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Título: El caso del misterio del dragón de ébano
Autor: chibineko (Miembro de la Orden Sirusiana)
Disclaimer: Los personajes de esta historia, pertenecientes a la serie "Saint Seiya", son propiedad de su respectivo autor Masami Kurumada
Advertencia: Este es un fic yaoi, lo que quiere decir relación chico-chico; si no es de su agrado este tipo de lectura por favor no sigan
Capítulo 3: El desenlace de un buen casoIkki no sabía si reír, gritar o que. Aquella debía ser una muy mala broma del destino; no podía ser cierto que la persona en frente suyo fuese el dueño de aquella mansión y por lo tanto el actual propietario de la misteriosa estatuilla negra.
- "... Siren..."- Ikki casi masticó y escupió aquella palabra con gran molestia.
- "Ikki, querido cuñado. Que alegría que te hayas decidido venir a visitarme."- la increíblemente extensa sonrisa del general marino parecía casi imposible de albergar en un solo rostro.
Ikki bufó aguantándose de decir lo que en realidad quería decir, solo porque por sobre todas las cosas él era un profesional... pero algo le decía que una vez finalizado el caso iba a decirle unas cuantas verdades a ese pescado maloliente e insoportable.
- "Si lo que vienes es a buscar a Shun, él no esta hoy; está en clases y ya hemos hablado lo suficiente como para que él sepa que sus estudios están por sobre cualquier otra cosa para mi... excepto su salud claro esta."- Sorrento expresó muy serio mientras se sentaba en un fino sillón frente a Ikki y con una sonrisa y un ademán le indicaba al Fénix que tomase asiento- "Por otro lado..."- continuó el peliceleste- "Si lo que te trae aquí es cierto asunto concerniente a cierta estatuilla negra en forma de dragón creo que estamos en el lugar justo y en el momento adecuado."- Sorrento terminó su discurso aún con aquella enorme sonrisa.
- "Entonces después de todo tú tienes la estatuilla."- Ikki siseó mientras su mirada casi y trataba de atravesar de alguna manera a aquel que tenía en frente.
- "Tal vez.. en realidad es más que probable."- Sorrento volvió a sonreírle a Ikki y justo en ese momento entró una criada llevando una jarra de limonada y dos vasos en una bandeja, la cual tras dejarlo todo y recibir un agradecimiento por parte del señor de la casa, procedió a retirarse.
- "No estoy para juegos pescado.. dime si tienes o no la estatuilla. Si la tienes entonces te haré una generosa oferta de parte de mi cliente por ella, por mucho más de lo que tu pagaste."
Sorrento miró a Ikki se manera casi enigmática y luego avanzó hasta él lentamente y le ofreció un vaso de limonada, el cual Ikki recibió con un suspiro de derrota. Sorrento dio media vuelta y volvió a su sitio, se sentó mirando a Ikki de manera directa por largo tiempo mientras daba un sorbo a su vaso, y finalmente dejó el vaso de lado sobre un posavasos colocado sobre una mesita y entrecruzando ambas manos por delante a la altura de su rostro siguió observando a Ikki en un escrutinio que sin duda molestaba sobremanera al caballero del Ave de Fuego.
- "¿Entonces?."- Ikki urgió cansado del escrutinio al que era sometido.
- "Entonces... sucede que esto pueda que tome algo más de tiempo Fénix, por lo cual te recomiendo que te guste o no te pongas cómodo porque no pienso discutir el precio de nada hasta que entiendas por completo que es lo que estás exigiendo que te dé."
Ikki abrió la boca para replicar, pero Sorrento detuvo su queja con un gesto, mucho antes de que sonido alguno abandonase la garganta del peliazul.
- "Bien... comencemos ¿Que es exactamente lo que sabes de la estatuilla? y no me refiero a su valor monetario, sino a la historia y los mitos que la envuelven."
Ikki frunció el entrecejo. ¿Qué tenía que ver aquello con el obtener o no la estatuilla para Li?. En fin, Sorrento era un sujeto extraño, pensó Ikki. Un sujeto extraño que tenía millones... millones, una flautita, a su ototo y la estatuilla. El Fénix bufó ante aquellos pensamientos y aburrido decidió contestar con lo que sabía... los relatos que Shion le había narrado y los pocos mitos que él mismo había encontrado en algún que otro libro. Cuando finalizó, Sorrento asintió con un "Ya veo" y aire ausente; Ikki frunció aún más el ceño.
- "Bueno Ikki... debo de admitir que estoy sorprendido, sin duda alguna has investigado, porque has recopilado mucha más información que muchos otros, incluyendo a los que me vendieron la estatuilla."- Sorrento pasó un rato como evaluando lo que iba a decir a continuación- "Pero para fortuna mía, yo poseo aún mucha más información acerca del dragón... información que obtuve desde las mismas profundidades marinas que fueron testigos mudos de cada una de las vicisitudes de este extraordinario y triste ser, el cual tu conoces como 'El Dragón de Ébano'. No Fénix, no me mires así no estoy loco, aunque te cueste creerlo estoy hablando de un ser vivo y real, cuya historia como tu bien llegaste a descubrir se remonta a los día en los cuales el continente de Lemuria aún existía al igual que sus habitantes, continente que como tu mismo me acabas de describir sucumbió ante la fuerza del mar."- Sorrento paró un rato para tomar aire y su mirada se tornó ausente y triste en algún punto lejano por detrás de Ikki. Entonces Sorrento empezó a hablar, y lo que sus labios iban narrando dejaron a Ikki en una pieza, al principio lo que comenzó como el escuchar forzosamente una vieja historia terminó dejándolo temblando en su sitio y sin pensamientos coherentes para poder formar frase alguna por un largo, muy largo momento.
