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“Cariño... cuando entré en esa habitación, sólo sabía que te estabas escondiendo y que con tu familia en esa situación, sólo podías haberlo hecho por algo realmente importante. Evidentemente entonces desconocía los motivos, pero en el momento en que te vi, supe que tenían que ser muy, muy importantes para que hayas tenido que pasar por todo esto. Y en el momento en que te abrazaba, George, supe lo que tenía que hacer”
Él la miró, temblando.
“Y dije lo que tenía que decir, aunque sabía perfectamente que era a Fred a quien estaba abrazando.”
Fred dejó escapar un suspiro. Fue como si de pronto, le hubiesen retirado varias toneladas de peso de encima.
Luego, con mirada culpable, enfrentó a su tía. Ella, lejos de pedirle explicaciones, le ofreció una sonrisa comprensiva.
Aún así, el le contó cómo había ocurrido todo para encontrarse finalmente en esa situación. Los ojos de su tía estaban humedecidos cuando acabó la historia. Fred no se había dado cuenta de cuánto temía su reacción.
“¿Vas a contárselo a Hermione?” fue su única pregunta.
“No lo creo”
“¿Por qué no?”
“No lo sé. Probablemente no querrá volver a verme. Después del accidente, quise creer que no había esperanzas. Ginny siempre dice que fue tan eficiente... cuando todos estaban hechos polvo, ella conservó la entereza, y yo pensé, quise creer que tal vez, no le importaba...”
“Pero le importas. Ella te lo dijo”
“Lo sé. Eso lo hace más difícil.”
“Tienes que decírselo. Aunque la pierdas.”
“Tal vez cuando todo acabe. No quiero ponerla en peligro mientras tanto. Y si la conozco bien, hará algo impulsivo, y podría arrepentirse. Puedo arriesgarme a perderla, pero no a que le pase algo.”
“Mucha suerte, cariño. Estoy segura de que sabrá entenderlo”
Tomándolo del brazo, pagó y salieron a dar un paseo por los adormilados alrededores de Oxford.
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Una llamada de Molly en mitad de la madrugada no era buena señal; Hermione tardó apenas unos minutos en aparecerse allí; la casa había sido registrada de arriba abajo, y todo estaba en un estado de desorden extremo.
Cuando dos días más tarde la taquilla de Hermione en la universidad fue forzada y registrada, George tomó una decisión. Le gustase a la chica o no, tenía que hacerlo. Garabateó unas letras en un trozo de papel, y pagó por los servicios de una lechuza.
“Al Ministro Fudge, muchacho” le dijo al ave.
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“Bien, con esto el proyecto está terminado. Deberíamos ocultar estos papeles con el encantamiento Fidelio. Entiendo que Fred no quisiera que bajo ningún concepto cayesen en las manos equivocadas. Podrían matarnos a todos.”
Le pareció que George no la miraba a los ojos.
“¿Pasa algo?” preguntó, aunque sin duda lo atribuyó a su... pequeño encuentro pocos días antes, o a la inminente partida de su tía de vuelta a la India. Había regresado de su reunión con ella con un brillo extraño en los ojos, y desde entonces no parecía el mismo.
“Sólo estoy algo cansado.”
“¿Quieres descansar un rato?”
“No, prefiero terminar cuanto antes.”
“George... ¿De verdad no hay otra solución¿vas a entregarles los papeles que tanto te ha costado mantener en secreto? Los que consigan hacerse con ellos tendrán una poderosa ventaja”
George se encogió de hombros.
“No puedo hacer otra cosa. No, con mi familia y contigo en peligro. Malfoy y los suyos harían cualquier cosa por conseguirlos. Ya he avisado a Fudge. Con suerte, así nos dejarán en paz.”
-
Hermione paseaba inquieta por el piso. George se había trasladado a la Madriguera, y el salón estaba inquietantemente silencioso y vacío.
Una luz verde salió de la chimenea. Su corazón dio un brinco; intentó no sentirse decepcionada al ver a la hermana pequeña de los Weasley.
“¡Ginny!”
Se dieron un breve abrazo.
