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Capítulo 21
-No puedo creer que lo hiciera, en serio.
-Yo tampoco! Vaya…
-Ahora ya lo saben tus padres, Seve! –Sonrió ello con los ojos brillantes – qué feliz se veía tu madre! –su voz estaba muy aguda y dulce por su ilusión.
-Ya, pero a mi padre no le ha hecho gracia. –frunció el ceño con aire resentido.
-No será eso, seguramente le habrá pillado por sorpresa, no?
Severus de repente pareció dejar de respirar, y miró de manera extraña a su novia.
-Parece mentira que aún habiendo vivido en mi casa no sepas cómo es mi padre en realidad.
-…? –ella le miró y Severus por un momento odió su expresión, como en el momento en que la vio por primera vez -Me han nombrado Delegado –Cambió de tema, sin poder eliminar el mal gesto -Ay… felicidades! –Se abrazó a él e intentó besarle, pero aquello tampoco había parecido ser lo correcto.
Se separó asustada, recordando todo lo de la legeremancia y la oclumencia. Y si al haberla pillado desprevenida había visto algo de su infidelidad? O si no a ella, a Remus, cuando le vio en el vagón de los prefectos? Se llevó la mano a la boca, como si hubiese dicho algo incorrecto, y aquello hizo que el miedo brillase en sus ojos muy claramente.
Después de aquello todo sucedió muy rápida y violentamente. Él gritó "basta", quizá más fuertemente de lo que hubiese sido necesario, y se golpeó las sienes con los puños, como en un acto infantil de protección; apretó los ojos como si la sola visión de Nicole le produjese pesadillas y la empujó haciéndola caer sentada en el asiento de enfrente. Ella intentó tocarle asustada y a punto de llorar, y recibió a cambio un manotazo que le dejó la mano dormida y enrojecida.
Estalló en sollozos y tras abandonar el compartimiento, se puso a correr por el pasillo, de vagón en vagón hasta que una mano la metió a la fuerza en otro compartimiento.
-Pero qué te pasa? –le dijo el dueño de unos ojos azules que se ocultaban tras un mechón de pelo azabache- porqué tanto ruido?
-Es…que… Severus…-explotó nerviosa el interior del cubículo y sintió la mirada preocupada de Remus, que claramente se desvió hacia algún punto detrás de ella.
-Black! Qué le estás haciendo a mi novia! Suéltala! -Pero Snivie… aún te atreves a llamarla novia tuya? Si ha llegado corriendo hasta aquí, probablemente, no creo que ella siga considerando ese término adecuado…
-Eso es MENTIRA! –Miró enfurecido a Nicole, casi ordenándole que le diese una respuesta.
-NO! No hemos roto, verdad? –Su respuesta sonó a otra pregunta, o quizá a un ruego.
-Te ha insultado o algo, este indeseable?
-No, y no es un indeseable, Sirius! –Saber que pese a todo, Severus no estaba dispuesto a romper, la había tranquilizado bastante.
-Esto… creo que debo daros la enhorabuena, de todos modos… -A ti nadie te ha dicho que hables, licántropo. -No le insultes, él no le ha hecho nada a nadie! –En su enfado, James empujó a Lupin haciéndole sentarse, y empuñó su varita apretándola con tal fuerza que sus nudillos se ponían blancuzcos. Nicole volvía a sentirse mal.
-Que vas a hacer, Potter?
-Nada que empeore aún mas tu deforme cara…
-Ja! Crees que esa cosas me siguen afectando como antes, imbécil? Atrévete cretino, y atente a las consecuencias, cuando se enteren en el colegio -Qué más me da, no van a mover un dedo por un inútil prefecto -Es delegado, James… -La voz de Nicole sonó bajita, pero lo suficientemente contundente para crear un silencio incómodo, que indicaba que todos habían captado la idea al vuelo.
