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Books » Harry Potter » De amor y de olvido
Muggle Writer
Author of 10 Stories
Rated: T - Spanish - Romance - Harry P. & Ginny W. - Reviews: 86 - Updated: 02-11-05 - Published: 12-09-04 - Complete - id:2165407
Ahora sí, el final...Capítulo 13

"Estos condimentos provienen directamente de China", explicó el vendedor mientras Ginny se inclinaba para examinar los frascos exhibidos en las estanterías. Harry se acercó también, e imitándola tomó un frasco. Pero el contenido de aquel frasco de etiqueta roja era lo último que le interesaba ver a Harry, a pesar de sus esfuerzos por demostrar lo contrario. Miró de reojo cómo Ginny arrugó la nariz ante unas muestras que le ofreció el vendedor, y cómo se estiró el pelo hacia atrás de la oreja con gesto de impaciencia. Sin duda Ginny Weasley era más digna de observación que todas las especias del mundo.

Este pensamiento hizo que Harry se sonrojara involuntariamente. Los últimos días pasados en la casa de los Weasley lo habían sorprendido con crecientes meditaciones sobre la menor de la familia. Cuando lo saludaba con los ojos hinchados durante el desayuno, cuando lo pateaba por debajo de la mesa ante alguna discusión casera entre sus padres, cuando salía del baño con una toalla en la cabeza, en todo momento, su corazón saltaba ante la vista de aquellos ojos castaños.

Harry no estaba seguro de qué le estaba sucediendo. Se resistía a creer que en tan poco tiempo hubiera podido enamorarse nuevamente de Ginny. No podía dejar de notar los cambios que ella había sufrido, sus carcajadas eran más breves y había perdido parte de su otrora habitual locuacidad. Pero sus ojos seguían buscando los suyos con el mismo gesto travieso cuando deseaba compartir algo con él. Tal vez fuera eso lo que lo había conquistado la primera vez, y volvía a tener el mismo efecto ahora: compartir una mirada con Ginny confería una sensación de intimidad única.

"¿Tú que piensas, Harry?", preguntó Ginny sin mirarlo.

Harry se sobresaltó ante la pregunta, y el vendedor interpretó su mueca de pánico como un total desinterés por los asuntos culinarios.

"Seguramente el señor desea probar...", y sin esperar una respuesta, ofreció a Harry un panecillo untado en algo que parecía un paté anaranjado.

"La cadena de sensaciones que despierta un poco de pimiento de ángel es fascinante. Algunos comparan su efecto en los sentidos con la emoción de un beso de esos que quitan el aliento", explicó el vendedor haciendo énfasis en los sustantivos.

Harry masticó el pedazo de pan atento a cualquier sensación sorprendente, y sus ojos se llenaron de lágrimas cuando el picante dio de lleno en sus papilas gustativas. Si así se sentían los besos que quitan el aliento, estaba seguro de que nunca había experimentado uno.

"Creo que llevaremos el pimiento suave", dijo Ginny con un tono divertido danzando en su voz.

Al salir del local Harry se apresuró a tomar las bolsas, lo cual despertó una mirada de sospecha por parte de Ginny.

"Recuerdo estar caminando contigo por estas calles, mientras yo llevaba todo el cargamento de compras de Navidad" .

Harry balbuceó una excusa y agitó la mano como si espantara una mosca.

"He aprendido algunas cosas", pudo decir finalmente. "Aunque confieso que nunca recibí un beso que se sintiera así", agregó mirando el negocio de especias pensativo.

"Eso es algo que no voy a creerte", dijo Ginny mientras continuaban caminando. "Después de...¿cuántas novias decían las revistas?...¿treinta antes de casarte?".

"¡Eso es una exageración!", se defendió Harry, quien aún se avergonzaba de sus días de conquistador. Nunca se había sentido tan solo como en aquella época.

"¿Veintinueve?", bromeó Ginny, con sonrisa socarrona.

"No llevaba la cuenta", mintió Harry. Sabía que Corazón de Bruja le había adjudicado veinte novias, aunque en aquella lista había cuatro que nunca habían pasado de simples conocidas y faltaban dos chicas con quienes había salido durante sus vacaciones en España (no simultáneamente, claro).

