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Books » Harry Potter » Tu nombre envenena mis sueños
akasha-bennington
Author of 52 Stories
Rated: T - Spanish - Drama - Bellatrix L. & Sirius B. - Reviews: 108 - Updated: 06-01-06 - Published: 03-18-05 - id:2310533

¡Holitas!

¡Al fin actualizo! Creo que el capítulo anterior tardé más en actualizarlo, pero bueno, yo espero no tardar mucho en el siguiente. La verdad es que me encanta este fic, y el siguiente capítulo es MUY IMPORTANTE, XDDDD, así que espero poder escribirlo pronto, eso sí, antes tengo que volver a actualizar Amores Perros.

Por si alguien no lo sabe, bueno, estoy sin internet, pero vaya, en cuestión de actualizaciones eso no va a influir porque en cuanto tenga algo lo subiré, lo malo es que quizás tarde algo más en responder reviews. Hace una semana que no me meto en internet y estoy temiendo ver los chorrocientos mails de mi correo XDDDDD.

Me ha gustado como ha quedado el capítulo, pero mejor lo comento después de que lo leáis ;-D

Capítulo 13: El brillo de la estrella.

Las escasas semanas que quedaban de vacaciones de verano, pasaron con extremada lentitud, básicamente porque ninguna de las tres jóvenes Black pudieron hacer algo de interés. El ambiente en la casa era muy tenso, por lo que permanecían encerradas en sus habitaciones el máximo tiempo posible.

A Elladora se le revolvían las entrañas cada vez que veía a sus hijas, profundamente decepcionada con las dos mayores. Bellatrix nunca había sido santo de su devoción, pero veía cómo, día a día, las esperanzas que había puesto en ella se iban derrumbando, con más estrépito si cabía, al ser la primogénita. Andrómeda la había sorprendido por completo con aquella faceta suya que desconocía. Esperaba que el compromiso de urgencia y sus amenazas de mantenerla vigilada fueran suficientes para que no cometiera más errores que desprestigiaran a los Black. La dócil y fría Narcisa, aportaba el único rayo de luz entre todo aquel fracaso. Se había reído tantas veces en silencio de la suerte que habían corrido sus cuñados con su hijo rebelde, que ahora, con su propia sangre, lo estaba pagando con creces. Siempre había soñado con tener un hijo varón, que fuera el heredero y que luchara por la sangre que corría por sus venas, pero ahora que se daba cuenta de lo desdichada que era sabía que, en el caso de que lo hubiera tenido, habría sido otro despropósito, como lo era Sirius. Pero todavía tenía a Narcisa, su hija favorita, fiel calco de cómo ella era, la única que entendía la importancia de todo aquello que había intentado transmitir a sus hijas. Narcisa, la perfecta…

Sin embargo, la pequeña princesita estaba triste. Una debilidad que Elladora no había advertido, ya que la niña prefería esconderse en sus sueños donde todo era de color de rosa y podía escapar de la responsabilidad que se cernía sobre ella. Sentía que no podía decepcionar a su madre. Entendía cómo se sentía Elladora, pues ella misma era incapaz de reprimir una mirada defraudada cuando veía a Andrómeda, o esconder la resignación cuando se encontraba a Bellatrix, intentando hacerle saber que ella no había elegido estar en esa posición de rivalidad.

Era como el caballo suplente que trata de competir con el caballo estrella, resentido de una pata. Sabe que tiene posibilidades, siente que tiene la obligación de alegrarse si gana la carrera aún sabiendo que todos preferirían que ganara el favorito. Realmente preferiría no competir, sino quedarse en las cuadras con otro caballo suplente, ambos sabiendo que de un momento a otro les tocará entrar en acción.

No había tenido el valor de decírselo a Regulus, aunque sabía que tendría que hacerlo tarde o temprano. Y por ese motivo, las visitas a Grimmauld Place durante el verano se vieron reducidas a tan sólo un par de situaciones puntuales.

Bellatrix había puesto sus esperanzas en la amistad que unía a su hermana pequeña y su primo. Se vio un poco desilusionada por ese extraño distanciamiento, ya que había pensado que alguna de sus visitas a Regulus podría haberle servido de coartada para acercarse a Sirius. No había podido dejar de pensar en él, no era capaz de quitarse de la cabeza la idea de verse comprometidos, y era consciente que a la hora de intentar algún acercamiento era mejor hacerlo en terreno neutral, como Grimmauld Place, y no en Hogwarts donde las barreras entre ellos los distanciaban enormemente.

No había podido ser, así que sólo le quedaba intentarlo en Hogwarts, y la verdad era que deseaba más que nunca volver al colegio. Su casa se había convertido en un infierno que la mataba de aburrimiento. Estaba hastiada de su habitación y lo único que la mantenía con un poco de ilusión era la llegada diaria de alguna lechuza.

Sus amigos no se habían olvidado de ella, sus cartas la entretenían y la hacían reír de vez en cuando, aunque las más esperadas, sin duda, eran las de Rodolphus. Entre todas las tonterías que sus compañeros le contaban en sus cartas, las cartas de Rodolphus la hacían sentir útil y valorada. El muchacho había intentado tener una reunión con ella en un par de ocasiones, pero la negativa de Elladora la había obligado a rechazar la propuesta. Después de que Gladys Malfoy la acusara sutilmente de contactar a sus espaldas con los Lestrange, Elladora no creyó oportuno que su hija se relacionara con el joven cuando aún estaba en el aire el compromiso con el heredero Malfoy. De este modo, Bellatrix esperaba las lechuzas de Rodolphus con curiosidad, deseando que le contara aquello que quería decirle en persona. Estaba claro que Rodolphus era lo bastante listo como para no contar por carta cosas comprometidas, pues aunque la familia Black estuviera de acuerdo con la postura de Voldemort acerca de la sangre, Bellatrix era consciente de que gran parte del mundo mágico estaba en contra de esa opinión.

