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Books » Harry Potter » Crossing Wind
Jeune Circe
Author of 3 Stories
Rated: T - Spanish - Adventure/Angst - Harry P. & Lily Evans P. - Reviews: 458 - Updated: 02-14-06 - Published: 10-31-04 - id:2116929

Disclaimer: Harry Potter pertenece a JK Rowling.

Hola dulce y paciente lector Hola una vez más te digo yo. Estuve lejos un tiempo - en esta historia - pero creo haber dicho que no la abandonaría. La prueba de ella es lo que van a leer. Sé que es poco, pero mi limitado tiempo me deja escasos minutos a la madrugada y el tiempo que paso conduciendo para pensar en mis historias. Soy una universitaria y estoy a punto de graduarme - tres semestres - hay servicios que terminar, examenes que cursar, y materias que sortear y es por eso que me volveré extremadamente lenta. Durante mi verano estuve trabajando turnos de 8 horas, así que llegaba cansadísima a mi casa. Lo siento. Siento lo poco que van a leer, es lo que he escrito durante varios meses, mi idea era terminar un sueño que había comenzado pero un evento me lo impidió. Tania, siento mucho la demora, siento que hayas tenido que tomar medidas tan drásticas, no te culpo, pues se lo que se siente que autores te dejen con la expectativa, pero he aprendido a ser paciente. Leo fics que se publican cada año, entiendo que los autores no pueden estar sentados frente a la computadora, entiendo que al escribir es cuando nos liberamos, no nos atamos.
Especial dedicatoria a Clow Riusaky y a FinnFisshu88 que se acordaron de esta pobre historia cuando una nueva salió al mar, y sobretodo a mis amigas y amigos. Feliz 14 de Febrero mis queridos y pacientes lectores.
Son las 2:30 a.m. dulces sueños y que cúpido entre por su ventana.


Crossing Wind

Jeune Circe


Amistad y Lealtad


Dearly beloved, dearly friend,
time tends to run when I am with you,
time tends to fly when you are by my side,
and before I realized, old we are,
and different ideas and priorities there are.
But know, my friend, that even though different now
we are, you will be always inside my heart.

Jeune Circe


Después del pequeño accidente, la cena había continuado como si nada hubiera pasado. Remus y Sirius les habían acompañado pero se cuidaron de mantenerse a raya; los dos estaban demasiado sorprendidos por la revelación de Alec, además de que el licántropo estaba demasiado ocupado sentado entre James y Sirius tratando de limar asperezas – sin éxito alguno debe añadirse – como para poder iniciar una conversación con el extraño invitado.

Alec y Cat por su parte habían continuado su pequeña riña, pero Lily al fin había hecho confesar a su travieso hijo que no tenía el contrahechizo sino que los efectos de la misteriosa golosina desaparecían al cabo de veinticuatro horas. No hace falta decir que Cat se había enfurecido tanto con su hermano que no le volvió a dirigir ni una palabra ni siquiera una mirada, además de que su estado de ánimo había empeorado considerablemente y se había negado a volver a abrir la boca durante toda la cena.

Los únicos que parecían estar tranquilos eran Harry y Álbus. El primero se contentaba con tomar la mano de su madre mientras ella murmuraba furiosas palabras en contra de cierto auror. El segundo se limitaba a observar, respondiendo a preguntas con su acostumbrada amabilidad pero su atención siempre fija en el incomprensible joven.

Sumando todo esto tenemos una cena muy callada y tensa donde los actores se limitaban a comer metódicamente sus alimentos, ocasionando que esta se terminará demasiado pronto, dando la oportunidad de escape a todos los presentes, la oportunidad de retirarse a realizar cualquier rito necesario antes de meterse en la cama.

.o.

El pequeño tic tac del reloj resonaba dentro de la alcoba, el constante segundero siempre marcando su pauta. Harry estaba seguro que si no le callaba, su noche se convertiría en un martirio.

Un suave movimiento de la muñeca fue todo lo que tomó para que el reloj se detuviera, hundiendo a la alcoba en un profundo silencio.

