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Minerva en Jaque
11. Questioned
- ¿Ha venido a llevárselo? ¡Fue muy peligroso en su momento!
- ¡Un SeeD como usted puede con él!
- ¡Señora, no flipe! – gritó Seifer entre la marabunta que se había formado con la aparición de Irvine para pararlo. Varios valientes se habían adelantado a dar mensajes de ánimo a Irvine, pero Seifer los asustaba convenientemente con sus gritos.
- ¡Eh, que es lo que quieres decir con eso! – contestó Irvine, con el orgullo herido. Con un tirón Seifer se deshizo de sus garras y se apartó para enfrentarse a él.
- La verdad, Kinneas, la verdad. ¿O de verdad te crees lo que están soltando?
- Pues lo de que eres peligroso, sólo de boquilla, listo. ¡Está claro que si quisiera pegarte una te la pegaba!
Los dos SeeD se miraron con decisión y eso enardeció a la multitud que había pasado de comentarios y murmullos a auténticos jaleos por un buen espectáculo. Seifer blandió a Hyperion e Irvine desenfundó con una filigrana su rifle. Si querían un buen show, estaba claro que los espectadores lo tendrían.
Cara a cara, casi frente a frente con los ojos encendidos y los gritos de una multitud enardecida, Irvine y Seifer enfrentaron las armas.
- Psst, Seifer – murmuró Irvine muy bajito - ¿Has cogido los antídotos?
- Si. – contestó igual de quedamente el SeeD – Y le he pillado unas cuantas bombas de humo también.
- ¿A la de tres?
Cuando una explosión y una columna de humo lanzaron a la gente a protegerse los ojos del constante lagrimeo que sufrirían, hacía rato que dos soldados se habían escabullido y cargaban a toda velocidad calle abajo. Sólo cuando llegaron a las escaleras de la estación se permitieron derrumbarse y tomar aire.
- Joder, menuda capacidad para llamar la atención tienes. – jadeó Irvine.
- Ja. –rió Seifer entre dientes mientras entrecerraba los ojos por el sol – Es lo que tiene ser popular. Quizás tendrías que aprender de mí y dejarte de esas pavoneadas que usas.
- Antes muerto. – y ambos explotaron en risas de poco aire y pulmones gastados. Irvine miró a su compañero – Ahora Quistis tendría que decir algo "Siento romper este aire de sana camaradería masculina pero hay cosas que hacer".
- La imitas fatal. – rió el otro al oír la vocecita de Irvine – Tienes que hacerte más el listillo, "Moved el culo antes de que me asfixie con tanta feromona."
Porque sabían que Quistis diría algo así. Siempre riñendo, pero siempre protegiendo.
Rieron un poco más hasta que un silencio pesadísimo se instaló entre ellos y se miraron fijamente con los ojos bien abiertos. Pero no era por el hecho de que, por un instante, Seifer había roto sus "enemistades" y habían podido reír juntos, no, sino más bien porque estaban olvidado algo importante.
¿Dónde estaba Quistis?
Se levantaron de golpe con las alarmas encendidas.
- ¡¿Cuánto tiempo ha pasado?
- ¡Pensaba que estaba contigo!
- ¡La tenía detrás hacía un instante! ¡Antes de meterme dentro del corro!
- ¡Maldita sea, Kinneas! ¡Es la única a la que no podíamos dejar sola! ¡¿No ves que van a por ella?
Miraron a la calle del Arco de Triunfo dónde se oían gritos y un corro enorme se había formado en el centro.
- ¡OH, MIERDA! – gritaron al unísono antes de volverse a poner en marcha hacia la gente.
.-.-.-.-.
- Es un auténtico placer volverla a ver, señorita Trepe. – la mirada de Zankos brillaba.
- Lamento no poder decir lo mismo. – Quistis trató de sonreír pero no pudo. Menuda mala pata le había tocado encontrándose a Zankos precisamente por ahí.
A un gesto del hombre, varios hombres habían apartado a la gente para cercarla y esta, confundida, se había apelotonado para ver qué pasaba aún los intentos de los hombres de LeBlanc por desbandarlos. Sabían que esto no les daría buena publicidad, pero parecían tener la captura de la SeeD como prioridad absoluta.
Quistis apretó el mango del látigo mientras el Mumba enseñaba los dientes a los que se atrevían a dar un paso adelante. Aún siendo un animal relativamente pequeño, los dientes, y más especialmente, las enormes garras del animal eran un disuasivo bastante eficaz.