"Hace ya varios cientos de años, cuando aún la Atlántida se erguía orgullosa sobre el Océano; otra isla de avanzada civilización llegaba a su fin de una manera violenta; pero gracias a las divinidades que protegían a los habitantes de aquel lugar la salvación llegó para muchos más de los que el destino había decidido salvar... muchos hombres, mujeres y niños vivieron para comenzar de nuevo y transmitir su saber... muchos, pero no los suficientes pare él, para el protector principal de aquella civilización que sintió en carne propia cada grito, dolor y muerte de los que perecieron bajo la fuerza de las azules masas de agua. Él sentía que había fallado y por lo tanto que debía de sufrir un castigo por ello, y por eso no escuchó a los otros seres cuando le suplicaron que no se castigase así. En realidad ya no escuchó nada ni a nadie mientras se recluía en soledad en la más oscura y solitaria cueva submarina con un eterno dolor como único compañero... y así pasaron siglos enteros antes de que un nuevo fenómeno lo hiciese salir de su letargo poco a poco, pues hasta sus oídos llegaron nuevos gritos de desesperación y dolor, pero aunque quiso hacer algo no pudo ya que su cuerpo entumecido se lo impidió, y se quedó en una aletargada conciencia los día que le siguieron a aquella nueva tragedia, que no era otra que el final de la civilización conocida como la Atlántida.
Y los días pasaron, una decena estaba a punto de cumplirse cuando una olvidada corriente marina llevó hasta donde él estaba un ser cuya forma ya su mente obnibulada casi había olvidado... un ser humano. Un humano apenas vivo, un hombre maduro de blanca piel tostada por el sol y apenas vivo. Y entonces algo en su interior lo obligó a despertar; tal vez había ya fallado a muchos pero no por ello dejaría una vida más apagarse ante sus ojos cansados de tantas muertes.
El gigantesco ser resolvió todo aquello en pocos segundos mientras se obligaba a si mismo a salir de su embotamiento a la fuerza y acercarse al pequeño ser, el cual sacó de las aguas brindándole en una pequeña zona seca de la submarina cueva un poco de aire y a través de su aletargado cuerpo un poco de calor. Lo cuido hasta que el frágil ser humano recuperó el color y la salud, buscó alimentos suficientes para saciar el hambre y agua para calmar la sed del hombre... y se sintió pleno de nuevo. Por eso cuando el hombre le anunció que era su momento para dejar aquella cueva, al oscuro protector el corazón se le encogió y sin pensarlo demasiado volvió a ofrecer su vida en servicio de los mortales... de un mortal, del hombre que tenía frente a si.
El hombre miró a su salvador, a aquel que lo había acompañado durante tanto tiempo, que lo había protegido y le había dado su amistad y en su corazón supo que también deseaba continuar junto al inmortal ser.
¿Pero como iría por la tierra a su lado un ser como aquel que estaba frente a el? Aquella pregunta fue de su corazón a sus labios, y con sorpresa descubrió la respuesta, cuando aquel ser fue cubierto por un manto de oscuridad que poco a poco fue empequeñeciéndose hasta alcanzar el mismo tamaño y contextura del hombre... tal vez incluso un poco más pequeño; y al disiparse el manto de oscuridad el hombre quedo mudo de asombro ante lo que vio... un joven de piel blanca como la espuma del mar y un cabello largo y negro como el mismo ébano, como el majestuoso ser que hasta hacia poco había estado rente a él mismo, cabello que enmarcaba un rostro de nariz fina, labios pequeños y unos ojos como nunca los había visto antes... eran tan negros como las profundidades más recónditas del mar. El joven, que se encontraba sereno a pesar del frío y de su desnudez, sostenía entre sus manos una pequeña figurilla con la forma del majestuoso guardián que alguna vez ocupó el lugar del hombre... figurilla que entregó al otro tras dar un par de pasos hacia adelante y sonreír de manera un tanto tímida. Aquella era la acción final para sellar un nuevo pacto, uno en el que según las propias palabras del inmortal ser, se entregaba por completo enlazando su vida eterna al alma del hombre que tenía en frente... era tan simple como que ahora le pertenecía, el hombre era su dueño.
Y el atlante decidió tomar todo lo que se le ofrecía, pues si antes había sentido cariño hacia quien lo había salvado sin pedir nada a cambio, ahora ante aquella divina visión su corazón se inflamaba con un calor y pasión hacía mucho no sentidos. El hombre tomó entre sus brazos al muchacho pelinegro, le sonrió y se inclinó lentamente para tomar con delicadeza los pequeños labios entre los suyos propios, tras lo cual ahondo el beso y dejó que sus instintos siguieran su curso.
Cuando al día siguiente ambos salieron de la cueva para enfrentar al mundo, ya no solo eran compañeros; sino amigos, amantes y almas gemelas.
Y así fue que el que alguna vez fuese el guardián de aquella extinta civilización, ahora comenzaba una nueva vida, dedicándose por completo a una sola alma... por cuanto tiempo el destino así lo dicte."
Sorrento terminó con su relato con el mismo tono de voz con el cual había empezado: uno calmado, centrado... por completo neutro; pero no por ello el receptor de sus palabras se mantuvo así. Ikki terminó agitado, echo un mar de nervios y negándose cada dos por tres a creer lo que estaba tal vez más que claro; y en esos momentos, aferrado a su sitio con más fuerza de la necesaria casi y se sentía morir.
Sorrento se paró de sus sitio, caminó hasta donde Ikki se encontraba y acuclillándose lo miró directo a los ojos, justo al tiempo que retomaba la palabra.
"Pero hay algo mas... un relato que fue escrito muchos siglos después por un joven historiador que recopiló los hechos de boca de quien vivió el momento narrado:
Cuenta este relato que por aquella época un joven pescador fue rescatado de morir ahogado durante una tormenta por un extraño joven de piel blanca y largos cabellos negros. Cuanto despertó estaba en la orilla y junto a él estaba su salvador, el cual tenía la mirada triste puesta sobre la ahora calmada superficie del mar.
El joven le agradeció a aquel a quien le debía la vida, y este lo miró volteando completamente hacia el joven pescador, entonces fue que el pescador notó que en las manos de su salvador se encontraba protegida una pequeña estatuilla negra que asemejaba alguna extraña clase de serpiente marina.