Las cartas de Rodolphus eran frías, como él, pero a menudo venían acompañadas de interesantes libros que Bellatrix devoraba en las largas tardes de verano y eso alimentaba la ilusión de la muchacha de cara al futuro. Rodolphus parecía confiar en ella o al menos parecía valorar su interés y su esfuerzo. Todo lo contrario que Lucius Malfoy. Bellatrix también recibía alguna que otra carta de Lucius, que al final acababa abriendo sólo por mera curiosidad y por no verlas acumuladas en un rincón de su escritorio. Eran todas iguales, puro protocolo igual que si fueran destinadas al Ministerio en vez de a ella. No había ninguna duda de cómo era Lucius, y lo confirmó el día en que visitó su casa junto con su madre. Y por muchas cartas que le escribiera, Bellatrix sabía que no le importaría terminar casándose con Narcisa.

Por fin llegó la tan esperada vuelta a Hogwarts. Esperando la salida del tren, Bellatrix miraba con desdén la patética escena. Por un lado, su madre y su tía despedían a Narcisa y Regulus como si jamás fueran a volver a verles. Y por otro lado, Sirius, visiblemente malhumorado, murmuraba algo con Andrómeda, ambos deseando desaparecer de allí cuanto antes. Bellatrix se metió en el tren sabiendo que en ninguno de los dos grupos la iban a echar de menos. Sonrió cuando, al comenzar la marcha del tren, Narcisa y Regulus aparecieron en su vagón. Al menos habían ido a buscarla a ella y no a Sirius o Andrómeda.

- ¿Éste también es tu primo?- preguntó Rabastan con ironía.- ¿Un nuevo Gryffindor?

Bellatrix miró de reojo a Rabastan, a punto de regañarle, pero Regulus se le adelantó.

- No me compares con Sirius. Yo nunca seré como él.- dijo el niño bastante molesto.

Bellatrix sonrió satisfecha. Aunque Rabastan y el resto de sus amigos encontraran muy gracioso el comentario y el ceño fruncido de Regulus, Bellatrix comprendió que atraer a su lado a Narcisa y Regulus iba a ser una tarea bastante fácil. Y cuando antes empezara, antes acabaría.

- Bien, os voy a presentar a vuestros futuros compañeros.- dijo Bellatrix, abriéndoles el camino en su grupo.

Al final de la noche, Regulus y Narcisa hablaban animadamente con el resto de alumnos de primer curso de Slytherin en la sala común. Los dos niños se sentían muy felices. Regulus por haber ido a Slytherin, pues hasta el último momento había estado temiendo que el sombrero seleccionador cometiera un error como hizo con Sirius. Durante casi dos años había tenido que soportar los lamentos de su madre, las largas conversaciones a las que le sometía diciéndole que era su responsabilidad el compensar la decepción que habían sufrido por su hermano mayor. Pero al final, sus súplicas habían sido escuchadas. Estaba en Slytherin, como él y toda su familia deseaba, estaba con Narcisa y Bellatrix le había presentado a un montón de chicos sangre limpia. ¿Qué más podía pedir?

Aunque había algo que le preocupaba, algo que nunca se atrevería a contar a nadie. El sombrero seleccionador había dudado, le había dicho que era muy valiente y que tal vez su sitio estuviera en Gryffindor. En el momento de oírlo, se había puesto pálido temiendo lo peor, pero al final todo había salido como esperaba.

Regulus se encontraba sumido en aquel pensamiento. No sabía por qué diablos había dicho aquello el sombrero. Él no se consideraba nada valiente… En ese momento, Narcisa se agarró a su brazo y le sonrió, y aparcó por un momento ese pensamiento. Narcisa sonreía a su primo, al que veía un poco preocupado. No lo culpaba, era normal que se sintiera preocupado pues ella sabía muy bien las esperanzas que su tía había puesto en él. Le sonrió para hacerle ver que ella estaba a su lado, pero ella también estaba preocupada. Su madre también tenía puestas en ella muchas esperanzas.

- Regulus… yo…- murmuró Narcisa, apretando con fuerza el brazo de Regulus.

- ¿Si?- preguntó el chico.

- Nada…- Narcisa volvió a sonreírle y miró al suelo.- Creo que estoy cansada, voy a irme a dormir.

Narcisa pensó que no era el mejor momento para comentarle a Regulus el tema de Lucius Malfoy. Quizás fuera mejor idea hacerlo cuando se hubiera habituado a su nueva vida en Hogwarts.

El lugar frente a la chimenea estaba ocupado por los alumnos mayores. Bellatrix y su grupo estaban cerca, pero apartados de la chimenea, y de soslayo observó a Wilkes levantarse y dirigirse a un rincón donde Andrómeda jugaba una partida de ajedrez con una chica de su curso. Wilkes iba a sexto, era amigo de Rodolphus y hermano de Jarvis, un chico de su clase y de su grupo. Andrómeda se levantó y acompañó a su nuevo prometido a uno de los sillones, donde empezaron a hablar de forma amigable. Bellatrix entornó los ojos, pensando que no era capaz de entender la actitud de Andrómeda. Su hermana era rara, como también era raro que conversara con Wilkes como si nada, como si estuviera totalmente de acuerdo con aquel compromiso y la hiciera la mujer más feliz del mundo.

- No te preocupes, Wilkes es un buen muchacho.

Bellatrix alzó la vista y se encontró a Rodolphus detrás de ella. Estaba claro que él también se había enterado del compromiso de su hermana.

- Ya, pero mi hermana no.- dijo Bellatrix mirando a la pareja con desconfianza.

- Supongo que te refieres a Andrómeda.- dijo Rodolphus señalando con la cabeza a Narcisa.

- Sí, me refiero a ella. Narcisa sí es de fiar.

- Bien, porque ya sabes lo que tienes que hacer.- dijo Rodolphus mirando a los dos pequeños Black.

- Lo sé.- asintió Bellatrix, quedándose pensativa.- Lestrange¿qué era eso que…?

Bellatrix no acabó la frase, Rodolphus ya se había ido y ni siquiera había llegado a oírla.

No le hizo falta esperar mucho tiempo para descubrir lo que ocultaba Rodolphus. Apenas lo veía, pues el joven estaba muy ocupado tanto en Hogwarts como durante sus frecuentes ausencias. Lo que mantenía despierto el interés de Bellatrix día a día era la llegada diaria del correo, que a menudo suscitaba reacciones de temor. Se había convertido en algo habitual que El Profeta se encabezara con alguna truculenta noticia de desapariciones o asesinatos, algunas de ellas tan extrañas como que algún hombre había asesinado a toda su familia en un arrebato de locura, otras simplemente declaraciones de miembros respetables del Ministerio que aseguraban haber sido extorsionados. A diferencia de cualquier chica de su edad, más interesadas en las noticias de Corazón de Bruja, Bellatrix leía con interés el periódico y luego levantaba la vista hacia el final de la mesa de Slytherin. Unos días, el lugar de Rodolphus estaba vacío y Bellatrix sonreía al saber que de algún modo estaría relacionado con lo que acababa de leer. En otras ocasiones encontraba la mirada del Slytherin, que le confirmaba la noticia con un breve asentimiento.