“¿Cómo estás? Sólo he venido a traerte esto. De parte de George.” Le tendió un sobre.
“Oh. Gracias. ¿Ha entregado ya los papeles de Fred?”
“No” dijo Ginny. “Le gustaría que lo hicieses tú. Están en el sobre.”
“¿Yo? Está bien. Aunque es una lástima que todo termine así”
“Oh... no creas” la sonrisa de Ginny era más bien pícara. “Se le ha ocurrido una buena idea.”
-
Esta vez, Percy no estaba en la oficina para detenerla. Es más, Fudge en persona la recibió a la entrada del ministerio. Le ofreció solícitamente té y galletas, que Hermione rechazó. El Ministro no podía esperar ni un solo momento, sus ojos pegados avariciosamente al sobre que Hermione llevaba en las manos.
“¿Cómo se encuentra, señor Ministro?”
“Bien, bien” contestó el mecánicamente, sin apartar un segundo los ojos del sobre.
Al final no pudo resistir más y, señalándolo con un gesto de la barbilla, dijo:
“¿Son los documentos?”
“Ah, sí, sí” contestó ella, como si los hubiera olvidado y advirtiera de pronto su presencia. Se lo entregó. “Hay una carta para usted. Espero que no le moleste que la haya leído. Como el sobre venía a mi nombre...”
“No, no, claro...” dijo él, poco convencido, mientras sacaba el contenido del sobre con dedos temblorosos. “¿Son... copias?” Exclamó cuando tuvo los papeles en sus manos.
“Sí, me parece que sí. George se lo explica todo en la carta”
Hermione se sentó a observar las reacciones del Ministro.
Querido señor Fudge:
Hace unos días tome la decisión de entregar estos papeles; he pensado que ya han causado suficientes problemas y que es absurdo continuar teniéndolos escondidos. Además, aunque yo no entiendo bien lo que dicen, parece que su contenido puede ser muy importante para el mundo mágico. El hecho es que mi hermano creyó firmemente que su trabajo podía ser útil y beneficioso para el mundo en que vivía. Fue una lástima que gentes con ideas tan contrarias a las suyas se metieran por medio e intentaran adueñarse de los resultados de sus investigaciones. Ya ve, señor Fudge; lo único que consiguió presionando a Fred fue perder un buen investigador y unas cuantas fórmulas y hechizos que al parecer eran esenciales. No sé si aún siguen siéndolo. Parece que sí, puesto que nos han causado muchos dolores de cabeza a mis amigos, a mi familia y a mí.
Estos meses me han dado la oportunidad de reflexionar mucho. Lo que ahora he puesto en práctica me rondaba por la cabeza, pero deseché la idea; si mi hermano quería que estos papeles siguieran escondidos, debía respetar su voluntad. Pero ya le he dicho que los últimos acontecimientos me han hecho cambiar de opinión. Estos documentos aún pueden ser útiles para el mundo mágico, y ¿no es verdad que los conocimientos son tanto más útiles cuanto mayor es el número de personas que los poseen? Cuantas más personas puedan continuar las investigaciones de mi hermano, más posibilidades habrá de llegar a resultados aún más interesantes¿no le parece? En todo caso, eso es lo que yo he pensado, así que al mismo tiempo que mi amiga Hermione Granger le entrega estas copias, otras iguales se dirigen a los departamentos de investigación de todas las universidades mágicas del mundo. Le adjunto una copia de la carta que acompaña a los documentos.
Estoy seguro de que convendrá conmigo en que así será posible sacarles mayor provecho. Puede ser que, en estas circunstancias, algunas personas ya no sientan por ellos el interés que hasta ahora habían demostrado. Tengo entendido que algunos inversores del ministerio son amigos de los secretos y que siempre les interesa ser los primeros ( y si es posible, los únicos) en poseer determinados conocimientos. Pero usted convendrá conmigo en que a los verdaderos investigadores no les importa lo que persigan los inversores.
Eso es cuanto quería decirle. Los papeles originales me los quedo yo: son como un recuerdo de familia. Estoy seguro de que lo entiende. Espero que las copias le sean igualmente útiles a su equipo para llevar mucho más lejos el progreso de la sociedad mágica.