El extraño muchacho de negros cabellos extendió la figurilla y la puso entre las manos del pescador, quien atónito no alcanzaba a comprender el porque de aquella acción, y así pasaron algunos segundos hasta que con un suspiro y aduciendo que no era a quien buscaba, el chico de blanca piel y cabellos negros se levantó con la intención de alejarse.
El pescador, aún sin entender gran cosa, se paró como pudo buscando por lo menos tratar de ayudar de alguna manera a su salvador. Lo alcanzó y preguntó si podía ayudarlo a buscar a la persona requerida; el misterioso chico lo miro tristemente con aquellos profundos ojos negros que poseía y le agradeció con una débil sonrisa, tras lo cual dijo unas inentendibles palabras para el joven pescador que sin embargo se le grabaron por la tristeza con que fueron dichas:
No hay nada en lo que usted pueda ayudarme gentil caballero... hasta que su alma regrese no hay nada que se pueda hacer. Yo lo sabía, lo supe cuando tomé la decisión, estuve conciente de eso todo el tiempo; pero eso no evita que duela. Cada vez que lo pierdo siento que un pedazo de mi alma se va con él, a pesar de que aún no ha amado nunca, aún así el cariño que le tomo en cada vida es grande... y saber que en la próxima vida no me recordará solo aumenta mi dolor. Tal vez al fin de cuentas mi decisión no fue la más adecuada, pero ya nada puedo hacer.
Hasta el día en el cual él decida liberarme seguiré esperando día tras día, vida tras vida; quizás para siempre porque no pienso pedir mi libertad.
Y tras aquella extraña confesión, el joven se alejó a paso lento y con la mirada aún perdida, con la estatuilla aún entre sus manos; probablemente en busca de aquel a quien aún esperaba."
Si antes Ikki había llegado a un afectado estado de negación, ahora temblaba visiblemente a un paso del shock nervioso. Sorrento suspiró al tiempo que se ponía de pie y servía un vaso con whisky a Ikki, el cual prácticamente tuvo que ayudarle a beber por el Fénix no parecía darse cuenta de nada.
- "¿Estas bien Ikki?."- Sorrento preguntó un tanto preocupado mientras retiraba el vaso de los labios del menor.
Por su parte Ikki lo miró, al parecer recuperando un poco la noción de donde estaba y para que estaba allí, puesto que poco a poco iba recuperando su acostumbrada seriedad y su mirada hosca.
- "Si... si estoy bien. Yo... ¿donde está la estatuilla?."- Ikki preguntó en un tono más desesperado del que hubiese querido utilizar, pero tratando por todos los medios de no perder la poca tranquilidad a la cual aún se aferraba tras escuchar lo relatado por el general marino.
Sorrento suspiró, se levantó y con toda la calma del mundo le señaló a Ikki una pequeña estatuilla oscura a la vista y alcance de cualquier mortal, en una de las repisas que además estaba llena con muchas otras estatuillas.
- "¿Esa es?..."- preguntó Ikki con incredulidad, puesto que de manera obvia había supuesto que una pieza de arte de tal delicadeza y valor estaría guardada en una bóveda tal vez... o cualquier otro lugar mucho más protegido.
- "Si... esa es la estatuilla que buscas. Ha estado a tus espaldas todo el tiempo."- comentó sin burla alguna Sorrento, con la simpleza de quien comenta el estado del clima.
- "Pero... pero... ¿No debería...?- Ikki aún miraba incrédulo la estatuilla, la cual de pronto parecía llamarlo de alguna manera.
- "¿Estar guardada en una caja de seguridad o algo por el estilo?."- Sorrento siguió hablando de manera tranquila- "Bien, si... lo estaba hasta que Shun la vio y me pidió que la pusiese en algún otro lugar con luz, que encerrada la estatuilla le parecía solitaria, que era demasiado bonita para tener un 'aura tan triste'."- Sorrento expresó con una sonrisa soñadora mientras evocaba el pucherito que le había hecho Shun en aquel momento al tiempo que le ponía ojitos de cachorro... o como Siren acostumbraba decirle 'Ojitos de conejito bebé'- "Simplemente me es imposible decirle que no a tu hermano cuando me pide algo, cuñadito."- el general terminó con un tono juguetón.
Ikki frunció el entrecejo ante el apelativo que le fue otorgado y con un gruñido miró de frente a Sorrento.
- "Mi cliente quiere la estatuilla."- repitió su prerrogativa inicial al tiempo que posaba su mirada en la misma y sin poder evitar que sucediese, el corazón le daba un nuevo salto en el pecho- "Dime cual es tu precio y te lo pagaré sin dudarlo."
Sorrento miró a Ikki largamente, y al final dijo un tanto quedo.
- "No sé si en realidad estés dispuesto a pagar mi precio Fénix."
Ikki arqueó una ceja como retándolo a poner su precio, así que Sorrento al final lo soltó.
- "Shun."- dijo suavecito, sin altanerías ni burla en su voz.
Le costó un rato a Ikki procesar lo dicho, más al hacerlo sus ojos se abrieron primero en desconcierto y luego se entrecerraron en furia, y el Fénix imponente se plantó ante el Marina de Siren ardiendo de coraje ante el insulto proferido y con ganas de incinerar a quien tenía delante allí mismo.
- "¡Shun no es ninguna mercancía Siren! ¡¿Cómo infiernos te atreves a pedirme a MI OTOTO como pago por lo que he venido a buscar! ¡Es INACEPTABLE!."- estalló Ikki.
- "Por supuesto que es inaceptable Fénix, es por ello que hasta donde yo sé, no te he pedido tal cosa. Respeto y valoro demasiado a Shun para siquiera soñar con hacer algo como eso."- se defendió un de pronto angustiado Sorrento.
- "Entonces... ¿que demonios fue lo que quisiste decir?."- casi escupió la pregunta el Fénix, mientras miraba impasible al otro.
