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Minerva en Jaque
20. Friend
Si había habido algo cómodo en todos esos años de trabajo, guerras y amor improductivo, es que nunca había tenido que dar rodeos o comerse la cabeza de esa manera. Había sufrido, había sangrado, había tomado decisiones equivocadas. Pero podía levantar la cabeza y decir que había hecho lo que ella había creído correcto.
¿Ahora? La cabeza de Quistis era un auténtico lío.
- ¿Podemos hablar de todo esto por la mañana? – se revolvió el cabello, cansada. – Realmente no son horas para andar de interrogatorio.
- Son las horas a las que me he despertado, ¿sabes?
’Esto no debería ser así.’ Un mes antes lo habría sacado de la habitación sin contemplaciones, con una tunda extra por despertarlo. Tampoco se sentía impelida a acallar su estupidez con besos amorosos como si aquí no pasara nada. Ninguna decisión le parecía correcta y quedarse quieta era la única y frustrante opción.
’Llevo más de una semana esperando que al menos me digas que te gusto. Llevo un buen rato esperando a que me preguntes por qué el collar sigue en su sitio.’
Sonaba estúpido pedirle cosas que sabía no iban a llegar. Seifer no era un alma sensible y mucho menos detallista y ella lo sabía mejor que nadie. Pero habían sido cinco días horrorosos y tenía la sensación de que no se merecía ser despertada a las tantas de la madrugada para ser interrogada sobre porque no había hecho a o b.
- ¿Ahora quién está tomando por imbécil a quién?
Cuando la doctora Kadowaki le había dicho que había un par de huesos rotos se dio cuenta de que Seifer se había estado dopando a sus espaldas. Cuando pelearon al salir, cuando estuvo horas limpiando la moto, cuando rodaron por la cama o el traqueteo de las vías. No se quejó porque iba hasta arriba de anestésico de rodera, un fármaco especial del Jardín para misiones de riesgo. Seguramente cuando había estado dentro en el edificio LeBlanc y ella no había podido verlo.
No habían estado en medio del campo de batalla, esperando a vivir o morir. Quistis no sabía por qué no le había dicho nada al respecto pero estuvo claro que lo que Seifer necesitaba era eliminar todo el dopaje del cuerpo y curarse como correspondía. Y si para eso era necesario que durmiera lo máximo posible, así debía ser.
- No me gusta tu tono.
- No me digas – imitó su tono solo para hacerlo rabiar. Y porque quizás ella estaba un poco rabiosa también. - ¿Soy solo yo la que no cuenta las cosas?
Seifer entrecerró los ojos, estudiándola. Como si estuviera buscando una vía por la que escabullirse.
- Era lo que había que hacer. Y lo sabes.
- No, no lo sé. En realidad no tengo ni idea. – Lo miró fijamente. – De absolutamente nada.
Notó como se le hinchaba de nuevo la vena del cuello, conteniendo una explosión de rabia de las suyas. Y casi tenía ganas de que lo hiciera, para darle una excusa para atizarle. ¿Él pensaba que ella era frustrante? ¿ÉL? El espejo realmente no le daba una visión realista de su persona.
- ¿Volvemos a jugar al gato y el ratón? Me estoy cansado de ti un poco bastante.
- ¿Así que TÚ te estás cansando? – puso un brazo en jarra. – Explícame por qué un anestésico de rodera cuando podrías haber hablado conmigo. Explícame por qué demonios cogiste las maletas y amenazaste con irte del Jardín. Explícame por qué te quieres meter entre mis piernas pero huyes de mi cabeza.
- Yo no menospreciaría tus piernas, ni lo que hay entre ellas. Especialmente cuando son más honestas que tu famosa cabeza.
- Si vas a hacerte el gracioso, ya te puedes ir por donde has venido. – No había manera de tener una contestación seria con él. No la había. – Que yo sepa he sido todo lo honesta que he podido contigo.
- Implicando que yo no lo soy contigo.
Un silencio que valía más que mil palabras.
- ¿Cuándo no he sido honesto contigo exactamente? Te dije que estaba hasta los cojones de ti y cogí los bártulos. Era necesario que estuviera preparado para cualquier eventualidad y me inyecté el anestésico. – había separado la cabeza de la puerta y la miraba, insolente. - Y seguro que recuerdas lo que te dije en la estación.
