Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Search
B s . A A A   full 3/4 1/2   E E   Light Dark
Games » Final Fantasy VIII » Minerva en Jaque
Malena-sama
Author of 4 Stories
Rated: T - Spanish - Romance - Quistis T. & Seifer A. - Reviews: 124 - Updated: 07-12-11 - Published: 12-06-04 - Complete - id:2161060
Share

Minerva en Jaque

06. Kidnapped

Parecía mentira, pero ni con las largas zancadas de él, podía acabar de alcanzar al Mumba que corría a grandes saltitos delante de él. Lo único que lo consolaba un poco es que parecía bastante asustado por si Seifer lo pillaba. Y tenía razones para estarlo, pensó furioso.

-¡Ven aquí!

Cuando volvieron a llegar a la plaza del Tímber Maníacs por tercera vez, el rubio decidió que ya estaba bien de hacer el idiota. La gente ya lo estaba mirando verdaderamente extrañada: No era muy normal ver a un hombre hecho y derecho persiguiendo furioso a un Mumba por toda Tímber.

-¡Me parece… - bufó mientras respiraba pesadamente, apoyándose en una farola – que ya te has divertido bastante, animalucho!

Los ojos oscuros e inteligentes del Mumba lo escrutaron unos instantes y abrió la garra lentamente para mostrarle el mechero, como asegurándole que aún estaba en su poder. Se volvió a golpear el pecho y a hacer su comparsa de nuevo. Después sin dar mayor explicación, se puso a caminar a paso ligero hacia uno de los extremos de la plaza. Seifer decidió que él tampoco se iba a estresar y lo siguió.

-¡Kyu!

-¿Esto? – El SeeD miró atentamente la protegida puerta que tenía delante. Ya la había visto antes, era uno de los múltiples accesos a las vías de tren. En este caso esta parecía eternamente cerrado al público pues los haces eléctricos que protegían la entrada se veían gastado. Tampoco es que recordara nunca haberla visto abierta en todas las veces que había ido a la ciudad. – No sé qué es exactamente lo que quieres, bicho, pero ahora mismo me vas a dar… ¡eh!

El Mumba, haciendo caso omiso de las amenazas de Seifer, se subió a su hombro y pegó un salto increíblemente ágil hasta superar el haz superior y quedar al otro lado de la barrera. El rubio hubiera jurado que el animal sonreía burlón mientras tocaba hábilmente con sus grandes zarpas los controles y hacía que la electricidad desapareciera. Acto seguido, dejó el mechero en el suelo y se apartó unos pasos, invitando a Seifer a entrar.

-No me lo puedo creer – gruñó cuando por fin tubo el mechero en las manos. – Lo has rallado especie de bufón con zarpas. – se giró para comprobar que el animal había vuelto a encender la protección de la puerta y se volvió para escrutar el camino que tenía delante.

'No me hará daño ver que hay al final…' pensó mientras daba unos pasos lentos hacía el fondo de la empedrada calle. Entrecerró los ojos al acordarse de algo y se giró para ver al Mumba diciéndole adiós con la mano. Una gota de sudor recorrió su frente.

-Estás flipando. – con dos rápidas zancadas, agarró al bicho del cogote y desoyendo sus protestas tiró adelante. – Tu te vienes conmigo amiguito.

Cuando la plataforma bajó del todo en el centro de la sala, Zankos y Tíboros se levantaron para saludarle con gesto informal. Ahora que lo podía ver con luz y de frente, Quistis se sorprendió que "El Jefe" tuviera poco más que su edad.

Parecía ir siempre de punta en blanco con un gabán ajustado sobre un traje claro. Tenía una nariz recta y delicada que parecía estar siempre erguida y el pelo suave y castaño tenía pinta de ser muy lacio, pues no había un solo pelo fuera de lugar en ese look repeinado hacía atrás de señorito que llevaba. Cuando la miró, comprobó, turbada, que una sonrisa que adivinaba eternamente condescendiente le cambiaba (para bien) muchísimo los rasgos.

-Podéis marcharos – dijo suavemente mientras les daba unas palmaditas en los hombros y se dedicaba por entero a la SeeD. Ni siquiera miró cuando la plataforma se fundió con el pecho – Me sorprende que no parezca sorprendida, señorita Trepe.

