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Jeune Circe
Author of 3 Stories

Rated: T - Spanish - Adventure/Angst - Harry P. & Lily Evans P. - Reviews: 429 - Updated: 02-14-06 - Published: 10-31-04 - id:2116929
Disclaimer: Harry Potter pertenece a JK Rowling.

Summary: Universo Alterno. Han pasado cuatro meses desde la batalla final entre Lord Voldemort y Harry Potter, saliendo el último vencedor del enfrentamiento. Ahora, con tan sólo dieciocho años, el joven mago a cumplido su destino y busca una manera de adaptarse a su nueva vida. Pero ¿Qué pasaría si los espíritus lo enviarán a un universo donde, en esa fatal noche del 31 de octubre de 1981, el muerto hubiera sido él y no sus padres, pereciendo antes de cumplir la tarea que le había sido asignada?


Crossing Wind
Jeune Circe
Prologo

Sometimes, things that shouldn’t have happened, happen…
but destiny has a strange way to set things right.
Two different worlds, two different pasts…
But just one key, one way, one meaning… one man.
A curse and a gift.

31 de Octubre de 1998. Halloween.

La estridente música resonaba en los rincones más insólitos de la Tierra. Grupos de extrañas personas vestidas con largas túnicas multicolores movían sus cuerpos al ritmo de distintas melodías, bailando, riendo, gozando como nunca antes la libertad ganada hacia tres meses. Otros tan sólo se limitaban a charlar con grupos de amigos y casuales conocidos, bebiendo y comiendo felices, recordando anécdotas del pasado, contando chistes, cantando, realizando inocentes bromas.

Grupos de niños, portando los disfraces más exóticos, corrían de un lado a otro, cargando calabazas parlanchinas llenas de dulces, siendo seguidos por la preocupada mascota familiar que tenía el encargo de evitar que se metieran en problemas.

Distintas razas, distintas clases sociales, distintas edades, distintas formas de celebrar, pero todos ellos unidos por la misma alegría.

El mundo mágico celebraba gustoso el primer Halloween libre de la terrible amenaza del gran lord oscuro, Voldemort. Era cierto que ya habían pasado unos cuantos meses, pero cualquier fecha servía de pretexto para recordarse que la paz al fin reinaba en su mundo.

Gigantes letras brillaban en el firmamento, distintos idiomas pero todos ellos dando las gracias al joven mago que había traído el preciado regalo.

Harry James Potter se había convertido en héroe y estrella internacional.

¡Bendito sea donde quiera que este!

¡A la salud del señor Potter! ¡Que éste pasando un feliz Halloween!

¡Harry Potter para presidente y bombón del año!

pOq

La lluvia parecía no querer detenerse, las grises nubes del destino se amontonaban sobre el cementerio, dejando escapar gruesas gotas de agua que caían pesadamente sobre el verde y pisoteado césped.

El viento soplaba fuertemente, sacudiendo las ramas de los viejos árboles, silbando entre tumbas y hojas.

Un grueso y atronador rayo partió el cielo, iluminando dos tumbas que descansaban sobre una fúnebre colina, resaltando los nombres de los residentes de dichas criptas: James y Lily Potter.

Un joven se encontraba frente a las lápidas, observando el cielo con grave expresión en el rostro. Ningún paraguas era sostenido por sus manos, dejando que el agua resbalará por el abrigo, humedeciendo el negro Armani que decoraba su joven y vigoroso cuerpo formado por las incontables batallas que había peleado.

El largo y desordenado cabello negro se encontraba suelto, dándole una apariencia de rebelde, pero sin dejar de resaltar la fortaleza de su espíritu.

Lentes oscuros cubrían misteriosos ojos verdes que delataban la vida de ese joven, quien había experimentado vivencias que ningún ser humano debía ser obligado siquiera a servir de espectador. Aun así, no había odio en esas pupilas, sino determinación, fuerza... tristeza... soledad...