"Oh, está bien, no me cuentes si no quieres...pero no te lamentes de tus experiencias en el rubro besos frente a mí...yo sólo he besado a dos personas", dijo Ginny, como si el asunto no tuviera mucha importancia.

"Yo sólo sabía de Corner", saltó Harry al instante. Al ver el cambio en la expresión de Ginny comprendió que había dejado traslucir demasiado.

"Deberíamos ir al mirador del pueblo, construyeron el camino después de la guerra...la vista del lago es preciosa", se apresuró a decir Harry para cambiar de tema.

Caminaron en silencio por el camino ascendente que llevaba hacia el mirador, y al llegar Ginny soltó una exclamación ante la belleza del paisaje. El lago era un pedazo de cielo rodeado de bosque, y a lo lejos se divisaban las altas torres de Hogwarts.

Pasaron varios minutos durante los cuales sólo se oía el cantar de algún pájaro.

"Gracias", dijo Ginny en un susurro.

"No es nada, realmente...", empezó Harry.

"Gracias por acompañarme hasta aquí, gracias por haberte arriesgado a ir a Siberia, gracias por todo lo que has hecho por mí..."

Ginny dio un paso para acercarse a él. Harry sintió que las manos le transpiraban y sujetó mejor las bolsas.

"Te debo tanto y yo ni siquiera respondo a tus preguntas...además de Michael Corner besé a Ernie MacMillan por una apuesta, y cuando estaba en sexto año siempre esperaba hasta último momento que me invitaras a Hogsmeade...y yo tampoco he recibido un beso de esos que quitan el aliento", dijo Ginny apresurando las palabras al final de su confesión.

Una ráfaga de viento agitó las hojas de los árboles y Ginny cruzó los brazos sobre su pecho para protegerse del frío. Harry alzó un brazo instintivamente para rodear sus hombros, pero el peso de las bolsas le recordó que tenía las manos ocupadas. Apoyó las compras sobre unas piedras, cuidando de que no se escapara su contenido, pero al acercarse nuevamente a Ginny los nervios hicieron que pusiera las manos en los bolsillos de su túnica en vez de abrazarla como deseaba.

Harry nunca había sido un experto en expresar sus sentimientos. Muy por el contrario, sentía mil cosas en un segundo, y para él las palabras eran como recipientes deformes que nunca podrían contener las emociones que lo embargaban. Probablemente, su torpeza verbal en esos momentos se debiera a su infancia privada de afectos. Harry no estaba acostumbrado a demostrar, dar o recibir cariño.

Ginny tal vez vislumbró su parálisis emocional, y sin decir nada se acercó aún más a él y lo abrazó. Él se inclinó y rodeó su cintura con los brazos, apoyando su mejilla contra la de ella. La ternura del abrazo se transformó lentamente en un calor que subía desde sus vísceras a la frente, haciéndole oír los latidos de su corazón. Casi sin pensarlo Harry corrió su rostro y miró a Ginny a los ojos, aquellos ojos llenos de la misma súplica desesperada que recorría sus venas, y con toda la pasión acumulada durante años, la besó en la boca. Fue un beso largo y torpemente ardiente, que conjugaba el vacío en el estómago de volar demasiado rápido, las cosquillas de un golpe eléctrico leve, el zumbido en los oídos de permanecer demasiado tiempo bajo el agua y el golpeteo desesperado del corazón ante situaciones de peligro. Harry sintió que todo giraba a su alrededor, luego sólo su cabeza, y finalmente percibió el calor abrazante de un hierro candente sobre su frente.

"¡Mátala!", gritó una voz en la mente de Harry.

"¡No!", gritó Harry.

Se llevó la mano a la frente, donde su cicatriz ardía por primera vez en más de cinco años.

Hermione estaba ordenando el segundo cajón a la derecha de su escritorio cuando Percy Weasley entró a su oficina. Se sobresaltó tanto al verlo que dejó caer algunas carpetas al piso.

"Buenos días", saludó Percy con su usual tono formal.

