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Holaaaaaa!
He vuelto! En realidad este capítulo estaba escrito desde hace un tiempo, pero después de leer el libro 6 tuve que hacer un pequeño cambio que es imposible que nadie aprecie, aunque va a tocar bastante de la línea argumental que tenía pensada. Tranquilos, no hay absolutamente nada del "príncipe mestizo" aquí. Ni siquiera una leve insinuación. Este capítulo (y los siguientes) se puede leer sin peligro.
Es cierto que trato de hacer de esta historia un punto de vista distinto de los libros. No es precuela de "Vacaciones De Navidad" de "El Arma Definitiva" ni de ninguna otra que haya publicado. No va a salir Skye. Draco no se va a enrrollar con Hermione. Este Blaise no es el Blaise de Vacaciones. Su padre no le desprecia ni le muele a palos. Draco sí es igual, porque mi Draco es siempre el mismo ya que así es como me gusta.
Las situaciones en las que sale Harry son las que salen en los libros. Draco sí atacó a Neville fuera de la biblioteca solo para probar un hechizo nuevo, Draco sí que se lió a golpes con Ron y Neville en lo alto de una grada de quidditch, Draco sí que entró en la enfermeria y le quitó a Ron su libro y la carta de su hermano. También hizo que les descontaran puntos por iniciar una pelea en Navidades. Y definitivamente, Draco sí estuvo en el Bosque Prohibido. Tal vez olvide alguna escena en la que Draco ataque a Harry o se meta con el trío o con Neville o se mencione que hace algún comentario o tiene una actitud determinada en una situación, pero lo hago lo mejor que puedo.
Por último, en la cena de fin de curso que está cerca del final de este capítulo hay algunos párrafos copiados del libro, prácticamente el discursito de Dumbledore, etc. Los exámenes se basan en la explicación del libro. Y, sin que pueda ser considerado como "joder un trozo del libro", en "El príncipe Mestizo" descubrimos que en sexto curso también hay prefectos (cuento a cuatro por casa, dos chicos y dos chicas, más los premios anuales de séptimo año que no se cuantos son), así que Nicolas Stark es prefecto de quinto año y Lionel Kaplan el de sexto, quiero decir que no es un error, ok?
Más aclaraciones al final del capítulo. Siento no responder a los reviews, pero dicen por esos mundos que quitan las historias que los responden. Para mayor seguridad, a partir de mañana responderé directamente en mi live journal, la dirección la podéis encontrar en mi perfil.
Y nada más por ahora. Espero que no os aburra mucho el capítulo de hoy. Besitos mil y gracias por el apoyo!
Capítulo Quinto.
La mañana siguiente fue bastante movida para Blaise.
Theodore puso el grito en el cielo al descorrer las cortinas de Draco y encontrarse a Zabini compartiendo el mismo lecho del rubio. Avergonzado, Blaise tuvo que inventarse sobre la marcha que se había equivocado de cama después de volver del baño medio dormido. Draco ni siquiera fingió estar sorprendido de verle en su cama. En realidad, ignoró a todos olímpicamente y se encerró en el baño por tres cuartos de hora, casi haciendo que llegasen tarde al desayuno.
Blaise tuvo que soportar las continuas burlas de Crabbe, Goyle y todo aquel que se enteró del asunto (que fue casi toda la casa) por no ser capaz de encontrar la cama correcta, pero Nott no parecía demasiado dispuesto a creerse su pequeña mentira y no paraba de mirar a Draco suspicazmente. El rubio había como que la cosa no iba con él y se mantenía al margen del asunto.
Esta actitud molestaba a Blaise, tal vez porque se había convertido en el blanco de las bromas del día por su culpa, o puede que fuera que Malfoy no parecía dispuesto a agradecerle el gesto que había tenido. Blaise se enfurruñó (algo que no había hecho en años) y dejó de hablarle al rubio por el resto de la jornada, prometiéndose a sí mismo no volver a preocuparse por ese engreído.
El problema era que ignorar a Draco hacía las cosas más aburridas. Crabbe y Goyle casi no tenían conversación, en realidad ninguna si se descontaban los monosílabos con los que se comunicaban mutuamente. Nott seguía enfadado con él, provocando en el moreno unas increíbles ganas de partirle la cara de una vez. Y Draco parecía indiferente a su decisión de no volver a hablarle, pues no había intentado decirle ni media palabra en todo el día. Solo le quedaban las chicas, que se movían en manada, haciendo que Blaise se sintiese en una opresiva inferioridad numérica. Al ser sábado y no tener clases con las que entretenerse el día se le estaba haciendo bastante lento e insoportable, así que, harto de la situación, decidió hacer algo productivo después de la comida y cargó en su mochila todos los deberes para hacerlos en la biblioteca.
Estuvo trabajando unas tres horas, aburriéndose a muerte pero terminando varias tareas que no tendría que entregar hasta la semana siguiente. Finalmente, hastiado, empujó los libros a un lado y cogió un pergamino en blanco para ponerse a dibujar.
- ¿Ya has terminado?
La voz le hizo respingar, sobre todo porque no se había dado cuenta de cuando había llegado Nick.
- Más o menos – contestó algo desganado.
- ¿Te encuentras bien? – preguntó el prefecto preocupado.
Blaise intentó una sonrisa, pero se sentía tristón y solo y únicamente pudo esbozar una dudosa mueca.
- Estoy cansado – concedió al fin.
- Claro, es que eso de vagar de cama en cama durante la noche... – dijo Nicolas seriamente. Blaise se sonrojó avergonzado y dejó caer la cabeza contra la mesa. Nick rió un poco -. Vamos, no te lo tomes así. Es gracioso.
- A mí no me ha hecho ninguna gracia – dijo Blaise lastimeramente.
Había soportado bromas de todo tipo, aunque aún le hacían sonrojar las de los mayores, que le invitaban a equivocarse de cama en su cuarto cuando quisiera. Las chicas eran las peores en ese aspecto, pues les encantaba verlo avergonzado y se decían entre ellas "¡mira que mono!" sin preocuparse de si él podía oírlas. Y, para su bochorno, las oía. Blaise no creía que fuera "mono", y lo que es peor, no quería serlo. Deseaba estar tan lejos de ser "mono" como fuera posible. Quería ser un tipo frío, duro y arrogante... justo como Draco. ¿Ves? Nadie pensaría que Draco Malfoy era "una monada" si no paraba de fulminar con la mirada a todo el mundo y comportarse como un cabrón. Pero Blaise ya se había hecho con una fama de chico agradable y atento, dispuesto a escuchar amablemente y la gente pensaría que tenía algún problema o estaba enfermo por comportarse de manera distinta a la de costumbre. Seguramente entonces le tendrían un poco de lástima, y eso era algo que Blaise no soportaría.
- ¿Y en la cama de quien te metiste? – preguntó Nick divertido.
Blaise le miró de reojo de muy mala manera.
- Malfoy – dijo escuetamente. Nick le miró sorprendido por unos instantes.
- Vaya – dijo al fin - ¿Y has sobrevivido?
- Más o menos. No me habla – concedió Blaise molesto.
- Ya se le pasará – dijo el prefecto quitándole importancia -. Tampoco te pierdes nada. Por lo que he visto, es un chaval difícil de aguantar¿no?
Blaise frunció el ceño, extrañado.
- ¿Por qué lo dices?
- Siempre es tan serio, parece que esté de mal humor – dijo Nick encogiéndose de hombros.