Al término de la cena y después de enviar a sus dos menores hijos a la torre de Gryffindor, Lily había traído al oji-verde a la que sería su temporal alcoba, una que se encontraba justo al lado de la que compartían James y ella.

A la pelirroja le hubiese encantando quedarse platicando con su hijo, y aunque a Harry también le hubiese maravillado la idea, en su cabeza se habían formado otros planes, unos que no incluían la grata y ansiada compañía de su madre.

Haciendo uso de uno de esos trucos mentales, Harry había mandado una clara sugestión para dormir a Lily, mandándola a la cama casi de inmediato – cuando la pelirroja se había dado cuenta de que no podría mantener los ojos abiertos por más que lo hubiese intentado.

De eso hacía unos diez u once minutos.

Observando la inmensidad del bosque prohibido a través de la ventana junto a su cama, el joven Potter soltó un suspiro, presionando con fuerza el puente de su nariz, preparándose mentalmente para lo que sabía que venía.

Echándole al tétrico bosque una mirada por última vez, el mago salió de la alcoba.

Estaba seguro que su padre y Sirius estaban discutiendo.

.o.

- ¡¿Por qué tenías que golpearlo! – gritó James, estrellando el cuerpo del auror contra la pared del vacío salón. Una mano cerrándose fuertemente alrededor de la túnica de Black, el antebrazo de la otra presionando el cuello.

El mago estaba furioso, Sirius podía verlo en esos intensos ojos avellana donde el mar de sentimientos parecía arremolinarse, pues eran tantos y tan intensos que el animago entendía por que James había sido y seguía siendo uno de los aurores más temidos.

Demasiada pasión dentro de una persona, demasiada pasión capaz de arrasar con todos los que se atrevieran a tocar a sus seres queridos.

- No se por que te molesta tanto, Jaime – respondió Sirius con ironía y burla contenida – Si tan sólo hace algunas horas me hubieses rogado que le rompiera la cara por haberse acercado a Alex.

James observó fúrico a su amigo, respirando fuertemente a través de la nariz, los ojos brillando intensamente detrás de los cristales de las gafas.

- Sigo siendo tu superior, Sirius – siseó el animago, usando un poco más de presión en el cuello de Black para remarcar sus palabras.

Ambos eran igual de altos y aunque Sirius era mucho más fornido que James, este último era un estratega innato. Black sabía que en una pelea él se dejaría llevar por sus emociones, perdiendo rápidamente el control, mientras que James atacaría cada debilidad con agresividad y rapidez.

James Potter podía ser un gatito cuando se encontraba en el regazo de Lily pero muchos mortifagos le temían por la agresividad que el famoso exauror era capaz de desatar. Esta era una de las principales razones por lo cual era la mano derecha de Dumbledore. El anciano mago aún confiaba y esperaba en que si algo llegaba a pasarle, la 'Orden del Fénix' no quedaría sin un líder, sino que James tomaría orgullosamente su lugar. Pero Sirius estaba seguro que su amigo no lo haría. Esa noche de Halloween, cuando el pequeño Harry había sido asesinado, algo había cambiado en James, atacando únicamente cuando Voldemort atacaba a su familia, y era por esta razón que el señor oscuro dejaba a los Potters solos.

- Ya basta, por favor – suplicó la suave voz de Lupin, apretando amistosamente los hombros de James para lograr que éste soltará al animago. Le partía el corazón tener que detenerlos. Eran raras las ocasiones en que estos dos tenían algún altercado, y más raro aún cuando llegaban al daño físico – Prongs, por favor – suplicó una vez más, utilizando esta vez el apodo de la infancia. A Remus no le importaba rogar cuando se trataba de proteger a su familia.

El silencio reinó unos breves segundos, durante los cuales James parecía meditar las palabras del licántropo. Después, poco a poco, la presión en el cuerpo de Sirius fue retirada, y James se alejo unos pasos de su hermano, dándole el suficiente espacio para recuperarse.

Sirius no dijo nada, únicamente se limitó a acomodar su chaqueta y alejar falsas motas de polvo de ella, todo esto con un gesto elegante y orgulloso, típico de la familia Black. Pero Remus pudo ver una chispa de dolor dentro de los traviesos ojos de su amigo, un brillo neutro y triste.

