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Books » Harry Potter » Elyon
IluDragon
Author of 2 Stories
Rated: T - Spanish - Adventure/Fantasy - Severus S. & Remus L. - Reviews: 77 - Updated: 02-25-12 - Published: 03-15-05 - id:2306718

Una vez más, perdón por la tardanza, los estudios no dejan mucho tiempo para escribir, hay que aprovechar los ratos libre y por desgracia no son muchos. En fin, con este capítulo se pone fin al 4º curso de Elyon, y con esto, a la 1º parte de la historia (por fin!) Tengo que informar que durante un tiempo no seguiré escribiendo este fic, ya que me gustaría acabar mi otro fic, que es mucho más corto, y así poderme centrar de lleno en esta historia (aunque quien sabe, a lo mejor escribo algún capítulo más mientras aun sigo con la otra historia, dependerá del tiempo y la inspiración del momento jeje) Pero por nada de mundo abandonaré este fic. Espero que disfrutéis este capítulo y que me deis vuestra opinión más sincera con un review. Un saludo a tods!

Capítulo 22. Días de sol

Elyon entró de nuevo en la caseta, estaba nerviosa, era la primera vez que iba a estar tanto tiempo sola con Snape. El profesor entró detrás de ella con los hombros caídos.

-¿Te apetece hacer algo? –preguntó la chica.

-Sí, descansar ahora que tus amigos no están aquí –contestó él sentándose en el sofá cama.

-Am, bueno, vale –musitó ella algo desilusionada.

Snape gruñó levantándose.

-A ver vamos, di lo que quieres hacer.

-No, déjalo, descansa si quieres, podemos hacerlo en otro momento –se apresuró a decir la joven.

-¿Segura? –insistió él alzando una ceja.

-Sí, sí, tenemos todo el día por delante –Elyon se sentó en el sofá cogiéndose las piernas.

Snape volvió a sentarse en el sofá cama, y a los pocos minutos, se quedó dormido. "Pues sí que estaba cansado" pensó ella riendo "Creo que lo teníamos en tensión continua". Encendió la televisión con cuidado para no despertarlo, pero el joven simplemente se tumbó y acomodó en el sofá cama. Snape se despertó sobresaltado incorporándose con rapidez.

-¿Estás bien? –le preguntó Elyon preocupada.

Él no contestó, pero aceptó el vaso de agua que ella le ofrecía.

-¿Cuánto tiempo he dormido? –preguntó con voz ronca.

-Tres horitas más o menos, casi es hora de comer –contestó ella sentándose a su lado.

-¿Te apetece ir a dar una vuelta? –le dijo él con una media sonrisa.

Elyon asintió con alegría levantándose y se llevándose el vaso a la cocina.

Mientras paseaban por el camping, les dio la impresión de que había menos gente, todo estaba más tranquilo que en los últimos días. Habían empezado a aparecer algunas nubes oscuras que ocultaban el sol. Estuvieron caminando hasta llegar a la zona comercial. A Elyon le rugieron las tripas al pasar por delante de una pizzería.

-Te invito a comer –le dijo ella.

-Prefiero comer en la caseta –contestó él.

-Venga, además, creo que no hay casi nada para comer en la nevera, habría que ir a comprar –insistió la semielfa.

-Sólo por esta vez –aceptó él.

-¿Qué crees? ¿Qué te voy a gastar otra broma? –rió ella.

Su sonrisa desapareció al ver la mirada fría que le lanzaba su profesor. Durante la comida ninguno habló, entre ellos se instaló un silencio bastante incómodo.

-Estaba buena la pizza –comentó Elyon para romper el hielo, estaba harta de aquel silencio, si la cosa seguía así, iba a ser un final de vacaciones muy aburrido.

-Sí, no estaba mal –fue la escueta respuesta del profesor.

-¿Vamos a comprar? –no estaba dispuesta a que la conversación acabara.

Él asintió y se dirigió al pequeño supermercado. Elyon bufó, aquel chico era imposible. De vuelta a la cabaña colocaron la compra, y la joven se sentó en el sofá de mal humor. Snape entornó los ojos.

-¿Qué te pasa ahora? –le preguntó.

-Nada –gruñó ella.

El profesor torció el gesto y siguió a lo suyo.

-¿Por qué no puedes ser un poco más sociable? –estalló ella.

-¿A qué viene eso ahora? No he abierto la boca –se defendió él confuso.

-¡Precisamente por eso! Llevo horas intentando mantener una conversación contigo, pero te resistes ¿Es por eso que entraste en Slytherin? ¿Por ser un borde?

-No. Supongo que fue porque yo quise entrar.

-¿Y por qué puñetas querías entrar precisamente allí? –intentó entender ella.

El silencio volvió a instalarse entre ellos.

-Porque mi madre estuvo en esa casa –musitó él sin apenas mover los labios mientras se dirigía a su habitación.

-Así que tu madre era la bruja… -murmuró ella que había conseguido oírlo.

Acto seguido se llevó las manos a la boca al darse cuenta de lo que había dicho. Snape se paró en seco y se giró fulminándola con la mirada.

-¿Qué has querido decir con eso? –gruñó.

-Nada… -el profesor la atravesó con aquellos penetrantes ojos negros- Dumbledore me comentó que no eras Sangre Limpia –musitó ella.

-¿Dumbledore qué…? ¡Perfecto! Qué raro que tu amiguito Tonitini no sacara el tema durante estas semanas.

-Eso es por qué no se lo he contado a nadie, ni pienso hacerlo –aclaró ella.

Se mantuvieron la mirada unos segundos. Snape se giró hacia su habitación.

-Supongo que entonces tu madre estará orgullosa de ti. Slytherin y buen mago –comentó Elyon intentando arreglar la situación.

-Yo no estaría tan seguro –respondió él en un gruñido antes de cerrar con un portazo.

"¡Genial! Que buen comienzo de convivencia". La semielfa bufó y encendió la televisión de mal humor.

….

La lluvia golpeaba las ventanas. Sintió que le tapaban la boca y se despertó sobresaltada. Todo a su alrededor estaba oscuro, pero vio a Snape inclinado sobre ella. Él se puso un dedo en los labios pidiendo silencio. Elyon se incorporó con lentitud.

-¿Qué pasa? –preguntó preocupada.

-Coge tu canalizadora y no te despegues de mi –le murmuró él acercándose con sigilo a la puerta.

La joven se sacó la lágrima de la camiseta. El colgante brillaba rojo como la sangre. Se levantó con rapidez cogiendo la canalizadora y colocándose junto a su profesor, pegada a la pared. Escuchó unas voces en el salón de la cabaña. Miró a Snape buscando una explicación.