Blaise le observó perplejo. Nunca habría pensado así de Draco. Suponía que no debía ser favorable la imagen que tenían los demás de él: un niño consentido que estaba acostumbrado a que todos se tirasen a sus pies. Blaise sabía que debía ser así, porque era lo que él había pensado de Draco en un primer momento, cuando lo vio enfurruñado en su asiento del expreso de Hogwarts esperando a que sus lacayos le llevasen chucherías, y lo cierto era que el rubio se las pintaba solo para dar esa sensación a casi todo el mundo. Pero Blaise sabía cómo era realmente; un niño que intenta parecer mayor pero que en el fondo sigue siendo un niño. Él mismo era así, aunque en su caso la seriedad de su carácter le hacía parecer menos inmaduro en ocasiones, y solía llevarse un poco mejor con los demás porque ni siquiera se molestaba en echarlos de su lado cuando le estorbaban. Blaise simplemente les ignoraba, y todos lo tomaban como que su compañía era bien recibida y él era un chico demasiado tímido para empezar una conversación.
Lo cierto era que tanto Blaise como Draco tenían alma de insociables, costándoles relacionarse con los demás y en algunas ocasiones rechazando hacerlo, habiéndose creado un círculo íntimo con el que se sentían satisfechos. La diferencia tal vez radicaba en que Blaise se relacionaba con más gente de manera superficial, pareciendo más sociable que su compañero de cuarto, pero sin que llegase verdaderamente a profundizar en su amistad con nadie. Draco, por el contrario, cuando incluía a alguien en su entorno inmediato lo hacía con confianza absoluta y tras haberlo meditado cuidadosamente. Un Malfoy no era alguien que regalase su amistad a cualquiera.
Blaise, de alguna extraña manera, había conseguido introducirse en ese círculo, pero podría llegar a considerar como un verdadero amigo a Draco.
Claro, que después de lo de esa mañana tenía serias dudas al respecto.
- Te has quedado muy pensativo – dijo Nick mirándole preocupado - ¿He dicho algo que te haya molestado?
Blaise sacudió la cabeza y se encogió de hombros.
- Malfoy es difícil de tratar – dijo despacio -, si no se sabe cómo hacerlo. Pero no es tan serio, y suele estar bastante lejos del malhumor. Le encanta hacerse el frío e indiferente, pero muchas veces baja la guardia, aunque normalmente es solo con nosotros – volvió a encogerse de hombros.
- Parece que sois muy amigos – dijo Nick mirándole sorprendido.
- No sé que decirte – dijo Blaise sonando cansado de repente -. Es complicado saber cómo piensa de esta situación.
- Bueno, si se ha enfadado contigo por una tontería como esa, no creo que puedas considerarlo como un amigo – dijo Nick razonablemente.
El moreno pensó que seguramente el prefecto estaría en lo cierto, pero él no sabía todo lo que había sucedido esa noche. Blaise no paraba de darle vueltas a la acusación de Draco sobre su supuesto acoso, no sabía si el rubio habría vuelto a considerar lo sucedido a la luz de la mañana y había llegado a la conclusión de que Blaise era un pervertido y lo mejor era alejarse de él. O si solo estaba haciéndose el ofendido delante de Nott y los demás. O si solamente se encontraba algo deprimido por lo sucedido en su castigo y había dejado de hablar con todo el mundo, no solo con él. Pero con Vincent había hablado esa misma mañana, durante el desayuno. Y con Nott había estado terminando la tarea de Astronomía en la Sala común, pese a lo raro que era que Malfoy decidiese hacer tarea un sábado por la mañana.
El caso es que Blaise se encontraba confundido por la actitud del rubio, que no había cruzado una mirada con él en todo el día. Y Blaise se sentía angustiado, ya que se estaba dando cuenta de lo mucho que echaba de menos la compañía de ese rubio engreído. Se había acostumbrado tanto a tener a Draco cerca que el día le estaba pareciendo espantosamente lento sin él. Se sintió triste al darse cuenta de que había llegado a considerar a Malfoy como un amigo, sentimiento que el otro, por las trazas, no parecía compartir. Nick tenía razón. Draco Malfoy no le necesitaba ni le echaba de menos. Todo lo contrario a lo que le pasaba a él. Blaise respiró hondo, dolido por sus propios pensamientos, y se reprendió mentalmente por deprimirse por ello. ¡A él no le importaba lo más mínimo Draco Malfoy¡Por él podía pudrirse en el infierno!
Decidido a animarse, borró al rubio de su mente y se volvió hacia Nick para empezar una conversación intranscendente que les duró gran parte de la tarde.
Mientras cenaba tranquilamente en el gran comedor, decidido a ignorar olímpicamente a Draco, que estaba sentado a su lado comiendo silenciosamente, Blaise se dio cuenta de que Nicolas Stark, un chico de quinto año, había pasado toda la tarde en la biblioteca hablando con un estudiante de primer curso.
¿No era un poco extraño eso?
Esa noche, acurrucados todos en sus camas de una habitación demasiado silenciosa para tratarse de chicos de once años, Blaise pensaba seriamente en la carta que tendría que haber enviado esa misma mañana y que no había sabido ni cómo empezar. ¿Cómo podía decirle a su padre que había roto su varita y necesitaba otra a esas alturas del curso¡Se enojaría con él¡Le consideraría el mago más torpe del mundo! Solo alguien como Longbottom sería tan descuidado como para dejar que su varita se quebrara, y ni siquiera él había hecho algo como eso. Blaise se encontraba avergonzado y temeroso¿a quien se le ocurría ponerse la varita entre los dientes¿No podía haberla dejado en la mesilla de noche para sujetar a Malfoy? Ahora había quedado completamente inservible, pues no parecía tener ningún arreglo y de todas maneras sería más rentable comprar una nueva. Tal vez podría hacerlo a espaldas de su padre, pero no estaba seguro de si Ollivander servía pedidos por correo.
Se giró hacia la derecha, tapándose la cabeza con la almohada, frustrado. Tal vez por eso no notó como las cortinas de su lado izquierdo se abrieron furtivamente y se volvieron a cerrar con rapidez. Saltó asustado cuando Draco tocó delicadamente su hombro para llamar su atención.
- ¡Malfoy¿Quieres matarme del susto? – gritó alterado cuando pudo reconocerle, a la luz trémula de la varita de Draco.
- No seas exagerado, Zabini – dijo el chico con frialdad. Sin más preámbulos le tendió una cajita estrecha y alargada.
- ¿Qué es esto? – preguntó Blaise extrañado mirándola sin tomarla.
- Escribí a Ollivander – dijo secamente -. Necesitas otra varita. Tuve la culpa de que se rompiera la otra. Ten, podrás usarla hasta que puedas comprarte una apropiada.
Blaise se quedó mudo por el gesto de Draco. Hacía apenas un par de minutos que a él se le había ocurrido hacer un pedido vía lechuza, y ahí estaba el rubio, ya con la varita en la mano y habiéndolo hecho por él.
Por supuesto, esta varita no le daría tan buenos resultados como la otra, pues Blaise no había tenido la oportunidad de elegirla personalmente logrando encontrar aquella que se adecuara a su magia (o que lo eligiese a él, como decía el mismo Ollivander). Antes de empezar el curso Blaise había tenido que estar casi dos horas plantado en esa tienda polvorienta probando una por una casi todas las piezas de la tienda hasta dar con la varita adecuada para él, así que dudaba que los resultados fuesen a ser muy favorables, pero al menos podría hacer los ejercicios de Transformaciones y Encantamientos (aunque, seamos sinceros, Transformaciones no le importaba demasiado después de su enfrentamiento con McGonagall). Miró agradecido a Draco, cogiendo al fin el paquete, y sin dar las gracias en voz alta porque no parecía algo apropiado entre ellos. Al abrir con cuidado la cajita, encontró una varita de madera clara, fina y estilizada, que se parecía mucho a la que Draco sostenía entre sus manos iluminando el pequeño espacio que creaban los cortinajes de su cama.
- Madera de Álamo – dijo Draco sencillamente -. Nervios de corazón de Dragón. 29 centímetros y medio, excelente para Defensa.