Padfoot no se sentía muy bien consigo mismo por su reciente despedida, y si a eso le sumamos el enojo de James, tenemos un Sirius bastante apagado y una baja autoestima.

Esto ya había ido demasiado lejos, pensó Remus, observando la distancia de James y la tristeza de Sirius ¡Y todo por un mocoso que se había insertado en sus vidas hacia escasas horas!

- James – llamó Remús, atrayendo la atención del animago que parecía perdido en sus propios pensamientos ¿Acaso ocultaba algo?

- No debió haberlo golpeado – musitó Potter, girando un poco su rostro hacia sus dos amigos, pero aún dándoles la espalda

- Yo... – comenzó Sirius, pero se quedó callado, sintiendo dolorosamente la condena escondida en la mirada de Potter

- James – intentó esta vez Lupin, dándose cuenta de que si él no decía algo, esta plática terminaría inconclusa, James saliendo por una puerta y Sirius hundiéndose en su propia condenación sumada con la de su hermano – debes reconocer que el comportamiento de Sirius no es algo con lo que no estés familiarizado. Sabes como tiende a reaccionar en este tipo de situaciones, sabes lo sobreprotector que es hacia Alex y Cat, y en lugar de apreciar esa dura cabeza que tiene, lo condenas como si hubiese cometido el más vil de los pecados – exclamó Remus, elevando el tono de voz a cada palabra que salía de sus labios, el corazón latiéndole a mil por hora.

Sirius giró unos agradecidos ojos hacia el licántropo, y sus labios articularon la palabra 'gracias' cuando los dorados de su amigo le sonrieron.

- James – llamó nuevamente Remus, dando unos pasos hacia el mago, deseando saber que cruzaba por la cabeza de su amigo, irritándose por tener que hablar con su espalda en lugar de con su rostro, pero el rápido y furioso giro de James detuvo su marcha, obligándolo a encarar firmemente la intensa mirada del animago, intentando tranquilizar el golpeteo dentro de su pecho

- ¡Me pides que comprenda a Sirius! – exclamó James, haciendo un furioso gesto con el brazo para enfatizar sus palabras – ¡Pero a él no le pides que me comprenda! – el tiempo en que había estado callado, había estado pensando en una forma de contrarrestar la lógica del licántropo, pero su cerebro se encontraba demasiado nublado, la sangre golpeteando furiosamente sus oídos mientras en su cabeza se repetía una y otra vez la manera en como el fuerte puño de Sirius había conectado con el rostro de Harry, mandándolo inmediatamente contra el suelo – Eres demasiado rápido en aliarte a él en esta disputa, mi querido amigo, pero no estas dispuesto a escuchar mi parte de los hechos – bufó James, tirando una mirada despectiva

Remus se sintió herido ante las palabras de James y aún más ante la manera en como las había dicho, pero sabía que su amigo estaba molesto, y lo más importante en estos momentos era descubrir la razón detrás de ello, la verdadera razón.

- Entonces explícame, entonces dime – pidió el licántropo, presionando su pecho con una mano – Por que soy incapaz de comprender el por que atacas a quien dices amar como a un hermano para defender a un desconocido que apareció en tu vida hacia tan sólo unas horas – terminó con amargura, una mueca formándose en sus labios

James se sintió molesto y herido ante las últimas palabras de Remus, ante la expresión en su rostro al nombrar al desconocido que acababa de entrar en su vida. Pero era cierto, si, era cierto, pero nada de eso le importaba, nada de lo que Remus o Sirius pudieran pensar. Por algún extraño artificio, por algún inesperado milagro, su hijo estaba otra vez con ellos, vivo, respirando el mismo aire que él, viviendo y sintiendo sus dieciocho años de vida, sus dieciocho años, donde la delgada línea entre ser un hombre y un niño estaba por romperse, donde sueños del futuro murmuraban palabras dulces en las frescos cabezas de vivarachos jóvenes dispuestos a tragarse el mundo en un par de mordidas y después seguir riendo y corriendo.