-Pensé que no volverían a aparecer. No te alejes de mí y sobretodo no hagas ninguna estupidez –le dijo con la vista fija en la puerta de la habitación.

-¿Volver? ¿Cuándo han estado aquí? –ella lo miró asustada.

El joven le hizo un gesto para que se callara.

-Esto es una ratonera, tenemos que salir –se exasperó ella, pero reparó en que las ventanas tenían verjas.

-El hechizo de seguridad se ha activado, no podemos desaparecernos si no salimos de la cabaña. Y ahora cállate –Snape zanjó la discusión.

Escucharon como revolvían el comedor. Algunos de los asaltantes entraron al pasillo. Elyon miró a su alrededor, la habitación era pequeña, no había sitio donde resguardarse. Si los mortífagos entraban no podrían defenderse. Su corazón se aceleró. "No te asustes, no asustes. Puedes salir de aquí. Puedes salir de su alcance" pensó ella apretando los puños y afianzando su canalizadora. El pomo de la puerta giró con lentitud y ésta se abrió. Snape se preparó para atacar. Como estaban colocados tras la puerta, para cuando el mortífago descubriera su posición ya sería tarde para él. Estaba tan concentrado en atacar con rapidez al asaltante que no pudo evitar que Elyon se lanzara con decisión contra la puerta, golpeando así al desprevenido mortífago que se desplomó aturdido en el pasillo. Acto seguido la chica salió de la habitación y entró en la de enfrente. Un hechizo chocó contra el espejo del pasillo rompiéndolo en pedazos.

Snape escuchó la puerta de la otra habitación cerrarse y suspiró al saber que aunque el hechizo había fallado por poco, no había dado a la chica. Maldijo a joven para sus adentros, aunque aquello le había dado una ligera ventaja, ya que había confundido a los mortífagos. Snape salió al pasillo con la varita en ristre y con un rápido movimiento dejó fuera de juego a uno de ellos. Un rayo rojo se estrelló contra la pared izquierda del pasillo. El profesor se apostó contra la derecha y esperó. Nada más asomarse un hechizo volvió a chocar contra la pared izquierda. Él lanzó un par de conjuros a ciegas. Un gruñido ahogado le confirmó que había dado a otro. "Uno menos" sonrió él. Se asomó con rapidez, aún quedaban otros dos mortífagos en pie. Un hechizo lanzado desde su espalda le rozó el hombro y se volvió cayendo en el comedor de la cabaña al perder el equilibrio. Consiguió reaccionar lo suficientemente rápido como para poder protegerse tras el brazo del sofá. Sabía que dentro de poco tendría que enfrentarse cara a cara, porque el mueble no resistiría mucho y no había nada más a su alrededor para cubrirse.

El mortífago sacudió la cabeza. Aún estaba mareado por el golpe, pero no importaba que hubiera fallado, sus compañeros se encargarían del mago. Ahora solo tenía que preocuparse de capturar a la chica. Elyon golpeaba los barrotes con rabia, no se le ocurría ningún hechizo con el que quitarlos, estaba en blanco. O se tranquilizaba, o no conseguiría nada. Al menos le había dado algo de ventaja a Snape. Escuchó girar el pomo de la puerta. Se tiró al suelo y se metió bajo la cama justo cuando el mortífago entraba en la habitación. El hombre paseó con cuidado por la estancia buscando. En cuanto se apartó lo suficiente de la puerta, la chica salió de debajo de la cama y corrió hacia la salida. Un rayo chocó contra el marco de la puerta. Elyon la cerró y bloqueó con un conjuro. Salió corriendo del pasillo y se plantó en el salón saltando por encima de uno de los hombres que sangraba abundantemente. En él Snape peleaba contra dos mortífagos más, parcialmente protegido por los restos del sofá. Uno de los asaltantes se cubría con la encimera de la cocina, el otro disparaba desde la puerta del trastero mientras un tercero yacía en el suelo aparentemente inconsciente. Uno de los hombres se lanzó contra la joven. Snape intentó bloquearlo saliendo de detrás del mueble, pero el otro mortífago le impidió socorrerla. La semielfa reaccionó y al comprobar que no podría salir por la puerta, se metió en el baño bloqueando la puerta, preparada para atacar al primero que asomara la nariz.

La puerta de la segunda habitación se hizo añicos. Y por ella salió el asaltante con rapidez. Observó la escena de la sala. Sus compañeros aún no habían podido reducir al mago. Que se las apañaba para protegerse, atacar y a la vez defender la puerta del baño sin dejar que nadie se acercara a ella. Se fijó en él, un chico moreno de piel pálida. Era la descripción que le habían dado sus compañeros. Su sangre hirvió. Él era el culpable de que no recordara nada de los últimos seis meses y de que se hubiera quedado sin varita. Levantó su nueva varita listo para hacer sentir al chico el dolor más insoportable que seguro habría tenido que aguantar en su vida. Pero entonces la punta de la varita se incendió. Eso le pasaba por aceptar una varita cualquiera, necesitaba volver a conseguir una hecha expresamente para él. Aún más furioso por el fallo de la varita suplente se lanzó contra el profesor.

Snape empezaba a cansarse, no podía seguir manteniendo ese ritmo, tenía que despejarle el camino a la chica para que pudiera salir y esconderse en el bosque. Sintió un fuerte golpe en la mandíbula y cayó al suelo desorientado perdiendo la varita.

-Cogedla, yo me encargo de él –dijo el mortífago.

El joven se levantó con rapidez aun mareado y atacó al mago. Consiguió encajarle un golpe en la boca del estómago. Pero no bastó para reducir a aquella mole, que volvió a golpearlo con fuerza en la cara haciéndole caer de rodillas, luego lo cogió del cuello, lo estampó contra la pared y apretó las manazas entorno a su garganta. Snape lo golpeó intentando zafarse de él. Inspiró con fuerza, pero el aire apenas llegó a sus pulmones. Con dificultad vio como los dos mortífagos conseguían entrar en el baño. Escuchó golpes, gritos y cosas romperse. El hombre apretó más su agarre. Sintió sus pulmones arder. Golpeó con angustia los brazos y manos del mago apenas sin fuerza. Le dolía la cabeza y empezó a perder el conocimiento.

-¡La tenemos! –gritó triunfante uno de los mortífagos.

Su compañero salió del baño llevando en brazos a la chica, que se retorcía y gritaba con fuerza, intentando liberarse.

-¡Vamos, déjalo ya! ¡Hay que llevarse a los heridos! –gritó el otro.

-Has tenido suerte –le dijo el hombre soltando el cuello de Snape.

El joven calló pesadamente al suelo resbalando por la pared, mientras llenaba de nuevo sus pulmones con aire.