’No estoy enamorado de ti.’
Y a eso lo llamaban ser honesto.
- ¿A eso le llamas tu ser honesto, eh? - Podían acusarla de vanidosa, pero Quistis no era ciega.
- La que no estás siendo honesta aquí eres tú por mucho que me digas. Tú me tienes tantas ganas como te tengo yo y esa es toda la historia. – usó un tono monótono, como el de un forense que describe una disección. - Si quieres engañarte pensando que me quieres y que quieres tener una casita en el campo conmigo, adelante. Las ganas seguirán ahí.
Lo que sí estaba claro es que aparte de insensible y poco detallista, tenía una mano especial para pegar a una mujer donde dolía. Escoció, pero años de experiencia le habían enseñado a aguantar ese tipo de puñaladas con capas de dignidad.
Por otra parte, seguía habiendo huecos en toda esa pantomima de “que-duro-soy-y-que-poco-corazón-tengo”. Debía probar esos huecos, agrandarlos si hacía falta. Y para eso tendría que arriesgarse un poco.
’Prefiero probar esto que quedarme sin hacer nada.’
- Pues adelante entonces. – apoyó las manos hacia atrás, en la mesa, y dejó resbalar la bata por sus hombros.
- ¿Qué coño haces? – había seguido el movimiento de la bata hasta las muñecas con ojos como platos. Quistis juraría que hasta se estaba sonrojando.
- No paras de decir que esto es lo único que me tienes: ganas. Pues ven aquí.
Sonó imperiosa y cabreada, con el punto justo de reto como para picar al más pintado. Seifer la miró con una mezcla de sorpresa y rabia y no supo si reír o tener miedo. Habían estado jugando a ese juego demasiado tiempo como para que no tuviera más ganas de andarse con rodeos y cumpliera sus amenazas.
- Este farol te funcionó una vez. – la voz de él tenía un tono acerado. Peligroso. – Pero a la segunda no caeré. Si juegas con fuego te quemarás y no voy a hacerme responsable.
’Me pregunto quien se está marcando el farol aquí.’ Hubo un momento de duda, no obstante. Seifer era lo suficientemente listo como para ver la misma táctica que en la casa de la estación. Aquella vez ella había ganado la batalla y el SeeD era un hombre orgulloso.
- Deja de boquear tanto, cerillita. – y sonrió, burlona. Por la manera en la que él inspiró aire, supo que estaba bordando su papel.
Hubo unos ruidos sordos al otro lado de la puerta, de SeeDs llegando tarde a sus habitaciones. Pero ninguno de los dos parecía consciente de eso, ni de cómo los minutos en silencio pasaban impasibles. Seifer levantó la cabeza y la ceja, estudiándola y, tras unos segundos, se quitó el abrigo con brusquedad.
Mientras le veía quitarse los guantes lentamente, Quistis tuvo una pequeña revelación. En ese instante, tal y como la miraba, le parecía el hombre más guapo y atrayente sobre la tierra Y eso significaba muchas cosas que prefirió no pensar.
’Uh-oh. Esto realmente se está volviendo peligroso.’ Había querido darle una lección pero recordando lo sucedido en la estación y viendo ese cuello, esa camiseta y esos labios fruncidos empezaba a temerse que no quisiera llevarla a cabo.
Era inevitable: estar colgándose de Seifer implicaba sentirse atraída sexualmente por él. ’Es lógico en mi cabeza pero… maldita sea.’
El seed cruzó la habitación y se quedó cara a cara frente a ella, en silencio. Un silencio durante el que la estudió, calculando hasta dónde tenía que llegar para que reconociera la verdad. Se encontró con una mirada provocativa y el pequeño resquicio que todavía no estaba ardiendo, se enfureció.
La cogió de la cintura y la subió a la mesa con brusquedad, abriéndole lentamente las piernas y subiendo el largo camisón por el camino. Para entonces, Quistis estaba sufriendo un poco.
- ¿Qué pasa, Quistis? – fue su turno de sonreír al ver el rostro encendido que ella no había podido ocultar. Se acercó a su oído.- ¿Cachonda?