Ese día contemplaba con fascinación el titular del periódico, que con grandes letras negras que decían "El que no debe ser nombrado" aventuraba el comienzo de una época de terror que amenazó durante años a la comunidad mágica. A partir de entonces nadie se atrevería a llamar a Lord Voldemort por su nombre. Los oscuros sucesos que habían estado ocurriendo los últimos meses habían aumentado el miedo de la población hacia el poderoso líder hasta el punto de haber empezado a referirse a él con todo tipo de confusos apelativos.

Bellatrix releía el título una y otra vez, que incluso El Profeta lo llamara así era algo totalmente increíble. No había otra manifestación más clara de poder que el que la gente tema decir un nombre. Bellatrix se estremeció intentando decir el nombre de Voldemort en su mente. Sentía miedo, curiosidad, fascinación… por una persona a la que ni siquiera había visto. Se preguntaba cómo sería, qué sentiría cuando lo viera. Se preguntaba si Rodolphus le habría hablado de ella, si él sabría que existía…

Y ella tenía una misión, y tenía que llevarla a cabo. No sabía de quién había sido la idea de ponerla a ella tras sus primos y sus hermanas, pero sabía que si lo hacía bien le sería recompensado de algún modo. Tal vez incluso el hombre más poderoso del mundo mágico se fijara en aquella niña de apenas catorce años.

El momento perfecto eran las vacaciones de Navidad. Sabía que Sirius no se quedaría en Hogwarts, ya que al estar allí Regulus no podría inventarse ninguna excusa para pasar fuera de casa las vacaciones.

La cena de Navidad en Grimmauld Place discurría de forma extrañamente pacífica, habituados como estaban ya a las discusiones familiares que se producían cuando se encontraban las dos familias Black. Pero esta vez se veía que Amelia y Elladora estaban muy contentas de tener de nuevo con ellas a sus hijos pequeños. La conversación era básicamente un interrogatorio acerca de cómo llevaban los primeros meses en Hogwarts, qué hacían, qué clases les gustaba más y cosas triviales. Narcisa y Regulus respondían muy entusiasmados, algo a lo que tampoco estaban acostumbrados sus padres después del ejemplo de Sirius y Bellatrix, que más bien evitaban hablar.

Narcisa respondía de forma muy educada, tal y como su madre le había enseñado. Ahora que la oía hablar en familia, Bellatrix comprendía por qué sus amigos la miraban al principio con recelo diciendo que una niña remilgada como ella no encajaba en el grupo. Finalmente habían acabado aceptándola, sobre todo porque a Bellatrix le interesaba que lo hicieran puesto que Narcisa formaba parte de su misión.

Regulus también comentaba sus andadas en Hogwarts, muy orgulloso de ser el Slytherin que sus padres habían deseado. De vez en cuando miraba a Sirius de reojo, sintiéndose muy satisfecho. Ahora era él quien atraía todas las miradas y no había ninguna palabra de reproche, todo eran esperanzas e ilusiones volcadas en él.

Con semejante panorama era lógico que Sirius, Bellatrix y Andrómeda hubieran quedado en un segundo plano. Bellatrix había estado esperando algún comentario de su madre hacia su hermana mediana, pensando que tendría que regañarle por algo. Elladora había amenazado a su hija con preguntar a sus profesores sobre su comportamiento, y por lo que se veía, no habían contado nada a su madre que pudiera suponer alguna discusión. Bellatrix, que también había estado vigilándola, tampoco había visto nada raro. De hecho le sorprendía muchísimo no verla con Sirius, con sus antiguos amigos de Ravenclaw y Hufflepuff o cualquier tipo de mala compañía. De vez en cuando la veía hablar con normalidad con su prometido Wilkes. Y todo este conjunto de cosas, viniendo de Andrómeda, hacía que Bellatrix sospechara. Era muy extraño ese cambio de actitud tan repentino ya que dudaba mucho que Andrómeda hubiera cambiado por temor a su madre.

Enfrente, como siempre, tenía a Sirius, que no había abierto la boca en toda la noche salvo para engullir la comida. Bellatrix lo miraba de vez en cuando con disimulo, pensando que parecía que su primo se estuviera debatiendo en una lucha a muerte con el entrecot y necesitara devorarlo antes de que el trozo de carne lo devorara a él. Ni siquiera se esperó al postre. Sus padres tampoco tenían mucho empeño en que se quedara, esa noche el rey indiscutible en la mesa era Regulus, así que la ausencia de Sirius incluso les beneficiaba si tenían que hacer desagradables comparaciones entre los dos hermanos.

Sirius alegó que la comida le había sentado mal, cosa que después de lo visto no sería nada extraño, y Amelia simplemente dijo que no debería haber comido tan rápido, sin poner ninguna objeción a que se marchara a su habitación.

Bellatrix esperó. Sabía que tenía que esperar. Se tomó el postre tranquilamente, y después de un rato, con la mejor de sus sonrisas, pidió permiso para subirle un trozo a Sirius diciendo que era un delito que se quedara sin probar la deliciosa tarta de limón que Andrómeda había preparado con todo su esmero para la ocasión.

Nadie se opuso. Y Bellatrix salió del comedor con una sonrisa que chocó con la mirada desconfiada de Andrómeda.

Subió las escaleras y tocó con los nudillos en la puerta de la habitación de Sirius. Lo que se oyó desde el interior parecía más el gruñido de un animal rabioso que una voz humana.

- ¿QUÉ! Para vuestra información siento decir que no me he muerto todavía.- gruñó Sirius, muy molesto.

Bellatrix no contestó, y prefirió abrir la puerta despacio. Si Sirius hubiera sabido que era ella, habría sido capaz de atrancar la puerta con tal de que no entrase. Lo encontró tumbado en la cama sin hacer nada. En cuanto Sirius advirtió que alguien había entrado se volvió con los ojos entrecerrados.