-¡Snape! –gritó Elyon viendo como su profesor caía al suelo casi sin conocimiento- ¡Snape! ¡No! ¡No! ¡Snape!

Ella se retorció entre lágrimas en los brazos del mortífago, tenía que escapar, tenía que huir. No la atraparían, no podía rendirse ahora. Consiguió liberar sus brazos y se agarró al marco de la puerta, de forma que consiguió un impulso para darle una patada al mortífago en el estómago y luego otra en el pecho consiguiendo liberarse por completo.

Snape se levantó con esfuerzo. No podía abandonarla, le necesitaba.

Otro mago agarró a la chica de los brazos antes de que pudiera entrar de nuevo en la caseta, y la arrastró al exterior, entre los gritos y golpes desesperados de la joven. Aquel hombre era fuerte, la arrastraba con facilidad, y cuando llegó a las escaleras del porche sintió que perdía la esperanza, que no podría escapar, que había perdido. Vio a Snape de pie en el salón con la varita levantada. Una lágrima recorrió su rostro, él ya no podía hacer nada por ella. La joven lo sabía. Bajaron de la caseta y sintieron la tierra blanda por el agua bajo sus pies. Había dejado de llover. Elyon dejó de luchar y empezó a llorar. Sintió cómo se le encogía el estómago, empezaban a desaparecerse. Apretó los labios. No, jamás, no podía rendirse ahora, sus padres habían muerto por protegerla y ella no podía dejarse llevar sin luchar. Le dio un fuerte pisotón al mortífago, si conseguía que la soltara se libraría de la desaparición. Pero no la soltó. Entonces un rayo verde pasó junto a ella, justo cuando empezó a no sentir el suelo bajo sus pies y su vista se nublaba. Las manos la soltaron y cayó al suelo mareada. Los mortífagos habían desaparecido.

Se levantó con rapidez chapoteando en el barro y no paró de correr hasta entrar de nuevo en la cabaña. Cerró la puerta tras ella y se quedó plantada junto a ella, temblando. Snape cayó de rodillas llevándose las manos al cuello dolorido, aun le costaba respirar. Elyon lo miró y rompió a llorar de nuevo. Se lanzó contra él y lo abrazó con fuerza.

-Gracias –sollozó ella agarrándolo con fuerza.

Él le devolvió el abrazo cansado, mientras la joven lloraba con amargura refugiada en su pecho. Había pasado tanto miedo, más que la noche en la que murieron sus padres. Porque ahora sí que había sido consciente de lo que pasaba, no como la otra vez, en la que sintió simplemente que estaba inmersa en una pesadilla.

Alguien llamó a la puerta. Elyon se levantó con rapidez con el corazón en un puño, mirado atentamente la puerta. Snape se levantó preparado para lo que pudiera pasar, y le hizo una señal a la chica para que se escondiera. Ella entró en el pasillo y se pegó a la pared temblando. El joven abrió la puerta un poco, con la varita preparada tras él. Un hombre vestido de uniforme le sonrió.

-¿Se encuentra bien? –le preguntó el observando las marcas rojizas del cuello del chico- Los campistas han escuchado gritos y golpes.

-Sí, se nos ha colado una rata enorme en la caseta, pero ya nos hemos hecho cargo de ella –respondió con seriedad.

-¿De verdad que está todo bien? ¿Necesita algo? –insistió el muggle intentando echar un ojo al interior de la cabaña.

-Sí, gracias por el interés –le dijo Snape cerrando la puerta.

Con un movimiento de varita volvió a colocarlo todo en su lugar, por si algún otro muggle aparecía para fisgonear. Y de paso colocó nuevos hechizos de protección. Encontró a Elyon sentada en el suelo, llorando en silencio mientras se abrazaba las rodillas. Él se agachó a su lado y le tendió la mano. Ella la aceptó de buen grado y se levantó junto al joven. Snape la guió hasta uno de los sofás y la sentó, luego se dirigió a la cocina. La chica tenía la vista perdida en el suelo, levantó la mirada al oler el chocolate caliente. El profesor le tendió una taza humeante. La semielfa la cogió con manos temblorosas y la apoyó en su regazo.

-Bébetelo, te ayudará a dormir.

-¿Qué le has puesto? –preguntó algo recelosa.

-Nada, es solo chocolate –contestó él torciendo el gesto, algo molesto por la desconfianza.

Elyon le dio un sorbo, y se sintió mejor. Se tomó su tiempo en beberlo todo con la mirada perdida. Estaba increíblemente pálida y de vez en cuando se le escapaba una lágrima.

-Deberías dormir un poco –le aconsejó Snape quitándole la taza vacía.

Ella negó con la cabeza apretando los labios.

-Te aseguro que no van a volver –insistió.

-Ya, seguro, eso mismo pensaste la última vez y mira –le reprochó ella mirándolo con enfado.

-Esta vez han muerto dos mortífagos, no van a ser tan estúpidos de volver sabiendo que tienen rivales a la altura –aclaró él, Elyon siguió mirándolo a los ojos con los labios apretados.

-¿Por qué no me dijiste que habían aparecido mortífagos? –le reprochó.

-Fue en la fiesta del pub. No quería fastidiarte los últimos días de vacaciones –la semielfa apartó su mirada de él sollozando débilmente- Me quedaré vigilando toda la noche si quieres, como aquella vez en la enfermería.

-En la enfermería te quedaste dormido.

-En la enfermería solo me pediste que estuviera hasta que tú te durmieras, y me quedé toda la noche –aclaró Snape de mal humor.

La semielfa se cruzó de brazos y miró al suelo. Él entornó los ojos, era terca como una mula. Se sentó a su lado entrelazando los dedos.

-Podrías, por una maldita vez, hacerme caso –suspiró cansado- Tampoco te pido tanto.

-Aunque lo intentara, no podría dormirme –musitó ella- Creí que no podría escapar, que todo se había acabado… me rendí… ¡Por Merlín, durante unos segundos me rendí!

Estalló de nuevo en llanto, se cubrió la cara con las manos aun llenas de barro. Snape le pasó un brazo por los hombros, sabía perfectamente cómo se sentía, así que la dejó desahogarse. Cuando el llanto pasó a ser un débil sollozo, le acarició el pelo. Elyon dio un respingo, pero no se quejó. Sintió que le pesaban los párpados y supo que el profesor la había hechizado, finalmente cayó dormida sobre el pecho del chico. Él sonrió, aquel hechizo era realmente útil.

La cogió en brazos y la llevó al sofá cama. La cubrió con una sábana y se sentó a su lado mirando la puerta principal, mientras jugueteaba con la varita entre sus dedos. Sabía que no volverían a atacar porque le había enviado un mensaje a Dumbledore con su Patronus, seguramente Moody y un par de aurores más estarían ya patrullando la zona y buscando a los culpables del ataque.