‘No te embales, no te embales, no te embales, no te embales, no te embales…’ Si hubiera sabido que este mantra había sido utilizado anteriormente por el mismo que ahora la estaba poniendo a prueba, seguro que lo hubiera cortado enseguida. Pero servía. Al menos lo suficiente para seguir con la farsa.
- Por supuesto. – y verdaderamente no mentía. - ¿Sólo te quiero para eso, recuerdas?
Lo vio entrecerrar los ojos, mosqueado. Una mano grande y caliente avanzó por su cuello hasta cubrirle la mitad de la barbilla y obligarla a levantar la cabeza.
- No me vaciles, voy a llegar hasta el final, te lo creas o no. – la miró fijamente mientras sus manos desabrochaban los botones del camisón. Se inclinó y empezó a besar su cuello tal y como solía hacer: con la boca abierta. – Y verás que todo esto no es más que pura y maravillosa química. Nada más.
Notó como, lentamente, llegaba al collar y dejó que bajara hasta el escote. Ella seguía apoyada en la mesa, dejándose hacer, sin tocarlo.
- Estoy segura. – le salió la voz en un ronquido excitado y tuvo que tragar saliva para seguir. – Y una vez resuelta ya no habrá de que preocuparse. Podremos seguir con nuestras vidas.
En la posición en la que estaba, tuvo completa visión de cómo ciertos músculos de la espalda de Seifer se tensaban.
- Como si nada hubiera pasado. – y se inclinó un poco para que la boca de él siguiera en su cuello, pues había dejado de moverse.
Hay que decir que Seifer tardó en darse cuenta de las implicaciones. Estaba excitado, picado y tenía un escote de ensueño a su vista. Todo le llegaba como en ralentí y tardaba aún más en procesarlo en su mente. Hicieron falta diez minutos y Quistis, a sabiendas o no, los esperó para asestar la puñalada final.
- Así ya no habrá problemas cuando quiera salir con otro ho… - una mano en su boca le impidió continuar.
Fue difícil pensar en lo bien que lo había hecho cuando los besos terminaron y Seifer se apartó ligeramente. Pasó los ojos arriba y abajo lentamente, mirándola de una manera peor que si la hubiera desnudado y terminó asintiendo varias veces en silencio.
- ¿Quién dijo que estabas en el bando de los buenos? Eres una auténtica bruja. - Seguía inclinado hacia ella y soltó una risa seca antes de apartarse un poco más. Parecía renuente a apartarse del cómodo rincón que se había hecho entre sus piernas, no obstante.
- ¿Y la química, Seifer? – y esta vez, el brillo de diversión en los ojos de Quistis fue genuino. Y malvado.
La miró con una mezcla de rabia y diversión que casi la dejó sin aliento. No había salido bien; había salido de maravilla, a juzgar por la risa seca que Seifer iba soltando de vez en cuando. Seca, incrédula, divertida… parecía otro.
- Lo haremos a tu manera Trepe. – hizo más gestos de asentimiento, como si estuviera tratando de convencerse a si mismo. – Tú ganas.
- Por supuesto que sí. – y se permitió devolverle la sonrisa. Él le contestó con un sonrisa cínica.
- Soy un puto mariquita. No me lo puedo creer.
- Para ser un mariquita te veo las manos muy largas. – dijo, lanzando una elocuente mirada a su posición sobre sus muslos.
- Estás flipando, estoy que hasta me duele.
Miró con horror como una de las torneadas piernas se apartaban y lo empujaban fuera de ese maravilloso refugio que se había construido. Había estado pensando hasta en pedir una cédula de habitabilidad.
- Cuando te vayas a dormir esta noche, Seifer, quiero que pienses en cómo y por qué te he ganado, no en lo bueno que pueda haber sido uno de tus famosos revolcones. – cruzó las piernas y lo miró, triunfante.
- ¿Encima de bruja, calientapollas?
- Buenas noches, Seifer. – y esta vez ya no sonreía.