Hasta que la gente no empezó a ser forzada más atrás y a despejarse los hombres no se sintieron seguros. Quistis descubrió quién era el responsable de eso: un coche con un conocido emblema grabado en el parachoques.
Se hizo un hueco para que el lujoso coche frenara en el corro. La SeeD ya estaba dispuesta a atacar en cuanto viera salir el pelo repeinado de Gilbert, pero en su lugar encontró una brillante cabellera blanca y unos ojos como tizones de fuego. Anbus LeBlanc salió con calma y portando un enorme y extraño rifle en la mano. Parecía unírsele a la mano y el brazo con unos intrincados hierros plateados que terminaban en el arma con una filigrana.
Estaba claro que LeBlanc había venido a llevársela de todas todas.
- Señorita Trepe... – hizo una ligera inclinación de cabeza pero no varió su expresión adusta en ningún momento.
- ¿Su hijo no ha podido venir? – esta vez sí sonrió. Y para su sorpresa el hombre también lo hizo.
- Hay cosas para las que mi hijo es aún demasiado blando. – y sin mediar más palabra estiró el brazo y la apuntó con un rifle de un solo cañón. – Descubrirá que yo no tengo tanta bondad como él.
Quistis restalló el Save the Queen, aceptando el desafío y apartó al Mumba que parecía tremendamente preocupado.
Pero antes de que ninguno de los dos pudiera hacer otro movimiento, Quistis se encontró con un cuerpo delante suyo y Anbus LeBlanc el doble cañón de un rifle en su cara.
- El que no tendrá bondad seré yo si le toca un pelo. – concluyó Irvine con una mirada que no dejaba lugar a dudas de que hablaba en serio. - ¿Estás bien Quistis?
Estaba sorprendida, de eso no había duda. La entrada de Irvine había sido francamente buena.
- Irvine, por qué te has puesto en distancia corta? – masculló ella desde atrás – Es como peor se te da.
- Yo también me alegro de haberte salvado. – Rodó los ojos– Y lo hubiera hecho si ese malnacido de Seifer no hubiera desaparecido de la nada desde que nos metimos entre la gente. No me quedaba otra salida.
¿Seifer no estaba? Negó preocuparse por este hecho. Ya lo había hecho una vez y él había aparecido. 'Por una vez…'
Al notar la evidente tensión de Quistis ante la noticia, Irvine se arriesgó a ladear la cabeza para mirarla.
- No va a pasar de nosotros. – Y las comisuras de sus labios se elevaron ligeramente – Estaba más preocupado por ti que yo.
La primera bala que salió directa al pecho de su oponente fue la de LeBlanc, quién era obvio que no quería perder el tiempo. Quistis e Irvine se separaron uno a cada lado para esquivarla y para posicionarse. El Save the Queen restalló una vez más antes de golpear a LeBlanc en el brazo. El metal ni se abolló.
Dos balas explosivas salieron directas hacía él justo cuando frenaba el látigo y esas sí que no pudo evitarlas. Quistis trató de apartarse antes de que el humo le tapara la visión pero un férreo brazo la agarró de sopetón y la hundió en la humareda.
Cuando se disipó comprobaron con asombro como el hombre se había sacrificado a una herida de bala por capturar a Quistis. Tanto ella como Irvine se quedaron sorprendidísimos por la tenacidad de Anbus LeBlanc. ¿Tanto querían capturarla?
- Me habéis subestimado. – no era una pregunta.
- No, le hemos puesto al mismo nivel que su hijo. – gruñó la rubia entre dientes.
El líder mafioso volvió a poner esa sonrisa de 'touché' que le había visto antes, pero no aflojó ni una vez la presión sobre el brazo doblado de ella.
- Suéltela. – Irvine parecía calmado, pero en el fondo sentía una gran preocupación. 'Este tío es muy bueno' Él, al revés que sus compañeros, no consideraba que una pelea cuanto más difícil más interesante. 'Si consiguiera sacar a Quistis de su lado aún tendríamos una posibilidad. Pero siendo una rehén...'
- Es mi rehén ahora, chico. ¿Cómo me vas a disparar?
- Mientras mantenga su arma apuntándola a ella, yo podré dispararle, LeBlanc. – contestó, arqueando una ceja.
LeBlanc se dio cuenta de que inconscientemente había apuntado a su prisionera y había dejado su flanco libre y en cuanto vio que Irvine aprovechaba la ocasión para disparar no dudó en contraatacar.
