|
Author of 65 Stories |
Dedicatoria: este fic es de Sahel ^x^!
Pareja principal: SagaxKanon, MiloxCamus
Parejas secundarias: RadamanthysxKanon, RadamanthysxSaga, AiorosxSaga, RadamanthysxSagaxKanon.
Tipo: Romance, Drama, Angustia
Clasificación: NC-17
Advertencias: YAOI, universo alterno, twincest, non-con, lemon (mucho .~.), trío. Y Aioros villano- sorry por eso! XD
Disclaimer: Saint Seiya y sus personajes no son míos. (o Saga sería uke del universo)
Comentarios adicionales: Esta historia empezó con una idea que Sahel me regaló (la floja no quería escribir ¬w¬) Y pues me dieron muchas ganas de desarrollarla y aquí está, mucho más larga y enloquecida de lo que en un principio supuse que sería T-TU El horrible título fue robado de una canción de Matchbox twenty, los nombres de los capítulos son de partes de diversas canciones.
Resumen: En este universo alterno, Saga es un abogado viudo que vive aferrado al recuerdo de su esposa, quien murió cuando su hijo Milo tenía aproximadamente seis años. Desde entonces Kanon vive con ellos y es su apoyo constante, guardando siempre el secreto de lo que Saga verdaderamente significa para él. Diez años pasan así, y es en este punto donde la historia comienza.
*Loss, Strain & Butterflies*
(editado en el 2009)
:-:-:-:-:-:
Capítulo 1. Looking for a soul to cling to
:-:-:-:-:-:
—Te digo que no le molestará.
—También me acabas de decir que no tiene muy buen carácter.
—En el caso que ande de malas, mi tío nos ayudará a suavizarlo, él siempre me echa la mano cuando mi papá se pone en plan de amargado.
—No quiero ser un bulto en tu casa, Milo. Aprecio tu ayuda, pero puedo conseguir un departamento y evitarte problemas con tu padre…
—Tonterías. Te ahorras lo de la renta y me ayudas en las tareas, y así todo mundo sale ganando. Además, seguro que le caes bien, cuando vea lo serio y buen niño que eres. — Milo calló al sentir un codazo de su nuevo mejor amigo, quien fingía enfado ante el concepto que el otro expresaba de él.
El joven francés acababa de llegar a Japón como estudiante de intercambio, y por azares del destino compartía un par de clases con Milo en la escuela. Este último no pudo disimular el interés que tan atractivo e interesante personaje como lo era Camus le despertó, e inmediatamente se preocupó por entablar conversación con él, y no dejaba de buscar su compañía a cada segundo en que tenía un pequeño receso, provocando que el otro al principio de sintiera acosado por el chico de expresivos ojos turquesa, y considerara seriamente la posibilidad de regresar a su país natal.
Pero mientras más convivía con Milo, Camus rápidamente descubrió que aquel, aunque un poco demasiado extrovertido para lo que eran sus estándares, resultaba una agradable compañía y era de los pocos que podían arrancarle sonrisas en contra de su voluntad. Así que por más esfuerzo que le costara admitirlo, se sintió emocionado cuando Milo le ofreció hospedarlo en su casa, y aunque apenas lo conocía de días, salir de la inmunda pensión donde alquilaba un microscópico cuarto era un alivio para él.
Durante el camino de la escuela a la casa de Milo, éste le contó varias cosas reveladoras sobre su vida, tal vez con la intención de que no fuera a ser un imprudente al preguntar o decir algo inadecuado enfrente de su padre. Y es que al parecer el mencionado se ponía muy sensible cuando alguien tocaba el tema de su difunta esposa.
Milo le había contado que su madre había muerto hacía ya casi diez años, y que su aniversario luctuoso se acercaba, por lo que su padre probablemente andaría más extraño que de costumbre, pero que simplemente lo ignorara. Después de esa advertencia, le contó cómo a partir de aquel entonces, su tío había dejado su naciente carrera de fotógrafo a un lado para regresar a Japón y apoyarlos después de la terrible tragedia. Su nombre era Kanon y vivía con ellos desde tales fechas, formando los tres una familia bastante peculiar.
