|
Author of 26 Stories |
The Dark Angel
Primer Acto
X
Caída III
Regalo
Caminó dos pasos hacia la diosa egipcia, antes de que un pensamiento la tomara por sorpresa. Quien sea que haya traído esa diosa… podría seguir aquí. Oh, maldición, y acabo de sacarme las botas de tacón, es mucho más fácil hacer daño con esas botas que estando descalza.
Mirando de reojo en el espejo, Sakura se volteó lentamente y salió de su habitación con sigilo, apegándose unos centímetros a la pared, ojeando a la habitación de Tomoyo y a lo que era el baño sin encontrar nada fuera de lo normal, antes de comenzar a caminar por el pasillo hacia la sala de estar y cocina. Antes de terminar siquiera la inspección, por la puerta principal, entró Takashi haciendo ruido, obviamente con demasiados tragos encima– Oooi, Sakura, no te importa si me quedo… ¿oh, verdad? Siempre has sido tan buena conmigo, Sakura-chan.
Soltando una corta risa, Sakura se volvió al living y notó que no había nada fuera de lo normal en esta. Takashi se dejó caer contra el mesón de la cocina, observándola con poco interés– Ne, Takashi. ¿Cuándo encontrarás una mujer que sea capaz de mantenerte tranquilo? –como respuesta, Takashi caminó hasta el sofá, acomodándose rápidamente.
–Te tengo a ti, y a Tomoyo. ¿Qué más podría pedir?
–¿Una mujer a tu lado, establecerte?
Takashi rió por lo bajo, abrazando la frazada que Sakura le tiraba para que se tapara– Ella… ella vendrá cuando quiera. Mientras, soñar con ella me basta.
–¿Tú, sueñas con una mujer? –viéndolo asentir, Sakura se contuvo de romper en carcajadas– Esos se llaman sueños de obsesiones, necesidades, Takashi. Y otras formas que no quiero mencionar –esquivando un almohadón que le arrojaba el hombre casi dormido, Sakura volvió a sonreír al verlo bostezar– Bueno, cuéntame como es.
–Es dulce. Bonita. Con lindos ojos. Y definitivamente más fuerte que yo –dando una pausa en que Sakura le arrojó de vuelta el almohadón, Takashi se sonrío– Y cocina delicioso.
Con una última carcajada al ver como Takashi saboreaba una comida ya en sueños, Sakura se dirigió a su habitación y tomó en sus manos a la diosa egipcia, antes de caer también dormida.
Ojos oscuros plagarían su dormir durante todo el transcurso de la noche.
—x—
Desde un pequeño edificio casi en ruinas, Sakura observó la torre de Tokyo, alzándose orgullosa y altanera entre la sombría ciudad que le rodeaba, solitaria en su degradante grandeza en medio de las ruinas en que la ciudad se había transformado durante la última década. La mujer soldado siempre se había sentido cómoda en lo alto. Por alguna razón, siempre le habían gustado las alturas, y como muchos, su primer sueño había sido el de volar. Volar, y ser finalmente libre.
Quizás, en su caso, se trataba del volar en una manera un poco más metafórica.
Suspirando, comenzó el descenso, sus pensamientos rápidamente vagando hacia el hombre que suponía, había cruzado los límites hacia su espacio personal. No estaba segura de cuales hubieran sido sus intenciones, o cuales serían, en realidad. Si quizás planeaba dominarla junto a sus dos guardias, y luego venderla al mercado negro… O peor: devolverla a Itashi, a Reed.
Una vez en el suelo, y encendiendo la motocicleta tan adorada y negra suya, dio una última mirada a la torre de Tokyo, antes de volver la mirada al frente y comenzar a dirigirse a uno de los últimos complejos con clase que quedaban en la ciudad. La estatuilla egipcia resguardada en una bolsa/cartera que hacía también las de mochila, dependiendo de la necesidad.
Cuando se vio frente al complejo de apartamentos a medio destruir, medio reconstruidos, se quitó las gafas de sol que parecían siempre acompañarla, dirigiéndose tranquilamente a la escalera de emergencia en uno de los costados del apartamento que había tratado de robar noches atrás, la mochila con la diosa colgando de su brazo izquierdo.
Entrando nuevamente por el cielo del apartamento, se vio en sombras, resguardada por la escasa luz que daba la luna.