'Ahora'pensaron los dos SeeDs al unísono. Quistis se retorció en su lugar y logró doblar el brazo que la mantenía sujeta. Molesto por la interrupción de su ataque, LeBlanc la empujó al suelo, pero Quistis aprovechó la liberación y el impulso para apoyarse con ambas manos y propinarle dos patadas en el pecho y en el cuello.
Los hombres de LeBlanc, viendo la situación, estrecharon el círculo para no dejarlos escapar mientras su jefe se recuperaba de los golpes.
- Quistis, ¡debes marcharte!
La chica, que ya había llegado a su lado, se lo quedó mirando con los ojos como platos.
- Estás flipando.
No pudo evitar sonreír al oír esa expresión en labios de la subcomandante, pero eso no le dejó ser más flexible.
- A este tío sólo voy a poderlo ganar en una batalla de uno contra uno. Si estás tú a su alcance continuamente va a tener más facilidades él que yo.
- ¿Y desde cuando esta pelea es tuya? – contestó ella, mordaz.
El rugido de un motor le evitó contestar. Todos los presentes mantuvieron la vista fija en el coche LeBlanc al oír el ruido en esa dirección. Pero no parecía haber ningún movimiento. De la nada, y con un salto espectacular, uno de los famosos coches de alquiler de Deling pasó por encima y aterrizó en el centro del corro con una derrapada.
- ¿Pero qué...? – trató de decir Quistis, pero algo la agarró fuertemente de la cintura y la tiró dentro del coche - ¡Maldita sea! – empezó revolverse brutalmente contra el que la tenía agarrada.
- ¡JODER QUISTIS! – chilló una muy conocida voz y la SeeD se detuvo a contemplar a su compañero con un nada agradable moratón en la mejilla – No he sufrido aún ningún golpe grave y me lo tenías que dar tú.
- ¡Seifer! – Irvine se permitió sonreír ampliamente – Creo que nunca me he alegrado más de verte.
- No te emociones. – el rubio le echó una mirada al hombre canoso que había al otro lado. Ya había visto antes a Anbus LeBlanc pero ahora, con la mirada más encendida y varios golpes parecía aún más duro de pelar. - ¿Necesitas ayuda con ese?
- Lo que necesito. – dijo ajustándose el sombrero y mirando a su oponente – Es que te lleves a la princesa lejos de aquí o no podré hacerme el héroe.
- Siempre pensando en los demás. – Seifer rió quedamente y con fuerte derrape puso el coche en dirección contraria manteniendo a Quistis aún en su regazo. – Buena suerte, Kinneas.
- ¡De eso ni hablar! – Quistis trató de levantarse - ¡Seifer! ¡No voy a dejar a un compañero solo y sin ayuda! – volvió a golpear a su acompañante pero esta vez logró esquivarla lo suficiente para que no le diera en un lugar tan doloroso.
'¡Se han vuelto locos los dos!'pensó desesperada. No podía creerse que siendo la Jefa de Equipo estuvieran ignorando descaradamente órdenes directas suyas de esta manera. Sintió una especie de asfixia al ver que realmente pensaban dejar a Irvine solo ante el peligro y empezó a revolverse de nuevo.
Maldiciendo con unas palabrotas horribles, Seifer apretó el acelerador y se encaminó directo al corro de hombres de negro, esquivando las peligrosas balas de LeBlanc y rompiéndolo sin mucha dificultad.
- Buena suerte, Almasy. – Irvine sonrió mientras ladeaba ligeramente la cabeza para que el fuerte sol no le diera en los ojos.
.-.-.-.-.
El aire se olía diferente en la estación. Los vientos de la llanura de Galbadia venían cargados y parecían tranquilizar el espíritu. Lamentablemente para Seifer, que tanto adoraba esos pequeños momentos de tranquilidad, no era ese uno que pudiera disfrutar de verdad.
- ¡AU! ¡Oh, por Hyne! – gruñó mientras se secaba la cara en el lavabo. La toalla parecía lija cada vez que la pasaba por su mejilla, que mantenía una fea inflamación. Una prueba más de que no había que buscárselas a Quistis Trepe.
En el momento menos pensado, Baeser había aparecido en la estación de Deling instándole a coger un coche de alquiler para salir de la ciudad cuanto antes mejor. La idea no le había parecido mala, pues no tenían ni idea de dónde se encontraba el Jardín en esos momentos y no era cosa de quedarse cortos.