Cordialmente
George Weasley.
Al acabar de leer la carta, el ministro Fudge tenía la cara muy pálida. Hermione lo contemplaba con el gesto más inocente del mundo, pero se podía leer la risa en sus ojos.
“¿No quiere leer la otra carta? Es muy breve. Imagino que más de uno y más de dos habrán quedado sorprendidos al recibirla. Agradablemente sorprendidos, diría yo.”
El ministro le lanzó una mirada sombría.
“No es necesario. Muchas gracias, señorita... Granger. Ahora si me disculpa tengo que redactar un par de notas.”
“Claro, por supuesto. Seguro que está impaciente por entregar los papeles a... su equipo de investigación.”
Fudge la fulminó con la mirada. Aún consiguió forzar una sonrisa mientras la acompañaba a la puerta. Cerró ligeramente más fuerte de lo habitual.
Hermione salió del ministerio riéndose sola. Durante el resto de su vida, jamás olvidaría la cara de Fudge aquella tarde.
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“¿Así que ese fue el plan de George? Espero que así se los quite de encima” dijo Harry
“Yo también. Aunque por lo que entendí la última vez que estuvieron en casa, no eran los papeles lo único que querían.”
“¿Ah, no?” dijo Harry, fijándose en el brillo extraño de los ojos de Ginny. Lo cierto es que en los últimos tiempos, la hermana de Ron había crecido bastante, se dijo.
“No. Parecían creer que había habido algún error y que había sido George el fallecido en lugar de Fred. Revolvieron todos los documentos de San Mungo. Gracias a Merlín parece que esas tonterías ya se les han olvidado; no hemos vuelto a saber de ellos desde que les entregaron los papeles.”
“Es una idea absurda, desde luego” dijo Harry, mirándola fijamente.
“Hmm” musitó Ginny, sonrojándose al advertir la intensidad de la mirada de Harry.
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Todo había terminado. Los papeles habían sido entregados al ministro; al parecer, al hombre no le había alegrado demasiado saber que no era el único en poseer aquella información tan deseada, pero ya no había nada que hacer. Empezaban a recibir cartas de agradecimiento de algunas universidades. Por lo que decían, las notas de Fred eran lo bastante importantes para provocar los desvelos del ministro y Malfoy. Ginny se había dado una paliza para copiar los documentos y enviarlos, como le había pedido su hermano. Se habían juntado a tomar algo para celebrarlo en el piso de Hermione. Harry y Ginny acababan de marcharse, llevándose a Ron casi a rastras.
Fred estaba ayudando a Hermione a recoger el piso, intentando hacer coincidir sus miradas para poder sentarse y decirle lo que estaba pensando. Cuando lo logró, la chica le dedicó una sonrisa deslumbrante. Estaba colorada por el esfuerzo, pero radiante. El muchacho decidió que tenía que ser valiente.
“¿Hermione?”
“¿Sí?” preguntó, aún sonriendo, mientras recogía algo del suelo.
“Hay algo que me gustaría decirte”
Parecía confusa mientras se acurrucaba en el sofá frente a él.
“No te dije toda la verdad cuando te conté que tenía que esconderme”
Hermione frunció el ceño.
“¿Qué quieres decir?”
“Te dije que no sabía por qué me perseguían. Sí que lo sabía”
“Por los papeles”
“No”
“¿No?”
“Hay algo más. Por favor, prométeme que escucharás todo lo que tengo que decirte antes de juzgarme.”
“George¿qué ocurre?”
“Por favor”
“Está bien, te lo prometo”
“A alguien se le ocurrió esa idea... y entonces, decidieron perseguirme y yo...” así no iba a llegar a ningún lado. Tomó aire, y empezó de nuevo. “Querían los papeles, sí. Pero a alguien se le había ocurrido la idea de que todo había sido un engaño, y el que había muerto en el accidente era George y no Fred. Y que si no tenían los papeles, podrían al menos recrearlos si conseguían al investigador al cargo. Era a Fred a quien perseguían¿entiendes?”
Hermione no hizo ni un solo gesto.
“Eso es una estupidez” dijo.