Blaise observó admirado su nueva varita, encontrándola bastante flexible y algo más larga que la que tenía (27 centímetros). Miró de nuevo la mano de Draco, quien le dio una sonrisa de medio lado.
- Son hermanas – dijo sorprendiéndolo -. Le pedí a Ollivander otra varita y me mandó una exactamente igual sin que yo le dijese nada. Me escribió diciendo que habían salido del mismo árbol y sus nervios eran del mismo corazón de dragón – hizo una extraña mueca -. Me aconsejó que me cuidase de no volver a necesitar otra por un largo tiempo. Creo que estaba algo enojado conmigo, debió suponer que deterioré la mía.
Blaise le dio otra sonrisa de agradecimiento, esperando que Ollivander no le guardase mucho rencor al rubio después de haber supuesto que había desgraciado uno de sus trabajos. Sacó la varita de la caja y la sostuvo delicadamente, admirándola desde todos los ángulos y sintiendo cómo la magia de la varita se conectaba con la suya propia, reconociéndolo y haciendo saltar unas ligeras chispas doradas y plateadas.
- Me irá bien con ella – dijo satisfecho, haciendo un Lumos para comprobar que se acoplaban bien. El hechizo le salió más luminoso de lo que normalmente le salía, que Blaise logró reducir la cantidad de luz para que no les dañase a los ojos. Esa varita era un poquito más poderosa de lo que estaba acostumbrado, pero no era difícil de dominar.
Draco parecía satisfecho con la demostración y con un mudo asentimiento, Blaise supuso que de buenas noches, se deslizó fuera de los cortinajes de vuelta a su propia cama. El moreno se quedó mirando sus cortinas por unos momentos, pensando que esa había sido una manera muy extraña de volver a ser amigos. Siendo así, se sintió casi en la obligación de salir de su cama y llegar hasta la de Malfoy. Se asomó cautelosamente entre los cortinajes, encontrando a Draco colocando cuidadosamente las mantas encima de su cuerpo.
- Si crees que no vas a poder dormir bien... – empezó a decir, pero la mirada helada de Draco le hizo detenerse y reconsiderar mejor su impulso. Dio apresuradamente las buenas noches y volvió corriendo hacia su cama, con el corazón golpeándole en el pecho al pensar que tal vez había arruinado de alguna manera lo que acababa de suceder. Sin embargo, tras unos segundos de quietud, el rubio abrió de nuevo sus cortinajes de terciopelo.
- Si realmente necesitas la compañía te dejaré dormir conmigo – dijo envaradamente. Aunque Blaise tuvo ganas de ahogarle con la almohada, terminó siguiendo a Malfoy de vuelta hasta su cama y acomodándose cuidadosamente en el borde contrario al que ocupaba el rubio.
- Buenas noches, Draco.
- Buenas noches, Blaise.
Era la primera vez que no se llamaban por sus apellidos.
Los exámenes se acercaban inexorablemente y Draco y Blaise eran incapaces de dormir una noche entera. El primero porque sufría de pesadillas desde su encuentro en el bosque y el segundo porque estaba atento para despertarle cuando notaba que el rubio estaba agitado. Theodore les miraba más enojado que nunca, tal vez porque Blaise se había vuelto la persona más cercana a Draco después de ese extraño distanciamiento. El rubio no les había contado a los demás lo del vampiro porque consideraba que se reirían de él y de las pesadillas que le producía el recordar ese encuentro. Como medida extrema para no despertarse en las noches y dado que Pomfrey no le había querido dar a Draco ninguna poción para dormir sin sueños, Blaise propuso que la mejor solución era dormir juntos todas las noches. Draco le miró como si estuviera demente cuando le hizo la propuesta, pero esa misma noche, cuando Blaise se acercó a su cama a despertarle porque estaba volviendo a tener una pesadilla, no dejó que el moreno volviese a su cama e incluso insistió en que durmiese a su lado el resto de la noche. Pero claro, el rubio nunca decía que era porque necesitase a Blaise a su lado. Nunca reconocería ese flaqueza, por muy obvia que fuese pera ambos, y siempre decía que si Zabini necesitaba la compañía él no iba a negársela. Después del incidente de "equivocarse de cama" ninguno de los dos tenía ganas de que sus compañeros de cuarto descubriesen que dormían juntos, así que Blaise decidió hacer las cosas de la manera más discreta posible. Esperaba a que todos estuviesen dormidos antes de pasar a la cama de Draco y programaba su despertador para volver a su propia cama antes de que el resto se levantase. Porque eso sí, el rubio era bastante exigente al respecto y proclamaba que no podría dormir en otro lecho que no fuese el suyo, así que era Blaise quien tenía que saltar de cama en cama a oscuras. Desde que había adoptado esa solución Draco no había vuelto a tener una pesadilla y Blaise también podía dormir toda la noche de un tirón. Era una buena solución para los dos, aún cuando pasasen por el mismo bochorno cada mañana al despertarse estrechamente abrazados el uno al otro. Era algo incómodo para Draco encontrarse babeando sobre el pecho del moreno, y también para Blaise, rodeando su cintura con los brazos, pero el rubio no estaba dispuesto a perder su tranquilizante natural y Blaise no iba a dejar de hacerle compañía si el otro no se lo pedía expresamente.
El estudiar para los exámenes les seguía requiriendo casi todo su tiempo. Alguna vez cogían sus mochilas y se plantaban en la orilla del lago para tratar de relajarse jugando a Snap explosivo o simplemente alejándose de la sala común y la biblioteca, lugares que empezaban a aborrecer por pasar en ellos demasiado de su tiempo. Crabbe y Goyle en seguida empezaban a aburrirse y o bien se entretenían tirando piedras al lago o dándose golpecitos juguetones el uno al otro que habrían dejado el brazo de Blaise morado por una semana. Theo, Draco y Blaise simplemente charlaban relajadamente, aunque solía ser Draco quien llevaba la voz cantante casi siempre y Nott asentía entusiásticamente con la cabeza.
Fue en una de esas charlas triviales cuando Theodore, al parecer, cayó en la cuenta de que Malfoy y Zabini habían dejado de llamarse "Malfoy" y "Zabini" el uno al otro. Blaise pudo comprobar el momento exacto en el que el chico se dio cuenta, pues su cara cambió completamente de la media sonrisa que estaba sosteniendo a una expresión perpleja para más tarde tornarse algo sombría. Blaise, hasta hacía relativamente poco, había sido el único del cuarto que no contaba con el "privilegio" de ser llamado por su nombre por Draco. Tal vez Theodore se había creído más cercano al rubio por este detalle, pero era bastante claro que Malfoy no lo consideraba muy importante, pues lo ignoraba con pasmosa frecuencia.
De alguna manera, parecía que Draco y Blaise se habían vuelto más amigos tras el tema de las varitas hermanas. O puede que fuese desde el acuerdo de dormir en la misma cama. El caso es que hablaban más a menudo de lo que solían hacerlo y, aunque en clases seguían sentándose cada uno por su lado, casi siempre trataban de hacer los deberes juntos cuando antes cada cual terminaba su tarea cuando buenamente podía.
Trataban de estudiar los cinco juntos, agregándose de cuando en cuando el grupito de las chicas, siendo más fácil de recordar las lecciones que se preguntaban unos a otros entre risas y bromas, pero Theo no se mostraba demasiado cordial con Blaise y prefería repasar el temario en un silencio espeso, vigilando a todos por debajo de sus pestañas. Después Blaise se preguntaría cómo había podido el chico aprobar sus exámenes, si parecía prestarle más atención a sus movimientos y los de Draco que a sus propios apuntes.