- Lo estoy más de lo que cree. – respondió con sinceridad mientras le echaba una ojeada a la habitación. De repente, una sombra le oscureció la visión. El Jefe se arrodilló delante de ella tocando sus rodillas con su pecho, pero Quistis no se movió ni un milímetro – ¿Qué demonios hace?

-Vaya, toda una mujer de hielo. –sonrió, sacando una pequeña llave de su bolsillo - ¿Cree que no sería capaz de hacerle nada a una prisionera? ¿Tan caballeroso me cree? – Se levantó rápidamente y se sentó en la silla que antes había ocupado Zankos.

Quistis se tomó su tiempo para sobarse las muñecas, ahora libres de esposas.

-¿Y usted? ¿Cree que no sería capaz de matarle si me pusiera una mano encima? ¿Tanta docilidad aparento?

-Creo que sí lo sería, y sin embargo la suelto estando los dos solos en una habitación acorazada. Si quisiera matarme ahora ya habría tenido la oportunidad. – se removió en su asiento al sacar dos pistolas de sus costados y dejarlas encima de la mesa que tenía al lado – Y que sepa que no confundo su inteligencia por docilidad. Yo llevo las armas, y lo sabe.

Y tanto que lo sabía. Ya había probado esas balas hacía pocas horas, y sabía el hombre era rápido y certero. ¿Pero que hacía un hombre tan joven haciendo de jefe en un lugar que parecía el de una mafia bien organizada? Sería el hijo del jefe. Por sus maneras de hipócrita caballeroso casi lo hubiera jurado.

.-Y ahora que han quedado las cosas claras, señorita, es justo que me presente. Soy Gilbert LeBlanc, de LB Company.

-¿Hijo de Anbus LeBlanc? – sugirió ella, sin estar demasiado segura si recordaba bien el nombre.

- Muy acertado. Se ve que es una señorita de mundo y todo srta Trêpe – y antes de que ella pudiera contestar nada, él rió – aunque no crea que no conozco sus méritos pasados. Es casi un insulto llamarla "persona de mundo" cuando usted ha visto lo que ha visto.

'¿Qué sabe él de lo que yo he visto? ¿Y por qué me hace tanto la pelota?' El pensamiento la tranquilizo un poco . 'No me la harían si no quisieran algo de mí, y mientras quieran algo de mí aún me quedará tiempo de vida.'

En la oscuridad del largo pasillo, el SeeD seguía preguntándose si realmente había hecho bien en seguir a semejante proyecto de mascota hasta tan lejos. Había algo en todo aquello que no le gustaba nada.

Nada de nada.

En primer lugar, el hecho de que fuera tan terriblemente complicado encontrar el edificio con el emblema de la compañía que había visto en el mechero y sin embargo, la entrada a él había sido tan fácil y sencilla como entrar en un almacén abandonado.

Seifer sospechaba. 'Aquí hay algo que no encaja.'

Por décima vez, sacudió la pierna para hacer que el Mumba, que lo había agarrado fuertemente desde que entraran, se soltara. Sin éxito por supuesto. Nunca había tratado con las metamorfosis de los sumis, pero habría jurado que había oído que eran feroces y valientes.

'O este es un renegado.' y el pensamiento le hizo sonreír tristemente a su pesar. 'O nos han timado a todos desde el principio'.

Cuando llegó a una de las múltiples intersecciones decidió que o conseguía sacarle el valor a golpes o se deshacía de él.

-Eh, amigo – lo agarró de cogote, y después de tirar con fuerza, consiguió dejarlo delante de él. – Ya es hora de ponernos serios. Va a ser muy difícil encontrar a Quistis en este lugar sino pensamos con la cabeza. Y queremos encontrar a Quistis cuanto antes, verdad?

El Mumba asintió con vehemencia. Antes de que pudiera darse cuenta, ya tenía un transmisor detrás de la oreja y Seifer lo empujaba dentro del conducto de ventilación. Enseguida trató de resistirse con todas sus fuerzas.

.-Si... quieres encontrarla... – gruñía mientras hacía fuerza hacía dentro – tenemos... que separarnos! – Cualquiera que hubiera estado presente en ese momento, en un pasillo oscuro de un supuesto edificio abandonado, hubiera encontrado casi cómico a un SeeD como Seifer empujando con malas palabras a un Mumba cobardica dentro del conducto de ventilación.

