Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Search
B s . A A A   full 3/4 1/2   E E   Light Dark
Games » Final Fantasy VIII » Minerva en Jaque
Malena-sama
Author of 5 Stories
Rated: T - Spanish - Romance - Quistis T. & Seifer A. - Reviews: 124 - Updated: 07-12-11 - Published: 12-06-04 - Complete - id:2161060

Minerva en Jaque

12. Insomniac

- Deberías poner cara de culpable. – y señaló el moratón que le estaba saliendo en la mejilla. – No esa cara de haber comido limones pasados.

Ni un solo movimiento. Era evidente que, no solo la broma no le había hecho maldita gracia, sino que no estaba de humor ni para una más. 'Encima. Y yo aguantando como un toro.' Pensó mientras ella lo miraba impasible 'Leonhart, te juro que te la regalo.'

- Seifer. –dijo después de que pasara un buen rato. – Espero que sea la última vez que ignoras una orden directa mía o me encargaré que sea la última misión que hagas.

'Y que vas a hacer, ¿Llamar a Squall?'

- Y que vas a hacer, ¿Llamar a Squall? – La cara de ella fue un poema. Ups, ¿Había dicho eso en alto?

- ¿Buscas pelea? – gruñó Quistis con pocos ánimos. Seifer casi se lo pensó. 'Yo lo mato.'

- ¿Me la darías? – hizo una ligera sonrisita que no le gustó nada. Empezaba a olerse por dónde irían los tiros.

- ¿Vas a cambiar de tema o vas a aceptar lo que te he dicho? – Puso los brazos en jarras.

- No te equivoques, yo no acepto nada de lo que dices. Que tu querido comandante te hiciera jefa de equipo no significa de ninguna manera que tenga que seguirte como un perrito faldero. Y menos si te dedicas a liarte con peleas justamente cuando hay que huir, Trepe. Es evidente que tengo que tomar las riendas cuando tú eres incapaz de ello.

- Deja de hablar de evidencias cuando despareciste en medio de la multitud para pelearte por unos antídotos. – En ese punto Seifer tuvo la decencia de parecer incómodo. - ¿Y crees que la manera correcta de tomar las riendas es abandonar a un compañero ante el peligro?

- Es evitar que te pillaran de nuevo. Era a ti a quien estaban buscando.

- ¿Y si capturan a Irvine y le ponen otro collar? Bastante tenemos con el que llevo yo. – 'Y que no me puedo sacar de ninguna manera.'

- ¿Crees que te perseguirían bajo cielo abierto si pudieran capturar a cualquier persona y ponerle otro collar? - Parecía evidente que no. Ella había sido escogida por algo especial. – Además, con Baeser y sus nietas tan cerca dudo que lo hayan pillado. Tiene buenos refuerzos y es duro de pelar.

- Yo también tenía todo eso y me pillaron.

'Touché.'

No iba a dejar que Seifer se saliera con la suya en esta discusión ni en ninguna otra. Sacaría toda la artillería pesada si hacía falta. ¿Orgullosa? ¿Tozuda? Puede, pero no más que el SeeD que tenía delante.

Seifer se la quedó mirando con un principio de sonrisa.

- Vaya... si hasta sabes hacer cumplidos. – la amplió. – Quién diría que no te gustó el beso.

'Yo nunca dije que no me gustara, capullo.'Si no, no lo hubiera respondido de la manera en que lo hizo. Hasta ella estaba un poco sorprendida de su reacción teniendo en cuenta lo enfadada que había estado pocos segundos antes. Enfadada, deprimida, insegura, humillada... Podía estar así cada día de su vida pero en ese momento había explotado. A ella también le habría gustado ser una damisela en apuros como la mayoría, pero la vida de SeeD pocas veces permitía eso. Y Quistis Trepe no se lo permitía nunca.

Había estado bien tener alguien a su lado, entonces. No era su idea de caballero andante, pero sintió un terrible alivio al verlo en la fiesta. Como si fuera la prueba que necesitaba para saber que sería libre, al fin. Nunca habría sospechado que la vida de secuestrado (aún un secuestro lujoso como el suyo) fuera tan horrible.

Aún cuando hubiera estado bien, no era un tema que le gustara tratar. Se había dejado hacer, ¿y qué? Había sido usada vilmente y entonces alguien la besaba con apasionada reverencia. ¿Quién no hubiera respondido a eso? Quizás a otras no les hubieran pedido explicaciones, pero a la Reina del Hielo la interrogarían hasta la muerte. Por eso casi no se sorprendió cuando al abrir ligeramente la puerta del coche una mano la cerró de golpe y un sólido cuerpo le cerró cualquier salida.