Un rayo más hizo brillar un extraño arete que descansaba sobre su oído derecho. Era una especie de runa, labrada en oro blanco.

El chico se hinco frente a las lápidas, limpiando con sus manos la tierra y hierba que se había acumulado por las constantes tormentas que habían azotado extrañamente a Inglaterra.

Sus dedos se detuvieron un momento sobre los números que marcaban la fecha fúnebre, la noche en que su vida había cambiado: Octubre 31, 1981. Hacia diecisiete años que no veía a sus padres más que en fotografías, en sueños o pesadillas, hacia diecisiete años que su madre no le besaba, cantaba o reñía, hacia diecisiete años que su padre no le abrazaba o aconsejaba. Hacia diecisiete que su vida se había convertido en un infierno.

Un brisa de viento acaricio su rostro, alejando de su frente los húmedos mechones negros, revelando una extraña cicatriz en forma de rayo.

Para Harry Potter, el cielo reflejaba la amargura de su espíritu, para el mundo mágico, las nubes danzaban felices del final de la guerra. Voldemort al fin había sido desvanecido, por ningún otro que el heroico mago Harry James Potter.

Muchos decían que era el mago más poderoso desde Merlín, que sobrepasaba la magia de Albus Dumbledore, que era inmortal. Nada podía matarle o dañarle.

Idiotas. Si tan sólo supieran la amargura y soledad que crecía en su alma, devorándola cual agujero negro.

Harry había perdido mucho en esta guerra y no encontraba el ancla que le ayudará a mantenerse en este mundo. Incluso perder a Voldemort había sido un duro golpe para él. Después de todo, el lord oscuro había sido la piedra angular de su existencia.

Desde el momento en que la profecía le había sido revelada, y en parte empujado por la dolorosa perdida de Sirius, todo en su vida había girado entorno a la caída del lord, preparándose física y mentalmente para enfrentar a su enemigo.

Harry James Potter no podía imaginar que sería la vida sin él, sin Tom Marvolo Riddle.

El joven mago estaba sin duda feliz de que al fin ese despreciable hombre había sido desvanecido, pero la vida, tenía que admitirlo, se convertiría en algo aburrido sin sentido.

Era cierto que ya no habría más muertes, destrucción, huérfanos, pero tampoco las aventuras, misiones, amenazas que le habían dado un colorido tono a su vida... y que habían trabajado tan bien en ocultarle que estaba completamente solo.

Ya había terminado la tarea por la cual había venido al mundo ¿Qué le impedía marcharse ahora?

pOq

Hogwarts.

El Gran Salón estaba convertido en una verdadera fiesta. Calabazas flotantes, que subían y bajaban soltando risotadas de diferentes tipos y estilos. Murciélagos que volaban de un lado a otro, pasando sobre las cabezas de distraídos estudiantes que salían corriendo al sentir un bicho volador sobre su cabello.

Montañas de dulces calaveras de chocolate y azúcar que llevaban el nombre de cada uno de los estudiantes de Hogwarts, apiladas en las cuatro esquinas, portando los colores de cada casa.

El centro se había convertido en una gigantesca pista de baile, donde momias bailaban con sexys vampiresas, piratas charlaban con leones, y una gran variedad de disfraces desfilaban sobre el blanco mármol, desde el más creativo hasta una simple bolsa de papel en la cabeza.

Los jóvenes estudiantes que no estaban dispuestos a mostrar sus maravillosos pies izquierdos platicaban felices, comiendo las delicias que los elfos domésticos habían preparado para tan especial ocasión.

La escena recordaba mucho al baile navideño realizado durante El Torneo de los tres magos sólo que en esta ocasión no había elegantes túnicas sino disfraces, los más exóticos que la gran creatividad del alumnado les dio la capacidad de conseguir o crear, rayando de lo ridículo hasta lo sublime.

Un gran letrero flotaba arriba de la mesa de los profesores, con letras fantasmagóricas cambiando de colores y formas, danzando, brincando y reacomodándose para que se pudiera leer Bienvenido, Harry Potter.