De un segundo a otro, la predisposición del animal cambió. Como si hubiera escuchado o notado algo, paró sus largas orejas y de un brincó se escabulló dentro de la oscuridad del túnel sin decir una palabra.

-¡Eh! ¿Dónde vas? Aún no te he dicho lo que tienes que... – dejó de gritar en un momento cuando oyó un pitido y un retumbar afuera. ¿Qué demonios pasaba en ese lugar? No supo porqué pero tenía la extraña sensación de que había llegado la hora de usar el transmisor que le había puesto en la oreja. – En verdad no imaginaba que lo usaría tan pronto – murmuró mientras lo programaba para localizar al animal.

Otro retumbar. Empezó a caminar a paso ligero por los pasillos vacíos hasta que algo le hizo parar en seco. El Mumba se movía rápido, pero estaba a punto de sobrepasar el radio de alcance de una máquina que había costado millones de giles¿Dónde demonios se había metido ese idiota?

Como por arte de magia llego al rellano de las escaleras por dónde se veía el exterior. Se puso pálido de golpe.

Quistis lo miró preocupada, aún sobándose las muñecas.

- También usted parece saber mucho – contestó con seriedad, escrutándolo. – Juraría que es quizás eso lo que le lleva a ser tan cortés.

- ¡Oh! – se levantó rápidamente y le dio la espalda para pasearse tranquilamente por la habitación – Yo siempre soy cortés, señorita Trêpe. Ehm... ¿Le importa que la llame Quistis?

La SeeD reprimió un escalofrió. 'Para ser tan cortés, trata muy pronto de tomarse confianzas'. Por alguna extraña razón, la pregunta le hizo recordar a Seifer y tardó un rato más en contestar.

- Usted pone las reglas, señor LeBlanc – cruzó los brazos en gesto neutro.

- Gilbert, por favor. Como decía... – hizo un gesto amanerado con la mano, que a Quistis le pareció ridículo y poco adecuado para él – no vas muy desencaminada en eso que acabas de decir. De momento solo puedo decirte que es para mí un placer y un honor darte la bienvenida a LB Co.

- ¿Perdón?
- Al contrario que el pequeño edificio que tenemos en Tímber, en Deling contamos con muchísimos más recursos. Afortunadamente para ti, los podrás disfrutar dentro de pocas horas.

- ¿Dentro de pocas horas? – se sentía ridícula repitiéndole la última frase, pero es que ya no podía ocultar más su sorpresa – Deling está más lejos que "unas pocas horas", y nosotros no nos hemos movido de aquí.

- Nosotros no. – sonrió ampliamente con satisfacción y accionó un pequeño mando que había cerca de las ventanas. – Pero el tren sí – Cuando la pantalla de protección se esfumó, Quistis abrió los ojos sorprendida al ver que el paisaje de fuera se movía a toda velocidad.

- ¿Estamos en un tren?

- Una de las pequeñas tonterías que tenemos cuando no queremos malgastar nuestro tiempo. Como se habrá dado cuenta no es un tren normal, ¿Pero qué cosa hecha en Esthar no parece increíble a los ojos de aquellos que no están acostumbrados? – dijo con afectación, disfrutando de la mirada anonadada de ella mientras veía los árboles transformados en una marea de verde.

- ¿Para qué voy a Deling? – preguntó Quistis una vez se hubo repuesto.

- Ya te he dicho que no es ahora el momento ni el lugar. Tu función la descubrirás en el momento apropiado – y la miró detenidamente como estudiándola. 'Parece que disfruta con todo esto. Supongo que debo ser como un juguete nuevo en sus manos'

- ¿Quién ha dicho que voy a cumplirla? – dijo, retándolo. Estaba harta de verle la mirada de poder y condescendencia todo el rato.

Él sólo sonrió ligeramente y alargó el brazo para mostrar su muñeca. Parecía un reloj, pero Quistis vio claramente que más bien eran unos mandos.

- Está claro que aún no entiendes tu posición aquí – apretó un botón y la rubia oyó un pitido demasiado cerca de su oreja. Lo miró con el ceño fruncido – Otra maravilla de la técnica sólo para ti. – Y la señaló.

La SeeD tardó un poco en darse cuenta a que se refería, pero cuando lo hizo, el propio objeto pareció adquirir presencia y forma en su cuello. Palpó, temblorosa, el ajustado collar metálico que rodeaba su cuello y comprendió que estaba jodida.