A decir verdad, no se había esperado tener que tomar semejante decisión. La idea era clara, recoger a los dos compañeros y pisar el acelerador hasta que solo hubiera carretera delante y detrás. Pero si Seifer tenía una asombrosa capacidad de llamar la atención, parecía que en Deling le había surgido una digna competidora pues Quistis ya estaba metida de lleno en un tremendo barrizal en cuanto había llegado. ¿Y que debía hacer él? Llevarse a Quistis era prioritario, pero tampoco podía dejar a Anbus LeBlanc sin una distracción. Ese no era un rival que pudieras dejar atrás con el acelerador.
Así que la decisión había sido rápida. Confiar en Kinneas como distracción (teniendo, además, la ayuda de Baeser) y largarse con la princesa lejos de la cueva del dragón. No es que a la princesa le hiciera mucha gracia la decisión.
No había dicho nada desde que habían salido de Deling a toda velocidad escapando las batidas de hombres de negro. Eso en el lenguaje de Quistis solo podía significar una cosa: estaba enfadada. MUY enfadada.
'Era lo que me faltaba...'Seifer no se lo había pasado muy bien ese día tampoco. Las miradas de aquellos que lo reconocían en Deling, las palabras que había oído... No eran especialmente dolorosas, pero le recordaban otras que sí lo eran. Se miró en el espejo y el centelleo de sus ojos verdes le hizo levantar los labios en una sonrisa triste.
- Y aquí estás, Almasy, un año y medio después: cuidando de que tu exinstructora no se haga daño mientras evitas restregarte a ella como un adolescente en celo. – Y quizás aún lo fuera... ¿quién sabía? Tampoco había pasado taaaanto tiempo desde su decimoctavo cumpleaños.
Cuando sentía esa debilidad por su Jefa de equipo recordaba vívidamente esa inseguridad aterradora que había sentido siendo más joven, tentado por alguien cuyos poderes no podía imaginar. Fue arrastrado a un camino soñado que se volvió demasiado amargo.
Si Quistis llegara a adivinar que la comparaba con una bruja, seguramente lo mataría. 'De bruja en bruja y tiro porque me toca.' Rió para sus adentros, sin muchas ganas 'Nunca has tenido mucha suerte con las mujeres.'Sabía que no era demasiado verdad, pero qué daño podía hacer un poco de autocompasión a estas alturas? Quistis estaba francamente furiosa y ahora tendría que salir a enfrentarla sin la ayuda de Kinneas, que parecía tener mucha más mano con ella.
Salió lentamente envolviéndose en el seco aire de las llanuras y fue directo a la figura que se erguía en la cabina. 'Llamando al Jardín. Para pedir instrucciones. Qué propio.'Suponía que después de una crisis de identidad como que tus subordinados no te hagan maldito caso, necesitaba la voz reconfortante del Jardín.
- Hola Squall – oyó al llegar junto a ella y vio claramente como tragaba saliva. 'Si no puede ser la del Jardín, que mejor que la del enamorado para sentirse un poco mejor con una misma, verdad?'Seifer estaba empezando a cansarse de sentirse tan irritado. Pasaban cosas feas y aunque se dejara besar por él, era a Squall a quién llamaba corriendo para llorarle las injusticias.
Y como si Squall fuera a hacerle todo ese caso que ella estaba pidiendo a gritos. Si pensaba que burlaba a los amigos, adelante, él no tenía nada que decir. Pero si pensaba que él estaba ciego, estaba MUY equivocada. Cuán grande había sido la decepción al descubrir que la única razonable de ese grupo de edulcorados había sido la primera a ponerle azúcar al asunto. Enamorada de Squall. La sola idea era ridícula en toda su extensión si no eras Rinoa, por supuesto.
Aún después de tanto tiempo... ¿Cómo podía seguir con eso? ¿Es que no aprendía? No es que Seifer fuera alguien para hablar de rendirse, pero él parecía aprender de los golpes. Quistis había visto el amor de película que siempre había deseado suceder ante sus ojos. 'Seguro que veía a Squall como una especie de caballero andante'.
Ridículo. Simplemente ridículo.
CONTINUARÁ...
Notas:La última escena se me había estado resistiendo. La he reescrito toda y aún ahora sigue sin terminar de convencerme. Es una escena importante, que tendrá su desenlace en el próximo capítulo y que marca el final de la primera parte de este fic.
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