La fiesta era en honor al hijo pródigo de Hogwarts. Sus amigos, sumados a la enorme población del colegio, festejaban en el salón, esperándolo.

- Relajate ‘Mione – decía un atractivo vaquero pelirrojo a una hermosa amazona – seguro que algo se le atravesó, pronto llegará

- Lo sé, Ron, pero... – hizo un gesto de fastidio con las delicadas manos – sabes cómo son los Halloween para Harry, siempre ocurre algo malo

- Pero él ya no esta con vida, Harry se encargo de eso. Ya no hay nadie que intente matarle

La chica soltó un enorme suspiro, poniéndose de pie.

- Tienes razón, Ron. Prometo tranquilizarme – el chico sonrió – pero – la sonrisa se desvaneció – tienes que sacarme a bailar – dijo la morena, posando su cortés mano entre las de su novio

- Sus deseos son ordenes, señorita – respondió galantemente, besando los finos dedos. Hermione soltó una risita coqueta, para después salir hacia la pista de baile

.o.

Una chica se movía gracialmente por entre los estrepitosos estudiantes, eludiendo con habilidad innata ser tocada por ellos, como agua escurriéndose entre piedras. Un fantasma entre la multitud.

Su traje era sencillo pero daba un aire de elegancia a su esbelta figura. Un simple vestido en tonos azules, que resbalaba por sus hombros, exponiendo un blanco cuello. El largo cabello rizado caía cual negra cascada, tocando tentativamente los muslos. Así de largo era. Un antifaz cubría un par de misteriosos ojos grises, casi blancos, antinaturales. Eran ojos divinos, pero que brillaban con conocimiento, edad.

La chica continuo caminando, observando con aire de superioridad a los estudiantes, hasta que sus ojos se posaron en la figura de un hombre anciano, vestido con una elegante túnica azul y un enorme sombrero.

- ¿Albus Dumbledore, correcto? – dijo su voz, una voz joven pero a la vez vieja

El anciano profesor de Hogwarts se giro hacia la extraña joven, olvidando momentáneamente a sus colegas, intrigado por el exótico acento que se escondía entre las notas de aquella voz.

- Absolutamente correcto, señorita ¿En qué puedo servirle?

- Necesito hablar con usted – Albus centro toda su atención en la chica – a solas, si no le incomoda

Los ojos de ambos se cruzaron momentáneamente, hurgando en la mente, en el alma, seguidos por un corto silencio.

- Muy bien – respondió al fin, extendiendo su brazo señalando la enorme puerta – sígame, por favor

pOq

Un pequeño elfo doméstico caminaba sobre la alfombra de un largo y grueso corredor, limpiando mágicamente los cuadros y esculturas que se encontraban apostadas a cada lado del pasillo.

De vez en cuando se detenía frente a una de las enormes puertas de cedro, para revisar que el interior careciera de partículas de polvo que pudieran dañar la elegancia de aquella mansión.

La pequeña elfa acababa de cerrar una puerta especialmente enorme y decorada, cuando sus sensibles oídos capturaron un sonido dentro de la aparentemente vacía habitación.

Armándose del valor característico de su raza, la joven elfa entreabrió la puerta, adentrando con sumo cuidado la cabeza.

Los enormes y redondos ojos escudriñaron la oscura habitación.

Se trataba de un exquisito salón rectangular de baile, la mitad de grande que el Gran Salón de Hogwarts. Formidables candelabros colgaban del alto techo, el cual soportaba un interesante diseño de ninfas danzando con apuestos jóvenes de mejillas sonrosadas. El brillante piso era de un blanco aperlado y corría limpiamente por todo el área de la habitación, como si se tratase de una sola baldosa. El salón poseía tres puertas, dos de ellas ubicados en los extremos más alejados del salón, encarándose; la tercera, que servía de entrada a la elfa, enfrentaba una serie de altos ventanales, cada uno inmediatamente después del anterior.