- Uh, oh. ¿Acabo de encontrar la manera de ganar todas nuestras discusiones? – dijo en un susurro. Notó la punzante mirada en ella.

Sí, era Quistis Trepe que nunca se dejaría pasar la mano por la cara por Seifer Almasy. Pero también tenía una muralla de hielo que había cuidado toda su vida como Instructora y cadete más joven que jamás existió en el Jardín, subcomandante del mismo y una de las que luchó en la guerra de las brujas (y peleado contra el hombre que en ese instante la empujaba contra el coche, ya que estábamos.). Tenía una reputación que mantener y la llevaba bastante bien hasta que venía gente como él a hacerle perder los estribos.

- Es sólo que no hay nada que hablar sobre él. – dijo a la defensiva. Tenía el hombro de él pegado al suyo y cuando le devolvió la mirada, su cara estaba suficientemente cerca como para verle las trazas de dorado en los ojos verdes.

No iba a dejarse intimidar.

- Sé que tú no quieres hablar sobre él, cosa que vuelve el tema aún más interesante para mí. – al ver que ella solo fruncía el ceño, añadió. – Me gustaría, por ejemplo, preguntarte...

- Seifer, ¿A cuántas chicas has besado en tu vida? – Le interrumpió. La miró, contrariado y tardó un momento en responder.

- Pues... a algunas.

- A varias. – Besaba bien. Ahí había práctica.

- Vale, sí, puede. A varias.

'No me lo puedo creer, parece... ¿incómodo?'

- Y en todos estos años de larga andadura dime una sola vez en la que hayas interrogado a alguna de la manera en que lo estás haciendo conmigo.

Silencio.

- Ninguna habrá sido tan divertida de interrogar como lo eres tú. – dijo, finalmente y sonrió cuando Quistis pareció indignada. – Sé que te gustó, Quistis. Y te puedo decir que a mí me gustó mucho. Sólo quiero que lo aceptes. Dime "Me gustó" y me quedaré contento. Y si me pides otro, seguramente te lo daré.

- No quiero otro. – y le pegó un empujón con el hombro. - ¿Quién te has creído que eres? No sé con qué clase de mujeres te has... – Él la interrumpió con un dedo en los labios y su mirada la petrificó en el sitio.

- Hasta ahí. – su voz se había vuelto fría pero su mirada decía muchas otras cosas. No pudo evitar ponerse algo nerviosa. – Si no quieres más, está bien. Permito sermones en demasiadas cosas, pero no en esto, Trepe.

'Trepe, no Quistis. Trepe.'Y supo que, por fin, se había terminado el interrogatorio. Por un momento pensó que iba a hacer algo por lo que recibiría una bofetada, tan cerca estaba, pero solo le abrió la puerta y se subió al volante.

El viaje acababa de empezar.

.-.-.-.-.

Locura. Pura locura.

'Estoy enfermo, joder. Sólo es una mujer, cualquiera podría resistirlo, YO tendría que poder resistirlo. ¿Tan necesitado vas que un poco de tiempo con ella y ya te mueres por arrastrarla a una cama? ¡Domínate un poco! Ya has visto que para ella fue todo un desliz. Acéptalo tu también como tal y duerme tranquilo, joder...'

Vueltas en la cama. Respiración entrecortada.

.-.-.-.-.

Las órdenes habían sido claras: tenían que encontrarse en Fisherman's Horizon con el Jardín. Saliendo de Deling eso significaba tener que cruzar todo el continente con un coche de alquiler que, afortunadamente, eran los más aptos para viajes a través de las duras y polvorientas llanuras. Era evidente que primaba más un buen depósito de gasolina que no un elevalunas eléctrico, como descubriría Quistis después de encontrar pelo y ropa manchados de polvo en cada parada.

Sólo cuando a los tres días habían conseguido cruzar la Gran Llanura de Galbadia fue cuando la SeeD empezó a preocuparse. Seguía dándole vueltas al tema del collar y sólo la tenue presión que ejercía sobre su cuello ya la volvía loca y la impedía dormir por las noches. Había veces que hasta notaba asfixia. Otras, soñaba con Gilbert y sus manos sobre ella y todas esas amenazas veladas que le hacía cuando no se portaba "bien". Despertaba respirando a grandes bocanadas y con la frente perlada de sudor.