Se tumbó en sofá junto a la joven, que dormía acurrucada en la sábana. Su rostro no estaba para nada sereno, se la veía inquieta. De haber tenido, le habría puesto una poción para no soñar en el chocolate caliente. Se colocó boca arriba mirando el techo, hasta que el sueño vino a por él.

Al abrir los ojos tuvo que llevarse con rapidez las manos a ellos. El sol entraba con fuerza por la ventana. Se tumbó de lado para resguardarse de la luz. Volvió a abrir los ojos con lentitud, acostumbrándose a la luminosidad del salón. Frete a él estaba Elyon, aun dormida. También estaba tumbada de lado, ya no seguía cubierta por la sábana, que ahora solo la tapaba de caderas para abajo. La camiseta ancha que utilizaba de pijama se le había resbalado por uno de sus hombros quedando ahuecada, de manera que el joven podía ver con claridad parte de su pecho. Se incorporó con rapidez sintiendo la sangre agolpada en sus mejillas. Volvió a girarse con timidez y la observó. Su corazón se aceleró. Sacudiendo la cabeza se levantó y se metió en el baño para darse una ducha, se maldijo a si mismo cuando empezó a notar una ligera molestia en los pantalones al no poder quitar de su mente esa imagen tan tentadora de la chica.

Elyon se despertó mareada e increíblemente cansada, como si casi no hubiera dormido. Aunque claro, Snape se había encargado de que durmiera toda la noche. Miró a su alrededor ¿Dónde se había metido el profesor? Bufó con fastidio. "Con que iba a vigilar toda la noche" pensó de mal humor, por mucho que lo intentara, estaba claro que no podía confiar completamente en su palabra. El miedo volvió a acelerar su corazón ¿La había dejado sola? A lo mejor le había pasado algo, quizá los habían vuelto a atacar y Snape… "¡No seas estúpida! ¡Cálmate!" se dijo a si misma inspirando hondo para relajarse. Escuchó el agua correr. Suspiró aliviada un momento, el profesor se estaba duchando. Se abrazó las rodillas mientras miraba la puerta principal. Se le encogió el estómago. Tenía la sensación de que podía entrar alguien en cualquier momento. La puerta del baño se abrió y ella dio un salto. Snape apareció por ella con una toalla anudada a la cintura. Él también dio un respingo al ver a la chica despierta y mirándolo ¿Qué hacía ya levantada? El hechizo tenía que haber durado un par de horas más. Se llevó las manos a la cintura para asegurarse de que la toalla seguía en su sitio.

-Bueno días –acertó a decir mientras se dirigía con rapidez hacia su habitación.

Elyon, aun sentada en el sofá cama, se asomó al pasillo para verlo entrar en el cuarto. Sonrió para sí. Cuando se lo contara a Grace… Tenía que admitir que el chico no estaba nada, nada mal. Aunque torció el gesto al ver los moratones alrededor del cuello del profesor tras la pelea de anoche.

Había pasado más de una hora desde que el profesor había entrado en su habitación, y aun no había salido. Ella comía sus cereales con desgana pendiente de la puerta. Le intrigaba muchísimo lo que fuera que estuviera pasando allí dentro, ya que se escuchaba el eco de unas voces conversando. Finalmente el profesor se presentó en la sala, las marcas de su cuello habían desaparecido.

-Bueno días –sonrió ella, en sus ojos había unas ligeras ojeras.

-¿Has dormido bien? –le dijo él sirviéndose el café.

-No mucho –Elyon lo fulminó con la mirada- Ya te dije que no quería dormir.

-De no haber dormido, ahora tendrías un enorme ataque de ansiedad –comentó.

-Eso no puedes saberlo.

-Da igual. Si tienes que ducharte, hazlo, nos vamos al medio día –le informó el chico.

-¿Por qué? –la chica lo miró confusa.

-Creo que es obvio.

-Pero yo no quiero irme –musitó entristecida.

Snape alzó la vista de su taza de café y la miró alzando una ceja.

-Pensé que después de lo de ayer noche, querrías volver a Hogwarts, ya que no te fías de que no vuelvan a atacar.

-Aun así no quiero volver, creo que prefiero estar aquí arriesgándome a que vuelvan, a volver al castillo. Es como una prisión.

-Tengo la impresión de que si te lo hubiera comentado ayer noche, no me habrías respondido lo mismo –se mofó él.

-No estoy segura de ello –comentó la chica llevándose una cucharada de cereales a la boca.

-Bien, si es lo que quieres, nos quedaremos –suspiró Snape- Por si te interesa saberlo, ya han atrapado a los mortífagos.

Elyon se atragantó.

-¡¿Por qué no me los has dicho antes? –le gritó tosiendo.

-Porque quería saber primero tu opinión sobre si irnos o no.

-Por eso no has estado haciendo guardia esta noche, ¿verdad?

Snape no escondió una sonrisa socarrona. Elyon le devolvió una tímida sonrisa mientras seguía con su desayuno. Ahora que sabía que estaban a salvo, volvía a tener ganas de ir a dar una vuelta, porque no era tonta, si habían cogido a los mortífagos era porque Dumbledore había enviado a alguien a vigilar el camping.

El agua fría la despertó completamente, se miró las manos mientras el agua le quitaba poco a poco el barro ¿Por qué siempre que había un ataque serio tenía que acabar llena de barro? Se tomó su tiempo. Sus músculos se desentumecieron y volvió a llenarse de energía. Tras la comida, salieron a dar una vuelta por la playa. Elyon se quitó las sandalias y caminó por la orilla para que el agua salada le bañara hasta los tobillos, le daba igual si se mojaba los bajos de la falda. Snape la seguía de cerca, caminando descalzo por la arena seca y fresca. La joven parecía tranquila, como si hubiera olvidado lo de la noche pasada, pero no creía que para ella fuera tan fácil pasar página. La brisa marina le revolvía el pelo, y el sol del atardecer le arrancaba destellos dorados. Él se pasó en seco ¿Por qué no podía dejar de mirarla de esa manera? ¿Acaso no era lo suficientemente fuerte para resistirse la magia de los elfos? Elyon se giró al ver que él ya no la seguía.

-¿Pasa algo? –le preguntó ella colocándose el pelo tras las orejas.

Él negó con la cabeza y siguió caminando. Se sentía increíblemente sucio. Lo que estaba haciendo estaba mal ¿Acaso la estaba sustituyendo? ¿Simplemente porque ella también tenía unos preciosos ojos verdes? Inspiró hondo serenándose, desterrando aquel torbellino de preguntas y congoja a algún lugar lejos de él. Intentando enterrar todo aquello lo más profundo que podía.