Un salón exquisitamente planeado.

En el centro de aquél magnífico salón, una sola figuraba se encontraba de pie, creando un pequeño charco con el agua que destilaba de sus selectas ropas.

- ¡Señor Harry Potter! – exclamó alegremente la elfa, corriendo en dirección de su amo

El chico elevó sorprendido el joven rostro, dibujándosele inmediatamente después una sonrisa en los labios.

- ¿Qué tal, Dinky?

- ¡Oh, señor! ¡No sabe el susto que le ha metido usted a la pobre Dinky!

- Lo siento tanto, no era mi intención

- Pero, señor ¿Qué le ha pasado? – exclamó asustada, secando rápidamente a Harry con un chasquido de sus alargados dedos. El chico tan sólo negó con la cabeza, sosteniendo una expresión de divertida derrota – ¿No fue a la fiesta de Hogwarts, cierto amo?

- No me sentía con ánimos de ir a un baile de disfraces – respondió el chico, encaminándose a la puerta – ¿Aún no regresa el profesor Dumbledore?

Al termino de su educación mágica en Hogwarts, Harry, convencido por el anciano director, se había mudado formalmente a la casa del viejo mago, quien se había convertido en amigo y mentor del joven Potter.

- No, señor – dijo ella, atareada, trotando detrás del mago – ¿El amo desea algo de cenar?

- Gracias, Dinky, pero tendré que rechazar tu oferta – la elfa asintió – Si ocurre algo, estaré en mi habitación – sin darle tiempo de respuesta a la pequeña, Harry dio media vuelta, encaminándose hacia su alcoba

La mansión Dumbledore era enorme, elegante, antigua, de un delicado estilo victoriano, marcado en el año 1835 por la reina británica Victoria I.

Los pasillos eran largos y alfombrados, mostrando la colección de piezas artísticas pertenecientes al director de la escuela de magia y hechicería.

La vida para Harry no había sido la misma después de su quinto año, dando un giro radical de 180º grados a su aburrida rutina diaria.

Entrenamientos y clases extras formaron parte de su currículo, y sólo cuando Albus le considero lo suficientemente preparado – y por la terquedad del pupilo y el rumbo oscuro que tomaba la guerra – el director le envió en su primera misión. A partir de ella todo lo demás se había desatado fácilmente. Misiones, viajes, peligros, razas. Descrito en simples y sencillas palabras: había ganado una dotación interminable de aventura. Pero también se había terminado el quidditch, las constantes charlas con sus amigos, incluso llego faltar a las clases.

Al final de su sexto año contaba con los conocimientos necesarios – y muchos más – para aplicar los NEWT’s. A los diecisiete años, Harry Potter se había graduado de Hogwarts, a tan solo seis años en ella. Pero no por eso la abandono completamente.

La guerra alcanzo un punto tan alto, que la sagrada escuela se había convertido en refugio de los principales blancos del lord oscuro, por lo tanto, era deber del señor Potter velar por la seguridad de dichas personas y de excompañeros.

El ultimo año había sido bastante agitado. El joven mago vivió entre misiones, conociendo a los seres más exóticos, aprendiendo de ellos, y también sobreviviendo a los intentos de asesinato de Voldemort.

Pero al fin, todo eso había llegado a su fin con el termino de la Guerra, y mientras el mundo lo celebraba, él, quien había hecho posible alcanzar éste punto, lo lamentaba más que nada.

Muerte es lo que hubiese deseado lo alcanzará el momento que Voldemort cayo a sus pies.

Recordando la grotesca mueca en los labios del lord oscuro, acelero sus pasos, formando un perturbador eco en el solitario pasillo del ala este, alcanzando pronto una puerta labrada en oscura madera.

Cerrando la puerta tras él, lanzó el abrigo junto con el saco sobre la adoselada cama, y se adentro a la alcoba, desfajándose la camisa, encaminándose a las puertas de cristal que abrían hacia un balcón.