"Buenos días", replicó Hermione."¿Puedo ayudarte en algo?"

Percy se veía tan incómodo como ella se sentía. Hermione supuso que él ya sabría sobre ella y Ron, después de todo llevaban saliendo más de un mes, a pesar de que no les había resultado fácil al principio. La primera cita había sido un completo fracaso. Ron la había invitado a cenar, y ella se había ofrecido a preparar una comida casera en su nueva casa. Pero Hermione no tenía dotes de cocinera, y el pollo había quedado crudo y las papas quemadas. Pidió comida a domicilio antes de que Ron llegara (lo cual era una costumbre puramente muggle) , y a mitad de la velada Ron había empezado a toser y su rostro se había llenado de manchitas azules. Se aparecieron en el hospital San Mungo, y allí Hermione se enteró que Ron era alérgico a los saborizantes artificiales utilizados por los muggles.

La segunda cita había sido en Las Tres Escobas, donde encontraron a la ex novia de Ron, Luna Lovegood, cenando con su padre, y si bien ella los saludó amablemente su presencia incomodó a Hermione toda la noche.

La tercera cita afortunadamente transcurrió sin incidentes, pero Ron sólo le dio un beso rápido en la mejilla, y no fue hasta la cuarta salida que él la había besado en la forma que ella esperaba. Las cosas parecían ir tan despacio entre ellos que, si Hemione hubiera consultado a una adivina, nunca le hubiera creído si ésta le decía que dentro de 37 días sería la Señora Weasley (y que le iba a encantar que la llamaran por aquel nombre). Sin importar que la adivina acabaría teniendo razón.

"Quería hablar sobre Harry", dijo Percy trayéndola al aquí y ahora.

La mente de Hermione saltó rápidamente a las posibles razones de aquel pedido. Intuía que no debía ser algo bueno. Percy era un Auror, y nada relacionado con los brujos oscuros podía ser bueno.

"¿Has notado algo distinto en Harry?", preguntó Percy.

"Ya no lo veo tan seguido, pero creo que no...¿por qué lo preguntas?"

"Hemos encontrado el escondite de Crabble...", empezó Percy, pero se frenó al ver un memorándum que se dirigía a él. Lo leyó rápidamente.

"Harry están en San Mungo", dijo.

Al minuto siguiente los dos estaban en el hospital. Un Sanador estaba tratando de tranquilizar a una chica que parecía a punto de colapsar. Al verla de cerca, Hermione reconoció a Ginny.

"¿Qué ha pasado?", preguntaron Hermione y Percy al unísono.

"Es la cicatriz", respondió Ginny histérica. "Le dolía la cicatriz, y luego se desmayó".

Percy abrazó a su hermana para calmarla, pero no era la única que necesitaba tranquilizarse. Aquella sala del hospital estaba llena de personas al borde de un ataque de nervios. Había dos Sanadores discutiendo acaloradamente con una bruja anciana que Hermione reconoció como la directora del Departamento de Misterios, y en un rincón Arthur Weasley conversaba gesticulando enfáticamente con la Ministro de Magia, Amelia Bones.

Harry despertó en una cama, solo en un cuarto enteramente blanco, y se asustó porque no recordaba cómo había llegado hasta allí. ¿A dónde estaba Ginny? Recordaba que estaba con ella, que la estaba besando y nunca se había sentido tan bien en su vida, y luego había venido el dolor y la oscuridad. Se tocó la cicatriz, pero no sintió nada.

Se abrió la puerta y entró una Sanadora acompañada por Arthur Weasley.

"¿Dónde está Ginny?", preguntó Harry al verlos.

"No te preocupes por ella, está afuera, está agotada por el esfuerzo de aparecerse aquí contigo inconsciente, pero está bien", contestó el Sr. Weasley.

"Harry, voy a preguntarte algo, y necesito que seas completamente sincero conmigo", dijo la Sanadora con voz maternal. "Desde que recuperaste la conciencia, después del ataque en Siberia¿has notado algo extraño?".

Harry sintió su corazón achicarse en su pecho.

"Pues no, no he sentido nada extraño hasta ahora...pero mientras estaba inconsciente sí..."