- "Quiero tu aceptación Ikki, tu aprobación. No es que me muera por ella, pero es importante para Shun; no sabes cuanto lo afecta saber que no te gusta que seamos pareja y es que aunque hayamos tomado ambos la decisión de estar juntos a pesar de lo que el resto del mundo diga, aún sigue esperando el que tu le digas que lo que sentimos él y yo esta bien para ti."- Sorrento miró a Ikki más suplicante de lo que se había mostrado jamás ante nadie, y tras unos segundos que al marino le parecieron siglos, continuó- "Eso es todo lo que deseo, que hables con Shun y des tu aceptación.. ya dije lo que quería, pero no te puedo obligar a nada después de todo, así que eres libre de tomar la estatuilla sea que nos aceptes o no. Es tuya Ikki, puedes llevársela al dragón... quien supongo es tu cliente."
Ikki parpadeó, observó a un Sorrento extrañamente frágil y volteó en dirección a la repisa, más antes de dar paso alguno dijo como quien no quiere la cosa un simple 'Lo pensaré'. Y fue más que suficiente para arrancar una sonrisa de alivio y agradecimiento de los labios de Sorrento.
Y fue en el momento en el que Ikki puso las manos sobre la estatuilla que algo extraño ocurrió, algo que lo hizo estremecer... una corriente que lo recorrió por completo y que hizo que su corazón se detuviese en seco para luego volver a latir... al mismo ritmo que latía la figurilla entre sus manos.
- "¿Pasa algo Fénix?."- Sorrento preguntó extrañado ante la repentina palidez del otro.
- "Late."- fue todo lo que respondió Ikki y Sorrento lo miró aún más extrañado.
- "¿Late? ¿A que te refieres con eso?."- Sorrento se acercó al otro e Ikki con total cuidado acercó la estatuilla hacia Sorrento.
- "Late... tiene pulso."- dijo con la voz aún en un hilo.
Y un rayo de entendimiento iluminó la mente de Sorrento.
- "¡Por Poseidón!."- exclamó mientras acercaba una mano tímida a la estatuilla que tantas veces había sujetado y sentido inerte y fría... pero no sintió nada, a excepción de un poco de calor manar de la figurilla, como si un congelado ser vivo volviese a recuperar algo de temperatura- "Vaya... no siento nada... o por lo menos no mucho, y sin embargo creo en ti. Felicidades Fénix, te acabas de convertir en el nuevo amo del Dragón de Ébano."
Y mientras tanto, no muy lejos de allí en una mansión, para ser más precisos en medio de un amplio jardín un joven de largos cabellos negros y blanca piel sentía en su pecho una familiar sensación cálida recorrerlo, una sensación muchas veces esperada pero que ahora era lo último que deseaba.
Li se mordió el labio mientras trataba de reprimir lágrimas traicioneras que pugnaban por salir. ¡No era justo!... él no deseaba un nuevo amo ahora, no cuando por primera vez en toda su existencia conocía lo que era la verdadera felicidad, cuando deseaba poder pasar oda una vida junto a aquel que pensó nunca lo notaría y ahora le había prometido una maravillosa compañía mutua. No... no era justo, no lo era cuando por primera vez la idea de pasar un siglo o dos antes de que apareciese aquel o aquella que rigiese su destino ya no sonaba tan mal.. no lo era porque cuando por primera vez podía clamar a los vientos que poseía algo realmente suyo esto le era arrebatado ¿Que no había pagado ya lo suficiente? ¿Qué acaso no merecía después de tanta penitencia un poquito para si mismo?
Pero no había caso en lamentarse, un nuevo amo despertaba ante el contacto con la estatuilla... tan solo un poco más de veinte años habían pasado y el alma con quien se había enlazado retornaba a exigir lo que era suyo... tendría que dedicarle su vida como siempre lo había hecho, tendría que decirle adiós a Ikki, adiós a su amor. El solo pensar en aquello hizo sangrar su corazón... pero antes de perder a Ikki daría todo de si, ya estaba decidido.
Su Ikki... su amor... sin importar quien fuese el dueño de su alma; ahora y para siempre solo esos ojos azules y salvajes, y esa actitud desenfadada serían dueños de su corazón.
- "Ikki..."- suspiró Li- "Te amo."- y una lágrima resbaló por su mejilla.
Ikki miró un tanto nervioso el lugar que tenía en frente, nervioso por como reaccionaría Li al tener en sus manos la estatuilla, nervioso por saber como reaccionaría el dragón al saber que Ikki estaba enterado de su verdadera naturaleza, nervioso al imaginar lo que podría suceder al enterarse Li que él era su nuevo dueño, nervioso porque estaba completamente en blanco ante su proceder, ante el nuevo e inesperado 'título' que se le había conferido... vale, estaba MUY nervioso, pero no por ello iba a detenerse.
Reuniendo valor tocó el timbre de la puerta de la mansión de Li que era el lugar frente al cual estaba, y aspirando profundamente una última vez decidió esperar. Solo por si acaso acarició con suavidad una vez más la pequeña cajita de terciopelo con interior de paño fino que alojaba al pequeño dragón de ébano en el interior del bolsillo derecho de su sobretodo; y no fue hasta que la puerta se abrió y el mayordomo de la casa fijó su mirada sobre el joven, que Ikki soltó el aire que no se dio cuenta que había estado reteniendo.
- "Buenas tardes joven Ikki."- saludó el mayordomo con cortesía al chico que había visto iluminar el rostro de su señor por primera vez desde que había empezado a trabajar en aquella casa.
- "Buenas tardes... er... ¿Está el señor Li?. Me gustaría hablar con él sobre el caso.. es importante."
- "Por supuesto, está en la piscina bajo techo. Si me permite déjeme guiarlo hasta allí, el señor dejó dicho que lo llevásemos si es que llegaba a venir."
- "Gracias."- susurró mientras se encaminaba hacia el lugar que le era señalado tras los pasos del mayordomo.
Y muy poco después se encontraba frente a la edificación donde estaba la piscina, y por lo tanto Ryu Li. El mayordomo se retiró dejando solo a Ikki, quien con lentitud entró al recinto y pronto ubicó a su muchacho de negros cabellos buceando con languidez de un extremo al otro de la piscina, la cual en realidad no era demasiado grande pero si lo suficiente como para nadar y relajarse.