Terriblemente jodida.

Sin embargo, no iba a dejar que ni el pánico ni la aprensión jugaran en su contra. Nunca había dejado que tales sentimientos la controlaran, y no iba a hacerlo ahora, cuando tenía un interesado espectador.

Tocó con más seguridad el sólido metal y comprobó que tenía unas ligeras protuberancias.

- Me imagino exactamente que hace esto, señor LeBlanc. También es conocido en los Jardines.

- Lo sé, y hasta estaría seguro de que sabrías decirme las piezas básicas y su funcionamiento. Eso hará más fáciles las cosas y te hará saber hasta qué punto es imposible para ti salir de ésta, verdad? – Mientras hablaba, se acercó suavemente para volver a sentarse – Un paso en falso y apretaré el botón rojo sin contemplaciones.

-Le creo suficientemente caballeroso para hacerlo. – dijo con ironía, pero Gilbert no contestó.

El fastuoso tren llegó a la capital de Galbadia de noche. Cuando Quistis salió no había nadie en la estación, excepto la comitiva que había ido a recibirles. La gente de LB Co. parecía sentir un gusto especial por los trajes, pues casi todos iban uniformados de esa manera. Se permitió el placer de observar la increíble maquinaria que la había llevado hasta allí y tuvo que reconocer, pese a sus escasos conocimientos en esa rama de la técnica, que verdaderamente era un tren insuperable.

Como no parecía haber nada que hacer para ella por el momento, la SeeD (por orden expresa del Jefe) andaba justo detrás de Gilbert, quién estaba flanqueado por Zankos y Tíboros en lo que, bajo la mirada de soldado experta de Quistis, le parecía un burdo intento de guardaespaldas. Se dedicaba a mirar con detenimiento todo cuanto pasaba, pues ella aún seguía en misión, por mucho que la hubieran despojado de sus ropas y armas.

Llevar ropa de paisano nunca le molestaba, pero estaba claro que no era así como quería hacer las misiones. ¿Haciendo de perrito faldero a un mimado ricachón? No gracias. Ya había tenido bastante lidiando con Seifer. Perderlo para encontrarse con semejante elemento, lo hacía añorarlo un poquito.

Sólo un poquito.

Y sin embargo, podía ver porque había llegado a jefe siendo tan joven. El chico tenía carisma. Parecía algo inherente en él y apenas tenía que hacer esfuerzos para controlar a los demás. A diferencia de cierto comandante que conocía, Gilbert LeBlanc sabía usar y sacar provecho de sus dotes de líder.

Se sorprendió sobremanera cuando la llevaron al edificio de la compañía. Justo al lado del Hotel Galbadia dónde no hacía tanto había tenido sueños con el presidente de Esthar y una hermosa cantante. Se preguntó cómo era posible que una mafia pudiera ocultarse en la calle comercial más bulliciosa de Deling.

Como disfrutando de tenerla de nuevo juguete, Gilbert no le dirigió la palabra hasta que no la hubo mareado pasillo arriba, pasillo abajo mientras comprobaba que todo estaba en orden. Cuando por fin se dejó caer en un sillón de la habitación más alta del edificio, Quistis pudo hablarle.

- ¿No es hora ya que sepa que tengo que hacer? – dijo fríamente, de pie, al lado de la puerta.

- Toda una soldado. Eficiente y directa al grano. – Echó un suspiro cansado mientras estiraba las piernas – Sabía que no dejarías pasar la oportunidad de preguntarme. Es por eso que he hecho marchar a Zankos y a Tíboros – y añadió después, mirándola fijamente, valorando su reacción. – Estamos los dos solos.

Quistis trató de no arquear la ceja ante el comentario, y decidió ignorarlo.

- Entonces... – y se acercó a dónde él estaba - ¿Me lo vas a contar?

- Dime Quistis... ¿Hay algo en todo lo que has visto que no te convenza?

- ¿Qué quieres decir?

- Oh vamos, no te hagas la humilde conmigo. Has hecho el trabajo de soldado durante largo tiempo al fin y al cabo, no? Tus conocimientos en ese campo son extensos... y útiles...