Por como su amigo hablaba, era notable que Milo le tenía gran aprecio a su tío. Camus no se equivocaba en sus suposiciones, pues para el joven de apiñonada piel Kanon era tanto su padre como Saga, y los quería en igual medida a ambos, además de que el primero había sido presencia equilibradora entre las dos fuertes y opuestas personalidades de padre e hijo.
Ahora Milo era incapaz de imaginarse la vida sin que su tío les hiciera compañía. Y tenía bien consciente y agradecido el hecho de que Kanon dejara sus metas personales de lado por dedicarse a ellos, y así llenar en cierta medida el espacio vacío que su madre había dejado al morir; evento que dejó a Milo y Saga sintiéndose completamente perdidos, hasta que Kanon llegó y les recordó que por más difícil que fuera, tenían que seguir adelante. Él los ayudo a hacer tal cosa, poniendo algo de orden en sus repentinamente derrumbadas vidas, para juntos los tres, volverlas a edificar con lentitud y cuidado.
—Ya llegamos— anunció Milo, cuando pisaban la entrada de la casa y abría la puerta para que ambos pasaran.
Camus conjeturó que el padre de Milo debía contar con notorios ingresos, pues vivían en un buen barrio y la casa se veía bien cuidada. Al entrar a la vivienda, lo primero que le llamó la atención fue la gran cantidad de cuadros que colgaban de las paredes, luciendo fotografías cuya calidad era innegable, al menos para la poca experiencia que Camus tenía en esas cosas.
Algunas eran en blanco y negro, otras a color, pero todas en comparable belleza mostraban ya fuera lugares, paisajes o gente de diversas partes del mundo. Camus pudo identificar en una de ellas, la panorámica de la catedral de Nôtre Dame, que él había visitado varias veces en el pasado. La conclusión de que el tío de Milo había tomado esas fotografías llegó rápidamente a su cabeza, y con ello también el pensamiento de que era una lástima tal desperdicio de talento, si tal como Milo decía, Kanon había abandonado su carrera desde hacía tanto tiempo.
—Ven, por aquí es mi habitación. — Milo guió a Camus a través del comedor para tomar las escaleras que los llevaron al segundo piso, donde se encontraron un pasillo a lo largo del cual se acomodaban cuatro puertas. Milo comenzó a señalar cada una.
—Al fondo está el baño. La que está ahí al lado es el cuarto de Kanon, aunque antes era la oficina de mi papá pero esa se mudó a la bodega de abajo cuando mi tío llegó. La de enfrente a ésa es del cuarto de mi papá, y esta de aquí es mi habitación. Te quedarás conmigo, tengo literas así que no habrá problema para acomodarnos— explicaba Milo al abrir la puerta a un cuarto demasiado colorido y desordenado para el gusto de Camus, quien hizo un imperceptible gesto de desagrado ante el estado de dicha habitación.
— ¿Literas? ¿Tienes algún hermano?
—No, es que antes mis tíos y mi primo venían a visitarnos seguido, pero hace mucho que no los vemos… perdimos el contacto con ellos desde que mamá murió…. era muy divertido cuando venían para Navidad…— Milo sonrió débilmente al perder la vista por unos instantes en un punto lejano del suelo, mientras recordaba viejos tiempos — En fin, pasa, te toca la de arriba. Deja tu maleta en el suelo, más tarde te desocuparé algunos cajones para que guardes tus cosas. Pero ahora acompáñame abajo, te presentaré a mi papá.
Camus tragó saliva con dificultad al seguir a Milo por la escaleras, sintiéndose sumamente nervioso por la incertidumbre de cómo reaccionaría el padre de su amigo al enterarse sobre su nuevo inquilino.
Al llegar a la planta baja, cruzaron el comedor para dar vuelta hacia sala. En tal pieza se apreciaba una puerta tallada de fina madera, la cual Milo abrió sin pedir permiso.
En unas semanas se cumplirán diez años.