El mago recargo su frente sobre el frío cristal, soltando un enorme suspiro que le empaño, formando un suave redondel blanco frente a sus labios.

Harry observo fascinado como la tormenta aumentaba afuera, arrojando con ráfagas de viento a las traviesas gotas de agua hacia sus ventanas, golpeando con fuerza.

Con desgano se deshizo de las mancuernas doradas y desabrocho los primeros cuatro botones de la elegante camisa negra.

El chico cerro los ojos, disfrutando del sonido del agua al golpear la superficie. La visita a la tumba de sus padres le había ayudado a despejar la mente, haciéndolo tomar una resolución.

La vida continuaba y él no podía quedarse atrás. Sus padres no lo hubiesen querido así, Sirius no lo hubiese querido así, Remus no lo hubiese querido así.

Pero necesitaba tiempo para pensar que hacer con su futuro, y aunque estaba seguro que sus amigos estarían siempre ahí para él, esto era algo que tenía que hacer solo, pelear contra sus demonios internos.

Tomaría el consejo de Albus, se iría a un largo viaje. Recorriendo el mundo como un simple viajero, no como el mago que derroto a Voldemort, sino como Harry Potter. Al fin le daría un buen uso a toda la fortuna que Sirius le había heredado.

pOq

El golpeteo de la lluvia resonaba en la oficina del director. La chimenea estaba encendida, soltando el crujir de los maderos al sucumbir a la fuerza del fuego.

- Tome asiento, por favor – replico el director, colocándose en su habitual asiento, detrás del enorme escritorio de caoba

- No será necesario, no tengo pensado robar mucho de su tiempo – respondió ella

Albus la estudio con serios ojos azules, el constante brillo había desaparecido completamente de ellos.

- Su nombre. Me gustaría llamarle de alguna manera durante nuestra pequeña charla

- Dejémoslo en Circe, señor

- ¿No eres humana, cierto?

- No profesor, pensé que eso ya estaría claro

- Entonces ¿qué...?

- Un espíritu – respondió antes de darle tiempo de terminar su pregunta – Nada vivo, pero tampoco muerto – un extraño brillo apareció en las pupilas del viejo director de Hogwarts, imaginándose las posibilidades que un espíritu traía a sus puertas. Era bien sabido que ellos poseían un conocimiento no terrenal, el pasado, el presente... el intrigante futuro – Guarde sus preguntas, señor, no vine a responderlas o me importa, tan sólo estoy aquí para entregar un mensaje

El director se inclino sobre el escritorio, acortando un poco más la distancia, con los dedos de las arrugadas manos entrelazados.

- ¿Un mensaje? – preguntó – ¿Relacionado con...?

- El señor Harry Potter – volvió a responder ella, arrancando de sus labios las preguntas y dándole las respuestas ansiadas

Al escuchar estas sencillas palabras Albus sintió el color dejar su cara, cayendo hasta la altura de sus pies, dejando una lívida palidez.

- ¿Qué es? – preguntó rápidamente. El chico era como un nieto para él. Hacía dos años habían hecho las pases por lo ocurrido durante su quinto año, y el joven confiaba, de nueva cuenta, plenamente en él. Dumbledore simplemente le adoraba y no podía evitar el desear protegerle, y fue por eso mismo que el viejo director percibió, para su pesar, que el chico había perdido las ganas de vivir desde la muerte de su enemigo y aunque sabía que Harry nunca tomaría un camino tan cobarde y extremista, su mente no vaciló en viajar a una simple palabra: suicidio – ¿Está herido? ¿Está...?

- Deje de preocuparse. Nada parecido ha pasado – los fríos y penetrantes ojos grises se clavaron en los suyos – Usted sabe mejor que nadie que él jamás haría algo parecido

- ¿Entonces...?

Circe sonrió enigmáticamente, lamiéndose el labio superior en un gesto de placer, anticipándose a la reacción del viejo director.