Se pararon en un chiringuito de playa. Snape seguía con la mirada perdida, absorto en sus pensamientos.

-Toma –Elyon le ofreció un vaso lleno de hielo picado de color amarillo, en el que había una pajita de plástico.

-¿Qué es esto? –cogió el vaso receloso.

-Granizado de limón, está muy bueno –sonrió ella dándole un sorbo.

Sin mucha convicción él la imitó, estaba congelado e increíblemente ácido. Esbozó una pequeña sonrisa.

-¿Ves? Te dije que estaba bueno –rió ella, sacando la pajita de su vaso.

El otro extremo del tubo de plástico acababa en una especie de cuchara, y con ella Elyon empezó a comerse el hielo. Siguieron paseando por el camping mientras disfrutaban de la bebida fría. Un par de campistas les lanzaron miradas sonrientes al verlos pasear juntos tan felices. Snape se sintió increíblemente incómodo, y cambió su expresión por una de indiferencia. Elyon no pareció darse cuenta de nada. Él la miró de reojo, estaba muy relajada y caminaba con paso alegre. Esbozó una pequeña sonrisa.

Se incorporó de un salto, un escalofrío la había despertado. La caseta estaba a oscuras y en silencio. Miró por la ventana, el viento mecía las ramas de los árboles. Escuchó un crujido y se levantó de golpe cogiendo la canalizadora de la mesita. Comprobó el color de su colgante, que se mantenía azul como un zafiro. Volvió a escuchar un crujido en el salón. Salió de la habitación, cruzó el pequeño pasillo con rapidez, y entró en la habitación del profesor.

-Snape –le llamó desde la puerta que acababa de cerrar.

No recibió respuesta, aunque podía ver al chico tumbado en la cama a contraluz.

-Snape, he escuchado algo en el salón –insistió ella levantando el tono de voz.

-Vete a dormir –gruñó con voz ronca, revolviéndose entre las sábanas- Habrán sido los muebles. Sabes que hay aurores por la zona, así que no te preocupes.

-Vale –musitó ella.

Estaba tumbado de espaldas a la chica, pero aun así sabía que no se había movido ni un milímetro, seguía de pie junto a la puerta. Con un bufido de fastidio se sentó en la cama y encendió la lamparita de noche. Elyon lo miró con timidez.

-No vas a ser capaz de dormir sola, ¿verdad? –la semielfa se mordió el labio avergonzada- Pareces una niña pequeña. Madura de una maldita vez.

Y dicho esto retiró las sábanas de un lado de la cama, ofreciéndole un sitio. Ella lo miró sorprendida sin atreverse a decir ni hacer nada, siguió plantada en la puerta de la habitación.

-No hagas que me arrepienta, ¿quieres? –gruñó Snape molesto.

Elyon reaccionó y se metió en la cama tapándose con la sábana. El chico se tumbó de espaldas a ella en un extremo de la cama, lo más alejado posible. La joven lo imitó y dejó su canalizadora en la mesita.

-Si quieres un consejo, guarda siempre la canalizadora bajo la almohada para que esté siempre a tu alcance –le dijo él apagando la luz.

La semielfa siguió el consejo y se hizo un ovillo entre las sábanas. A la medio hora, ambos seguían despiertos, sumidos en un silencio incómodo. Snape podía escuchar la respiración de la chica, que era nerviosa y rápida, parecía que estaba atenta a cualquier sonido. Elyon miraba la puerta atentamente, cada vez que cerraba los ojos le parecía que el pomo de la puerta giraba y que esta se habría. No se atrevía a dormirse. Una de sus manos sujetaba con firmeza la canalizadora bajo la almohada. El profesor se movió haciendo crujir las sábanas y el colchón. Ella dio un respingo cuando los brazos del chico la rodearon desde su espalda en un abrazo protector. Ahogó un sollozo, y empezó a llorar en silencio, apretando la cara contra la almohada para intentar que él no la ollera. Snape la atrajo más hacia él abrazándola con fuerza, el cuerpo de la joven se agitaba con cada sollozo. Sabía que la felicidad del día había sido una tapadera. Seguía aterrada pensando en lo que podría haber sido si él no hubiera conseguido rescatarla. Tenía que admitir que esta vez los mortífagos habían estado cerca, muy cerca de cumplir su objetivo. Elyon finalmente se durmió después de estar una hora interminable sin poder para de llorar. Snape no la soltó, siguió manteniéndola cerca, por algún motivo necesitaba tenerla así, abrazada con fuerza. Saber que la tenía a su lado le hacía sentirse relajado, y sobretodo, le hacía sentirse útil.

Abrió los ojos con lentitud. Se sentía ligeramente desorientada. Intentó incorporarse en la cama, pero los brazos de Snape se lo impidieron. Sintió la sangre agolparse en sus mejillas. No se había separado de ella en toda la noche. La luz que entraba por la ventana era muy tenue, así que supuso que empezaba a amanecer. Volvió a acurrucarse en la cama para dormir un poco más. Se abrazó a los brazos del chico. Le parecía increíble que una persona tan fría pudiera ser capaz de tener un abrazo tan cálido.

Snape despertó bien entrada la mañana. Con cuidado, se separó de la chica y salió de la cama. La observó desde la puerta de la habitación, esa mañana su rostro estaba sereno, parecía que al menos había pasado una buena noche sin pesadillas. Finalmente salió del cuarto y empezó a preparar el desayuno.

El olor a tostadas calientes la despertó. Aunque se quedó un poco más en la cama, no le apetecía nada levantarse. Se estiró cuan larga era aprovechando que tenía toda la cama para ella. Con un poco de fuerza de voluntad consiguió levantarse. Lo que encontró en la barra americana de la cocina la sorprendió. Había zumo, tostadas calientes, leche, mermelada, café, cereales y tortitas. Se sentó en el taburete con una enorme sonrisa.

-¿Y esto? –preguntó ella sin atreverse a coger nada.

Snape se limitó a encogerse de hombros con una sonrisa torcida sentándose también a desayunar.

-Come, venga –le dijo.

Elyon cogió una de las tostadas y la untó en mermelada. El chico la miró con disimulo. Parecía haberse levantado de buen humor, por lo que prepararle el desayuno había resultado ser una buena idea. Con suerte conseguiría que no volviera a deprimirse, al menos durante el resto del día. La chica comió de todo, olía tan bien que no podía evitar probar todo lo que había preparado.

-Las tortitas están buenísimas –sonrió ella- Habrás tenido que madrugar mucho para preparar todo esto.

-No creas, no se tarda mucho en hacer un par de tortitas y tostar pan –contestó Snape con una pequeña sonrisa.