- ¿TU?- preguntó sorprendido pero no por ello menos molesto.- ¿Qué mosca te ha picado ahora?

- He venido a traerte un poco de tarta.- dijo Bellatrix intentando ser amable. Era consciente de que todo estaba quedando bastante artificial.

- No tengo hambre.- dijo recostándose de forma que le daba la espalda.

- Tienes que probarla, está muy buena.- respondió Bellatrix, tratando de mantener la calma.

Sirius se giró levemente para mirarla, y en sus ojos se notaba que desconfiaba.

- Pruébala tú primero, podría llevar veneno.- soltó mientras observaba la tarta. La verdad es que tenía una pinta estupenda.

- No sé por qué te empeñas en pensar que a alguien le gustaría verte muerto.- dijo Bellatrix, cogiendo un poco del pastel con el dedo.

Lo chupó lentamente, saboreándolo, llenándose a propósito los labios con el merengue que recubría la tarta y luego relamiéndose despacio. Después, sonrió. Sirius se había quedado mirando sin decir nada. Al menos había conseguido despertar en él interés por probar el pastel.

- Trae.- dijo, cogiendo el plato de las manos de Bellatrix y colocándolo en su regazo.

Sin moverse de su sitio, Bellatrix lo miraba mientras Sirius disfrutaba de la tarta, de vez en cuando incluso parecía haberse olvidado de que tenía espectadores pues cerraba los ojos y murmuraba con la boca llena algo que Bellatrix entendió como "esto está tremendo."

- La ha hecho Andrómeda.- comentó Bellatrix.

Sirius se limitó a apurar el plato sin dejar nada. No le sorprendía que la hubiera hecho Andrómeda, de hecho conocía bastante bien las habilidades culinarias de su prima. Le encantaban las galletas de chocolate que le mandaba por lechuza en vacaciones y que guardaba secretamente debajo de la cama. No pensaba contestar a Bellatrix. Intuía que aquello que parecía un comentario inocente era alguna estrategia para sacarle información sobre Andrómeda, y él jamás haría o diría algo que pudiera traer problemas a su prima.

- ¿Te ha mandado mi padre?- preguntó Sirius, devolviéndole el plato vacío, como queriendo decir que ya podía marcharse.

- No.- respondió Bellatrix, sin moverse.

Estaba claro que Sirius estaba extrañado de que hubiera sido ella quien le había subido la tarta, sobre todo teniendo en cuenta que era Andrómeda quien la había hecho.

- ¿Cuántos sickles te han pagado?- dijo Sirius, tumbándose de nuevo y mirando al techo con aire distraído.

- ¡Nadie me ha pagado nada!- exclamó Bellatrix.

- Pues entonces nada de esto me encaja.

- Quería hablar contigo, nada más.

Sirius la miró con una ceja arqueada.

- ¿Y tenías que hacerlo así, a traición? Te veo todos los días en clase y ni siquiera me miras.

- Tú tampoco me miras a mí.

Sirius bufó, cansado de la misma conversación de siempre.

- Estoy harto de discutir siempre lo mismo. Tú no me miras porque yo no te miro, yo no te miro porque tú no me miras, por favor, esto ya es ridículo.

- Y ahora vengo a hablar contigo y no quieres¿de quién es la culpa al final?

- Tuya, por supuesto.

Esta vez fue Bellatrix la que bufó. Dejó el plato en el suelo y se sentó al borde de la cama. Sirius se puso un poco tenso, incómodo. Podría haberle dicho que se levantara inmediatamente, pero la verdad era que tenía cierta curiosidad por ver qué era lo que había llevado a Bellatrix a ir a hablar con él.

- ¿No podemos hablar como personas normales?- dijo Bellatrix, intentando demostrar que no había subido allí para discutir.

- Tú no eres una persona normal.

- No sé si tomarlo como un insulto o un halago.- dijo Bellatrix.

Sirius se encogió de hombros con un gesto de indiferencia. Bellatrix se tumbó en la cama junto a él, exhalando un largo suspiro de resignación. Él no se movió y continuó mirando al techo, Bellatrix en cambio, se quedó mirando al frente donde estaba la ventana de la habitación, tenía las contraventanas abiertas.

Ahora comprendía por qué la cama de Sirius estaba desplazada a uno de los lados de la habitación, pegada a una de las paredes. Desde allí, con la ventana justo enfrente, se podía ver la calle, y podía imaginar las largas horas que Sirius habría pasado allí mirando el ruinoso edificio que había al otro lado, la acera iluminada por una farola, el pequeño trozo de cielo que se escapaba sobre la copa de los árboles. Desde allí, Sirius observaba la libertad.

- La vista que hay desde mi cuarto es más bonita.- comentó Bellatrix, con una sonrisa nostálgica.

No era la primera vez que se encontraban en esa posición. Cientos de veces Sirius y Bellatrix se habían tumbado en la alfombra de Bellatrix a mirar el bosque, separado de la casa por una extensión de prado verde y aterciopelado, a mirar las estrellas y pelearse rodando por el suelo porque ambos querían que la estrella que más brillaba fuera la que llevaba su nombre.

- Ya lo sé.- dijo Sirius.- Pero desde tu cuarto hay algo que no se ve.

Sirius giró la cara y se encontró con la de Bellatrix. Por primera vez en toda la noche, Sirius sonrió y ella le correspondió de la misma forma.

- ¿Qué?- preguntó, curiosa.

- Estabas equivocada.- asintió Sirius, con gesto travieso.

- ¿Cómo te atreves?- dijo Bellatrix, haciéndose la ofendida y dándole un codazo a Sirius.- ¡Yo nunca me equivoco!

Sirius le devolvió el codazo, riendo.

- ¿Te acuerdas de la estrella que se veía encima de las caballerizas?- preguntó Sirius.

- Claro que me acuerdo. Era la que más brillaba, mi estrella, la estrella de Bellatrix.- respondió Bellatrix.

- No lo era.

- ¡Sí lo era!

- He sacado Extraordinario en Astronomía, así que no me repliques.- regañó Sirius, pero de broma.

- El día que vimos eso no viniste a clase. Es más, recuerdo que la profesora se lo dijo a McGonagall y te castigó una semana.- dijo Bellatrix.