Era lo único en que Saga podía pensar al estudiar el portarretratos donde una foto de su esposa descansaba. Lo guardaba en un cajón del escritorio, pero constantemente lo extraía para contemplar la belleza de la mujer con la que alguna vez soñó compartir su vida entera.
La imagen de la mujer le sonreía, ocasionando que su corazón pareciera arrugarse al recordarla. La foto era de cuando ambos apenas eran novios, y había sido tomada por su hermano, quien en aquellos tiempos agarraba a cualquier paseante para practicar su afición a la fotografía. En esa ocasión ella había estado de visita en la casa y Kanon la tomó de modelo para ese retrato que terminó, por supuesto, en propiedad de Saga.
Tenía muchas otras de ella, y las contemplaba como diaria costumbre. Era difícil elegir su favorita, pero esta en particular le gustaba mucho, pues era apreciable la jovial energía que la chica emanaba. Saga nunca había conocido ni amado a nadie como ella, y estaba seguro que jamás volvería a hacerlo. Y no es que quisiera, pues nada podría reemplazar el recuerdo de Himiko.
Sin ningún previo aviso, la puerta de su oficina se abrió, y para su poca sorpresa, quien entraba corriendo como bestia desbocada era su hijo Milo. Saga regresó rápidamente la fotografía al cajón y lo cerró de golpe, justo antes de que el mencionado muchacho llegara y saltara para sentarse sobre el escritorio.
—Milo, ¿qué sucede? Sabes que no me gusta que entres así.
—Perdón, es que quiero presentarte a alguien.
De pronto toda la atención fue dirigida hacia el chico que permanecía de pie inmóvil junto a la puerta. Saga inquirió a Milo sobre su nuevo amigo, y tuvo que fingir calma mientras su impetuoso hijo le explicaba la razón de la presencia del muchacho de ojos azules en su casa. Y le dejaba en claro que esta presencia se alargaría por tiempo indefinido.
Saga suspiró cansadamente. Había sido un largo día y no necesitaba que Milo le saliera con esto. Además, ¿desde cuándo su hijo era un alma tan caritativa? Pero al final de cuentas, después de casi una hora de trabajo de convencimiento por parte de Milo y de interrogación a Camus por parte de Saga, quien le pidió ver su boleta de notas escolares e inquirió sobre su familia, el hombre aceptó, pues el muchacho parecía decente y educado y podría resultar ser buena influencia para su irresponsable hijo.
Ambos chicos salieron sonrientes de la oficina de Saga, tan sólo para que Camus quedara congelado en sus pasos al llegar al comedor y ver entrar a… ¿Saga?
Milo notó su perplejidad y se apresuró a explicar.
—Creo que debí mencionar que eran gemelos.
Camus intentó sonreír al hombre que se acercaba para saludarlo con un afable apretón de manos, mientras le pasaba a Milo unas cuantas bolsas de supermercado para que le ayudara a acomodar las compras en la cocina.
Milo los presentó explicando la razón de su estadía, a lo que Kanon mostró entusiasmo, relajando un poco al aprehensivo extranjero, quien se acomidió a ayudarlos mientras guardaban los productos que Kanon había comprado.
Aprovechando todos los víveres con los que recién se surtía la cocina de la particular familia, Kanon les preparó a los muchachos unos sencillos sándwiches como merienda, para acompañarlos mientras comían y le contaban del insufrible día que habían tenido en la escuela, o al menos así lo describía Milo.
Irremediablemente también involucraron a Camus en la conversación, quien se vio comprometido a contarles algunos detalles sobre su vida en Francia, haciendo evidente para Kanon en todo momento, lo poco que gustaba el chico de hablar, pues más bien era reservado y se incomodaba notoriamente cuando toda la atención se dirigía hacia él. Pero le pareció un joven agradable, y por lo que veía Milo y él habían entablado una divertida relación, en la que su sobrino visiblemente disfrutaba de fastidiar al aparentemente impasible francés.
Enfrascados en la conversación, las horas pasaron rápidamente y fue sólo hasta que Kanon alcanzó a dar un vistazo al reloj que colgaba sobre el refrigerador, que se dio cuenta de que ya había anochecido.