Dos hombres vestidos en un azul oscuro venían en su dirección. Caminando de espaldas, se recargó contra los bordes del sofá. Cuando ambos hombres llegaron al marco de la entrada a la sala de estar, la luz le ilumino fuertemente ante el clic del interruptor.
–Ahora… ¿No es esto interesante? –dijo con una sonrisa ante el aturdimiento de los dos hombres frente a ella, sólo para volver a sentir por segunda vez en la semana, un clic conocido a sus espaldas, esta vez acompañado de la sensación de un cilindro frío en su cabeza. Aww, no de nuevo. Alzando las manos lentamente, se volteó a su captor, notando nuevamente al hombre que le había atrapado la primera vez– Uhm. ¿Hola?
–¿Quién eres? –viendo que la joven no respondía, el hombre se volvió a sus guardaespaldas y asintió con la cabeza, señalándoles para que les dejaran a solas. Una vez los hombres salieron, el hombre volvió su mirada a los ojos negros de la joven. Por alguna razón, había algo fuera de lugar en ellos– ¿Qué haces aquí?
Sakura dio dos pasos atrás, bajando ambas manos– Podría preguntarte lo mismo. ¿Qué hacías en mi apartamento?
El hombre levantó con su mano libre la diosa egipcia que estaba a su lado– ¿Por qué querías a Ammyt?
–Sólo me parece agradable –la respuesta pareció descolocar al hombre, lo que le hizo sonreírse a si misma, y Sakura se permitió girar y comenzar a intentar huir. Eso, antes de sentir una ráfaga pasar cerca de su oído tras el sonido del disparo del hombre. Bien, supongo que eso no funcionará ahora.
–No te muevas.
Sakura dejó escapar un suspiro y nuevamente encaró al hombre, esta vez con aburrimiento.
–¿Quién eres?
–Eso no es de tu incumbencia.
El hombre sacó una tarjeta del bolsillo de su camisa y se la arrojó, haciendo que Sakura la atrapara con facilidad. Oh, demonios. Reconociendo su tarjeta de identificación de Twin Bells perdida, la joven frunció el ceño.
–Pregunté quién eres –repitió el hombre, haciendo que Sakura emitiera un quejido de molestia.
–Sí, ya te escuche las dos veces anteriores. Kinomoto Sak…–
Los ojos del hombre centellearon, haciéndole callar– No. No existe registro alguno de una Kinomoto Sakura, sino desde diez años atrás; y tú no podrías tener diez años. Esa obviamente no es tu identidad.
–Eso es un problema, ne. Me he llamado así desde que nací –dijo Sakura con firmeza, tratando evitar un quejido. "Ven, X-452. Es hora", escuchó llamar una voz dentro de su mente, desde lo profundo de sus recuerdos.
El hombre bajo el arma y la guardo en su funda que permanecía a ambos lados de su torso, relajando su estancia.
–Ahora, si no te molesta. ¿Puedo largarme?
Una pausa, y el hombre la miró con fijeza, meditando sus palabras– Puedo darte una respuesta.
Inquieta, Sakura cambió su pie de apoyo, cruzándose de brazos– ¿Será eso, un sí o un no?
–Ven conmigo –ordenó el hombre, caminando en dirección contraria al lugar desde donde Sakura había entrado. Llegando a la puerta cerrada que Sakura ya había visto antes, el hombre corrió una pequeña tapa escondida, dando luz a un tablero con números, similar a una alarma. Apretando ciertos números, la puerta se abrió. 1-3-0-7, recordaré eso, pensó Sakura con una sonrisa antes de entrar a la habitación.
Varias computadoras permanecían encendidas en un mesón de tamaño considerable, con papeles arrumbados en la mesa sin orden aparente, libros por doquier, algunas lapiceras sueltas, tres tazas que en algún momento habían contenido café, y unas gafas de sol negras. Tiene dinero para mantener dos guardias y no puede pagar una chica que le mantenga limpio, vaya.