Se miraron un largo momento más, midiendo la voluntad del otro. Al final Seifer volvió a sus cabeceos de asentimiento y recogió su abrigo, sacudiéndole el imaginario polvo que hubiera cogido. Ahora que se fijaba tenía unas piernas larguísimas…
- Me estoy preguntando seriamente si no serás una jodida monja de clausura, Trepe. Mucho predicar y poco actuar.
- Bue-nas-no-ches. – marcó mucho las sílabas en un claro intento de darle a entender que la broma no podría llegar muy lejos.
Realmente debía haberse sentido pillado y vencido, porque Seifer no puso muchas pegas a marcharse de la habitación. Aunque enfadado y excitado, parecía aún en shock por lo que le acababa de pasar. Para él, el gatillazo había sido un golpe muy duro a su moral, pero dejarse manipular de esa forma… no podía ni creérselo.
Sin embargo, tuvo un momento de revelación. Un momento que sirvió para que Quistis vacilara como nunca había vacilado antes.
- ¿Por qué está todavía eso en tu cuello?
La mano de Quistis tocó el frío metal y su cara hizo todo el esfuerzo para controlar una mueca de desesperación. ’Díselo. No se lo digas. DÍSELO.
- Ya te lo explicaré mañana. – sonrió casi con dulzura, como si fuera un niño al que estuviera llevando a dormir.
Cuando la puerta se cerró y ella trató de volver a un estado de normalidad, las cosas se le torcieron. Para empezar, tenía las piernas tan hechas flan, que al tratar de poner los pies en el suelo se cayó de culo.
A veces, cuando se veía desde fuera, Quistis se odiaba un poco. Por ser poco honesta y no haber lanzado a Seifer a la cama, como deseaba. Cuanta razón tenía cuando decía que entre ellos había una química maravillosa. En realidad era lo único que explicaba porque estaban haciendo el paripé de aquella manera el uno con el otro.
Ahí todos eran mercenarios, y Quistis había empezado a serlo cuando sus fantasías románticas se estrellaron contra el muro frío e insensible que había sido Squall. No era la única; ni Shu ni Selphie eran inconscientes de lo que significaban los romances en alguien como ellas. Pero ah, Rinoa… ella podía permitírselo, por supuesto.
’Un romance de cuento de hadas…’ Y aún así, para ella ahora Seifer era el auténtico caballero andante. Lo que siempre había estado esperando. ¿Y le decía que solo la quería para un revolcón? ’De eso ni hablar.’
Calientapollas, creída, bruja, manipuladora… Puede que sí. No le hacía mucha más gracia que a él, pero en el amor y en la guerra todo se valía. Y ella había sufrido ya una guerra como para saber cuán cierto era ese dicho.
- Pero, maldita sea, podrías ser un poco más honesto contigo mismo y ahorrarme esto. – se pasó una mano por el cuello y notó la piel ardiendo. Era difícil ser la zorra manipuladora que atrapaba hombres con sus malas artes cuando lo único que deseaba era todo lo contrario.
’Esta educación nos ha vuelto disfuncionales a todos.’ Nadie parecía saber querer con la normalidad y naturalidad de los civiles.
Conocía las miradas y sonrisa burlonas. Era consciente de que eran la comidilla de todo el Jardín y que el escándalo de la anterior noche no había ayudado en nada a apaciguar los cuchicheos que podía oír en los lindes de la zona de entrenamiento.
Por supuesto que contemplar a dos SeeDs como ellos peleando era algo digno de verse, y no era la primera vez que reunían a un corrillo en sus sesiones de entrenamiento.
- ¡La Barrera total no vale, Quisty! – Irvine la devolvió a la tierra con un tono divertido. – No me puedo creer que estés usando magia azul conmigo. ¡Pelea limpio!
- Fue a hablar. – no supo si le había oído, pero el vistazo que echó a las marcas de fuego en el suelo habló por si solo. No le dejó usar de nuevo las balas píricas y lanzó el látigo tratando de capturar el rifle.
Irvine rodó por el suelo mientras disparaba, huyendo de una táctica que conocía la mar de bien. Era difícil pelear cuando los rangos de sus armas eran tan diferentes, pero Quistis había insistido. Ambos lo necesitaban, según ella.