'¿Me quiere hacer creer que me ha traído en un tren hasta Deling para preguntarme cuatro cosillas sobre seguridad?' Esta vez sí que no pudo evitar arquear una ceja. 'O este Jefe es muy tonto o se creen que la tonta soy yo'.

- ¿Es para eso para lo que me necesitáis? – contestó con frialdad cruzando los brazos - ¿Tan escasos de guerreros estáis que necesitáis secuestrar a uno de fuera?

- No me gusta que tengas la lengua tan suelta, Quistis – sonrió pero el ceño estaba fruncido – No está bien visto que un subordinado hable de esta manera al Jefe. Es un mal ejemplo.

- Entonces no trates de engañar a un subordinado de esa manera – inquirió, sin dejar que la pequeña amenaza le afectara lo más mínimo.

- Te cuento un problema grave y privado de mi organización... ¿Y tú me llamas mentiroso? – con otro de sus movimientos exagerados, abrió el cajón de la mesilla que tenía al lado y sacó el arma – Dime entonces, ¿Para que necesitaría a alguien como tú?

- ¡Ese es mi látigo! – se quejó ella al ver como toqueteaba inexpertamente un arma que le había costado gran esfuerzo conseguir. Sin embargo, antes de que pudiera acabar la frase se vio envuelta en la Save the Queen y tirada hacía adelante.

No se atrevió ni a parpadear cuando cayó en el regazo de Gilbert y este le paso un brazo por la cintura.

- ¿Vas a cobrarte el derecho de pernada, oh amo y señor? – trató de que la voz no le saliera venenosa, pero no lo consiguió - ¿Es para esto para lo que me has subido aquí arriba?

- Es lo primero que una mujercita como tu pensaría al verme, verdad? – Desenrolló el látigo de sus brazos mientras miraba la cara inexpresiva de ella – Seré joven y, como seguro estás pensando, un malcriado. Pero no dejes que todo eso te nuble, no soy idiota. No me pondría en una cama con alguien tan peligroso como tú ni loco. Para eso me reservo a mujeres más simples... y por supuesto, más ardientes.

- Entonces, suéltame – gruñó, tratando de que esas palabras no le afectaran lo más mínimo. Estaba lista si después de todo se sentía insultada por esa imitación de mafioso.

Gilbert controló una risita mientras se incorporaba con ella aún cogida. De la cintura pasó al hombro y la acompañó con fuerza hasta la puerta.

- Tu trabajo empieza mañana. Zankos y Tíboros te llevaran hasta tu habitación, y allí... – abrió la puerta con suavidad – quiero que pienses detenidamente en lo que te he contado hoy. Por supuesto, recuerda que sigues teniendo el detonador en tu cuello. – Y con una sonrisa condescendiente la dejó en manos de su intento de guardaespaldas. – Buenas noches.

Quistis no le contestó.

''Tren con destino a Deling. Faltan 4.00 horas para la llegada. '' La femenina voz despertó a Seifer de su duermevela junto a un pequeño golpe en su costado seguido de unas risitas y un perdón. Abrió los ojos para encontrarse con dos chicas riéndole con los ojos que parecían comérselo. Se removió inquieto.

'Si no fuera porque estoy de misión, quizás me daría libertades...' pensó mientras las miraba de reojo. 'Pero una es rubia y la otra es pelirroja... demasiado parecidas a esas dos criaturas infames que me están haciendo la vida imposible' Supuso que Quistis y el Mumba podrían sentirse ofendidos ante semejantes pensamientos perturbadores, pero Seifer estaba demasiado cansado para siquiera sentir remordimientos.

¿Cómo demonios había llegado hasta allí? Aún recordaba haber tenido que buscar información a punta de Hyperion en esa maldita base destartalada de LB Company para darse cuenta que en verdad la subcomandante tenía razón cuando decía que el rango de misiones fluctuaba a medida que se encontraba información.

De los muchos carroñeros que podían haber sacado tajada de la guerra de las Brujas, la organización LeBlanc era uno de los más experimentados. Se habían extendido por Galbadia de manera muy efectiva, con pequeños negocios y "sucursales" en las ciudades más importantes. Por supuesto la central estaba en Esthar, la lujosa capital de la tecnología, pues se decía que estaban muy apegados a cualquier cachivache psicodélico que saliera de allí. Después venía Galbadia, dónde se decía que el negocio del alquiler de transportes (uno de los más lucrativos) estaba enteramente controlado por ellos.