“No lo es”
“¿Qué... qué quieres decir, George?”
“Que yo no soy George. Que yo soy Fred.”
Unos sollozos sin lágrimas empezaron a hacer presa en Hermione, que se esforzó por controlarse.
“Bobadas” dijo, temblorosamente. “¿No te habría reconocido tu tía Sarah, que siempre os distinguía?”
“Sí me reconoció” aclaró el. Le temblaba también un poco la voz. “Pero sólo me dijo a mí que me había reconocido.” Hermione esquivó su mirada, y desde algún lugar, el torrente de palabras inundadas llegó hasta él. Clavo los ojos en el suelo. “Al principio, todo fue un juego. Lo empezamos aquel día en la Madriguera, dedicándonos a tomarle el pelo a la gente haciéndonos pasar el uno por el otro. George me propuso gastarle una broma a mam , y nos peinamos y vestimos igual... bueno, supongo que lo recuerdas. En ese momento, George y yo hablábamos sin parar. Cuantos más días pasaban, más absurdo encontraba el lío en el que me había visto envuelto con el Ministerio. Me gustaba investigar, era interesante, pero me gustaba más mi vida de siempre, en la tienda con George. Me dije que sólo estaba teniendo esa reacción por los problemas que estaba teniendo por las presiones políticas. Cuando hable con George, me dijo que eso eran tonterías, y que lo que tenía que hacer era decirle a Fudge que se metiera su empleo y sus amenazas por donde le entrasen. Sabía que Fudge no iba a dejarme marchar, pero aunque lo consiguiese, estaba la cuestión de los papeles; tenía que evitar que cayesen en manos sus manos, y si dejaba mi puesto en el ministerio tendría que dejar que todo ese trabajo fuese a parar a vete a saber quién. George me dijo que no pretendiese cargar con más responsabilidades de las que me correspondían, y que debía pensar un poco en mí mismo, y que él estaba dispuesto a ayudarme en todo. En ese momento, decidimos irnos de viaje.”
Se interrumpió un momento. Le costaba mucho esfuerzo hablar de esos momentos.
“Es extraño que a veces un juego se convierta en algo tan grave... George estaba tan entusiasmado con nuestro intercambio de personalidades que me propuso ir más lejos. Decidimos que durante todo el viaje, nos haríamos pasar el uno por el otro. Intercambiamos la documentación; encantamos nuestras varitas para que fuesen reconocidas como la del otro. Incluso cambiamos su aspecto. Nos entrenamos la letras y la firma. Hubiese sido un viaje muy divertido si no hubiese acabado de forma tan absurda...”
“Pasó todo en un instante. Unas figuras, unas palabras en latín, el coche se salió de la carretera, una explosión... Las voces que me despertaron eran desconocidas, y cuando me hablaban, me trataban de señor Weasley. Cuando les pregunté qué había pasado, no paraban de tranquilizarme.”
“Cuando pregunté a papá y mamá por mi hermano, supe que George había muerto, pero no descubrí la confusión hasta que vino el medibrujo, y me dijo entre otras cosas que mi hermano Fred había muerto en el accidente. En esos momentos no me sentí con fuerzas para corregirle. Era demasiado complicado explicar todo lo ocurrido. Y, poco a poco, no sé bien cómo, surgió en mí la idea de prolongarlo indefinidamente. Mamá y papá no me reconocieron así que pensé que no habría ningún problema. Era una sensación muy extraña, pero cuantas más vueltas le daba, más lógica me parecía mi decisión. Eso es lo que George habría querido que hiciese. Sólo había una cosa que podía detenerme... tú. Pero no fuiste a verme ni una sola vez. Ni siquiera lloraste. Fuiste tan eficiente, o al menos eso me dijo mi familia, que me hice la falsa idea de que tal vez yo me había imaginado todo y que no sentías nada por mí. Cuando por fin te vi en la Madriguera, tuve miedo. Por un lado, lo que sentía nunca había desaparecido; tenía miedo de cometer un error. Por otro lado, tú y Sarah erais las únicas capaces de descubrir mi secreto. Cuando vi que no me reconocías, se me cayó el mundo encima. Estaba seguro de estar a salvo, sí, pero por otra parte... la convicción de que nunca habías sentido nada por mí, y la sensación de que tal vez había perdido la esencia de mí mismo, la que nos hacía diferentes a George y a mí...”