Aprovechó el movimiento del Save the Queen y, manteniéndolo en toda su extensión, siguió el recorrido de su contrincante, parando las balas en un movimiento de apertura de abanico. Nunca había acabado de perfeccionar algo tan especializado e hizo una mueca cuando una de las balas explotó demasiado cerca de su costado.
Pensó que la tenía ya hasta que vio que seguía sin interrumpir los gestos que había empezado. Lanzó una maldición tratando de levantarse, pero el rayo de hielo alcanzó el rifle de todas formas.
- Maldita sea. – trató de apretar el gatillo varias veces, pero las balas píricas se habían echado a perder. - ¡Has vuelto a hacer trampa!
- Nadie te ha impedido usar la magia.
- Yo soy un caballero. No se me ocurriría lanzarte un rayo de algo para fulminarte.
Quistis arqueó una ceja, divertida, mientras recordaba el golpe de culata que le había lanzado mientras peleaban cuerpo a cuerpo. O el tiro que casi le rompe varias costillas.
Viendo que la pelea había terminado, comprobó con alivio como el corrillo de SeeDs y estudiantes se dispersaba. Pese a haber vivido siempre bajo el ojo del microscopio, no era agradable la sensación de ojos en su nuca.
- No les culpes. Yo también me muero de curiosidad. – se sentaron en uno de los bancos en la típica rutina post-entrenamiento. Aparecieron las toallas y los enseres de limpieza de armas. Quistis se aplicó un poco de Cura para bajar la inflamación del costado.
- Por el amor de Hyne, como si no tuviéramos ya bastantes cosas…
- Ni se te ocurra continuar. El alma de Selphie, siempre presente entre nosotros, me impide dejarte quitarle hierro al asunto. Esto es un asunto de importancia jardinil grado A. – rió ante la cara de profundo desconcierto de la rubia. – Es el lenguaje de Sel, yo sólo soy su enviado.
- ¿Reconoces entonces que todo es por su simple necesidad de estar informada de todo?
- Mmm, puede. También estoy preocupado por ti. – se ajustó el sombrero, en un arrebato de timidez.
’La zorra manipuladora tiene amigos.’ Se censuró ante su cínico pensamiento pero miró a su amigo con cariño. Definitivamente, había echado mucho de menos esto en su viaje. Le golpeó muy suavemente en el brazo, en señal de compañerismo.
- Es… complicado. – fue la única apreciación que pudo hacer al respecto.
- Todo parece serlo últimamente. – Ahí estaba. El calzador que necesitaba delante de sus narices para interrogarlo. La mirada melancólica también ayudaba, a decir verdad.
- ¿Qué es eso complicado que te mantiene en las nubes a ti? – utilizó el mismo tono que usaba cuando hacía orientación a sus alumnos.
Irvine la miró, sorprendido, como si no se pudiera creer que alguien hubiera reparado en sus eternos suspiros y miradas al infinito. Selphie moría de angustia por los rincones y él se sorprendía. ’Ahí está, disfuncionales todos.
- Es… complicado. – trató de aligerar el ambiente con la broma, sin conseguirlo demasiado. – Debería haberlo mencionado en la reunión de informe… pero no me sentía con fuerzas.
¿Algo relacionado con la misión de LeBlanc? Quistis puso toda su atención. Las noticias de esos días habían sido tan nefastas que se aferraba al más mínimo rayo de esperanza.
- ¿Qué sucede? – por la manera en como la mandíbula de Irvine se tensaba, supo que no quería oírlo. Que era lo último que necesitaba en ese momento.
Era extraño verlo así, brazos en las rodillas, sombrero bajado, tenso y preocupado. Entendía el estrés de Selphie aunque seguía sin comprender como había aguantado todo eso sin preguntar. Quistis no habría podido ser tan paciente.
- ¿Debería contártelo? Realmente no sé si puede afectar a la misión.
- ¿De qué estás hablando? Olvídate de la misión, no me gusta nada verte así, Irvy. – usó el mote cariñoso de Selphie para confortarlo, darle a entender que estaba entre amigos.
- ¿Selphie está muy enfadada conmigo?
Era típico de él andarse por las ramas, y la SeeD le habría gritado si la pregunta no la llenara de ternura. Era agradable ver algo más en Irvine que no fuera al mujeriego insoportable, un consuelo para alguien avezado en personalidades bidimensionales.