- Usted ya no tendrá por que preocuparse por el futuro. Las guerras cesarán, pero no permanentemente, sin embargo puedo decirle que vienen muchos años de paz para la comunidad mágica, décadas

El anciano estaba perdido, observando con confusión a la mensajera.

- Es bueno escuchar algo como eso... – pero fue una vez más interrumpido

- Usted ya no tendrá que preocuparse por el señor Potter

- ¿Qué...?

- Él se irá lejos – Dumbledore abrió los ojos en enorme sorpresa – a un lugar donde usted no podrá hallarle, alcanzarle

- Pero acaba de decir que...

- No hablo de la muerte, sino de cruce de dimensiones. Usted sabe que es eso. Aunque para el mundo mágico tan sólo son viles teorías, para nosotros, seres superiores, es una realidad – un silencio siguió a estas palabras. Albus demasiado nervioso y confundido para decir algo, Circe disfrutando del dolor del anciano. Ella no era lo que se consideraba oscuro, en su tiempo había servido al bien como guerrera, incluso ahora era mensajera de la luz, simplemente tenía métodos... poco ortodoxos – Un error ocurrió hace diecisiete años, un error que jamás debió haber ocurrido

- ¡Y ahora quieren llevarse a Harry para que componga sus ineptitudes! – rugió Dumbledore, poniéndose de pie tan de prisa que la silla terminó en el suelo. Circe no se inmuto con la reacción del anciano. Era justo lo que esperaba

- No es una opción, señor, es un hecho. Podemos disponer de la vida del señor Potter como mejor nos parezca, después de todo, él fue creado como una herramienta del destino

- ¡No lo permitiré! ¡Su trabajo ha terminado! ¡Paz es lo que necesita ahora!

Circe no presto atención al mago, y observó un pequeño y elegante reloj que rodeaba la delgada y blanca muñeca, y luego sonrió enigmática, perversamente.

- Esta hecho. Hasta nunca, señor Albus Dumbledore – y tal como había aparecido, se desvaneció, dejando atrás una simple brisa de aire.

El director no perdió un segundo más y corriendo hacia la chimenea, grito fuertemente mientras lanzaba un puñado de polvos flú: ¡A la mansión Dumbledore!

pOq

El suave click de la mochila resonó en la silenciosa alcoba. El mago llevaba pocas cosas en ella, cosas que no podría dejar atrás: la Saeta de Fuego primer regalo del animago Sirius Black; el par de espejos mágicos que una vez habían pertenecido a su padrino y a su padre, recordatorio de su estúpido y apresurado comportamiento al final de su quinto año que había causado la dolorosa pérdida; el mapa del merodeador, creado por cuatro amigos que habían sido separados por el amargo sabor de la guerra; la hermana gemela de su varita, que una vez había pertenecido a su mortal enemigo; el ensangrentado diario del licántropo Remus, única pertenencia importante para él que había dejado al cuidado del hijo de James mientras aun estaba agonizante sobre el suelo del campo de batalla, el libro más preciado que jamás había dejado atrás; y el valioso álbum fotográfico, regalo del semigigante Hagrid.

Junto a las pertenencias importantes, había empacado un baúl lleno de una parte del dinero que había dejado Sirius para él, unos cuantos cambios de ropa y la capa de invisibilidad de su padre. Todo ella cabía en la pequeña mochila gracias a un hechizo empequeñecedor.

Estaba listo, sólo le faltaba una cosa.

Dando unos cuantos pasos sobre la suave alfombra, se acerco al armario, abriendo solemnemente las puertas de madera. Dentro de él, había todo tipo de túnicas y ropas muggles. Jamás en su vida había tenido tanta ropa, la mayoría habían sido regalos.

Sus manos viajaron por los ropajes, acariciando lentamente la tela, disfrutando del contacto, cerrando los ojos. Desde niño le había llamado la atención como Dudley se paseaba dentro de los armarios de su madre, dejando que su sonrosado e hinchado rostro fuera acariciado por los vestidos y abrigos. Él siempre había querido hacerlo, pero nunca pudo. Cuando al fin había tomado el valor para hacerlo, su tío Vernon lo había atrapado abriendo las puertas del armario y le había dado una paliza que en su joven vida olvido.