-¿Has hecho tú las tortitas? –la joven lo miró sorprendida- Pensé que las habías comprado en la pastelería de aquí al lado.

El profesor la miró molesto.

-¿Crees que no soy capaz de cocinar? ¿Cómo te crees que como cuando me voy del castillo? ¿Te piensas voy siempre con un elfo doméstico que me lo hace todo?

-Perdón, no te enfades. Entiéndeme tú, no es fácil imaginarse lo que hace o deja de hacer un profesor fuera del colegio. Además, ni siquiera sé a dónde vas cuando no estás en Hogwarts ¡Yo que sé si te vas a tu casa o a un hostal!

-Da igual, no he dicho nada –musitó el profesor recogiendo el desayuno.

-¿Me enseñarás a hacer tortitas? –preguntó la semielfa para arreglar la situación- Al contrario que tú, yo casi no sé cocinar, mi madre no me pudo enseñar gran cosa.

-Claro, si estás dispuesta a madrugar mañana –sonrió él.

-¡Por supuesto! –rió ella ayudándole a recoger.

El resto del día lo pasaron fuera de la cabaña, sobretodo en la playa. Elyon se sorprendió cuando Snape se animó a meterse en el mar. Estuvieron nadando juntos y paseando por la playa. Ahora que Johnny y los demás se habían ido Snape se había relajado, ya no parecía importarle tanto mostrarse más natural, más humano. Y a la semielfa eso le gustó, descubrió que no era el chico frío, distante y algo cruel que ella había visto desde que lo conocía. Seguía conservando aquellas cualidades, pero no le importó mostrar a otro chico completamente diferente, algo más amable y simpático, atento y que sabía escuchar. Volvieron a la cabaña al atardecer, ambos increíblemente cansados de nadar y estar todo el día al sol. Elyon se ofreció a hacer la cena, y el profesor la observó curioso mientras hacía un par de tortillas con trozos de jamón york.

-No creo que le haga justicia a tu desayuno, pero al menos así yo también haré algo en la cocina aparte de fregar platos –comentó ella con una sonrisa poniendo la cena en la encimera.

-Ahora sé que cuando te gradúes y te vayas, te alimentaras a base de tortillas –rió él.

-Que gracioso –Elyon torció el gesto- Yo no tuve una madre el tiempo suficiente para que me enseñara a cocinar.

-Yo tampoco, por eso me las tuve que arreglar yo solo –contestó él clavándole la mirada.

Entre ellos se instaló un silencio tenso, solo roto por el sonido de los cubiertos.

-Perdón por sacar el tema –musitó ella.

Él le quitó importancia con un ademán, y no volvió a comentar nada en el resto de la noche. Era obvio que él tampoco había tenido una buena experiencia familiar, aunque Elyon no sabía si la expresión del chico al hablar del tema era de pena o rabia contenida.

La semielfa se fue a dormir temprano, Snape se quedó un rato más despierto, cambiando constantemente de canal en la televisión, ya que se había dejado el libro en su habitación y le daba pereza ir a por él. Finalmente se llevó las manos a la cara y decidió irse también a dormir. Cuando entró en su habitación se quedó de piedra. Elyon estaba durmiendo allí, exactamente en el mismo lado de la cama que la noche anterior. Con un suspiro de cansancio abrió de nuevo la puerta para irse al otro cuarto. Pero se lo pensó mejor. Si la chica se había colado de nuevo en su habitación, era porque seguía algo asustada, así que decidió quedarse con ella por última vez. A la mañana siguiente tendría una conversación con la chica. Se acostó con cuidado para no despertarla y optó por quedarse en un extremo de la cama y no acercarse a ella, aunque tenía unas ganas enormes de abrazarla. Se durmió recordando el olor a limón de su pelo rubio, que a su vez le recordó el granizado y lo bien que se lo había pasado esos dos últimos días.

Snape despertó primero, tumbado bocarriba. Se pasó una mano por la cara mientras se espabilaba. Al dejar el brazo junto a él escuchó un gruñido y lo retiró instintivamente. El chico giró la cabeza y se encontró con el rostro de Elyon a escasos centímetros del suyo. La chica estaba echa un ovillo a su lado, y había pasado uno de sus brazos por encima de él. El profesor la miró atentamente con el corazón acelerado, colocándose de lado para quedar frente a ella. Con torpeza e indecisión llevó una mano a su rostro y le acarició la mejilla. La muchacha suspiró. Sin darse cuenta había acortado la ya corta distancia entre ellos. Al cabo de un rato Elyon frunció el ceño cuando empezó a abrir los ojos. Se asustó al encontrar el rostro de Snape, que tenía la mirada perdida, tan cerca de ella.

-Buenos días –musitó para llamar su atención mientras se sonrojaba ligeramente.

-Buenos días –le contestó él con una sonrisa.

La semielfa se sonrojó aún más ante aquella sonrisa tan dulce y tierna.

El joven la observó y contuvo la risa al verla tan sonrojada. Su expresión en ese momento era tan inocente, tan dulce. Se levantó con rapidez cuando se dio cuenta a dónde llevaban esos pensamientos.

-¿Lista para quemar tus primeras tortitas? –se mofó él cogiendo la varita de debajo de su almohada.

-Que gracioso –Elyon torció el gesto- Solo por ese comentario me esforzaré en hacerlas mejor que tú, y así tendrás que darme la enhorabuena.

La chica se levantó de un salto llena de energía. Cuando por fin consiguieron tener las tortitas listas, la mitad de la cocina estaba llena de harina y restos de masa. Al igual que Elyon, que tenía el pelo cubierto de harina y restos de masa por la cara y las manos gracias a Snape, mientras que él se mantenía impoluto.

-Por fin se acabó –dijo Elyon con una sonrisa de autosuficiencia poniendo el plato de tortitas junto al resto del desayuno.

-De acabarse nada, mira todo lo que hay que limpiar –le dijo Snape- Menudo desastre has armado.

-¡De eso nada! Has sido tú el que se ha dedicado a molestarme y a intentar desbaratar mi desayuno ¡Mira cómo me has dejado! –aclaró señalándose a sí misma de arriba abajo.

-Tienes algo en el pelo –le dijo señalando uno de sus mechones azules.

Elyon se llevó una mano de mala gana, aunque no notó nada pegado a él. Cuando bajó la mano se dio cuenta de que aún las tenía llenas de harina y masa, por lo que acababa de ensuciarse aún más ella misma el pelo.

-¡Serás…! –le gritó ella.