- Sólo si sigues así por más tiempo.
- No gané la pelea con Anbus LeBlanc, Quistis. Me dejó marchar.
- ¿Te dejó marchar? ¿Para perseguirnos a nosotros?
- En parte. – y se volvió a calar el sombrero. Parecía conmocionado por los recuerdos. – Debí haberme dado cuenta antes que él. Al menos para que no me pillara tan por sorpresa. De repente, lo tenía delante de mí usando Duelo como un auténtico profesional.
Duelo, el ataque especial de Irvine, perfeccionado con los años. No había nadie capaz de disparar tantas balas a esa velocidad solo con un rifle y el hecho de que LeBlanc conociera esa técnica la lleno de confusión.
- ¿Espías? – era un pensamiento poco halagüeño.
- ¿Para conseguir saber algo así? No creo, Quistis. Solo alguien con el mismo tipo de arma y…
- Irvine. – lo cortó de raíz y lo miró alarmada. – No me gusta donde está yendo esta conversación.
’Es más, considero que no deberíamos hablar de esto.’
- Misma sangre, Quisty. Mi padre, ni más ni menos.
- Es imposible. – las pausas dramáticas entre frase y frase no estaban ayudando nada a la tranquilidad de su espíritu. Es más, sintió que tenía ganas de chillar. – Ni él mismo podría saberlo. ¡Ni él, ni tu, ni nadie! ¡Ni siquiera os parecéis!
O puede que sí. Maldita sea, no quería ni pensarlo.
- Quisty… esto no afecta en ningún caso a la misión. No te pongas tan nerviosa.
- Por supuesto, Irvine. – su voz supuraba cinismo. – Enfrentémonos a tu padre. Estoy segura que nuestros traumas de orfandad nos permitirán hacerlo sin ningún problema.
- Has pasado demasiado tiempo con Seifer.
El comentario no le hizo ninguna gracia, pero sirvió para que se obligara a controlarse. Cerró los ojos y volvió a mirarlo, esta vez forzándose a mirarlo de verdad. A buscar en su rostro.
- ¿Qué pasó? – descubrió que no sabía si quería saberlo. Comprendía racionalmente que Irvine necesitara soltarlo pero… ¿esto? Era peor aún que la noticia que le habían dado los nanomecánicos de F.H.
- Cuando usó Duelo me sentí confundido, pero sabía mejor que nadie como contrarrestarla. Eso pareció acabar de convencerlo y detuvo el combate. Sí, así sin mas… y entonces lanzó la traca final diciendo que no haría daño a alguien de su sangre. ¿El colofón? Que tenía los mismos ojos de mi madre.
- Estaba jugando contigo.
- Yo también lo pensé al principio. ¿Quién en su sano juicio creería nada de lo que le dicen en una pelea? Pero, maldita sea, Quisty, sabía usar Duelo.
- Eso no es una prueba concluyente. – Normalmente una técnica especial, o límite como solían llamarlo en lenguaje Jardín, era algo casi innato que uno perfeccionaba con los años. Solía requerir años de especialización y un uso sutil de las habilidades desarrolladas en combate. – Y no me importa lo que diga la teoría de los genetistas.
Irvine la miró casi con pena, como entendiendo que estuviera totalmente en negación. Él también había pasado por aquella fase.
- Sea como sea, esto sigue sin afectarnos. Si es mi padre, ¿Crees que dejaré que nos utilice a todos como marionetas? Aunque no lo parezca, soy un profesional.
- Lo siento. – se llevó una mano al puente de la nariz. – Es solo que… esto es repentino y un auténtico inconveniente. Y no te negaré que no deja de parecerme otra de sus manipulaciones. – Se hizo el silencio un instante. – Sin embargo, sigues pareciendo un muerto viviente. Y eso si que no es profesional. Ni bueno para los que nos preocupamos.
Sabía que él tenía razón, que no tenía que afectar algo así a una misión tan importante. También sabía que no hacía falta preguntarle porque seguía así, en las nubes, cuando la resolución estaba tomada.