-Oh… ehr.. vale –se ruborizó y guardó la varita con disimulo. -Mírale, que cobarde – Severus puso una sonrisa que mas bien parecía una mueca y se cruzó de brazos, triunfante. –gallina…
-Ya déjalo, Severus, está bien, estoy tranquila ya, volvamos al compartimiento, vale? – Se acercó a el y se enroscó a su brazo de forma melosa, fingiendo una mirada desafiante a los cuatro merodeadores, como parte de su habitual "actuación", y reparó entonces en Remus, que parecía en estado de shock. Suspiró, haciendo más ruido del que hubiese querido. Y se sobresaltó cuando notó la vibración en el pecho de Severus, cuando alzó la voz.
-Me pica la curiosidad, licántropo, por qué querías darnos la enhorabuena?
-Por lo que he visto –mantuvo un tono serio pero desafiante- ya sois novios oficiales –miró de manera extraña a Nicole.
-Jajaja –su rosa sonó llena de desprecio- desde cuándo eso te importa? En fin, vámonos Nicky -Adiós… -dijo tímidamente. Estaba roja como un tomate, y notaba esa extraña presión que se siente en los carrillos cuando sabes que tu cara no puede esbozar una sonrisa, pero se fue calmando cuanto más se acercaban al compartimiento. Miraba al suelo, ahora sólo necesitaba silencio para meditar…
-Se puede saber por qué has salido así corriendo?
-Qué? Y por qué narices me has pegado, a ver, a qué ha venido toda esa tontería? EH?- Ahora fue ella, quien golpeó con fuerza el brazo de u novio, haciendo que se ladease.
-Bueno, te debo una explicación, yo… -Y a ti te han nombrado delegado?
Chasqueó la lengua y se mantuvo callado mirando al frente hasta que llegaron al compartimiento, ignorando la mirada enfurruñada de su novia. Cuando llegaron, se sentó elegantemente y suspiró.
-Mi padre. –dijo rápidamente -Qué, qué pasa con tu padre -Es que… verás yo y mi padre… nos hemos peleado y…
-pero qué tiene que ver que te hayas peleado con tu padre, eh? A qué ha venido esa estupidez, a ver, qué es eso de intentar protegerte, es que no confías en mí? – Ella lo sentía, estaba haciéndolo de maravilla, estaba actuando, logrando quedar bien, y a la defensiva.
-Bah, déjalo, tienes razón.
-Qué querías ocultarme? – Abrió los ojos y le miró, aún enfadada – qué ha pasado este verano que quieras ocultarme?
Severus la miró con algo de enfado. Estaba sofocado, sus mejillas entintadas de rojo y sus ojos, parecían más grandes. Respiraba lentamente pero eso no disimulaba el hecho de que deseara estar hablando de cualquier otra cosa, antes que verse sometido a tal interrogatorio.
Admitía que había sido muy pero que muy torpe al ponerse, de esa manera, en evidencia. Por dentro de él, bullía la ira, y ganas de hacerla callar. Quería levantar la mano, golpearla y que así dejase de preguntarle, pero al hacer un amago de mover el brazo, lo recordó.
-8-8-8-
La discusión con su padre… Había sido cierta, y se le había ido de las manos. Había vuelto a pasar, aunque él aunque el hubiese esperado que aquello no se volvería a dar de nuevo, no al menos frente a él. Pero seguramente, habría pasado muchas veces más mientras el estaba en la escuela… o en los campamentos…
Los campamentos… habían sido, esta vez, los causantes de la discusión y todo lo que se derivaría de ello.
De alguna manera, Klaus se había enterado de que los dichosos campamentos, en un principio, "educativos", en verdad eran organizados por las juventudes, con el fin de reclutar a nuevos seguidores del Señor Oscuro, y llenar las cabezas de los jóvenes con propaganda pro-limpieza de sangre. Por suerte, no sabía que su hijo, en efecto, ya estaba alistado en ellas, ni que, además era el mejor de su quinta. Lo que le enfurecía, había sido que su hijo había faltado a la promesa de que había hecho, porque se había comportado de una forma ruin, no solo una vez, si los dos años que llevaba asistiendo a ellos.
En el primer año podía darse el caso de que el no conociese la verdadera intención, y pudo haber acudido engañado, con el anzuelo de la "educación". Pero era obvio que tras el primer año, él perfectamente había podido descubrir por donde iban los tiros, que no era tonto! En el momento en que se decidió por ir la segunda vez, se había delatado, y aquello había sido el mayor disgusto.