La semana de exámenes fue estresante para todos. Millicent Bulstrode lloriqueaba antes de cada examen, asegurando a todo el mundo que suspendería estrepitosamente. Pansy Parkinson repasaba los apuntes hasta un minuto antes de entrar al aula. Azura Moon mordisqueaba su pluma nerviosamente, echándola siempre a perder y teniendo que pedir prestada alguna de repuesto. Míriam Archer aseguraba, con un tono ansioso, no recordar una sola fecha de Historia de la Magia, el examen para el que más se había preparado. Verena Walker andaba de un malhumor constante, mirando mal a todo el mundo y cargando siempre con su mochila llena de apuntes. Theodore Nott no podía dormir bien por las noches, agitándose nervioso en su cama. Vincent Crabbe comía más de lo acostumbrado, lo que ya era decir mucho. Gregory Goyle aseguraba que no era tan grave tener que repetir curso, lo que sin duda era su perspectiva de futuro. Draco Malfoy parloteaba nerviosamente de todo y con todos, haciendo parecer que había tragado litros de cafeína. Y Blaise Zabini tenía problemas digestivos, vomitaba todo lo que comía. La señora Pomfrey le hizo varias pruebas para descartar y le aseguró que se trataban de simples nervios, que tomase tisanas relajantes de cuando en cuando y se encontraría mucho mejor.
Blaise acabó cogiéndole asco a las "tisanas relajantes" después de tantas como tomó para calmar su inquieto estómago y decidió pedirle ayuda a Snape. Por supuesto, Draco le bronqueó con enojo, asegurando que debía haberlo hecho desde un principio en lugar de fiarse de esa estúpida mujer que tenían por enfermera. Snape le miró de arriba abajo concienzudamente, hizo sus propias pruebas y le dio una poción ligera, un calmante suave para tomar antes de dormir. Blaise, generosamente, compartió la poción con Draco, que buena falta le hacía porque parecía a punto de tener un ataque de puro estrés, y sugirió discretamente a Nott que pidiese consejo al maestro de pociones para solucionar su insomnio. Nott no le hizo el menor caso, profundizándose sus ojeras de día en día mientras el despacho de Snape recibía visitas constantes de parte de los alumnos de todos los cursos (aunque solo de Slytherin) en busca de un remedio para sus males, ya que la noticia de la ayuda que había obtenido Blaise se había filtrado sospechosamente rápido (Draco y su bocaza).
El resto de alumnos de primer curso parecían sufrir un caso parecido a los Slytherins. Excepto los Ravenclaw, que siempre serían unos pedantes insufribles y se sabían todos los libros del curso hasta la última coma y por lo tanto tenían una seguridad pasmosa. Los demás andaban todos medio desquiciados, con problemas para dormir y para concentrarse en la más mínima cosa.
Cuando por fin llegaron las pruebas, la tensión se hizo casi insoportable. Blaise estaba seguro de haber contestado correctamente en los exámenes escritos de Transformaciones, Encantamientos, Defensa y Pociones. Hizo su mejor esfuerzo en Astronomía y Herbología, pero no tenía demasiadas esperanzas. Los exámenes prácticos fueron otro cantar. Había hecho correctamente, creía, la poción para olvidar que había pedido Snape, pero definitivamente lo que entregó a McGonagall, que había pedido que convirtieran un ratón en una caja de rapé, fue tomado casi como un insulto por la mujer.
- No me dirá que ha hecho su mejor esfuerzo, señor Zabini – le dijo duramente, blandiendo una caja con patas, rabo y bigotes y de un horrible color ratonil.
Blaise después se sintió rastrero, pero estaba tan decidido a aprobar que echó mano de su golpe más bajo; le hizo una carita tierna. Los grandes ojos amielados llenos de falsas lágrimas ablandaron tanto el corazón de la severa mujer que, sintiéndose generosa, le dejó repetir la prueba. El segundo intento fue más aceptable, aunque su caja seguía teniendo un feo color y chillaba al levantarla.
Flitwick les pidió que hicieran que una piña bailara claqué. Blaise, quien ignoraba de qué les iba a servir este hechizo en el futuro, lo hizo aceptablemente, aunque su piña en realidad acabase bailando break dance de manera entusiasta. En ambas ocasiones Blaise rehusó echarle la culpa a su nueva varita.
Historia de la Magia, el último examen de todos, le fue definitivamente mal. Estaba seguro de haber equivocado todas las fechas, aunque no se dio al ánimo de comprobarlo en el libro. Salió bastante deprimido pero contento de haber terminado al fin, observando como Draco se estiraba gatunamente, aparentemente satisfecho con su trabajo. A su alrededor sus compañeros no paraban de comentar lo que habían respondido a cada pregunta del examen, haciendo que en Blaise creciera poco a poco la certeza de que había suspendido.
- Vayamos al lago – propuso sorpresivamente, haciendo que todos los Slytherins se volviesen a mirarle. Las chicas pronto sonrieron por su idea, contentas de poder relajarse por fin. Greg y Vincent no estuvieron muy de acuerdo, prefiriendo bajar a las cocinas para comer algo. Theodore, completamente exhausto por estar tanto tiempo sin pegar ojo, estaba que se caía de sueño, así que decidió retirarse para dormir el resto del día. Draco le sonrió entusiasmado.
- ¡Buena idea! Hace un gran día para estar fuera.
Así que las cinco chicas mas Draco y Blaise fueron a tumbarse cerca de la orilla del lago, estirándose perezosamente bajo los rayos del sol. Pansy se apresuró a coger sitio cerca de Draco, y Blaise se vio rodeado por todas las demás chicas, quienes empezaron de nuevo a hablar sobre los exámenes.
- ¿Podemos cambiar de tema, por favor¡Tenemos una semana de paz hasta saber los resultados! – dijo Draco molesto. Las chicas cerraron la boca de inmediato.
- ¿Qué vas a hacer estas vacaciones, Draco? – preguntó Pansy incorporándose sobre un codo para poder mirarle.
- Nada especial, supongo – contestó el rubio encogiéndose de hombros.
- Nosotros iremos a visitar a mi abuela, que ahora vive en Italia – dijo Pansy sonando disgustada.
- ¡Italia¡Qué bonito¡Y qué guapos que son los italianos! – dijo soñadoramente Míriam con clara envidia.
- Preferiría quedarme – explicó Pansy -. No me llevo demasiado bien con mi abuela y he estado tan poco tiempo en casa este año que echo de menos estar allí.
- A mí me pasa lo mismo – intervino Azura -, pero creo que iremos a recorrer Escocia por un tiempo.
- Pues yo no quiero volver a mi casa – dijo Míriam arrugando la nariz -. Me aburro mucho estando allí sola. Mis padres siempre están fuera y como no tengo hermanos...
- Podrías venirte a pasar unos días a mi casa, si quieres – ofreció Millicent -. Estará mi hermano pequeño, pero si le amenazo un poco no nos molestará mucho.
Míriam hizo un gesto de desagrado pero dijo que lo pensaría. Blaise tuvo la clara impresión de que ni siquiera consideraría la idea, pues no parecía aceptar muy bien a Millicent como parte del grupo.
- ¿Y tú, Blaise, que vas a hacer estas vacaciones? – preguntó Azura volviéndose hacia él.
- Si todo va bien, tal vez mi tío venga a visitarnos. El año pasado dijo que lo haría – contestó el moreno –. Es el hermano mayor de mi padre y mi tío favorito, así que si viene me lo pasaré muy bien.
Draco se incorporó para mirarle extrañado, tal vez porque nunca le había hablado de ese tío suyo, o puede que la sonrisa misteriosa en sus labios fuera demasiado intrigante para él.
Esa noche, cuando todos se habían metido en sus camas pensando aliviados que ya podían dormir tranquilos sin la presión de los exámenes, Draco trepó a la cama de Blaise y se tendió a su lado en silencio.
El moreno le miró extrañado, porque no hacía tanto que se habían acostado los demás y si habían visto al rubio metiéndose en su cama tendrían que dar una incómoda explicación. Pero Draco no pareció preocupado. Se quedó tumbado de espaldas mirando el techo por un buen rato antes de decidirse a hablar.