Y Quistis Trêpe como buena miembro del equipo 'Squalliano' había ido a parar el centro neurálgico de ese lugar.

Simplemente perfecto.

Por si las cosas no acababan de estar suficientemente mal, había sido espectador del traslado de su superior por segundos. En su vida había visto semejante máquina sobre raíles, pero estaba seguro de que llegaba a asomarse un minuto después y ya no lo hubiera visto. Lo peor de todo es que dentro de ese tren no solo estaba Quistis. El Mumba había decidido tomarse en serio eso de salvar a la damisela en peligro que ni siquiera había esperado. Había saltado a toda velocidad al último vagón.

Y Seifer se había quedado solo. Apenas tuvo tiempo para volver al hotel, recoger su abrigo de la armería y sus cosas, pelearse con la dueña y mandarla a freír puñetas y coger el primer tren hacia Deling que saliera.

Cansado de tanto flirteo adolescente que le estaban echando, huyó hasta el rellano dónde estaba el ordenador de entrada. Por alguna razón, se sentía muchísimo más mayor que la gente de su edad desde hacía un año, por mucho que Quistis le repitiera lo niñato que era. De alguna manera siempre solían tocarle los SeeDs más jóvenes en su grupo y eso no hacía sino reforzar esa sensación.

'Y hablando de mi grupo...' Sabía que no podía seguir huyendo para siempre. Hacía una semana y media exacta que habían salido del Jardín y no habían dado señales de vida todavía. En cuanto se pusieran a investigar un poco, lo matarían por no buscar refuerzos.

¡Pero es que él no los quería! Le parecía casi una afrenta personal eso de que le hubieran birlado a la compañera en sus narices, por mucho que le fastidiara que esa compañera fuera Quistis Trepe y no alguna damisela en apuros de verdad.

A su pesar, empezó a teclear los números de la centralita del Jardín en el teléfono público del tren. Cuando por fin dio los códigos e identificaciones necesarios, hasta a él le sorprendió lo rápido que le contestaron.

- ¡Seifer! – reconoció la voz alegre y chillona de la Organizadora Tilmitt enseguida. De fondo le parecía oír algo de barullo - ¡Ya era hora de que dijerais algo! Os lo estáis pasando bien, eh?

- Quistis ha sido secuestrada.

Hubo un momento de silencio que se hizo tan largo e intenso que Seifer pensó que tendría que repetirlo.

-Estás flipando. – Seifer se iba a quejar de que no le robara las frases cuando Selphie continuó atropelladamente - ¿Cómo va a dejarse Quistis dejarse secuestrar? ¿Pero tú sabes de quién estás hablando? Además, esto era una misión de rango C, ¿Cómo demonios iban a secuestrarla? ¡¿Y dónde estabas tú, entonces?

- ¡Whoa, whoa, Tilmitt! ¡Cálmala! – trató de pararla, él – No llegué a tiempo, vale? Como tu bien dices se suponía que era una misión de rango C, pero subió varios niveles en una noche sin que yo me diera cuenta y...

-Excusas. – dijo una voz seca desde el otro lado del auricular, haciendo que Seifer se apartara de él un instante, sorprendido.

- ¿Squall? – el SeeD no se lo podía creer. – ¿Qué demonios…?

- Hacía tiempo que estaba esperando una llamada de vuestra parte, Seifer – prosiguió él sin inmutarse – Y parece ser que no habéis aprovechado muy bien el tiempo que se os ha dado. Dónde estás.

- Camino a Deling en un tren, del cual me vais a pagar la factura – se había puesto de mal humor sólo oír la voz del comandante, pero su tono de mando aún le había hecho ponerse más borde. – Se la han llevado los hombres de la LB Company, y no me preguntes el cómo ni el porqué.

- Está bien. Te enviaré alguien a Deling para que te ayude en la misión. Quizás sería conveniente que enviara a otro grupo también, por si acaso.

- Ni un grupo ni dos, ni refuerzos ni hostias, comandante. – gruñó Seifer. Déjalo en manos del subcomandante para pedir la opinión a los que están en el ajo – No necesito ninguna imitación de SeeD de esos que entrenas para recuperarla. Puedo hacerlo solo.