“También podía significar, sencillamente, que estaba confusa”
Fred levantó la vista, por fin. Hermione tenía los brazos cruzados y un gesto de concentración profunda, como si estuviese haciendo un terrible esfuerzo por asimilar lo que oía.
“Recuerdo que cuando le hablaba a la gente como si fuese George, oía mi voz como si fuese otro el que hablaba...”
“¿Y nadie lo descubrió¿Nadie¿Alguien del trabajo, vuestros amigos, tu familia? Algo tenía que ser diferente, no lo sé...” la voz de Hermione sonaba desesperada por encontrar un fallo en aquella trama.
“No. Nos sabíamos el uno la vida y milagros del otro; y si al principio cometí algún error, la gente lo atribuyó sencillamente al estado traumático en que me encontraba. Incluso era fácil atribuir los cambios aparentes en mi carácter a la depresión que me había producido la muerte de mi hermano. Y la depresión era cierta, te lo prometo; fue como... perder la mitad de mí. Después del accidente, rompí con todos los lazos, los de George y míos; sólo me mantuve en contacto con mi familia. Por eso fue una sorpresa recibir tu primera carta, teniendo en cuenta que tú creías que yo era George y que mi hermano y tú nunca habíais tenido mucha relación. Quise cortar la correspondencia pero... no tuve valor. El resto de la historia ya lo sabes.”
Hermione no decía nada; Fred la miró, entre asustado y preocupado.
“Hermione, sé que lo has pasado mal por mi culpa. Espero que no me odies, y que algún día puedas llegar a perdonarme”
Se levantó para marcharse.
“Ge... Fred, espera”
Fred se detuvo en la puerta, sintiendo un breve rayo de esperanza.
Hermione le tiró el abrigo y una bolsa con sus cosas.
“No te olvides de esto” dijo, temblando de rabia.
Fred no pudo evitar encogerse ante la mirada de dolor en sus ojos.
-
La mañana era gélida; Hermione levantó una ceja ante el carácter dramáticamente televisivo de la escena. Sus ojos lagrimeaban y no solo de frío. Dejó el ramo en el suelo, y murmuró unas palabras para George, al que nunca había llorado.
Y pensó en Fred. Llevaba días replanteándose la actitud que había tenido con él.
Había sufrido mucho por su culpa, pero después de todo, tampoco él había tenido muchas oportunidades de llorar a su hermano muerto ¿o sí?. Pensó en el horror de estarse haciendo pasar por él todo ese tiempo, en la culpabilidad que Fred tenía que arrastrar, y en que, después de todo, era el único camino que le había quedado... que no había tenido otra oportunidad. Y aunque la hubiese tenido, Hermione hubiese encontrado alguna forma de justificarle. Lo cierto es que se moría por verle de nuevo y rectificar; el sentimiento de traición se había ido desvaneciendo para ser sustituido por uno de anhelo. Le había perdido una vez, y tenía una oportunidad única en el mundo; pero dudaba que él tuviese ganas de verla después de cómo había reaccionado después de su dura confesión.
“¿Hermione?”
La voz a sus espaldas la sobresaltó.
“Fred”
La mirada del chico voló involuntariamente hasta la lápida que llevaba su nombre, y levantó una ceja ante la ironía.
“Ya me iba”
“Quédate si quieres. Volveré más tarde”
Fred dejó las flores que llevaba en el suelo y se dio media vuelta.
Hermione le alcanzó justo a tiempo. Agarró su brazo, consciente de que si el chico no quería ser detenido, no iba a poder hacerlo: era infinitamente más fuerte que ella. Pero Fred no opuso ninguna resistencia, y se dejó girar.
El pelirrojo se preparó para la tormenta.