Aquello, Severus estaba dispuesto a escucharlo, pero después cuando su padre volvió a bombardearle con lo disgustado que estaba con él, con la enorme desilusión que se llevaba, porque sabía que su hijo era un inútil y débil que no podía pensar por si mismo, plantando incluso el retirarle el apellido y desheredarle por considerarle indigno, no. Y lo peor no fue eso.
Su madre no pudo soportar ver aquella escena sin intentar interceder; Severus era también su hijo, no había que olvidarlo. Pero cuando intentó protegerle, ella fue el foco de los insultos de su marido. Porque ella era, entonces, la única culpable del fracaso que había cometido con su hijo. Eso, un fracaso… porque jamás debió confiar en poder triunfar en la vida al desoír a su padre y romper el matrimonio que ya le habían concertado, para casarse con ella, una simple Gryffindor de cara bonita, si, pero inútil.
Hasta ese momento, Sharleen había mantenido un tono de voz bajo, en cierto modo, tranquilo y suplicante, pero su paciencia y su dignidad tenían un límite. De su corazón salió un "CÁLLATE!", pero no tuvo que esperar mucho para recibir la respuesta, ante la aterrada mirada de su hijo, petrificado por lo que se estaba reviviendo ante sus ojos.
Cuando era pequeño, siempre se escondía en un armario, en su habitación, en un rincón… Ahora, con 17 años, era ya muy mayor para andar escondiéndose por la casa con tal de evitar ver aquello.
Su padre estaba hecho una furia, reprochaba a su mujer por haberse atrevido a alzarle la voz, la golpeaba, primero con la palma de la mano, luego con los puños. Sharleen sólo apretaba los ojos intentando no derramar lágrimas que demostrasen que le dolía, y que en esos momentos se sentía destrozada, y querría desaparecer de la faz de la tierra; y se cubría ineficazmente la cara con los brazos.
Cuando los golpes fueron más fuertes, se atrevió a abrir la boca para pedirle que parase, pero él no lo hizo. Klaus no paró hasta hacer que su mujer retrocediese, tropezara y cayera al suelo, momento en que ella no pudo reprimirse más y rompió a llorar amargamente. Sólo eso, y el ambiente pareció invadirse de dolor y un insoportable silencio. Su marido la pegó entonces un puntapié como punto final, y se limpió el sudor de la frente, mirándola fijamente, sin reflejo de ningún sentimiento, Volvió la vista a su hijo, que permanecía quieto en el mismo sitio de antes, con los brazos agarrotados, como si en algún momento hubiese tenido la intención de acudir en la ayuda de su madre, pero hubiese recibido un "petrificus" en el camino.
Su padre le estaba mirando… y su corazón se llenaba de un miedo que no lograba comprender, quería huir, no podía creerse que esta cosa había vuelto a pasar delante de él… su padre seguía mirándole con desprecio; en teoría, ahora era su turno… estaba caminando hacia él, frotándose las manos, no había duda… Automáticamente, se cubrió con las manos y ladeó la cabeza, apretando los ojos, esperando sentir el impacto. Lo único que consiguió con eso, fue oír un gruñido despectivo, el sonido de la puerta de la estancia al cerrarse, y el eco del fuego de la chimenea de la habitación de al lado, al tragarse a su progenitor para llevárselo a cualquier otro lado.
Con seguridad podía decir que había ido a algún garito del callejón Knockturn, donde iba siempre que quería emborracharse y evadirse. No volvería hasta dentro de uno o dos días.
Volvió el silencio y la aparente tranquilidad. Se apartó los brazos de la cara, lentamente, como si tuviese miedo de que su padre siguiese ahí para golpearle a traición. Eso había pasado ya antes… Miró al suelo, a donde su madre estaba aún llorando, como en un murmullo, pero después más libremente. Se tapaba la cara con las manos, la tenía muy enrojecida, al menos desde donde él podía ver.
-Mamá…-su voz sonó aguda y tierna, quería consolarla, como fuese.