No se dio cuenta de lo que había dicho hasta que vio que Sirius se quedaba callado. Ella sólo lo había dicho con la intención de no darle la razón a Sirius en aquella discusión que habían llevado casi a diario de pequeños. Pero lo había dicho, y Sirius se había quedado callado al darse cuenta de que no le era tan indiferente como ella pretendía aparentar. De aquella clase y aquel castigo hacía casi un año…

- Ahora me dirás que aquella estrella es la de Sirius¿no?- comentó Bellatrix. No quería que acabara la conversación. Hacía tanto tiempo… Echaba mucho de menos a Sirius…

- Pues sí. Aquella era MI estrella. La que más brillaba.- dijo Sirius.

- ¡Ja! La tuya era aquella chiquitita que apenas se veía.- replicó Bellatrix.

- ¿Quieres que te lo demuestre?- amenazó Sirius.

- No hace falta.- dijo Bellatrix.

Dispuesto a demostrárselo a su prima, pasó una pierna por encima de ella para salir de la cama e ir a coger sus apuntes de Astronomía, pero Bellatrix lo retuvo. Lo agarró de la muñeca, impidiéndoselo. No quería que se marchara. Lo tenía allí, y temía que si se alejaba no volviera. Al cogerlo de la muñeca, el impulso de Sirius hizo que perdiera el equilibrio levemente, teniendo que apoyarse en lo primero que pudo para no caer encima de ella.

La postura era de lo más embarazosa. Estaba sentado a horcajadas sobre ella, inclinado de forma los mechones de su pelo oscuro rozaban las mejillas de Bellatrix, y una mano inocente posada sobre uno de sus pechos.

Bellatrix abrió mucho los ojos viendo a Sirius, a tan sólo unos centímetros de ella, ponerse del color del estandarte de Gryffindor. En seguida desvió su mirada hacia la mano de Sirius, quien inmediatamente la retiró. Podría haberle lanzado una maldición, pero lo cierto era que no quería estropearlo todo, y siendo sincera, tampoco le había resultado desagradable. A su imaginación volvió aquella ilusión en que Sirius la besaba y todo parecía desvanecerse a su alrededor, que Sirius se inclinaba más sobre ella y rozaba sus labios.

- Lo siento. Ha sido sin querer.- se disculpó Sirius, temiendo que Bellatrix montara algún escándalo. Cosa que viniendo de ella, no le extrañaba nada.

- Lo sé, no pasa nada.- dijo Bellatrix.- No es como cuando jugábamos a las tinieblas en el sótano de mi casa.

Sirius se puso aún más rojo, pero viendo que Bellatrix sonreía, él también sonrió, aunque un poco avergonzado de que Bellatrix siempre hubiera sido consciente de su estrategia. En aquella época alguna que otra vez sí que lo había hecho a propósito, sólo que entonces no había nada que tocar. Y ahora sí.

Intentó levantarse, pero no pudo porque Bellatrix le miraba fijamente con una sonrisa.

- Sirius…

Y para colmo susurraba su nombre en aquella escena totalmente surrealista. ¿Qué quería?

- ¿Qué?- preguntó, impaciente.

Deseaba que todo se quedara así para siempre. Que el tiempo pareciera haberse parado borrando todos los reproches y todo el distanciamiento. La echaba mucho de menos, pero jamás se lo diría. Bellatrix era muy desconcertante y la prueba de ello la tenía allí mismo. Después de casi negarle la palabra durante dos años, ahora parecía comportarse como si nada hubiera ocurrido. Y Sirius, aunque alegrado por el cambio de actitud, sabía que no podía olvidarse del daño que le había hecho porque en cuanto se despistara, volvería a golpearle con más fuerza.

- Tienes tarta en la barbilla.- dijo Bellatrix, rozándole el labio inferior antes de retirar con el dedo la tarta y llevárselo a la boca.

Sirius respiró profundamente, aliviado de que sólo hubiera sido eso lo que Bellatrix tenía que decirle. Decidió volver a tumbarse a su lado, ya que estar sentado encima de ella le hacía sentir incómodo. Bellatrix volvía a mirar las estrellas.

- ¿Te acuerdas de cuando Narcisa lloraba porque ella también quería tener nombre de estrella?- rió Bellatrix recordando la escena.

- Muy típico de ella.- apoyó Sirius.- Y luego intentaba convencernos de que las flores eran más bonitas que las estrellas. Regulus era el único que le daba la razón para que dejara de llorar.

- Y Andrómeda se reía de ella diciendo que Narcisa era un nombre horrible.

- Tú y yo también nos reíamos.

- Y por eso se empeñó en que la llamáramos Cissy en lugar de Narcisa. Mi madre tuvo que castigarla varias veces hasta que ya la dejó por imposible y aceptó que la llamásemos Cissy.- comentó Bellatrix.

A ambos les estaba resultando agradable recordar viejas anécdotas. Bellatrix observó la calle oscura a través de la ventana y recordó cuando una vez bajó a avisar a Sirius de que sus padres le estaban buscando. Aquel día en que Sirius se peleó con sus amigos por ella. Sabía bien que las cosas habían cambiado mucho desde entonces y que sería difícil que Sirius volviera a anteponerla a ella frente a sus amigos. De hecho, recordaba muy bien que Sirius le dijo aquel día que no iba a cambiar y que buscara a otro a quien manipular. Sin embargo, según se estaban sucediendo las cosas esa noche, Bellatrix había comprobado que todavía se podía hacer algo por él. La misma Andrómeda había confesado que Sirius la echaba de menos.

Pensando en lo que Sirius le había comentado al principio de la conversación, Bellatrix se preguntó qué sería aquello que se podía ver desde la ventana de la habitación. Quizás fuera algún hallazgo interesante oculto en el viejo edificio medio derruido, o tal vez fuera algún absurdo objeto muggle…

- ¿Qué es lo que se ve desde aquí y no desde mi habitación?- preguntó Bellatrix, recostándose de lado y apoyando la cabeza en la mano.

- Ah, sí.- dijo Sirius, sabiendo que al final no había contado lo que quería contar.- Mira hacia allí.

Bellatrix se aproximó a él, juntando casi su mejilla contra la de Sirius para poder ver en la dirección en que le señalaba. Siguiendo la línea que dibujaba su mano, pudo ver una estrella que brillaba por encima de las demás.