Snape empezó a reír con fuerza. La joven se lo quedó mirando sorprendida por esa reacción. Se estaba riendo de verdad, sin maldad alguna. Elyon no pudo evitar comenzar a reír también. Ambos pararon cuando comenzó a dolerles el abdomen de tanto reír. Después de desayunar. El profesor se ofreció a limpiar la cocina mientras ella se iba a duchar para quitarse la harina y los restos de masa seca. El resto del día lo pasaron en la cabaña. Snape se sentía incómodo cuando estaba cerca de la joven, al sentir como su corazón se aceleraba. Pero al mismo tiempo, no quería alejarse de ella.

Después de cenar Elyon se despidió antes de irse a dormir, esa noche quería irse a dormir temprano.

-Elyon, espera –la llamó Snape- te agradecería que volvieras a dormir en tu cuarto.

La semielfa se lo quedó mirando con el rostro entristecido bajando la mirada.

-De acuerdo –musitó.

-Ya sabes que ahora los aurores vigilan el campamento, no tienes que preocuparte –se explicó él para intentar borrar su expresión triste.

Elyon esbozó una media sonrisa asintiendo y se fue a su habitación. Se tumbó en la cama y se quedó mirando distraída el lado izquierdo de la cama. No conseguía dormirse, ya no tenía sueño.

Cuando Snape se fue a su habitación se detuvo frente a la puerta de la chica. Durante un segundo quiso abrir y comprobar si estaba durmiendo bien. Pero supo que era mala idea, así que simplemente entró en su habitación. Al amanecer ya estaba despierto. Observó el lado derecho de la cama, que estaba vacío. Le hubiera gustado ver a Elyon dormir de nuevo a su lado. "Snape, céntrate, no puedes permitirte esos pensamientos con ella, no está bien" Se levantó de mala gana, le había entrado sed.

Al salir al salón se quedó plantado. La chica estaba preparando el desayuno en la cocina. Le hizo gracia verla ir de un lado a otro con nerviosismo, y cómo se ponía de puntillas para llegar a los estantes más altos. "¡Snape, basta!" se ordenó a si mismo.

-Qué madrugadora –saludó él.

Casi se le caen los dos boles que había cogido de la estantería. Se giró y vio al chico de pie en el salón con una sonrisa torcida.

-¿Ya estás despierto? –le dijo con fastidio.

-Creo que es obvio –contestó sentándose en uno de los taburetes de la cocina americana- Pero te aseguro que la sorpresa me la he dado igual.

Elyon torció una sonrisa no muy convencida. Terminó de preparar el desayuno y lo sirvió nerviosa. No era gran cosa, solo un par de tortitas, un poco de café y cereales.

-Te han salido mejor que ayer –le dijo el profesor comiendo una de las tortitas.

-Pues claro, hoy no te he tenido por aquí molestando –rió ella.

-Desayuna rápido. Hoy nos vamos de excursión –le dijo Snape ignorando el último comentario.

-¿De excursión? ¿A dónde? –la semielfa lo miró emocionada.

-Ni idea, lo acabo de decidir ahora mismo –el joven se encogió de hombros bebiendo su café.

Habían recorrido un gran tramo de la costa rocosa. El paisaje era muy bonito. Parecía que el mundo se acababa ahí, y que todo lo demás era solo agua azul que se extendía hasta más allá de dónde alcanzaba la vista. Entre los acantilados encontraron una pequeña cala, resguardada del viento y el mar picado de ese día. Dejaron las bolsas en la arena y se sentaron a descansar mientras bebían algo de agua.

-¿Podemos quedarnos aquí? –preguntó la chica.

-Claro –Snape la miró torciendo una pequeña sonrisa.

Elyon se levantó de la arena quitándose los zapatos. Se acercó a la orilla y metió los pies en el agua para refrescarse. Se sorprendió al ver al chico subiendo por las rocas en bañador. Cuando llegó a una altura considerable, saltó desapareciendo luego bajo el mar. Cuando volvió a salir a la superficie, Elyon lo vio nadar de un extremo a otro de la cala. La joven admiró sus brazadas fuertes, nadaba muy bien, al contrario que ella.

Al cabo de un rato el profesor se cansó y salió del agua. Buscó la toalla en su bolsa y se sentó junto a la chica.

-Nadas muy bien –comentó ella- Yo solo pude practicar en una piscina pequeña.

El profesor simplemente se encogió de hombros, secándose un poco el pelo.

-¿Te atreves a saltar? –le preguntó él de sopetón.

-¿Desde dónde?

-Desde dónde tú creas que eres capaz –la retó.

Elyon miró a su alrededor, tenía que asegurarse de elegir un sitio no muy bajo para poder impresionarlo, y que no tuviera riesgo de golpearse con las rocas en la caída.

-Desde allí arriba –señaló uno de los picos de los acantilados más adentrados en el mar.

-¿Estás segura? –Snape alzó una ceja incrédulo.

-¿No crees que sea capaz? –ella frunció el ceño.

-Eso te lo diré cuando lleguemos arriba.

Snape se levantó y echó a andar. La joven se apresuró a quitarse los pantalones y la camiseta, quedándose en bikini. La subida fue lenta. El principio fue fácil, pero poco a poco el acantilado se fue haciendo más vertical. El profesor iba delante. Ella lo seguía con cuidado, apoyándose en los mismos sitios que él, y si necesitaba algo de ayuda extra, el joven paraba y no dudaba en alargar el brazo para ayudarla. Eso sí, siempre con una sonrisa de superioridad en los labios. Con las piernas cansadas llegaron a la cima del acantilado. Elyon se asomó por el borde y se le encogió el estómago.

-Esto está muy alto –musitó alejándose con cuidado.

-Te lo dije. Pero has subido aquí para saltar, no te acobardes ahora –le dijo Snape con una sonrisa divertida al verla asustada.

-Creo que mejor bajo por donde hemos venido –insistió ella.

-No vas a poder volver por ahí, te despeñarás –se mofó el chico.

La joven retrocedió para comprobarlo, y tenía razón, la subida había sido complicada, pero la bajada era mucho peor, sin duda resbalaría en algún punto. La semielfa se quedó pensando que hacer, si saltar o probar suerte bajando. Snape pensó por ella, la cogió de improviso del brazo echando a correr, arrastrándola con él.

-¡¿Pero qué haces? ¡No! ¡Suéltame! –le gritó ella intentando que la soltara.

Cuando llegaron al final del acantilado, saltó desde el borde como acto reflejo, para alejarse de la pared rocosa en su caída. Sintió que se le encogía el estómago, y que la caída no acababa nunca. Snape no soltó su brazo hasta que casi tocaron el agua. Ambos se hundieron en el mar envueltos en una nube de burbujas. Cuando sacó la cabeza del agua buscó a Snape, pero él aún no había salido a la superficie. ¿Y si se había golpeado con una roca? Elyon chapoteó para dar una vuelta sobre si misma preocupada, ya que no había ni rastro del profesor. Algo agarró su pierna y estiró de ella hacia el fondo. La joven dio una patada a ciegas para liberarse. Al salir de nuevo a la superficie, se topó con Snape, que reía divertido.