Pero eso no lo veía Remus, no lo veía Sirius, ellos jamás entenderían lo que era ser padre, jamás entenderían el dolor de perder aquella pequeña parte de ti y verla regresar a tu lado convertida en un joven de dieciocho años que vagamente conoces pero que tu corazón grita que es tuyo, tuyo para guiar y proteger, tuyo para abrazar y besar, tuyo, tuyo.

- ¿Y por qué tendría que explicarte? – respondió James con amargura, trazando las líneas del cansado rostro del licántropo con fríos y duros ojos – Jamás lo comprenderías, Lupus, tu cerebro será tan rápido como tus patas pero tu corazón esta congelado – el momento que las palabras dejaron sus labios, James se arrepintió de ello, viendo la sorprendida y dolorosa mirada en los dorados y amables ojos de Remus. El animago giró hacia su amigo, intentando reparar el daño causado – Re-

El golpe había sido rápido y certero, conectado directamente con la quijada de James, tumbándole las palabras de disculpa de la boca.

- Sirius – siseó, una mano presionando el lugar donde el golpe había conectado, los ojos llameándole con ira

- No James – gritó Black – no me mires con esos ojos, no me pidas que me quede callado mientras de tus labios salen palabras que lastiman a Remus mucho más que cualquier castigo o ley que el ministerio y los magos allá afuera le impongan – gritó, su mano alzándose en un violento movimiento, apuntando hacia la ventana – Maldición, James – gruño desesperado, recorriendo sus cabellos con sus frustradas manos – ya no sabes lo que sale de tu boca, ya no eres capaz de distinguir a tus amigos de tus enemigos

- Sirius – gruñó molesto Potter, molesto ante lo que se escondía detrás de las palabras de su amigo, pero el animago siguió vociferando sus protestas como si no le hubiese escuchado

- ¡¿Qué es James! – gritó fuera de sí – ¡¿Qué es tan importante que vale la pena lastimar a Remus! ¡¿Qué es tan importante que lo encubres a capa y espada!

- Yo no ocultó nada – musitó James con una débil voz y los ojos enormemente abiertos en sorpresa, siendo escuchado únicamente por los agudos sentidos del licántropo

- ¿Quién es ese muchacho? ¿Qué es? ¿Quién es él? – terminó Sirius, acercándose peligrosamente a James

Por unos breves momentos el silencio pareció reinar en la habitación, la agitada respiración de Sirius confundiéndose con el ulular del viento en la ventana.

Mi hijo articularon los labios de James, pero ningún sonido salió de ellos, ni una silaba, y sus amigos no lo entendieron pues no estaba entre sus grandes habilidades el leer los labios.

- Hermosos ojos verdes – interrumpió la voz de Remus, atrayendo la atención de los dos animagos que se habían estado observando silenciosamente

- ¿Qué? – preguntó Sirius desconcertado ¿de qué estaba hablando Moony?

- Ojos verdes – repitió Remus con más seguridad al darse cuenta del leve temblor en los labios de James y de su asustado y sorprendido jadeo – Hermosos ojos verdes ¿no lo crees James?

Sirius intercalo miradas entre sus dos amigos, realmente no entendiendo de qué estaba hablando el licántropo ¿De Lily? Se preguntó con desconcierto, dándose rápidamente por vencido. No era el más observador del grupo. Pero parecía que James si le entendía.

Remus sonrió internamente, deleitándose con la expresión de sorpresa e ira surcando las mejillas del exauror James Potter. Siempre había disfrutado mucho resolver imposibles acertijos, los retos que estos le presentaban, conociendo de corazón cada fase antes de llegar a la inminente solución. Y por eso sabía que su amigo estaba atrapado, había mordido el anzuelo que tan hábilmente Remus había lanzado. Aunque debía confesar que había sido al azar, que no había habido verdadera lógica detrás de sus extrañas palabras, habían sido dichas simplemente siguiendo una de esas extrañas corazonadas que casi siempre parecían llevarlo al camino correcto.

James por su parte tenía los ojos clavados en el piso, sus inmóviles brazos colgando a cada lado de su cuerpo, su boca firmemente cerrada, negándose a abrirla aún para defenderse o desviar a su amigo de tan certera búsqueda, pues temía que en lugar de lograr su objetivo, cualquier gesto o palabra suya iluminarían aún más la aguda mente de su amigo. Tenía que reconocerlo, estaba atrapado, había caído en la trampa de su amigo como un neófito estúpido.