“Lo siento” levantó la vista, sorprendido, ante algo tan inesperado. “No debí ser tan dura contigo el otro día. Perdoname”
“No, perdóname tú... no debí...” Oh, a la mierda, pensó Hermione, demasiado cansada para juegos y disculpas. Poniéndose ligeramente de puntillas, salvó la distancia entre la boca de Fred y la suya, y le besó con decisión; Fred llevó inmediatamente las manos a su espalda, envolviéndola en un abrazo fuerte y apasionado, que hizo que le saltaran las lágrimas, saboreando aquello que una vez había creído ya para siempre, y sujetándolo también con fuerza, como si ella misma acabase de rescatarlo de las garras invencibles de la muerte.
Después se separó.
“Te espero en casa” sonrió tímidamente.
El asintió, también sonriendo, el deseo brillando salvajemente en sus ojos.
Con un “plop”, Hermione desapareció, dejando a los dos hermanos un breve momento a solas.
Hermione le estaba esperando cuando regresó con los ojos enrojecidos; él acercó su rostro tentativamente al de ella en cuanto apareció en su sala. Aprisionó la cara con sus manos.
“Deberías descansar” dijo Fred, fijándose en los surcos oscuros bajo los ojos de la chica.
Pero Hermione le ignoró. Tomándole de la mano, le arrastró hasta el dormitorio, y ambos tardaron mucho tiempo en dormirse.
-
Harry Potter se había escapado de sus amigos durante unos momentos para ir a visitar su antigua habitación. Desde la Torre de Gryffindor, por la ventana abierta, oía el griterío de los Weasley; se asomó fugazmente y vio a Ginny, refulgente en su vestido verde claro, el pelo largo y brillante hasta la cintura. Sonrió cuando su vista cayó sobre la mano de Hermione, colgada de la de George Weasley; últimamente no parecían separarse mucho.
“¡Oh¡Lo siento Ron¡Olvidé que había encantado esos pasteles!” oyó gritar al pelirrojo, seguido de la risa cristalina de Hermione.
Mejor. Se habían hecho más bien del que ellos mismos sabían.
Se acercó a su cama. Alguien había grabado con un cuchillo: “aquí durmió El-Niño-Que-Vivió”. Riendo, tomó su varita y pronunció “Reparo”, devolviendo a la superficie de madera su lisa y brillante superficie habitual. Se agachó. Tal vez ya no... tal vez alguien como él ya hubiese encontrado las pequeñas cosas que había dejado escondidas allí... no. Ahí estaba su vieja recordadora... y la fotografía encantada en la que la chica se quitaba la ropa... siguió palpando hasta que su mano encontró algo apergaminado y duro.
Estiró.
El mapa del merodeador. Miró el objeto con añoranza.
“Juro solemnemente...” paró un segundo. Le había parecido oír un ruido. No... Terminó el hechizo, y el mapa de Hogwarts se perfiló lentamente sobre el papel.
Sonrió al ver los nombres de la masa de gente congregada en el patio. Parecía que comenzaban a colocarse en orden; pronto tendría que bajar, después de todo, era uno de los testigos de Bill Weasley.
Y de pronto algo atrapó su mirada.
Fred Weasley.
El mapa lo decía bien claro. Fred Weasley estaba allí abajo, vivo, en los jardines de Hogwarts.
Con el mapa en las manos, Harry salió de la habitación corriendo como un loco, sin oir que alguien caminaba tras él. Antes de que pudiese salir del colegio, alguien le detuvo.
“¡Dumbledore!”
“Harry” dijo el viejo director, mirando al muchacho con infinito aprecio.
“Señor director, hay algo que...”
“Míralos Harry...” Harry lo hizo; allí estaban todos, riendo como hacía tiempo que no reían. Pero... sólo había un gemelo. Volvió a mirar el mapa. El gemelo que estaba agarrando a Hermione Granger seguía siendo Fred Weasley según el pergamino. Harry parpadeó, pero eso no cambió las cosas. Las letras seguían desafiando su sentido común. Hasta que la luz empezó a hacerse en su cerebro.
“La ignorancia es una bendición¿no te parece, Harry?”
“Sí...” dijo, no muy convencido.
Luego, volvió a mirar a los Weasley. Sí, ya habían pasado por bastantes cosas. ¿Qué le importaba a él todo aquello? Que fuesen felices.