-Severus… intenté que parara, no pude…
-No te apures, mamá, déjame verte… -intentó apartarle las manos de la cara pero ella decidió hacerlo sola, y alzó la cabeza. Severus reprimió perfectamente la cara de desagrado, ante las heridas.
Su bello rostro, estaba estropeado por culpa de los golpes y cortes. Su labio inferior estaba hinchado, y se había reventado por el centro; ahora sangraba. También le salía sangre por la comisura izquierda del labio. Uno de los golpes la había hecho morderse el carrillo por dentro. Tenía un corte en el pómulo, que se estaba poniendo morado, su nariz estaba desviada e hinchada, pero no sangraba, y la ceja derecha tenía un chichón que estaba hinchándose rápidamente.
-Estoy muy mal, verdad?- hablaba con un hilito de voz que intentaba disimular su enorme pena. -No, mamá, tu nunca dejarás de estar guapa – Pasó con mucho cuidado la mano por su cara, pero ella no pudo evitar quejarse –te duele mucho, no?
-Si…
-Ahora vuelvo –La ayudó a levantarse y marchó corriendo a su cuarto, a coger la varita del estuche.
Cuando volvió al comedor, ella estaba sentada en una silla, mirando al vacío. Una elfina doméstica le tiraba de la túnica intentando ofrecerle una copita de brandy, pero ella no le hacía caso. Se sentó a su lado y lentamente fue curándole las heridas de la cara.
-Dónde aprendiste esos hechizos?
-Bueno, los aprendí yo solo porque…-la miró y no estuvo dispuesto a contarle que los usaba constantemente para curarse después de las múltiples agresiones que sufría en el colegio.
-Ya veo, no puedes estarte un momento sin aprender cosas nuevas, verdad?
-Esto.. sí exacto.
-Además, te han hecho delegado, verdad? -Sí, este año seré el delegado de Slytherin –su voz sonaba apagada. Su padre ni siquiera había sonreído cuando se lo dijo. Sólo gruñó como si le importase un rábano.
-No hagas caso a tu padre, tú, no eres un fracaso. En cambio…
-Se por donde vas, y tu tampoco lo eres. Ninguno de los dos somos fracasos, mamá.
-Hijo mío…
-Mamá, cómo dejas que te siga haciendo esto? -No tiene importancia, Seve, solo soy una inútil de cara bonita…
-TE EQUIVOCAS, MAMA! –Su intención no era eso, pero alzó la voz más de lo debido. Calló por unos instantes.
Oyó los pasos de la elfina, que había decidido dejar el licor preparado sobre la marcha, y se marchaba, el tic-tac de algún reloj que él no veía, y los cuchicheos quedos entre algunos de los cuadros de la casa. Sintió un nudo en la garganta.
-No te sulfures hijo mío -Pero es que… No puede hacerlo! Dímelo, cómo puedo pararle? Cómo hacerle pagar?
-Basta Severus, no te empeñes, no hay nada que puedas hacer -Pero si sigue así podría llegar a matarte! –Se sentía tan impotente…
-Hasta ahora no lo ha hecho, y, por favor, Severus, no lo intentes, no puedes hacer nada…
-8-8-8-
Consiguió templarse a tiempo, para no actuar como su padre hubiese hecho. Lo odiaba tanto, detestaba tanto su severidad, esa manera de menospreciarle, y sobre todo, odiaba tanto que tratase a su madre de esa manera, que no se merecía… Pero, por qué él ahora quería portarse igual, cuando lo detestaba tanto? Volvió a mirar a la chica que tenía enfrente. Seguro que había visto algo entre sus pensamientos, y le miraba un poco cohibida. Por unos instantes volvió a sentir ira y vergüenza. Cerró su mente y reflexionó. Al menos así, ella no había podido ver nada más. No había podido ver todo lo que había hecho en el campamento. Pero algo se le escapaba… la discusión había sido a causa de éste. Había que comprobarlo.
-Lo has visto todo?
-Sólo trozos, pero…-sus pupilas temblaban -Qué, estás ahora contenta? –su voz no era amenazadora, sino que, parecía más bien apagada y dolida. -No.. No tenía ni idea Severus. –Sollozó y se abrazó a él.