- ¿Por qué no mencionaste nunca a tu tío? – preguntó en un tono que pretendía ser indiferente.
- No sé – dijo Blaise con sinceridad -. Supongo que nunca salió en la conversación.
Hubo un rato de silencio.
- ¿Le aprecias mucho? – inquirió el rubio.
- Sí, bastante.
- Pero aún no sabes si pasará el verano con vosotros... – tanteó.
- No ha dicho nada todavía, pero prometió que lo haría – dijo Blaise con gran convicción.
- ¿Te fías de sus promesas? – preguntó Draco mirándole casi con un deje de burla.
- Nunca ha roto ninguna – dijo Blaise con seguridad -. Además, yo le prometí dejarme el pelo largo y he cumplido mi parte.
Draco se incorporó abruptamente, quedando sentado en la cama. Miró a Blaise con una expresión indescifrable.
- ¿Esa es la promesa? – preguntó, recordando el jaleo con la orden de McGonagall de cortarse el pelo y el empecinamiento de Blaise de seguir dejándolo largo - ¿La que no me querías contar?
Parecía ofendido, y Blaise se vio en la obligación de aclarar las cosas, sentándose también en la cama par estar al mismo nivel de sus ojos.
- Nunca dije que no quisiera contarte. Lo que no quería era que Vincent y Theo se enterasen. No lo entenderían.
- ¡Yo tampoco puedo decir que lo entienda! – dijo Draco con molestia.
- ¡Tampoco hay tanto que entender! A él le gusta mi pelo y me hizo prometer dejarlo largo. De ser así, se comprometía a volver este verano a pasar las vacaciones¡eso es todo! – contó el moreno exasperado.
- ¿Y para eso tanto secreto? – preguntó el rubio algo despectivo.
- ¡Ningún secreto! – puntualizó Blaise -. Aquel no era buen momento para contártelo, y después simplemente se me olvidó.
Draco le miró fastidiado por un largo momento, cosa que incomodó a Blaise.
- ¿Se puede saber por qué te enojas tanto? – terminó preguntando, hastiado de la actitud del rubio.
- No estoy enojado... – empezó a decir Draco.
- Sí, ya...
- ¡No lo estoy! – espetó el rubio. Blaise supuso que Draco había puesto un hechizo a sus cortinas para poder hablar libremente, porque su voz había sonado tan fuerte que sin duda habría despertado a sus compañeros dormidos -. Quería invitarte a mi casa por unos días – confesó Draco tras un tenso silencio -, pero creo que ya no va a poder ser.
Realmente había sonado enojado, y cuando se bajó de la cama para ir a dormir a solas a la suya, Blaise pensó que esa habría sido la razón por la que había querido invitarle a su mansión.
Aún no era capaz de dormir solo sin tener pesadillas.
Sintiéndose mal por estar siendo utilizado como un vulgar oso de peluche para dormir, Blaise se giró al lado contrario de la cama de Draco envolviéndose bien con sus sábanas. No pensaba acudir esa noche a la cama del rubio. Ya era hora de que se fuera acostumbrando a dormir sin compañía.
Al día siguiente Draco parecía haber olvidado su discusión nocturna, porque habló a Blaise como si nada hubiera ocurrido entre ellos. Blaise se sintió mal por no haber acudido a su cama. Tal vez Draco había vuelto a tener sus pesadillas y no habría habido nadie allí para despertarle. La culpabilidad le dejó un poco taciturno, lo que hizo que Azura y Verena le preguntasen varias veces si se encontraba bien. Padma también se acercó durante el desayuno, asegurando que no parecía el de siempre. Aprovechó para contarle que le había ido muy bien en los exámenes y que esperaba obtener unas notas bastante altas.
Fue en mitad del desayuno cuando les llegó el rumor. Lo trajo Parvati, quien viendo a su hermana hablar con Blaise decidió no ser menos y arrastrando a su amiga Lavender por la manga se plantaron ante la mesa de Slytherin.
- ¡No os vais a creer lo que ha pasado! – dijo en un tono tan alto que se ganó por completo la atención de mucha gente.
A continuación procedió a contarles una historia algo surrealista de Harry Potter, Ronald Weasley y Hermione Granger jugando como piezas en un ajedrez gigante para rescatar no-se-qué de una especie de sótano del colegio. Potter estaba inconsciente en la enfermería y Weasley había aparecido con unas feas heridas que Pomfrey curó con rapidez.
También habló de un perro gigante de cinco cabezas (que Blaise supiera solo existían los de una y los de tres), de una planta carnívora (¿en el colegio?) y de que Quirrell en realidad era un vampiro que Harry había podido matar haciéndole mirar su reflejo en un espejo.
Las caras de los Slytherins le hicieron saber a Parvati de que no la creían demasiado y se marchó de allí ofendida.
- Creo que esa tía delira – dijo Draco con convicción.
Padma le miró mal, aunque se sentía algo avergonzada de que su hermana contase esas patrañas.
A media tarde, el rumor había crecido hasta proporciones apocalípticas. Había quien decía que Potter se había enfrentado al mismísimo Señor Oscuro regresado de entre los muertos para poseer al profesor de Defensa y conseguir un poderoso objeto que se guardaba nada menos que en el colegio.
- La gente está muy mal – dijo Blaise cuando Hanna se lo contó - ¿Cómo se va a guardar algo poderoso en un colegio con trescientos menores de edad rondando por todos lados¡Y todos sabemos que Potter acabó con quien-tú-ya-sabes cuando tenía un año! Suena como algo que se inventaría una fan loca para matar el tiempo y enseñar a sus amigas, tan locas y fanáticas como ella.
Por supuesto, todo el mundo le dio la razón, porque era algo inverosímil, pero esa misma noche Dumbledore anunció que el profesor Quirrell había muerto en extrañas circunstancias. Eso hizo preguntarse a todos qué había de verdad en los rumores que corrían por el colegio. Cuando Granger y Weasley salieron de la enfermería, donde Pomfrey les había retenido para tenerlos bajo observación, se vieron asaltados por estudiantes de todas las casas ansiosos de saber qué había ocurrido realmente. Los malditos no dijeron ni una palabra, dejando a todo el colegio en ascuas.
A la mañana siguiente, tras la derrota de Gryffindor ante Ravenclaw en quidditch porque Potter no había despertado a tiempo para el partido, lo más destacable fue que los gemelos Weasley provocaron una inundación al tratar de arrancar un inodoro del cuarto de baño de chicos del tercer piso, según ellos, "para regalárselo al valeroso Harry Potter". Eso provocó un nuevo castigo para los Weasley y una bajada de puntos para Gryffindor que los dejó en el último puesto para la copa de las casas.
Slytherin, que ya iba a la cabeza de todas maneras, se regocijó con la noticia de la caída en desgracia de los favoritos de la escuela y se metieron con cada pobre leoncito que tenía la mala fortuna de cruzarse con ellos en algún pasillo. ¿Qué queréis, Slytherin no se caracteriza precisamente por ser una casa bondadosa, sino todo lo contrario, y a los Slys siempre les ha tentado eso de ser malos, les divierte demasiado.
La noticia del despertar de Potter llegó hasta Blaise casi al mismo tiempo que una carta de su madre aquella mañana. Amina Zabini, bruja conocida y destacada por su belleza, que Blaise había podido heredar en parte, anunciaba con orgullo a su hijo que su tío Flavio pasaría parte del verano con ellos.
Flavio tenía cerca de 38 años y nunca había formado su propia familia. A pesar de que no se llevaba muy bien con Malcom, su hermano menor, Amina y él tenían una buena relación, y Blaise pensaba que tal vez su tío en algún momento había podido estar enamorado de su madre. Trataba a Blaise con mucho cariño, y el chico se sentía muy especial cuando estaba con él. Para Flavio tanto Amina como Blaise eran más parte de su familia que el mismo Malcom y le encantaba visitarles por largas temporadas.