Una alegre risa irrumpió la tensa habitación, atrayendo la sorprendida mirada de los tres adultos presentes, a la cual pronto se le unieron unos sonoros aplausos.

- Remus siempre ha sido demasiado intuitivo para su propio bien – expresó la alegre voz de Harry, una sonrisa curveando sus labios

Sirius cerró sus puños, molesto, lanzando dagas a través de sus grises ojos al impetuoso muchacho ¿Cuánto tiempo llevaba observando?

- Valiente y brillante anzuelo, profesor Lupin – continuó Harry, recargando cómodamente su peso en el arco de la puerta y cruzándose de brazos, un divertido brillo en sus verdes ojos. Hermosos ojos verdes se repitió en la cabeza de Sirius – ¿pero esta dispuesto a seguir por ese camino? Mi tío – continuó, ignorando las expresiones de sorpresa que dejaban los labios de los magos – no parece muy dispuesto a seguir otorgándole las pistas que usted tan osadamente busca

Remus, siendo el primero en recuperarse, observó a Harry, deleitándose con esta oportunidad, después de todo, ahí, parado junto a la puerta, se encontraba la razón por la cual los merodeadores habían estado discutiendo ¡La causa del enojo y traición de James!

- No creo que nos hayan presentado – dijo – y aún así parece que me conoces demasiado bien... – aquí hizo una pausa, clavando sus dorados ojos en los del joven mago, dando a entender que le gustaría mucho que este revelará su escurridizo nombre, pues a pesar de ya haber cenado en la misma habitación, la situación y el ánimo vivido después del accidente no habían dado lugar a cordiales presentaciones

- Harry – se apresuró a proveer el joven mago, realizando una leve inclinación con la cabeza – Harry Potter

- Por supuesto – respondió el licántropo – en la cena

- Sí, en la cena – repitió Harry

Remus observó atentamente al extraño joven, dándose cuenta de la sinceridad detrás de sus gestos y palabras, pero también había algo más, algo que no lograba descifrar.

.o.

Harry sintió como los dorados ojos del licántropo le observaban, tomando en cuenta cada detalle de su persona, de su cuerpo, cada gesto, cada palabra, cada movimiento, sintiendo como su paz interna se derrumbaba ladrillo por ladrillo.

Era cierto que ya había visto al lobo en la cena pero en ese entonces el joven mago lamentaba su suerte con el auror Sirius Black y su corazón no había tenido tiempo ni el coraje para abrir otra herida más con el nombre de Remus Lupin.

Ahí, frente a él, el hombre lobo respiraba con tranquilidad, su pecho intacto, sus ojos libres de la resignación por su cruel destino. No había ni un ápice de sangre, no había un rastro del hielo.

Instintivamente, su mano se movió hacia su bolsillo izquierdo, buscando el viejo diario, apretándolo fuertemente contra la palma de su mano.

Sin pensarlo, sus ojos se movieron hacia su padre, clavándose en la herida en su rostro, causada por el mismo puño que le había golpeado a él y por un breve e inocente momento se dejo sentir que él y su padre eran iguales, que habían pasado por lo mismo. Pero este golpe no había sido causado por la ira y odio que Sirius sentían hacia él, sino por la desesperación de ver a un amigo alejarse, lastimar a otro de sus hermanos.

¡Cómo le dolió el pecho en ese momento a Harry! Pues el joven mago veía clara y fríamente su actual situación.

No había pasado ni veinticuatro horas en este universo cuando ya se había ganado la desconfianza de Dumbledore, el odio de Sirius, el resentimiento de Remus, cuando ya había mandado a su madre a dormir por el hecho de que tenía otras cosas que hacer ¿cuántas veces no usó este mismo truco con Hermione?