“¿Dónde estabas? Íbamos a empezar sin ti” le dijo Hermione.
“Estaba arriba, echando un vistazo a las viejas cosas que dejé”
“¿Seguían allí¿A nadie se le ocurrió mirar debajo de la cama del gran Harry Potter?”
“No”
“¿Pasa algo, Harry?”
“No, sólo estoy algo triste... el mapa del merodeador me ha traído algunos recuerdos...”
El rostro de la chica se puso ceniciento de pronto.
“¿El mapa del merodeador?”
Su mirada voló hasta Fred. Harry asintió y clavó los ojos en su amiga. Hermione se volvió hacia él, y se encontró con su mirada interrogante. Se encogió de hombros, y asintió, al final. Harry le pasó el brazo por los hombros, sospechando que ese sería un capítulo de la historia que no volvería a salir en ninguna de sus conversaciones con Hermione, pero sin poder quitarse de la cabeza el baile loco de aquellas cuatro letras que daban una dimensión nueva y diferente a toda la historia.
“¿Harry?”
La voz de Ginny lo devolvió a la realidad.
“Te he estado esperando”
Tomándola del brazo, caminaron hasta sus sitios cerca del altar, a los lados de Bill y Fleur. Harry murmuró “travesura concluida” y, como quien pone Fin al terminar una historia, hizo desaparecer toda señal de lo que acababa de descubrir. Después, dejo que la risa de la pelirroja le transportase lejos de todas las cavilaciones.
FIN.
Este capítulo le debe muchísimo al libro en que se basa la historia, “Partitura para saxo” de Mercè Canela.
Espero que, a pesar de todo (y de la evidente no-presencia de mi profesor de pociones favorito, del que me he conformado con hacer una breve mención, je je) os haya gustado. A mí me han gustado todas las reviews. Besos, y gracias por leer hasta aquí.
Ahora dadme un minuto:
¡Terminé¡Oeeeeeeeeee, oeeeeeeee, oeeeeeeeeeeeee! (Cada historia terminada es como haber dado a luz, lo prometo- bueno, no puedo estar segura, no he dado a luz nunca, pero es un decir)
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ophelia dakker: hola¿no sabes ni que pensar? Siempre es una buena reacción! Millones de gracias por el review¿me has puesto en author alerts? Si es así, wow. Y si no, wow tb! Besos, y a ver si este capítulo no gana el premio a lo peor que has leído...
Algida: um... lo sé. Lo tenía prácticamente escrito, eran dos chaps, y diferentes, pero dejó de tener sentido... y no paraba de decirme... hoy me siento, y lo hago, pero nunca terminaba de pasar, siempre surgía algo... lo siento, pero fue un detalle genial por tu parte dejarme otro review “quejatorio”, me reí muchísimo... un besote, y gracias, de verdad!
Naexass: como ya sabrás me di una vuelta al ver que te habías hecho una identidad de ff; las viñetas me gustaron, pero tu fic de harry potter- no recuerdo el nombre ahora mismo- me dejó la boca seca (creo que se me notó en las reviews), tenga romance o no, me pareció genial. A ver si hay suerte y actualizas. Lo sé, no acabo de escribir eso... Un beso!
Neirah Darcy/SamanthaWoodLupin: Hola. Aquí se explica un poco todo... o lo intento al menos. Probablemente no queda nada claro. Es que como yo tengo el libro de referencia lo entiendo todo y a lo mejor me quedo tan ancha... dímelo si no se entiende absolutamente nada, por favor! Molly es lo peor, que madre más desnaturalizada. PD, espero el link de tu reto! (espero que a estas alturas sean retos! Mi email es , así que a ver si me puedes avisar!) Por cierto, la que me escribió no fue Rowling, fue Mercé Canela, que es la que ha escrito el libro que me dio la idea de este fic... pero para el caso, casi igual jajaja! A ver si nos vemos en el msn que hace mucho que ya no entro.
