. Podría sentirlo, estaba cerca.
No… no…
Con desesperación salió corriendo rumbo a la puerta y de un solo destello quedó vestida. Corrió por los pasillos con rumbo a un lugar desconocido, pero antes de llegar, chocó contra la última persona que le hubiera gustado hacerlo.
¿Pero qué haces aquí?
Ella abrió la boca y la cerró.
Y vestida de esa forma…
Se miró a si misma y para su horror descubrió que las ropas que había materializado era una especie de traje femenino que utilizara el guerrero namek en su mente en el pasado.
Yo…
Sabes que no me gusta que te vistas así.
Fue un accidente.
¿Accidente¡Yo te diré lo que es un accidente!
Y levantando su imponente puño lanzó su mano para abofetearla, pero ella lo detuvo con el dorso de su brazo, sus ojos muertos cobraron luz de guerrero y mostró sus colmillos enfadada, pero su enfado era mucho menor al de su marido.
Pero como te atreves…
No dejaré que me toques.
Su mano libre se dirigió al rostro de él para golpearlo, pero esta vez, fue él quien la detuvo a ella. Los ojos de ambos estaban fijos y enfurecidos, hasta que ella sintió que la bestia en su alma se calmaba lentamente, y su fuerza disminuyó, hasta que se hizo incapaz de detener al Rey de aquél planeta, quien absolutamente conciente de que ella no podía pelear mas, se soltó de su agarre y la golpeó con tal brutalidad que fue a dar al suelo.
No debí revivirte.
Si… debiste dejarme muerta¡DEBISTE DEJARME CON DIMITRI!
¡CÁLLATE!
Gritó él pateando su vientre y dejándola sin aire.
¡TU ERES MI ESPOSA, TU ME PERTENECES!
¡TU ESPOSA MURIÓ HACE MUCHO, YO NO SOY MAS QUE UN ESPECTRO DE TU ENFERMA FANTASÍA QUE…
Mas no pudo continuar, por que el Rey, completamente cegado de rabia se lanzó sobre ella y comenzó a estrangularla.
Cállate… cállate…..Cállate….. ¡CÁLLLATE!
Ella sonrió con burla, sintiendo la falta de aire y la vida que amenazaba con abandonarla.
Eres un cobarde… no sabes… no sabes vivir sin mi…
¡CÁLLATEEE!
Y sin mas, teniéndola tomada por el cuello la levantó unos cuantos centímetros y la estrelló contra el suelo, dejándola inconsciente, su respiración estaba agitada y sus ojos surcados por las lágrimas.
La soltó lentamente y miró sus dedos manchados de un líquido violeta, mismo que se hacía mas y mas extenso por el suelo, ella por su parte, a pesar de la inconciencia, estaba sonriendo de esa manera que él tanto odiaba, de la misma manera en que se reía ese estúpido namek.
Su majestad…
Un hombre de la guardia se acercó temeroso hasta su rey, el cual apenas y dio signos de escucharle.
Una nave se acerca señor.
Mi esposa…
Señor?
Llévala a su habitación y cura sus heridas.
Si señor.
El rey se puso de pié y comenzó a retirarse, dejando a su mujer en el suelo. En cuanto se hubo ido, el guardia miró a la mujer fijamente y sonrió.
Ella estaba herida e inconsciente, y no era un secreto que antes de ser revivida, había tenido un amante, si en esta vida tuviera otro, que importaría? Todos sabían que ella no era mas que una zorra. Una zorra con un cuerpo verdaderamente exquisito.
La levantó del suelo y pasó saliva cuando observó sus pechos por entre el escote de aquél extraño traje. Que mas daba? Podía decir que se había retrasado curándole la herida de la cabeza, y ella estaba inconsciente, por lo que nadie se daría cuenta de nada.
La llevó a la habitación y cerró con seguro la puerta. La depositó en la cama y procedió a sacarle la ropa. Su belleza era deslumbrante.
Se rascó la cabeza mientras recordaba aquella misión en la tierra. El guerrero alto de piel esmeralda que tantos problemas les había dado, los momentos en que él y otros guerreros lo habían echo pedazos para poderlo transportar de manera pacífica, y ahora, aquél imbécil estaba muerto, y su sacrificio le había dado la vida a la mujer mas deseable de todo el reino.
Sin desear esperar más, comenzó a desnudarse.
¡Mire señor Pikoro, no es genial?
¿Te digo la verdad, o seguimos siendo amigos?
La reina observó horrorizada la guerra, su amado Dimitri luchando contra todos aquellos soldados invasores.
Mi señora, el Rey la llama a su presencia… mi señora?
Pero ella ya no estaba.
Que quieres conmigo?
Te voy a sacrificar.
Por que a mi?
Necesito a alguien que pueda darle una vida larga a mi esposa fallecida, alguien que posea grandes poderes, parecidos a los de ella.
Parecidos?
Ella también manejaba la telequinesia, no era tan poderosa como tu, así que me agradecerá sus nuevos poderes.
La reina corrió tan rápido como podía entre la batalla, disfrazada de soldado y cargando una espada, necesitaba llegar rápido, necesitaba salvar al hombre al que ella amaba con todo su corazón.