Pero lo que más le dolía era el hecho de que por su culpa tres amigos inseparables, tres hermanos sino en sangre en alma, habían discutido por él, por su culpa, por el simple y sutil hecho de que existía aquí, por el hecho de haber atravesado las puertas del castillo sin pensar en las consecuencias, y aunque su lógica le gritaba que no era su culpa, que él no había pedido venir aquí, él se culpaba. Harry había aprendido a través de su vida que cuando algo salía mal era culpa suya por que aunque las cosas hubieran estado fuera de su control él siempre pensaba que de haber sido un poco más listo, un poco más rápido, un poco más fuerte, él las hubiera podido haber evitado – el asesinato de Remus, la muerte de Sirius, la explosión del subterráneo, la muerte de su amada Ginny, el ataque a Hogwarts, el ataque a Hermione, el... la interminable lista de los terribles actos cometidos durante la guerra, las innumerables muertes, todo era culpa de Harry por que él no había sido capaz de detenerlo, por que Harry había decidido dormir una noche, por que un día Harry había cometido el error de pensar en su futura vida.

- Harry – el débil murmullo trajo de vuelta al joven mago quien elevó suavemente su cabeza y se encontró con los cálidos ojos de su padre que le miraban preocupados

'Estoy bien, papá' articuló, clavando sus ojos en los de James, sonriéndole afectuosamente.

- Lo siento – dijo, girando, observando tanto a Remus como a Sirius – perdón, pero este juego esta cansándome – dijo con una sonrisa amable y después, alejándose unos pasos de su padre, colocándose en medio de los tres, dijo – la verdad es que – sus ojos se movieron nerviosamente de Remus a Sirius, y James se sorprendió de ver a un muchacho nervioso no al joven seguro y en control que había conocido hasta ahora – Yo soy Harry Potter, el hijo de James y de Lily – dijo, liberando el suspiro que había estado reteniendo

- ¿Qué? – musitó Remus, sus ojos enormemente abiertos, sorpresa cursando rápidamente sus venas

- Es verdad – repitió Harry, clavando sus ojos en los del licántropo para que este pudiera ver que no mentía, que era sincero

Por un breve momento el silencio surcó la habitación, los miradas de Harry y Remus clavadas una en la otra, y aunque parecía que entendimiento y comprensión comenzaban a surgir en el licántropo, Harry por muy hábil que fuera sólo tenía un par de ojos.

- ¡Maldito farsante! – gritó Sirius furioso y cuando Harry giró su rostro para encontrarse con el de su padrino, el fuerte puño de éste se estrelló en su rostro, tomando por sorpresa tanto a James como a Remus, y sobretodo a Harry – ¡Cómo te atreves a venir aquí con esa mentira! – gritó, su rostro a milímetros del otro, aferrando fuertemente la chaqueta del joven mago y usando ese agarre para sacudirlo enérgicamente

Harry tenía una expresión de confusión y dolor en el rostro. El fuerte e inesperado golpe lo habían aturdido y las sacudidas no le ayudaban nada a restablecerse. Pero Harry no hacia ningún intento para liberarse, para romper el agarre, pues había visto el profundo dolor en las grises pupilas del animago. Al parecer, el tema del 'bebé Harry Potter' le afectaban demasiado. Harry aun no estaba completamente seguro de que había pasado esa noche, pero al parecer, Sirius había jugado un enorme papel en ella, hundiéndolo en su culpa.

James observó como Sirius maltrataba a su hijo ¡Y enfrente de sus ojos! ¿Acaso su amigo no conocía la prudencia? No, por supuesto que no, es Sirius Black.

- ¡Basta! ¡Suficiente, Sirius! – gritó James fuera de sí, dando un par de fuertes zancadas para acercarse a ellos, los ojos brillándole peligrosamente justo detrás de las gafas

- ¿Porqué? – gritó Sirius, girando su rostro para encarar el de su amigo – ¡Dime porqué James! ¿Para que continúe siseando sus mentiras, escupiendo su veneno? – gritó, arrojando fuertemente el cuerpo de Harry contra la pared

La cabeza de Harry chocó duramente contra la dura piedra al igual que su espalda, desorientándolo. Una de sus manos viajó hacia su cabeza, tocando el lugar del golpe, mientras la otra buscaba instintivamente la pared para evitar caer, lo cual le dejaría aun más indefenso.