No era la única que parecía inquieta. Seifer estaba más raro que nunca: callado.

Como un muerto.

Durante tres días.

Solo hablaba cuando era estrictamente necesario y parecía rehuirla en cualquier ocasión. A veces lo oía a través de la pared dando vueltas por la habitación como una fiera enjaulada y estaba a punto de salir y preguntarle qué diantres le pasaba. En momentos así echaba de menos la presencia del Mumba y se preguntaba como estaría y si Baeser lo cuidaría bien. Había una tensión entre ellos que sólo el animal se atrevía a romper, normalmente con éxito.

Así que, una vez hubieran entrado en los Altos de Monterrosa decidió enfrentarlo. Empezaba a atardecer y parecía que ese día no iban a encontrar pueblo dónde parar y les tocaría dormir en el coche. Habían hecho una parada para estirar las piernas y Seifer sacó un cigarrillo mientras se apoyaba indolentemente en la parte trasera del coche.

- No sabía que fumaras. – dijo, poniéndose a su lado y mirando al horizonte encendido.

- Sólo a veces. – Silencio, y después, la confesión. – Cuando estoy preocupado.

Había fumado antes de entrar en el Hotel Galbadia, pero eso Quistis no lo sabía. Se dio cuenta de que se había quedado mirándola fijamente, como esperando a que ella le dijera algo. Censurarlo, ¿quizás?

- ¿Lo estás? – Le salió, en vez.

- No.

Mentía, claro. Ambos lo sabían. Ni Seifer mismo sabía porque había respondido algo así. 'Un acto reflejo. Si supiera qué es lo que me preocupa.'

Se quedaron mirando, cada uno buscando las respuestas en los ojos del otro.

- ¿Tan fantástico es, él?

- ¿Qué?

- Leonhart. Siempre lo he considerado un bastardo solitario y arrogante pero supongo que a las mujeres les parecerá misterioso. – Pegó otra calada al cigarrillo mientras Quistis se recuperaba del shock.

- Seifer, tu eres un bastardo solitario y arrogante y no veo ninguna mujer pululando por aquí diciendo que le parezcas misterioso. – respondió, con sorna.

Contra todo pronóstico dejó escapar el aire en lo que sospechosamente parecía una risa y vio que sonreía por lo bajo. De repente, y con un golpe de suerte, la tensión había bajado a los niveles normales y Quistis casi sonrió de puro alivio. Estaba un poco preocupada de preocuparse tanto por los cambios de humor del rubio pero poco podía hacer estando los dos solos en medio de un paisaje agreste. En ese momento podía decirse que se necesitaban para su sanidad mental.

.-.-.-.-.

La luz pasaba a raudales por el despacho, cegando al comandante al entrar. Había pasado una mala noche tratando de ordenar todos sus pensamientos. No sólo tenía un Jardín que llevar, sus amigos también estaban en peligro. En cierta manera se alegró de que Rinoa no estuviera a la vista esa mañana porque su brillante idea de enviar a Quistis se había ido a pique con un secuestro, la pérdida de un instructor y ahora una endiablada maquinaria que solo usaban los cobardes.

Squall nunca había tenido oportunidad de ver un collar de destrucción de cerca. Había leído sobre ellos, por supuesto, pero siempre le habían parecido una de esas sofisticaciones poco útiles de los estharianos. La producción de un collar de esos era de miles de millones de giles.

- Squall, seguimos sin saber nada de Irvine. – murmuró Zell por lo bajini. No era un tema del que se pudiera hablar en alto con Selphie cerca.

Aunque ya casi se podía hablar a gritos en el despacho, con todo el ir y venir y las conversaciones que había. Quistis podría ser mandona y pesada, pero su valor era inigualable como subcomandante. Squall había tenido que entrenar a cinco SeeDs para seguir llevando el Jardín como siempre y con menos que más éxito. Quistis llevaba un orden y unos horarios especiales, o nunca entendería como había sobrevivido a tantos meses de estrés. Hasta Squall, con toda su ayuda, tenía problemas para acordarse de todas las citas y cosas que había que hacer.

- ¿Habéis contactado con Baeser?

- Está la cosa un poco chunga. Parece que se ha montado el lío madre con la operación que hicieron los LeBlanc por Deling. Sale en todos los periódicos, Baeser debe haberse metido en su agujero para no salir.