Harry pudo ver cómo su confesión impactó en la Sanadora, quien abrió los ojos todo lo que sus párpados le permitieron.

"No podía moverme, pero oía todo lo que ocurría a mi alrededor, los Sanadores, las visitas...Y había una voz, que sólo yo oía".

"¿Has vuelto a escuchar esa voz?", preguntó el Sr. Weasley visiblemente ansioso.

"No... hasta hace unos momentos, cuando volvió a dolerme la cicatriz".

"¿Pasó algo en especial¿Estabas furioso por algo?", preguntó la Sanadora.

Harry se sonrojó como un adolescente ante la idea de contarle al Sr. Weasley que al momento del incidente había estado besando a su hija como si no existiera un mañana.

"Me sentía muy feliz", se limitó a decir.

Los dos se retiraron y pasaron lo que Harry estimó como dos horas, cuando se volvió a abrir la puerta y entró Amelia Bones, seguida de Hermione. La ministro se veía más seria que nunca, y Hermione no se había visto tan mal desde aquel día fatídico del ataque a Hogsmeade.

"¿Qué es lo que pasa?", preguntó exasperado.

Harry siempre había odiado el suspenso.

"Hace unos días una patrulla de Aurores encontró el escondite de Vincent Crabble. Estaba lleno de objetos robados, entre ellos el pensadero que había pertenecido a Albus Dumbledore. La reconstrucción de los hechos ha requerido un esfuerzo inmensurable, pero parece que hemos podido atar todos los cabos sueltos.

Muy pocas personas conocían la profecía que unía tu destino al de Voldemort. El hechizo que le puso fin es magia muy antigua y compleja, que aún el mismo Dumbledore no conocía bien. Sabes muy bien que después de la segunda caída de Voldemort sus más fieles seguidores se negaron a creer que se había ido definitivamente. Por las evidencias que hemos encontrado, Crabble y otros mortífagos trabajaron para mantener su obra en pie, por ejemplo manteniendo las prisiones clandestinas. También lograron un golpe que había permanecido oculto hasta hace poco...asesinaron a Albus Dumbledore".

"¡Dumbledore murió en una explosión en su oficina¡El Ministerio lo calificó de accidente!"

"Fue un error, como tantos otros que hemos cometido. Parecía un accidente, se encontraron rastros de sangre de dragón, que es altamente explosiva, y todos sabíamos que Dumbledore había sido muy afectado por la última batalla...", explicó la Ministro.

"Oh Harry, es terrible, pero resulta que fue todo planeado por los mortífagos, asesinaron a Dumbledore y se robaron sus cosas", intercedió Hermione.

"Ellos creían que en el pensadero de Albus estaba la clave para restituir a Voldemort una vez más. Romper las protecciones del pensadero les llevó más de dos años, y finalmente encontraron lo que buscaban, sólo que no era exactamente lo que esperaban. Es cierto que Voldemort no murió por completo. El hechizo que le puso fin a su vida física lo unió por siempre a su ejecutor. Por eso Crabble no quería matarte"

"¿Cómo?", preguntó Harry al borde de caerse de su cama.

"Un eco de la esencia de Riddle quedó atrapado en tu mente, Harry, pero estaba dormido, y creemos que Crabble intentó despertarlo."

Harry recordó aquella voz fría que lo acosaba en sus días de inconsciencia. ¿Era la voz de Riddle¿Había vivido todo este tiempo contaminado por su presencia?

Creyó que no tenía nombre, tampoco estaba seguro de qué era exactamente, pero cuando oyó aquellas palabras, supo de inmediato que así se llamaba. Lástima que fuera un nombre tan vulgar: Tom Riddle.

Sus recuerdos se mezclaban en una nebulosa de imágenes sin fecha. Al principio sólo había oscuridad y caras borrosas que no reconocía. Pronto comprendió que estaba atrapado en un cuerpo que no le pertenecía, el cuerpo de otro, un tal Harry. Comprendió que aquellas imágenes sueltas, un anciano de larga barba plateada, un hombre gigante, una mujer de mediana edad, pelirroja y regordeta, no eran recuerdos suyos, sino de Harry. Sin saber bien por qué, Tom supo que odiaba a Harry tanto como a su frágil existencia.