Ikki se acercó a la orilla de la piscina, se acuchilló y observó un manchón negro, conformado por los cabellos de Li bajo el agua, moverse hasta casi alcanzar la orilla contraria a Ikki donde segundos después emergió el dragón de manera graciosa, echando los cabellos hacia atrás y aspirando una honda bocanada de aire; acciones que dejaron a Ikki sin aliento.
Li por su parte se sintió vigilado, por lo cual volteó sobre su sitio y encontró aquellos ojos azules tan amados encima suyo. Con timidez le sonrió a su Ave de Fuego.
- "Hola Ikki."- saludó Li en medio de su sonrisa.
- "Hola Li... siento mucho interrumpirte."
- "Oh, no digas tonterías Ikki, tu nunca interrumpes. Dame un par de minutos y te alcanzo."- y tras decir aquello Li volvió a hundirse bajo el agua y nadó veloz en dirección al Fénix, con lo cual poco después emergía por la orilla a sus pies.
- "Hola de nuevo."- Li saludo con una nueva sonrisa.
Ikki lo miró, le sonrió y acarició con cariño el húmedo cabellos y las mejillas de su amado tras acuclillarse... era hora de comenzar.
- "Vine a hablar contigo Li, sobre la estatuilla. La encontré."- anunció el Fénix con mucho cuidado, y notó a Li tensarse.
- "Oh!... y esto... ¿está a salvo?... ¿Corre peligro de desaparecer de nuevo?"- preguntó Li algo nervioso.
- "No, está en buenas manos. No volverás a perderla, pero..."- más Ikki fue interrumpido.
- "Me tranquiliza saber que está a salvo Ikki... entonces no hay ningún apuro. Me cuentas todo después de salir de la piscina... pensándolo bien ¿Por qué no entras también, el agua esta deliciosa en verdad."- invitó Li un poco sugerente.
Ikki alzó una ceja, Li se estaba comportando bastante evasivo. Suspiró y le devolvió la sonrisa a su chico.
- "Me temo que no puedo, no tengo traje de baño cariño."
- "Bueno, a menos que pienses invitar a alguien más, yo no veo ningún problema a eso, a mi no me importa. Solo quitate la ropa y metete; y si te incomoda que te observe también puede arreglarse, prometo no mirar."- y dicho aquello y de forma cada vez más coqueta, Li se dio la vuelta y se cubrió los ojos con las manos luego de cerrarlos. De Ikki solo se escuchó una ligera sonrisa.
Pronto el susurrar de la ropa se oyó, y un par de minutos después el ruido de alguien entrando al agua. Luego Ikki abrazaba a Li por la cintura y besaba su cabello.
- "Eres imposible."- le decía con cariño mientras apretaba un momento el abrazo para luego dejarlo ir.
Li sonrió y se arrebujó entre los brazos que lo sostenían, se sentía bien... no quería salir de ellos nunca, pero Ikki lo había soltado así que no tuvo más remedio que salir del cálido abrigo que ofrecía el otro. Cuando Li volvió a encarar a Ikki lo notó algo incómodo.
- "¿Sucede algo Ikki?."- preguntó curioso.
- "Llamame anticuado... pero no acostumbro estar así de desnudo frente a otras personas muy a menudo."
- "¡Ni que fuese la primera vez!."- Li dijo tratando de contener la risa- "Hasta donde yo recuerdo te vi desnudo muchas veces en la Isla de la Reina Muerte, no tuvimos más opción ya que el maestro apenas y nos dejaba unos minutos para bañarnos, así que tu también me viste desnudo en ese entonces, no tienes porque ponerte así."
Ikki suspiró, aún incómodo... mucho más incomodo en realidad por el rumbo que había tomado la conversación.
- "Si bien, pero entonces solo tenía doce años... o menos. No es tampoco que me hubiese andado fijando en esas cosas."- aunque pareciera imposible, Ikki estaba aún más apenado y fue por eso tal vez que Li no lo resistió más y largó a reír con ganas, para completa frustración de Ikki.
- "¡Exagerado!"- dijo Li entre risas y pronto desapareció bajo el agua para horror de Ikki, quien estaba a punto de salir de la piscina cuando Li emergió otra vez con su traje de baño en la mano, prenda que lanzó fuera del agua sin ninguna pena- "Listo, ahora estamos iguales... ¡Vamos! te echo unas carreras a lo largo, apuesto que aún soy más rápido que tu."
Y sin dar tiempo a replicar, comenzó a nadar hacia la otra orilla, seguido de cerca por un Ikki entre divertido y más tranquilo. Nadaron varios minutos en los cuales hicieron tres carreras, chapotearon como dos niños pequeños y se persiguieron el uno al otro lanzándose el par de flotadores que andaban por allí; hasta que finalmente exhaustos se acurrucaron en una esquina junto a la escalera de mano.
- "Esto fue divertido, tenemos que volver a hacerlo."- Ikki dijo con una gran sonrisa mientras se relajaba un poco.
- Si... lo fue."- Li dijo un tanto ausente mientras acariciaba con dulzura el pecho de Ikki, donde finalmente se inclinó para depositar un beso, y luego otro y otro más; sorprendiendo a Ikki con tales acciones pero no dejándolo ni pensar pues pronto estaba aferrado a él en todo sentido.
- "Li... espera ¿Que haces?."- preguntó Ikki de pronto más nervioso que nunca, puesto que no había llegado antes a tal grado de intimidad con Li... apenas unas pocas caricias inocentes no se comparaban con dos cuerpos desnudos, retozando rodeados de agua. Li lamió la piel tostada del pecho al que ahora prodigaba sus atenciones y mordió con cuidado una ya endurecida tetilla- "¡Aaaah! Li... Li espera ¡Oh Zeus! ¡Li!." Ikki gimió con las mejillas enrojecidas.
- "Te amo Ikki."- Li susurró inundado por el placer del momento, mientras buscaba nuevos puntos que explorar y nuevos suspiros que sacar de los labios de su amado- "Te amo y te necesito... amame Ikki, por favor."