’Ese hombre es demasiado astuto para nosotros.’ Que fácil había sido para él darle a un huérfano la esperanza de saber quienes eran sus padres. Toda la vida en el orfanato y en el Jardín, siendo felices pero con el resquicio siempre abierto de no saber. De no tener referencias, ni figuras de las que inspirarse o apoyarse. Solos.
Sintió ira de repente, burbujeante como la espuma, en la boca del estómago. Su amigo era un profesional, sí, pero también demasiado buena persona. Ante la duda, recordaría a la madre que tanto anhela, a la necesidad de pertenecer y no sería capaz de apretar el gatillo.
’Nos ha dejado sin uno de un golpe.’ Era un pensamiento tan aterrador que le atrajo hacía sí por los hombros en semiabrazo dolido. El gesto despertó en su amigo una extraña mezcla de tristeza y alegría.
- No hace falta que hagas de hermana mayor, Quistis. Estaré bien. - le pasó una mano por la cintura. – Sé que os he preocupado, pero después de hablar contigo estoy mejor y no tienes por qué…
- ¿Podrías callarte solo un momento? – y rió, contagiada por el mismo sentimiento contradictorio. – Siempre te pones a balbucear cuando estás nervioso.
- ¿Cómo no estarlo? Tengo a una rubia de infarto bien agarrada. – las bromas, como siempre, eran el terreno seguro de los cobardes demasiado fuertes para tener emociones. – Si te quedas así un rato más pronto nos sacaran una foto y verás la que se armará.
- Oh, estoy segura de que es lo que más te gustaría. – se separó, pero mantuvo una mano en su hombro. – Pero ni yo soy tan valiente como para enfrentarme a Selphie celosa.
No fue un intento de recordatorio, pero para Irvine sirvió. Frunció el ceño y al rato forzó una sonrisa.
- Creo que la he cagado de forma monumental. – se sacó el sombrero, mirando a Quistis con los ojos como platos. – Oh, mierda Quistis, me besó y pasé de ella.
- ¿Te besó? – Irvine realmente debía haber estado muy mal para que una chica le diera un beso y él ni lo registrara.
- Vaya si lo hizo. Un beso de película de chicas en toda regla. Esto me va a costar mil años de trabajos forzados para que me perdone. – miró a Quistis como si estuviera loca, cuando esta empezó a reírse. - ¿Eso es toda la reacción que puedes ofrecer? Esperaba un poco de solidaridad.
- ¿Qué puedo decir? Esto está alcanzando cotas de folletín por entregas.
- Siempre tuvimos un don para el drama.
Y, sorprendentemente, Quistis no pudo estar más de acuerdo.
CONTINUARÁ…
.-.-.-.-.
Solo dos escenas, tsk tsk, con lo que me gusta a mi saltar de un sitio a otro. Como veis estamos ya empezando a resolver misterios (o añadiendo nuevos, miradlo desde el punto de vista que queráis XD). ¿Será de verdad LeBlanc el padre de Irvine? ¿Qué ha pasado con el collar? ¿Conseguiremos que Quistis y Seifer se vayan a la cama de una p*** vez?
Parece ser la opinión general que Quistis debería ser más agradable con Seifer y voy yo y os planto una escena como la de la mesa. Me supo a polémica desde el principio pero también tengo en cuenta que las fangirls de Seifer sois vosotras mientras que la fan acérrima de Quistis soy yo XD Nuestras opiniones no serán en ninguna forma objetivas! (También es una forma de deciros que ya podéis llorar, que soy una persona cruel que le gusta haceros sufrir (- Menuda drama queen XD))
Os pido perdón a todos los sibaritas de la ortografía y la gramática. Soy muy consciente de que escribo el fic en mis ratos libres y hasta hace poco ni siquiera me molesté en conseguir una beta (Dad gracias a Susi-chan y a Holofernes por tomar semejante tarea sobre sus hombros). Esperemos que la cosa mejor con el tiempo.
Una vez más os agradezco de corazón la increíble acogida. Me sonrojo y todo leyendo tan buenas críticas y veo que todas sois de la escuela de Seifer, “Mariconadas las justas” XD
(Aún así, no sufráis. Lo que estáis esperando (seamos sinceras, que sois todas unas pervertidas XD) llegará muy muy prontito, lo juro.)