- Podría estar vigilado, y si tiene a Irvine con él, hasta en peligro. – comentó uno de los SeeDs. – Afortunadamente, la gente de Deling está bastante sensibilizada con el tema SeeD, pero eso no significa que las cosas sean fáciles si los LeBlanc le están buscando.

- Aún así, yo creo que Baeser lo tiene a buen recaudo. He oído que es un tipo muy legal.

- Sea como sea, Irvine debe volver al Jardín cuanto antes. – Squall se miró los papeles sobre la organización que le habían pasado.- Cuando Quistis llegue, debemos tener a todos los implicados a salvo en el Jardín antes de actuar.

- ¿Actuar? – Zell lo miró un momento antes de sonreír animado. Eso sonaba a misión y de las buenas.

- ¿Actuar? – soltó una voz desde la puerta que Squall conocía muy bien.

- Eh, Rinoa. Tu quietecita aquí, que esto no tiene pinta de seguro.

- ¿Eeeeh? – dijo en un principio de puchero - ¡Pero yo quiero ayudar!

- Comandante. – continuó el otro SeeD mientras Zell y Rinoa discutían por detrás. Squall frunció un poco el ceño al oír el título. Aún no se había acostumbrado a él. – Aunque ambos tengan mucha información sobre los LeBlanc, creo que sería mejor que nos informáramos más con alguien que hubiera tenido más contacto con el grupo.

- ¿Y ese alguien...? – empezó él, oliéndose por donde iban los tiros.

- ¡Ah! ¿Vamos a hablar con Laguna? – saltó Rinoa, animada.

Squall reprimió una mueca.

.-.-.-.-.

Seifer reprimió una mueca.

- Estoy flipando.

No se lo podía creer. Por un momento pensó si no se habría quedado dormido y estaría soñando con todas esas cosas que no podían ser.

- Seifer. – la voz era seca, propia de una madrugada como aquella. Definitivamente, no estaba soñando. Lo único que la diferenciaba de la Quistis de cada día eran los ojos enrojecidos y el collar al descubierto, brillando amenazante a la tenue luz del pasillo. – Quiero...

'Oh, Hyne. A ver si voy a estar soñando de verdad.'Tragó saliva.

- ¿Qué te pasa?

- Quiero que me saques el collar.

Se la quedó mirando con el ceño fruncido. Era de madrugada en vete a saber qué hotel de mala muerte en el valle de Lallapalooza y había sido despertado de su trance con unos golpes nerviosos para encontrarse a su jefa al borde de la histeria. Era evidente solo con ver su cara.

La dejó pasar, indeciso de tenerla en su habitación.

- ¿Me explicas qué demonios te pasa?

Ella se giró con el labio tembloroso. Verdaderamente parecía afectada, casi tanto como aquella vez que la encontró en la zona de entrenamiento.

- Coge a Hyperion y trata de cortarlo. – trató de aflojarse el cuello, como si el collar fuera una pajarita mal anudada. Al fijarse, vio que tenía todo la carne alrededor de la banda de metal enrojecido. 'Debe de haber tratado de forcejear con el collar.'

- Estás flipando. ¿Quieres quedarte sin cuello? Como se me desvíe un milímetro la hoja no te va a gustar nada el resultado.

- Me da igual. – y cruzó los brazos. En cualquier circunstancia era un gesto propio de la mandona que era. En ese momento parecía querer abrazarse a sí misma. – Estoy segura de haberlo oído pitar y... ya no puedo más, maldita sea. Me parece como si cada día estuviera más apretado y el maldito mando no funciona, no hay ningún botón que lo desarme y por las noches... me parece como si pitara de vez en cuando solo para no dejarme dormir, es...

- Eh, eh, eh. – la agarró de los hombros para frenar sus idas y venidas. – Antes que nada creo que necesitas calmarte, jefa. Moviéndote como una loca no vas a hacer que se vaya.

Si, parecía imposible pero estaba tratando de calmarla. Hasta ella lo miraba como si no lo conociera y trató de esconder su incomodidad con brusquedad al pasarle la botella. Ella pareció calmarse un poco solo para mirarlo con censura. 'Que propio...'

- ¿De dónde has sacado esto? ¿Primero tabaco y ahora alcohol? – La cogió más fuerte cuando él trató de sacársela de las manos, molesto. Forcejearon un momento, con los ceños fruncidos.

- Sé lo que es el insomnio, guapa, y también sé lo que es volverse loco pensando demasiado. – Pegó un manotazo y se llevó la botella. – Afortunadamente también sé la cura ideal para todo ello.