Sandra: hola! Gracias que te molestaste en dejar... yo sí que tenía que pedir perdón, encima que alguien va y se lee lo que yo escribo (!) voy yo y tardo tres millones de años en actualizar... pues menos mal que no te lo habías imaginado, no quería estropear el factor sorpresa... ¡Hey! Justo acabo de volver de Barcelona! He estado tres días, no había estado nunca... bueno, un beso!
Sara fenix black¡hola amiga! Sí pegaste! No caí en lo de sarah, la verdad es que adoro ese nombre. Estoy a medio camino con tu fic (releer!) Estoy pillando detalles que antes se me habían escapado, y empiezo a preguntarme cómo demonios leo. Esto... una pregunta, a ti no te importa que lo imprima? Es que mi amiga no tiene Internet, y quería leerlo, lo empezó estando en mi casa una tarde y... Se lo iba a dar en diskette, pero honestamente, el ordenador lo tiene en la uni, así que se lo pensé regalar impreso; pero como hay gente que le molesta mucho... te prometo que le pido que me mande una review por mail y te la dejo de su parte, ok? Ya me dirás
Miss-Andreina-Snape: hola! Lo sé, soy basura. Conste que no me sentía capaz de terminarla, sólo que no me gusta dejar las historias sin acabar; ya dejé una hace meses y bastante mal me siento... gracias por esperarme, y por la review... pues no entiendo lo que pasó con la otra review... L estoy siendo boicoteada! Muchos besos!
Sheamoonie: Si... acertaste... soy lo peor, no sé mantener la intriga... jajaja. He vuelto a ver a Alan hoy ( mi amiga está prereglica y hemos alquilado love actually- no iba a tener tanta suerte por segunda vez)Ya hace mucho que no andaba por ff con tranquilidad, así que hoy me daré un atracón... la verdad es que contestándote esta review me doy cuenta de lo vergonzosamente lento que actualizo...Bueno niña, que son las dos y media de la madrugada y se me cierran los ojillos ya, un beso y nos vemos por aquí!
Gravila: hola... hace mucho que no hablamos tranquilamente y he pensado aprovechar este pequeño espacio q solo tu y yo en este círculo compartimos ( o eso espero- mirada de terror paranoico-) para dejarte un mensajito, aunque sea una respuesta... sé que últimamente, hablas conmigo con la misma frecuencia que actualizo, y que no estoy siendo el mejor de los apoyos... se acabaron las excusas, pero quiero hacerte saber- y el tema se queda aquí ya- que se ve la luz al final del túnel por primera vez en muchísimo tiempo... pero bueno. Por cierto, arima, a ver cuando, de una puñetera vez, me mandas tu nuevo capítulo. Besos!
Amsp14: hola! También hace millones de años que no me dejo caer... es que desde que ff me boicoteó la última he estado algo “picada”... Hoy pienso pegarme una sentada larga y leer millones de fics... en fin, espero que hayas subido algo nuevo, que de verdad me encanta como escribes, y sobre todo como describes a nuestro Snapey...Un besote y muchas gracias por la paciencia, y en general por tus reviews, que siempre son maravillosos de leer.
Melocotón: No entiendo muy bien qué te pasó con la página, pero cualquier cosa, la verdad es que adoro fanfiction, pero hace cosas de lo más extrañas... tarde un poco,pero el fic por fin está terminado... oye, de vez en cuando me paso por tu bio a ver si nos sorprendes con otra maravilla (soy pesada, pero claro, ten en cuenta que esta es la última oportunidad de decírtelo en este fic!) bueno, muchas gracias por tu atención y tus reviews, ha sido genial llevarte conmigo en el camino de parir este fic concreto! Besos.
Ouch-zgz: hola! Espero que el final no te desagrade del todo... y shhhhhh, tengo que decirlo, me quema la lengua... ¿no te gusta nada de nada Snape? Mierda. Cerebro, deja de intentar influir. Deja de hacerle propaganda! Pues la verdad me ha costado un riñón escribirla (no literal, claro. Medio pulmón será quizá más realista) porque lo hice de un tirón menos por el final, y luego ya era no ponerme nunca... en fin, gracias por todas tus reviews, y un besazo... espero verte por alguna otra historia, tal vez una... ¿tuya?