- Lo mejor será que vaya uno de nosotros. Avisaré al contacto que tenemos en Deling para que te vaya a buscar. – Prosiguió, como si leyera, pasando, como siempre, de todo lo que dijera el otro – Allí esperarás a que llegué tu compañero para empezar la misión. Mientras tanto, contactarás con el jardín cada seis horas para recibir instrucciones y dar informes de la situación.

- Estás flipando de verdad – dijo mientras sonreía con tirantez – Y de paso os hago una tarta de queso y os la envío con un ramito mientras espero, no?

- Si está la cocina entre sus aficiones... – Si Squall hubiera sido capaz de hacer broma, Seifer quizás se hubiera sentido un poco más furioso. Aún así, no pudo soportarlo más y colgó de sopetón.

- Maldito engreído. – murmuró mientras miraba el teléfono – Aun no puedo entender como la subcomandante puede sentir nada por ti.

Lo primero que hizo el SeeD nada más entrar en Deling esa mañana fue encender el transmisor. Como esperaba, la señal apareció débil, pero apareció. El Mumba no estaba lejos.

La siguiente misión era apartarse cuanto antes de la estación, pues las chiquillas le estaban empezando a poner nervioso con tanta risilla y mucho más cuando hubiera jurado que las había oído echárselo a suertes. Siempre podría alegar que no quería encontrarse con el contacto de Deling si le decían algo por largarse. Quedaría más creíble.

- Hace un bonito día en Deling hoy, verdad? – la pregunta le hizo soltar un escalofrío involuntario y cuando se giro, lo hizo algo pálido.

La voz no pertenecía, afortunadamente, a ninguna mujer sino a un hombre ya mayor que parecía estar tomando el sol en las escaleras de la estación apoyado ligeramente en su bastón. Lo miraba afablemente.

- Sí, claro... – gruñó él sin muchas ganas mientras se disponía a seguir el rastro del transmisor.

Antes de que pudiera dar otro paso, algo se le metió entre las piernas y le hizo caer de manera estrepitosa. Ardía su mirada cuando sacó la cabeza de los escalones y se medio incorporó.

Casi le pareció increíble volverse a encontrar al viejo sentado pero esta vez con mirada dura y una mueca de enfado. Pudo comprobar que su bastón seguía entremezclado con sus piernas. Fue a decirle cuatro cosas, pero el hombre fue más rápido.

- A ver si contestamos a las claves correctamente, niño – esta vez su voz era grave y su acento irreconocible. Seifer se reincorporó bruscamente mirándolo alucinado – Llevo esperando más de una hora y la mañana no es tan cálida como parece.

- ¿Quién demonios...?

Cuando el viejo se incorporó también Seifer comprobó que de ninguna manera necesitaba bastón ni nada que se le pareciera. Era más bajo que él (incluso un escalón más arriba), con un cuerpo cuadrado y algo corpulento. Sus facciones eran duras, con un pequeño bigote que le daba un aspecto marcial que no había aparentado segundos atrás. Parecía un buen enmascarador de emociones.

- Normand Baeser, el contacto de Deling. – jugueteó con el bastón mientras le echaba una repasada apreciativa a Seifer – Se suponía que tenías que esperar mi llegada y contestar bien a la clave, niño. ¿Dónde se supone que tienes tu cabeza?

- Deja de llamarme niño, abuelo – respondió Seifer cada vez más furioso. ¿De dónde había salido este viejo listillo cabeza-cuadrada? – Mi nombre es...

- Seifer Almasy. – respondió bruscamente con ojos endurecidos – No te confundas, aún sigues siendo muy conocido aquí. Y para los míos eres casi un criminal de guerra.

- ¿Los suyos? – frunció los labios. No es que tuviera miedo a enfrentarse con su pasado, pero nunca pensó que tendría que hacerlo en una fría mañana de Deling en medio de las escaleras de la estación.

- Yo era profesor de SeeDs en el Jardín de Galbadia antes de que Edea apareciera – si Seifer pudo encontrar dolor en los ojos negros e insondables de Baeser desapareció a los pocos segundos para volver a mostrar la mirada dura y fría – pero tuve que marcharme cuando tomó posesión de él... y de todo el país.

- Creo recordarle que la misma Galbadia ayudó a que eso pasara.
- También sé que la bruja controlaba a todo el mundo como un títere. Todo eso lo sé, niño. Es lo que ha evitado que te partiera en dos nada más verte.

