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Books » Harry Potter » Elyon
IluDragon
Author of 2 Stories
Rated: T - Spanish - Adventure/Fantasy - Severus S. & Remus L. - Reviews: 77 - Updated: 02-25-12 - Published: 03-15-05 - id:2306718
Capítulo 1 Capítulo 1. Tormenta y calma

Era una noche tormentosa, Elyon y sus padres estaban en la sala de estar; ella se había quedado dormida en el hombro de su madre cuando un escalofrío recorrió su espalda y su pequeño colgante en forma de lágrima comenzó a brillar con un color rojizo; su padre, Tim, se asomó a la ventana. Un rayo iluminó el jardín y el hombre comenzó a balbucear.

-¡Ani!¡Llévate a la niña, rápido!¡Nos ha encontrado! – gritó Tim asustado.

La mujer cogió a Elyon del brazo y corrió hacia las escaleras. Su padre se acercó a la puerta cuando esta se abrió de par en par y una sombra apareció por la puerta, levantó una varita y apuntó a su padre.

-¡Avada Kedavra! –gritó el extraño.

Un rayo verde alcanzó a su padre en el pecho y este cayó inerte al suelo.

-¡Papa! –gritó Elyon.

-¡Tim! –gritó Ani mientras bajaba por las escaleras.

-¡Escalera locomotor! –gritó de nuevo el extraño.

La escalera comenzó a temblar y a separarse de la pared.

-¡Corre Elyon! –gritó su madre subiendo por la escalera lo más rápido que podía.

Cuando llegaron al final de la escalera, tuvieron que saltar para alcanzar el piso de arriba debido a la separación de esta. Entraron en una habitación e intentaron abrir una ventana, pero se atascó.

-¡¿Por qué tu padre no arreglaría la ventana? –gritó Ani desquiciada debido al pánico.

Presa del pánico cogió una silla y rompió el cristal de la ventana. Elyon salió la primera ante las súplicas de su madre y saltó al árbol que había en frente de la ventana; bajó apresuradamente y corrió por el césped cuando una luz verde volvió a iluminar el jardín.

Elyon buscaba ayuda bajo la lluvia cuando unas sombras salieron a su paso. Resbaló sobre la hierba mojada al intentar parar y cayó al suelo, se levantó como pudo y corrió en dirección contraria; pero no consiguió llegar muy lejos, porque le interrumpieron el camino otras figuras encapuchadas. Intentó esquivarlas, pero una de ellas consiguió atraparla, la cogió con fuerza e intentó inmovilizarla, ella se retorció como un gusano para intentar soltarse de las manos fuertes y frías que la retenían.

-Tranquila jovencita, tranquila –ante ella apareció la misma persona que había estado dentro de su casa-. No voy a hacerte daño.

-¡Y una mierda! –le contestó al extraño con furia.

El hombre ni se inmutó, le cogió el brazo izquierdo, sacó su varita y la apretó contra el antebrazo de Elyon; un dolor agudo, punzante y tan frío que quemaba le recorrió el brazo, el hombre retiró la varita y ella pudo ver una marca morada en forma de calavera.

-Ya está; bien, vamos –ordenó el hombre al resto.

Elyon intentó escaparse una vez más, y esta vez lo consiguió, le dio un codazo en el costado al individuo que la retenía, este la soltó mientras se desplomaba en el suelo. Elyon miró una vez más a la persona que la había sujetado, su máscara blanca había resbalado de su rostro, al igual que la capucha; entonces ella pudo verle claramente la cara. Era un hombre joven, de tez blanca, con el pelo negro y largo hasta los hombros, mojado por la lluvia que caía.

-¡Cogedla! –ordenó el jefe.

La muchacha echó a correr hacia el porche de su casa. Cuando llegó a él miró de nuevo a atrás, los hombres ya no la seguían, habían desaparecido. Elyon miró al interior de su casa, cayó al suelo de rodillas, se agarró el brazo dolorido y comenzó a llorar; e inconscientemente, comenzó a llamar a la única persona que le quedaba, un viejo amigo llamado Hagrid.

Ya había parado de llover y las nubes se habían disipado, pero Elyon todavía no se había movido de donde estaba, no quería entrar en la casa, pues sabía que lo único que quedaba dentro era muerte y tristeza. Miró a lo lejos y distinguió en la oscuridad de la noche y entre una neblina, a un hombre dos veces más alto que un hombre normal y al menos cinco veces más ancho, desaliñado, con el pelo negro, largo y revuelto, y una barba que le cubría casi toda la cara, era Hagrid. El gigante se acercó a ella y la miró.

-¿Qué pasa, por qué me has llama...? –Hagrid no acabó la pregunta, porque miró dentro de la casa y vio el cadáver de Tim.