- Esa es tu estrella.- afirmó Sirius.

El corazón de Bellatrix comenzó a acelerarse, y se apartó bruscamente de él para que no lo notara. Quizás Sirius no se hubiera dado cuenta de que había cometido el mismo error que ella había cometido minutos atrás.

No se equivocaba. Según lo que había visto en la clase de Astronomía, sin duda aquella era la estrella de Bellatrix. Desde que eran pequeños, a Bellatrix nunca se le había ocurrido volver a buscar las estrellas, y se había sorprendido de que Sirius se hubiera molestado en buscar la suya en el pequeño trozo de cielo que se veía desde su habitación.

- Brilla mucho, seguro que más que la tuya.- dijo Bellatrix, intentando volver a su estado anterior para que Sirius no notara que se había puesto nerviosa.

- No, la mía brilla más.- protestó Sirius.

- No, la mía brilla más que la tuya. Y cuando esta noche vuelva a mi casa lo confirmaré.- dijo Bellatrix.

Sin saber cómo se vieron envueltos en un forcejeo, discutiendo entre risas cual de las dos estrellas brillaba más.

- ¡He dicho que la mía!

- ¿Es que siempre tienes que llevar la razón?

- ¡Es que la llevo!

- Mi estrella es más importante que la tuya, siempre lo ha sido y siempre lo será.

- ¡Mentira! La tuya al lado de la mía es diminuta y casi ni se ve.

- ¿Subimos al desván¿eh?- propuso Sirius, riendo.- Desde allí se ven las dos. ¿Cuánto te apuestas?

Bellatrix no tuvo tiempo de aceptar la invitación. Se estaba riendo porque en el forcejeo el pelo de Sirius le estaba haciendo cosquillas en la nariz y le estaban dando ganas de estornudar.

- ¡Que me haces cosquillas¡PARA!

En ese momento, ambos muchachos se quedaron callados. No habían oído que alguien había llamado a la puerta y ahora volvían la vista para encontrar la mirada decepcionada de Andrómeda.

- Siento interrumpir.- dijo Andrómeda con voz seca.

La mediana de las Black no sabía a quién prestar atención, si a la expresión culpable de Sirius o a la sonrisa de triunfo de Bellatrix. Desde el principio le había parecido muy sospechosa la actuación de Bellatrix en la cena y había decidido subir a ver qué estaba pasando, aunque más bien se esperaba algún tipo de discusión a gritos en lugar de dos jóvenes revolcándose en la cama y riendo a carcajadas.

- No interrumpes nada, Meda, no te preocupes.- dijo Sirius, recuperando la compostura y sentándose al borde de la cama.

Bellatrix lo miró de reojo y frunció el entrecejo. ¿Cómo que no interrumpía nada? Lo había interrumpido todo. A saber cuándo se presentaría otra ocasión como esa.

En realidad Sirius también hubiera preferido que nadie los interrumpiera. Se lo estaba pasando bien, algo que no solía ocurrirle cuando estaba en Grimmauld Place, además por primera vez en mucho tiempo había estado con Bellatrix sin tener que discutir por temas de familia o amistades.

- Bellatrix ya se iba.- dijo Sirius.

Bellatrix ahogó una exclamación, ofendida de que Sirius la estuviera echando de allí tan descaradamente.

- Sí, ya me iba.- dijo Bellatrix, alisándose la túnica antes de salir de la habitación dando un portazo que hizo retumbar los cristales.

Quien esbozaba ahora una sonrisa de triunfo era Andrómeda. Al final Sirius había actuado con sentido común y había equilibrado la balanza a su favor. Tenía que confesar que se había sentido un poco traicionada al ver que Sirius se comportaba con Bellatrix como si nada hubiera pasado, pero al final se veía que su primo había valorado lo que significaba su amistad y su apoyo en los duros momentos que pasaba a causa de su familia. Para ella Sirius significaba mucho, y le dolería que ella no significara lo mismo para él. Ahora más que nunca necesitaba de su comprensión y echaba mucho de menos no poder hablar con él más a menudo sobre sus problemas. Desde que había empezado el curso tan sólo se veían a escondidas de vez en cuando gracias a una fabulosa capa invisible que James Potter le prestaba, y era gracias a esto por lo que ni Bellatrix ni nadie de su familia sabía que aún seguía manteniendo el contacto con Sirius. Tampoco le estaba siendo fácil aparentar que la compañía de Wilkes le resultaba agradable, pero por suerte sus amigos entendían el problema que supondría para la muchacha si alguien la viera relacionándose con ellos. Ellos, entre los que se encontraba su mejor amigo Ted, siempre la recibían con los brazos abiertos aunque fuera a escondidas como si fueran delincuentes.

Bellatrix regresó al salón de muy mal humor, y este mal humor se incrementó al darse cuenta de que estaba totalmente fuera de lugar. La reunión se conformaba ahora de dos grupos, uno donde su madre y sus tíos conversaban a la lumbre de la chimenea tomando una copa, y que sin duda hablaban de temas que supuestamente a ella no le interesaban, y el otro era Regulus sentado en un sofá que acariciaba el pelo de Narcisa, cuya cabeza tenía apoyada en el regazo.

Era en momentos como este cuando Bellatrix echaba de menos la compañía de Rodolphus Lestrange. Y sabiendo que nadie la echaría en falta, incluso aseguraría que nadie la había visto entrar, decidió hacer una visita a la biblioteca de Grimmauld Place. Al menos así sacaría algo de provecho, pues el encuentro con Sirius le había dejado mal sabor de boca. El mundo era perfecto cuando ellos estaban solos, pero solamente cuando estaban solos…

Cuando volvieron a Hogwarts nada había cambiado. Tres meses después de las vacaciones de Navidad, el único cambio que Bellatrix había apreciado era que Sirius de vez en cuando la miraba, y como mucho le sonreía, pero sólo cuando no estaba rodeado de sus amigos. Aquella actitud le crispaba los nervios, pero la noche en que Andrómeda les había interrumpido había quedado bastante claro que mientras hubiera otras personas presentes no había nada que hacer. Sabía que si lograba encontrarlo solo no se negaría a hablar con ella, pero encontrar a Sirius solo en Hogwarts era una tarea prácticamente imposible, siempre iba acompañado de alguno de su indeseable grupito. En cualquier otra circunstancia quizás hubiera desistido hacía tiempo, odiaba tener que estar vigilándolo para encontrar un segundo en el que poder abordarle. Pero aunque lo odiara, era lo que debía hacer.