'Es su culpa, señor Potter' río una fría voz en su cabeza 'Pudo haberlo detenido. Usted es mucho más rápido y hábil que este auror, mucho más poderoso. Un suave y lindo crucio hubiera ayudado un poco o algún otro de esos maravillosos hechizos que sabe realizar tan bien para lastimar a sus oponentes'.

Harry trató de sacarse la burlesca voz de su cabeza, sacudiéndola fuertemente, pero el brusco movimiento únicamente ocasionó que perdiera el débil balance, cayendo sonoramente sobre una de sus rodillas.

'Es mi padrino' pensó, sintiéndose derrotado ante aquella voz.

'Un padrino no lastima a su protegido' exclamó Circe, riendo, burlándose, encontrando demasiada divertida la situación del mago a su 'cuidado'. 'Mire' terminó diciendo, el murmullo ahogado por la fuerza de la carcajada.

Harry separó cuidadosamente la mano de su cabeza, acercando la palma a su desorientado campo visual. Sorpresa e ironía tiñeron las verdes pupilas. Sus dedos estaban manchados de sangre, y lo mejor de todo era que su mano parecía tener otros cuatro dedos además de los cinco normales.

- Yo le creo – dijo una voz y las sorpresivas palabras obligaron al joven mago a elevar su rostro pues la voz había sido la de Lupin, no la de su padre

.o.

No pudiendo soportar por mucho más el trato agresivo de parte de Sirius hacia un joven que no movía ni un dedo para defenderse, el licántropo se había interpuesto rápidamente entre el exauror y su presa, impidiendo a Sirius acercarse y continuar con esta desagradable charada.

- ¿Le crees? – preguntaron ambos animagos al mismo tiempo, sorprendidos, y a la vez, cada uno con una emoción distinta. James esperanzado, Sirius asqueado

- Si – respondió con firmeza, clavando sus ojos en los grises de su amigo

El animago Black cerró fuertemente los puños, observando con una fiera expresión el cansado rostro de Lupin ¡Y pensar que lo había defendido de las frías palabras de James!

- Por favor, Padfoot – se apresuró a decir Remus – No tienes más que mirar a través de sus ojos, no tienes más que –

- He conocido muchos mortífagos que saben mentir con convicción – espetó Sirius, elevando su voz para tragarse la de Remus – Éste – señaló con desdén – no es diferente

Las palabras le cayeron como un balde de agua fría a Harry, quien era ayudado por su padre a ponerse de pie y sentarse en una de las sillas de los alumnos.

Remus observó desesperanzado como Sirius se alejaba cada vez más de ellos, frustrado y sintiendo sus manos atadas ¿Cómo haría que su amigo creyera? Era cierto que hacia poco él también había estado en contra del muchacho pero hablar con él, verlo a los ojos lo había convencido.

Aunque era verdad lo que Sirius decía, sus instintos le decían que confiará en el chico. Frustrado, Remus peinó sus claros cabellos con ambas manos. Sirius no confiaba sin motivo alguno en una persona, Peter se había encargado de eso. Él necesitaba... hechos ¡Pero claro! Cuando todo parece perdido busca la solución más lógica, pero ¿será suficiente?

- Lo que dices quizá sea cierto – dijo la voz de Remus y ante sus palabras Harry sintió que perdía el aliento ¿ya no creía en él, Sirius le había convencido? – James, necesitamos hechos que nos convenzan de que este muchacho es en realidad Harry Potter, pues hay una tumba en el cementerio que nos dice lo contrario

James tragó saliva, preguntándose cuanto debía revelar o si debía revelar algo. Sus ojos se dirigieron a los de Harry. El joven tan sólo asintió con la cabeza y con ayuda de su padre se puso de pie, clavando firmemente la mirada en Sirius.

- Lo que quieran saber, yo se los puedo decir

Y el chico habló, sus delgados labios moviéndose copiosamente, las palabras y las explicaciones manando de su boca, los ojos pegados en las baldosas del oscuro piso. Pero no más de lo que había dicho a Dumbledore y sus padres, ni menos, la misma historia con una fría precisión, como si hubiese leído las amarillentas páginas de algún guión previamente acordado.