-Me gustaría vérselo intentar – y levantó el mentón con desafío.

- Eres tan arrogante como dicen, Almasy. – dijo con una ligera sonrisa de sorna mientras entrecerraba los ojos – No te preocupan ni tus superiores ni nadie. Aún me estoy preguntando qué demonios haces aquí para rescatar a tu compañero.

- Le veo demasiado informado para ser un simple contacto, Baeser. Usted ya no es SeeD

-Tengo mi propia fuente de información y sigo siendo valioso aún sin ser SeeD. Sé más de todo de lo que tú nunca lo harás.

- No soy el único que peca de arrogante, aquí. – el rubio arqueó una ceja.

Y como movido por un resorte, toda la cara de Baeser se contorsionó en una risa potente y atronadora que sorprendió a Seifer.

A los cinco días de su llegada a Deling, si Gilbert esperaba ver a Quistis desesperada, furiosa o subiéndose por las paredes, no pudo menos que quedarse decepcionado. Mientras era evidente que no se sentía especialmente feliz en aquella situación, apenas podía leer nada más.

Cuando la llamó mujer de hielo, no esperó verdaderamente encontrarse con alguien tan arrogante y frío como ella. La rubia no parecía alterarse por nada, y siempre que alguien le contestaba con un desplante ella solo arqueaba una ceja y lo miraba como si fuera un vulgar insecto. Como mucho, le devolvía la pelota con un comentario elegante y certero que le hacía callar. Y eso bastaba. Nadie le subía el tono de voz por muy prisionera que fuera, y habían empezado a tratarla con un respeto fuera de lugar.

La situación le hubiera hecho reír si no fuera porque ocurría lo mismo con él. Y así no era divertido. Aunque demostraba cierto interés en su persona, apenas podía distinguir si era porque era guapo, por ser el Jefe o por ser el que más le hablaba.

El caso es que siempre que podía trataba de pillarla desprevenida con nuevas noticias.

- Vas a tener más suerte de la que me esperaba, Quistis. – dijo de sopetón estando en su despacho.

- ¿Y eso por qué? – preguntó con desidia.

- Mi padre va a venir a Deling. Aunque no es extraño que lo haga, teniendo en cuenta de que ya ha pasado un año desde su última visita.

- ¿Y eso que tiene que ver conmigo?

- Bueno, no todos los días se conoce a un ilustre caballero como mi padre, Trepe, y eso te lo puedo asegurar. – sorbió un poco de su bebida antes de contestar al gesto de desconfianza de ella – Lo entenderás en cuanto le conozcas.

- ¿Y eso va a ser pronto?

- Los preparativos para la cena y la fiesta están casi hechos. – de repente vio un destelló de sorpresa en su cara y decidió tirarse a él de cabeza - ¿Cómo? ¿No lo sabías? Es tradición que todo Deling le dé la bienvenida al Jefe LeBlanc cada vez que viene. Es todo un magnate aquí en Galbadia. Y por si te lo preguntas, tú vas a estar en esa fiesta. Es justo que te presente como mi nueva asistente.

Quistis trató de no tocarse el pañuelo que le decoraba el cuello, tapándole el collar metálico. 'Bonito nombre para una esclava.'

- No creo que sea mi lugar estar en esa fiesta, sr LeBlanc. No pinto nada allí.

- Oh, pero YO quiero que estés, Quistis. – parecía haber encontrado algo que la incomodaba, y si eso era ir a una fiesta de sociedad, por todos sus trajes que la iba a hacer ir .– y ya sabes que aquí mi palabra es sagrada.

- No lo he dudado un instante, señor LeBlanc. – contestó mirándole a los ojos sin el menor asomo de temor o respeto.

- ¿Cuántas veces tendré que insistirte en que me llames Gilbert?

.-.-.-.-.-.
CONTINUARÁ…

Notas: Este es el capítulo de los personajes nuevos. No pretendía presentar a dos de golpe, incluso Baeser salió en el último momento cuando necesitaba a alguien para enlazar a Seifer con Deling. El Mumba sigue ganando adeptos sin que yo me dé cuenta.

A veces me preguntó cómo no mandé FF-net a la mierda con las tonterías en el formato que hace siempre *abraza a LJ*

.-.-.-.-.

Review this Chapter


Return to Top