Por lo pronto, Regulus y Narcisa iban por el buen camino, aunque fuera evidente que el interés del chico era mucho mayor que el de su hermana, a quien se le notaba a leguas que preferiría estar cotilleando con las demás niñas de su edad en lugar de oír hablar de qué tipo de maldición utilizar contra un muggle. Narcisa lo hacía sólo por estar con Regulus y por no enemistarse con Bellatrix. Por otro lado, Andrómeda tampoco le preocupaba demasiado en ese momento. Se iba a casar con Wilkes y con eso estaba ya casi todo hecho ya que Wilkes era amigo de Rodolphus y Lucius. Seguramente el chico ya se encargaría de ir engatusándola poco a poco. Así que ahora tenía toda su atención puesta en Sirius.

Esa mañana de marzo por fin había dejado de llover. Lucía un sol espléndido y Bellatrix había oído que los equipos de quidditch de Gryffindor y Ravenclaw aprovecharían el día para entrenar debido a que las lluvias de las semanas anteriores se lo habían impedido y el partido entre las dos casas estaba muy próximo. Era un buen momento para buscar a Sirius. Potter estaría en el entrenamiento, acababa de ver a Pettigrew seguir a la profesora McGonagall a su despacho, y Snape le había dicho que se había encontrado con Lupin y Evans paseando por los terrenos del castillo. Aunque al principio la presencia de la pelirroja le hubiera parecido una amenaza, ya había descartado por completo la sospecha de que Sirius tuviera algún interés en ella. Según los cotilleos del colegio y los hechos que había visto con sus propios ojos, era Potter quien estaba interesado en Evans, a lo que la muchacha había reaccionado retirándole la palabra tanto a él como a Sirius para que la dejaran en paz.

Así que, asociando conceptos, Sirius debía estar solo en alguna parte del colegio, y en el caso de que estuviera acompañado por otra persona, sería tan fácil deshacerse de ella como lo era lanzarle una mirada amenazadora.

Bellatrix decidió empezar la búsqueda por la biblioteca, puesto que además tenía que devolver algunos libros y quería sacar otros. De camino, cruzaba los dedos pidiendo que Sirius no estuviera en la torre de Gryffindor.

- ¡Bellatrix¡Bellatrix!

De repente oyó una voz reclamándola desde el final del pasillo. Se volvió y se encontró a una niña de primero de Slytherin, compañera de cuarto de Narcisa, que corría hacia ella jadeando.

- ¿Qué pasa, Emily?- preguntó, alarmada.

- Es tu hermana, llevo un rato buscándote.- dijo la niña cogiendo del brazo a Bellatrix y arrastrándola con ella de vuelta.

Bellatrix la siguió sin oponerse, olvidándose de todo por un momento, muy preocupada por si le hubiera pasado algo a Narcisa. Según intuía, volvían a la sala común de Slytherin.

- ¿Qué le ha pasado a mi hermana?- preguntó.

- No lo sabemos, lleva desde esta mañana encerrada en el baño, lo único que ha dicho es que fuéramos a buscarte.

- ¡Inútiles!- exclamó Bellatrix, imaginándose a su hermana cayéndose en la bañera y rompiéndose una pierna.- ¿Por qué no habéis derribado la puerta?

- No podíamos.

- ¿Para qué están las varitas¿Es que ya no os enseñan en primero el Alohomora?

Discutir era una pérdida de tiempo, así que corrieron para llegar cuanto antes. Bellatrix cruzó como un rayo la sala común y entró en la habitación abriendo la puerta bruscamente. Se paró frente a la puerta del baño, y el resto de las compañeras de su hermana la observaban desde un rincón. Bellatrix oía sollozar a Narcisa, sacó la varita y apuntó a la puerta.

- Cissy, soy yo, Bellatrix.- dijo.

No hizo falta recurrir a la magia. Con timidez, Narcisa entreabrió la puerta, dejando entrar a su hermana mayor y seguidamente se sentó en el suelo, apoyó la frente en sus rodillas dobladas y rodeadas por sus brazos.

- ¿Qué te ha pasado¿Te has hecho daño?- dijo Bellatrix, arrodillándose frente a ella y haciendo que alzara la cabeza.

- No quiero salir de aquí nunca más.- dijo Narcisa, llorando.

- ¿Pero qué dices?

- ¿Cómo voy a decírselo a Regulus?

- ¿Qué?- preguntó Bellatrix, desconcertada.- Explícate, por favor.

- Bella yo… lo siento de verdad, sabes bien que yo no quería hacerte esto… fue madre, ella es la que tiene la culpa.- dijo Narcisa, abrazándose a su hermana, buscando el consuelo en la curva entre su cuello y su hombro.

Bellatrix enseguida entendió lo que le pasaba a su hermana. Pero había algo que no encajaba.

- Pero tú… todavía no tienes doce años…- murmuró, acariciando el pelo de su hermana.

Narcisa se separó de ella y la miró con una débil sonrisa y ojos lacrimosos.

- Oh, dios mío, lo siento.- dijo Bellatrix tapándose la boca avergonzada.- Feliz cumpleaños, Cissy.

Había estado tan obsesionada con buscar a Sirius que se le había pasado por completo que ese día era el decimosegundo cumpleaños de Narcisa. Por suerte, le había comprado el regalo en la última salida a Hogsmeade.

Le dio un beso en la mejilla.

- Bueno, supongo que debo darte la enhorabuena.- dijo Bellatrix.

Y Narcisa volvió a abrazarse a ella y a llorar desconsoladamente. Era inútil que dijera nada hasta que se calmase un poco, pero por lo que había dicho Narcisa antes, creía adivinar que la niña se sentía culpable.

- Yo no quería… Este lugar te correspondía a ti…- murmuraba entre lágrimas.

- No te preocupes por mí, si te sirve de consuelo, yo tampoco quería.- dijo Bellatrix.

- ¿No?- preguntó Narcisa, alzando levemente los ojos.