—Deberían irse a dormir— propuso el mayor al ponerse de pie.
— ¡Pero si apenas son las diez!
—Tiene razón, Milo, mañana tenemos clase temprano. — Milo resopló ante el nuevo recordatorio ambulante que evidentemente Camus resultaría ser, mientras Kanon trataba de ocultar su sonrisa ante la graciosa interacción que los dos chicos mostraban.
Finalmente, ambos muchachos se levantaron de la mesa para retirarse a la habitación. Kanon todavía pudo oír mientras el par subía las escaleras, como Camus regañaba a Milo por una tarea que, al parecer, su sobrino apenas recordaba que tenía pendiente.
Poniéndose de pie, Kanon tomó el plato que yacía en medio de la mesa y guardó lo que sobró en el refrigerador, antes de ir en busca de su hermano que seguramente estaría en su despacho. Y probando como correctas sus suposiciones, al entrar empujando la puerta silenciosamente, Kanon se encontró con que Saga dormía recargándose sobre su escritorio.
El menor de los gemelos se acercó hasta quedar al lado de donde el otro descansaba, y no pudo pasar por alto el hecho de que uno de los cajones del escritorio se encontraba entreabierto. Kanon no tenía que asomarse a él para saber que ahí dentro Saga guardaba una foto de Himiko, pues ya hacía muchos años que se había topado con ella, durante una ocasión en que ordenaba el escritorio de su hermano.
Era más que claro que Saga nunca la olvidaría. Y él tendría que seguir guardando silencio. Aunque honestamente no estaba seguro de cuánto tiempo más podría aguantar de esa manera; almacenando los verdaderos sentimientos que afloraban ante la sola presencia de su hermano, y que ya ni siquiera recordaba en qué momento habrían surgido por primera vez. Desde que tenía memoria había sido así.
Cuando eran chicos quizás no era consciente de ello, y todo lo que podía expresarle a su hermano era un amor como tales y una enorme admiración y agradecimiento por la amistad que le brindaba. Saga se había mostrado invariablemente durante toda su vida como su mejor amigo; de niños siempre lo protegía de malas amistades, lo ayudaba con los estudios para los cuales nunca fue muy apto, y al ser mayores, Saga fue el único que lo apoyó cuando decidió hacer de su hobbie una carrera. Ni siquiera sus padres mostraron agrado por la resolución que Kanon tomó de abandonar la escuela y dedicarse a viajar por el mundo con una cámara fotográfica como único equipaje. Temían que ese estilo de vida no le proporcionaría nunca estabilidad económica, pero Saga confió en su decisión, e incluso le prestó dinero de sus ahorros para que pudiera realizar sus primeros viajes. Y aunque la deuda monetaria ya la había saldado hace mucho tiempo, el importante significado de tales favores nunca moriría en su memoria.
Y por todo lo que su hermano era para él, fue que Kanon se sintió terriblemente herido al saber que Saga se casaría con quien en aquel entonces era su novia; una muchacha que había conocido en la escuela, y con la cual contrajo matrimonio a la imprudente edad de dieciocho años. Un año más de la edad que Milo tenía en esos momentos, y para Kanon era simplemente imposible imaginarse a su sobrino casado, tanto como le pareció imposible cuando Saga le dio aquella noticia.
Sus padres tampoco se mostraron contentos con sus acciones, pues temían que la responsabilidad de una familia distrajera a Saga de la universidad a la que apenas entraba, y es que al haber abandonado Kanon la escuela, todas sus esperanzas se volcaron sobre su perfecto hijo mayor, que ahora llegaba y los decepcionaba con esa inmadura decisión.
Pero aunque sus progenitores se mostraron reacios a aceptar tal unión, Kanon no tuvo más remedio que brindarle su apoyo. Se lo debía, y fue por eso que estuvo a su lado ocupando el papel de padrino el día de su boda. Festejó con la joven pareja y les dio sus felicitaciones, deseándoles prosperidad en la nueva vida que iniciarían juntos. Pero más que eso no pudo hacer.