Un largo y ronco gemido salió de los labios de Ikki, quien ya había perdido todo resquicio de cordura tras la súplica que Li extendiese hacia él. Los labios de Li seguían explorando cada centímetro de piel a su alcance, mientras que las manos del mismo empezaban a trazar caminos aún tímidos por el vientre y las caderas del ave de fuego.
Con ojos vidriosos Ikki finalmente capturó la mirada de Li, y sin pensarlo demasiado reclamó la boca pequeña en un beso ansioso que se fue profundizando a medida que la pasión entre la pareja iba aumentando. Poco a poco las caricias fueron incrementándose por parte de ambas manos ansiosas buscando descubrir la textura de las pieles húmedas y bocas buscando marcar senderos al tiempo que descubrían el embriagante sabor con el que habían soñado durante más de una húmeda noche.
Una mano de Li se posó sobre una de las de Ikki y mientras el dragón emitía un largo suspiro llevaba aquella mano hacia su propia hombría instando a Ikki a acariciarlo en aquella zona tan íntima. Ikki sintió como en un sueño la dureza de Li a su tacto mientras devoraba los labios rojos e hinchados del dragón casi con hambre; y luego sin darse cuenta en algún momento entre saborear a Li y contentarse los oídos con la sinfonía de gemidos y suspiros por parte de los dos Ikki se volteó en el agua junto a Li dejándolo contra la pared, empujando aquel cuerpo a moverse al ritmo del suyo propio mientras de alguna manera buscaba el compás de ambos en armonía.
La mano de Ikki viajó recorriendo casi con adoración los testículos y buscando descubrir aún más mientras que Li se aferraba cada vez más fuertemente a Ikki para de alguna manera evitar separarse de su Ave de Fuego, puesto que no estaba muy seguro de su propia estabilidad, aún cuando se encontrase atrapado entre la pared de la piscina y el cuerpo de su amante.
- "Ah!... Ikki... ¡IKKI!..."- Li se arqueó cuando sintió un dedo introducirse en su interior, como buscando prepararlo aunque de manera algo torpe, jadeó y se tensó y estiró sin pensarlo, encontrando de pronto que su cuello estaba siendo marcado por los dientes de un Fénix tan ávido como un vampiro de la sangre de su víctima.
Se aferró aún más fuertemente, gimiendo cada vez más alto, tratando de darle un ritmo a los movimientos para que ambos encontrasen el placer que buscaban, y cuando lo logró sintió un segundo dedo aventurero ingresar poco a poco a su interior. Las uñas de Ryu Li dejaron marcas notorias en la espalda del Fénix ante la nueva oleada de dolor y placer.
- "¡Ikki!... por favor... por favor ¡Tomame!."- comenzó a suplicar el dragón con impaciencia entre besos y caricias encendidas.
- "Li... ah, Li... yo... yo no..."- Ikki apenas y podía expresarse perdido en el mar de emociones que lo ahogaban sin piedad; y cuando menos lo esperaba sintió la mano ansiosa de Li en su miembro ya endurecido y adolorido guiándolo, y una estrechez cálida rodeándolo... estaba sucediendo, estaba poseyendo a Li; era una sensación indescriptible de placer y bienestar la que lo inundó en aquellos momentos, y aún cuando era él quien dominaba se dejó llevar por su dragón en aquella primera incursión al paraíso.
Pronto establecieron un ritmo suave y cadencioso... delicioso; el calor los recorría en oleadas que iban a un extremo al otro de sus cuerpos al tiempo que los gemidos y suspiros marcaban el paso. Li tenía los ojos cerrados y la espalda arqueada hacia atrás, sujetándose sin embargo en estrechos abrazos con piernas y brazos a las caderas y cuello de su Fénix, el cual tenía al dragón bien firme por la cintura, la que aferraba firmemente con sus manos. El ir y venir era como viajar al cielo, un cielo que poco a poco aumentaba en sensaciones que lo estaban llevando al límite.
- "¡Li!"- gimió Ikki casi desesperado mientras hundía su rostro en el níveo cuello y gemía y suspiraba con frenesí- "Ya.. ya no puedo ¡Ryu me vengo!."- las manos en la cintura de Li viajaron hasta estrechar por completo el cuerpo delgado en un fuerte abrazo.
El caballero negro del dragón no contesto nada verbal, más sin embargo se estrechó aún más contra Ikki hundiéndole las uñas en la espalda una vez más, mientras que su amante dos embestidas después sentía como el interior del pelinegro se llenaba con su esencia. Casi de inmediato Ryu Li llegaba también al propio clímax, dejándolos al final a ambos agotados, apenas concientes de que debían de sujetarse al barandal de la escalerilla para no hundirse en el agua de la piscina.
Los minutos que siguieron a aquella explosión de sensaciones fueron calmados y sobrecogedores, por completo satisfechos en todo sentido. Solo aferrarse al otro constituía un todo necesario para ser feliz, y Li deseo una vez más en pocas horas que aquello no terminase jamás, que tanto Ikki como él mismo se quedasen así por el resto de sus vidas.. y sin embargo una vez más el destino desescucho sus súplicas silenciosas justo en el momento en que Ikki deshizo el abrazo que los unía, y tras un breve beso en la cabeza de Li se alejaba de la piscina argumentando volver pronto.
- "No tardes..."- contesto Li tratando de esbozar una sonrisa mientras su pecho martilleaba con fuerza ante el horrible pensamiento de que pronto debería de dejar a Ikki libre. Él no quería pero tenía que hacerlo.
Pensaba en todo aquello cuando una sensación demasiado familiar lo embargó, la sensación que experimentaba cada vez que su amo tomaba la estatuilla entre sus manos, pero además se unía otra sensación, la de cercanía. La estatuilla y el amo estaban cerca... muy cerca; aún cuando no podía precisar que tanto sabía que estaba cerca, y el dragón tembló al pensar que quizás Ikki había arreglado de alguna manera que el hombre o mujer que ahora poseía el Dragón de ébano fuese personalmente a entregarlo.
¡Oh Ikki! No sabía lo que estaba a punto de causar.. el fin se acercaba más rápido de lo que creía y deseaba.