El humor de Blaise mejoró considerablemente, a pesar de que Draco ahora parecía no necesitarle y le trataba con un poquito más de distanciamiento que antes. Blaise se sentía aliviado al ver que el rubio no tenía ojeras bajo los ojos, lo que quería decir que descansaba apropiadamente a pesar de su ausencia. Supo que le iba a echar de menos esas vacaciones. Había llegado a cogerle aprecio, a pesar de todo, y podría decirse que era lo más cercano a un amigo que tenía, aunque por los continuos berrinches del rubio no sabía si podía darle esa denominación a su relación.
Cuando entraron en el Gran comedor esa noche para la fiesta de fin de curso, los alumnos de primer año de Slytherin no pudieron reprimir la oleada de orgullo que les recorrió. Los colores verde y plata dominaban la decoración, y un gran estandarte con la bandera de su casa se extendía tras la mesa de los profesores. Sonriendo encantados, se sentaron a su mesa sintiéndose más Slys que nunca. Las otras casas les miraban mal, nunca habían sido muy queridos en el colegio y su victoria de la copa de las casas por siete años seguidos les sentaba como una patada en el estómago. A los Slys les daba exactamente lo mismo. Habían trabajado duro por esa copa y volvería a ser suya ese año.
Blaise se sentía exultante. Sentía que era parte de la casa, junto con todos sus compañeros. Que su esfuerzo conjunto había logrado su premio, a pesar de haber perdido la copa de quidditch. Todos en su mesa estaban contentos, y hasta Draco sonreía encantado con la decoración y la victoria.
Ni siquiera la entrada de Potter, con toda la atención que atrajo, pudo hacer que dejasen de perder la sonrisa. Esa noche Potter no contaba, porque era la noche de Slytherin.
Dumbledore se puso en pie ceremoniosamente y se hizo el silencio en el recinto para dejar al vejete dar su discurso de fin de año. Fue breve, como todo el mundo esperaba, y pasó directamente al grano.
- Bien, tengo entendido que hay que entregar la copa de la casa – dijo ceremoniosamente - y los puntos ganados son: en cuarto lugar, Gryffindor, con trescientos doce puntos; en tercer lugar, Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos; Ravenclaw tiene cuatrocientos veintiséis, y Slytherin, cuatrocientos setenta y dos.
Una tormenta de vivas y aplausos estalló en la mesa de Slytherin. No fueron secundados por nadie más, pero ellos solos se bastaban para celebrar ruidosamente, golpeando la mesa con sus copas y el suelo con los pies. Sonrisas amplias y jubilosas se extendían por toda la mesa.
- Sí, sí, bien hecho, Slytherin - dijo Dumbledore con tranquilidad -. Sin embargo, los acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta.
Todos se quedaron inmóviles. Las sonrisas de los Slytherin se apagaron un poco. Draco se giró para mirar a Blaise con una mirada igual de incrédula que la que el moreno le enviaba.
- Así que - dijo Dumbledore - tengo algunos puntos de última hora para agregar. - Nadie en la mesa de los Slys se atrevía a replicar. ¿Qué era aquello¿Puntos de última hora¿En ese preciso momento? - Dejadme ver – continuó el director -. Sí... Primero, para el señor Ronald Weasley...
El Weasley enrojeció de repente por su mención. Draco y Blaise le miraron expectantes.
- ... por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en muchos años, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.
Blaise se puso pálido. ¿Qué tenía que ver el ajedrez con nada? Aunque recordaba que Parvati había dicho algo sobre piezas de ajedrez gigantes, no podía terminar de entender a qué venían esos puntos ahora cuando aquello había ocurrido casi una semana atrás.
Por supuesto, la celebración de los leoncitos fue ruidosa y se alzó la voz del prefecto pelirrojo de Gryffindor por encima de las demás para decir alegremente: "Es mi hermano¿sabéis¡Mi hermano menor¡Consiguió pasar en el juego de ajedrez gigante de McGonagall!"
Blaise alzó una ceja completamente confundido.
Cuando los malditos leones comprendieron que Dumbledore no había terminado aún, se hizo de nuevo el silencio.
- Segundo... a la señorita Hermione Granger... por el uso de la fría lógica al enfrentarse con el fuego, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.
Los leones volvieron a vitorear y gritar como energúmenos. Los Slytherin no eran capaces de mover ni una pestaña, temiendo lo que podía llegar a ocurrir con esa tonta dotación de puntos que a Dumbledore debía de habérsele ocurrido en el último momento.
- Tercero... al señor Harry Potter... - continuó Dumbledore. La sala estaba mortalmente silenciosa -... por todo su temple y sobresaliente valor, premio a la casa Gryffindor con sesenta puntos.
- ¡Nos han empatado! – gritó Nick Stark furioso. La indignación de todos sus compañeros le acompañaba. Blaise miró a Snape, que estaba lívido en su sitio en la Mesa Alta, y después a Draco, que aún tenía cara de no creerse todo lo que estaba ocurriendo.
- Al menos no nos han ganado – dijo Theo a modo de consuelo. Pero Dumbledore volvió a pedir silencio.
- Hay muchos tipos de valentía - dijo luciendo una sonrisa que a Blaise se le antojó de lo más hipócrita -. Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos. Por lo tanto, premio con diez puntos al señor Neville Longbottom.
Los Slytherins se quedaron boquiabiertos.
- ¡Nos superan! – chilló Diana Farrow. Draco tenía una expresión horrorizada en el rostro que compartía más de la mitad de la casa. El resto estaba tan atónita y pálida como Blaise.
- Lo que significa —gritó Dumbledore sobre la salva de aplausos, porque Ravenclaw y Hufflepuff estaban celebrando la derrota de Slytherin -, que hay que hacer un cambio en la decoración.
Dio una palmada. En un instante, los adornos verdes se volvieron escarlata; los de plata, dorados, y la gran serpiente se desvaneció para dar paso al león de Gryffindor. Snape estrechaba la mano de la profesora McGonagall, con una horrible sonrisa forzada en su cara. No era para menos. Slytherin acababa de ser humillada públicamente sin ninguna necesidad. Esos puntos Dumbledore podía haberlos otorgado perfectamente mucho antes, incluso esa misma mañana si no tenía otra opción, pero el maldito viejo había tenido que esperar a que todos estuvieran en el Gran Comedor para presenciar su derrota, para poder desterrar los colores de Slytherin de una manera que hizo que los miembros de esa casa (que no podían marcharse de allí como hubieran querido bajo la mirada severa de Snape) dejasen esa noche intactos todos y cada uno de los platos de comida de su mesa. Ninguno se sentía con ánimos suficientes para compartir esos manjares. No cuando habían recibido la mayor muestra de desprecio por parte del mismísimo director del colegio.
Snape tuvo que comparecer esa noche en la sala común de las serpientes, donde el ambiente era lúgubre y lleno de rabia contenida a duras penas.
- ¡Señor, no podemos permitir esto! – gritaba Lionel Kaplan, el prefecto de sexto curso, a pesar de que no solía tomar los deberes de su puesto demasiado en serio - ¡La copa ya había sido concedida a Slytherin¡Ha sido un acto deliberado de humillación!
Por supuesto, el resto de la casa le apoyaba ruidosamente. Blaise pensaba secretamente que sólo les faltaban unas cuantas hoces y unas antorchas encendidas para parecer un grupo de linchamiento, claro que tanto él como sus compañeros de curso participaban de la exaltación general.