Dejó que ella le achuchara cuanto quisiera, y miró por la ventanilla. Conociéndola, si hubiese visto todo desde el comienzo, lo del campamento, se lo hubiese dicho obviamente; o, quizá sí que lo había visto, pero la escena de violencia familiar, en esos momentos, anulaba todo lo demás. -Es horrible Seve, nunca creí que tu padre pudiese hacer algo así.
-Ya…
-Te lo ha hecho también a ti, alguna vez?
-De pequeño… y… pero… -por un momento él pareció ido, pero volvió a hablar mirando al infinito desde su ventanilla –Nicole, comprendes ahora por qué no quería que lo vieses?
Ella asintió de manera que él pudo sentirlo. Se sentía lo suficientemente mal como para decidir no volver al tema. Se acomodó y miró también por la ventanilla, intentando apartar de su mente cualquiera de las imágenes que había conseguido captar, para poder seguir actuando con normalidad. Suspiró. Le sentía tan calentito debajo de ella… Respiraba tan lentamente… el tren traqueteaba tan silenciosamente…
Había gente riéndose a su alrededor, gente que ella ya había visto anteriormente; aquellas personas con máscaras, vestidas de negro y encapuchadas. Ella estaba atada, lo sentía porque aquellas cuerdas eran invisibles, un hechizo. Se miró. Estaba vestida de blanco, pero la ropa que llevaba estaba sucia y desgarrada. Oyó gemidos, sollozos, había más gente a su lado. Quiso girarse y no podía. Alguien venía hacia ella, pero no podía verle la cara por la máscara. Además de venir hacia ella, lo podía sentir, intentaba penetrar en su mente, sacar información que pudiera ser de utilidad.
Quería cerrar su mente pero se sentía demasiado débil. Eso, o el miedo la podía. Pudo oír claramente una de las voces que, a su lado, parecían desesperadas. Parecía Remus… "No lo permitas" decía… Era Remus? SU Remus, SU Licántropo? "No dejes que lean tu mente!" Sonaba con un acento peculiar… pero dejó de oírle, un ayo verde la había pasado rozando…
-8-8-8-
Cuando despertó, no podía ubicar donde se encontraba. Frente a ella, un chico en ropa interior, se estaba vistiendo con las túnicas del colegio. Todo se movía en vaivén al compás de un traqueteo monótono. Giró la cabeza hacia arriba y su nariz se chocó con la húmeda naricita de Pierrot. Parpadeó, y el gato bostezó, haciéndole cosquillas con sus bigotillos y echándole su aliento de pescado.
Levantó la cabeza un poco más y apoyó la mano a su lado, para levantarse con el impulso. Se frotó los ojos y miró a Severus, esperando que le dijese algo. Él seguía a su bola, como si no hubiese visto que ella había despertado. -Hola –dijo con voz débil -Ah, ya estás despierta. Será mejor que te vistas, estamos a punto de llegar.
-He dormido tanto?
-Unas cuantas horas –Ella miró el reloj para comprobarlo y luego le miró entornando los ojos.
-Exagerado, no ha llegado a la hora y media. Por qué te estás vistiendo ya?
-Ejem –se aclaró la garganta y, serio, arqueó una ceja.
-Vale, quieres que todo el mundo vea que eres delegado. -Pero qué lista eres. –Se puso la capa, y en ella, una insignia con la letra H (Head Boy) y una serpiente enroscada en ella. –Qué tal se me ve?
-Estupendo, Severus. -Creo que iré a hacer una rondita, a ver qué pasa. Intentaré quitar puntos a algún Gryffindor. -pero si aún no ha empezado el recuento…
-Da igual –se rió él, y abandonó simplonamente el compartimiento.
Se había quedado sola en el vagón, en silencio. Pensó en volver al vagón de los merodeadores pero pensándolo dos veces, llego a la conclusión de que tal vez no era tan buena idea después de todo. Estaba siendo un viaje bastante desastroso, a su parecer. Sólo deseaba que todo FESE más tranquilo en el colegio. Era su último año.. qué rápido era decirlo. Cuando acabara ese curso, no volvería más a Hogwarts, y se separaría de sus compañeros… qué le esperaría entonces?