-No ha tenido gracia –le reprochó.

-¿El qué? ¿Lo de ahora o lo del salto?

-¡Ninguna de las dos! –le gritó ella- ¡Pensé que te habías golpeado con algo!

Elyon lo salpicó con furia. Él la imitó. La chica apretó los labios y volvió a salpicarlo, pero esta vez sin tregua.

-¡Basta! –le dijo él cuando empezó a tragar agua.

Pero ella en vez de parar, salpicó con más fuerza con ambas manos. Snape, cansado, se lanzó sobre ella, la cogió de la cintura y con esfuerzo la lanzó prácticamente fuera del agua lejos de él.

-¡Ey! –se quejó la chica retirándose el pelo mojado de la cara.

El joven simplemente esbozó una sonrisa cruel y nadó hacia la playa. Ella intentó mantener su ritmo, pero le fue imposible, no tardó en cansarse y quedarse rezagada. La orilla aún estaba lejos.

-¡Espera! ¡Ya no puedo más! –le gritó.

Le dolían los brazos y piernas, pero por suerte aún le quedaban fuerzas de sobra para mantenerse a flote. Vio a Snape detenerse, y luego, desaparecer. Con un chasquido volvió a aparecer a su lado, la cogió de la cintura y sintió que todo desaparecía a su alrededor. Su vista volvió a aclararse. Ya no estaba dentro del agua. Se mantuvieron la mirada unos segundos.

-Creo que ya hemos llegado a la orilla –susurró ella bajando la vista.

El profesor pareció volver en si, y la dejó en el suelo. Ya que al haberla cogido de la cintura dentro del agua, sus rostros habían quedado a la misma altura. Elyon buscó su toalla y se envolvió en ella, mirando de reojo al chico. Sentía sus mejillas arder.

Cuando volvieron a la caseta, encontraron bajo la puerta un pequeño folleto con las nuevas actividades del camping.

-Pasado mañana hay una exhibición de fuegos artificiales en la playa –leyó Elyon emocionada.

El profesor esquivó su mirada dejando su mochila en el suelo.

-¿Qué pasa? –le preguntó frunciendo el ceño- Venga, suéltalo de una vez. Te escucho.

-Tenía pensado irnos mañana –contestó sirviéndose un vaso de agua fría.

-Por favor, quedémonos solo hasta la noche de los fuegos, nos podemos ir por la mañana. Son solo dos días más –Elyon lo miró con ojos suplicantes.

Snape se quedó pensativo.

-Nos vamos después de los fuegos, ni un día más –aclaró él con firmeza.

La joven sonrió llena de alegría vaciando su mochila, llenando sin querer parte del salón de arena.

La gente iba llegando a la playa buscando algún sitio en el que poder sentarse. Elyon estaba segura de que el camping se había vaciado por completo, porque en la playa casi no cabía nadie más. Aquella noche la luna llena iluminaba el lugar, y las estrellas dibujaban un precioso mosaico. Los fuegos artificiales no se hicieron esperar mucho más. El cielo se llenó de chispas de colores que iluminaban cada rincón, las formas y dibujos arrancaban murmullos de asombro a los espectadores. Elyon recostó su cabeza en el hombro de Snape mientras observaba embobada como un niño aquel espectáculo tan alegre. El joven tragó saliva, volvió a notar que su corazón se aceleraba. Por un momento tuvo el impulso de rodearla con el brazo. Cuando el espectáculo acabó, la gente no tardó en abandonar la playa para volver a las casetas.

-Gracias por dejarme ver los fuegos –Elyon le sonrió con dulzura mientras volvían a su cabaña.

Snape simplemente torció una sonrisa y evitó mirarla a los ojos.

La joven se echó la mochila al hombro mirando la caseta por última vez. No quería volver a Hogwarts. Le hubiera gustado pasar el resto del verano allí, junto al mar. Además tenía la sensación de que cuando volviera al colegio, Snape volvería a ser el chico frío y distante de siempre.

-No quiero irme –musitó.

-Pero hay que volver. No te quejes, bastante has alargado las vacaciones –contestó el profesor revisando la caseta, asegurándose de que no se dejaban nada.

Con un movimiento de varita hizo desaparecer los hechizos de seguridad. Elyon se acercó a él. Snape cogió su mano y desaparecieron. Cuando la chica volvió a abrir los ojos el sol ya no brillaba tras el cielo encapotado. Vislumbró el castillo a lo lejos. Soltó la mano del chico con desgana, bajando la vista entristecida. La caminata hasta el colegio se le hizo increíblemente corta. En un abrir y cerrar de ojos se encontró frente a las enormes puertas de roble.

-Vamos –le dijo Snape entrando en el castillo, al darse cuenta de que ella no se decidía a entrar.

Dumbledore los esperaba en el vestíbulo con una enorme sonrisa, y con Eizen posado sobre su hombro. El halcón chilló y se apresuró en ir junto a la chica. Elyon le ofreció su brazo y lo acarició con cariño. Y antes de que ella pudiera saludar al director, este la abrazó con fuerza.

-¿Qué tal las vacaciones? –le preguntó, la había echado mucho a faltar.

-Interminables –gruñó Snape.

-Sin ganas de volver –respondió la semielfa con una media sonrisa, ignorando el comentario del profesor.

-Veo que habéis estado al sol –comentó Dumbledore con una sonrisa divertida mirando al chico.

-Creo que yo ya he cumplido ¿Puedo cogerme las vacaciones de una maldita vez? –preguntó fulminándole con la mirada por el comentario anterior.

-Claro, ya me encargo yo el resto del verano.

Y sin mediar ni una palabra más, bajó las escaleras hacia las mazmorras. Elyon suspiró apenada. Sabía que el mal humor volvería nada más pisar el castillo.

-¿Se va lo que queda de verano? –preguntó

-Sí, él también tiene derecho a tomarse un respiro, ¿no crees? –sonrió Dumbledore.

-Sí, claro.

Elyon se sentó en su cama dejando la mochila sobre su baúl. El halcón de alas plateadas se posó a los pies de su cama observándola con atención. Sentía una enorme congoja en el pecho. Pensó que aunque el profesor volviera a estar de mal humor, al menos lo vería por los pasillos y podría pasar algo de tiempo con él. Pero Snape también se iba. Todos se habían ido. Tuvo ganas de llorar. Iba a pasar el resto de las vacaciones sola en aquel enorme castillo. Volvía a estar encerrada entre aquellos muros de piedra.

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