¡Ah! La había encontrado. Una chamarra negra de piel colgaba de unos de los ganchos. Escondido entre los pliegues del cuello, llevaba marcado el nombre de Padfoot. Había sido de Sirius y ahora era uno de sus recuerdos. Tomándola, la deslizo por su cuerpo.

Era cierto que aún llevaba el pantalón de vestir, la camisa desfajada, los zapatos, pero junto con la chamarra le daban un toque de rebelde elegante. Una risa escapo de sus labios. La primera vez que se puso la chamarra, Tonks había dicho que se veía como todo un rebelde elegante , pues ese día llevaba puesto su uniforme de Hogwarts, sin la túnica.

Harry se irguió, observando su alcoba, alcoba que no vería en mucho tiempo. Ahora si llevaba todo, podía dejar este lugar sin necesidad de volver por sus recuerdos.

El mago se colgó la mochila al hombro, recordándose que tenía que ir a despedirse de Albus. El anciano era muy amable con él, como un abuelo, y no quería darle un susto. Además de que si no lo hacía, sabía que era capaz de hacerle buscar hasta debajo de las piedras.

Apagando la luz con un chasquido de sus dedos, Harry abrió la puerta de su alcoba, pero un brillo a su espalda capturo su atención.

Girando sobre sí mismo, el mago encaró el escritorio que estaba dispuesto en la alcoba. Una montaña de cartas descansaba sobre él. Cartas que enviaban las admiradoras y admiradores del señor Potter.

El mago se acerco molesto, soltando un bufido. Todas ellas no eran más que cartas vacías de personas que no le conocían. Haciendo flotar las cartas, las lanzó a la chimenea. Le daba pena hacer eso, pero realmente no tenía tiempo de leerlas y sabía que nunca lo tendría, eran demasiadas.

Los ojos verdes observaron como el fuego devoraba el papel. Harry tomó el atizador para hundir más las cartas, pero... una sobresalía ante todas, una carta que aún no había sido tocada por las voraces lenguas.

Curioso, hipnotizado, dejo caer el atizador y se hinco, rescatando la carta.

Era realmente simple, de un lindo sobre azul que tan solo tenía escrito en una brillante tinta roja su nombre. Rompiendo el sello de cera, el mago se puso de pie.

El sobre cayo al fuego. Una expresión de sorpresa escapando sus labios.

Dinky entraba justo a tiempo para observar como su amo desaparecía en una explosión de luz.

pOq

Dumbledore se encontraba en la alcoba del chico, su nieto adoptivo. La carta sostenida entre sus arrugadas manos, escuchando con atención y sombría expresión lo que contaba la elfa.

Dinky le contaba al director todo lo ocurrido durante su ausencia, soltando lagrimitas por la desaparición del joven amo.

Los azules ojos se depositaron sobre las ventanas, presionando fuertemente el pedazo de papel. Quizá este... viaje, no era mala idea. De hecho, el director comenzaba a encontrar las bondades que parecían desbordarse de un simple pedazo de papel y de los fríos ojos casi blancos de Circe.

Una oportunidad, un regalo había llegado a las manos de Harry, y quizá en ese otro mundo el chico podría encontrar una vida, podría encontrar felicidad, después de todo la carta sólo contenía una línea:

Bienvenido a casa, Harry Potter


TBC...
¿Qué tal? ¿Debo continuar? O.o --Aoi: ¬¬ nah, escribes horrible Circe: ¬¬... Aoi: -.- sólo digo la verdad-- Bien, la verdad es que ya no deseaba publicarlo, no lo sé, siento que no es demasiado bueno para estar arriba ¿Ustedes que opinan?

Fantasy is a necessary ingredient in living.
It’s a way of looking at life
through the wrong end of a telescope.
Dr. Seuss



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