- "¿Li?... ¿Estás bien?."- la voz sonó preocupada a su espalda, más todo lo que Li atinó a hacer fue asentir; segundos después el sonido del agua siendo perturbada denotaba que Ikki había entrado de nuevo al interior de la piscina- "¿Estás seguro de estar bien amor?... Bueno, si lo dices yo te creo."- un suave beso en la nuca casi y hace al dragón llorar- "Y ahora que estamos tranquilos, hay algo que quisiera que supieses... sobre tu estatuilla..."- las lágrimas amenazaban cada vez más fuertemente con salir, más el dragón se resistía a llorar, aunque el brazo que de pronto rodeaba su cintura lo hiciese todo mucho más difícil aún- "Bueno... lo que quería decirte... Li..."- entonces lo increíble sucedió, el otro brazo de Ikki rodeó cariñoso el hombro, la mano de Ikki casi a la altura de los ojos de Li que se abrían incrédulos y el aliento suave del Fénix en una voz insegura en su oído- "Ryu Li... yo te libero para que hagas con tu destino lo que más desees."
Ikki nunca supo de donde salieron esas palabras, la verdad era que tenía preparado todo un discurso explicativo para tratar de dar a entender a su dragón lo ocurrido; pero cuando vio poco después los ojos acuosos de Li luego de que este voltease abruptamente y lo miraran con algo parecido a sorpresa en una mezcla de agradecimiento y amor, supo que todo estaba bien... muy bien; y luego... luego sucedió un milagro.
- "Lo que yo más desee... yo te deseo a ti..."- las palabras dichas por Li habían sido casi susurradas y sin embargo Ikki las escuchó con la intensidad de una promesa gritada directamente a su corazón. Y una luz repentina y muy brillante obligó al Fénix a cerrar los ojos por un momento, justo en el instante en que se sentía de pronto rodeado por una embriagante calidez que lo hacia sentir seguro y amado. A pesar de su inmenso deseo de sentirse así para siempre, Ikki se obligó a si mismo a abrir los ojos para ver a Li, darle su apoyo de alguna manera, demostrarle su amor... más al abrir los ojos no pudo menos que quedarse estático al verse rodeado por un hermoso y enorme dragón negro que serpenteaba su alargado cuerpo con delicadeza alrededor del cuerpo de Ikki, quien sonriendo y sintiéndose en paz solo atinó a volver a cerrar los ojos y encogiéndose sobre si mismo se dejó llevar por la cálida sensación que lo embargaba. No estuvo seguro de cuanto tiempo pasó después de que se dejase llevar, bien pudieron ser unos segundos como varios días, él simplemente no hubiese podido notar la diferencia; pero al abrir los ojos no pudo más que sonreír y apretar un poco mas el cálido cuerpo que soñaba entre sus brazos; ambos ya secos a un lado de la piscina. Ikki suspiró alcanzando una toalla grande que utilizó para arropar ambos cuerpos y volvió a cerrar los ojos dejándose llevar por un placentero y tranquilo sueños, sin hacer mucho caso a la estatuilla negra que yacía partida en tres pedazos a un costado.
Seis meses después...
Unos ojos azules que se vislumbraban casi asesinos se posaban sobre la sonrisa despreocupada del sujeto que se atrevía de manera casi suicida a rodear la cintura de su pequeño ototo con tanta desfachatez... y digo casi porque si no fuese porque Ikki había dado finalmente su 'bendición' a la pareja casi cuatro meses atrás y a regañadientes, Sorrento de Siren estaría sin duda en aquellos momentos con la nariz rota, varios dientes menos y a un paso de la tumba... pero desgraciadamente Ikki ya había cedido y tenía que cumplir con su palabra... tanto por su ototo que se veía en esos momentos en el cielo, como por el chico que se encontraba a su lado en aquellos instantes tomando su mano y transmitiendo seguridad y cariño. Suspiró... nada podía hacer ya más que centrarse en su trabajo, su pareja y cuidar de que la felicidad de su hermanito no se apagase nunca.
- "¿Ikki?..."- Li sacó a Ikki de sus pensamientos con suavidad mientras movía una mano delante del rostro del Fénix.
Ikki parpadeó y lo miro, perdiéndose unos segundos en esas piscinas de obsidiana, negras como la noche; para luego mirar a un Shun que al igual que Li lo miraba extrañado, y a un Sorrento que observaba todo bastante burlón. Bufó en exasperación ante el último, lo cual tan solo ensanchó más la sonrisa del general marina.
- "Lo siento amor... estaba pensando en otras cosas."- se disculpó Ikki acariciando la mejilla de Li, quien suspiró ante el suave toque.
- "¡Onii-chan!."- Shun se dejó oír entonces- "Prometiste no pensar en tu trabajo aunque sea por unos minutos. Nos reunimos en este café todos para pasar un rato en familia, no para que te hundas en tu investigación aún con nosotros al lado."- Shun terminó diciendo casi con un puchero.
A Ikki tan solo le salió una gotita, era mejor que Shun y Li pensasen que la interpretación de su ototo era la correcta a que supiesen lo que estaba pensando en realidad... y que estaba seguro Sorrento de por si ya sospechaba.
- "Lo siento ototo, prometo no volver a dejar mi mente vagar así."- Ikki le sonrió de manera conciliadora a Shun... y el momento pasó de una forma u otra, o hubiese quedado allí de no ser por el General Marina.
- "Y ya que tocamos el tema ¿Que tal la investigación Fénix?."
- "Avanzando... por ahora tengo una cita con un informante, lo veré en unos 30 minutos más o menos."- reveló Ikki frunciéndole a Sorrento un poco el entrecejo y pensando que el pescado ese era un metiche de primera.
- "¡Oh! ¿Entonces ya te vas nii-san?... y yo que quería pasar un poco más de tiempo contigo, ya casi ni te veo."- otro puchero marca Shun, el cual fue seguido de una sonrisilla maliciosa por parte del peliceleste.