Verlos como marido y mujer, recordándole constantemente que sus ilusiones eran totalmente imposibles resultó demasiado para Kanon. Y tampoco había deseado arruinar la felicidad que era notable en Saga al estar con Himiko. Así que Kanon continuó con sus viajes, siendo las exigencias de su carrera las perfectas excusas para mantenerse alejado de la persona a quien tanto amaba, y que tanto lo lastimaba, sin saberlo.
Pero al enterarse de la trágica muerte de la muchacha, tuvo que regresar… para encontrarse con algo que lo perturbó a sobremanera. Ver a su querido hermano sumido en la peor de las depresiones fue desgarrador para él. Kanon no tuvo más remedio de hacerse cargo de Saga y Milo, quien entonces no tendría más de siete años. Y un pequeño de llorosa mirada preguntando constantemente por su madre ausente tampoco había sido algo fácil de afrontar.
Con el tiempo habían logrado superarlo, sobre todo Milo, pero Saga nunca la olvidó. Diez años y la idea de rehacer su vida sentimental no le cruzaba ni siquiera por la mente. Vivía enfrascado en sus negocios, y nada más que su trabajo y la educación de Milo, quien era el único recuerdo que le quedaba de su esposa, le importaba.
Un débil quejido llamó la atención de Kanon, extrayéndolo de su ensimismamiento. Se concentró de nuevo en Saga, dejando pensamientos y recuerdos para después. Notó que aun consumido en el sueño, su hermano balbuceaba ininteligibles palabras, dibujando gestos de disgusto en sus bellas facciones. Kanon llegó a la conclusión de que Saga sufría una pesadilla y decidió despertarlo, llevando su mano hacia un lado de su rostro y acariciándolo, deseando por un breve momento que Saga no despertara, para que pudiera así seguir regocijándose con la suavidad de su piel.
Pero los anhelos de Kanon no se cumplirían, pues Saga fue capaz de sentir el extraño contacto de una mano que tocaba su mejilla cariñosamente, de una manera en que nadie lo hacía en mucho tiempo. Y como siempre, todos sus pensamientos se volcaron hacia su esposa, a la esperanza de que ella estuviera a su lado. Por lo que al parpadear un par de veces, antes de finalmente fijar su visión en el hombre que se inclinaba sobre él, observándolo curiosamente y sonriéndole para animarlo a despertar, una gran decepción le inundó al reconocer a tal persona como su hermano Kanon. Recordó que Himiko estaba muerta y que por lo tanto jamás volvería a sentir las amables manos de aquella mujer sobre su piel.
— ¿Te sientes bien?— preguntó Kanon, frunciendo el ceño ante la repentina tribulación que pareció adueñarse de Saga, provocando que sus siempre nostálgicos ojos brillaran con sospechosa humedad.
—Sí…— murmuró apenas audiblemente, al levantarse y recargarse en el respaldo de su silla, estirándose un poco para disipar la incomodidad de sus músculos ante la inadecuada posición en que había quedado dormido.
—Ve a la cama. No aguantarás la espalda mañana si te duermes aquí.
—No, aún tengo papeles que revisar…— dijo, alcanzando con ambas manos al escritorio y desbaratando las formas que yacían regadas ahí, pretendiendo que buscaba una en específico.
—Es tarde, vete a acostar, ¿Que no es mañana la junta con los abogados del buffet? No querrás quedarte dormido— Kanon insistió, dando unos pasos para colocarse detrás de la gran silla de piel donde Saga se sentaba, jalándola contra sí y alejándola del escritorio.
Saga suspiró y cerró los ojos para contener las lágrimas que amenazaban por derramarse. Dejándose descansar un momento sobre el respaldar, trató de tranquilizarse y eliminar los recuerdos que parecían haberse arraizado en su cabeza, avivándose constantemente y mostrando pocas intenciones de pretender desaparecer.
—Saga…
Antes de que Kanon insistiera más, Saga finalmente accedió a las peticiones de su hermano, asintiendo y poniéndose de pie, para dejar la oficina. Kanon lo siguió detrás, no sin antes hacer una pausa para dejar debidamente cerrado el cajón del escritorio.