¡DIMITRI!
¡Mi lady!
Un disparo de energía salió desde algún lado y el joven soldado cayó al suelo.
¡NOOOO, DIMITRI!
La reina tomó el cuerpo de su amado en sus brazos, él estaba agonizando.
Que pasa, por que no funciona? Por que no te regeneras?
N-No lo se… mis… mis pastillas…
Ella tomó de su bolso las pastillas especiales de aquél planeta, producto de su avanzada tecnología que hacía al que las tomase prácticamente inmortal, haciendo que su cuerpo se regenerara de cualquier herida, sin importar lo grave que esta fuese.
Son falsas…
Pikoro suspiró mientras miraba entrenar a Vegueta en la cámara de gravedad.
Se supone que me invitaste aquí para entrenar, o no?, se puede saber cuando vamos a entrenar JUNTOS? Si no, estaría mejor en las montañas.
Vegueta se giró a mirarle de mala manera, y finalmente apagó su máquina, manteniéndose recargado en el tablero.
Trunks ya tiene tres años.
Si, y que?
Namek, el hijo de un príncipe no puede estar en una relación abierta, como la de Bulma y la mía.
Pikoro iba a decir que a él que le importaba eso, pero de repente captó el sentido de aquello.
Y yo que tengo que ver ahí.
Ne…yo… bueno…
El namek sonrió de pronto y se acercó al saiyajin, tomándolo por el hombro y agachándose bastante para verlo a la cara, que tenía inclinada hacia el tablero.
Sii?
Dijo con una voz juguetona poco habitual en él.
Necesito a alguien de confianza para que sea mi padrino. O algo así dijo Bulma que necesitaba.
O sea?
¡NO LO HAGAS MAS DIFÍCIL!
Pikoro se hizo el que lo pensaba, y finalmente palmeó la cabeza del saiyajin.
De acuerdo, seré tu padrino.
La reina lloró desolada con el cuerpo muerto en sus manos, la guerra a su alrededor no le interesaba en lo mas mínimo.
Sharon, que haces aquí?
¡SUÉLTAME!
El rey intentó separarla de aquél hombre, pero ella se aferró a él.
Dimitri, no me dejes.
Lleno de cólera, una luz cegadora brotó de las manos del soberano, reduciendo a polvo el cuerpo del joven caído.
Ahora que está muerto, ya nada se interpondrá entre tu y yo.
Había hombres a su alrededor, hombres cubiertos de capas que le miraban con gran interés.
Cuando le hayamos devuelto al rey a su esposa, el muy tonto estará bajo nuestro control.
Y todo gracias a esta pobre criatura.
Unos de ellos le tomó de la cabeza.
Su telequinesia es muy fuerte, tal vez y…
No digas tonterías. No vamos a renunciar ahora que estamos tan cerca.
Pikoro se movió pesadamente, no le gustaba lo que escuchaba, había extraños flashes entrando a su mente, memorias de alguien a quien no conocía.
La soberana lloró días enteros, sabiendo que su marido creía que ahora que Dimitri no existía, ella lo amaría con locura.
Observó su plato de comida y se puso de pié, abrió la puerta y observó al guardia que se había girado para encararla. Ella extendió su mano y sus ojos se volvieron blancos.
Apártate.
Y sin mas, aquél hombre se quitó del camino, con la mirada perdida.
Pikoro intentó soltarse, pero estaba demasiado débil, gritó cuando sintió una daga plateada desgarrando sus entrañas.
No…no…
Ella sonrió al llegar a la tumba de su amado y levantó una daga plateada.
Espérame Dimitri…
Los ojos del namek y de la reina se estrecharon cuando sintieron el aliento de vida que escapaba de sus cuerpos, muertos bajo la misma daga.
El guardia sonrió mientras acariciaba las piernas de aquella mujer, se había deleitado besando cada rincón de su cuerpo, recorriendo hasta la saciedad su intimidad, y ahora iba a culminar con todo aquello, se situó entre sus piernas y cerró sus ojos para poder disfrutar de cada momento, pero no se pudo mover más.
Una mano se había cerrado en torno a su cuello, sus ojos se abrieron horrorizados y miró a la mujer acostada en la cama, sus ojos abiertos, sus colmillos asomando con furia.
M-¡Mi lady!
Ella se enderezó en la cama mientras clavaba sus afiladas garras en la piel del imbécil que había osado tocarla.
Te mataré.
Él negó con la cabeza desesperado, ella se hincó frente a él sin soltarle para que mirara sus ojos.
Sintió miedo. Los ojos de ella, negros y vacíos, ahora estaban cargados de furia, una expresión que ni en sus arranques ni peleas con su marido se le había visto. Una determinación de guerrero, una fuerza de otro mundo.
Esa mirada ya la había visto antes.
E-el namek.
Y la reina sonrió con crueldad, la misma crueldad que usara Pikoro en su juventud y que usara su padre durante sus atrocidades del pasado.
Aquellos ojos asesinos y aquellos labios macabros fue lo último que el hombre vería cuando su cabeza dejó de estar unida a su cuerpo.
N/A: Dense una vuelta por el profile par que sepan por que la tardanza.
Att: Lady Grayson, la oscuridad.