El hombre se inclinó frente a una de las computadoras, insertó rápidamente un código, y se quitó del medio, dejando a Sakura mirando frente a la pantalla. Imágenes oscuras y distorsionadas corrían rápidamente por la pantalla, dándole casi nada de tiempo para asimilarlas; entre ellas, niños y niñas que casi ni se distinguían unos de los otros, con ropas de camuflaje, entrenamientos al aire libre, habitaciones minúsculas de grupos. Tras unos segundos, las imágenes cesaron, y el plano de una instalación militar semejante a una cárcel apareció en reemplazo.
En una de las esquinas del plano virtual, el escudo de un león con una luna atrás respaldaba las letras negras del nombre de la estructura.
Institución Psicológica Reed
Sakura se volvió al hombre con gesto inflexible– ¿Qué es esto?
–Esto… –comenzó el hombre, apagando las imágenes– …eres tú –. Sakura dejó escapar una risa que no pareció lograr convencer al hombre frente a ella– No hay humano capaz de saltar seis pisos y caer como si hubiera saltado unos cuántos escalones.
–Tengo una buena complexión física, supongo –murmuró Sakura, encogiéndose de hombros. El hombre en cambio, le frunció quizás un poco más el ceño, haciéndola dejar escapar un silbido por lo bajo– ¿Y cómo podrías tu saber si estuve en un… asilo, o no?
El hombre, alzando una ceja, indicó el interior de su muñeca. Una quemadura casi imperceptible, con la figura un círculo que contenía un sol en el medio, y una luna a su lado. El sello de Reed, fundador de la Institución. De acuerdo, el tipo tenía puntos extras por su astucia, le daría eso.
–No creí que eran reales hasta que tuviste la gran idea de entrar a robarme –los ojos del hombre la observaron con insistencia, esperando algún tipo de respuesta, pero al ver que no la tendría, dejo escapar un suspiro– He estado estudiando a Clow Reed desde que llegué a Japón.
–Bueno, eso explica el acento entonces –indicó Sakura, alzando una ceja de manera coqueta; antes de volver su mirada a los libros sobre el mesón– ¿China, ne?
–Hong Kong.
Sakura le observó fijamente unos momentos, sonriéndose al notar la leve incomodidad que denotaba la postura de él– Bien, ya que sabes mis secretos, podrías compartir conmigo tu nombre también ¿no te parece?. Creo que sería un buen trato.
–Lian Lei –le respondió el hombre, tras una leve hesitación.
Su mirada castaña nunca dejó la suya, pero tan sólo un segundo, un breve fruncimiento de ceño, le dijeron que quizás eso no era la total realidad. O que si la era, había algo más que tan sólo un nombre.
Bah. Todos mentían en estos tiempos. Una leve hesitación podría en vez de ser seña de mentira, significar duda y que el hombre frente a ella no era dado a confiar en desconocidos. Aún si dicho desconocido es obviamente un enigma descifrado.
Si mentía, sería por su propio bien, quizás. Si no, a quién le importa. A ella no, ciertamente.
Recorriendo con su mano los libros que permanecían en el mesón, y bajo la mirada fija del hombre, suspiró largamente– ¿Y bien, cuál es la verdadera razón de que me cuentes todo esto?
Él parecía desconcertado mientras su fruncir de cejas se acentuaba.
–Ah, vamos¿realmente esperas que me crea que haces todo esto por curiosidad, y que no esperas sacarme algo de provecho?
–Tengo mis razones.
Caminando hacia él, alzó el rostro para encararle notando tan sólo un leve deje de incomodidad.
–Eso quedará por verse, aún.
Dio media vuelta saliendo de la pequeña habitación-oficina.
Eso hasta que una agitación en el aire, la hiciera voltear y agarrar lo que fuera que le hubiera arrogado. La diosa brillaba dorada entre sus manos.
–Tómalo como un regalo de… primer encuentro.
Ante las palabras del hombre, asintió en silencio, nuevamente dirigiéndose a la salida. Mirando sobre su hombro, notó la mirada de él aún sobre su silueta, y frunció el ceño levemente, antes de dejar el apartamento—esta vez, saliendo de la manera ordinaria, por la puerta de entrada.
NA: Ammyt es "La Devoradora de los Muertos", entre los dioses egipcios, una súbdita de Osiris por así decirlo, que esperaba el veredicto para comer el corazón del condenado y hacer que desapareciera para siempre, etc.
No iba a terminarlo ahí, pero viendo las circunstancias. Mejor así.
Ja ne.