Elyon se levantó y lo abrazó, Hagrid también la rodeó con sus enormes brazos musculosos, pero su mirada seguía fija en el cuerpo sin vida de su padre.

-¿Qué ha ocurrido Elyon?

-Alguien vino, y papá y mamá... –dijo con dificultad Elyon mientras se aferraba con más fuerza al gigante.

-Tranquila ya estoy aquí, pero, ¿quién vino?

-No lo sé, pero con él vinieron más, con túnicas negras, capuchas y una máscara blanca –intentó recordar ella.

Elyon miró de nuevo a Hagrid y vio que se había puesto pálido.

-Vámonos de aquí Elyon, no es un lugar seguro –tartamudeó él.

La cogió del brazo y la llevó lejos de la casa, en ese momento una lechuza se posó en el hombro de Elyon, en su pata traía una carta, que inmediatamente Hagrid cogió y leyó.

-Parece que la tuya no es la única desgracia de esta noche –dijo Hagrid apenado, mientras comenzaba a andar.

-¿A dónde vamos? –preguntó Elyon.

-A casa de los Potter, el que te atacó a ti es el peor mago de todos los tiempos y también los ha atacado, tenemos que recoger a su hijo Harry, parece que es el único que queda con vida –explicó Hagrid mientras se adentraba en la niebla.

-Harry Potter –susurró ella con intriga.

Llegaron a una casa medio derruida, al parecer recientemente.

-¿Quieres ayudarme a buscar al niño? –preguntó Hagrid.

-Claro ¿Cuántos años tiene?

-Uno ¡Ah! Ten cuidado, no te hagas daño con los escombros –le dijo Hagrid.

Elyon subió al piso superior de la casa por la escalera, tenía mucho cuidado, pues no quería que se viniera abajo. Comenzó a escudriñar las habitaciones, cuando escuchó un sollozo; Elyon entró en otra habitación, en ella había una mujer pelirroja muerta en el suelo, a su lado había un niño pequeño con una herida muy grande con forma de rayo en la frente, el pequeño gimoteaba, así que ella se acercó e intentó calmarlo haciendo muecas, con lo que el niño comenzó a reír.

-¡Elyon! ¡Elyon, pequeña, ¿dónde estas? –gritaba Hagrid preocupado.

-¡Lo he encontrado, Harry está aquí arriba! –anunció la muchacha mientras el niño se acercaba y le cogía el brazo para jugar.

-¡Baja con él enseguida! –contestó Hagrid nervioso.

Elyon bajó con el niño en brazos saltando con cuidado varios escalones. Hagrid cogió una pequeña manta que había en el suelo y lo envolvió en ella para que no cogiera frío.

Entonces escucharon un estruendo, miraron al cielo y vieron un haz de luz que se acercaba. A medida que la luz se aproximaba vieron que era una enorme moto que volaba y que intentaba aterrizar. Cuando tocó tierra, Elyon vio a su piloto; era alto, con el pelo negro y joven, estaba pálido y tembloroso. En un principio creyó que era el hombre que la había atrapado en su jardín, pero se dio cuenta de que no tenía la nariz aguileña que tenía el otro hombre. El chico miraba la casa con espantosa sorpresa.

-¡Sirius! ¿Qué haces aquí? –preguntó Hagrid con sorpresa.

-He venido... a ver... si era... verdad que Lily y James están... –dijo el joven entrecortadamente.

-¡Oh Sirius, lo siento mucho! –dijo Hagrid dándole palmadas en la espalda, haciendo que este se tambaleara-. Ha sido una pérdida terrible para todos, de eso no hay duda.

Elyon se acercó un poco a Hagrid y a Sirius.

-¿Y tu quién eres? –le preguntó con curiosidad a Elyon.

Ella retrocedió asustada por el tono del joven.

-Tranquila pequeña, no te va a hacer daño, es un buen amigo mío –le dijo Hagrid acercándola a Sirius-. Es Elyon McWilliams, otra huérfana que ha dejado Quien-Tu-Sabes esta noche.

-Encantado –dijo Sirius alargando la mano-, yo soy Sirius Black.

-Lo mismo digo –contestó Elyon con timidez.

Entonces Sirius pareció reparar en Harry, que se hallaba en uno de los brazos de Hagrid.

-¿Es...es Harry? –preguntó Sirius.

-Sí, Elyon lo encontró en el piso de arriba –le contestó Hagrid.

-Dame a Harry, Hagrid. Soy su padrino. Yo cuidaré de él... –dijo Sirius.

-No Sirius, lo siento, tengo órdenes del profesor Dumbledore –contestó Hagrid cortante.

-¡Me da igual lo que diga Dumbledore! –gritó Sirius- ¡Es mi ahijado, y creo saber que es lo mejor para él!