- Ya he presentado una queja al director – dijo Snape calmadamente, con los brazos cruzados sobre el pecho -, pero no ha servido de nada. Gryffindor ganó esos puntos y se queda la copa de las casas – se le notaba la acidez a leguas, y tal vez por eso los Slys dejaron de protestar ruidosamente. Tenían muy en cuenta que el maestro de pociones era uno de ellos, el único que les defendía y sostenía en toda la escuela, y que la humillación también había sido para él, como representante de su casa. Incluso podía haber sido más dura, porque los otros profesores ahora le miraban con un poco de burla. Lo único bueno de todo aquello era que al día siguiente saldrían de Hogwarts y se ahorrarían más insultos de los necesarios.
Aún así los ánimos no se calmaron, y Snape tuvo que estar escuchando sus quejas casi hasta las cuatro de la mañana, pues ningún Sly tenía intenciones de dejar su sala común para ir a acostarse. Únicamente accedieron cuando Snape dejó claro que los quería en sus habitaciones en menos de cinco minutos, orden que cumplieron a regañadientes.
Aún así, Blaise y los demás no pudieron dormir y se pasaron la noche sentados en la cama de Goyle comiéndose los restos de sus chucherías y tratando de animarse un poco tras el fiasco de la cena de fin de curso.
Los resultados de sus exámenes los recibieron esa misma mañana. Tanto Draco como Blaise obtuvieron muy buenas notas, logrando aprobarlo todo, hasta el temido examen de Historia de la Magia, con calificaciones más que decentes. Theodore y Vincent tampoco habían quedado mal, aunque no había nada destacable en sus calificaciones. El pobre de Greg aprobó muchas de las materias por los pelos, pero al menos lograba pasar de curso.
En silencio, terminaron de alistar sus baúles, muertos de sueño y hambrientos, sin saber si estaban listos para afrontar el desayuno. Por ello decidieron bajar antes de lo usual, encontrándose a más de la mitad de su casa sentada a la mesa tras haber tenido la misma idea. Pudieron despedirse unos de otros tranquilamente, pues sería un lío hacerlo en el tren, buscando de compartimento en compartimento. Nick se acercó a Blaise y le revolvió el pelo en plan juguetón, a lo que el moreno le fulminó con la mirada.
- Ale, que te críes – le dio el prefecto con una sonrisa burlona. Saludó con un gesto a Draco y los demás y se perdió por el pasillo.
- Menudo idiota – masculló Draco con enojo. Blaise decidió no replicar, más ocupado en intentar volver a peinarse.
Cuando ya se levantaban de la mesa para volver a su cuarto y asegurarse de que su equipaje estaba completo, Lionel Kaplan les obstaculizó el camino de salida.
- ¿Qué es esto¿Acaso estamos huyendo?
El tono en el que lo dijo hizo que los chicos se mirasen los pies contrariados.
- Venga, de vuelta a la mesa. No quiero ver a nadie salir de aquí. Vamos a demostrar que Slytherin no se siente humillada por la maldita injusticia que se cometió anoche. ¡Tenemos nuestro orgullo, carajo¡Vamos a aguantarles la mirada a esa panda de presuntuosos que se creen mejores que nosotros¡No nos vamos a arrugar ante ellos¡Somos Slytherins!
- ¡Cierra la boca, Kaplan! – saltó Draco con evidente enfado. El prefecto cerró la boca de inmediato y miró al rubio con incredulidad. El resto de Slytherins, que habían escuchado el discursito con cansancio y escepticismo, centraron su mirada en ese crío bajito y delicado con expectación.
- Nuestro orgullo Slytherin no se ha levantado de la cama esta mañana, por si no te has dado cuenta – siguió Draco casi mordiendo las palabras -. Lo único que va a ocurrir si nos quedamos en este comedor es que los demás se burlarán de nosotros sin piedad. Dumbledore no le dará ninguna importancia a que nuestra mesa esté llena, pero apuesto a que se dará cuenta si no hay ni un alma en ella a modo de protesta por su actuación de anoche. Por mi parte, no pienso quedarme a verle la cara a San Potter y su tropa de arrastrados. Estoy seguro de que no podría contenerme de escupirles.
Apartando a Kaplan bruscamente, Draco salió del comedor con aire digno sin esperar a sus compañeros. Blaise se descubrió sonriendo orgullosamente por la actuación del rubio. Sin embargo, el único gesto de apoyo que tuvo a las palabras de su compañero fue mirar desdeñosamente al prefecto y pasar por su lado para seguir a Draco. Cuando llegó a su lado no le dijo nada, solo caminó en silencio, esperando a que el malhumor se disipase del ambiente. No tenía intención de criticar o alabar sus palabras. Draco ni siquiera parecía consciente de lo que acababa de hacer, desafiando a un prefecto de sexto curso, que tenía la admiración de la mayoría del alumnado. Tampoco se había percatado de que sus observaciones hicieron que un montón de Slytherins se levantasen de la mesa para seguir su ejemplo y dejar vacío el Gran Comedor.
Theodore se les unió unos pasillos más adelante, con signos evidentes de haber corrido todo el camino hasta allí.
- ¡Espectacular, Draco! – dijo entusiasmado - ¡Salieron todos el Gran Comedor¡No se quedó nadie¡Ha sido increíble¡Ha sido...!
- Corta ya¿quieres? – dijo Blaise bruscamente, haciendo que el otro le mirase ofendido. Theodore parecía no darse cuenta de que Draco no estaba de humor para alabanzas. Blaise sabía muy bien lo que pasaba por su cabeza. Había huido del Gran Comedor para no enfrentar a Harry Potter. No soportaría ver su sonrisa burlona y su actitud de superioridad. No soportaba ser derrotado por él, y esto a todas luces había sido una derrota, no solo de Draco sino de toda Slytherin, porque había sido por Harry Potter que la casa de la serpiente había perdido la copa.
Theodore, al parecer enojado porque Draco no había salido en su defensa, dio media vuelta y se fue por donde había venido. El rubio solo dio un suspiro y miró a Blaise de soslayo.
- Sé como te sientes – dijo Blaise devolviéndole la mirada -. Yo me siento igual.
Eso pareció reconfortar a Draco.
Pansy lloró sobre el rubio a la hora de la despedida. Millicent, Azura, Verena y Míriam lo hicieron sobre Blaise. Y no por turnos. Cuando pudo librarse de ellas comprobó que su capa estaba arrugada y mojada y presentaba en general un aspecto lamentable. Aprovechando las últimas horas que podrían utilizar la magia hasta volver al colegio, Draco logró arreglarle lo suficiente para no dar mucha pena y se trasladaron con todos sus bártulos a uno de los compartimentos del último vagón, esperando poder pasar desapercibidos.
No lo lograron. Hanna Abbot tuvo el arrojo suficiente para buscar a Blaise ella sola y, desafiando la mirada helada de Malfoy, logró hacerle prometer que la escribiría con frecuencia. Padma llegó un rato después, con su hermana Parvati parloteando nerviosamente tras ella. Padma se despidió calurosamente de Blaise con un abrazo que el chico correspondió un poco incómodo. Le dio una sonrisa a los demás y prácticamente salió corriendo para librarse de su hermana. Parvati, sin darse cuenta de la sutil maniobra de despiste de su gemela, se sentó con los chicos y estuvo hablando con ellos (más bien fue un monólogo) por casi una hora. Cuando su amiga Lavender llegó para buscarla, preocupada porque tardaba en regresar, se ganó la simpatía general de los cuatro chicos (Draco hacía tres cuartos de hora que había dicho que iba al servicio). Parvati se despidió de Blaise plantándole un ruidoso beso en la mejilla y pasó olímpicamente de los demás, como si no estuvieran allí. Lavender se marchó con un tímido "hasta septiembre" cerrando la puerta tras ella. Draco volvió dos minutos después.
- Cobarde – dijo Blaise con una sonrisa.
- Me sentó mal el desayuno – explicó el rubio con altivez, lo que demostró ser una inmensa mentira cuando se metió en la boca cuatro ranas de chocolate casi simultáneamente.