- No. Además, seguro que serás mejor madre y mejor esposa que yo.

- ¿Tú crees?

- Claro, es lo que siempre has deseado. Y no me puedes negar que Lucius Malfoy te atraía.

- Es guapo.- dijo Narcisa, sonriendo un poco.- Aunque habría preferido a Regulus.

- Sabes tan bien como yo que lo de Regulus no podía ser. Te gusta Regulus porque no has conocido a nadie más durante años, quien sabe si te seguiría gustando cuando pasara el tiempo y conocieras a otra gente. Seguramente descubrirías que no es tan perfecto como pensabas.- comentó Bellatrix.

- Pero cuando le diga lo de Lucius… no volverá a hablarme nunca más. No lo soportaré.

- Se soporta. Te lo digo yo.- dijo Bellatrix, comprendiendo lo que pasaría entre Narcisa y Regulus. De ser todo a no ser nada, como ella y Sirius.

Bellatrix convenció a Narcisa para que saliera del baño y la acompañó a la lechucería para mandarle la carta a su madre. Viendo partir la lechuza, Bellatrix realmente se empezó a preocupar por su estado de salud. Ella se encontraba bien, pero había algo en todo aquello que la hacía sospechar que Elladora llevaba razón cuando la llamó Black anómala.

Aquella noche, la sala común de Slytherin estalló en llamas. Bellatrix prefirió mantenerse al margen a pesar de que Regulus hubiera hecho explotar el regalo que tenía para Narcisa, prendiendo fuego a unas cortinas. Por suerte no hubo muchos gritos, ya que Narcisa y Regulus desaparecieron en seguida en sus respectivas habitaciones. La primera, llorando, el segundo, destrozando todo lo que tenía a su paso. Probablemente ese día sería recordado por Narcisa como el peor cumpleaños de su vida.

Bellatrix estaba sentada entre sus compañeros. Era inevitable que comentaran la escena que acababan de ver, pero ella no quería entrometerse ni dar ninguna opinión. Más bien estaba pensando en otras cosas, mirando el fuego de la chimenea.

Sin que ella lo viera, Rodolphus Lestrange se había colocado detrás del sillón y se inclinó para hablarle al oído, haciendo que Bellatrix se sobresaltara un poco sin esperarlo.

- Por lo que veo, Lucius Malfoy ya tiene a su tan deseada prometida Black.- dijo Rodolphus.

- Sí, ya estará contento. Podrá morir feliz.- dijo Bellatrix, volviendo a mirar a la chimenea como si fuera el horizonte de un hermoso atardecer.

Los acontecimientos se habían sucedido de forma que la beneficiaban enormemente. Lucius, la mayor amenaza, ya estaba fuera de su camino. El retraso de su desarrollo con respecto a sus hermanas, también la beneficiaba. Sabía que por culpa del retrato que tenía su madre no se lo podría ocultar, pero quizás tuviera suerte y se retrasara un año más. En junio del año siguiente empezarían a buscarle prometida a Sirius. Ahora sí que se estaba embarcando en una carrera contrarreloj, pero mientras tanto, quizás pudiera hacer algo para encaminar el interés de su madre y su tía hacia un compromiso entre Blacks.

No se paró a analizar la frase de Rodolphus, la ironía que escondía y el tono seductor de su voz que desvelaban más intenciones que la de comentar una anécdota. Bellatrix observaba su horizonte. Un horizonte en el que sólo se dibujaba un nombre: Sirius.

¿Qué tal? Jejejeje, a mi me ha encantado la escena de Sirius y Bellatrix, no sé, me parece muy tierna e inocente después de todo pero con un poquito de tensión jijiji. Me ha gustado esa escena porque ahí se ve que toda la culpa del distanciamiento entre ellos la tiene Bellatrix, por ser tan cabezona. Ella fue quien dejó de hablar a Sirius por ser un Gryffindor, y en esa escena, con poco que se mostrara tal y como era antes, Sirius ha vuelto a abrirse a ella porque en el fondo también la echa de menos. Pero claro, hace bien en no fiarse demasiado después de todo lo que ha ocurrido.

Ahora Andrómeda XDDD. No es ningún secreto que me gusta más Bellatrix y Narcisa que Andrómeda, pero en este fic me está gustando bastante. El hecho de que sea Slytherin me trastocó lo esquemas que tenía sobre ese personaje, pero estoy intentando hacer una Andrómeda que, sin dejar de ser buena, tenga algo que la defina como una Slytherin. Ella no es tan valiente como Sirius pero sí es más astuta que él, por eso en este capítulo se ve cómo se las apaña para que su familia crea que ha dejado la "mala vida", a ojos de todos ya no se junta con sus antiguos amigos y parece aceptar bien su nuevo compromiso, pero la verdadera Andrómeda continúa con todo tal y como antes, aunque sea a escondidas. Ya veréis lo que tengo pensado para ella jijijiji.

Y luego Narcisa XD, la verdad es que adoro a Narcisa. Hasta el momento ha sido una niña bastante buena e inocente, pero ya veremos qué ocurre ahora que va a estar comprometida con Lucius. Me dio mucha pena destrozar la "pareja" Regulus/Narcisa, pero ya veremos qué se puede hacer jijiji, seguro que vosotras, igual que yo, queríais que se liaran ¿verdad? XDDDDDD

Uy y también está por ahí Rody XDDDD, que aparece y desaparece XDDD. Bueno, bueno, también tengo algo para él jijiji, además, al final del cap yo creo que está muy claro que tiene interés en Bellatrix. No es un interés físico ni atracción sexual (al menos por ahora XDDDD) pero le interesa mucho conseguirla, y ya podréis imaginar por qué ;-D

Ah, Lucius volverá, no nos vamos a librar de él tan fácilmente XDD.

Ahora a ver si me da tiempo a responder todos los reviews, de hecho tengo pendientes todavía los del capítulo 11 ¬¬. Así que nada, que muchísimas gracias por los reviews del capítulo 12 a: Lily Dark Black, Joanne Distte, Amsp14, angelica malrry, luna mondragon, Sammy Bella, Danybel y Pauhla.

Y ¡espero vuestros comentarios! Que me hacen muy feliz. Me gusta mucho que me comentéis qué os va pareciendo la historia jejeje.

¡Besitos y hasta pronto!

Ak

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