- "Es que amor ¿Quien iba a imaginar que tu hermano iba a resultar ser uno de los detectives más reconocidos de los últimos tiempos?. Tres casos resueltos con óptimos resultados y los pedidos le llueven. Ay cuñadito, juro que si algún día pierdo mi peine de plata favorito te voy a contratar para que me lo encuentres."- terminó diciendo un burloncísimo Sorrento mientras abanicaba las pestañas a Ikki en juego, todo lo cual terminó siendo respondido por un bufido más un gruñido marca Fénix además de una mirada que prometía una muerte lenta y dolorosa en cuanto Shun no lo quisiese más a su lado... algunas cosas nunca iban a cambiar.
- "Pues yo estoy orgulloso de ti Ikki. Eres el mejor detective del mundo y todo lo que pude llegar a pedir y más."- Ah! Li... siempre con la palabra exacta en el momento justo.
Ikki no podía sentirse más afortunado que en ese momento. Finalmente miró el reloj luego de desperezarse un poco, si no se iba de una vez perdería la cita con su contacto y no podía permitirse una falla igual; como bien había dicho Sorrento (aunque admitir que el pescado estuvo correcto en alguna afirmación era como una patada al hígado para Ikki) luego de resolver el ya famoso 'Caso del Dragón de Ébano', luego de resolver el misterio de la ubicación de una de las más famosas duplas de ladrones cibernéticos (aunque para eso necesitó ayuda de Shiryu como el experto en computadoras que era), y recuperar uno de los zafiros más grandes del mundo; pues tenía una reputación que cuidar.
- "Yo ya me voy; gracias por el café y por su tiempo Shun... Li."- Ikki comenzó a despedirse mientras se levantaba de la mesa.
- "¿Y para mi no hay nada?."- preguntó Sorrento con fingidas lágrimas en los ojos, y como respuesta tuvo otra más de las tantas miradas asesinas que Ikki le había lanzado ese día.
Shun y Li se apresuraron a bajar la tensión del ambiente al levantarse también y propinarle a Ikki besos y abrazos de despedida, con lo que el Fénix empezó a alejarse... más pronto Sorrento corría tras de él luego de guiñarle un ojo a Shun.
- "¡Hey! Yo también tengo que salir ya Ikki, ¡Te llevo hasta donde se pueda!."- ofreció en extremo alegre y aunque Ikki lo ignoró por completo y siguió su camino, Sorrento simplemente continuó tras de él listo para arrastrarlo a su carro de ser necesario.
- "Solo quedamos nosotros dos Shun-kun. Yo te llevo a la mansión Kidoh, después de todo traje mi auto."- Li anunció sonriéndole a Shun de manera amable mientras ambos volvían a tomar asiento con la intención de terminar sus cafés y los panecillos que habían pedido.
Shun agradeció el gesto aceptando sin dudar, después de todo si de algo podía estar seguro era de que podía confiar en la pareja de su hermano... aunque a veces sintiese que había algo que le era ocultado por todos; tanto por Ikki y Li como por el mismo Sorrento, y sin embargo no lo sentía como un secreto que fuese pesado ni mucho menos algo malo, sino simplemente como un asunto que de alguna manera era privado y también correcto. Ya se enteraría en su momento si es que era el deseo del destino el que supiese, pero por ahora saber que Ikki era feliz y que además aceptaba su relación con Sorrento era su mayor alegría, una que nadie le podía quitar. Volvió su atención a Li y lo vio ensimismado bebiendo su café... volvió a sonreír, la vida era perfecta.
Por su parte Li estaba hundido en sus propios pensamientos, oraba en silencio porque Ikki no sufriese ningún percance y daba gracias a los dioses por estar junto a él, y por saber que nunca más se separarían; puesto que si alguna cosa llegase a pasarle a su ave de fuego, él sería el primero en enterarse desde que las almas y vidas de ambos se habían convertido en uno. Porque si, ese había sido el deseo de Li, ser uno con Ikki, uno con aquella alma cálida que lo había conquistado, morir junto a él y nacer otra vez ambos en un mismo tiempo y amarse en cada vida como si fuese la primera y la última, recordando y olvidando en cada encarnación, vagando como un solo espíritu mientras residiesen en el limbo entre la vida y la muerte.
Ryu Li... yo te libero para que hagas con tu destino lo que más desees.
Lo que yo más desee... yo te deseo a ti... Deseo tu amor, deseo ser uno contigo y nunca deshacer ese lazo. Quiero conocer la dicha de partir junto a mi ser amado, de volver a nacer y descubrir en cada vida los placeres, el amor y el dolor junto a ti. Deseo ser humano, y quiero vivir mi humanidad junto a ti... y a nadie más.
Fin Notas de la autora .Alouuuuuuu, increíble pero cierto!... n.nU no demore otro año más para actualizar, y de hecho termine este fic . otro logro personal y regalo especial terminado y entregado... me siento felish como una lombrish y espero que a mi K-Li mosha le haya gustado su fic especial.
Bueno, no fue una pareja convencional... lo sé, pero espero que aún así haya gustado y si fue de esa manera y quieren dejarme un reviewsito pues prometo no molestarme n.n al contrario, les estaré muy pero muy agradecida por cualquier comentario que me puedan dejar... solo pinchen en el botoncito para dejar comentarios y digan lo que piensan xD; pero si no es así pues de todas maneras mil beshitos, apapachos y gracias a todas aquellas personas que hayan leído este fic, espero una vez más que lo hayan disfrutado.
Nosh vemosh próximamente, cariños para tods los fans de Saint Seiya!.
con miaulove
chibineko chan
(Miembro de la Orden Sirusiana)
(Estudiante de Hufflepuff en Media Noche en la Torre de Astronomía)
Este capítulo fue terminado el 27 de Mayo del 2006
Campaña de NO AL PLAGIODigamos NO al plagio, este mensaje va dirigido al público, para que el trabajo de cada uno como autor sea tratado con el respeto que se merece. Recuerden que cada obra es como el bebé de cada uno de los que creamos dichas obras; y como tales amaremos y protegeremos esas obras dándole lo mejor de nosotros para que el resto del mundo pueda disfrutar con el resultado final. Por eso, si sabes de algún caso de plagio, denúncialo al autor del respectivo trabajo, ten por seguro que dicho autor te lo agradecerá. Gracias