- Imposible – musitó Black después de que Harry se hubiese detenido, elevando sus verdes ojos para encontrase con los suyos en espera del veredicto – Imposible – exclamó, dando unos cuantos pasos a través del salón

- Sirius – trató Remus

- ¡No! ¡Esta mintiendo! – exclamó Black, sus ojos brillando en la oscuridad – No tiene pruebas, no tiene nada más que una historia fantástica

Harry observó tristemente la negación de Sirius, pero entonces se le ocurrió una idea. Quitándose la chamarra, se acercó sin recelo al animago, parándose justo enfrente de él y extendiendo el brazo con ella.

Sirius le observó con desconfianza.

- Mi padrino me dio esto cuando cumplí dieciséis años – no era la verdad pero tampoco era enteramente una mentira, pensó Harry, aún no estaba listo a revelar los detalles de su vida

El animago observó la chaqueta sin tocarla, sus duros ojos moviéndose de vez en cuando al rostro del imperturbable muchacho.

Estuvo a punto de alejarse cuando una extraña familiaridad le embargó. Tomando la chaqueta de piel con cuidado, la observó, y sin saber por que sus manos se movieron hacia los pliegues del cuello, deteniéndose un momento para observar los ojos del chico.

Tomando un respiro movió los pliegues, y contuvo el aliento. Ahí, marcado para siempre se encontraba grabada una sola palabra: 'Padfoot'.

- Mi chaqueta de la escuela – musitó sorprendido – No. No. Debe ser falsa

- No lo es – se apresuró a decir Harry, pero dio un paso atrás, reprendiéndose su falta de control

Sirius observó molesto al chico, pero algo llamó su atención.

- ¿Qué es esto? – preguntó, metiendo una de su manos dentro del bolsillo izquierdo de la chaqueta. Harry se quedó estático cuando Sirius sacó el viejo diario de Remus

- ¡Es mi diario! – exclamó sorprendido el licántropo dando unos rápidos pasos hacia el animago para recuperarlo, pero Harry se movió rápidamente, arrebatándolo de la sorprendida mano del licántropo

- No es el tuyo – dijo el mago con firmeza, clavando su mirada en la de Remus

Una emoción cruzó los dorados ojos pero pronto fue cubierta con una amable sonrisa.

- Por supuesto – dijo – debí haberme equivocado

Sirius observó extrañado al chico y la manera en como parecía presionar el viejo libro contra su cuerpo, tratando de esconderlo de la vista de todos. Quizá dentro de ese curioso diario se encontraban los secretos del joven mago... quizá.

Soltando un suspiro cansado, el animago bajo sus grises ojos hacia la chaqueta que se encontraba entre sus manos, presionada hacia su pecho. Se encontraba cansado, y el muchacho realmente parecía sincero en sus esfuerzos de convencerlo, además de que parecía que James y Remus le creían ¿debería él creerle? En estos tiempos, confiar en alguien era un lujo que los auror no podían darse ¡Vigilancia constante! La famosa frase de precaución con la que su jefe – ex jefe en este caso – de departamento siempre les taladraba la cabeza.

Confianza. Sentimientos. Secretos. Verdad. Una voz parecía recitar dentro de su cabeza. Sí, eso era una buena técnica ¿Cuántas veces una joven auror se había disfrazado de prostituta para sacarle los secretos a los jóvenes aprendices de Voldemort mientras sus cuerpos se frotaban entre ellos y el sudor se mezclaba con las otras sustancias del cuerpo? Si, buena técnica.

Por el momento, fingiría confianza. Sería en demasía difícil, nunca le había gustado fingir que alguien le agradaba cuando realmente no lo hacía, además de que su misma actitud gritaba sin que él se lo propusiera ¡Aléjate de mí, pedazo de básura, sino quieres que te pateé el trasero!. Quizá era su lado canino quien hacia esto. Suspiró. Pero James y su familia lo valían ¡Claro que lo valían! Aunque su amigo la estuviera haciendo de estúpido al liarse con el enemigo, pero él le ayudaría. Sirius le abriría los ojos.


TBC...


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