Como al parecer había dejado sin existencias a la señora del carrito de los dulces, Blaise le atosigó durante todo el viaje para conseguir una porción de su tesoro. Draco, harto de él, le metió en la boca la rana que se estaba comiendo, totalmente babeada y mordida, con el chocolate medio derretido sobre sus dedos. Blaise forcejeó con él, riendo, y terminaron cayendo estrepitosamente del sillón y rodando por el suelo entre risas y patadas. Blaise terminó con el chocolate refregado por toda la cara y Draco con las manos pringosas, la rana caída debajo de algún sillón, pero después de eso el rubio accedió a compartir sus golosinas con él.
Theodore, que había empezado el viaje enfurruñado, poco a poco se fue relajando y entrando en la conversación. Después de ver la tonta pelea entre Draco y Blaise se quedó pensativo y prefirió mirar por la ventanilla la mayor parte del tiempo, casi ajeno a la conversación.
Después de unas cuantas despedidas más, unas pocas idas al baño y unos cuantos hechizos que no podrían volver a probar hasta septiembre, el tren por fin llegó a la estación. Los chicos bajaron su equipaje y salieron del andén a indicación de un mago en grupos de dos y tres para no llamar la atención. Ya al otro lado miraron por la estación tratando de reconocer entre el gentío a sus padres.
Los padres de Nott fueron los primeros en ser localizados, y el chico se despidió de sus compañeros con cierta carita de pena, arrastrando su baúl hacia ellos. El siguiente fue el señor Malfoy, quien charlaba con el padre de Crabbe tensamente, aparentemente molesto por ver a lo lejos a los Weasley, ya que señalaba hacia ellos con desagrado. Draco se volvió hacia Blaise antes de acercarse a sus padres, pero antes de que pudiera abrir la boca el nombre del moreno resonó por la estación.
- ¡Blaise!
Era su madre, una hermosa mujer de largo pelo negro, lacio, medianamente recogido, con los ojos amielados de su hijo y un porte distinguido. Venía acompañada por un hombre alto, ancho de espaldas y con los ojos y el pelo negros.
- ¡Tío! – chilló el chico con entusiasmo, lanzándose a sus brazos. El hombre le estrechó con cariño y le acarició el pelo con mucha suavidad.
- Te dije que vendría si te dejabas el pelo largo – le recordó acariciando los mechones negros con embeleso. Blaise le sonrió ampliamente y se separó de él para saludar a su madre.
- ¿Mi padre no ha venido? – preguntó con curiosidad.
- Está hablando con Lucius Malfoy – dijo su madre, señalando al padre de Draco que parecía estar muy interesado en lo que Zabini tenía que decirle. Lucius miró durante un segundo a su tío y después a Blaise. Luego se acercó junto a su padre para que ambos saludaran a sus hijos, ya que Draco se había quedado parado al lado de Blaise y observando atentamente a su tío.
Después de un intercambio cortés de saludos, la presentación oficial de los chicos, ya que ni Lucius Malfoy ni Malcom Zabini conocían al hijo del otro, Lucius se volvió hacia el tío de Blaise, Flavio Zabini.
- ¿Y qué es lo que le trae por aquí?
- Visitar a la familia, ya sabe – Flavio sonrió acariciando el pelo de Blaise -. No puedo estar mucho tiempo sin ellos.
Lucius dio un corto asentimiento educado, pero sus ojos estaban bastante fríos. Blaise pudo ver que intercambió una extraña mirada con su padre, pero Flavio no se dio cuenta porque se había vuelto hacia Draco, quien no paraba de mirarle.
- Y tú eres compañero de Blaise en el colegio¿verdad¿Qué tal se porta mi sobrino¡Espero que no haga muchas trastadas! – dijo riendo un poco y achuchando a Blaise por la espalda a modo de cariño, poniendo una ancha mano sobre el estrecho pecho del moreno para acercarle a él.
- Nos dedicamos a estudiar, señor – dijo Draco fríamente, sin asomo de sonrisa, ni siquiera el intento de una expresión cordial -. No a "hacer trastadas", como supondrá. Así que puede estar tranquilo.
Tanto Blaise como el Señor Malfoy miraron extrañados a Draco. Era bastante evidente que Flavio le había caído antipático al primer vistazo. Blaise no entendía el por qué. Su tío solía caer bastante bien a todo el mundo. Incluso Vincent y Greg parecían bastante cómodos con él.
El señor Crabbe se acercó entonces al grupo acompañado por el señor Goyle, a quien había encontrado unos minutos atrás. Deteniéndose lo imprescindible para saludar, se llevaron a sus hijos con algo de prisa prometiendo a Lucius Malfoy que se verían la semana siguiente. Draco se despidió de sus compañeros con un poco de indiferencia. Después de todo a ellos los veía bastante seguido.
- Draco, despídete, es hora de irnos – dijo Lucius antes de volverse para besar la mano de Amina Zabini. Estrechó la mano de Flavio un poco envaradamente -. Un placer – dijo simplemente. Se volvió hacia Malcom y le dijo algo en privado que los demás no pudieron entender, pero se estrecharon las manos con calor, Malcom con una sonrisa un poco extraña.
Blaise miró a Draco y se sintió de pronto muy solo. Iba a extrañar a ese chiquillo caprichoso, lo sabía.
- Puedes venir a mi casa de vez en cuando – ofreció, tendiéndole la mano tal y como habían hecho sus mayores. Draco la cogió con algo de reticencia, apretándola después con firmeza.
- Lo mismo te digo, Blaise – dijo casi en un susurro. Luego le miró a los ojos e, inesperadamente sonrió. Blaise no pudo evitar devolverle la sonrisa, y antes de que supiera lo que sucedía, estaba abrazando a Draco. No como aquel abrazo que le dio cuando volvió asustado del Bosque Prohibido. Esta vez era uno de verdad, que era devuelto por el rubio sin vergüenza alguna, dando estas torpes palmaditas en la espalda que pretenden ser muy viriles. Se separaron con lentitud y pronto se estaban perdiendo de vista, cada uno por su lado, tragados por el gentío que cruzaba con prisas de lado a lado de la estación.
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Las varitas: Me he guiado por el calendario celta descrito en . Según este calendario, y guiándome tanto por las fechas que pienso poner para sus cumpleaños (tengo mis razones para no hacer a Draco escorpio de nuevo) como por lo que cuadraba esta explicación con ellos, llegué a la conclusión de que su varita tenía que ser de álamo. Os dejo con la explicación que he recogido en la página mencionada anteriormente.
ÁLAMO - Del 4 de febrero al 8 de febrero; Del 1 de mayo al 14 de mayo y del 5 de agosto al 8 al 13 de agosto -La Incertidumbre - Es una persona con un alto sentido de la estética, no muy segura de sí misma, valiente sólo si es necesario, necesita rodearse de un ambiente agradable, es muy selectiva, a veces solitaria, muy entusiasta, de naturaleza artística, buena organizadora, intenta aprender a través de la filosofía, confiable en cualquier situación, asume las relaciones muy seriamente.
Esto implica que los chicos cumplirán años entre el 5 y el 13 de agosto, por eso no ha habido hasta ahora ningúna mención del cumpleaños de ninguno de los dos. De los demás no nos interesa demasiado, verdad? Lo único que me molesta es que serán Leo, como Harry, pero qué le vamos a hacer! Además, la explicación, a mi modo de ver, cuadraba tan bien con ellos que no me pude resistir, sobre todo a Draco le viene como anillo al dedo!
Nada más por hoy. Espero que no os haya disgustado mucho este capítulo o que os haya resultado muy aburrido (14 páginas). No sé como saldrá ahora el formato, de todas maneras para leerlo en formato "correcto" y con la ortografía ligeramente corregida (vamos, pasado el word y basta), dirigirse a mi live journal.
Gracias por la atención. Besitos mil!