-Te lo he dicho, no pienso desobedecer al profesor Dumbledore.

-¡Pero...! –dijo Sirius aunque sabía que no conseguiría nada.

Elyon miró a su alrededor y vio como unas personas se acercaban.

-Hagrid –dijo Elyon tirándole del abrigo- viene alguien, creo que son muggles.

El semigigante miró a los extraños y abrió los ojos alarmado.

-Hagrid coge mi moto para llegar a donde tengas que ir, yo no la necesito ya.

-Gracias Sirius –contestó el hombretón dándole la mano a Sirius como despedida.

Hagrid se acercó a la moto, se montó y la puso en marcha.

-¡Vamos Elyon! –la llamó.

-Adiós –se despidió la muchacha.

-¿Qué? Adiós pequeña, adiós –contestó Sirius distraído mientras se giraba y le sonreía.

Elyon corrió hasta la moto, Hagrid la ayudó a subir y le pasó a Harry para tener los brazos libres y poder manejar el manillar con más libertad. Se elevaron en el cielo justo antes de que llegaran los primeros muggles a la casa.

-¿Qué vamos a hacer con el niño?

-Como ya he dicho, se lo llevaremos al profesor Dumbledore. Nos está esperando, fue él quien envió la carta –explicó Hagrid.

Iban sobrevolando ciudades muggles, cuando Hagrid comenzó a reducir la altura, estaban sobrevolando un barrio que tenía una de sus calles a oscuras. El semigigante siguió bajando, hasta aterrizar en el asfalto. Elyon se escondió enseguida detrás de él, puesto que había dos magos más en la puerta de una casa con el número 4, y no le apetecía dejarse ver.

Uno de los magos comenzó a hablar con Hagrid, era un hombre alto, delgado y muy anciano, a juzgar por su pelo y barba plateados, tan largos que podía sujetarlos con el cinturón. Llevaba una túnica larga, una capa color púrpura que barría el suelo y unas botas con tacón alto y hebillas. Sus ojos eran de color azul claro, brillantes y centelleaban detrás de unas gafas de cristales de media luna. Tenía una nariz muy larga y torcida, como si se la hubiera fracturado alguna vez. A su lado había una bruja de aspecto severo que llevaba gafas de montura cuadrada. La mujer también llevaba una capa, de color esmeralda. Su cabello negro estaba recogido en un moño. Parecía muy nerviosa por la llegada de Hagrid. Elyon no escuchó lo que decían, estaba más interesada por el barrio muggle, sus padres nunca la habían dejado ir a ninguno, decían que eran muy peligrosos para ella, aunque ella lo veía como el suyo, tranquilo y pacífico. Poco a poco fue vagamente consciente de lo que decían los magos.

-Bueno, déjalo aquí Hagrid –decía el mago-, es mejor que terminemos con esto.

-Profesor Dumbledore –dijo el hombretón en voz baja y un poco nervioso-, hay otro inconveniente, no solo han matado a los padres de Harry. Verá –se apartó de improvisto y Elyon quedó a la vista, palideció y tragó saliva-. Es Elyon McWilliams.

-¿Elyon McWilliams? –volvió a preguntar el anciano extrañado, Hagrid asintió con la cabeza- Pero los McWilliams están a salvo, Voldemort no los ha podido encontrar, ¿verdad Hagrid?

Hubo una larga pausa con un silencio incómodo. "Voldemort", ahora Elyon sabía quien los había atacado; ese nombre ya lo había escuchado antes, cuando sus padres discutían por culpa de que su madre la dejaba estar mucho tiempo fuera de casa jugando con los niños de su barrio. Y ahora también sabía quien era aquel anciano, era Albus Dumbledore, solía enviar a menudo cartas a sus padres.

-Verá, profesor Dumbledore –prosiguió Hagrid-, Quien-Usted-Sabe, atacó primero a los McWilliams y después a los Potter. No se cómo, pero por lo poco que me ha contado en el vuelo hacia aquí, cuando iban a atraparla cambiaron de opinión y la dejaron tranquila.

-Hagrid –dijo Dumbledore mirándolo de nuevo- ¿Cómo te enteraste?

-Por telepatía –contestó él-. Había hablado con sus padres hace unos meses y me dijeron que ya la controlaba bastante bien.

-Elyon –le dijo Dumbledore en tono cariñoso y tranquilizador- ¿Sabes quién soy?

-Sí, mis padres me hablaron mucho de usted –respondió Elyon mientras unas lágrimas recorrían su rostro-, usted es Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts de magia y hechicería.

-Veo que me conoces muy bien –dijo Dumbledore sonriendo- ¿Podrías decirme lo que ha pasado esta noche en tu casa?