Sólo podía conversar con Harry, aunque a veces venían otras personas que hablaban pero no respondían ni a Harry ni a él. Harry estaba inconsciente, y en los rincones de esa mente libre de las ataduras de la razón, Tom gozó de algo parecido a la felicidad. Hasta que llegó ella.

No pudo verla aquella primera vez, pero recordó siempre el aroma a flores de campo que presagiaba su presencia. Harry abrió los ojos y la luz los cegó a ambos, pero Harry fue más fuerte y empezó a ignorar a Tom. Era fácil, porque ahora que podía ver lo que lo rodeaba, Tom se sentía completamente apático y sin fuerzas. No tenía ganas de hablar, veía la vida de Harry como una película sin cortes, a cada minuto más aburrida. Amigos, saludos, más amigos.

Tom trató de recordar su existencia antes de despertar en el cuerpo de Harry, pero le resultaba imposible separar su memoria de la de su anfitrión. Se preguntó si tan sólo sería una parte de la mente de Harry, que por algún shock mental y físico había decidido luchar por una independencia imposible.

Un día el perfume a flores fue más fuerte que nunca, como impregnado a las fosas nasales de Harry, y Tom alcanzó a sentir sabor a canela y coco acompañados de un cosquilleo insoportable. La sensación lo asqueó tanto que odió aún más a Harry por besar a aquella chica, le chilló que parara, que se alejara de ella, que la matara, sí, que la matara, y en ese momento Harry gritó y todo volvió a ser oscuro.

Al ver el cuarto blanco Tom supo que estaban de vuelta en el hospital, e intuyó que le convendría permanecer callado. Ese día aprendió su nombre. También se enteró que era culpa de Harry que él estuviera encerrado allí, en su mente. Su odio por él continuó creciendo.

Tom se propuso recobrar fuerzas para relegar a Harry al rincón que él ocupaba, y así ganar el control de ese cuerpo que lo llevaba contra su voluntad.

Sin duda Harry captó su plan (estaba en su mente, después de todo), e ideó un magnífico contraataque. La pelirroja con perfume a flores no lo abandonaba nunca, y de tanto verla, Tom empezó a sospechar que la conocía de antes. Nunca pudo precisar bajo qué circunstancias.

Al comienzo Tom se defendía como podía, sabía que hacía sufrir a Harryél también sentía el ardor en la frente, pero la presencia de Ginny (fue fácil aprender su nombre, Harry pensaba en ella aún cuando dormía) era como un gas tóxico que lo debilitaba de a poco.

La agonía indescriptible de sus besos se repetía cada vez con mayor frecuencia, y Tom huía lo más lejos posible y se encerraba en alguna célula del páncreas de Harry.

Tom ya casi no tenías fuerzas ni para recordar quién era, cuando llegó un tiempo de gran nerviosismo y temor para Harry, y Tom se alimentó de esos sentimientos con la desesperación de un náufrago recién rescatado. Tal vez, si hubiera recapacitado un momento, hubiera adivinado que era la calma que precede al final.

Ginny, envuelta en blanco y apestando fuertemente a flores, sonreía mirando a los ojos de Harry, y a través de ellos, su sonrisa llegaba a Tom.

"Te amo hasta el último rincón de tu mente", le dijo, y Tom sintió como el corazón de Harry se hinchaba de felicidad y paz al aceptar que eso lo incluía también a él, el huésped no deseado.

Y en ese momento se terminó el rollo de película, y Tom quedó viendo una pantalla en blanco. Nunca supo qué pasó, si murió o se acostó a dormir.

Harry fue libre, por fin. Tuvo cinco hijos, todos con cabello furiosamente rojo, como su madre. Al más pequeño lo llamaron Tom. Fue una suerte que él ya no existiera, porque hubiera vuelto a morir. Tom odiaba profundamente el perdón, esa sublime combinación de amor y olvido.

FIN

N.A: Gracias por seguir este fic! Son todos unos reviewers geniales, realmente me inspiran a seguir escribiendo.

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