Cuando le pasó un vaso lleno de dorado líquido ella frunció los labios y giró la cabeza. Seifer empezó a mosquearse. ¿Lo molestaba en medio de la noche para comportarse como una niña malcriada?

- Trepe, si no coges el maldito vaso voy a hacerte beber la botella con embudo. Tú decides.

- No he venido a beber.

- No voy a usar mi sable-pistola para cortarte el cuello. No cuando me ha costado tantísimo salvarte.

- Ah, en cambio prefieres que me emborrache. Se puede esperar eso de ti, pero no de un jefe de equipo.

- ¿Un jefe de equipo allana la habitación de sus subordinados en plena noche con gritos de loca?

Se lo quedó mirando, ofendida. Seifer no pudo evitar sonreír cuando ella le sacó el vaso de un zarpazo y se lo bebió de un trago. 'Vaya con la subcomandante.'Le cogió el vaso otra vez y se lo rellenó.

- Esto está asqueroso. – hizo una mueca a la segunda copa, sentada al lado de la ventana. No era el alcohol fino de la fiesta, sino whiskey del peleón. - ¿Esto usas cuando la poca firmeza que tienes se te va?

- Yo también me alegro de haberte ayudado. Y dirás lo que quieras, pero esto te está funcionando. Al menos ya no me estás pidiendo el suicidio.

- ¿Tan malo eres con el sable-pistola?

- ¿Crees que si pudiera cargarme la mierda que llevas en el cuello con Hyperion no lo hubiera hecho ya? Me gusta torturarte, pero estás pesadísima con esto. - se sentó con brusquedad en el otro sillón. - Me lo cargaría solo para que dejaras de chillar como una histérica pero, para bien o para mal, no puedo.

- Tendría que haber forzado a Gilbert a sacármelo. – jugueteó con la copa un momento, perdida en sus pensamientos.

- A ese anormal ya le costó bastante aprender a usar el mandito, no le pidas más. – y recordando el final de la pelea, sonrió. – Además, dudo que lo dejaras apto para cualquier interrogatorio.

Quistis también sonrío, con la misma malignidad. No era el único que se lo había pasado bien ahí, por lo que parecía. Cuando le rellenó el tercer o cuarto vaso, se lo bebió de un trago.

- Whoa Trepe. – y la miró entre impresionado y asustado. No estaba entre sus planes emborracharla. – Tómatelo con calma, que esto agujerea el estómago.

- Demasiada calma he tenido hasta ahora. – y miró por la ventana con las mejillas encendidas. 'Como las tenía cuando...'Mal camino. MUY mal camino. – Era asqueroso vestirme como una cualquiera con los vestiditos que me daban y paseándome con el collar como un perro. Un poco más y me pedirían ir de cuatro patas. Y ese maldito Gilbert propasándose cada dos por tres...

- ¿Cada dos por tres? – Se puso otro vaso él también. Cuando Quistis lo miró, le brillaba la mirada en los ojos azules.

- Hablo demasiado cuando bebo. No me acordaba. – Que diferencia entre la Quistis que había llegado y la que tenía delante, lánguida y pausada. Abrumadoramente sexy, Seifer habría añadido, pero Seifer ya llevaba algunas copas también. Cualquier aspecto le habría venido bien.

- Eh, Trepe. Hagamos algo divertido. – Y puso su sonrisita de siempre mientras ella arqueaba la ceja. Del bolsillo sacó el mazo de cartas. – Te retaría al Strip Triple Triad, pero eso sería aprovecharme de ti demasiado descaradamente. Jugando al normal ya me va bien.

- Que considerado. – y le devolvió la sonrisa.

Inconsciente él, que no sabía contra quién estaba jugando. Aún con unas copas de más, ella seguía siendo el Rey en el club de jugadores de cartas del Jardín y podía hacerle morder el polvo de una manera estrepitosa.


CONTINUARÁ...


Notas:En esta nueva sesión de "revisitemos clichés": Seifer y la bebida. Una vez más el mundo del fanfiction demostrando poca confianza en su fortaleza, aunque no dudo que en más de un momento de debilidad le daría a la botella sin contemplaciones.

Para los que no lo sepan, Quistis ES el Rey del Club de las Cartas del Jardín de Balamb. Es bastante complicado conseguir encontrarla y enfrentarte a ella. Y cuando lo haces te hace morder el polvo, big time!XDDD

.-.-.-.-.

Review this Chapter
Share


Return to Top