-No lo sé exactamente –respondió ella mientras le resbalaban más lágrimas-. Solo sé que Voldemort mató a mis padres y que quería llevarme con él. Conseguí escapar de sus hombres y cuando podían haberme atrapado de nuevo me dejaron en paz y desaparecieron.

-¿Y después? –preguntó Dumbledore.

Pero Elyon no contestó, pues se había tirado sobre él y había roto a llorar.

-No te preocupes, conmigo estás a salvo –dijo Dumbledore para tranquilizarla.

-¡Albus! –dijo de pronto la otra bruja, que hasta ahora había estado escuchando en silencio-. Mira sus orejas, no es posible que sea... una...una...

-Sí –contestó Dumbledore-, es una semielfa, es por eso que Voldemort quería atraparla, es más fácil persuadir a un elfo joven que a un adulto; es posible que quisiera atraparla para que se uniera a él. Y viniendo de su estirpe, es un gran partido, de eso no hay duda.

-Pero, ¿cómo es posible que sea una semielfa? Sus padres...

-Verás Minerva, poca gente sabe que Anya, su madre, era una bruja, como ya sabrás; pero Timothy, o mejor dicho, Lizalos, era un elfo –la bruja miró a la joven con incredulidad creciente- Aunque eso ahora no importa.

Elyon estaba confusa, no entendía nada. Comenzaba a dolerle la cabeza por el llanto y la extraña conversación.

-Elyon –la llamó Dumbledore- ¿Te gustaría venir a vivir a Hogwarts conmigo y el resto del profesorado?

-Me encantaría –dijo ella sonriendo con un brillo de esperanza en los ojos, se sentía segura junto a aquel anciano.

-Muy bien –dijo Dumbledore, se giró hacia el semigigante nuevamente- Hagrid dame a Harry.

Dumbledore se volvió hacia la casa que tenía al lado.

-¿Puedo... puedo despedirme de él, señor? –preguntó Hagrid.

Inclinó la gran cabeza desgreñada sobre Harry y le dio un beso, raspándolo con la barba. Entonces, súbitamente, Hagrid dejó escapar un aullido, como si fuera un perro herido.

-¡Shhh! –dijo la bruja- ¡Vas a despertar a los muggles!

-Lo... siento –lloriqueó Hagrid, y se limpió la cara con un gran pañuelo- Pero no puedo evitarlo... Lily y James muertos... y el pobrecillo tendrá que vivir con muggles...

-Sí, sí, es todo muy triste, pero domínate, Hagrid, o van a descubrirnos –susurró la bruja, dando una palmada en un brazo de Hagrid.

-¿Puedo despedirme yo también? –preguntó Elyon.

-Claro –contestó Dumbledore acercándole a Harry.

-Cuídate Harry, crece todo lo feliz que puedas –dijo Elyon.

Le dio un beso y Harry se despertó, sonrió vagamente y se volvió a dormir. Dumbledore pasó sobre la verja del jardín de la casa muggle y fue hasta la puerta que había enfrente. Dejó suavemente a Harry en el umbral, sacó una carta de su capa, la escondió entre las mantas del niño y luego volvió con los tres. Durante un largo minuto los cuatro contemplaron el pequeño bulto. Los hombros de Hagrid se estremecieron. La bruja parpadeó furiosamente. La luz titilante que los ojos de Dumbledore irradiaban habitualmente parecía haberlos abandonado. Elyon suspiró con melancolía.

-Bueno –dijo finalmente Dumbledore-, ya está. No tenemos nada que hacer aquí. Será mejor que nos vayamos y nos unamos a las celebraciones.

-Ajá –respondió Hagrid con voz ronca-. Voy a devolver la moto a Sirius. Buenas noches, profesora McGonagall, profesor Dumbledore, Elyon.

Hagrid se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta, se subió a la moto y le dio una patada a la palanca para poner el motor en marcha. Con gran estrépito se elevó en el aire y desapareció en la noche.

-Nos veremos pronto, espero, profesora McGonagall –dijo Dumbledore, saludándola con una inclinación de la cabeza.

-Adiós –se despidió tímidamente Elyon.

La profesora McGonagall se sonó la nariz por toda respuesta.

Dumbledore le cogió la mano a Elyon y se marcharon calle abajo. Se detuvo en la esquina y levantó un curioso apagador de plata. Lo hizo funcionar una vez y todas las luces de la calle se encendieron, de manera que Privet Drive, la calle en donde se encontraban según el cartel de la esquina, se iluminó con un resplandor anaranjado, y pudieron ver a un gato atigrado que se escabullía por una esquina, en el otro extremo de la calle. También pudieron ver el bulto de mantas de las escaleras de la casa número 4.

-Buena suerte, Harry –murmuró Dumbledore. Dio media vuelta y con un movimiento de su capa, desapareció, llevándose consigo a Elyon.

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